29/3/14

UNA HISTORIA DE AMOR DIECIOCHESCA

ADOLPHE


BENJAMÍN CONSTANT

Trad.: Marta Hernández

Acantilado Editorial, 2002


En esta novela corta, y excelentemente traducida, que Benjamín Constant (1767-1830) publicó por primera vez en 1816, el autor quiso marcarse un reto: escribir una historia con solo dos personajes, con una misma situación, y que sin embargo tuviera interés para el lector. Al parecer, no sólo tuvo muchísimo éxito entre el público de su época, sino que además, más de uno se identificó con uno u otro protagonista, manifestándoselo al  autor; y no sólo eso: los que le conocían aseguraron que la novela era bastante autobiográfica.
En el prólogo a la segunda edición, Constant se defiende asegurando que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, y que casi todos los escritores han sido tachados en algún momento de autobiográficos (cita a sus contemporáneos  Chateaubriand y a Mme. de Staël) . Con sus propias palabras: "buscar alusiones en una novela es preferir los enredos a la naturalidad y sustituir el estudio del corazón humano por el cotilleo". Me permito compartir y a la vez discrepar de tal idea. Creo que, efectivamente, no todo lo que escribe un literato es autobiográfico ni repetición literal de los hechos: concedámosle un poco de imaginación...Pero concedamos también que un escritor recrea sus personajes y sus historias con retazos de realidad, vivida o no, escuchada a terceros o conocida de modo indirecto. Y así como un artista fantástico recrea seres mitológicos a base de conjuntar rasgos humanos con animales o incluso vegetales, rasgos que son extraídos de seres reales pero que al combinarse crean ficción, un escritor ha de hacer lo mismo. Nunca se parte de la nada absoluta, la hoja en blanco no existe, porque aunque en la mente del escritor ya hay bastante, mirando alrededor hay también mucho de lo que tomar para componer una narración.
 
La historia que se nos cuenta es la de una relación amorosa. ¡Vaya novedad! Dirá más de uno...efectivamente, el tema es uno de los más antiguos y más recogidos por la literatura. Como siempre, lo que importa es la forma como es tratado lo que se nos cuenta. Presentado como un texto que un editor encuentra durante un viaje, y que posteriormente considera la opción de publicarlo, el cuerpo central es una narración en primera persona.  Un joven estudiante de buena posición, Adolphe, que no habiendo conocido el amor-pasión, intenta acceder a relacionarse con una dama, Ellenore, que casualmente ocupa una situación social irregular, conviviendo diez años con un conde, con el que ha tenido dos hijos, y al que ha ayudado y apoyado en situaciones económicas graves, de las que se ha recuperado, manteniendo con el una relación amorosa tranquila y cómoda. La aparición de Adolphe no le provoca aparentemente ningún sobresalto, o al menos no lo deja entrever. Tal indiferencia enerva al joven, que inmediatamente sufre la enfermedad amorosa en estado agudo. Ella opta por quitarse del medio. Irse al campo, frenar a aquel impulsivo joven y ojos que no ven...pero esto no hace sino redoblar los agobios pasionales de Adolphe, que consigue vencer la resistencia de la dama. Y aquí comienza una relación de gran fuerza pasional y tensión psicológica -y en ningún momento hay escenas donde se explicite el sexo- donde el autor concentra toda su artillería en los sentimientos, las pasiones encontradas, la continua lucha entre sentido (común) y sensibilidad, entre razón y pasión. 
Adolphe nos es presentado como un joven inexperto en las lides amorosas y además, un tanto indeciso y de carácter débil. Inteligente y culto, su sentido común desaparece por completo, anulado por la arrolladora pasión. Ni la intervención del padre, ni la intervención del conde con el que convive Ellenore, ni la propia conciencia, que le proporciona líneas de acción razonables, consiguen que Adolphe desista de su obsesiva relación.
Cuantas más dificultades se encuentran,  ambos parecen crecerse: ella es diez años mayor que el, su posición social es altamente irregular, tiene dos hijos, a los que ha de renunciar si quiere seguir con el, y además, se mueve en círculos sociales donde, si bien se tolera su relación con el conde, no resulta tan tolerable que lo cambie por un joven que aún no ha accedido a una actividad social,  profesión, o a la fortuna familiar.
La situación resultante es dramáticamente romántica. Las descripciones de las efervescencias emocionales son muy lúcidas y, si no han sido sentidas, al menos el autor las reproduce muy fielmente. En palabras de Adolphe: "Es una horrible desgracia no ser amado cuando se ama; pero también lo es, y grande, ser amado con pasión cuando ya no se ama." (Pág.74)
El realismo de la tensión amorosa es tan fuerte, que incluso los lectores, hayan vivido una pasión semejante  o no, se sentirán tocados en algún momento de la novela o en toda ella.  Descrita desde el punto de vista de Adolphe, seguimos sus altibajos, dudas, razonamientos, encuentros y desencuentros consigo mismo. A Ellenore la vemos desde fuera, comprendemos su posición, pero interpretada por la visión masculina ( "¡a ellas les duele tan poco y a nosotros nos produce tanto placer!")(pág.32)
Leemos la historia de un tirón, y seguimos el desarrollo lógico de la relación, que, salvo por las notas específicamente de la época, podría trasladarse perfectamente a la actualidad. Los sentimientos, la ceguera de la pasión, es tan actual porque la naturaleza humana sigue siendo la misma.  Para explicitar aún más el carácter no moral del relato, en los capítulos finales, el autor hace decir al editor: "En este mundo, nadie aprende más que por sí mismo, y todas las mujeres que lo lean imaginarán haber encontrado a alguien mejor que Adolphe y valer más que Ellenore."(pág.149). La intención de Constant no es tanto una lección moral como una inmersión en el alma humana, que nos va mostrando adonde nos puede llevar el alejamiento de la razón y el dominio de la pasión. ¡Ay, Marco Aurelio!  




Ariodante


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