UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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Obra plástica

7/6/12

CAZANDO CON MAUPASSANT


TRAS LA PARTIDA DE CAZA
(Relatos)
GUY DE MAUPASSANT
Trad.: Carlos Ezquerra
Erasmus Ed., 2012

Diecisiete relatos agrupa esta edición, reunidos en torno al relato inicial: una reunión de cazadores en torno a la mesa donde degustan las piezas cazadas. Y tras la comida, cuentan historias, narraciones que tienen o no que ver con la caza, aunque mayoritariamente con el campo y sus gentes, unas jocosas, a veces de un humor grueso y basto, reproduciendo el de los personajes; otras de una tristeza desoladora; las más, de un tinte pesimista y desalentador, en la línea general de la obra de Maupassant.
Inicia la narración un relato, La becada, en el que el barón de Ravots, amante de la caza durante años, se ve restringido al sillón por una enfermedad. En la temporada de caza, invitaba a sus amigos tras la jornada cazadora a  cenar, tras lo que solía seguir el «relato de la becada». Cada comensal cuenta un relato. Y así da comienzo el libro.
El cerdo de Morin, un relato de deseo y pasión, un juego de consecuencias peligrosas pero con un cierto lado cómico. La loca es un breve relato, ambientado en la guerra franco-prusiana, que deja un regusto de tristeza. Pierrot, sin embargo, es un relato tragicómico sobre un perrito y unas campesinas. El miedo es un relato desasosegante, que transmite una sensación angustiosa y terrible. Broma normanda es un jocoso relato sobre una noche de bodas en el campo, que alterna la ansiedad del deseo paralelo con la ansiedad de la caza. Los zuecos relata humorísticamente cómo un rico campesino, Omont, resuelve dos problemas a la vez: quien le cuide la casa y la cama. La reparadora de sillas, sin embargo es una historia de amor, un amor imposible. En el mar narra un suceso marinero, dramático, en el que unos pescadores se ven envueltos. 

En Un normando  nos narra de modo divertido el negocio que Mathieu tiene montado con los santos y las vírgenes en un pueblecito cercano a Ruan.  El testamento es un breve pero entrañable relato de amor, que se descubre tras la muerte. En los campos trata del deseo maternal de una dama sin hijos y la sobreabundancia infantil en dos familias campesinas. Las consecuencias impensadas de las decisiones de cada familia son  distintas de lo esperado. Un gallo cantó es un relato campestre de deseo amoroso, largamente postergado y con un final insospechado, que juega con el tema de la caza y los cazadores cazados. Un hijo es una dramática reflexión sobre las consecuencias de una pasión desatada. San Antonio está enmarcado también en la guerra franco-prusiana; un campesino bravucón y bromista ha de hospedar a un soldado prusiano. Y las circunstancias no están para bromas. Con el mismo fondo y escenario, cierra el conjunto La aventura de Walter Schnaffs, divertida sátira sobre un gordo soldado prusiano que no desea participar en la guerra pero que está inmerso en ella. Y una columna de guardias nacionales es festejada por la heroica hazaña de capturar a un solo alemán.
En suma, un variopinto grupo de textos de sabor agridulce, como es habitual en los relatos de Maupassant. De amena lectura  e interés para todo aquel que guste de un autor que puede estar, en el escenario de la literatura francesa,  a la altura de Flaubert, Zola o Balzac.

Henry René Albert Guy de Maupassant (Dieppe, 1850-París, 1893) fue escritor, novelista y articulista francés, cuya mayor producción la dedicó al relato corto o cuento: algo más de trescientos relatos y cinco novelas. Frecuentador de los salones y la nobleza, protegido de Flaubert, moviéndose en un mundo proustiano, ―de hecho fue amigo de Marcel Proust, Anatole France, Paul Claudel, Jean Cocteau, François Mauriac, André Gide, Picasso…sin embargo no lo reproduce en sus escritos, o más bien, sólo reproduce la parte más mórbida de él. Su interés más bien recae en historias sórdidas leídas en la prensa, escuchadas en tabernas o cafés, o historias campestres, recogidas de viajes por su Normandía natal. Maupassant publicaba estos relatos en revistas literarias como Gil Blas, Le Gaulois, Le Figaro, a veces con pseudónimo (usó varios: Valmont, Maufrigneuse, Prunier).  Maneja el lenguaje divinamente ―no en balde tuvo como maestro a Flaubert―, por lo que resulta una lectura siempre amena, bien contada, alternando humor con escenas de un realismo penoso, dramáticas, pero contadas como algo cotidiano, como una charla entre amigos alrededor de una copa de aguardiente o un café bien cargado.

Publicado en:

http://blogs.libros.com/la-maquina-del-tiempo/2012/03/11/tras-la-partida-de-caza-de-guy-de-maupassant/

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