23/1/11

CASANOVA el admirable

Casanova, L’admirable, 1998
Philippe Sollers


Obra incierta, en cuanto a clasificación se refiere, tiene precisamente en ello su interés. Es una biografía...en parte. En realidad, a lo que más se asemeja es a un comentario o acotación de la Historia de mi vida, de Giacomo Casanova. Sollers, el autor, va leyendo la Historia y cotejándola, con mucho humor, con referencias a otras obras del propio Casanova o de otros autores, citando párrafos a modo de aforismos, -en general, el libro es casi un conjunto de aforismos, suyos y ajenos- estableciendo un diálogo con el lector, al que, desde una perspectiva contemporánea, le hace trasladarse en el tiempo y pensar como un europeo dieciochesco. 
Philippe (Joyaux) Sollers, (Burdeos, 1936) es un autor francés, escritor y filósofo, hijo de católica y ateo pero educado en los jesuitas, casado con la también escritora y psicoanalista Julia Kristeva, fundador de la revista Tel Quel, donde publicita a autores como Artaud, Bataille, Joyce, Derrida, Foucault, Barthes; amigo personal de Lacan, Althusser y Barthes, lo que ya define una cierta línea de pensamiento: libertario, lúdico y provocador.

El libro, hipertextual, está escrito a modo de pequeños textos, con la técnica del cortar y pegar (cut-up), ensamblados y recompuestos para crear una sensación de pensamientos o aforismos, pero siguiendo una línea de discurso histórico, a la vez que un análisis del texto de Casanova, el juego lingüístico con los nombres, y que en algunos momentos parece entablar una conversación con otros imaginarios contertulios o con el propio Casanova, mientras que siempre vuelve a recordar al lector que se está dirigiendo al siglo veinte, (el libro se publicó en 1998), el siglo de las mujeres, con los consiguientes comentarios y reflexiones, marcadamente sarcásticos y en algunos casos francamente corrosivos y políticamente nada correctos, como sus reflexiones y comentarios sobre el incesto, por ejemplo, y sobre el sexo en general.

Comienza el libro con una introducción sobre el carácter, la personalidad y los rasgos del ilustre veneciano: “bastante rico,-Casanova dixit- dotado por la naturaleza de un físico imponente, jugador decidido, manirroto, gran hablador siempre mordaz, nada modesto, intrépido, mujeriego impenitente, dispuesto a suplantar a los rivales y aficionado únicamente a la compañía que me divertía, sólo podía ser odiado”

Tras ella, el narrador, en la actualidad, viaja a Praga y busca el castillo de Dux (Duchkov), desde donde un viejo y achacoso caballero de Seingalt, como gusta llamarse, escribió sus memorias trabajosamente hasta el momento de morir, en 1798.
Nos remontamos, con Sollers y el propio Casanova, a la infancia y los orígenes del veneciano, que, hijo de comediantes, hasta los ocho años se consideró como “imbécil” a raíz de unas hemorragias, -la imagen de la sangre es recurrente- siendo enviado a Padua para curarse y recibir una educación. Los recuerdos de esos años se pierden en la niebla de su memoria. En Padua estudió, pero no quiso ser cura, ni abogado, ni médico. A los dieciocho años va a Roma y allí conoce a su primer gran amor: Lucrecia, y también a un castrato, Bellino, que resulta no serlo tanto...comienza su carrera amatoria.
A los veintiún años consigue un protector, Bragadin, que le adopta como“hijo”, mientras Giacomo va cambiando de amante en amante y de país en país: Suiza, Francia, Alemania, Viena... Allí enferma pero se defiende de los médicos sangradores, y se cura bebiendo sólo agua. Vuelve a Venecia, años más tarde  y literalmente cae en los brazos de Cattarina Capretta, que tras ciertas atenciones queda encinta.

Giacomo observa que vigilan sus pasos: acaba de cumplir los treinta cuando lo detiene la Inquisición y es recluido en Los Plomos, sin explicación ni juicio. Pasa allí quince meses en condiciones deplorables, hasta que, con ayuda de otro recluso, el fraile Balbi, consigue escapar en una aventura inverosímil, pero real, que luego escribirá años más tarde. Sale huyendo y aparece en Munich, Estrasburgo, y finalmente, París, de nuevo, con la ayuda de su padre adoptivo, Bragadin, hasta que él mismo organiza un sistema de lotería y se enriquece. Frecuenta a la vieja Marquesa D’Urfé, gran aficionada a la alquimia y la magia, el Conde de Saint-Germain, y vuelve a pasearse por Europa: Amsterdam, Colonia, Stuttgart, Zurich, y finalmente Ginebra, donde contacta con Voltaire. Va a Roma, para rogar al Papa que interceda por él en Venecia...y acaba en el lecho con una tal Leonilda, cual Dánae, encantada de recibir la lluvia de oro de su Zeus particular; a posteriori se entera que es hija suya y de Lucrecia, –este es uno de los pasajes más tórridos- en una sesión conjunta con ambas.

De retorno en París, continúa con la Marquesa D’Urfé las sesiones alquimistas y secretas, hasta que aparece en Londres. Allí Giacomo recibe una dosis de su propia medicina, encuentra la horma de su zapato: una tal Charpillon, con toda una tropa de matriarcas, le enredan y le perturban, ocasionándole graves complicaciones, hasta que tiene que salir por piernas, no sin haber intentado hasta el suicidio, sin éxito.
En Sans-Souci, es huésped de Federico de Prusia, que le considera un hombre muy apuesto. Pero a Giacomo no le tienta su propio sexo: de nuevo vuelve a rodar por Europa. En 1767 retorna a París, pero apenas se queda, viaja hacia España, donde se hace llamar Don Jaime Casanova, tiene unas cuantas aventuras, es aprisionado, y sale para retornar a Nápoles, donde se reencuentra con su hija y amante.
Casanova envejece, y tras conocer en Viena a Da Ponte y al Conde Waldstein, masones como él,  finalmente en 1785 acaba en la Biblioteca del castillo de Dux, a propuesta de Waldstein, que le contrata como bibliotecario. Allí es donde Casanova se asienta y escribe sus Memorias, a la vez que mantiene contacto con Mozart y Da Ponte, y asiste con ellos al estreno de Don Giovanni, en Praga. También hace una breve incursión, con setenta años, para visitar a Goethe en Weimar. 1789 y la locura del Terror, le hacen reflexionar y preguntarse si el despotismo de un rey no será mejor que este despotismo del pueblo cortador de cabezas.
La Historia de mi vida es un documento extraordinario (...) Es, de hecho, el catálogo de Mozart en Don Giovanni, pero agravado por una aguda mirada sociológica, nos dice Sollers.
Música para acompañar el texto

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