25/2/11

MALASPINA: ¡FELIZ VIAJE!

LAS CORBETAS DEL REY: Viaje alrededor del mundo de Alejandro Malaspina (1789-1794)

Andrés Galera Gómez (Madrid, 1958) es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid. Su trabajo de investigación se desarrollado en dos áreas temáticas: las expediciones científicas en el siglo XVIII, y teoría del pensamiento evolucionista. Y muchas cosas más. El texto que nos brinda conmemora los doscientos años de la muerte del marino y explorador de origen italiano que encabezó esta expedición científica, y se enmarca en el proyecto Malaspina 2010,  iniciativa científica y cultural desplegada desde el proyecto de investigación Expedición de Circunnavegación: Cambio Global y Exploración de la Biodiversidad del Océano Global, liderado por el profesor Carlos Duarte.

 “Las páginas siguientes contienen la relación del viaje y sus circunstancias, hermanando palabras e imágenes. El relato es una travesía polifónica, narrada por las voces solistas del comandante Malaspina, del capitán Bustamante, del teniente coronel Antonio Pineda y del guardiamarina Fabio Ala Ponzone. (...)Empleando estos mimbres hicimos el cesto de una historia mayúscula versionada en minúscula buscando una divulgación de calidad, con fundamento literario. El resultado, sin duda, es un libro diferente de los tantos que lustran la biblioteca malaspiniana.”(pág. 19)

Mientras en París el pueblo asalta la Bastilla, en Cádiz, ajenos a esas noticias, se aparejan dos corbetas, la Atrevida y la Descubierta, -nombres que homenajean a Cook, con sus Resolution y Discovery - y se prepara una expedición de largas miras: recorrer las costas de América y cruzar el Pacífico en busca de ampliar el conocimiento humano: geográfico, botánico, zoológico y antropológico. Faltan aún treinta años para que Darwin se embarque en el HMS Beagle. España vive bajo el reinado de Carlos el Tercero, que ocupa el trono español desde 1756. Don Antonio Valdés es ministro de Marina. El capitán de fragata Alejandro Malaspina, (1754-1810) nacido en Mulazzo, en el Piamonte italiano, aunque ingresa en el cuerpo de guardiamarinas de la Armada Española en el año 74, encabeza esta expedición, ilusionado y valiente, junto a José Bustamante, capitán de fragata. Cada uno gobierna una de las corbetas. El teniente de infantería Antonio Pineda dirige el equipo de naturalistas. Alcalá Galiano se ocupó de cartografía, hidrografía y astronomía.

En este texto Andrés Galera nos describe un viaje maravilloso, basándose en las cartas y los diarios llevados por los principales mantenedores de la expedición, donde además de trazarnos el recorrido que iban cubriendo, tenemos noticia de lo más destacado de cada población, de sus habitantes, costumbres, cultivos, flora y fauna, además de alguna anécdota de las muchas que sucederían. Acompañan al texto 138 de ilustraciones, compitiendo en belleza e interés, especialmente los dibujos de aves de José del Pozo, plantas y flores por Luis Neé, figuras de indios de Ravenet o Antonio Pineda; muchos paisajes de José Cardero, además de los mapas con el recorrido de las naves, y cartas esféricas trazadas por Dionisio Alcalá Galiano y Cayetano Valdés, entre otros. Todo ello conforma un conjunto armonioso y artístico, muy agradable de leer, ya que el autor ha procurado evitar el toque académico y decantarse más bien por un texto periodístico, muy informal, a veces excesivamente minimalista en sus frases, resumiendo cinco años en pocas páginas.

Así, parten de Cádiz y su primera escala importante, ya en América (antes han pasado por Canarias y Cabo Verde)  es Montevideo, y tenemos descripciones de ese puerto así como de Buenos Aires, Rosario y Sacramento. De allí se dirigen al sur, pasando por Puerto Deseado y doblan el terrible Cabo de Hornos, bordeando hacia el norte la costa chilena, con paradas en San Carlos, Talcahuano, Valparaíso, Coquimbo, Santiago, y llegando posteriormente a El Callao, Perú. En Santiago los expedicionarios tienen la agradable sorpresa de encontrar al botánico Tadeo Peregrino Haenke, quien, destinado a la expedición, llegó tarde a la salida de Cádiz y por su cuenta emprendió viaje para tratar de unirse en algún punto con sus compañeros, y sus aventuras serían objeto de otro libro: el barco en el que viajó hasta Montevideo naufragó casi llegando y hubo de alcanzar la costa a nado, siendo uno de los pocos supervivientes, aunque perdió todas sus pertenencias. Además, llegó ocho días después de que las corbetas hubieran zarpado hacia el sur, así que decidió atravesar por tierra, cruzando la Pampa,  atravesando los Andes por el Paso del Inca y llegando felizmente a Santiago, cargado de plantas y muestras recogidas en el camino.

Los dos barcos tienen problemas constantes de deserciones entre la tripulación, lo que les obliga a reclutar marineros a la fuerza, y este problema les persigue durante todo el viaje. Pasan varios meses trabajando intensamente en Lima y alrededores, cada uno en su especialidad, explorando, dibujando, cartografiando...y en agosto finalmente tornan a embarcar y suben hacia Guayaquil donde se demoran hasta octubre. Panamá, El Realejo, y finalmente Acapulco (a donde llegan en marzo) son sus siguientes destinos. En México queda una parte del grupo expedicionario, trabajando intensamente, preparando material para enviar a Madrid, mientras el otro grupo, siguiendo órdenes, navega hasta las gélidas aguas del norte, buscando sin éxito el paso interoceánico del que hablaba Ferrer Maldonado en 1558; el canal, lógicamente, no existía, y tras buscarlo hasta el paralelo 60 y el 75, deciden volver a aguas templadas: regresan a Monterrey y Acapulco, recogen al resto del equipo y se lanzan a cruzar el Pacífico, pasando por las islas Marianas, hasta Filipinas, a donde llegan en marzo de 1792. Mientras la Descubierta se queda en Manila, la Atrevida se dirige a Macao, para medir la gravedad empleando el péndulo simple. Pero en Manila halla la muerte, por unas fiebres, Antonio Pineda, con lo que la dirección total recae absolutamente en Malaspina.

En noviembre, visto que el estado de las corbetas y de la tripulación no estaba en condiciones de continuar una circunnavegación,  abandonaron Filipinas para volver por Australia y el sur de Nueva Zelanda, donde llegaron en febrero de 1793, sufriendo unas tempestades terribles, que les causaron grandes trastornos. La siguiente escala fue la colonia británica de Sidney, desde donde volvieron tocando antes en la isla polinesia de Vavau, al puerto de El Callao, y vía Cabo de Hornos, regresaron a Montevideo; allí conocen la nueva situación de guerra con Francia, desde donde se organizó un convoy para regresar a Cádiz, llegando el 21 de septiembre de 1794. Hasta aquí, la expedición.
El autor nos cuenta en un Epílogo, el triste destino final de Malaspina, que, intentando entrar en política, ya con el cargo de brigadier y pretensiones de un ministerio, choca con la ambición del plenipotenciario Godoy, siendo encarcelado en el fuerte de San Antón en La Coruña, y posteriormente desterrado a Italia, donde muere en 1810, mientras Napoleón corretea por Europa y España  lucha contra el invasor francés.


Reseña publicada previamente
en:
http://www.elplacerdelalectura.com/2011/02/las-corbetas-del-rey-el-viaje-alrededor.html

21/2/11

DIARIOS DE UNA ESPOSA IMPACIENTE: SOFÍA TOLSTOI

Reseña ya publicada en:
http://www.elplacerdelalectura.com/2011/01/diarios-1862-1919-v.html


En nuestras manos tenemos una magnífica selección y edición de los Diarios de una gran mujer, una mujer que vivió a la sombra inmensa de un grandísimo escritor: Lev Nikolaievich Tolstoi, su esposo. Sofía Andreievna Tolstaia,  de soltera Behrs, (1844-1919) nació en Pokróvskoie, en los Urales;  su padre era médico del zar. Acostumbrada a una familia de gran vida social, lecturas, audiciones, teatro, y a una abundante familia, conoció al que sería su marido siendo aún muy joven, de hecho Tolstoi parecía interesado más por una de sus hermanas, Liza, pero posteriormente fue a ella a la que eligió para esposa.  Casados cuando ella tenía 18 y él 34, Sofía cambió radicalmente de ambiente y de mundo: directamente se fueron a vivir a Yasnaia Poliana, la mansión que su esposo tenía cerca de Moscú. Sofía pasó de la vida ingenua, pura, sencilla con su familia, de sus juegos adolescentes, a vivir con un monstruo sagrado: un hombre tempestuoso, apasionado pero mudable, que la noche de bodas le da a leer sus diarios, dejándola impresionada y asustada por la turbia vida anterior de Tolstoi, que de ese modo auguraba lo que podía esperar de él en el futuro. Efectivamente, su vida conyugal fue tempestuosa. Pero tuvieron trece hijos, de los cuales solo llegaron a adultos ocho. Sofía se dedicó en alma y cuerpo a su familia –es lo que se esperaba de toda mujer- amando profundamente a su esposo, a la vez que odiando sus intemperancias y sintiendo celos constantes de todo aquello que le privaba de su amor y su presencia. Mientras su esposo se dedicaba a su labor literaria y más adelante a sus desvaríos religioso-filosóficos humanitarios, ella sacaba adelante la casa y los terrenos, se ocupaba de asuntos administrativos y de detalles de la edición de la obra de Tolstoi, mientras paría casi un hijo al año y cuidaba de la alimentación física e intelectual de todos ellos, ya que diariamente les impartía clases y vigilaba su aprendizaje elemental.

Casi sesenta años es el tiempo que abarcan los Diarios, de los que cuarenta y ocho corresponden a los años de convivencia con su esposo. Son en realidad, dos diarios: el que va de octubre de 1862 a noviembre de 1910, cuando muere Tolstoi, y el que inicia en 1905 y que dura hasta  su muerte, llamado Diarios cotidianos. No hay entradas diarias de todos esos años; incluso hay años que mantienen un silencio completo. De todo ese aún así inmenso bagaje, los editores han seleccionado las entradas que han considerado más representativas de cada etapa, traduciéndolas íntegramente, ampliando con muchas notas a pie de página las posibles ausencias y datos relevantes para entender lo que leeremos.
En los Diarios, sobre todo hasta su menopausia (que viene a coincidir con la muerte de su hijo Vania), en el que se hunde en una profunda crisis psicológica, las anotaciones de Sofía giran alrededor de su esposo y sus hijos. Su esposo, en eterna pugna con ella, unas veces es amable y tierno, otras agresivo e insultante; discuten lloran, gritan, hacen las paces, brota la pasión,...es innegable  que ambos se amaron mucho; pero las manifestaciones de ese amor fueron diferentes en cada uno, como por otra parte es natural que así fuera. 

Tolstoi tenía una obra vital que realizar: su literatura, y en sus años de vejez, sus ideales pacifistas y religiosos. Lo demás era complementario. En cambio, Sofía tiene como eje de su vida a su esposo, en primer lugar, y a sus hijos, en segundo. Sus hijos son el refugio ante los vaivenes de la relación matrimonial. Pero una vez llegada a la edad en que los hijos son mayores y ya no precisan tanto sus cuidados, y ella misma está harta de todo ello y le apetece vivir otra vida: la descubre por medio de la música, que la salva de la depresión tras la muerte de su hijo Vania. Entonces es cuando  Liovochka –como ella le llama cariñosamente- se muestra celoso. Celoso de que por una vez, su mujer encuentre la felicidad –brevísimos momentos felices- disfrutando de algo o con alguien que es ajeno a él y a su familia. Porque Sofía descubre la música  de  la mano de Serguei Ivanovich Taneiev, un amigo músico con el que se siente a gusto y tranquila, con el que tiene una relación de igual a igual, de modo absolutamente casto y simple, pero sobre el que recae toda la animadversión de Tolstoi, que no le soporta cerca.

Es interesante la entrada en la que cuenta la entrevista que Sofía tiene con el zar, a propósito de levantar la censura y prohibición de una parte de las Obras Completas de su esposo. En ella Sofía insiste ante el zar para que se publique la Sonata a Kreutzer, obra que, según comentan las malas lenguas, trata en realidad de las relaciones matrimoniales de la pareja Tolstoi. Y lo consigue, mientras que su marido la espera, enfurruñado y sin valorar los esfuerzos que hace por él. ¡No puedo evitar una secreta satisfacción –nos dice Sofía- por el éxito que he obtenido al enfrentarme a todos los obstáculos, por habérmelas arreglado para conseguir una entrevista con el zar y por el hecho de que yo, siendo una mujer, haya logrado algo que nadie había logrado!(pág. 214).
A partir de una determinada época, en la que Tolstoi frecuenta a grupos de seguidores que le utilizan para fines religioso-políticos, la casa se les llena de personajes a cual más extraño y conflictivo, por lo que el ánimo de Sofía se ve perturbado por estas invasiones periódicas que sufren en Yásnaia Poliana, sobre todo cuando se crea una escuela en los alrededores y Tolstoi tiene una relación muy estrecha con Chertkov, personaje al que Sofía odia profundamente, por la influencia que descubre sobre su esposo. Estos sentimientos se ven reflejados en las entradas del diario, y la vemos sufrir y tratar de alejar de allí a aquella gente, sin éxito. Los oscuros, como les llama en su diario, constantemente siembran cizaña entre ella y Liovochka, entre ella y sus hijos, haciéndola quedar como culpable de todo: culpable de llevar el peso de la casa, de la hacienda, de la administración, del patrimonio.

Finalmente, la huida de Tolstoi, y su muerte en aquella perdida estación sin que le dejen acercarse a él salvo cuando ya es irremisible, la hunde en un pozo del que no quiere salir, quedando marcada para siempre. Las entradas de los siguientes diarios, años después, son breves y concisas. Ya no aparecen las largas parrafadas de antes, sus dudas y temores, sus ansiedades y sus alegrías frente al esposo siempre fluctuante. Sus últimos años son continuas batallas para recuperar parte de los derechos sobre la obra tolstoiana de las rapiñas de los oscuros y de algunos de sus hijos, con los que tiene verdaderas polémicas que le amargan la vejez, sobre temas patrimoniales, principalmente. Sus continuas estancias en Yásnaia, la administración de la casa, la preocupación por el futuro de aquel querido paraje donde yacen los restos de su esposo, a la vez que observa con inquietud los movimientos  revolucionarios y la inestabilidad social de esos años previos al estallido. Deriva lentamente hacia la senectud, despidiéndose poco a poco de todo y de todos hasta su muerte.

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