15/5/16

LLAVES JAPONESAS

LA LLAVE


JUN’ICHIRÔ TANIZAKI

Título original: (Kagi, 1956)

Traducción: Keiko Takahashi y Jordi Fibla

Ed. Siruela, 2014

En sus comienzos literarios, cuando colaboraba con la revista Mita, Tanikazi se posicionó en la corriente esteticista, frente al grupo literario Shirakaba, grupo de aires tolstoianos liderado por Naoya Shiga en 1910. Pero tras el terremoto de Tokio de 1923 Tanikazi abandona su casa de Yokohama y se establece en Kioto y aunque sus opciones literarias no varíen esencialmente, dirige su mirada a la propia cultura japonesa, que la vanguardia literaria tenía postergada, fascinada por Occidente. “La llave” fue escrita en 1956 y llevada al cine por Kon Ichikawa en 1959, con guión del propio Ichikawa y Keiji Hasebe (a pesar de que Tanikaki escribió guiones cinematográficos durante una época, para el cine mudo japonés).

Es ésta una sugerente novela que ahonda en las oscuras motivaciones y deseos de la sensualidad, un paseo por el amor y la muerte. La pulsión sexual en una edad madura, las sensualidad, la transición entre lo onírico y lo real, la verdad y la mentira, la luz y la sombra, todo contado de un modo muy frío, por medio del recurso a dos diarios: el de un hombre en la cincuentena, Kenmochi, que nota los primeros síntomas de la pérdida del vigor físico, y el de su esposa Ikuko, unos años más joven que él, madura pero aún bella y atractiva, que no parece mostrar hacia él más que frialdad y pasividad.
Entre ambos hay otro hombre más joven, Kimura, supuestamente el posible futuro marido de la hija del matrimonio,  Toshiko. Ésta tiene un papel aparentemente secundario, al principio,  pero poco a poco su importancia va creciendo. Es una joven poco agraciada,  perturbada por las crecientes tensiones amoroso-sexuales de sus padres.
Entre estos cuatro personajes, pues, se inicia un peligroso juego de seducción, un juego de las cuatro esquinas en el que no sabemos muy bien quién planea las reglas, pero en el que todos parecen estar mudando sus posiciones y no es hasta el final que conoceremos la clave. El título, pues, no sólo hace referencia a  la llave del cajón donde el marido esconde su diario, sino a una simbólica llave que abre el complejo entramado de relaciones.
Se presentan al lector las dos versiones de los hechos, ambas muy subjetivas, como lo pueden ser las entradas de un diario, y más si le añadimos que ambos cónyuges creen que tanto el uno como el otro leerán a escondidas el diario ajeno. Así, a veces tenemos la impresión de que el texto está escrito con la intención de ser leído, pretendiendo crear en el cónyuge una actitud: la atracción sexual hacia un tercero, los celos, etc.

Fetichismo, voyeurismo, sueños eróticos y una confusa delimitación entre la pasión y la locura, creada por la continua recurrencia al alcohol como vía de entrar en una inconsciencia desinhibida, muestran el lado oscuro de los dos personajes centrales, que escriben sus diarios y juegan al escondite con ellos.
La obsesión del marido por el cuerpo de su esposa Ikuko llega a límites insospechados, pasando por encima de la salud y de las costumbres. Costumbres que desde una óptica occidental pueden ser incomprensibles o desconocidas, pero que pesaban mucho en la manera de ser japonesa.  La influencia cultural y social de Occidente sobre Japón tuvo lugar de modo evidente desde principios de siglo, y ello puede verse en el cine y en la literatura, así como en Occidente fue desde finales del siglo XIX y principios del XX que la popularización de los grabados y el arte japonés impactaron en Europa. En Tanikazi se debate su interés por la cultura occidental y al mismo tiempo, las obsesiones derivadas de sus tradiciones y su propia experiencia vital.

Jun’ichirô Tanizaki (Tokio, 1886- Yugawara, 1965). Novelista y ensayista japonés, contemporáneo de Yasunari Kawabata y miembro de honor de la Academia de las Artes y las Letras de EE.UU. Influido por Edgar Allan Poe, Oscar Wilde y el simbolismo francés, publicó su primer cuento, Tatuaje (1910). Con Hay quien prefiere las ortigas (1929), Relato de un ciego (1931) e Historia de Shunkin (1933), su estilo se acerca en mayor medida al realismo y a la cultura nipona clásica. De su obra posterior, fruto de la confrontación de lo tradicional y lo moderno en Japón, junto a cierta obsesión por lo erótico y sensual, cabe citar Las hermanas Makioka (1947), La llave (1956) y Diario de un viejo loco (1962). En el importante ensayo El elogio de la sombra (1933), efectúa un repaso crítico de las principales nociones estéticas de la cultura japonesa.





Fuensanta Niñirola

10/5/16

RUMOR Y TEMBLOR JAPONÉS

 EL RUMOR DE LA MONTAÑA
YASUNARI KAWABATA
Título original: 山の音 (Yama no Oto, 1954)
Traducción: Amalia Sato
Emecé, 2007

Deleita Kawabata con esta obra que gira en torno a la soledad, la muerte y la búsqueda de la belleza. No necesariamente por ese orden. Escrito con la sobriedad y sencillez que le caracteriza, con frases cortas y sin alargarse demasiado en ningún tema, a la japonesa: minimalista.
Shingo Osaga es el protagonista de la novela, y el punto de vista desde el que el lector ha de situarse para mirar alrededor o en el interior del personaje.  Shingo vive preocupado por sus hijos, que no siguen el camino recto: Shuichi, su hijo, casado con la bella Kikuko, lleva una vida paralela y le es infiel; por otro lado, su hija Fusako está casada con un drogadicto, su vida es un continuo problema y acaba por separarse. Su esposa, Yasuko, menos sensible y más realista, ve los problemas desde otro ángulo y desearía que Shingo, como jefe de la familia, los resolviese, pero éste no es capaz: vive en un mundo de imágenes, sensaciones, inmerso en el devenir de la naturaleza, entre la realidad y el sueño, sintiendo reacciones hacia la belleza, al placer, viendo la vida pasar como pasan las estaciones, entre la floración y la caída de las hojas. Pero la vida parece ser más alegre en la compañía de Kukiko, su nuera.

“La luna estaba en llamas. Por lo menos eso le pareció. Las nubes que la rodeaban le recordaron las hogueras de una pintura, o el espíritu de un zorro. Tenían forma de espiral, retorcidas. Y al mismo tiempo, al igual que la luna, eran frías y de un blanco desleído. Shingo sintió que el otoño se abalanzaba sobre él.
La luna, casi llena, en lo alto hacia el este, estaba posada sobre un manto de nubes incandescentes, y cubierta por ellas. No había otras cerca de esa plataforma en llamas sobre la que yacía la luna. Apenas una noche tras la tempestad y el cielo retomaba su insondable negrura.”


La atracción que siente hacia ella  es de un suave erotismo, entre paternal y sensual. La distancia que la edad ha puesto entre Shingo y su esposa Yasuko la ocupa su mirada hacia Kikuko, la necesidad de su constante presencia. A su vez, Kikuko busca en él al padre y marido ausentes y lejanos. Ambos se sienten solos, a pesar de que la casa está llena: la esposa, la hija con sus dos niños, la nuera, y de vez en cuando, el hijo, que entra y sale. El rechazo de Kikuko a tener hijos, causa en Shingo y en Shuichi un verdadero shock.
El tema del deseo sexual en la vejez es un tema que Kawabata toca en varias de su sobras, así como las sensaciones del hombre al ir envejeciendo, viendo que el cuerpo no responde mientras la mente se mantienen mucho mas juvenil. La inmersión en la naturaleza es una constante, siempre en pequeños detalles, como el florecer de los árboles, el nacimiento de los perritos, el cambio estacional.

Esta novela transita entre el azar y la necesidad, la vida y la muerte, la vigilia y el sueño. La desintegración de esta familia tras la posguerra oscila entre el sentimiento de humillación tras la derrota y la rápida absorción de las pautas de vida occidentales. También se observa un continuo paralelismo entre el ciclo de la naturaleza (las plantas, los árboles, la lluvia, la nieve, la reproducción animal,….)
Y la máscara jido, que simboliza la juventud pone un acento en las fórmulas (las ceremonias, el teatro, la música) mediante las cuales los humanos intentamos trascender y sobrevivir espiritualmente.

El “rumor” de la montaña es una sensación que Shingo siente entre la vigilia y el sueño, que le parece escuchar un fragor interno, un sonido, una vibración que achaca a la montaña como si cobrara vida al modo de los humanos.

“Era como un viento lejano, pero con la profundidad de algo que retumbara en el interior de la tierra. Sospechando que podía tratarse de un zumbido en sus oídos, Shingo sacudió la cabeza. En ese instante, el sonido se interrumpió y, de repente, tuvo miedo. Sintió un escalofrío, como un anuncio de que la muerte se aproximaba. Quería preguntarse, con calma y determinación, si había sido el sonido del viento, el rumor del mar o un zumbido dentro de sus oídos. Pero había sido otra cosa, de eso estaba seguro. Había sido la montaña. Como si un demonio a su paso la hubiera hecho sonar.”



La novela fue llevada al cine en 1954, (el mismo año que se publicó el libro) por el director japonés Mikio Naruse y guión del propio Kawabata, acompañado por la bellísima música de Ichiro Saito. La gran actriz Setsuko Hara encarna maravillosamente el papel de Kukiko. La película es una gran obra, porque recoge de modo magnífico el espíritu de la novela, si bien simplifica y concentra la narración en la atracción del suegro y la nuera, que simboliza el intento de Shingo de recuperar la juventud y la vida que se le escapa.



 Yasunari Kawabata (Osaka,1899–Tokio, 1972). Huérfano a los tres años, insomne perpetuo, cineasta en su juventud, lector voraz tanto de los clásicos como de las vanguardias europeas, fue un solitario empedernido. Escribió más de doce mil páginas de novelas, cuentos y artículos, y es uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Mantuvo una profunda amistad con el escritor Yukio Mishima, del que fue su mentor y difusor. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1968. Se suicidó a los setenta y dos años.




5/5/16

RELATOS DE LA FRONTERA



EL ARBOL DEL AHORCADO 
Y OTROS RELATOS DE LA FRONTERA

DOROTHY M. JOHNSON

Introducción : Alfredo Lara
Traducción de Gonzalo Quesada
Colección: Frontera / FR-005
ISBN: 97884-7702-754-6
págs: 304
Valdemar,  2013

Junto a “Indian Country”, la otra recopilación de relatos que también publica Valdemar, este libro constituye el núcleo fundamental de la narrativa corta de D.M. Johnson. La autora de Montana muestra en ellos una gran profundidad psicológica y un fuerte deseo de retratar a las personas reales que existieron y sirvieron de fundamento a los mitos y la épica del Lejano Oeste. Su interés y conocimiento de la cultura de los indios de las llanuras y de los modos y costumbres de los pioneros que colonizaron el estado de Montana son el detonante y la materia prima de sus narraciones, teniendo casi todas ellas como escenario algún rincón de Montana. Muchos de estos relatos fueron publicados en revistas como The Saturday Evening Post, Argosy, Collier’s o Cosmopolitan, revistas todas ellas que han sido paradigma de la cultura popular y de la literatura comercial norteamericana.

Sobria y escueta en su estilo, Johnson muestra una amplia gama de tonalidades, y en sus narraciones pasa de la tragedia o la épica al humor, teñido a veces de melancolía, de realismo y brutalidad…recurriendo con frecuencia a un lirismo y una ternura que emocionan al lector.

El universo que encontramos en estas historias está pleno de vaqueros, diligencias, indios, tramperos, bisontes, buscadores de oro, predicadores enloquecidos, personajes míticos del Far West.… son narraciones sobre lo que ocurrió realmente durante el siglo XIX; buena parte de la historia de la formación de los Estados Unidos. La mirada que la autora les dirige es a veces cálida, a veces distante, pero siempre con un punto de ternura, incluso cuando desarrolla situaciones altamente dramáticas, centrándose en periodos y ambientes específicos del western.
Johnson ha mantenido una magnífica relación con el cine: no sólo porque -como ella misma ha afirmado- es una entusiasta del western en la gran pantalla, sino porque  la adaptación de sus relatos al cine ha sido bastante notable, sobre todo en manos de un gran cineasta como John Ford, al cual le han venido como anillo al dedo los textos de la autora de Montana. Ella es un buen ejemplo, por otra parte, de lo que el western cinematográfico ha podido recibir de la literatura que le ha servido de inspiración. Fueron los cineastas quienes buscaron adaptar sus relatos.

De esta serie de relatos, nueve son cortos y el décimo, largo, que es el que da título al libro. Casi todas están ambientadas en el siglo XIX, más temprano o más tarde.
La hermana perdida es una narración increíblemente lúcida en su dramatismo. La cuenta un niño que vive con su madre y tías mayores. Señoras ya maduras y devotas se enteran que una de sus hermanas, raptada por los indios de niña, ha sido localizada y recuperada. Esto causa un enorme revuelo en la casa, las hermanas se entusiasman por el reencuentro, y la casa bulle de preparativos para su recibimiento, sin imaginar por un momento que la mujer que va a llegar, tiene unos cuarenta años, de los cuales casi en su mayoría los ha pasado con una tribu india, se ha casado con un indio y ha tenido un hijo mestizo. En suma…es una india. Y no habla inglés.
En La ultima bravata, unos  malhechores («Nací fuera de la ley y básicamente me he quedado fuera de ella») son finalmente aprehendidos y llevados a la horca, y los recuerdos de uno de ellos, Wolfer Joe componen este relato, con unos recuerdos antes de morir. Son los recuerdos de un amor frustrado.
Bandido improvisado  es la siguiente narración, en la que un vaquero se ve envuelto en un buen lío al implicarse casualmente con una banda de atracadores.
El hombre que conoció a Buckskin Kid  es también otro juego de carambolas que un granjero recuerda cómo, cincuenta años atrás, estuvo en contacto con un pistolero y una violenta banda, y cómo una intervención ajena le libra de un futuro desastroso.
Un regalo junto a la carreta trata una historia que tiene un anclaje en el pasado: una familia de granjeros recoge  a un hombre malherido y le cuida. Y los recuerdos resurgen en este hombre, en cuyo lejano pasado ocurrieron unos dramáticos hechos que ahora querrá aclarar.
En Tiempo de grandeza  un hombre recuerda un suceso que le ocurrió a los diez años, cuando sus padres lo enviaron a trabajar para un viejo y ciego hombre de las montañas, que tras vivir múltiples aventuras, se ve en su ancianidad recluido en su cabaña con su caballo y su squaw que le cuida y necesita ayuda. La relación del niño con el viejo es distante pero en el fondo no falta un atisbo de ternura.
Diario de aventura  vuelve al tema de los encuentros casuales: un joven aventurero del Este, estudiante de Latín y Griego, que ha estado viviendo temporalmente con unos indios crows, para conocer sus costumbres, tiene, tras un ataque de indios cheyennes, un accidente: se encuentra aislado, solo, y con una pierna rota en plena montaña a punto de comenzar el invierno. Va escribiendo breves notas en su diario, destinado a quien le encuentre, y sobre todo, pensando en su novia, que quedó allá en Vermont con la promesa de su retorno y casamiento. La vida cambiará sus proyectos. Cómo lo hará y las casualidades que el destino le depara son el tema de esta  narración.
La historia de Charley  es una complicada red de encuentros y desencuentros,  en el que la vida errante de dos jóvenes pioneros que quieren empezar su vida común en el Oeste, se ve trastornada por las circunstancias hasta el punto de lanzarles a puntos opuestos. Una chica que se hace pasar por chico, para sobrevivir en un mundo de hombres violentos, un joven emprendedor que ve truncarse sus esperanzas, una dramática historia de amor y azar.
La squaw de la manta  es la única que está narrada desde un tiempo más cercano, aunque luego los recuerdos llevan al lector a un pasado más lejano. Las relaciones contrastadas entre dos niñas y después jóvenes, una blanca y la otra india, pero educada entre blancos, muestra el conflicto entre razas, como el primer relato del libro, La hermana perdida.
Finalmente El árbol del ahorcado cierra el libro con esta magnífica narración larga, que la mayoría conocerá por el cine, a cuyas pantallas fue llevada por Delmer Davies en 1959: en la época de la fiebre del oro, a un caótico y pobre poblado minero de Montana llega Joe Frail (Gary Cooper), un extraño y contradictorio médico sobre el que parece pesar un oscuro pasado. Tras el asalto de unos bandoleros a la diligencia, la única superviviente resulta ser una inmigrante suiza (Maria Schell) que, a causa de una insolación, se queda ciega. De cuidarla hasta que recupera la vista se ocupará Frail.  El empecinamiento de la chica suiza en asentarse en aquella violenta población minera y la lucha por la supervivencia, con una historia de amor por en medio, constituyen una de las más bellas narraciones, contada con sencillez y sobriedad.
El espíritu de los pioneros, la lucha -muchas veces épica- por la supervivencia, personajes normales en situaciones límite, reencuentros inesperados, el azar del destino, los recuerdos y explicaciones retrospectivas, son características que forman un hilo conductor que guiará al lector y le hará identificarse con los protagonistas, o al menos, vivir las historias que se nos cuentan con gran emoción.












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