25/9/17

KIBUTZIM

ENTRE AMIGOS
AMOS OZ
Siruela, 2013
Traducción: Raquel García Lozano


Este libro reúne ocho relatos del escritor Amos Oz (Jerusalén, Israel, 1939) novelista, periodista e intelectual israelí más importante de la actualidad además de ser un firme activista por la paz en su país.
En el imaginario kibutz Yikhat se desarrollan estos ocho relatos, plenos de delicadeza y  ternura mujeres y hombres que tienen sueños íntimos y experiencias dolorosas privadas. Además de contar una serie de historias personales, dramáticas en algunos casos, tiernas, alegres  o tristes en otros,  Oz muestra una realidad que es bastante desconocida en nuestra cultura. El sueño israelí de crear un país incluye el de transformar la sociedad, un sueño utópico, como todos los sueños, un proyecto que solo puede hacerse medianamente real en condiciones extremadamente pequeñas y controladas.  Así, la vida en el kibutz desarrolla un microcosmos, un universo propio, donde los habitantes de ese pequeño mundo se miran su propio ombligo, aunque de reojo tienen noticia del exterior. Unos lo añoran, otros lo quieren olvidar, otros desean entrar en él. Pero por lo pronto, crean unas relaciones entre los miembros de esa pequeña sociedad, unos lazos que a veces son chocantes para una mirada externa.

Lo interesante del caso es que el escritor, que vivió durante veinticinco años en un kibutz, el Hulda, donde era profesor de instituto, conoce sobradamente de qué habla cuando relata imaginarias vidas de personas que probablemente fueron reales, al menos en parte, y quizás las conoció u oyó hablar de ellas.

En general, como los ocho relatos tienen como escenario el mismo kibutz en la misma época, los personajes de unos relatos deambulan o son citados en los otros relatos, informándonos a veces de hechos posteriores o paralelos, de modo que se crea toda una ligazón entre todos, fortaleciendo la idea de un conjunto que funciona como un todo.
En El rey de Noruega el personaje protagonista es Zvi Provizor, un jardinero cuya principal obsesión consiste en contar desgracias, ocurridas siempre en “el mundo exterior”. Es buena gente, pero marea a todo el mundo con sus noticias desastrosas. Inicia un cierto vínculo con Luna Blank, una viuda sin hijos dedicada a la enseñanza.
Dos mujeres confronta a Ariela y Osnat por el amor de Boaz, aunque acabarán más unidas entre sí que con el propio motivo de la discordancia.
Entre amigos presenta el caso contrario, la confrontación de Nahum Asherov, electricista del kibutz con David Dagan,  por el amor de Edna, la hija de Nahum.
Padre muestra a un personaje, Moshé Yashar, no del todo integrado en el grupo del kibutz, puesto que lo que queda de su familia, principalmente un padre enfermo, se encuentra en el exterior. En él se reflexiona sobre los vínculos que unen a los miembros del clan, que son como una gran familia.
En Un niño pequeño el protagonista es Roni Shindlin, que ha aparecido ocasionalmente en relatos anteriores, porque es el correveidile del kibutz. Roni está muy preocupado por su hijito Yuval, con el cual su madre, Leah, es demasiado rígida. En esta narración se nos muestra peculiar costumbre de los kibutz (costumbre que en la actualidad ha sido cambiada) de mantener a los niños en una casa infantil, fuera de la casa de sus padres, aunque estos tienen la posibilidad de entrar a verlos, incluso sacarlos de paseo, etc. Pero la vida principal la desarrollan allí.
Yoav Carni es el protagonista de Por la noche. Se trata del primogénito del kibutz, hijo de los padres fundadores, con un especial prestigio. Le toca esta vez hacer la vigilancia nocturna, que es una tarea rotatoria, como otras en el kibutz.  Esa noche tendrá un encuentro perturbador con Nina, abrumada por la relación con su marido.
En Dir Ajlun vuelve a surgir el tema de la relación de los miembros del kibutz con el mundo exterior. Henya Kalish quiere que su hijo Yotam vaya a estudiar ingeniería a Milán, puesto que su hermano, que vive desde hace años allí,  le ha invitado.
Durante la guerra de la Independencia el kibutz Yikhat fue conquistado e incendiado por completo por una multitud de árabes procedentes de Dir Ajlun y de los pueblos cercanos. Al cabo de seis semanas Dir Ajlun fue destruido por el ejército israelí, y todos sus habitantes fueron expulsados a las montañas y sus campos divididos entre los kibutzim de la zona. Yotan pasea por las ruinas del pueblo árabe mientras intenta decidir qué quiere hacer de su vida.
Un antiguo profesor de esperanto, Martin Vandenberg, es el protagonista de Esperanto, el último de los relatos reunidos en este libro. Enfermo y solo, es cuidado por Osnat, protagonista del relato Dos mujeres. En este relato reflexiona el autor sobre los principios generales que llevaron a los kibutzim a crear los kibutz. Está narrado con una alta dosis de ternura y emotividad.
En suma, una muestra más del buen hacer del escritor israelí. Una lectura de gran interés social, se esté o no de acuerdo con las ideas que contiene, que, en mi opinión, son excesivamente colectivistas. El autor consigue mantenerse equidistante con respecto a las posiciones encontradas que surgen en todos los relatos, si bien muestra con ellos que no todo es idílico en ese supuesto paraíso. Que los humanos somos muy distintos entre sí y algunos tenemos una fuerte tendencia a la libertad, mientras que otros se adaptan mejor al comportamiento de súbdito, al seguimiento de consignas y a la vida colectiva .



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Fuensanta Niñirola

18/9/17

ESCALERA CON DESNUDOS

MUJER BAJANDO UNA ESCALERA
Die Frau auf der Treppe, 2014
BERNHARD SCHLINK
Trad.: Txaro Santoro
Anagrama, 2016


El multifacético Marcel Duchamp (1887-1968) pintó un cuadro, Desnudo bajando una escalera, en el que trataba de plasmar la ilusión del movimiento mediante líneas y planos superpuestos en una figura asexuada, de perfil; posteriormente también Gerard Richter (Dresde, 1932) pintaría una versión muy diferente:  Ema. Desnudo en una escalera, en este caso la figura es femenina, está pintada desde una perspectiva frontal, más estática y más realista. Schlink explica en una entrevista que “no fue Duchamp, sino el pintor Gerhard Richter, que trabajó sobre la obra de Duchamp y pudo seguir mostrando esa mujer que baja la escalera en forma real, diferente de cómo lo hace Duchamp. Hace muchos años vi por primera vez la pintura de Richter en un museo de Colonia (Alemania) y desde entonces tengo la postal en mi escritorio, y es realmente fantástica.”
M.Duchamp
Escrita en primera persona, la novela adopta el punto de vista de un tercero en discordia, podríamos decir. En la Art Gallery de Nueva Gales del Sur,  ante la visión de un magnífico cuadro en el que se representa a una mujer bajando una escalera, un abogado alemán, viudo con hijos ya mayores, ve reaparecer su pasado a pasos agigantados. Vuelve la temática habitual de Schlink: las relaciones de pareja, las relaciones humanas en general, el valor de las cosas y el valor de la vida, la actitud ante la muerte.
Dividida en tres partes, tras dos capítulos en tiempo contemporáneo, realiza un largo flash back de veinte capítulos para retornar de nuevo al comienzo. Y ahí se desarrolla la parte más importante de la historia.
En torno a Irene se mueven, además del narrador, los otros dos personajes: su marido, Peter Gundlach y el pintor, Karl Schwind. Irene ha abandonado a Peter por Karl. El litigio surge porque Karl quiere recuperar su cuadro  y Peter a Irene, su mujer. Pero ella parece pensar otra cosa. Buscan a un intermediario, un abogado joven de una prestigiosa firma…que es nuestro narrador, rendido bajo el encanto de Irene, que le llamará “mi caballero valiente”. Una vez que comprende que le ha cautivado, Irene le propone una jugada maestra: robar el cuadro y escapar con ella. Pero la realidad será distinta. El cuadro, como diría Hitchcock, es el MacGuffin: la excusa para contar todo lo demás.

Esta primera parte es, digamos, la explicación para que el lector comprenda mejor lo que va a ocurrir en la segunda y tercera parte del libro. Lo que comienza como una investigación con tintes de thriller -no en balde el autor tiene una serie de novelas policiacas-, se convierte en una historia de gran profundidad humana. El cuadro pierde el interés y la figura del narrador crece enormemente ante la Irene real. Del mismo modo que, en su libro El lector, el protagonista pierde el contacto con la mujer que admira y desea en su juventud, reencontrándola de nuevo en su edad madura, en esta novela también hay una pérdida y un reencuentro, muchos años después.
Mano a mano, el narrador hace repaso de su vida pasada, de lo que fue y de lo que podría haber sido si se hubiera unido a Irene. Ella misma le pide que deje volar su imaginación y le cuente. Así, se establece una relación madura, pausada, en la que ambos viven un tiempo de placidez y armonía, ya que no de felicidad.  El entorno es paradisiaco, un tanto agreste y salvaje, pero suficientemente solitario para entablar una relación muy personal. El resultado es dramático, tanto en la naturaleza que les rodea como en la propia relación. Pero a pesar de todo, el libro deja una mezcla de amargor y dulzura, un sabor agridulce, que resulta placentero.

Bernhard Schlink (1944, Bielefeld, Alemania) es un escritor y jurista alemán. En 1998 fue nombrado juez en la corte constitucional del estado federal de Renania del Norte-Westfalia y es profesor de historia de la ley en Universidad Humboldt, Berlín, desde enero de 2006. Su carrera como escritor comenzó con novelas policíacas teniendo como protagonista a un personaje llamado Selb; En 1995 publicó El lector, que se convirtió en un éxito de ventas en Alemania e internacionalmente.



Fuensanta Niñirola


11/9/17

TERRORIFICOS NAUFRAGIOS

LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA
Anatomía de una masacre
SIMON LEYS
Traducción de José Ramón Monreal
Acantilado, 2011


“Para que triunfe el mal solo hace falta
que la buena gente no reaccione.”
EDMUND BURKE




Del suceso real el autor hace en este libro un breve pero jugosísimo reportaje de lo que ocurrió, enmarcado en la historia, aliñado con diversos comentarios y consideraciones. La editorial resume los hechos: la noche del 3 al 4 de junio de 1629, el Batavia, orgullo de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, naufragó a poca distancia del continente australiano, tras chocar contra un archipiélago coralino. Buscando ayuda, el  representante del armador y el capitán se dirigieron a Java en una chalupa, dejando a los más de doscientos supervivientes en manos del ayudante del sobrecargo, Jeronimus Cornelisz, un ex boticario perseguido por la justicia. Los desgraciados viajeros, familias enteras -mujeres y niños incluidos- hubieron de soportar unas dramáticas condiciones donde a las dificultades del espacio –un archipiélago de islotes desolados- se sumaban las crueldades y violencias del psicópata Cornelisz.

Leys, en un breve prólogo de este aún más breve libro (88 págs.)  explica al lector que pasó muchos años muy interesado en escribir sobre esta tragedia, estuvo investigando y documentándose…hasta que, finalmente, fue Mike Dash escribió el libro en 2002, (Batavia’s Graveyard, Weidenfeld & Nicolson, Londres), por lo que Leys solo hace un resumen, un excelente resumen, a modo de introducción al libro de Dash; Vilá-Matas, en una reseña del libro de 2011 en El PAÍS, afirma que “la impresionante síntesis de la historia que nos ofrece Leys, síntesis que parece corroborar la creencia borgiana de que si una historia la podemos contar en pocas líneas no es necesario que escribamos una novela entera. (…)Estoy seguro de que nadie ya nunca podrá sintetizar mejor en tan pocas páginas la historia de terror que siguió al naufragio del buque holandés, una historia que hacia el final nos habla de esa determinación desesperada que se apodera a veces de la gente honrada cuando un agresor injusto les fuerza a batirse para defender su vida.”
 
Así pues, lo que me queda es resumir y ciertamente recomendar la lectura del resumen.  Leys alude a la cantidad de barcos desaparecidos por toda esta zona entre la India y Australia. En el siglo XVII y hasta finales del XVIII una vez doblado el cabo de Buena Esperanza, las embarcaciones debían descender primero hacia el sur, casi hasta el límite del océano Antártico, para aprovechar los fuertes vientos del oeste que giran alrededor del globo a partir del paralelo 40 —«los rugientes 40»—. Así seguían hacia oriente, hasta que consideraban cercano el Estrecho de la Sonda; cambiaban de rumbo entonces, sin seguridad de dónde estaban exactamente;  y empujados por los vientos alisios del sudeste, navegaban hacia el Norte las aproximadamente dos mil millas que les separaban de Java.
De todos los barcos que zarparon durante doscientos años, uno de cada cincuenta desaparecía por estos lares  y no se volvía a saber de él. El Batavia estaba considerado algo así como un Titanic de la época. Navío enorme para su época, el Batavia, solo tenía cincuenta metros de eslora, pero debía transportar durante ocho meses casi trescientas personas:  además de los cargos oficiales, patrón y timonel, los pasajeros distinguidos, los gavieros,  artilleros y  soldados.
Ya salió de Holanda con problemas, embarrancando en los bancos de Walcheren de los que afortunadamente volvió a reflotar con la marea. Durante el resto del viaje, lo que ocurrió fue que crecieron las tensiones, cosa inevitable en un espacio reducido y superpoblado. El patrón, Ariaen Jacobsz, y  el sobrecargo, Francisco Pelsaert bebían como cosacos y disputaban constantemente; entre ellos no sólo estaba la cuestión del poder (el sobrecargo tenía más mando que el patrón), sino su interés por las mujeres de a bordo. Por otra parte, gavieros y soldados (mercenarios en su mayoría) también se hallaban en continua bronca. Eso dejando aparte a los artilleros, los artesanos, carpinteros y veleros, cocinero y marmitones, y el cirujano-barbero. La paz dentro del barco era poco menos que una utopía. Para más inri, el ayudante del sobrecargo, personaje oscuro y peligroso, comenzó labores sediciosas, maquinando apoderarse del barco; reunió a un pequeño grupo de seguidores que más tarde le apoyarían en sus odiosas crueldades contra el resto de los tripulantes y pasajeros. Sin embargo, antes de que el motín fraguase, lo que ocurrió fue el hundimiento del barco, tras chocar contra los arrecifes.

Tras desembarcar en los islotes, y acomodar a los supervivientes,  Pelsaert y Jacobsz decidieron buscar ayuda en Java, puesto que de otro modo estaban condenados a morir allí al cabo de un tiempo. Y allí quedaron los desgraciados, con Cornelisz como máxima autoridad.
Cornelisz se convirtió rápidamente en un dictador implacable, apoyado por una camarilla de matones a los que no les importaba violar, apalear, torturar y realizar todo tipo de sevicias. Y los infortunados supervivientes casi desearon haber perecido. Aterrorizados, soportaron aquel infierno en el que fueron muriendo asesinadas más de ciento veinte personas …hasta que una parte de los abandonados en otro de los islotes se hizo fuerte y le plantó cara, liderados por un tal Hayes, soldado raso. En un primer momento pareció que podrían vencer, pero poco a poco la superioridad de los malvados se hizo evidente. Hubieran perecido, finalmente, pero les salvó la llegada del Sardam,  un barco con que Pelsaert,  que había conseguido llegar a Java volvía a buscar su tripulación…y, sobre todo, el valioso cargamento del barco.
El posterior proceso judicial hizo justicia y Cornelisz fue ejecutado con lentitud cruel. Los detalles más escabrosos, los leerán en este interesante y terrible relato.

Simon Leys, seudónimo de Pierre Ryckmans (Bruselas, 1935 - Canberra, 2014), fue un escritor, crítico literario, traductor y sinólogo belga. Sus obras tratan sobre todo de la cultura china, la literatura y el mar. Hijo de un burgomaestre de Amberes, estudió derecho e historia del arte en Lovaina. Con diecinueve años, participó en un viaje de un mes en China, y a partir de 1959 prosiguió sus estudios de lengua, literatura y arte chinos en Taiwán, Singapur y Hong Kong. En 1970 se estableció en Australia para dar clases de literatura china, primero en la Universidad Nacional Australiana y posteriormente en la Universidad de Sidney. Fue miembro de la Academia Australiana de Humanidades.



Fuensanta Niñirola






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