19/5/17

POIROT HACE SU DEBUT

EL MISTERIOSO CASO DE STYLES
AGATHA CHRISTIE

RBA Libros, 2010


Este es el primer libro que Agatha Christie publicó, en 1920. Lo concibió y escribió mientras colaboraba con la Cruz Roja durante la I Guerra Mundial, colaboración consistente en trabajos en la sección de farmacia. Esto le produjo una gran cantidad de conocimientos sobre química y sobre todo, venenos. También es el primer libro en el que actúa como personaje central su detective Hercules Poirot, así como su amigo y compañero de investigaciones, el capitán Hastings. El comisario Japp también hace su primera aparición en esta obra.
El mundo de la alta sociedad –que es el mundo que la autora conoce muy bien- es mostrado tanto en la fachada como en su interinidad, y lo que vemos a veces no resulta lo más favorecedor.
El capitán Hastings, como en otras narraciones, es el que cuenta la historia, y el que presentará a su amigo Poirot. La acción tiene lugar en Inglaterra durante la primera guerra mundial. Una mansión campestre, Styles Court, de la familia Cavendish-Inglethorp es el marco principal de la trama. Esto es muy habitual en las novelas de Christie: un grupo diverso de personajes encerrados o al menos posicionados en un espacio limitado, concreto (generalmente una mansión, a veces un vagón de tren, o un barco…), crean una maraña de relaciones alrededor de un hecho luctuoso: un cadáver. Aparentemente, cualquiera puede ser el culpable, por lo que el lector no conseguirá saber hasta el final la verdadera explicación de los hechos. Todos o casi todos parecen tener motivos para que la anciana dama Mrs. Inglethorp desaparezca de entre los vivos.
Hastings conoce a John Cavendish desde los tiempos escolares. Su casual encuentro, estando Hastings convaleciente de una herida de guerra,  genera una invitación a pasar una temporada en la mansión de los Cavendish, donde ahora confluyen un grupo de personajes, unidos por un relativo parentesco o amistad. John y su esposa Mary; su hermano Lawrence; la madrastra de ambos, Emily, ahora casada con Alfred Inglethorp, su prima Evelyn Howard y una joven huérfana y protegida de Emily, Cynthia Murdoch.
Cuando Hastings llega, encuentra que el ambiente de la casa está algo enrarecido. Si alguien es odiado por todos, es el segundo marido de la señora Inglethorp, antiguo secretario de su anterior marido que ha subido de escalafón.  Asi que, cuando su esposa aparece muerta por envenenamiento, todas las sospechas van en su contra. Un tal doctor Bauerstein, toxicólogo, que frecuenta la casa, es otro que cae bajo sospecha. Pero cada uno de los personajes que pueblan ese pequeño mundo tiene algo que ganar o que perder con esa muerte.
La señora Inglethorp estaba «rodeada de una manada de tiburones que únicamente quieren su dinero.»en boca de uno de los personajes, la amiga Evie Howard, que es la primera que abandona la casa antes de los hechos.
Casualmente Hastings se encuentra en el pueblo a su antiguo amigo  Poirot, famoso detective belga, y le propone que se interese por el caso. Junto al inspector Japp de Scotland Yard se empieza una larga investigación.
Uno por uno se van descartando sospechosos, porque tienen coartada o porque otros parecen más plausibles. 
Conforme va desentrañando la madeja, Poirot y Hastings  van encontrando que a veces las cosas no son lo que se piensa y que las apariencias pueden ser engañosas. Sin embargo, las deducciones de Hastings no coinciden con las de su amigo detective, que, generalmente, se reserva su opinión hasta el final. Hay un testamento perdido, una herencia que todos desean, unas relaciones incómodas entre todos, pero finalmente el caso se resolverá.
Poirot es un amante del orden y de la pulcritud, que aplica a su alrededor y a sí mismo, a veces con excesiva largueza, acabando con la paciencia de su amigo Hastings, más vehemente y más impulsivo. El lector, en suma, pasará un buen rato con esta narración, que atrapa e intriga desde el principio.



Fuensanta Niñirola







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12/5/17

UN LEÑANZA EN EL CARIBE

LA GOLETA DE HELICE ISABEL FRANCISCA
Anexión y guerra de Santo Domingo
LUIS DELGADO BANÓN
GOOD BOOKS, 2017
(Volumen 28 de la saga marinera española)

“Nos llamaron por necesidad, no por afecto, y después nos combatieron por desencanto, no por odio.”
 (D. Pedro Novo y Colson)

Cambio de escenario: del sudeste asiático, donde se enmarcan los dos últimos volúmenes de la Saga, saltamos al Caribe. Y saltamos a la siguiente generación de Leñanzas, la quinta. Este nuevo volumen de la Saga sigue ambientado a mediados del siglo XIX, en años en los que tienen lugar una serie de operaciones navales de dispar importancia y resultados para la Real Armada y España. Estas acciones navales ocurren  durante los años de la operación en Cochinchina, tema del volumen 27 y que protagoniza Beto Pignatti Leñanza, tío del protagonista de esta narración, Santiago Leñanza II, que inaugura la quinta generación. Varias de esas operaciones que coinciden en esos años están focalizadas en el Caribe, siendo la central de ellas la anexión de Santo Domingo, aunque también tenga su importancia, por la movilización de buques y hombres, la llamada operación de castigo a México. Simultáneamente tendrán lugar acciones en Marruecos, pero en esta obra quedarán en segundo plano.

La narración comienza en 1858, con el brigadier Francisco Leñanza (III) celebrando el treinta cumpleaños de su hijo, el teniente de fragata Santiago, en el primer capítulo de la novela. Hay, pues, dos generaciones Leñanza en juego, aunque el protagonismo directo lo va a tener Santiago.  El relato abarcará siete años aproximadamente, en los que suceden muchas aventuras en aguas caribeñas y antillanas. El primer plano y objeto de esta nueva entrega se enmarca en el Caribe: la anexión de Santo Domingo y las operaciones de castigo en México, como veremos.
La República de Santo Domingo, independiente de España, se veía en conflictos permanentes con su vecina Haití, y también observaba con temor el posible expansionismo de EE.UU. ¿Qué hacer? Recurrir a la Madre Patria… pidiendo la anexión. Un recurso interesado, obviamente. O’Donell se tomó su tiempo para decidir si apoyaba o no esa petición, porque tenía demasiados frentes a los que acudir, y tampoco se fiaba de que acceder a los requerimientos dominicanos fuera una opción correcta y beneficiosa para España. Pero los dominicanos se adelantaron y a los hechos consumados no hubo más opción que afrontarlos y mandar tropas. Esta intervención resume la situación:
“(…) España, por una parte, pretende el pago de la importante deuda y la necesidad de que el Gobierno mexicano se excuse con los daños recibidos por tantos españoles, además de reponerles sus bienes. Pero por otra parte, pretendemos reafirmar nuestro prestigio perdido como antigua Metrópoli de gran parte de América, lo que ayudaría a prevenir la posible pérdida de las Antillas españolas, Cuba, Puerto Rico y, ahora también, Santo Domingo. Sin embargo, no es menos cierto que algún partido político sueña con establecer una monarquía en México, pero con un príncipe español. Y entiendo que se trata de una idea bien posible y que además se ciñe a los tratados iniciales suscritos entre España y los nuevos dominantes del antiguo virreinato de Nueva España.”

Por esos años se decidió el envío de la Real Armada con tropas del Ejército en expedición de castigo a México, bajo el mando del general Prim. Como ésta era una operación conjunta con Inglaterra y Francia, para obligar a México a cumplir con sus deudas internacionales, ocurrió lo de siempre: los franceses acabaron por llevarse el gato al agua, aunque más tarde les saldría el tiro por la culata, fracasando en su descabellado intento de establecer un emperador francés en México. Pero esto es otra historia.
España hizo un intento de volver a sus antiguos territorios aprovechando la petición dominicana y se lanzó, con tropas, avituallamiento, armas y barcos a una tarea que desde el principio no tenía visos de futuro, anticipando en unos años el desastre de Cuba y Puerto Rico.
“-España suele caer rendida en amores platónicos y desinteresados, que acreditan nuestra legendaria generosidad. En la patria de Cervantes, el tipo de su ingenioso hidalgo no se ha extinguido todavía y probablemente no se perderá jamás. En las primeras tentativas de Santo Domingo para la reincorporación a España, además de los cálculos políticos, de interesadas miras y de cábalas de un partido, de una logia o de un hombre determinado, además de su permanente temor a Haití, había algo parecido a un amor pasajero y romántico que suele nublar la mente de los más cuerdos. Pero primaba verse por siempre libres del acecho de Haití. ”

Nuestro protagonista, Santiago de Leñanza, a bordo de una goleta saltarina, prueba el sistema de hélice contra viento y marea. Tormentas, marejadas, bajíos, e incluso nieblas espesas que causan sorprendentes encuentros… todo ello vivirá el lector siguiendo las aventuras de Leñanza. Y sus aventuras no solo tienen lugar en la mar, sino también en tierra ha de pasar algunos apuros y otros momentos que no son de apuro, sino de placer. Porque a este Santiago le atraen las mujeres en demasía, y no puede sustraerse a sus encantos. Eso sí, la vida matrimonial no le interesa demasiado… veremos si es capaz de cambiar de opinión a lo largo de esta narración. Porque motivos no le van a faltar.
Y así,  entre conversaciones marineras y narración, el lector tendrá noticia de hechos históricos que no son demasiado conocidos, y que el autor considera relevante sacar a la luz porque son acciones protagonizadas por la Real Armada, siempre olvidada en los libros de Historia.


Fuensanta Niñirola


5/5/17

CARTOGRAFIANDO RUTAS


LA ESTELA DEL CARTÓGRAFO
(JUAN DE LA COSA)
JAVIER TAZÓN RUESCAS
Ed. Librucos, 2017

El cartógrafo de la reina, Las rutas del Norte y El mapa perdido son las anteriores novelas  de Javier Tazón sobre Juan de la Cosa. El autor cántabro cierra con esta cuarta entrega su serie de novelas reivindicando la figura del histórico cartógrafo y marino de Santoña. Si bien las dos primeras están escritas de modo lineal y en la tercera ya inicia una cierta fragmentación en los textos, en la presente observamos una estructura a base de piezas engarzadas en torno a esta figura, con el eje de un imaginario narrador o más bien, un apostillante narrador: se trata de François Fournier, supuesto secretario (y posible amante) del investigador, viajero y erudito Alexander von Humboldt.
La narración comienza, pues, en la segunda mitad del siglo XIX, recién fallecido Humboldt y el repartida su biblioteca. Fourier recibe una serie de documentos que conformarían las Memorias de Juan de la Cosa, y la transcripción de estos, con sus comentarios al margen, constituye el corpus del libro. Los comentarios y explicaciones de Fournier sirven de nexo de unión entre unos y otros textos, que a veces provienen de documentos oficiales, actas inquisitoriales, narraciones de terceros, y textos del propio Juan de la Cosa -mediante la pluma de su fiel secretario López de Haro-, aunque el compilador advierte en algún caso que pueden ser apócrifas.

Así, se introducen informaciones, anécdotas, personajes que de modo tangencial se relacionan con el cartógrafo santoñés. Primero se narran las aventuras y desventuras y de éste por el golfo de Guinea, hacia 1476, son el comienzo de los relatos del cartógrafo supuestamente traducidos y comentados por Fournier. Asimismo cuenta más adelante sus investigaciones en Portugal y cómo estuvo a punto de ser detenido y aprisionado allí.
Desfilan personajes diversos, compañeros de juventud y aventuras: Chachu de Lequeitio, Diego Bocanegra, Fernán De Castro, Tigre,  Antonio Güemes, Salvareo, los hermanos de Jado: el Cigüeño, y el Moracico, etc. y muchos más.


Las cartas reproducidas no tienen desperdicio: es muy interesante la misiva de Raimundo Lulio dirigida en 1315 al Papa, hablándole de las investigaciones y navegaciones de los musulmanes hacia Occidente y del famoso mapa de Al-Idrisi. Otra de Maese Pintalacola -espía de la familia en los bajos fondos sevillanos y lisboetas- informa al cartógrafo de la llegada de los hermanos genoveses Pitaluga (luego Colón) a Portugal y sus dudosos orígenes, manipulaciones y movimientos. Otra más,  de Felipa de Perestrello (suegra de Colón), cuenta más sabrosos  detalles. También es muy interesante la que fray Juan Pérez (guardián de La Rábida) envía a la Reina Isabel en defensa de Juan de la Cosa y Fernán de Castro por la persecución que les somete Ladrón de Guevara por medio de Alonso de Ojeda (el inquisidor, tío del aventurero homónimo), seguida del acta inquisitorial de Torquemada.
Una vuelta atrás en el tiempo (1470) relata anécdotas del viaje del joven cartógrafo en los mares del Norte y su relación con Thomas Craft y John Lloyd, así como Joanotto Cabotto/John Cabot y el maquiavélico espía John Day. Las aventuras vividas por Craft y Lloyd, así como la narración que  hacen del viaje de Alonso Sánchez de Huelva hacia Occidente, conforman otro interesante capítulo.
Y la mano del autor también deja su huella en el tono humorístico de algunos pasajes, como el que hace referencia a su admirado Cunqueiro en el pasaje de Fanto y la fuga de Jimena de Guevara.
Finalizando con una carta que López de Haro envía en 1543 al emperador Carlos  adjuntando una copia del conjunto de textos de su señor De la Cosa, ya fallecido, así como un texto sobre el papel de la sidra como potente antiescorbútico.
Javier Tazón tiene buen cuidado de marcar las diferencias en el lenguaje usado por Fournier, que mira los hechos del siglo XV desde la óptica de un hombre del XIX. También existen marcadas diferencias de estilo según el texto sea relato, carta, documento oficial, etc.
Como en los libros anteriores de esta tetralogía, el autor afirma que no fue Colón ni el primero ni el único en descubrir América, sino el primero en dar cuenta de ello y organizar su poblamiento, que a partir de él se vino a llamar "colonización". Tanto por el norte como por el sur, marinos escandinavos, anglosajones, portugueses y africanos, además de algún otro español, todos vislumbraron o incluso llegaron a pisar tierra hacia Occidente, siguiendo rutas de pesca o simplemente por azares del destino, las mareas y los vientos.
Así, en los distintos textos aportados se cuenta de algunos marinos protagonistas de legendarias hazañas hacia Occidente, hazañas cuyos testimonios llegan a  Juan de la Cosa o a sus allegados, y que él transmite en estos textos. Por otra parte, el autor trata de ahondar en el oscuro origen de Colón, y cuenta una complicada historia sobre los Colonna, los Pitaluga, cómo llegó este personaje a Portugal, con una mano delante y otra detrás, y cómo supo construirse una historia y salir adelante hasta conseguir el favor de la Reina Isabel. Colón aparece, pues, como un visionario monomaníaco, con una idea fija: llegar a Cipango (Japón) y a las Indias por un camino más corto, para adelantarse a los portugueses y que el oro y las enormes riquezas allí acumuladas fueran para España (y para su bolsa). Efectivamente, la figura de Colón se ha mitificado, magnificándola, cuando en realidad hubieron otras figuras importantes en lo que llamamos el Descubrimiento, figuras que han quedado en segundo plano, oscurecidas por la larga sombra del Almirante.

De un modo u otro, el autor quiere sacar a la luz no solo a muchos aventureros y marinos compañeros y coetáneos de Colón y de Juan de la Cosa, que es su figura estrella, sino que quiere mostrarnos costumbres, acontecimientos colaterales, visiones de la economía y la sociedad de la época y todo, impregnado de un tono que no puede ocultar cierta socarronería, cierto humor, a veces desternillante, como en el Epílogo, donde el autor se despacha a gusto con una imaginaria charla con un fantasma.
La estructura que ha elegido para esta obra Javier Tazón, es una especie de mezcla de relatos, testimonios, cartas, etc., que pone en práctica una idea propugnada como alternativa a la novela histórica tradicional, más lineal y a veces excesivamente didáctica. Idea que ha elegido como bandera de lo que denomina Nueva Novela Histórica, en cuyo manifiesto el autor afirma "Abrid las ventanas de vuestra imaginación a la Historia, que pasee por las grandes avenidas mentales, y no os apuréis sobre el cómo fue, contad lo que pudo haber sido y, si es necesario, descoyuntadla, fragmentadla, disolvedla en el presente. No hay pasado, sólo presente. No hay novela histórica, sólo novela"

Javier Tazón Ruescas  (Santander, 1953) es abogado y escritor, muy interesado en el mundo de la gastronomía, sobre el que versa su primer libro. Después ha llevado su atención a la historia, a los personajes que salieron de Cantabria, destacando su interés por la vida de Juan de la Cosa, sobre el que ya publicó El Cartógrafo de la Reina (2010) y Las Rutas del Norte (2011).


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28/4/17

MAIGRET EN ESCENA

PIETR, EL LETÓN
GEORGES SIMENON
TRADUCCIÓN DE JOSÉ RAMÓN MONREAL
Acantilado, 2012


“Era noviembre. Caía la noche. Por la ventana pudo ver un brazo del Sena, la plaza Saint-Michel y un barco, todo ello envuelto en una sombra azul que las farolas una tras otra estrellaban.” Este es uno de los primeros párrafos con los que comienza la narración, que tiene la peculiaridad de ser la primera en la que aparece el personaje que le dará mucha fama a Simenon (y que tiene algunos rasgos de alter-ego): el comisario Jules Maigret.

1929. Simenon navegaba durante el verano por el Mar del Norte cuando concibió esta novela y sobre todo, a este personaje que continuaría apareciendo en muchas más obras de intriga: “Esa gabarra, -cuenta el escritor belga- en la que coloqué un gran cajón para mi máquina de escribir y una caja algo más pequeña para mi trastero, iba a convertirse en la cuna de Maigret. ¿Me disponía a escribir una novela popular como las demás? Una hora después, vi que empezaba a perfilarse la mole poderosa e impasible de un tipo que me pareció que sería un comisario aceptable. A lo largo de ese día fui añadiendo algunos accesorios: una pipa, un sombrero hongo y un grueso abrigo de cuello de terciopelo. Y le concedí, para su despacho, una vieja estufa de hierro colado.” Maigret, cuarenta y cinco años, unido a su eterna pipa como el escritor belga, es descrito como un hombre grande y huesudo, musculoso, que, aunque cuidaba su apariencia y vestía con pulcritud, su aspecto no era precisamente aristocrático. Esta casado y en buena relación matrimonial, su esposa es un ama de casa convencional, y ellos una pareja que se lleva bien, a pesar de los horarios del comisario, que, como todos los policías, nunca se sabe si va a comer o a dormir a casa.

La narración comienza con un asesinato: en un tren que llega a París desde Bruselas aparece un cadáver embutido en uno de los lavabos del tren. El aviso de que un conocido pero escurridizo delincuente, Pietr al que apodan “el letón” se dirige a París tras un sinuoso recorrido desde Cracovia, hace recaer las sospechas en el cadáver, que tiene rasgos parecidos.  Maigret comienza su investigación.

El seguimiento de pistas le lleva al hotel Majestic de París, en los Campos Elíseos, donde un grupo de potentados, elegantes y orgullosos, ocupan sus lujosas habitaciones con gran boato. Uno de estos potentados, a pesar del smoking y su aspecto elegante, además de firmar con un nombre distinto en el registro, tiene un gran parecido con el Letón, por lo que es sometido a vigilancia. Los demás son el matrimonio Levingston, millonarios americanos.
El Letón es conocido y buscado por ser un estafador de altura, dirigente de una banda internacional cuyos secuaces le hacen el trabajo sucio y a él no se le ha podido demostrar aun su participación. Maigret lo sabe y se dispone a esperar con paciencia.
De pronto, ambos desaparecen, dejando colgada a la señora Levingston que se consuela en el bar. Maigret le sigue la pista a un posible retrato femenino que podría haber estado en la chaqueta del hombre muerto en el tren. Esto le lleva a una pequeña población en la costa normanda, Fécamp, entre Dieppe y Le Havre. Y allí busca a un marino, el señor Swaan, aunque solo puede hablar con su esposa y ver a sus hijos. Un hombre de aspecto rudo y malcarado se dirige a una taberna a donde le sigue Maigret, a pesar de la inclemente lluvia. Y lo seguirá de vuelta a París, pero no a los Campos Elíseos sino a los bajos fondos parisinos, un hotelucho de mala muerte donde convive con otra mujer, Anna Gorskine.

El acecho continuo y deliberadamente ostensible con el que Maigret tiene sometido al sospechoso y sus posibles compinches, crea una ligazón entre ambos, como el propio narrador comenta: “Quizá sería exagerado pretender que, en muchas investigaciones, nacen unas relaciones cordiales entre el policía y aquel a quien debe hacer confesar. Sin embargo, casi siempre y a menos de tratarse de un bruto, se establece cierta intimidad. Sin duda, esto se debe al hecho de que, durante semanas y a veces meses, policía y malhechor viven pendientes el uno del otro. El investigador trabaja encarnizadamente para penetrar hasta el fondo del pasado del culpable, intenta reconstruir sus pensamientos y prever sus mínimos reflejos. En la partida, ambos se juegan la piel. Y cuando se encuentran, las circunstancias son suficientemente dramáticas como para hacer desaparecer la indiferencia cortés que suele presidir diariamente las relaciones entre los hombres.”
Ocurren un par se asesinatos más antes de que finalmente se resuelva el caso. Maigret queda algo contusionado, pero bajo los cuidados de su esposa. Los detalles habrá de averiguarlos el lector.
El comisario es un personaje muy cercano al público, porque ni es una mente privilegiada estilo Holmes, ni un elegante casi aristocrático como Poirot, ni tiene inmunidad física, come bocadillos con cerveza cuando no puede atacarle a un buen choucroute con un buen vino, pasa frío mientras hace su turno de vigilancia bajo la lluvia, y aunque es lo suficientemente duro, agradece que lo mimen. Es, como si dijésemos, un héroe cotidiano.


Fuensanta Niñirola





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