30/6/17

AVENTURAS DE UN CUADRO

EL ROSTRO DE SAN JUAN
UN CUADRO PERDIDO DE ALONSO CANO.
FERNANDO DE VILLENA
Ed. Port Royal, 2017

El autor granadino Fernando de Villena (Granada, 1956), poeta y novelista, vuelve a la ficción con un nuevo libro, donde aúna su pasión por el siglo de oro español, su pasión por la historia y unas pinceladas de contemporaneidad, con toques de intriga policiaca. Con magistral mano, sabe entrelazar el pasado con el presente, la realidad con la ficción.
La realidad es ésta: José Pellicer de Ossau Salas y Tovar, (1602-1679), historiador, filólogo y poeta español, en una de sus obras, los Avisos Históricos, que relatan sucesos de actualidad ocurridos de mayo de 1639 a noviembre de 1644, cuenta cómo murió, asesinada, la joven esposa del pintor Alonso Cano (Granada, 1601– ibídem, 1667) .
En una noticia de 1997 recogida de El País se destaca el robo y posterior recuperación  de las tablas componentes de un retablo del artista granadino, que se hallaban en un viejo palacete de Fuentidueña del Tajo, palacete cuya propiedad había ido pasando de una a otra generación en la familia y finalmente acabó en manos de un banco.
La noticia despierta la curiosidad de Fernando de Villena, llevándole a investigar sobre Alonso Cano y posteriormente a desarrollar esta historia, imaginando lo que no sabe a partir de lo que sabe. Delicioso juego ficción/realidad que se plasmará, ya amasado, cocido y bien aliñado, en este libro.

La trama se divide en tres partes muy diferenciadas:  la primera, que  sumerge al lector en pleno Siglo de Oro, consta de tres capítulos, en los que presenta a tres personajes que marcarán el comienzo del eje de esta historia: el  retablo de los cuatro evangelistas, pintado por Alonso Cano, y de los cuatro, el rostro de San Juan, bellísimo pero con un cierto matiz perverso. Adquirido por Don Francisco de Garcerán para su residencia de Fuentidueña, el retablo quedará allí durante siglos, oculto a miradas extrañas e incluso evitado por la propia familia.
La segunda parte, que conforma el tronco principal del libro, trata de una saga familiar, la de los sucesivos propietarios del palacete, y por tanto, del retablo. En estos nueve capítulos, el autor deja volar su imaginación para desarrollar las vidas y  circunstancias, de estos personajes, lo cual brinda la navegación a través de la Historia, navegación plena de anécdotas, aventuras, amores, lances de honor, diversos escenarios a uno y otro lado del océano. De una generación a otra, el retablo permanecerá en la oscura y algo tétrica capilla del palacete en Fuentidueña, con la tabla de San Juan que a todos provoca cierto malestar.

La tercera y última parte ocurre ya en nuestros días, en los años noventa del pasado siglo. Tres personajes narran los hechos; dos en primera persona y un tercero es narrado por un narrador objetivo, invisible. Esta última parte desarrolla un ambiente de novela negra, de intriga o policial.
Esta novela, repartida en tantas partes que podría pensarse que generaría  confusión, no sólo no confunde, sino que el lector transita de modo ameno por ella como en un barco fluvial, cuya travesía le va mostrando, en su lento fluir, las orillas cambiantes del paisaje que le rodea. Paulatinamente el lector, al sumergirse en su lectura, notará que el lenguaje va modificándose, a la par que los siglos, los ambientes, los personajes y los hechos. Así, empezamos a leer en lenguaje cervantino, pero acabamos con el español de los noventa, incluso la jerga barriobajera de las chabolas y la de los altos niveles de la economía y la política de la joven democracia española.
El rostro de San Juan, magníficamente pintado en la tabla junto a los otros tres evangelistas (Marcos, Mateo y Lucas) parece, por su origen y la persona que posó para él, traer una maldición que se transmite a lo largo de generaciones y que trae la desgracia a aquellos que sin saberlo o sin ser conscientes de ello, han mantenido el retablo en su casa…o a los que se han apropiado de él.
De Villena, a su vez,  ha compuesto un gran retablo con sus textos, engarzándolos de modo que las piezas se complementen y ayuden al lector a un viaje en el tiempo y en el lenguaje.


Fuensanta Niñirola


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