21/11/14

EL JUEGO CURATIVO

PARECE QUE CICATRIZA
MIGUEL SANFELIU
Talentura, 2014



Es esta la primera novela de Sanfeliu, autor que tiene en su haber una abundante producción de relatos, agrupados en diversos libros. Está escrita con el mismo estilo que caracteriza sus relatos, es decir, una mezcla de humor negro y dirty realism a lo Bukowski, Carver o Fante, con una doble lectura entre líneas; los personajes tienen un simbolismo con el que el autor reflexiona sobre la propia tarea creadora. El narrador, cuya voz nos suena como la del autor, nos dice que “La literatura es una herida que permanece abierta, sangrando, y aunque llega un momento en que parece que cicatriza, (la cursiva es mía), se trata tan solo de una ilusión, nunca se cierra, quien está herido de literatura nunca llega a curarse”. Creo que igualmente podría aplicarse esta afirmación al arte en general, a la creación artística, sea literaria, plástica o musical, si nos atenemos al relato. Efectivamente esta es una historia de heridas sin cicatrizar, acúmulo de frustraciones y empeños artísticos que devendrán en finales catastróficos o en la anodina existencia del superviviente. “Cuando era joven soñaba que la literatura sería como un transatlántico de lujo, pero ahora resulta que no es más que un simple salvavidas.”–dice el narrador, a propósito de Roberto- “Escribe para limpiar la conciencia, escribe porque lo necesita, para no saltar desde la terraza del edificio. A esto se reduce todo: escribir para sobrevivir.” Concebir la creación como algo doliente es una manera de ver las cosas quizá demasiado amarga, aunque hay toda una tradición sobre ello (pienso, en concreto, en las canciones de The healing game,  el disco de Van Morrison). La creación puede ser también feliz y satisfactoria. Sin embargo, la idea de la herida siempre abierta es un buen símil, ligada a la idea de permanencia, de eterno deseo nunca cumplido, así como con la idea de curación. El juego curativo, como diría Morrison. Pienso que escribir no es la única terapia: la lectura es otra. La inmersión en la literatura, en la gran literatura, como lector, es tan curativa como la creación, y a veces, más.

Conjunto de saltos temporales y saltos de la realidad a la ficción, entre Roberto y sus personajes, así como diversos insertos a modo de microrrelatos, la novela tiene dos partes fuertemente diferenciadas, con una corta introducción y un también breve final. Las indecisiones, sueños y deseos frustrados del protagonista, Roberto Ponce, eterno aspirante a escritor, así como los otros personajes: el barman-poeta Eladio, el pintor enloquecido y desesperado, Sebastián Mendoza, y el comercial cantante con aspiraciones Emilio/Sonny, compondrán una trama de desencantos, de supervivencia.

En la primera parte, el protagonista habla en primera persona, contándonos de sus andanzas juveniles en pos de los laureles literarios, lleno de sueños de grandeza y sin un duro. Enamorado de los primeros ojos que le miran sugerentes, sufre y goza entre página y página. Retrata el submundo de los bares, los artistas y la prostitución. El Cubo de la Basura es el bar donde centra sus relaciones sociales. Pero, sobre todo, insiste en el mundo interior de Roberto, en el que se mezcla la realidad con los sueños y con las ficciones que surgen en su mente, mientras lucha con la hoja en blanco de una máquina de escribir.
En la segunda parte, el narrador se coloca en tercera persona, un indefinido punto de vista para seguir contando cómo le ha ido la vida a Roberto, bastantes años después. Los sueños no le han abandonado, pero la invasión del mundo real en forma de trabajo, familia (esposa, hija, parientes) y obligaciones de todo tipo amargan su constante y reincidente tendencia a la literatura. Ahora en vez de la hoja es la pantalla en blanco del ordenador.
 La realidad circundante parece especialmente cruel con sus aspiraciones literarias: por más que lo intenta, el pobre Roberto ha de enfrentarse constantemente a sesiones de compras en grandes almacenes, pesadas visitas familiares, irrupciones de su hija Virginia, ya crecidita, y requerimientos de atención por parte de su mujer, Cati, ajena por completo a la obsesiva tendencia literaria de su esposo.
El pasado, asimismo, irrumpe en varias ocasiones en ese mundo cerrado de Roberto: la reaparición de Sonia, la dramática desaparición de Sebastián, el confinamiento de Eladio en una residencia, la carrera disparatada de Sonny…y se mezcla con otras irrupciones más inmediatas: Maite, la compañera de oficina, con la que hay un “quiero y no puedo”, Ramón, cuya ilusión es salir en televisión, otro compañero que se jubila...Y a todo ello se suma la nueva idea de Cati para recomponer la familia, cuando su hija les anuncia su noviazgo.
En realidad, en esta novela no llega a ocurrir nada, quizás ese sea el drama. Parábola llena de simbolismo, es un desfile de seres con ilusiones perdidas, mostrando un panorama desolador, pero con ciertos toques de humor, y tratando a los personajes con mucha indulgencia, con cariño. Todos sueñan pero los sueños, como diría el poeta, sueños son. Sin embargo, si no hubiera sueños, ¿qué sería de nosotros?
El refugio en la creación –tanto en la propia como en la ajena, por medio de la lectura o el visionado de filmes- como modo de supervivencia en una sociedad hostil o al menos, indiferente, ese intento de mostrar que uno está vivo por medio de construir algo propio y personal, (se tenga o no talento para ello) esa es la idea que parece desprenderse del texto, cuando el narrador nos dice: “Quizá sus historias son un refugio, una argucia para tratar de vivir otras experiencias y escapar de la propia, un intento de desdoblarse. Quizá descarga su rabia sobre personajes ficticios, ante la imposibilidad de descargarla sobre los congéneres reales que le rodean”. Quizá haya que dedicarse a la carpintería o  a la jardinería, o a cuidar hijos…por poner un ejemplo, ya que cualquier actividad en la que nos sintamos motivados nos ayudará a sobrevivir.
En suma, este es un texto que nos pone un espejo ante los ojos, y nos ayuda a reflexionar mirándonos en él, por medio de unos arquetipos que podrían ser cualquiera de nosotros.

Miguel Sanfeliu es autor de los libros de relatos: Anónimos (Traspiés, 2009 – Col. Vagamundos), Los pequeños placeres (Paréntesis, 2011) y Gente que nunca existió (E.d.a. libros, 2012). También ha publicado en diversas revistas y libros colectivos. Gestiona el blog Cierta Distancia. Parece que cicatriza (Talentura, octubre de 2014) es su primera novela.



Ariodante


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