19/5/11

NOSTROMO: JOSEPH CONRAD CON MAYÚSCULAS


NOSTROMO

JOSEPH CONRAD
Ed. Valdemar, 2003

Como el propio Conrad nos cuenta, la idea origen de esta novela le surgió a raíz de una noticia que oyó en su juventud, acerca del robo de un tesoro en algún lugar de las Antillas. Aunque en un primer momento no le prestó interés, años más tarde volvió a leer un relato sobre el mismo tema, escrito por una persona que conoció personalmente al autor del robo. Entonces le comenzó a rondar en su mente la historia, pero especialmente desde el punto de vista de la personalidad del ladrón y del mundo que le rodeaba.
 La acción del relato se sitúa en una imaginaria república bananera, a orillas del Golfo de México, denominado en la novela “Golfo Plácido”, donde un coro de personajes, a cuál más interesante, y a los que Conrad concede una importancia similar, según el momento de la narración, componen una especie de melodrama, pues, en efecto, la contraposición entre lo terrible, lo dramático y lo absurdo, lo ridículo, es aquí constante.
Costaguana es el nombre del país imaginario, y Sulaco la ciudad portuaria donde se centra la vida de los personajes y la acción fundamental de la novela. Nostromo no es, como podría imaginarse, el protagonista de la novela, aunque es el héroe (o más bien un antihéroe). Tiene retazos de otros personajes conradianos, como Lord Jim o Tom Lingard, protagonista de varias de sus obras.
En realidad, el personaje central, de haberlo, sería Don Carlos/Charles Gould, el rey de Sulaco, costaguanero de origen inglés, que dirige y administra británicamente la concesión familiar de la mina de plata de Santo Tomé, fuente principal de la riqueza de la nación. Digamos más bien que Don Carlos personifica toda la historia reciente de Costaguana. Todos los demás actores giran a su alrededor, incluido Nostromo, que es el capataz de los cargadores del puerto, antiguo marinero, pero por su fama y carisma especial es protagonista de múltiples aventuras. Amado por unas, envidiado por otros, temido por muchos, y admirado por todos. Aunque es en la última parte de la novela, donde muestra su dilema moral: el drama que conlleva su elección final, las dudas que le sobrevienen, la soledad ante la terrible verdad que solo él conoce. Y se cumple la idea de los personajes conradianos de que “todo aquel que establece un vínculo está perdido”.
El resto de personajes, empezando por Doña Emilia Gould, primera dama de Sulaco, el doctor Monygham, su secreto admirador (personaje muy controvertido y problemático, que también recuerda a Lord Jim en muchos aspectos), el capitán Mitchell, testigo de múltiples aventuras y protector de Nostromo, Don José Avellanos, ilustre diplomático, y su hija Antonia, su amado Decaud, periodista afrancesado, el antiguo militar Don Pepe, Viola el garibaldino y sus hijas, y acabando por la colección de malvados dictadores: Guzmán Bento, ya fenecido, Ribiera, el dictador derrocado, el general rebelde Montero y su hermano Pedrito el guerrillero, el traidor Sotillo, así como el enloquecido cura Corbelán, el aterrorizado judío Hirsch, el buen bandolero Hernández, etcétera, van dando vueltas en un tiovivo donde en cada momento es uno el protagonista y nos van contando su historia, que gira alrededor de un cargamento de plata (el McGuffin, como lo entendería Alfred Hitchcock) que muchos desean poseer y otros hacer desaparecer, y que dirige el curso de los acontecimientos de manera harto dramática, ya que coincide con una de las múltiples revoluciones que periódicamente se producen en Costaguana, y que acaba con la separación de Sulaco y la formación de una república independiente.


Tras una introducción geográfica al imaginario país, la acción comienza con el derrocamiento del dictador Ribiera y su huida, con la ayuda de Nostromo. A continuación, retrocede para contarnos cómo han llegado las cosas a este punto y quiénes pueblan Sulaco. Narra la historia de la familia Gould y de la mina de plata, ligada al desarrollo del pueblo y su región, la entrada de las inversiones europeas, el ferrocarril, en fin, el progreso económico. También la trayectoria de cada uno de los personajes desde los tiempos del dictador Bento, y cómo han llegado a situarse donde están.
 Pero las revoluciones son en Costaguana un mal endémico inevitable, el eterno retorno al salvajismo y la crueldad, su vuelta a empezar con distintos nombres, sustentados por la ignorancia, horrores y pasiones ancestrales. La contraposición entre las clases altas europeizantes, portadoras de la civilización, y el pueblo llano, extasiado ante el poder y la sangre, es un leit motiv en la obra conradiana. Pero mientras Kipling enfocaría este problema saludando y glorificando la colonización y el Imperio, Conrad indaga, dentro de sus personajes, los problemas morales que la posición colonizadora/civilizadora conlleva, frente al mundo indígena, con valores muy primitivos, donde la tensión entre la vida y la muerte es presentada de un modo muy diferente.
Describir cómo se enfrenta cada personaje a esta tragedia fatídica es la maestría de Conrad. Uno de los momentos de mayor tensión dramática es el viaje marítimo en la oscuridad y el silencio de la noche, con la gabarra llena de plata, con la ansiedad de la huída y el temor a ser descubiertos…
La serenidad ante la desgracia y la locura, el miedo al dolor físico y la tortura, el desprecio a la muerte, la lealtad a un ideal, el honor, la fidelidad y la fortaleza, la ceguera de los celos, el remordimiento, el ansia de poder, … la traición: he aquí el tema central en la obra de Conrad. Todo ello, por lo demás, es analizado y mostrado por la fina pluma conradiana, con un trasfondo a veces de sátira y a veces de ternura.



18/5/11

LAYOS: LA HISTORIA DE UN MITO GRIEGO

LAYOS.
LA HISTORIA DE UN MITO GRIEGO

Ed. Evohé, 2009



Josep Asensi, (Benetúser, Valencia), cirujano de profesión, gran amante de la historia griega clásica, y a partir de ahora, escritor con la publicación de esta novela, hace su debut desarrollando una narración sobre un tema mitológico poco tratado: el mito de Layos, padre de Edipo, dentro de la saga tebana.  Edipo es un personaje muy conocido, no sólo por las tragedias griegas, sino por su utilización por parte de Freud en el famoso “complejo de”. Precisamente J. Asensi  lo que desea es racionalizar este mito, convertirlo en historia, documentándose muy bien sobre la época, la edad de bronce griega, donde los aqueos aún no han ido a la guerra de Troya, y ni siquiera han nacido Agamenón ni Menelao. 
Así,  la historia trata del rapto de Antíope, la niñez del heredero al trono tebano, Layos, hijo de Labdaco, bajo la regencia de su tío Licos tras la muerte del padre, de la usurpación del trono tebano, su huida de Tebas y su acogida por el rey Pelops de Pisa, que a su vez era padre de Atreo y Tiestes y del bastardo Crisipo.

Asensi nos cuenta la vida juvenil que Layos lleva en el reino de Pelops, y su amistad con Crisipos, al que finalmente le unen unos lazos más íntimos y amorosos. Narra su retorno a Tebas, ya como rey al caer el usurpador, y  de su prometida Yocasta, que pronto se da cuenta de que las cosas no van a ser como esperó durante años. Layos mira a Yocasta como una hermana, y aunque se casan, ella comprende que él no la desea, que el objeto de su amor es Crisipos, que ha escapado con él de Pisa, y públicamente vive en Tebas como su amante.
 Aun así, Yocasta se las arregla para, una vez ebrio Layos, tener un hijo de él. Este hijo, abandonado en la montaña, ante el temor de una maldición, es Edipo. Recogido por un pastor, sobrevive y es adoptado por el rey corintio Pólibo, cuya esposa, Peribea, es estéril.
 Pasan los años, y Edipo, en una expedición, consulta el oráculo: le advierte la Pitia de la terrible maldición de su destino: que matará a su padre y desposará a su madre. Horrorizado, Edipo decide no volver a su reino hasta que su padre haya muerto, y escapa hacia zona tebana, con la excusa de capturar caballos. Allí le sale al encuentro Layos, que no soporta que le roben en su reino, ...y la maldición se cumple, Edipo mata a Layos es justa lid,  entrando en Tebas como rey victorioso, y según la costumbre, desposa a Yocasta, que, aunque mayor que él, aun podía tener hijos, y los tiene:Polinices, Eteocles, Ismena y Antígona.  Pero ésta es otra historia...

Este es un libro de lectura agradable, que  nos muestra como históricos acontecimientos míticos. Sabemos que los mitos son explicaciones irracionales, emotivas o mistéricas, de hechos que no podemos explicar racionalmente, o de los que carecemos datos para explicarlos. Funcionan a veces como parábolas,  como leyendas que se transmiten a través de generaciones, como cantos de ciego errante que entretiene al pueblo a cambio de algunas monedas o algo para comer.

Trata el tema de la homosexualidad muy elegantemente, muy a la griega, aunque Asensi diferencia el trato aparentemente homosexual –habitual entre los griegos clásicos- entre un adulto y un jovencito impúber, relación semejante a la del maestro y el pupilo, que al llegar la pubertad desaparece,  iniciándose entonces la relación heterosexual. Lo que hay entre Layos y Crisipos es una relación de igual a igual, aunque Crisipo sea algo más joven, pero siguen relacionándose de adultos, con lo que queda manifiesto un verdadero interés sexual. Podría considerarse como la primera vez que esto se reconoce en un mito griego. Aquí ya no se trata de dioses, sino de humanos, de hombres, entre sí.

También trata el tema de Edipo en su verdadera dimensión. Edipo huye de su país de adopción para evitar que ocurra lo que le ha predicho el oráculo, pero el oráculo, que explicita el destino, siempre se cumple. La obra está escrita en tercera persona, pero la inclusión de varios textos en forma subjetiva: El  lamento de Crisipos, El llanto de un anciano y dos Interludios, más el Epílogo final, da un toque muy especial, es una manera de resolver algunos temas, como la muerte de Crisipos.
La documentación es buena, a pesar de las carencias evidentes,  porque se trata de una época en la que hay algunos lapsos de tiempo de los que no tenemos noticia ni restos fidedignos.
En fin, esta novela llena un espacio hasta ahora vacío, compone una vida de la que apenas conocíamos detalles y que Josep Asensi nos los recompone, dándole una interpretación plausible, razonable y muy interesante.
 Y la editorial Evohé nos presenta una cuidada edición, en la línea que está siguiendo hasta ahora. Auguramos muchos éxitos e interesantes y atractivas novedades, sobre todo en el campo de la mitología y de la historia, que es la especialidad de esta joven editorial.

Reseña publicada en:

15/5/11

DISCORDANCIAS: ROBERTSON DAVIES



EL QUINTO EN DISCORDIA

ROBERTSON DAVIES
Prólogo de Valentí Puig
Ed. Libros del Asteroide, 2009


“Al leer novelas como El quinto en discordia uno reencuentra la figura del escritor civilizado, divertido, cerebral,-en el sentido del todo opuesto al autismo intelectualista- glorioso ejemplo del cruce entre lo británico y lo canadiense, vástago elegante de los mejores días de la Commonwealth, hoy asaltada por prosistas jamaicanos, realistas mágicos paquistaníes, y bardos centroafricanos.” ˗ nos dice Valentí Puig en su prólogo-“Demostró sobradamente que siendo fiel a los modos tradicionales de la novela cualquier día iba a parecer moderno”. Primera parte de la trilogía de Deptford, esta novela nos descubre a un autor poco conocido en España, cuya fama internacional es absolutamente merecida, y por el que la editorial Libros del Asteroide ha apostado fuerte, introduciendo su magnífica obra en nuestro país.

Robertson Davies (Thomasville, 1913-Orangeville,1995) es uno de los autores canadienses más importantes. Nacido en la región de Ontario, se educó en distintas instituciones de su país y Europa, estando siempre desde muy niño rodeado de libros y literatura. Su padre, el Senador William Rupert Davies era dueño de un periódico. Estudió seis años en Toronto y tres años más en Kingston (Ontario). Dejó Canadá y se graduó en el Balliol College de Oxford en el 38. En 1940 regresa a Canadá para dedicarse con éxito al periodismo y a escribir comedias; una década más tarde publica la primera de sus once novelas, organizadas en trilogías, que lo harían mundialmente famoso: la Trilogía Salterton; la Trilogía Deptford: El quinto en discordia (1970), Mantícora (1972) y El mundo de los prodigios (1975); la Trilogía de Cornish; y la inacabada Trilogía de Toronto. Además de novelas, Davies es autor de una treintena de libros entre cuentos, obras de teatro, crítica literaria y recopilaciones de artículos.

El quinto en discordia se nos presenta como unas memorias, las memorias de un viejo solterón, el profesor y erudito Dunstan Ramsay, originario de un pequeño pueblo canadiense, Deptford. Pero en esas memorias no sólo nos narra su vida, sus traumas infantiles y sus obsesiones de adulto, sino que a la par que él, crecen y desarrollan su vida dos personajes que han tenido desde la infancia, un grandísimo ascendiente sobre Ramsay: Boy Staunton, el chico perfecto, el gran hombre, el magnate. Y Paul Dempster, personaje indescriptible y mágico, que aparece y desaparece de su vida y con el que en algún momento se sintió responsable de su origen.
Existe una invisible ligazón que une a los tres personajes amigos de la infancia, originarios del mismo pueblo -Deptford- aunque la más evidente es la relativa al hecho del nacimiento de Paul Dempser y la famosa bola de nieve que origina el parto de la señora Dempster. Lo que aparentemente no tiene una relación a lo largo de la novela, la adquiere de golpe al final, y es justamente el papel de Ramsay como catalizador en un brevísimo pero fundamental encuentro entre los otros dos: Paul y Boy. 

Pero así como en las otras dos partes de la trilogía, (Mantícora está protagonizada por Boy Stampton y Mundo Prodigioso por Dempster) los protagonistas son los otros y él es el nexo entre ambos, en El quinto en discordia es Ramsay el absoluto protagonista, sumergiéndonos en un mundo muy particular, el de un niño obsesionado por la culpa y la visión de una santa demente, obsesiones que derivan a otras en su madurez, la pasión por los santos; no es una pasión religiosa, propiamente, aunque es, ciertamente una pasión, casi de coleccionista. En este punto he de dar la razón a V. Puig en su prólogo, cuando cita la “complicidad constante con el mundo de Jung” como inspirador del universo de Robertson Davies. El tema jungiano del inconsciente colectivo de la humanidad, que se baraja en el estudio de los santos, las religiones como modo de acceder a nuestras mitologías y entender nuestros fantasmas. El tema de la enfermedad mental  (toda su obsesión con la señora Dempster), el del ilusionismo y los magos, apenas iniciado en el último tercio de la novela, es otro eco jungiano; la introversión adulta y extroversión infantil de Dunstan, recuperada en su vejez; el hermafroditismo del personaje de Liesl; la figura del héroe; el principio de entropía por el que los opuestos se atraen...Toda la historia personal de Dunstan Ramsay está impactada por un hecho de su infancia y rememorada en  la imagen surgida en una heroica acción de guerra y que determina sus búsquedas posteriores. Pero sus reflexiones están impregnadas de un humor muy sutil, así como su visión de la vida en general y de su propia vida en concreto. Este humor le imprime un sello personal, le da una calidad al texto que lo agranda con múltiples connotaciones y sugerencias. En suma, la obra de Davies nos ofrece una profundidad inusual en la literatura contemporánea.

El quinto en discordia es un concepto extraído de la terminología teatral, -actividad a la que el autor se dedicó algunos años, en Londres- y que presupone un personaje impar, ajeno a las contraposiciones bueno/malo, feo/guapo, héroe/villano, etc.; muy importante en la medida en que hace resaltar las incongruencias o los valores de los demás: sirve de contrapunto y a la vez de apoyo al héroe o la heroína, y aunque no se lleve la mejor parte de la obra, es como esos elementos químicos, los catalizadores, que son imprescindibles para que una mezcla se produzca, aunque no participen de ella. Ramsay es, por descontado, ese elemento.

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