24/11/16

TENEBROSO CONRAD

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS Y OTROS RELATOS
JOSEPH CONRAD

Trad. y prólogo de Dámaso López García
Ed.Valdemar, Col. Avatares, 1998



El escritor de origen polaco Joseph Conrad, británico de adopción,  escribió estos tres relatos en una misma época, según nos cuenta él mismo en la Nota del Autor, en la cuidada edición de Valdemar, que nos los presenta asimismo agrupados, tal y como Conrad los publicó en 1902, bajo el título Juventud, un relato y dos cuentos, y dedicados a su esposa, Jessie. En esta edición van precedidos de un magnífico prólogo a cargo de Dámaso López García*, en el que estudia y relaciona en la medida de lo posible, estos tres relatos, dando al menos una razón para su agrupamiento en un solo volumen. Conrad, a quien el prologuista define como un succès d’estime, un escritor para escritores, más que un autor para el gran público, insiste en su Nota en que la única razón para agruparlos es la de haber sido escritos en el mismo período, entre la publicación de El negro del Narcissus y la época en que empezó a trabajar con Nostromo. Con la sombra de Lord Jim, publicada en 1900, planeando sobre todo el proceso.
En Juventud tiene lugar la primera aparición de Marlow, su personaje más conocido, o su alter-ego, en algunos casos. Y también Marlow continúa apareciendo en El corazón de las tinieblas, aunque no en la última narración, En las últimas, donde el personaje central es el viejo capitán Whalley.
En una carta citada por el autor del prólogo, sugiere Conrad otra razón para el agrupamiento de las tres narraciones que componen el libro. Cada una de las piezas simboliza las tres edades del hombre, y aunque no influya para nada en su lectura, por el hecho de leerlas siguiendo el orden propuesto,  podemos comprender  lo que Conrad llevaba en mente, la idea sobre la naturaleza humana que trataba de transmitirnos mediante sus escritos y la repercusión de la edad en la vida del hombre.  En el prólogo se cita a J. Benet para caracterizar las tres edades del hombre como la edad del impulso, en estado puro (la juventud), la justificación reflexiva (la madurez) y la deriva hacia la enajenación y la decadencia (la vejez).
 Juventud desarrolla un viaje, el descubrimiento del Extremo Oriente, con todo su encanto y su misterio, y a la vez, el reto que representa. Un viaje juvenil, iniciático, tanto hacia la vida como hacia el interior del propio protagonista, un Marlow que, desde sus cuarenta y dos años, cuenta sus recuerdos juveniles a un grupo de marinos alrededor de una mesa, a la espera de la marea que ponga en movimiento su barco. Son recuerdos de Marlow y a la vez, de Conrad, que embarcó desde muy joven y al que le ocurrieron los hechos que se narran, si bien no en los lugares donde se sitúan. Ahí ya el escritor modela su relato dándole su toque especial, fundiendo unos recuerdos reales con otros ficticios, construyendo la acción. El joven Marlow se embarca en el Judea, un viejo velero que sufre toda clase de inconvenientes y desgracias, hasta que consigue llegar cerca de las costas malayas. En el momento de la llegada al puerto malayo, cansado pero a la vez excitadísimo y emocionado, Marlow nos dice, con sus propias palabras: “Era éste el Oriente de los viejos navegantes, tan viejo, tan misterioso, resplandeciente y sombrío, vivo e inmutable, lleno de peligro y esperanza.(...) de repente, un soplo débil y cálido, cargado con extraños aromas de flores, de maderas olorosas, que proviene de la tranquila noche: la primera confrontación con el Oriente. Nunca olvidaré eso. Era intangible y seductor, como un encantamiento, como la promesa susurrada de un goce misterioso.”



Todas las expectativas del joven Marlow se centran en Oriente, un mundo nuevo se abre ante sus ojos, y el encuentro con esa tierra  misteriosa y perfumada, cual amante que espera, perezosa, yaciendo en el lecho, se le antoja la finalidad de su vida, en ese momento. El toque conradiano sobre la edad del hombre, lo da esta emocionada y nostálgica parrafada de Marlow-Conrad, que considero importante citar aquí, antes de pasar al siguiente relato. “Recuerdo mi propia juventud, y un sentimiento  que nunca más volveré a tener: la sensación de que yo iba a durar hasta la eternidad; de que sobreviviría a la mar, a la tierra, a todos los hombres. El sentimiento engañoso que nos inclina a los placeres, a los peligros, al amor, a los esfuerzos inútiles,...a la muerte; la convicción triunfante de la fe en el propio vigor, el calor de la vida en un puñado de polvo.” ¿Se ha visto una mejor descripción de la juventud?

 La siguiente narración, es El corazón de las Tinieblas. También en este caso Marlow cuenta su viaje a un grupo indefinido de oyentes. Aparentemente, un relato sencillo: un Marlow ya maduro, a falta de otro encargo se decide a capitanear un barco que sube por el río Congo para contactar con los puestos comerciales de una empresa belga en “la colonia personal” del rey Leopoldo, descubriendo el caos, la desolación y la absoluta rapacería que reina en aquella parte del mundo.
Llega al punto en que ha de conocer al encargado de la compañía en el puesto más alejado, hacia el interior del país: Mr. Kurtz. Personaje legendario, este Kurtz, que reina en su territorio cual si de un jefe de tribu se tratase, adoptando los medios que tiene a su alcance,  sin embargo, ha comenzado a desvariar y es tiempo de hacerle regresar a la civilización. Y a lo largo del trayecto, Marlow/Conrad, al lento paso de su vapor fluvial deslizándose perezosamente por el río, se interna en ese territorio selvático y salvaje, profundo y oscuro, ese mundo antiguo y enigmático, impenetrable y peligroso, que él describe como “corazón de la oscuridad”. El traductor y prologuista comenta que quizá el haber mantenido esta traducción literal hubiera sido más revelador de las innumerables connotaciones que tiene el vocablo “oscuridad” en castellano, lo que no sucede con “tinieblas”. En inglés se usa la misma palabra para los dos, pero “oscuro” nos remite a “misterioso, malvado, siniestro, desconocido, o perverso”, que está más en la línea de lo que quiere expresar el autor. Marlow viaja al corazón de África, continente oscuro, ya porque en la época aún había muchos lugares por descubrir en África Central, como por lo misterioso del intento y el modo en que se realiza el viaje. A Conrad le interesa hacer un viaje al pasado para confrontarlo con el presente -su presente-, un viaje a la historia y al origen primigenio.
Una idea se abre paso: la barbarie es vida, mientras que el proceso de la propia  civilización es un proceso que lleva a la muerte. Pero no sólo podemos analizar la obra desde sus implicaciones filosóficas, sino también desde otros puntos de vista, más sociológicos y políticos: el colonialismo y el racismo.
La mirada crítica de Conrad se desliza sobre lo que encuentra en el Congo, ocupado por los belgas, a la sazón. Dentro del sistema colonial, el caso belga es especialmente sangrante. El rey Leopoldo se toma la colonización del Congo no como un asunto de Estado sino como un negocio personal, y su modo de arrasar el país es aterrador. Un terrible informe elaborado por G. W. Williams, pastor protestante de raza negra que viaja al Congo en 1890, (justo cuando se encuentra allí Conrad), corrobora algunos de los hechos y efectos de la devastación encontrada por el escritor, cuando aún era marino. Lo que el capitán Conrad encuentra en su verdadero viaje al Congo le deja anonadado y su resultado directo es El corazón de las Tinieblas y Una avanzadilla del progreso, título éste con una cierta dosis de ironía.  Con sus propias palabras, Conrad describe su estupefacción por boca de Marlow: “Tengo la impresión de estar intentando contarles un sueño, de que me empeño en vano, porque no hay ninguna narración de un sueño que pueda proporcionar(...)esa mezcolanza de absurdo, sorpresa y asombro en medio de la reacción de una lucha frenética, la idea de que te ha atrapado lo increíble: la verdadera esencia de los sueños...”


Respecto al tema del racismo, la polémica no surgió en la época de Conrad, ya que los victorianos no entendían ese problema como tal. Por el contrario, Conrad contrasta constantemente la civilización y el primitivismo, y en esa comparación, no siempre sale favorecido el hombre civilizado, sea británico u holandés, norteamericano o alemán. El análisis y la crítica conradiana se extienden a la toda la humanidad, a lo que de humano tenemos todos, estemos donde estemos y en el grado de civilización que nos corresponda. Su resultado es absolutamente pesimista: “Menuda broma es la vida: un misterioso convenio de implacable lógica orientado hacia un objetivo fútil. Lo mejor que puede pasarle a cualquiera es llegar a aprender algo de sí mismo, lo cual llega siempre demasiado tarde, y Luego viene la cosecha de inacabables reproches.”

Abordamos ya en el tercer y último relato, traducido como “En las últimas” (The end of the tether). En esta obra, como bien dice Dámaso López en el prólogo, el pasado se constituye en historia, anula el presente, niega el futuro.  Y destaca otra de sus características: todos los que rodean al protagonista colaboran para hundir al viejo titán. Tampoco el propio capitán deja de tener su culpa, que es la soberbia, el exceso de confianza. Él es también culpable de su desgracia.
En este relato, el narrador es una tercera persona indefinida que lo mismo nos cuenta la vida del capitán Walley en su penoso presente, a bordo del vapor Sofala, como su intrépido pasado en el velero Cóndor, compartiendo los viajes con su amada esposa; su pasado inmediato, ya viudo, en el Fair Maid, barco de su propiedad con el que esperaba acabar sus días, y también las penas con su hija, malcasada y pasando penurias. Cuando se le presenta la ocasión, se enrola de nuevo como capitán, asociándose con el dueño de un maltrecho vapor, Mr. Massy, un personaje despreciable.
Pasa unos años con el vapor Sofala haciendo una ruta comercial, ayudado siempre por un marino malayo, el serang, que le ayuda a dirigir el barco y cada vez va tomando más protagonismo del que a Mr. Massy y al segundo oficial, Mr. Sterne, les resulta soportable. Es curioso que en este relato, el personaje más fiel y honrado resulta ser el viejo serang, con lo que aquí son los blancos los que dan una imagen penosa, según piensa el propio malayo: “...los blancos: hombres arbitrarios y obstinados que perseguían de forma inflexible sus incomprensibles objetivos, seres con extrañas entonaciones de voz, movidos por sentimientos indescriptibles, por motivos misteriosos”.
 Otro personaje, el holandés Van Wyk, es un solitario espécimen humano que vive retirado en una isla, dedicándose a su plantación, que a pesar de la diferencia de edad contacta con el viejo Walley y entrelazan una amistad que les dura unos años. Pero los planes de futuro de Walley fallan y la narración acaba dramáticamente.




Fuensanta Niñirola

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