2/5/15

DUMAS Y LOS VALOIS

ALEJANDRO DUMAS / TRILOGÍA DE LOS VALOIS:
LA REINA MARGOT/ LA DAMA DE MONSOREAU/ LOS CUARENTA Y CINCO

Publicada en 1845 por Alejandro Dumas, “La Reina Margot” constituye el primer volumen de esta trilogía de los Valois, cuyo tema central es el de las guerras de religión que vivió Francia durante la segunda mitad del siglo XVI, y que completan “La dama de Monsereau”(1846), que algunas ediciones han traducido como “Chicot el bufón” y finalmente, “Los cuarenta y cinco”(1847). Se supone que Dumas no llegó a escribir (o a publicar) un cuarto volumen, que, a juzgar por las narraciones anteriores, quedaría pendiente, ya que en él se trataría del fin efectivo de la dinastía real, con los asesinatos del Duque de Guisa (encargado por el rey) y a la postre, de Enrique III en 1589, a manos del fraile Jacques Clement, personaje que tiene una breve aparición en la novela “Los cuarenta y cinco”.
Alejandro Dumas fue acusado de “violar” la historia y se cuenta que respondió: “la violo, sí, pero genero bellas criaturas”; efectivamente, Dumas es un gran novelista de aventuras históricas, que se pasa la historia por donde haga falta con tal de organizar una trama literaria genial.  La acción tiene un ritmo irregular, a veces sincopado, alternando momentos dramáticos con otros hilarantes, momentos de fuerte acción con otros más relajados donde el diálogo dirige la atención del lector por otros derroteros; en otras ocasiones la alternancia se da entre personajes, cuya actividad y cometido está en una localización distinta, tanto en espacio como en tiempo. A veces se narran acciones paralelas en espacios diferentes.  Conjunto de novelas, ante todo, de aventuras históricas, la trilogía muestra magníficamente el talento literario de Dumas, gran admirador de sir Walter Scott, y pinta una época de Francia en la que las intrigas y las luchas por el poder pueden compararse a las constantes conspiraciones italianas de la misma época.
Los Valois son una dinastía que acabará cuando otro Enrique (un Borbón) de Navarra suba al trono, y pronuncie aquello de “París bien vale una misa”, si es que realmente lo dijo. Pero antes de ello, se suceden los reyes sin descendencia directa, y tienen lugar una continua serie de intrigas, conspiraciones, levantamientos, masacres, guerras, en suma, con la excusa de la religión; aunque es obvio que son luchas por el poder, puesto que muchos cambian de bando y de religión cuando les conviene. Hay tres familias nobiliarias que tratan de eliminar a los demás: los Montmorency (los grandes perdedores), los Guisa, los Valois y los Borbón/Navarra. Se suelen contar ocho guerras distintas entre 1562 y 1598 siendo la última y más cruenta la llamada “guerra de los tres Enriques”; pues bien,  ese clima de violencia y de constantes conspiraciones y asesinatos es el escenario y el telón de fondo de estas tres novelas.

LA REINA MARGOT

Esta primera parte de la trilogía desarrolla la acción entre 1572 y 1574, comenzando con un terrorífico y sangriento suceso: la matanza de San Bartolomé, pocos días después (el real matrimonio tiene lugar el 18 de agosto y la matanza se produce el 24) de las bodas de Enrique de Navarra y Margarita, hermana del rey reinante Carlos IX e hija de la terrible Catalina de Médicis. Y finaliza con la muerte de Carlos IX y la llegada al trono de Enrique III (que viene abandonando su trono en Polonia). Pero hasta el último párrafo el lector está en tensión, porque la vida de Enrique de Navarra pende de un hilo.
Dumas retrata con maestría las intrigas de la corte francesa comenzando por la boda de la infanta Margarita de Valois y la noche de San Bartolomé, con el asesinato en masa de hugonotes. Margot está atrapada en las ambiciones de su madre, y las de su pusilánime hermano Francisco de Alençon, y asimismo atrapada en una historia de amor con el hugonote La Mole. Pero también la  relación con su recién desposado crea unos vínculos, si no amorosos, de lealtad y amistad fiel. Tanto Enrique de Navarra como Margot tienen sus amores en otra parte, su matrimonio es una alianza política (como todos los matrimonios reales y principescos).

Podría pensarse que Margot es la protagonista de la novela, pero no es así. En mi opinión, comparte el protagonismo con Enrique de Navarra y también con La Mole y Coconnas, héroes literarios (y reales) de dramático final. De hecho, es, como toda la trilogía, una novela coral en la que el autor se pone en el punto de vista de muchos personajes, con una mirada impersonal, pero que lleva al lector a contemplar el panorama desde muy diversos balcones.  Porque también Carlos IX, la reina madre Catalina de Médicis,  y el duque Francisco de  Alençon participan de protagonismo, conocemos sus pensamientos y participamos de sus intrigas.
Sin embargo el autor quiere introducirse en la narración de la mano de dos personajes, dos jóvenes hidalgos que están situados en bandos opuestos: católico y protestante (hugonote), para de ese modo simbolizar la tremenda división que se vivía en la Francia de esos años. La Mole y Coconnas van a convertirse, a pesar de todo, en los mejores amigos, amistad que durará hasta la muerte. La religión o la política no alterará esa amistad. Ese es un tema habitual en Dumas, como lo es el del doble, el juego de identidades, personajes que se visten con las ropas de alguien conocido y se hacen pasar por él. El juego del destino y la fatalidad también es un tema dumasiano. Catalina de Médicis está obsesionada con adivinar el futuro, intentando por todos los medios a su alcance evitar las tragedias que los hados le tienen reservadas: el final de su dinastía. Pero no lo conseguirá. Al parecer, el rey de Navarra es un joven con suerte, los hados le protegen. El futuro Enrique IV sabe moverse entre dos aguas y buscarse aliados, lo que unido a ese afortunado equilibrio, a la postre, le llevará al poder. Pero eso es otra historia.

LA DAMA DE MONSOREAU

Situada esta narración unos años después de La Reina Margot,  está ambientada en París en el año 1578-79. Muerto Carlos IX, reinante desde 1575 su hermano Enrique III, refugiados en Bearn el rey de Navarra y Margot,  apenas tienen una aparición fugaz en esta novela. También la Reina Madre Catalina aparece muy brevemente y ya muy mediada la narración.
Los protagonistas  centrales son, por una parte,  Bussy d'Amboise, vasallo y primera espada del Duque de Anjou, y por otra parte, Chicot, el bufón del rey. Louis de Clermont, señor de Bussy d'Amboise (1549-1579) fue un caballero de la corte del rey Enrique III , un espadachín, excelente, y un amante de ambos sexos. Era uno de los favoritos de Francisco, Duque de Anjou, hermano del rey. Si Anjou tiene como favorito al valiente Bussy, el rey Enrique tiene otros favoritos: Maugiron, Quelus, Schomberg, d’Epernon. Estos tienden una emboscada a Bussy,  el cual se salva ayudado por una desconocida. Más adelante se enterará que dicha joven, llamada Diana de Meridor está prácticamente secuestrada por el señor de Monsoreau con la excusa de protegerla del duque de Anjou, interesado sexualmente en ella. Diana es un personaje de ficción, basado libremente en Françoise de Meridor, verdadera esposa del conde de Monsoreau (Aquí también Dumas viola la historia, para disfrute del lector). La historia amorosa, pasional, la protagonizan Bussy y Diana.
Otros personajes son, obviamente, Enrique III y su hermano Francisco, así como sus favoritos, Saint-Luc y su esposa, el fraile Gorenflot, Remy el alquimista, etc.
El acontecimiento político lo protagoniza el Duque de Guisa, que planea junto con sus hermanos el Cardenal de Lorena, el duque de Mayenne y la señora de Montpensier destronar a su primo el rey de Francia preparando un complot para que él mismo firme su carta de abdicación. Para ello cuentan con la ayuda del duque de Anjou al cual le han prometido que será el sucesor de Enrique III y a buena parte del pueblo católico que forma una agrupación secreta llamada «La Liga» que desarrolla una gran labor de propaganda ideológica  entre el pueblo, para contrarrestar la propaganda de las ideas protestantes.
La acción se desarrolla combinando humor con tensión dramática. Si en la anterior novela las partes de humor las desarrollaban La Mole y Coconnas, en esta es el bufón y el monje Gorenflot los que llevan el humor a la historia. El bufón se hace el loco, es su papel público, pero es el que mejores consejos da al rey, el que mejor le conoce y el que mejor le sirve, porque es el amigo leal.
Esta novela tiene, sin embargo, pasajes épicos que recuerdan, y explícitamente el propio narrador cita, a la lucha de los Horacios y  Curiacios en Roma.  La valentía, el honor, la fortaleza y lealtad de los amigos son cantadas en esta historia. Canta, asimismo, al amor puro y pasional entre Bussy y Diana, así como el de los esposos Saint-Luc, que prefieren abandonar la corte y la amistad real para disfrutar de su amor como recién desposados. Bussy será el gran héroe de la narración, y como todo héroe clásico tendrá un final dramático.

LOS CUARENTA Y CINCO

Esta novela continúa el ciclo, enlazando con la novela anterior hasta el momento de la muerte de Francisco, Duque de Anjou, en 1584. Sigue, pues, reinando Enrique III, y los Guisa conspirando para derrocarle. Mientras, desde Inglaterra, Isabel I vigila los movimientos de Francia, e incluso se habla de un posible compromiso matrimonial de la “reina virgen” con el Duque de Anjou, que se encuentra en Bruselas.  Los hechos políticos alrededor de los cuales gira la trama son: la ejecución de Salcedo,  la conspiración parisina de la Liga, la toma de Cahors por Enrique de Navarra, y el frustrado sitio de Amberes por las tropas francesas con Anjou y el almirante Joyeuse al frente.
D’Epernon, que ahora se ha convertido en uno de los favoritos más importantes, organiza una guardia especial a base de importar cuarenta y cinco hidalgos gascones, instruirlos, y formarlos para defender permanentemente al rey. Los comandará Loignac. Esta guardia y los informes de sus espías,  hacen que se frustre una conspiración de la Liga, fomentada por Madame de Montpensier.
Chicot (transformado en Roberto Briquet), sigue siendo fiel al rey, y juega a la política, siéndole encargado de llevar un conflictivo mensaje al rey de Navarra en su feudo. Así, en una parte de la novela resurge Enrique de Navarra y la reina Margot tiene una breve aparición. Esta es la parte referida a lo que se ha llamado “la guerra de los amantes” que concluye con la paz de Fleix, tras la toma de Cahors. Las aventuras de Chicot/Briquet por Navarra y el recorrido hacia tierras bearnesas están llenos de sobresaltos.
La Duquesa de Montpensier, por otra parte, se halla en París intrigando contra Enrique, junto al duque de Mayena, y su secretario, Mayneville. También el conde Ernanton, como enamorado de la duquesa y como espía, participa en la historia. Pero el rey también sabe jugar ese interminable juego y además, es ayudado siempre por su antiguo bufón. Los tres hermanos Joyeuse: el cardenal, el almirante y el conde de Bouchage, favoritos del rey, tienen en esta novela un papel principal.
Reaparece el personaje femenino de Diana de Meridor, que tendrá un doble papel, enamorando apasionadamente –a su pesar- a Enrique de Bouchage y buscando la venganza contra Anjou, responsable de la matanza de su amante Bussy en “La dama de Monsoreau”. Ambos, Bouchage y Diana, siempre acompañada de su servidor Remy, se ven envueltos en la gran inundación provocada por los flamencos para vencer el asalto francés. Esos capítulos, así como los del sitio de Amberes, son de una intensidad dramática enorme.
Como en las demás novelas, tienen gran importancia las dobles personalidades, los engaños y las ficciones, la suplantación de un personaje por otro, así como la amistad y la lealtad amorosa. Los Valois nos son presentados como caracteres débiles, frágiles, de sexualidad ambigua, no demasiado interesados por el gobierno, aunque sí por el poder.  Si algún rey sale bien parado como gobernante de toda esta historia, es Enrique de Navarra.

En suma, una espléndida trilogía de la que echamos en falta un cuarto texto donde se cerrara el círculo histórico y literario, puesto que algunos cabos quedan sueltos, dejando un final abierto a una posible continuación que no llegó.
En cuanto a las ediciones, es la de Akal la que publicó más recientemente los dos primeros textos y supongo que el tercero estará a punto de publicarse. Existen, además, ediciones digitales, y publicaciones antiguas que solo pueden conseguirse en librerías de lance.

Ariodante
2015

30/4/15

MEMORIAS DE UN VENECIANO

MEMORIAS
LORENZO DA PONTE
Siruela, 2006

Dos venecianos contemporáneos del siglo de las luces escribieron sus memorias.  En nueva York, un octogenario Lorenzo Da Ponte (1749-1838) escribe cuatro volúmenes, cuya redacción le ocupa de 1829 a 1830, fecha definitiva de su publicación, en italiano. Años antes, en Duchkov (Bohemia), en los últimos años de su vida, otro veneciano famoso, Giacomo Casanova, había escrito también sus Memorias, publicadas en 1798. Casanova y Da Ponte fueron amigos, a pesar de la diferencia (veinte años) de edad; ambos admiraban a Voltaire y a Rousseau, así como amaban el juego, las mujeres, el exceso, la intriga, la aventura, el arte, los viajes... Se habían conocido en 1777, en Venecia. Luego se volvieron a ver y tratar en Gorizia y en Viena, años más tarde. Y mantuvieron un prolongado contacto epistolar. Los consejos de Casanova son encomiados por Da Ponte en su texto como lo mejor que su amigo le pudo dar ( y que no siempre siguió).
Sin embargo, las memorias de uno y otro son muy distintas. Da Ponte no cuenta apenas nada del contexto que le rodea, que sólo podemos deducirlo de los movimientos de personajes y las descripciones de los sucesos de su vida y la de sus amigos. Además,  calla muchos detalles, y pasa por encima de aquello que no le conviene. No alardea de su vida libertina, que la tuvo, al contrario que Casanova, que gusta de publicitarse como intrépido amante, probablemente exagerando la nota en más de una ocasión. Da Ponte se centra más en continuas quejas y lamentaciones acerca de las múltiples envidias,  discriminaciones y timos de los que es objeto. No sabemos –aunque se hace de sospechar- hasta qué punto exagera sus quejas.
Nacido en 1749 en el seno de una familia judía, en Ceneda, región del Venetto, Da Ponte (cuyo nombre hebreo era Emmanuel Conegliano)poca﷽﷽﷽﷽﷽﷽ parte de las Memorias trata de toda esta miene. No alardea de su vida libertina, que la tuvo, al contrario que Casano no dice nada de tales orígenes en su texto. Los oculta por completo…por las mismas razones por las que su padre decidió bautizarse y convertir a toda su familia al catolicismo. De niño, al estudiante Emmanuel/Lorenzo le llamaban “el ingenioso ignorante”, porque pasó unos años en la escuela primaria, sin conseguir adaptarse a las clases en latín, resultando díscolo aunque muy activo. Lo cual cambió radicalmente al ingresar en un seminario, donde obtuvo las órdenes menores y, aprendió no solo latín sino a leer a los clásicos y a versificar.   La primera parte de las Memorias trata de toda esta época, así como de sus aventuras en Venecia, a donde se traslada una vez acabados sus estudios en 1773,  desarrollando una activa vida social y amorosa, en plena ebullición hormonal y descubriendo el mundo en la cosmopolita ciudad de los canales. Su vida licenciosa le lleva al destierro: finalmente se va a Goritzia, donde se encuentra a Casanova, de nuevo, (ahora con cincuenta años) que  le aconseja marcharse, ver mundo: y se va a Dresde. En la ciudad alemana hace sus primeros pinitos como libretista de ópera, junto a su amigo Mazzolà, pero se mete en conflictos por un lío amoroso con dos hermanas y finalmente (1781) viaja a Viena, donde conocerá al gran Metastasio, ya muy anciano, y será protegido por Salieri y sobre todo, por el emperador José II, convirtiéndose en libretista de la corte. “Pero en Viena”, dice Da Ponte, “no había sino dos que mereciesen mi estima, Martini, el compositor favorito de José, y Volfango Mozart”. Conoce, pues a Mozart y los libretos que le escribe van a ser los mejores de su vida: Le nozze di Fígaro, Cosí fan tutte y Don Giovanni. El Martini del que habla en sus Memorias no era otro que el valenciano Vicente Martín y Soler, que en su momento era mucho más conocido y famoso que Mozart. En su calidad de poeta de la corte imperial de Viena escribió gran cantidad de libretos, de los que muchos fueron musicados en repetidas ocasiones. Con Mozart sus relaciones fueron profesionales, no parece haberle ligado amistad con él. Sin embargo, fue con su música con la que consiguió sus mejores textos.
Aunque Da Ponte se queja de las envidias de que era objeto, lo cierto es que los años vieneses fueron para él años de prosperidad y una gran creatividad…hasta la muerte del emperador, que le tenía gran afecto. Su sucesor lo desterró y perdió su puesto de poeta de la corte, desplazándose a Trieste. Allí vino a conocer a la que sería, finalmente, su esposa, Anna Celestina Grahl, (a la que llamaba Nancy) y que cerraría la puerta de su vida libertina y conduciría su vida emocional por otros caminos más sosegados. De toda esta época trata la segunda parte del libro.
La idea de Da Ponte era marchar a París, pero enterado de la situación revolucionaria, y aconsejado de nuevo por Casanova, cambia su destino por Londres, donde el libretista se asociaría a William Taylor, empresario del King’s Theater. Dedicó al teatro gran parte de su actividad, pero se vio involucrado en deudas y la ruina del empresario Taylor, por lo que hubo de desarrollar otras múltiples actividades, desde tipógrafo hasta librero. En esta época (1798) viajó a Italia, para contratar nuevos cantantes, aprovechando para  visitar a su familia (padre y hermanos), reencuentro que narra con gran emotividad. Pero no pudo evitar que las deudas continuasen y mandó a su familia (ya eran cuatro hijos, luego serían cinco) a América con unos parientes, y él mismo hubo de salir por piernas y embarcarse para Nueva York, en 1805. Aquí acaba la tercera parte del libro.
La cuarta y quinta partes narran sus aventuras americanas. Al llegar ejerció oficios diversos, con diversa fortuna, pero una vez asentado y viendo el desconocimiento generalizado, asumió la tarea de divulgar la literatura y la música italiana. Da Ponte tomará la nacionalidad estadounidense en 1811; impartió clases en el Columbia College, publicó sus Memorias, creó una especie de academia en la que se recitaban dramas y comedias, fundó una escuela en Sunbury (Pennsylvania), ejerció el periodismo, la traducción, la edición y creó una magnífica biblioteca, aunque su objetivo final fue la creación de un teatro italiano, la Opera House.
Moriría longevo a los 89 años, sobreviviendo a su joven esposa (que fallecería en 1831)  e incluso a algunos de sus hijos, viendo en parte cumplido su sueño de propagar la cultura italiana en América.


Las Memorias son, pues, una colección de aventuras y desventuras, contadas de modo bastante coloquial, aunque tiene tramos en los que se excede con los detalles crematísticos, que exagera y alarga en demasía. Incluye, además, poemas, suyos y ajenos, digresiones sobre la vida de otros, (entre ellos, Casanova), algunas de su aventuras amorosas, sus relaciones con los diversos mecenas y protectores y las diferencias entre el mundo continental europeo y el anglosajón.


Ariodante
Abril 2015


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