UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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2/3/15

RELATOS : CLAUDIO MAGRIS

EL CONDE Y OTROS RELATOS



CLAUDIO MAGRIS

Trad.: María Teresa Meneses
Ed. Sexto Piso Narrativa, 2014


Cuatro relatos se reúnen en esta edición, en los que el autor de “Danubio”  muestra unas historias que podrían parecer insólitas pero que no lo son tanto, sino más bien reflejo de una realidad cargada de personajes cuya identidad guarda un difícil equilibrio crítico. Como el propio autor dice en una entrevista*, “casi todos los relatos parten de pequeñas anécdotas de la vida diaria. Y, lentamente, tras esas anécdotas, aparecen algo así como ventanas desde las que se contempla el abismo. Por otra parte, mi propia historia personal siempre ha estado relacionada con esa vida de frontera europea que, en ocasiones, ha precipitado el apocalipsis. La gran historia comienza siempre por la pequeña historia.(…) El viajero contemporáneo ha transitado por esa sucesión de fronteras de nuestra Babel contemporánea. Esa obsesión por las identidades culturales y religiosas ha creado muchas y nuevas fronteras precipitando sucesivas catástrofes. Tras la creación de nuevas fronteras nos acecha el riesgo de nuestras crisis y tragedias.”

Ensayista, narrador, germanista, universitario y periodista, Claudio Magris es un testigo destacado de las crisis europeas, y el espíritu de ese mundo que no sabe bien adonde va, lo percibimos en estos cuatro textos, entre los que no vemos otro nexo que el problema de identidad, el sentimiento de estar perdido, de búsqueda y de cierta desaliento.

“El Conde” es un relato narrado por el ayudante de un supuesto conde, que se dedica a la recogida de cadáveres ahogados en ríos e incluso el mar. Misógino, el Conde hace todo lo posible por alejar a las mujeres de su ayudante, temiendo, quizá, ser abandonado. El ayudante echa de menos, en su cotidianeidad, una cierta ternura femenina. La vida y el Conde se encargarán de evitársela. Pero encuentra en el agua un regalo, un mascarón de proa, que le acompañará toda su vida.
“La portería” es la historia enternecedora de un jubilado que, como muchos otros, desea seguir en activo y tener una ocupación, por lo que tiene una idea un tanto extraña, pero que llevará a la práctica contra viento y marea, sintiéndose feliz por ello. No se sabe si los demás conocen su secreto.
“Las voces” es una narración surrealista, casi onírica, de un personaje cuya relación con la realidad se produce a través de simulacros, de ficciones, de voces grabadas.  “Son las voces las que cuentan. Es más, solo ellas existen. Los cuerpos parecen armar mucho alboroto y ocupar mucho espacio, pero tan solo son sombras que desaparecen cuando cae el sol. El narrador/protagonista ama a las mujeres, sí, pero mujeres como él las imagina, a través de la voz inalámbrica de un contestador automático.  Narración francamente original, que muestra a otro de esos seres perdidos y desnortados, pero muy necesitados de ternura y cariño.
“Ya haber sido” es un breve texto, más que relato, podría ser considerado como una disertación, un brevísimo ensayo sobre los beneficios de dejar de ser algo que uno no desea. En boca del narrador: “Ser hace daño, no concede tregua. Haz esto, haz lo otro,  trabaja, lucha, vence, enamórate, sé feliz, debes ser feliz, vivir es esta obligación de ser feliz, si no, qué vergüenza.”
En suma, unos relatos muy bien hilvanados, que, a pesar de mostrar seres desalentados no nos llevan al desaliento, sino que nos generan una mirada benevolente.

Claudio Magris (Trieste, 1939), catedrático de literatura germánica en la Universidad de Trieste, prestigioso germanista, ensayista y traductor de Ibsen, Kleist y Schnitzler, entre otros, es una de las figuras mayores de la literatura italiana contemporánea. Ha sido galardonado con varios premios: El Erasmus Prize y el Leipzig Book Award en 2001, la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2003 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2004.

Ariodante


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*http://www.abc.es/cultura/20141117/abci-entrevista-claudio-magris-201411161843.html

22/2/15

PERDIENDO EL PARAÍSO

EL PARAÍSO PERDIDO
JOHN MILTON/PABLO AULADELL

Ed. Sexto Piso Ilustrado, 2015

Estamos ante una obra de lujo, por partida doble: porque es un magnífico trabajo de libro ilustrado/comic,  y porque se basa en uno de los clásicos de la literatura del barroco: John Milton. A algunos les podría parecer que este tema se aleja de los intereses lectores actuales, o incluso que es un tema más del ámbito religioso, …nada más lejos de la realidad. Auladell, ilustrador ya reconocido y sólido, se ha atrevido con una maravillosa historia bíblica, pero que, tanto en manos del poeta Milton como con los pinceles de este magnífico artista, resulta de un atractivo inmenso y ¿por qué no? de una actualidad permanente. ¿No es actual el eterno conflicto del Bien y del Mal? ¿No lo son temas como el Libre Albedrío, el Conocimiento como Poder, la Tentación y la Inocencia perdida, la Obediencia y la Traición? Entramos en un mundo mítico.
Auladell aborda las imágenes siguiendo las cuatro partes del Lost Paradise de Milton. El texto, solo el imprescindible: las imágenes ya nos muestran todo lo demás. Primer canto, una parte oscura y terrible, de tintes  góticos: Satán. Partimos de la rebelión y caída del antiguo Lucifer/Luzbel, el gran ángel, líder de las cohortes celestiales. Y la negrura en la que se desploma es terrible, pero en ella descubre que no solo ha caído él, sino otros muchos de sus seguidores yacen en el abismo, en el piélago oscuro y proceloso pleno de sombras y hedor a muerte. Satán invoca a todos los espíritus para que se alcen y le sigan. Astarté, Dagón, Belial, Moloc, Belcebú …y tras formar un nuevo ejército, Satán se dirige a las puertas infernales.
En el segundo canto entramos en El Jardín de las Delicias, coloreado en tonos verdosos, rosados, aunque siempre con el contrapunto de las sombras:  Adán y Eva vagan, inocentes, en un mundo creado para ellos, un paraíso de plácida vida, junto a la exuberancia vegetal y animal, disfrutando todos de una felicidad que solo tiene un límite: el Árbol de la Vida, cuyos frutos no deben probar. Ojos oscuros les siguen en su placentero devenir.
En el tercer canto, el arcángel Rafael narra a los dos humanos Los primeros recuerdos del mundo: cómo ocurrió todo, cómo se creó el mundo, cómo hubo una rebelión y posterior caída,  cómo surgió el hombre y luego la mujer. La batalla entre los ángeles es terrible y violenta, de imágenes impresionantes, contrastando con la dulzura del primer hombre y la primera mujer, y con las miradas escondidas de la serpiente, acechando un momento de debilidad para romper el equilibrio divino. Los tonos pastel y luminosos de las angélicas huestes contrastan y alternan con la ferocidad de los tonos oscuros de los guerreros infernales.
 Finalmente, en el canto cuarto, La Espada Flamígera,  se produce la caída y la expulsión del Paraíso. Eva es seducida por la Serpiente satánica, y a su vez seduce a Adán: ambos comen el fruto prohibido, a pesar de que saben que pesa una amenaza contra ellos: la muerte. Pero como inocentes niños, ignoran qué significa morir.  En el Averno sienten un movimiento nuevo, y la respuesta divina es inmediata: el arcángel Miguel muestra su flamígera espada y expulsa a los atormentados inquilinos del paradisíaco jardín, después de recibir la maldición divina: “Con el sudor de tu frente trabajarás y ganarás el pan. Polvo eres y en polvo te convertirás.” La mezcla de color, los trazos con que la pareja humana va cambiando de la ingenuidad a la dolorida conciencia del pecado, muestran una dureza antes ignorada.
Es el inicio de todo: el Bien y el mal, la Luz y la Oscuridad, la Inocencia y la Transgresión. Los ángeles caídos son, a pesar de todo, poderosos. Mantienen sus fuerzas infernales en el Averno. Y saben que si bien no podrán vencer en un ataque frontal contra las Fuerzas Celestiales, pueden hacer mucho mal por medio de unas criaturas inocentes, hechas a imagen y semejanza del Creador: los humanos, que son seres libres. Se les ha puesto un límite para su vida en el Paraíso, una sola regla: abandonar el deseo de conocimiento (y por tanto, de poder) y dejarlo en manos de Dios. Y es en este punto donde Satán decide intervenir, convenciendo a Eva de que el conocimiento les hará poderosos. El árbol de la Ciencia  está cargado de deliciosos frutos, merece la pena transgredir el precepto.  Eva, y más tarde Adán, seducidos por el poder del Conocimiento, traspasan la línea.  La respuesta será terrible, serán expulsados de un mundo idílico y conocerán la cara oscura de la vida: el dolor, el sufrimiento, la muerte. Siguen siendo libres, pero la elección que han tomado les hará morir.

Las imágenes de Auladell, cuyo estilo ya forma un mundo propio, se mueven entre ecos de Chagall, de Matisse, y del propio Picasso de la etapa clásica. Los edificios apenas esbozados recuerdan los del Renacimiento italiano,  el dibujo de las figuras, de trazos firmes y volumétricos, se conjuga muy bien con los fondos, tanto los imprecisos paisajes como las caóticas oscuridades y los ilimitados espacios celestes. Las figuras paradisíacas  muestran, primero una ingenuidad casi infantil, con desnudos castos y movimientos lánguidos, entre el verdor del Jardín edénico. Y posteriormente, tras el pecado, el trazo se vuelve duro y anguloso, las expresiones se agrían, las luces se oscurecen. Sombras de animales se entrecruzan mientras la pareja original recoge frutos, juega, y duerme bajo el arrullo del viento entre los árboles. Juegos de miradas, manos oferentes, cielos neblinosos. Los alados Gabriel, Rafael, les acompañan a ratos, …y mientras tanto, el oscuro poder infernal avanza: las distintas formas que adopta Satán, vidriosas miradas en la negra noche, fuerte deseo hacia la mujer, retorno al Averno. Las fuerzas celestiales, de desvaídos tonos pastel, se congregan en su lucha contra los oscuros rebeldes y la batalla es un derroche de figuras en fuerte contraste, con mucho movimiento y composiciones de gran impacto visual. Los desiguales tamaños de las figuras, según su importancia y fuerza, proporcionan un clima onírico y añaden dramatismo a la acción. Destaca la equiparación ángeles/aves, nariz/pico, alas; los seres alados, sean animales o humanos, son un motivo recurrente en la obra de Auladell, que gusta mucho de introducirlos en sus dibujos e ilustraciones. La fortísima imagen del derrumbe de Satán en torbellino al oscuro pozo del Infierno marca un clímax, de la más clásica tradición, una imagen casi propia de un Turner. Un mundo de luces y sombras, donde el color está siempre atenuado por una leve bruma, un espacio impreciso frente a la rotundidad de las figuras, sobre todo las aladas, pero también los desnudos humanos, de gran belleza y simplicidad.
En suma, un magnífico trabajo del ilustrador alicantino, que añade una obra importante a sus numerosas obras anteriores. Felicitamos a la editorial por  este libro y en general, por su excelente colección Sexto Piso Ilustrado.


John Milton (Londres, 1608–1674) fue un poeta y ensayista inglés, conocido especialmente por su poema épico El paraíso perdido. Políticamente fue una figura importante entre los reclutadores de la Guerra Civil Inglesa, ya que cuando ocupó el puesto de ministro de lenguas extranjeras bajo el mandato de Cromwell era el encargado de responder a los ataques a la república. Sus tratados políticos fueron consultados para la redacción de la Constitución de los Estados Unidos de América.
 
Pablo Auladell (Alicante, 1972) es un reconocido ilustrador que desarrolla su trabajo en el ámbito editorial. Ganador del Premio Nacional de Cómic Injuve en 2000 y del Segundo Premio a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles por el libro Peiter, Peter y Peer en 2005, cuenta ya con una larga bibliografía de más de treinta obras, entre libros ilustrados y tebeos.




Ariodante

Febrero 2015

18/2/15

UNA MUJER FATAL

J E Z A B E L

IRÈNE NÉMIROVSKY

Ed. Salamandra, 2012



Terrible alegato contra la obsesión de la eterna juventud y belleza física, esta novela corta está escrita por una mujer que destila un gran odio hacia ese tipo femenino que vive para ser adorada, deseada, amada e idolatrada por los hombres, …y odiada por el resto de las mujeres.
La novela, a modo de introducción, describe un juicio por asesinato/homicidio. La riquísima, bella y madura Gladys Eysenach es acusada de matar a un joven amante, Bernard Martin, muerte que ella admite, aunque no que fueran amantes. Van turnándose los testigos en el interrogatorio, y por las preguntas y respuestas concluimos que se trata de una mujer con mucho mundo, casada un par de veces, admirada por los hombres, pero que arrastra hechos penosos en su vida, como una niñez desgraciada, la muerte de su única hija, y una vida errante y vacía. Un carrusel de amantes de todas las edades le proporciona una pésima fama de “devoradora de hombres”, pese a ser una mujer libre, que incluso ha rechazado las proposiciones de matrimonio de su último amante, el conde Monti.

Comienza propiamente la novela tras esta introducción, y la autora pasa a narrar la vida de la señora Eysenbach, desde su más tierna juventud hasta el momento del disparo letal. Y así, desde un primer momento, Gladys es descrita como una mujer dominada por una obsesión: mantener su juventud eternamente y ser admirada y amada por ello. Su necesidad de ser amada devotamente es superior a su inclinación a amar. Es, claramente un caso de neurosis patológica lo que la autora nos presenta aquí.  Toda la vida de Gladys se desarrolla en función de conseguir este objetivo: permanecer joven y bella, ser un objeto de deseo permanente. Afortunadamente no le falta el dinero y se puede permitir una vida regalada, sus sucesivos maridos la miman, sus amantes la adoran …

Pero el tiempo es implacable, y a pesar de los constantes cuidados físicos y el derroche de ropas, joyas, sonrisas y peinados, los años pasan y Gladys envejece. Y sobre todo, se da cuenta de ese envejecimiento al comprobar en los demás el paso del tiempo, ya que en ella misma consigue ocultarlo con bastante éxito. Concretamente, lo que perturba e inquieta terriblemente a Gladys es que su hija, Marie-Therese, de una niñita adorable se ha convertido en una mujercita encantadora, y aunque la sigue considerando como una niña,  llega el día en que le recuerda que tiene dieciocho años y que está enamorada.  Esta declaración cae como una losa sobre los hombros de Gladys, que hace lo imposible para retrasar lo inevitable.  Pero lo inevitable llega y pasa. Y también llega la guerra europea, y los hombres se van y mueren en ella. Gladys y su hija se ven inmersas en una vorágine que las destrozará. Marie-Therese morirá y Gladys tendrá que tomar una terrible decisión.

Y el tiempo sigue pasando. Gladys consigue aparentar diez, quizá quince años menos, pero ya no atrae a los hombres del mismo modo: les atrae su dinero y su posición social.  Asustada, aterrorizada ante los cambios que nota en sí, se lanza a una huida hacia delante, buscando la juventud en los nuevos amantes, siempre más jóvenes que ella. Negando siempre su edad, autoengañándose,  finalmente conoce al joven Bernard, y aquí comienza su calvario. Como la Jezabel bíblica, no duda en recurrir a la muerte de otros para mantener viva su obsesión.
La novela exuda ocultos sentimientos autobiográficos de la autora contra el recuerdo de su propia madre,  que la ignoró en su infancia y generó en ella un profundo odio y a la vez una frustrada necesidad de amor maternal. Trata al personaje central de un modo nada compasivo, en realidad la presenta como un monstruo cruel y despótico, pero eso sí, rebosante de belleza y atracción sensual. Es una disección brutal, en el que si bien hace comprender al lector los mecanismos mentales de esa mujer, no los justifica en absoluto y además, atrae su castigo final.

Irène Némirovsky (Kiev, 11 de febrero de 1903 - campo de concentración de Auschwitz, 17 de agosto de 1942), fue una novelista de origen ucraniano, que vivió en Francia y escribió en francés. Fue deportada bajo leyes raciales por su origen judío, aunque se había convertido al catolicismo en 1939. Irène Némirovsky era hija de un banquero judío ucraniano, Léon Némirovsky. Fue educada por una institutriz francesa de modo que el francés fue prácticamente su lengua materna; su madre no mostró mucho interés por Irène. En diciembre de 1918, la familia de Irène escapó de la revolución rusa y permaneció un año en Finlandia. En julio de 1919, llegaron a Francia. A los 18 años comenzó a escribir. Obtuvo en 1926 la licenciatura en Letras en la Sorbona y ese mismo año se casó con Michel Epstein, un ingeniero transformado en banquero; tuvieron dos hijas: Denise, en 1929 y Élisabeth, en 1937. Se instalaron en París.
El 13 de julio de 1942, Irene fue arrestada por la gendarmería francesa e internada en el campo de Pithiviers; muy pronto sería deportada a Auschwitz, donde murió de tifus el 17 de agosto de 1942.


Ariodante




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