7/8/10

MENSAJES EN EL VIENTO

Reseña publicada en http://www.elplacerdelalectura.com/2010/08/contra-el-viento-del-norte-daniel.html

Daniel Glattauer (Viena, 1960). Escritor y periodista austriaco, ha trabajado para medios como el diario Der Standard, donde tiene una columna de opinión. Ha publicado varios libros, siendo su obra de 2004 Der Weihnachtshund adaptada al cine. En 2006 logró el German Book Prize por Contra el viento del norte, obra que ha supuesto su salto al mercado internacional y que ha sido traducido a más de veinticinco idiomas. Es su primera obra traducida en España, y al parecer, ya ha sido llevada al teatro en su país.

Bóreas, el nombre que la mitología griega da al viento del Norte, es el más fuerte de los vientos. Fuerte y frío, representado en las pinturas clásicas como un viejo. No sabemos exactamente qué busca simbolizar el autor con este viento, pero podría muy bien aplicarse a la pasión humana, que nos obnubila la razón y crea una inquietud, dominándonos por completo.
 Se ha dicho de este libro que es una actualización de la novela epistolar. Efectivamente, es epistolar al modo que hoy en día se envían cartas: por correo electrónico. Pero creo que no es sólo eso lo que podemos leer entre líneas: no es casualidad que la protagonista femenina se llame Emma/ Emmi. Versión ultracontemporánea de una virtual Madame Bovary enganchada a la pantalla de su ordenador, que busca encontrarse a sí misma y salir de la monotonía de un “matrimonio feliz” intercambiando mensajes con un perfecto desconocido, Leo, con quien crea unos lazos cada vez más fuertes y en los que va siendo atrapada. En una época rebosante de información, donde podemos conocer hasta los detalles más mínimos de todo y de todos, en cuestión de segundos, podemos establecer contacto con cualquier parte del mundo al instante, lo que nos atrae es lo contrario, aquello de lo que carecemos, es decir, lo oscuro, lo ignoto: el corazón de las tinieblas. Pero la paradoja se da inmediatamente, ya que, en el momento en que lo conozcamos, pierde su atractivo. Por ello todo el juego entre Leo y Emmi es un quiero y no quiero: si desvelan más de lo que ocultan, el interés se pierde. Pero lo natural de los humanos es el deseo de saber, que puede ser tan fuerte o más que el deseo sexual. Es el Deseo, así, con mayúsculas, la pasión; la eterna y desmedida inclinación,  hacia lo que no poseemos. Porque ahí radica la clave del misterio humano, de sus logros y sus desdichas.

Al estar construida a base de diálogos, es como una pieza teatral, no es de extrañar que se la haya adaptado a los escenarios. Construida como relación epistolar, a veces  minimalista, exclusivamente a base de transcripción de correos electrónicos, dividido en diez capítulos de los que el último funciona a modo de epílogo, y bajo la promesa de una continuación (lo cual, todo sea dicho, no me parece lo más oportuno) en un segundo libro aún por publicar -pero de ventas aseguradas-, los lectores asistimos a algo tan cotidiano que una gran mayoría se podrá identificar en parte o en todo con la narración. Cotidiano por la forma, cotidiano por el contenido. De ahí, en parte, su gran éxito de público. Para los aún no habituados a Internet, podría también entenderse como una larga conversación telefónica entre dos personas que no se conocen, con ecos de El último tango en París, ecos de Nueve semanas y media, pero en mi opinión mucho más intensa, por su brevedad y minimalismo.
Contra el viento del norte lanza un torpedo a la línea de flotación de las relaciones humanas contemporáneas. La era de la hiper-comunicación es la era de la soledad. La era del derroche de información es la del desinterés por la lectura. La excesiva acumulación de imágenes sexuales nos hace indiferentes al sexo; la facilidad de conseguir algo nos lo devalúa. Todo esto es lo que está detrás de esa larga conversación entrecortada que Leo y Emmi mantienen, y que les llevará a un punto de no retorno.
 
Partimos del azar: Emma, felizmente casada con Bernard, con quien convive felizmente, envía un mensaje a una dirección equivocada. Hasta ahí todo es de lo más corriente. Pero la equivocación se vuelve a repetir y provoca un intercambio de envíos y respuestas entre el receptor de los mensajes, Leo Leike, un  asesor de comunicación universitario, que justamente trabaja en la investigación de las relaciones por correo electrónico.
Los intercambios aumentan, los mensajes son cada vez más ingeniosos y la atracción surge entre ambos. Mucho tiempo mantienen entre ellos ausencia de detalles sobre sus vidas privadas, de datos sobre sus familiares o parejas, incluso sobre sus actividades y sobre datos concretos de sus vidas. Tampoco hablan propiamente de sexo, como podría pensarse; no, el sexo está latente, lógicamente, pero no es explícito: perdería todo su sentido si lo fuera. Nos vamos dando cuenta de que la atracción sexual comienza y aumenta. Pero lo que realmente les atrae no es el sexo, es, justamente el misterio. No el qué, es el cómo. El misterio de sus edades, su físico, sus pensamientos...el juego de verdad y mentira, que es una poderosísima atracción, como si de un carnaval veneciano se tratase, un juego de máscaras.
Hay una insatisfacción latente en ambos, sobre todo en ella. Y es lo que le lleva a interesarse por un perfecto desconocido, al que no quiere conocer en persona, al menos durante bastante tiempo, y al que gusta imaginar: ambos juegan con la imaginación y el juego es muy atractivo: tanto, que supera la realidad, o puede superarla: ninguno se atreve a romper esa ficción, a mostrarse una foto o a verse, ya que viven en la misma ciudad. Lo intentan, pero ellos mismos crean sus propias dificultades, en un juego carnavalesco. El pánico a que la realidad destroce su ilusión es fortísimo. La descripción de cada uno  al tratar de reconocerse en la cita del bar, recuerda muchísimo a aquella vieja película de Lubitsch,  El bazar de las sorpresas, cuando James Stewart y Margaret Sullavan tratan de fingir que son lo que no son en una memorable escena.

Pero Leo y Emmi siguen enviándose  correos electrónicos; es lo primero que ven al despertarse o al irse a dormir, y su ausencia les crea una terrible ansiedad: la adicción está servida. Ambos encarnan ante el otro el papel del psicoanalista o del confesor de siglos anteriores: se necesitan para contarse sus más íntimos sueños o para cubrir sus necesidades de comunicación, para saber más de sí mismos y para conocerse por medio de un juego de preguntas, respuestas, y silencios. Pero este es un juego que puede ser peligroso. Llegado un punto la fuerza del deseo es muy grande y su necesidad de saber más les hace implicar a terceros, y aquí ya la baraja se rompe. La tensión llega a ser tremenda, y el final, en mi opinión, debería quedarse como queda. Sin continuación, en todo su dramatismo.

Novela que se lee de un tirón en una tarde, y que mantiene el interés en todo momento,  su ritmo avanza in crescendo y sin bajar el tono de ironía, de deseo, de locura.  Emma somos todas, como  casi diría Flaubert.





2/8/10

VASARI: VIDAS

Reseña publicada en http://www.la2revelacion.com/?p=1708



Giorgio Vasari (Arezzo, 1511-Florencia, 1574) escritor, pintor y arquitecto italiano, conocido especialmente por su obra sobre la vida de los más importantes artistas del renacimiento italiano. Desde su infancia estuvo en contacto con artistas: trabajó en el estudio florentino de Andrea del Sarto y pasó a ser protegido de la familia Médicis. Entre las pinturas que se han conservado de Vasari destacan, en Florencia, los frescos del Salón de los Quinientos del Palazzo Vecchio,  y los de la cúpula del Duomo de Brunelleschi;  como arquitecto, entre los importantes edificios que diseñó se encuentran el Palazzo degli Uffizi de Florencia, destinado en un principio a oficinas de la administración florentina y ahora museo, y el corredor alto que une el Palazzo Pitti, a través del Ponte Vecchio con los Uffizi.  Asimismo diseñó un gran número de palacios e iglesias en Pisa y Arezzo.  Sin embargo, debe su fama a la literatura particularmente por su Vidas de los mejores pintores, arquitectos y escultores italianos (1550, revisado en 1568), impresionante conjunto de 133 biografías de artistas y arquitectos y uno de los primeros estudios sobre arte escritos por un artista eminente, y que constituye una fuente de información de primera mano sobre los artistas del renacimiento italiano. La primera edición sólo incluía a artistas fallecidos, salvo Miguel Angel. Su edición revisada del 68 incluye su propia autobiografía junto a las biografías de otros destacados pintores aún vivos en el momento de escribirlo. Los artistas se distribuyen en tres partes –siguiendo el modelo evolutivo de las tres edades- desde Cimabue hasta Miguel Angel.

Este libro supone la mirada evaluadora del virtuoso (en el sentido renacentista de la palabra) Vasari, así como su explicación y modo de enfocar la situación de las artes en un periodo tan trascendental: el renacimiento italiano. Su estilo de escritura, natural y desenvuelto, ha hecho de esta obra una de las más perdurables historias del arte que se hayan confeccionado hasta ahora, siendo de inevitable consulta para todo aquel investigador y amante del arte.

La editorial Cátedra, que ya tiene una edición crítica (Madrid, 2002) de las Vidas, en esta edición ha optado  por seleccionar sólo treinta y dos biografías, aunque respetando el orden en que las colocó Vasari. También se han suprimido los textos dedicados al prefacio, a las técnicas artísticas y a los tres proemios, así como todo el aparato bibliográfico y cronológico incluido en la edición de 2002. Sin embargo, lo novedoso de esta edición recae en las 180 magníficas ilustraciones a todo color de las obras de los artistas seleccionados, lo que hace del libro, en formato 24x33cm un excelente ejemplar para cualquier biblioteca artística que se precie.

Acompañando a cada texto de Vasari, se incluye un texto complementario en el que se especifican temas como fechas y datos que sirvan para ubicar correctamente cada pieza artística. Vasari advierte  que su intención no consiste en un mero inventario de obras y artistas, aunque use la biografía como medio para hablar de ellos. Está también interesado en informarnos de datos sobre la formación artística, cuestiones técnicas, datos sobre clientela y mecenazgo, y asimismo establecer unos ciertos criterios de calidad, y aspectos estilísticos que definen una obra cohesionada dentro del conjunto de cada artista; igualmente, Vasari considera necesario juzgar actitudes personales y modos de vida, considerando que el artista, para lograr sus ambiciones, ha de adoptar una compostura profesional y social. El artista se ve así elevado a la dignidad de hombre notable, lo que repercute en elevar el nivel de aquellos que le promocionan, los mecenas y las ciudades. De hecho, en su dedicatoria a Cosme de Medicis, Vasari dice: “mi intención, que no ha sido la de ganarme la fama como escritor, sino como artífice en alabar el ingenio  y avivar la memoria de aquellos que dieron vida y gloria a sus respectivas profesiones y no merecen que sus nombres y sus obras caigan en el olvido absoluto y la muerte.” Olvido en el que se sumergen los artistas anónimos medievales, góticos y románicos, considerados como amanuenses, meros artesanos. Vasari cree que los artistas han dado un paso importantísimo, y que su trabajo ha de ser considerado a otro nivel superior.
Las biografías comienzan, lógicamente, con Giotto, el innovador, el precursor: aquel que abrió la puerta a la novedad; no podría ser de otro modo. Y obviamente, acaban con Miguel Angel: pintor, escultor y arquitecto. De Giotto nos dice: “Y fue realmente milagroso que en esa edad ruda e inepta surgiera el vigor de Giotto para pintar tan sabiamente que el dibujo, del que los hombres de aquel tiempo tenían poco o ningún conocimiento, resucitó completamente con él.” De Brunelleschi nos dice, por ejemplo, que “nos lo entregó el cielo para dar nueva forma a la arquitectura, extraviada desde hacía siglos”; de Piero: “lo importante que es imitar las cosas verdaderas, y referirse constantemente  a la naturaleza de lo copiado.”; a Botticelli lo describe como “inquieto”; finalmente, a Miguel Angel lo considera como encarnando “la perfección de todas las virtudes”
Entre uno y otro desfilan muchos: Ghiberti, Ucello, Masaccio, los tres Bellinis, Piero, Alberti, Verrocchio, Brunelleschi, Botticelli, el divino Rafael y el inquietante Leonardo. Por citar sólo a los más conocidos de los conocidos. De ellos, Vasari no sólo nos cuenta su vida, nos habla de su carácter, de su técnica, nos analiza sus principales obras, en fin, realiza una labor magistral.


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