8/11/13

UN VIVIDOR EN EL LOUVRE

VIVANT DENON
PHILIPPE SOLLERS
Trad.: Mauro Armiño
Ed. Fórcola, 2012

Magnífico ensayo biográfico, en el que el lector español descubrirá a un personaje poco conocido, al menos en España, a pesar de ser el creador del Museo del Louvre. Contemporáneo de los ilustrados y de los revolucionarios franceses, fue un diletante, un hombre que vivió a caballo entre dos mundos, siempre en el filo de la navaja, y consiguió sobrevivir sin necesidad de cambiar sus principios. Como hubiera dicho Groucho Marx…«si no le gustan mis principios, tengo otros». Pues los principios de Denon eran lo suficientemente elásticos y libres como para permitirle tratar con Luis XV, con Catalina de Rusia, con Voltaire, con Robespierre, con Napoleón y tras la caída de este, con Luis XVIII, y la restauración. Sabía adaptarse a las circunstancias, guardando para la intimidad sus ideas y pensamientos, mientras trataba, en su aspecto público, de cumplir las leyes y mantenerse cortés con todos.

Fue escritor, pintor,  dibujante y sobre todo, grabador. Aunque, sobre todas sus actividades, podríamos decir sin errar demasiado que, haciéndole honor a su nombre, fue un vividor, en el mejor sentido de la palabra. Gozaba de la vida, le gustaba vivir, vivía el presente.  Parafraseando a LeCarré: «calderero, sastre, soldado, espía» y como dice en el epílogo Javier Jiménez, Vivant Denon es «viajero, libertino, aficionado al arte -yo diría artista- coleccionista, bibliópata, diplomático, espía según algunos, discreto, padre de la egiptomanía, mujeriego y enamorado.»
Efectivamente, sus viajes en misiones diplomáticas hacen sospechar que transmitía información en secreto. Lo más cerca de ser soldado, sin embargo,  lo fue en Egipto, al acompañar a Napoleón para ver y dibujar de primera mano las pirámides y los monumentos egipcios. Las balas pasaban silbando a su alrededor mientras él dibujaba…En su Viaje a Egipto, publicado en 1802, es precisamente Denon el que reproduce la famosa frase de Napoleón sobre los «cuarenta siglos que nos contemplan»incluso Sollers sugiere la posibilidad de que quizás el propio Denon se la soplara a Napoleón, como insinúa si no sería Montaigne el que sugeriría a Enrique IV la famosa frase de que «París bien vale una misa»…


Así es Sollers: salta de una cosa a otra, de la vida y hechos de Denon a las vidas  de otros, contemporáneos o posteriores a él, en un estilo muy peculiar suyo. Destaca que no tenemos demasiados datos de Vivant Denon por su enorme discreción. Si hubieron mujeres, que las hubieron, no hay apenas cartas, salvo las de Madame Albrizzi-Marini, que debió ser para este soltero recalcitrante algo más que una pasajera relación. «Nunca he tomado mujer y vivo contento con mi libertad», afirmará en varias ocasiones. Amaba a las mujeres apasionadamente, pero amaba aun más su libertad e independencia. Y así como Casanova hacía constante gala de sus amores o sus ejercicios sexuales, Denon cubre con un discreto velo esa faceta. Incluso su relato, Point de lendemain (Sin mañana) lo publicará anónimamente. «Vivant es un virtuoso del discurso mudo indirecto -dice Sollers- discreción reforzada, asuntos de Estado, destrucción de correspondencia, ausencia de huellas: es la norma».
Y Sollers es un virtuoso de la palabra, de la imagen verbal, de la ligazón de ideas al vuelo, de la sugestión y la ironía. Su estilo saltarín es encantador, seductor como los personajes que gusta de retratar; dieciochesco como ellos. En suma, un libro excelente, y una edición magnífica.



Philippe Sollers (Talence, 1936) Escritor francés, uno de los fundadores del grupo Tel Quel (1960). Su obra narrativa (ensayo y novela) oscila entre las formas tradicionales y la experimentación vanguardista. De madre católica tradicionalista y padre ateo antimilitarista, fue educado en los jesuitas, y después realizó estudios de comercio, que abandonó para dedicarse de lleno a la escritura.
Publicó su primera novela, "Une curieuse solitude", en 1958. Se casó en 1967 con Julia Kristeva, escritora y psicoanalista. Fue, entre otros, amigo de Jacques Lacan, de Louis Althusser y de Roland Barthes, quienes son descritos en la novela "Femmes" (1983), así como de otras grandes figuras del movimiento intelectual francés. Sollers, que vive regularmente en Venecia o en l'Île de Ré, dirige desde 1983asimismo la colección "l'Infini" y es miembro del comité de lectura de Gallimard. Ha frecuentado el género biográfico, interesándose por personajes del dieciocho (Casanova, Mozart, Sade…)


Ariodante

7/11/13

DICKENS IN LOVE

DICKENS ENAMORADO
AMELIA PÉREZ DE VILLAR
Ed. Fórcola, 2012






El ensayo que nos ocupa la atención es un texto biográfico que no llega a las doscientas páginas, y que nos presenta la biografía de Dickens desde un ángulo quizás no muy habitual. El título nos da una pista: se trata de contarnos la vida del gran escritor británico apoyándose en los amores (y yo añadiría, los desamores)de su vida. El texto reproduce algunas cartas que Dickens escribió a diversas personas (damas, amigos, etc.) y  de cuya lectura se puede llegar al estado de ánimo del escritor. Esta obra también muestra las relaciones del escritor británico con varios amigos íntimos; cada una en su marco especial, como es el caso de su amigo juvenil Henry Kolle, que le servirá de intermediario y mensajero en su intento de relación con Maria y que acabará desposando a la hermana de esta; John Forster será su amigo más íntimo y duradero, finalmente albacea; otro amigo que conoció ya en su madurez, el también escritor Wilkie Collins, más compañero de viajes y salidas nocturnas. El actor Macready, que le fue de gran apoyo al final de su vida; el escritor Leigh Hunt, el pintor Daniel Maclise, o Thomas Talfourd, a quien dedicó Los papeles póstumos…

Las innumerables mudanzas de casa de los Dickens, cuya transhumancia era notable, a pesar de las continuas quejas del escritor, al parecer se veía impelido a un movimiento continuo, conforme iba creciendo la familia; los constantes viajes, solo o acompañado, con familia o con amigos, los proyectos, el continuo brotar de nuevas obras salidas de su pluma… Este aspecto transhumante me recuerda la también itinerancia constante de otro gran escritor, Joseph Conrad, que tras años de vagar embarcado allende los mares, al establecerse en tierra firme no parecía encontrar su sitio en ninguna parte, cambiando de casa y de lugar con una frecuencia pasmosa, para una persona aquejada de gota y otras varias dolencias. Dickens tenía una salud más fuerte que la de Conrad, pero a cambio tenía diez hijos, una familia paterna constantemente sobre sus espaldas, teniendo que asumir sus problemas de deudas y otros asuntos, con los quebraderos de cabeza adicionales.
Así, por medio de todas estas relaciones va mostrándonos la autora de este ensayo la calidad personal de Dickens y sus motivaciones y deseos más íntimos, en la medida en que podemos suponerlos o deducirlos de la lectura de sus cartas, que es impagable.
En su juventud (hablo de diecisiete, dieciocho años) tuvo el escritor una pasión amorosa muy intensa por Maria Beadnell. Pasión que no fue del todo correspondida o que, al menos no lo fue del mismo modo y con la misma intensidad que el joven Dickens ansiaba. Además, hubieron ciertos malentendidos con la intervención de otra amiga por en medio, no sabemos si de modo casual o provocado por la propia Maria.  Y no solo eso, sino que la familia Beadnell tampoco aceptó bien esta relación cuando vio que sobrepasaba los límites de la pura amistad. Las diferencias de clase, la juventud de ambos, hizo que los padres de Maria la enviasen al extranjero y entre eso y que ella misma no parecía demasiado convencida, el asunto fue decayendo, aunque en la mente y el corazón de Dickens pervivió y sirvió de base para el personaje de Dora en su magna obra David Copperfield.

Posteriormente, cuando superó sus peores momentos y conoció a la familia Hogarth,  cuyas tres hijas, Catherine, Mary y años más tarde Georgina, le hicieron revolotear entre ellas y finalmente decidirse por la mayor, Catherine, de físico atractivo (aunque no tanto como Maria Beadnell). Sin embargo, la elección de Catherine por esposa, según nos lo presenta la autora siguiendo la opinión de Claire Tomalin en su ensayo sobre Dickens, estuvo más apremiada por una cuestión de “higiene sexual, bienestar doméstico y compañía” que por una pasión real. Intelectualmente no estaba a la altura de Dickens y a lo largo de sus años de convivencia la figura de Catherine se nos presenta más como una fábrica de niños (tuvieron diez) que como una esposa más completa, puesto que Dickens, que era una personalidad hiperactiva y ansiosa, se ocupaba de todo lo demás, desde el guardarropa, pasando por todos los detalles de cada una de las múltiples casas que poseyeron, a dirigir el servicio, la educación de sus hijos, y las relaciones con su familia. Ello llevó, a lo largo del tiempo, a un agotamiento absoluto de los sentimientos que hubiera podido albergar hacia su esposa, y de un alejamiento que pasó a ser físico cuando empezó a interesarse más seriamente, en su madurez, por una joven actriz, Ellen Ternan, con la que acabó conviviendo en una situación harto confusa y poco satisfactoria.

Dickens, cuya personalidad tornadiza e inquieta queda transcrita en este libro, probablemente tuvo trato con algunas otras mujeres, fueran damas o prostitutas, pero no tenemos noticia de ello, si descontamos la relación con sus dos cuñadas: primero Mary, que se instaló en casa para ayudar con el primer bebé de la pareja, y que ejercía una cierta atracción en Dickens; su repentina muerte le dejó profundamente impactado; luego Georgina, la hermana menor, que con quince años también se trasladó a vivir con ellos en casa, cuando acababan de volver de Estados Unidos, en 1842; haciendo el papel de institutriz de los niños, y que parecía disponer de cierto ascendiente sobre el escritor, por su nivel intelectual y competencia en asuntos domésticos, mayor que el de su hermana, y por la manifiesta devoción hacia su cuñado que no pasó del plano sentimental al físico.  De lo que sí tenemos noticia es un intento de reencontrarse con Maria Beadnell, a la sazón Winter, casada y con dos hijas. Y fue por iniciativa de la propia Maria, que le escribe veintidós años más tarde de su último encuentro. Sin embargo, el reencuentro resultará decepcionante, por lo que el bello recuerdo de la dulce Maria quedará borrado por una imagen de señora madura, tampoco demasiado inteligente y desde luego, nada oportuna. 

Resulta una obra atractiva, quizás demasiado concentrada en su brevedad, pero que nos ofrece una imagen más íntima y novedosa de este gran escritor. Y una espléndida edición la de Fórcola, tapa dura, con múltiples reproducciones de grabados, imágenes de las casas, las personas y muestras de la escritura manuscrita de Charles Dickens, un autor que todos conocimos de niños y al que seguiremos leyendo toda nuestra vida.

 Amelia Pérez de Villar es licenciada en Filología Inglesa y traductora por el Institute of Linguists of London. Como autora, ha publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como «Manuela» (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), «Escena con fumador en blanco y negro» (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio), «Si yo tuviera el corazón», publicado en el último número de la revista Renacimiento, o «Visión Crepuscular», aparecido en la revista digital Culturamas en enero de 2011. Ha sido redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Escribe habitualmente en su blog DeLibrosydeHojas. Ha escrito Dickens enamorado: Un ensayo biográfico (Fórcola, 2012), y el artículo «Pescar el múrice: mi reino sí es de este mundo», que forma parte del ensayo colectivo Hijos de Babel: reflexiones sobre el oficio de traductor en el siglo XXI (Fórcola, 2013). Como traductora, ha publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008)Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (Páginas de Espuma, 2010), y Escribir ficción, de Edith Wharton (Páginas de Espuma, 2011). Ha preparado la traducción, edición y notas de Crónicas literarias y autorretrato (Fórcola, 2011), y de Crónicas romanas: la sociedad y la vida mundana de fines del Ottocento en Roma (Fórcola, 2013), ambas antologías de crónicas de Gabriele d’Annunzio (1863-1938).




Ariodante

3/11/13

SOLTEROS



LOS SOLTEROS
(The Bacherlors, 1960)
MURIEL SPARK
Trad.: Juan Sebastian Cárdenas
Ed. Impedimenta, 2012


Divertida y corrosiva sátira de Muriel Spark, novelista británica de larga producción literaria. Esta es su quinta novela, publicada en 1960. En ella desarrolla una intrincada trama, plena de ironía y de aguda observación, trama que gira alrededor de un juicio, o mejor dicho, de un hecho presuntamente delictivo a la espera de juicio y cuya información va pasando de un personaje a otro y al final tenemos una novela coral donde todos acaban por conocerse o tener algún tipo de relación.
No he de negar que para un lector no anglosajón resulta un tanto difícil de seguir el hilo por la cantidad de nombres, (que al principio somos incapaces de retener) profesiones, historias personales que se nos van mostrando casi sin dar un respiro, el ritmo es creciente y culmina, obviamente, en el juicio.
Paralelamente al tema central, que es una estafa realizada por un presunto médium espiritista a una dama madura, hay otros temas colindantes: el modo de vida de los solteros (masculinos y femeninos) en el Londres de los años cincuenta o sesenta; el mundo del espiritismo, muy de moda en épocas anteriores en Inglaterra, y el eterno y conflictivo mundo de los católicos británicos, siempre con problemas morales y siempre en pie de guerra. La propia autora se convirtió al catolicismo y, como otros escritores británicos de esa misma religión, inevitablemente hacen surgir ese tema en sus novelas. Graham Greene, (de quien era amiga) sin ir más lejos.

La información que pasa de mano en mano se materializa en una carta, una presunta falsificación. Esta carta va generando toda una serie de reacciones a cual más disparatada en los diversos personajes. Primero circula la información de la existencia de la carta: luego, circula la propia carta. Las situaciones que genera son hilarantes, a la vez que desprenden una soterrada lectura entre líneas, bastante corrosiva.
El despliegue de personajes es, pues,  larguísimo: comenzando por el grafólogo Ronald Bridges, un epiléptico cuyos ataques pueden producirse en cualquier momento de tensión; Mattew Finch,  periodista y amigo de Ronald, Patrick Seton, el médium acusado de estafa y que ya lleva un largo historial delictivo, generando pasiones a favor y en contra allá donde va; la camarera Alice, su amante y fiel enamorada (y embarazada), su amiga y también camarera Elsie, que no soporta a Patrick;  Marlene Cooper, viuda y organizadora del círculo espiritista La Espiral Interior, sección del grupo Amplio  Infinito, en el que la madura y crédula dama Freda Flower y su amigo el “clarividente” Mike Garland hacen surgir el conflicto al acusar de fraude a Seton. Ewart Thornton, maestro; Fracis Eccles, profesor del British Council;  Walter Prett, crítico de arte; Tim Raymond, joven sobrino de Marlene y que nos brinda escenas desternillantes; Martin Bowles, abogado que lleva el caso Seton y que a su vez reproduce una relación parecida con su madura amante Isobel Billows; Hildegarda Krall, antigua amante de Ronald, el grafólogo  y actual novia de Tim; y finalmente, el padre Socket, un supuesto clérigo de una iglesia inventada, en relaciones francamente dudosas con Garland…Todos ellos finalmente van pasando por el policía que lleva el caso, Fergusson, y al que proporcionan mas de un dolor de cabeza.
Un punto en común: todos son solteros. Las damas que alguna vez estuvieron casadas, son viudas o divorciadas. Los demás, solteros recalcitrantes. Las conversaciones sobre el carácter de su soltería, sobre el matrimonio, no tienen desperdicio, así como las reflexiones que despliegan los pertenecientes a la facción católica. Los defensores del espiritismo son ridiculizados al máximo en este texto, aunque no son los únicos, como ya digo. Todo escrito muy a la británica, es decir, con una dosis altísima de fino humor y elegancia.
En suma, un libro a leer si se quiere pasar un rato divertido y perderse un rato en esta barahúnda de solteros.

Muriel S. Camberg Spark, (Edimburgo, 1918–Florencia, 2006), escritora británica cuyo padre era un judío inglés, de origen italiano, y su madre, una inglesa anglicana. Estudió en el James Gillespie's High School for Girls. En 1934-1935 tomó un curso sobre correspondencia comercial en el Heriot-Watt College. Enseñó inglés por un corto periodo antes de trabajar como secretaria en una tienda. A los 19 años se casó con S. O. Spark y fueron a vivir a Rodesia, donde tuvieron un hijo. Pronto se separaron, Muriel volvió a Inglaterra y trabajó en el Foreign Office, en labores de contraespionaje bélico, desde 1944. Le fue concedida la DBE. Conoció y tuvo gran amistad con Graham Greene. Empezó a ser conocida con su novela The Comforters (Los que consuelan, 1957), que firmó con el apellido Spark; luego, siguió escribiendo regularmente, con un estilo punzante y eficaz.
También escribió en el New Yorker. Desde 1954, año en que se convirtió al catolicismo, residió en Italia.

Ariodante
Octubre 2013

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