26/1/14

ASUNTOS MATRIMONIALES

LOS MATRIMONIOS
HENRY JAMES

Ediciones Traspiés, 2013


Los hermanos James (Henry y William), profundos investigadores de la psique humana, bucearon en ella cada uno de modo diverso. William lo hizo desde el punto de vista de la ciencia, desarrollando la teoría del empirismo radical, el pragmatismo, mientras que Henry lo hizo desde la literatura. Y a mi modo de ver, si el psique humana es, como dice William, tan inasequible como una peonza en movimiento, justamente es el arte o la literatura los que pueden captar ese flash que supone la visión de la mente humana. Porque el arte llega allá donde la ciencia no puede llegar, el arte suple la ausencia de datos físicos con la intuición o la imaginación.
Y con esa imaginación psicologista, que probablemente sirvió de tema de discusión en muchas sobremesas familiares, Henry James escribe sus novelas. Precursor de la corriente de consciencia o flujo de pensamiento, técnica desarrollada posteriormente por Virginia Woolf o James Joyce, por poner ejemplos destacadísimos, James escribe fijándose en el punto de vista. Lleva de la mano al lector y lo sitúa en un ángulo, le hace mirar los hechos con un filtro coloreado.

Las dos novelas cortas que incluye esta edición, Los Matrimonios (The Marriages,1891) y Louisa Pallant (1888) han sido elegidas para su publicación conjunta porque ambas tienen como eje el tema matrimonial.  Situémonos en la época en que James escribe, finales del siglo XIX. James, solterón empedernido, escribió muchas novelas donde reflejó la relación amorosa entre un hombre y una mujer ocupaba un lugar principal. También vemos en sus obras una contraposición entre la mirada americana y la mirada europea sobre este tema. Pero, principalmente, lo que James nos quiere mostrar es lo que ocurre cuando limitamos nuestras reflexiones a un único punto de vista.

En Los Matrimonios, a pesar de que la narración está escrita en tercera persona, el punto de vista que se adopta es el de Adela Chart, hija mayor del Coronel Chart, viudo de buen ver al que su hija no soporta compartir con ninguna otra mujer. La narración se complica por la desbocada imaginación de Adela, y las inevitables constricciones de las buenas costumbres, los modales y la corrección política. Los dos hombres disponibles de la familia, el padre y Geoffrey, el hijo segundo (el primogénito está en la India y no cuenta) lanzan sus redes sobre Mrs. Churchley, una viuda de muy buen patrimonio. Pero Adela no puede dejar de intervenir en lo que considera, horrorizada, como una locura, una inmensa traición de su padre y  hermano. Comprobará el lector al final cuánta distorsión puede generar un pensamiento único.

Louisa Pallant esboza otra trama: parece una novela en la que el propio James se implique, al hablar en primera persona, describiéndose como un solterón norteamericano afincado en Europa. Pero lo que este personaje cuenta es la historia de dos mujeres, madre e hija, cuyo objetivo parece ser el mismo: la caza del mejor partido posible para marido. El protagonista y su joven sobrino coinciden con las dos damas en varios lujosos lugares de veraneo  en Europa. Mrs. Pallant es un antiguo amor del narrador, y Linda, su joven hija, parece haber mejorado y superado el modelo materno con creces.  Se inicia la caza, y todo parece tener menos importancia a los ojos del narrador, pero Mrs. Louisa Pallant no piensa lo mismo. Lo que nunca sabremos es lo que piensa Linda, que, como su nombre indica, es una belleza perfecta que  también es inteligente y fría como el hielo. Una conjunción peligrosísima para un joven inexperto e ingenuo.


James, dentro de su barroquismo, es bastante claro en estas dos novelas. Admirablemente claro, sin embargo, lanza sus cargas de profundidad para quien las quiera ver.  Es conocido el interés de James acerca de la forma literaria, artística. Es decir, la importancia que le concedía no solo al contenido, a la historia que contar, sino a la manera de contarla, a la técnica literaria empleada para transmitir ese contenido. En James no vamos a encontrar a un autor decimonónico: es mucho más moderno que sus contemporáneos. Su manejo de la técnica literaria es notable y aunque no llega a la categoría de un Tolstoi o de un Flaubert, no se queda muy lejos.
En suma, estas dos novelas se leen muy bien, el formato es correcto y la traducción, bastante adecuada.




Ariodante
Dic.201


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