3/10/15

GUERREANDO DIVINAMENTE

EL EJÉRCITO DE DIOS



SEBASTIÁN ROA

ED. B, 2015


La novela que tenemos entre manos -o sobre un atril, pues son 846 páginas en la versión papel-  es una ficción histórica, pues, que sigue bastante fielmente los hechos en sus puntos más importantes, así como en los personajes principales, aunque las oscuridades de la historia son aprovechadas por el autor para novelar detalles más concretos que imagina o recrea ya a su conveniencia, de modo que el resultado final sea unitario y de una estructura bien engarzada. Todo ello proporciona un entramado literario muy sugestivo para el lector.
Roa sitúa el comienzo de la acción en el punto en que finaliza su anterior novela, «La Loba de Al-Andalus», es decir, en el estado de cosas que queda la península ibérica tras invasión de los almohades y destrucción del reino andalusí, por un parte, y por otra la muerte de Alfonso VII, el emperador, que en un momento de ofuscación dividió el reino entre sus hijos, sembrando un panorama de discordia, desunión y debilitamiento generalizado en el mundo cristiano de finales del siglo XII.
En cierto sentido continuación de «La Loba...», es lectura independiente, sin embargo; es continuación en el sentido de que sigue narrándonos la historia de las luchas medievales entre moros y cristianos, y no solo esto, sino mostrando las disensiones políticas internas dentro de cada uno de los dos bandos principales. Las luchas de poder, las relaciones entre religión y política, y obviamente, también las relaciones personales, que las hay y muchas, ficción entrelazada con realidad histórica. Además, estas relaciones de amor, odio, rivalidad, lealtad, traición, amistad o sumisión ponen la sal y la pimienta de la narración, crean un clima que nos acerca al de la época, aunque contado de un modo que resulte próximo al lector moderno. Así como otros autores prefieren crear el clima usando un lenguaje que tenga cierto arcaísmo, Roa solo recurre a ello en alguna de las imaginarias cartas entre unos y otros personajes. El clima de la época ya se crea por la propia trama narrativa, los diálogos, cartas, descripciones de batallas (en general, muy bien contadas), movimientos de tropas, etc.

Como en la novela precedente, Sebastián Roa pinta un fresco de una época convulsa y que, si nos fijamos bien, presenta muchas similitudes en esencia con la actualidad política mundial:  un mundo dividido en bandos ideológicos, en el que Occidente presenta una clara debilidad, incapaz de poner de acuerdo entre sí a sus miembros e incluso soportando dentro de sus propias filas gentes que se pasan al enemigo: países o grupos anti-occidentales, especialmente los que identifican Estado con Religión (o Partido) que tratan a sus ciudadanos como súbditos y creyentes, y que les exigen sumisión; y no sólo eso: quieren extender esa sumisión a todo el mundo, por medio de la “santa” violencia. Pues bien: en estos términos funciona la novela...y la Historia, madre de muchas ficciones, que debería enseñarnos a evitar los mismos errores que en el pasado, aunque la naturaleza humana sea, desgraciadamente, olvidadiza y proclive a tropezar en la misma piedra una y otra vez. Hay un pasaje donde se explicita esta idea muy claramente: en el encuentro del legado papal Gregorio de Santángelo  con Alfonso de Castilla, éste recibe el siguiente rapapolvo eclesial “Lleváis la discordia en la sangre. Todos: portugueses, aragoneses, castellanos, navarros,…Sois capaces de destrozaros entre hermanos mientras el enemigo común os acecha para alimentarse de vuestra carne maltrecha.” Los almohades, por el contrario, son fieles a su Tawhid, que postula la unicidad de Dios y requiere la sumisión de toda actividad humana.

La acción de esta novela está contada por un narrador universal, si bien centra su atención en ciertos puntos de vista, tanto de los cristianos como de los musulmanes. Saltando entre uno y otro reino, entre un lado u otro de la frontera o entre un lado u otro del Estrecho, se encuentran algunos personajes de gran importancia para la trama. Aunque informe de todos los reinos cristianos en general, la narración contempla principalmente las relaciones entre Castilla y León, cuyos reyes son parientes pero exudan odios y tensiones, luchas por el poder y la expansión territorial. Aragón, Navarra, Portugal, están presentes como telón de fondo, puesto que reyes y reinos apenas tienen protagonismo en esta novela. Personajes importantes del lado cristiano, aparte de los propios reyes, son los Castro y los Lara, divididos por odios ancestrales; en especial, sobresale Urraca López de Haro, mujer de rompe y rasga, cuya idealizada imagen vemos en la portada del libro, porque su protagonismo en la novela es muy fuerte. Destaca también la prolífica reina castellana Leonor, y sus continuos e infructuosos intentos de hallar paz y concordia mediante casamientos. También encontramos interesantes personajes-bisagra, como el castellano Ordoño de Aza y el andalusí Ibn Sanadid, cuya leal amistad permanece a través de los años y las circunstancias que les separan. Son personajes fronterizos, que traspasan la línea entre un mundo y otro, sin perder su filiación.
Por la parte musulmana, la novela presenta el punto de vista de Yusuf, segundo califa almohade, y después su hijo Yakub, cuyo protagonismo es aún mayor. Y como alter ego de cada uno, sus visires: Abu Hafs, hermanastro y hombre fuerte de Yusuf, y Abú Yahyá, mentor y leal amigo personal de Yakub. La figura del andalusí Ibn Rushd, consejero de los califas, también es personaje-bisagra, que intenta poner sentido común y racionalidad a la política islámica almohade. Las mujeres musulmanas tienen un protagonismo indirecto: tanto Zayda como Safiyya, (hijas del Rey Lobo y Zobeyda) se mueven entre bastidores, pero generando una poderosa atracción. Remarca muy bien el autor la diferencia entre almohades y andalusíes, entre fanatismo religioso y una concepción más lúdica de la vida.

La narración comienza en 1174, mostrando la adolescencia y educación del heredero Yakub en la corte sevillana del califa Yusuf y por parte cristiana, con una juvenil Urraca López de Haro a punto de matrimoniar con un maduro leonés mientras sus deseos van en otra dirección. Y acaba en 1195 con la terrible batalla de Alarcos, a la que el autor dedica casi las sesenta páginas finales, de una tensión dramática enorme, muy bien construida y presentada. A lo largo de la novela, de gran densidad narrativa, encontrará el lector todos los ingredientes que atraen el interés del público: batallas, lances de honor, amistad, amores imposibles, pasiones ciegas, sexo, violencia, sudor y lágrimas. Todo bien aliñado, estructurado y presentado en el momento adecuado, alternando muy ágilmente el paralelismo entre los reinos cristianos y los musulmanes, sus intrigas y luchas intestinas, y mostrando las ideas que estaban en juego en el gran tablero del medioevo entre Oriente y Occidente.
 
La edición incluye una serie de apéndices, un mapa, ilustraciones con los principales personajes representados, un glosario de términos, una nota explicativa donde el autor explica con más detalle las «licencias históricas» que se ha permitido, y un amplio apartado bibliográfico. Lo que olvida es un índice, que sería de gran ayuda, dada la longitud del libro y la cantidad de escenarios, personajes y acciones. El conjunto es una obra densa, sólida, ágil y muy atractiva, con la que Sebastián Roa se consolida como un buen narrador.


Fuensanta Niñirola

2015

1/10/15

REINOS OSCUROS

INTERREGNO


JOSÉ VICENTE PASCUAL
EDICIONES B, 2015


“Hubo un tiempo”, “érase una vez”...Así comenzaban las narraciones orales antiguamente. O los cuentos de nuestra infancia, escuchados una noche de invierno al abrigo de las mantas, antes de abandonarse al sueño, reunidos ante la chimenea encendida,… o quizás en la terraza, en una insomne y cálida noche veraniega. Leer Interregno despierta la ensoñación, transportando al lector a una época incierta y un difuso escenario geográfico, en esos siglos en los que la bruma confunde realidad y leyenda; una larga época de cambio, oscura y misteriosa, propicia a lo extraordinario, donde se sumerge el lector en una mezcla de creencias, mitos y leyendas a la vez que presencia crudas y terribles realidades.
Hay dos ideas generales que sobrevuelan toda esta historia. Por una parte, la del enfrentamiento de dos visiones del mundo: la ancestral, ya moribunda, frente a otra naciente y nueva. El mundo antiguo, poblado de seres mitológicos: dioses, ninfas, espectros y animales legendarios, va a ser reemplazado por los defensores de la Verdadera Religión, que, gracias al apoyo de los emperadores romanos de oriente y occidente, defienden su fe y la pervivencia de la Iglesia ante el avance incontenible de las tribus invasoras en el norte de la península ibérica (suevos, vándalos y alanos). Esto ocurre hacia principios del siglo V: Roma es un pálido recuerdo del pasado, y los invasores se disputan el botín.
Y por otra, el binomio Oro-Sangre: la lucha por el poder ligada a la guerra, y la muerte. El componente humano representa el anclaje de toda historia. La humanidad, retratada en sus momentos más feroces o en sus momentos más sublimes. Porque el ser humano es así: puede ser sublime, ...pero suele ser más bien feroz, cruel, implacable. Una manada de lobos, podríamos decir, parangonando a Hobbes. De ahí que la relación del oro con la sangre sea un leit motiv en la narración. El eje alrededor del cual gira la acción social humana es, sin duda, la lucha por el poder, simbolizado magníficamente por el Oro.
Y en este punto hago otra inflexión, en cuanto a las múltiples connotaciones y simbolismos de esta novela: a muchos lectores les vendrán a la mente las hazañas de Sigfrido, el héroe de «Los Nibelungos», brillantemente representado en las óperas wagnerianas. El Oro del Rhin, custodiado por el Dragón, las ninfas del río, los gigantes titánicos y los enanos de las catacumbas doradas, los herreros míticos, la walkiria Brunhilda…todo ello conforma un eco al que nos remite Interregno. Porque tanto las lecturas tardorromanas como las sagas nórdicas y germanas, reflejan el impacto, el choque que representó la irrupción del cristianismo como fenómeno social y concepción del mundo, frente a las mitologías germánicas o grecolatinas.
Y aún diría más: el lector más joven, que quizá no haya disfrutado aún de lecturas más clásicas pero sí de otras épicas más recientes como las creadas por Tolkien, también encontrará referentes en este texto. Hay unas cuantas; concretamente, en la parte donde se cuenta sobre la ciudad de los muertos, Horcados Negros, y la espectacular batalla en la que los espectros milenarios intervienen decisivamente.

El argumento de Interregno se compone de tres partes y un epílogo:  «Las leyes del pasado», «El templo de piedra» y «El oro de Vadinia», partes contadas por un narrador universal y el epílogo, contado en primera persona. La novela comienza en «La liebre cazadora», una posada que parece buen refugio en tiempos convulsos. Egidio, un joven cazador furtivo y ladronzuelo, recibe un obsequio de manos de Eresvita, la jovencísima posadera; regalo que le convertirá  en el futuro héroe principal de esta historia. A partir de ese comienzo, la narración alternará los puntos de vista, articulando los diferentes escenarios y contiendas, mostrando un entramado de ambiciones y estrategias, amores y odios, lealtades y traiciones; con lo que no hay un momento de descanso en la lectura, cuyo ritmo no decae: siempre hay un nuevo motivo de interés para seguir leyendo.... una historia que acaba justamente en la misma posada, bastantes años más tarde, donde se refugia un monje gordinflón y bebedor, Gotardo, que cuenta, no sin cierta retranca, hechos pasados, vividos o soñados,  a una ya madura Eresvita, al calor del fuego nocturno.

Hay muchas felices creaciones en este libro: el personaje de la dulce Irmina, cuya infancia simboliza el mundo mágico y en su vida adulta asume la más dura realidad. El protagonista Egidio, que de furtivo ladrón deviene en Señor de Horcados Negros y jefe de las huestes “bagaudas”, gracias al arco de Daciano (inmediatamente volamos a Ítaca y vemos a Ulises tensando el arco) y al artúrico amor de Irmina. Personajes tan dispares como los guerreros Hidulfo y Walburga, mantienen una estrambótica simbiosis, no carente de cierto humor negro. Alpida es una suerte de walkiria o amazona, una mujer guerrera; los mellizos Doménico y Genebrando, gigante y enano, son radicalmente contrapuestos; los trece Olvidados, espectros guerreros que siguen a Hidulfo en esa lucha fantasmal entre la vida y la muerte. El rey Hermod de Gottwissen, que alimenta su longevidad con corazones palpitantes de sirenas o ninfas grises;  las propias ninfas, personajes tan mitológicos como las que guardaban el oro del Rhin o habitaban el lago artúrico. La reina Lupa de Luparia, personaje de breve aparición, pero de una lucidez asombrosa. Los niños Marcio e Irmina ocultos en una barca (Moisés y Mordred revisitados), protegidos por las ninfas de las aguas. En fin, toda una coreografía que compone una obra absolutamente polifónica, en la que todos los personajes son interesantes, unos más que otros, en función de sus apariciones en escena. Mención especial al lenguaje usado por el autor; lenguaje muy cuidado, en ocasiones alegórico, muy expresivo y rico, con un soterrado humor que marca un contrapunto entre los héroes, personajes principales y la tropa, esos personajes de a pie que también tienen su papel y cubren un hueco necesario.
La épica, como género literario que cuenta las hazañas de héroes, comienza con Homero en la cultura mediterránea para continuar con las sagas nórdicas, el ciclo artúrico y el germano “Cantar de los Nibelungos”. Pues bien,  esta es la categoría en la que más se ajustaría Interregno, texto poblado de aventuras, héroes, seres extraordinarios, mágicos o míticos, y sin embargo dotado de una base firmemente anclada en la dura roca de la naturaleza humana. En mi opinión, la mejor literatura. Con la cultura grecolatina, la mitología céltica y el “ciclo artúrico”, las sagas nórdicas y germanas está en deuda toda la literatura occidental, y en este caso concreto, José Vicente Pascual, que recoge esa tradición, a la que añade, ya en las letras hispánicas, la herencia de Cunqueiro y Perucho. Los relatos épicos clásicos entrelazan el componente humano (batallas, ambiciones, deseos, lealtades, traiciones….) y el divino, permitiéndose gestos mágicos y abriendo la puerta a hechos que la razón no puede contemplar pero que la imaginación disfruta intensamente al descubrirlos. Interregno es un espléndido ejemplo contemporáneo de literatura épica española.

José Vicente Pascual (Madrid, 1956) es autor de numerosas novelas y libros de relatos. Entre sus obras destacan La montaña de Taishán (Premio Azorín 1989), El capitán de plomo (Premio Café Gijón 1993), Palermo del cuchillo (Premio Alfonso XIII 1995; Ediciones B, 1996), Juan Latino, El país de Abel (finalista del Premio Nacional de la Crítica 2002), La diosa de barro, Homero y los reinos del mar (finalista del Premio Caja Granada de novela histórica 2009), Los fantasmas del Retiro, La hermandad de la nieve (Premio Hislibris a la mejor novela histórica y mejor autor 2012) y Almirante en Tierra Firme (Premio Hispania de novela histórica 2013).
Durante décadas ha sido redactor y colaborador habitual en diversos medios de prensa escrita. En la actualidad forma parte del equipo de redacción del periódico digital El Manifiesto.
Es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada.




Fuensanta Niñirola

julio 2015




28/9/15

TRISTE BELLEZA

LO BELLO Y LO TRISTE



YASUNARI KAWABATA

Título original: Utsukushisa to Kanashimi to, 1964

Traducción del inglés: Nélida M. De Máchain

Ed. Austral, 2011



Esta es una novela que, como su título indica, oscila entre varios ejes,  belleza y tristeza,  vida y muerte, amor y odio, celos y perdón. Marcando tres puntos de vista, la acción narrativa se cuenta en tercera persona, oscilando entre los tres: el del escritor Oki Toshio, protagonista masculino; el de la pintora Otoko Ueno , y finalmente -el tercero en discordia- el de la aprendiza de pintora Keiko. Hay otros personajes, como Fumiko, la esposa de Oki; su hijo Taichiro; y la madre de Otoko, todos contraponiéndose a los anteriores y principales.
Como en general en las narraciones de este autor, la trama entre los personajes se halla fuertemente entreverada de continuas miradas hacia la naturaleza, y en este caso también hacia el arte, concretamente la pintura.  La relación de las dos artistas, Otoko y Keiko, con sus pinturas, preñadas de simbolismo y de retazos de sus propias vidas, tiene su contrapunto literario en la obra de Oki, el cual plasma en uno de sus libros  su propia historia de amor juvenil con Otoko, causando gran dolor y humillación en su esposa Fumiko.
Los dos personajes que tienen más profundidad son Otoko y Keiko. Oki queda bastante superficialmente tratado y solo le sirve al autor para entrar en la vida de las dos artistas femeninas, dos mundos dispares y sin embargo, atraídos mutuamente.  Fumiko es el punto de vista de la realidad cotidiana y Taichiro simboliza la inocencia,  la pureza del primer amor.
La relación juvenil de Oki con Otoko es más habitual: hombre casado y con familia que seduce a jovencita enamorada.  El abandono de Oki, tras su embarazo, y la muerte del bebé, le provoca una grave crisis a la chica, incluso su internamiento psiquiátrico,  pero consigue superarlo y se abre camino en la vida por sí misma, convirtiéndose en una buena pintora y una mujer madura. Sin embargo ella sigue manteniendo su amor en un nivel emocional y racional, lo guarda para sí como un tesoro. Del mismo modo que guarda el recuerdo de su hijita muerta y de su madre.
Las relaciones entre Otoko y Keiko son mucho más complejas y difíciles de comprender. Amor, erotismo, soledad compartida, compañerismo estético…Lo que es cierto es que al intento de contacto de Oki con Otoko, tras más de veinte años de alejamiento provoca unos terribles celos en Keiki, y un deseo de venganza que la lanzará hacia Oki y su familia, mientras Otoko se refugia en su pintura y evita ver a su antiguo amante.
La acción se va presentando desde cada uno de los tres ángulos, y va subiendo la tensión hasta un climax dramático cuyos detalles  deja a la imaginación del lector, aunque éste puede esperarlo por la escalada emotiva a lo largo de la novela.
Interesantes las divagaciones sobre la historia japonesa, sobre el paisaje, sobre el arte, que cada personaje saca a relucir, creando pausas en  el dramatismo de la acción.  Otras reflexiones más generales, como la del tiempo, o el amor, tienen un lirismo extraordinario. En suma, una novela magnífica.

Yasunari Kawabata (Osaka, 1899- ibíd.., 1972) Huérfano a los tres años, insomne perpetuo, cineasta en su juventud, lector voraz tanto de los clásicos como de las vanguardias europeas, fue un solitario empedernido. Escribió más de doce mil páginas de novelas, cuentos y artículos, y es uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Mantuvo una profunda amistad con el escritor Yukio Mishima, del que fue su mentor y difusor. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1968. Entre sus obras, muchas de ellas marcadas por la soledad y el erotismo, destacan La bailarina de IzuEl maestro de GoLo bello y lo triste, Mil grullas, País de nieve ,El rumor de la montaña, e Historias de la palma de la mano . Kawabata se suicidó a los setenta y dos años.


Fuensanta Niñirola

Septiembre 2015

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