20/1/15

INVIERNO LITERARIO VALENCIANO

EVENTO LITERARIO 
EN LA BIBLIOTECA PÚBLICA 
DE VALENCIA

Una fría noche invernal nos acercamos a la Biblioteca Pública, en la valenciana calle del Hospital, para asistir a una mesa redonda sobre la novela histórica, organizada por Marina López, profesora de la Universidad Jaume I de Castellón y las encargadas de la Biblioteca Pública municipal, Eve y Consuelo. Con ella se inaugura el ciclo de mesas redondas que todos los meses se llevará a cabo en lo que fuera el antiguo Hospital General. Como invitados, tres escritores valencianos, especializados en novela histórica: Isabel Barceló, Santiago Posteguillo, y Gabriel Castelló. La organización había puesto como tema: “Aprender historia a través de la novela histórica”. Sin embargo, en ninguna de las tres intervenciones se ha tratado propiamente el tema del aprendizaje, o el uso pedagógico de la novela histórica.

Tras la introducción de Marina López, presentando a los tres ponentes, comenzó Isabel Barceló, contándonos una anécdota de cómo se enteró de que el juego infantil al que casi todos habremos jugado alguna vez, y que recibe diversos nombres (testé, infernáculo, tejo, rayuela, cuartete, o la coroneja murciana) según donde se juegue, es un juego que se pierde en los albores de la historia y que tiene unos orígenes ligados a oráculos y mitos. De la mano de este juego ha venido a decirnos que la historia está presente en nuestras vidas, que somos herederos de un pasado y que seguimos jugando a ese juego de la vida, empujando la piedra con la pata coja, la piedra que nos lleva del pasado al futuro. Lo que Isabel quiere resaltar en la novela histórica es esa vida pasada, sobre todo las vidas de muchas personas de las que no nos han llegado apenas noticias pero que existieron, nacieron y murieron, amaron u odiaron, sufrieron o gozaron. Mayormente pertenecientes al género femenino, dado que en la antigüedad, las mujeres no dejaban apenas constancia de su paso por la vida. Pero insistió mucho en que lo que le interesa no es tanto el dato histórico como la ficción novelesca, y por medio de ella, poder imaginar lo que pudo ser en otras épocas.

Santiago Posteguillo también inició su alocución con una anécdota jocosa, y anunció que hay tres puntos que le parecen muy importantes en la novela histórica, al menos en lo que él  concibe como tal y que practica en su trabajo literario: una, como cualquier otro tipo de novela, la ficción está pensada para entretener; dos, la ficción histórica cubre diversos campos simultáneamente (vida doméstica, transportes, sucesos, relaciones entre clases, etc., a diferencia del ensayo histórico, que suele focalizarse sobre un aspecto en el que investigar a fondo.  Esto proporciona una visión “transversal”, a modo de panorámica sobre la época en la que se narra. Y tres:  la ficción histórica puede llenar esos vacíos de documentación sobre algunos personajes, o sobre algunos momentos históricos en los que parece que no pase nada, porque no tenemos datos, referencias, restos, etc. , y lo puede hacer siempre y cuando lo que narre, lo haga de modo verosímil: algo que no sabemos si sucedió, pero que podría haber sucedido así….hasta que, como con sorna comentó Posteguillo, se descubra algún texto o surja algún resto arqueológico que demuestre lo contrario.

Last but not least, Gabriel Castelló intervino mostrando su acuerdo con lo expresado por sus dos compañeros, y abundó en la diferencia que supone escribir como historiador o como novelista. Y añadió otro aspecto más, que la ficción puede aportar a la visión del pasado: el novelista puede introducir hipótesis, puntos de vista diferentes a aquellos con los que se nos han mostrado algunos hechos tradicionalmente por los historiadores. Resaltó que no se había escrito novela histórica sobre Valencia desde Blasco Ibáñez, y que lo que ha pretendido con su obra ha sido precisamente aportar su visión sobre la Valencia romana, colocándose en el lado contrario al habitual, para recrear hechos desde un ángulo diverso. Narrar lo que podrían pensar o sentir personajes que se encontraban en el lado opuesto: por ejemplo, Sertorio o Pompeyo.

Entre el público que abarrotaba el local, ocupando todo el espacio para sillas e incluso el de pie, surgieron algunas preguntas, y una de ellas fue precisamente en la línea del título de la mesa redonda: la influencia de la novela histórica en el aspecto pedagógico. A ello los distintos ponentes respondieron que, principalmente el efecto de la novela histórica es doble: por un lado, animar a la lectura en general, y por otro, hacer más amenos los hechos históricos narrados, o dar a conocer detalles o personajes que quizás no hayan sido muy destacados por los textos académicos. Pero en general, todos concordaban que si se quiere aprender Historia se ha de ir a los manuales, los ensayos y las investigaciones científicas. La ficción tiene una función de acicate, de sugerencia, y de acercamiento a la Historia; pero su principal objetivo es lúdico. 





En suma, una serie de reflexiones que han sido muy agradables e interesantes, presentadas de modo muy claro y ameno, por tres autores cuyas obras siguen los objetivos marcados en las intervenciones anteriores. Deseamos y esperamos que en posteriores mesas redondas se mantenga el nivel conseguido en esta primera tarde, agradeciendo a la Biblioteca que preste sus espaciosas y bellas salas porticadas para estas actividades tan atractivas.



Ariodante




MISOGINIA

LOS ENEMIGOS DE LA MUJER



VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

Prometeo, 1919


El escritor valenciano cuenta en el prólogo  a esta novela como, agotado tras su trabajo en relación a la guerra, la escritura de "Los cuatro jinetes del Apocalipsis" y sus múltiples colaboraciones con su pluma en favor de la causa aliada en París, se recluyó por recomendación médica, en un clima más cálido, la Costa Azul. Y allí descubrió otro mundo, un mundo que aún en guerra, vivía ajeno a ella. Un mundo de seres perdidos, desnortados, que vivían al día mirando girar una ruleta o viendo mover las cartas. El mundo del juego. Y este ambiente,  que observó con la curiosidad del novelista, se vio reflejado en esta novela. La guerra sigue, como telón de fondo, y cada uno de los personajes se refugia en algo que les haga olvidar, que les haga seguir viviendo, que les haga amar la vida aún. Y ese algo es la ruleta, símbolo del juego por antonomasia.

Blasco había sido requerido en Norteamérica. Llegó a Niza James B. Pond, organizador de conferencias, nieto del hombre que llevó a Dickens a Estados Unidos, y le convenció para recorrer este enorme país dando conferencias. Pero Blasco estaba atado a Montecarlo con la escritura de "Los enemigos de la mujer", por lo que hubo de retrasar el viaje hasta finalizar la novela...y apremiar su escritura para no alargar demasiado la partida prevista y que le atraía profundamente.

Con esta obra se cierra el ciclo de las novelas de guerra, incluyendo esta, que, en palabras de su biógrafo León Roca, como "novela de la retaguardia", en la que ve un cambio en los gustos del escritor, inclinándose hacia la novela anglosajona.

Novela coral, si bien hay un personaje central, Miguel Fedor Lubimoff, un príncipe medio ruso, medio español, arruinado o venido a menos, si se quiere. Este príncipe reúne en su mansión monegasca, Villa Serena, a otros curiosos personajes, Marcos Toledo, un coronel que fue su preceptor y ahora le sirve como secretario; Atilio Castro, un militar carlista exiliado; Carlos Novoa, un joven profesor español con beca de investigación oceanográfica, y Teofilo Spadoni, un pianista de origen italiano, absolutamente seducido por el juego. Todos ellos se reúnen para convivir con la condición de mantener alejadas a las mujeres. "La gran sabiduría del hombre es no necesitar a la mujer" remarca el príncipe. Cuando se refieren a "las mujeres" se refieren a un espécimen femenino muy concreto, no a la totalidad del género femenino, obviamente. Huyen de esa especie de mujeres de la aristocracia o alta burguesía que viven de seducir a los hombres. Pero la misoginia acaba por ceder.
Tras unos meses de convivencia, poco a poco estos esquemas se rompen, los hombres son incapaces de resistir la presencia femenina y, empezando por el propio príncipe, el grupo acaba por disolverse. No sólo son las mujeres las causantes de esta disolución. El juego es la otra poderosa razón, casi más poderosa que las propias mujeres. En suma, las pasiones, de las que querían mantenerse alejados  como en una Stoa monegasca, acaban por invadirles tras un breve asedio.
El principal personaje femenino es la duquesa Alicia, dama venida a menos (absolutamente arruinada) que vive prácticamente en el Casino y sufre una morbosa adicción al juego, además de un amor desmesurado a su único hijo, que lucha en el frente, mientras ella trata de olvidar su pánico jugando. Esta dama, antigua conocida del príncipe, es vista ahora desde otra óptica, la del poderoso caído, encontrando en ella valores que desconocía o que han surgido con los años en su madurez. Y cae atrapado en las redes de su juego, esta vez amoroso, alterando su vida y sus perspectivas.
Mezclada la trama amorosa con las historias personales de cada uno de los componentes de tan extraña secta, el principal protagonista es el juego, es el engranaje que articula toda la novela.
Como en La maja desnuda, La reina Calafia, Mare Nostrum, e incluso la paralela historia de amor entre Claudio y Rosaura en El papa del mar, Blasco desarrolla historias de una pasión exacerbada, generalmente entre parejas dispares, por edad o por orígenes sociales o geográficos. Son todas ellas novelas que escribió a partir de la época en que conoció a la que sería su pasión más fuerte, la chilena Elena Ortúzar, en la que se aúnan la diferencia de clase social y de procedencia geográfica. Es a partir de ese momento en que reside más tiempo en París entre viaje y viaje, entra en contacto con altos niveles sociales (Ortúzar era esposa del embajador chileno) y conoce la Costa Azul, sede, junto con Biarritz, de la aristocracia y clases más favorecidas. Todo ello, además de la fuerte influencia de la dama, le hace abandonar las novelas políticas y las costumbristas, e incluso depurar su técnica literaria, del mismo modo que depura su aliño indumentario y hábitos sociales.



Ariodante

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