14/3/14

CARAVAGGIO Y MALTA

RITO DE PASO
OLALLA GARCÍA
Ediciones B, 2014 

Más de un lector pensará, por la portada de este libro, que se trata de aventuras en la mar, y por el tipo de barco, una fragata, que se ambientará en el siglo XVIII o XIX. Pero no es así. La nueva novela de Olalla García, recién salida de imprenta, centra la acción en una isla mediterránea, Malta. Una isla implica ciertamente barcos, puesto que en épocas pasadas no había otro modo de acceder. Pero los barcos principales eran las galeras, aquellos navíos en los que la fuerza del viento se combinaba con la fuerza de los remos, y que eran los más potentes en el siglo XVII, que es la época en la que está situada la acción. Y aparte de llegar o salir de la isla, no tienen mucho más protagonismo en esta historia.
También, a juzgar por el subtítulo, “La fascinante historia del pintor Caravaggio en la isla de Malta” el lector podría pensar que la narración gira en torno al problemático y oscuro pintor, padre del tenebrismo. Tampoco es del todo así: efectivamente, el libro comienza con la llegada del pintor milanés a La Valetta y acaba con su tempestuosa salida de la isla. Pero Michelangelo Merisi da Caravaggio no es ni el único ni el principal protagonista.
Pues ¿qué nos cuentan aquí? Dirá, impaciente, el lector. Olalla García urde una compleja trama en la que, si bien sigue los hechos ocurridos al temperamental pintor, introduce unos cuantos personajes más, todos girando en torno a la Orden de los Caballeros de San Juan del Hospital. Casi diría que la Orden de Malta es la verdadera protagonista de la novela. El pequeño universo que conforman los Caballeros hospitalarios en un espacio reducido, una reseca y pequeña isla, poco fértil, que depende para subsistir del trigo italiano y de muchos otros productos que han de llegarle de fuera. En ese limitado mundo se produce una conjunción de vidas plena de ansias, deseos, fracasos y logros, intrigas y pasiones.
En las primeras páginas, la autora, además de recordarnos que es ficción lo que vamos a leer, nos presenta a los personajes de la historia, aclarando cuáles son históricos y cuales ficticios, y de entre los históricos, aquellos de los que se tiene amplia información y por el contrario, otros acerca de los cuales solo sabemos que existieron por muy pocos datos. De los dos, Caravaggio presenta más documentación que Montalto, del que solo se sabe que asistió a una  cena que inquietó a la Inquisición. Por tanto, la historia de Montalto se presta más a la imaginación narrativa, y la autora se puede permitir una libertad de movimiento mayor, con plena holgura, siempre y cuando los hechos generales en los que se inserta esta subtrama sean comprobados y realmente históricos, que lo son.
 Tan protagonista o más que Caravaggio lo es el Caballero Giambattista Montalto, que encarna en la narración los valores del héroe, mientras que el pintor encarna los del villano, por su carácter comprobadamente turbulento y agresivo. Un villano que pinta con una extraordinaria fuerza y maestría, pero al que su carácter le pierde irremisiblemente.
La novela se estructura en cuatro partes, enmarcadas por un prólogo y un epílogo, ambos dobles, narrando los hechos que motivan tanto el desplazamiento de Montalto como de Caravaggio de Italia a Malta, así como el destino final de ambos, uno abierto y otro cerrado. A lo largo de las cuatro partes, el lector conocerá paulatinamente a los personajes y el ambiente de la ciudad, así como las características de los Caballeros de la Orden maltesa, que imprimen un sello muy especial a la isla, pero, sobre todo, a La Valeta, centro de la acción. Hasta que empiezan a saltar chispas,  hay revelaciones inesperadas…
Entonces, el lector se verá atrapado por las intrigas y las tensas relaciones entre los personajes principales y secundarios, cuya narración, aunque se nos cuenta de modo intercalado y paralelo, irá confluyendo a lo largo de la novela hasta que todo cuadre y encaje como un gran rompecabezas.

El personaje de Caravaggio está presentado en su conflictiva faceta humana: visionario, bebedor, mujeriego, provocador, díscolo y rebelde,… más que como pintor. Es algo que he echado un poco en falta, quizás porque mis expectativas eran diferentes. Lo que la autora nos muestra no es tanto al pintor enfrascado en sus pinceles y en la euforia creadora, sino más bien al hombre en sus horas de ocio, en las tabernas, los prostíbulos, en las intrigas y las peleas callejeras. Cierto que también le describe pintando, pero en proporción, pesan más los momentos ociosos, porque tienen más relación con la historia global que se nos cuenta. Para pintar como lo hacía, debía dedicar muchas horas a ese trabajo, pero del que apenas tenemos noticia. Sí, sabemos que pintó al Gran Maestre de la orden, y a otros caballeros, y realizó un inmenso lienzo como “rito de paso” para su entrada en la Orden. Pero no es una biografía del pintor. Caravaggio es un personaje importante en la novela, generador de conflictos continuos, pero se podría concluir que el caballero Montalto está tratado con más profundidad psicológica (con la libertad que proviene de la ausencia de datos sobre él) y las tensiones morales, muy bien mostradas: caballero de la milicia religiosa, pero hombre al fin,  con pulsiones, deseos y ambiciones.
Los personajes femeninos, Beatrice, Paulina, Omm Vittorja, Marija… casi todos de ficción, son bastante verosímiles, mostrando una fuerza atractiva que introduce la nota característica de la femineidad en un mundo de hombres. Las mujeres por sí mismas no podían hacer nada fuera del dominio doméstico, en una época en la que todo pasaba por el hombre: habían de usar subterfugios para valerse de los hombres y conseguir sus objetivos mientras ellos pensaban que el mérito era suyo. En cierto modo siempre ha sido así, pero a veces en algunas novelas  se olvida. No es el caso.
Los personajes secundarios, pajes, asistentes, matones o caballeros de obediencia, también están bien reflejados. Quizás, en mi opinión, se genera una cierta confusión en cuanto a los nombres y los títulos. Es cierto que la autora ofrece un glosario de términos propios de la época, de la Orden de Malta y de la propia isla, como también un listado de personajes.  Pero el lector quizá deba acudir más de una vez a estos listados porque hay diversos Giannis, Gianpieros, Gianbattistas, etc. que por usar unas veces su nombre, otras su apellido y otras su título en la Orden, llegan a crear un poco de caos lingüístico. Problema menor, desde luego.

La obra, pues, está bien documentada, el marco histórico bien situado, los personajes son creíbles, y lo que es muy importante: bien narrada la historia. Narrada con propiedad, con buen estilo, manteniendo el equilibrio entre unas partes y otras, de modo que el tempo y el ritmo se mantenga creciente y no haya tiempos muertos, solo breves momentos de respiro, para continuar subiendo el tono. La propia aventura de Caravaggio para escapar es uno de los momentos más tensos. Personajes que no son lo que parecen, o que ocultan secretos, personajes tornadizos, pendencieros, intrigantes, ávidos de poder o de riquezas, ingenuos o engañados, duros o remilgados, … todo ello muy bien trabado con la historia real y los hechos comprobados. El contrapunto de los grandes caballeros lo dan sus asistentes e incluso sus criados, que son los “sanchopanzas”, los que ponen la nota doméstica y cotidiana ante el ardor guerrero y las altas aspiraciones de sus amos. Y como fondo, la isla de Malta. Bastión que se alza en pleno Mediterráneo, presto a la defensa de la fe frente al sarraceno, pero también presto a secundar intrigas entre cristianos.
En suma, Olalla García, que en sus anteriores novelas ha complacido a crítica y público lector, se ha superado a sí misma con esta nueva novela. El lector tiene garantizadas unas horas (o días, depende su tiempo de lectura) de entretenimiento y de placer.


Ariodante


10/3/14

BURBUJAS AMERICANAS

ESPECULACIÓN


(BOOM TOWN, 1938)
THOMAS WOLFE
Ed. Periférica, 2013

En esta novela corta, Wolfe vuelve de nuevo su particular universo. El hijo que ha estado lejos, retorna, el verano de 1929, a su pueblito natal, Altamont. Este es el nombre que Wolfe da a su particular Macondo, que es, en realidad, la ciudad donde nació, Asheville. La madre y un hermano van a esperarlo al tren y lo acompañan a casa. La llegada le produce a John (alter ego del autor) un cúmulo de sensaciones encontradas. Es y no es su pueblo. Ha cambiado tanto que casi no lo reconoce. El pueblo arde en efervescencia expansionista, en plena burbuja inmobiliaria (el título original no puede ser más expresivo), en pleno caos económico que precede al crack económico en Wall Street. Los personajes y la familia de la que nos cuenta en estas páginas son los mismos que recrea –con algunos cambios de nombre- en El ángel que nos mira (Look Homeward, Angel, 1929), su primera novela. En este caso, diríamos que Especulación es una secuela, en la que vuelve al universo creado en su primera novela. De hecho, vuelve también en Una puerta que nunca encontré. Wolfe era por naturaleza un vagabundo, deseoso de ver toda clase de lugares, y sus moradas no eran más que sitios necesarios en los que no arraigaba nunca. Era América lo que más hondamente le preocupaba, y yo creo que nos la reveló como ningún otro escritor lo hiciera para la gente de su tiempo y para los escritores y artistas y poetas de mañana. Y su recreación es a la vez descriptiva e interna, vivida.

Wolfe escribe en las primeras páginas de Especulación: “Pero el extraño y solitario grito del enorme tren, que lo había acompañado toda su vida y que, remoto y tenue desde alguna montaña verde del Sur, tantas veces lo alcanzara en las noches de la infancia con sus grandes promesas de fuga y oscuridad, ahora le hablaba con la extrañeza no menos intensa del regreso. Pues estaba volviendo a casa. Y tan repentina, ciega y furiosa como su errancia se presentaba ahora el retorno. Estaba de regreso al hogar y no sabía con certeza por qué.” En sus breves páginas,  Especulación recrea, pues, el choque que supone para el hijo que vuelve reencontrarse con su pasado pisoteado, destrozado: el pueblo entero parece haberse vuelto loco, la fiebre de compra y venta de terrenos, la edificación desmesurada, los cambios de forma y de aspecto que han tenido lugar en los años que ha estado fuera, impactan fuertemente a John. Los edificios que recordaba ya no existen, los paisajes boscosos han sido convertidos en masa pétrea ciudadana. Los sonidos del viento ya no se oyen. Todo es ruido y furia: “El lugar parecía un campo de batalla -nos dice- ; tenía cráteres y escombros de terribles explosiones de ladrillo y hormigón por todas partes. Y en los intersticios aparecían confundidos los restos del viejo y sosegado pueblo, tímido, en retirada, sobrecogido, casi como un recordatorio, en medio de todo aquel estrépito cruel y novedoso.” Su hermano y su madre parecen incluso implicados, salpicado por esa locura colectiva. La visita que hacen al cementerio, para ver las tumbas de su padre y su hermano, da pie a una serie de reflexiones y descripciones que delatan el estado de ánimo de Wolfe, que murió ese mismo año, en septiembre. Poco tiempo después de regresar de su último viaje a Europa, Wolfe había viajado al Sur para visitar a su familia, deteniéndose en York Springs, donde la familia de su padre estaba enterrada; visitando después Burnsville, (Carolina del Norte), el hogar de la familia de su madre. Llegó a Asheville el 3 de mayo de 1937, y fue recibido cálidamente. Lo que allí pudo observar y las impresiones que recibió están contenidas en esta novela.

Thomas Clayton Wolfe (Asheville, Carolina del Norte, 1900 – Baltimore, Maryland, 1938) fue el octavo hijo de W.O. Wolfe, tallador de piedra, y Julia Westhall; a los seis años su madre se trasladó con él a otra vivienda que convirtió en casa de huéspedes, y el padre con el resto de hermanos siguió viviendo en la casa natal. Hizo sus estudios en la universidad de Carolina, y más tarde en Harvard. En el verano de 1925, viajó a Europa y comenzó a escribir su primera novela, Look Homeward, Angel, una saga familiar en una pequeña ciudad montañesa de Carolina del Norte, Altamont, abarcando desde sus orígenes paternos (los Gant) y maternos (los Pentland). Su familia, una familia y un pueblo muy peculiar. Todo ello es recreado a lo largo de su obra. Wolfe murió prematuramente a los 38 años de tuberculosis, y a pesar de ello su producción literaria es prolífica y abundante.


Ariodante


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