19/7/10

REBELIÓN A BORDO

Reseña publicada en:
http://www.melibro.com/la-verdadera-historia-del-motin-de-la-bounty-william-bligh-ediciones-del-viento-2009


William Bligh (Cornualles, 1754, Londres, 1817), marino, alistado desde los siete años en la Marina Real Británica, acompañó –con veintidós años- a Cook en 1776 como maestre de la Resolution, en su tercer viaje al Pacífico, obteniendo múltiples datos de la zona que pondrá en práctica en el viaje de la Bounty, en 1787. Después de sobrevivir  al motín y al viaje de retorno, fue sometido a un consejo de guerra que le absolvió, continuando como oficial de la Armada hasta su muerte.
Este libro, compuesto por las notas de su diario de a bordo y con algunas anotaciones posteriores, es el relato del viaje hasta Otaheite (Tahití), su estancia en el archipiélago de la Sociedad y la posterior rebelión que le abandonó a él y dieciocho personas más de la tripulación, en una lancha en la cercanía de la isla Tofoa. La última parte es la descripción del terrible viaje de retorno (3.618 millas náuticas) en condiciones muy adversas hasta Timor, donde ya consiguió embarcar para Batavia y de allí, a Inglaterra.
El propio Bligh nos dice en su diario: “Apenas podíamos creernos que, en un bote abierto y tan mal abastecido, hubiésemos sido capaces de alcanzar la costa de Timor en cuarenta y un días después de salir de Tofoa, habiendo recorrido en ese tiempo, según nuestro cuaderno de bitácora, una distancia de tres mil seiscientas dieciocho millas náuticas; y que, a pesar de nuestra extrema aflicción, nadie hubiese perecido durante el viaje.”(Pág. 246)
La historia del Motín de la Bounty ha dado para mucha literatura e incluso aún ha sido más popular por las películas realizadas sobre el tema. Solamente la aventura del viaje hasta Otaheite y la temporada pasada felizmente con los nativos, amistosos y muy hospitalarios, ya es suficiente para una maravillosa narración. Pero el punto de vista que aquí leemos nos muestra una versión altamente diversa de la recogida tanto por Frank Lloyd, en su película de 1935, como la de Lewis Milestone de 1962. Existe una última, de 1982,  a cargo de Roger Donaldson. En 1935 Charles Laughton nos muestra una imagen de un capitán Bligh cruel y arbitrario, versión que se repite con Trevor Howard en la de 1962, mientras que el personaje de Fletcher Christian, protagonizado por Clark Gable y por Marlon Brando no deja lugar a dudas de quién va a contar con el favor del público. Inmediatamente se nos coloca en la posición de los sublevados: han recibido malos tratos en el viaje, el capitán es un tirano, el barco va sobrecargado de plantas y la tripulación hacinada,....y se vive mucho mejor en Tahití, disfrutando del favor de los indígenas, y, sobre todo, de las indígenas.
El verdadero Capitán Bligh tenía 33 años cuando hizo el viaje con la Bounty. Tras la lectura de su diario de a bordo observamos una personalidad ponderada, un buen marino, sus comentarios son en general estrictos y atinados, y, la única vez que se refiere a un castigo físico es a raíz de una falta en el viaje de ida, a las diez semanas de viaje, y en su anotación leemos un deje de incomodidad; en la isla hay otro castigo por un robo, y se captura a tres desertores, que también son castigados físicamente. Nada fuera de lo normal en un barco del siglo XVIII, donde la disciplina y el orden han de mantenerse firmemente por las condiciones de larga convivencia en espacio pequeño. La autora Caroline Alexander, ha investigado bastante sobre el tema en cartas y en las actas del proceso que juzgó a los amotinados, y en un interesante artículo nos dice, respecto a las condiciones de la navegación: En la Bounty, como en los barcos de Cook, se establecieron tres guardias en lugar de dos, de modo que la tripulación pudiera disfrutar de ocho horas de sueño ininterrumpido. Bligh se preocupaba de un modo casi maniático de la dieta de su tripulación e incluso del ejercicio que realizaba y antes de zarpar de Inglaterra se tomó extraordinarias molestias para contratar a un violinista para el largo viaje con el fin de que a sus hombres no les faltaran ni baile ni diversión en las largas veladas, una innovación que, sin embargo, los conservadores marineros británicos no supieron apreciar”
Pero era 1789, corrían tiempos revolucionarios, y es posible que algunos marineros estuvieran impregnados de las ideas francesas;  sin embargo, el capitán Bligh en ningún modo advirtió qué se estaba cociendo en su barco, y al parecer, los otros tripulantes tampoco. De un modo u otro, lo que es cierto es que los días felices que pasan en ese paraíso isleño del Pacífico, viviendo cómodamente y atendidos y agasajados continuamente por los indígenas,  hizo concebir esperanzas de una vida mejor que la llevada  hasta ahora por la mayoría de la tripulación y algunos oficiales. Lo cierto es que no hay más evidencias del motivo de la rebelión.
Pero si rastreamos, como ha hecho Caroline Alexander, en las relaciones entre Bligh y el oficial de cubierta Fletcher Christian, que se conocían con anterioridad, de hecho Christian había navegado a las órdenes de Bligh en la Marina Mercante. Bligh, caballero sin fortuna, trataba las cuestiones económicas  minuciosamente, como es obvio en la lectura de este diario de a bordo. Christian provenía de una familia aristocrática, de rancio abolengo pero habituada a vivir en un tren de vida que no se podía permitir, en bancarrota permanente. La animadversión soterrada de Christian hacia Bligh pudo explotar al llegar a Tahití, al darse cuenta de que allí podría vivir como un rajá, simplemente quitando de en medio a Bligh. Sin embargo, lo que se nos ha transmitido es la idea de un marino tiránico y cruel y una tripulación heroica en su sublevación contra la “opresión”.
La lectura de este libro, en modo alguno da pie a creer esa idea, viendo cómo Bligh se preocupa de los tripulantes de su barco y luego, tras la rebelión, de su bote, y cómo hace un esfuerzo sobrehumano para ponerlos a todos a salvo. Y es el único texto escrito del que disponemos. Además de narrarnos el viaje con todo lujo de detalles sobre mediciones, datos botánicos, zoológicos, antropológicos, de los lugares que va encontrando, las costumbres de los habitantes de Tahití y sus relaciones, idioma, etc., el relato de la odisea en la lancha de sólo siete metros de eslora cargada con dieciocho hombres hasta llegar a Timor, es estremecedor; impresiona la capacidad marinera de Bligh, y su temple, que  con tan pocos medios pudiera orientarse y arreglárselas para dar buen fin a tan luctuoso suceso.


5 comentarios:

Arturo dijo...

¡Hola, Ario! Te veo de lo más marinera últimamente, tanto aquí como en Hislibris. Un día de estos te voy a pedir que me recomiendes alguno de los títulos imprescindibles del género. Porque debes saber que uno hace caso de tus consejos: sin ir más lejos, acabo de comprarme la "Breve historia de las ciudades del mundo clásico". Ya te contaré.
Un abrazo.

ARIODANTE dijo...

Hombre, parece que en verano lo que pega es la lectura marinera y de aventuras...aunque de hecho estoy leyendo de todo. Lo que pasa es que hay cosas que me han interesado más que otras.
Espero que te guste el de las ciudades.

Trecce dijo...

Pocos episodios como el del Motín de la Bounty, han dado para tanto y sin embargo, nos sigue fascinando.

Gww dijo...

Es sorprendente la capacidad del cine para tomar una historia, reescribirla totalmente y hacer de ella la "verdadera historia", la que todos dan por cierta. Muy interesante y documentada tu reseña y un estupendo ejemplo de que los libros guardan secretos para quien los sabe buscar.

Un abrazo.

ARIODANTE dijo...

Pues sí, no sólo el cine: la prensa, mismamente. Algo sale en el periódico y ya se le da carta de realidad. A menos, hace un tiempo. Ahora, como la prensa de papel está tan deteriorada, y han habido tantos engaños...pero sí, en el cine o en la televisión, cuando te presentan una historia la tendencia es a creerla, a tomarla como real.
Las pelis de los años sesenta, como por ejemplo, La batalla de Argel, o aquella en que Marlon Brando hacía de un revolucionario que iba por el Caribe inflamando pasiones políticas...No me acuerdo cómo se llamaba. Pero eran de un tendencioso increíble. Y nos las creíamos.

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