05/12/09

LA RUSIA DE PUSHKIN

RELATOS DEL DIFUNTO IVAN PETROVICH BELKIN
ALEXANDR PUSHKIN
Esta reseña se publicó anteriormente en Ciberanika.com:

http://libros.ciberanika.com/letras/p/p04962.htm












Alexandr Sergeievich Pushkin (Moscú, 1799-San Petersburgo, 1837) nació en el seno de una familia noble, con una pizca de exotismo, ya que por parte de madre descendía de un príncipe abisinio, capturado y convertido en esclavo por los otomanos y llevado posteriormente a Rusia. Pushkin, considerado como el padre de la moderna literatura rusa, fue genial en vida y en muerte, ya que murió tras un duelo por salvaguardar su honor y su libertad. Envidiado y odiado por muchos, ya que desde muy pronto destacó su producción literaria, poética, dramática y prosística, tuvo que soportar exilio, en Odessa y el Caúcaso, como un héroe romántico, ya que la sociedad no le deseaba en ella. A caballo entre el romanticismo y el realismo, su obra se caracteriza por una sucesión de contrastes y un juego con los diferentes puntos de vista. Tres características podrían considerarse como definitorias de su obra: la aproximación historicista, la actitud social crítica y el enfoque psicológico.
El conjunto de cinco relatos agrupados en este libro, que además lleva añadido el relato Historia de la aldea de Goriújino, escrito un año antes, en 1830, marca el inicio hacia el realismo, y fueron escritos en su retiro en la aldea de Bóldino, su época más fecunda, según el introductor del libro, en cuya opinión “narrar es envolver, cautivar al lector con los hilos de una trama y así construir la verosimilitud de una ficción que se nos aparece, justamente gracias a este arte, como una nueva realidad.”


En cuanto a su manera de escribir, Pushkin es preciso y concreto. Afrancesado, como tocaba, Voltaire es su modelo. Adapta a la manera de ser rusa el modo de expresión de Sterne o de Hoffmann. En los Relatos hay romanticismo y hay, a la vez, toques realistas. Su descripción del maestro de postas, sus descripciones de la vida campesina, los paisajes, son realistas. Pero la acción es romántica: el tema central es el honor. El honor, como noble que es, lo ha aprendido en la cuna. Y en la ficción y en la vida real, es el tema que más le preocupa.

Pushkin imagina un personaje Iván Petrovich Belkin, que es quien supuestamente escribe los relatos, que son rescatados por el narrador tras la muerte de Belkin. El primer relato, El disparo, es un tema clásico, que me recuerda mucho el relato Los Duelistas, escrita por Conrad en 1907, porque le veo mucho en común. Probablemente Conrad había leído a Pushkin, porque hay algo pushkiniano en esa narración.
El fabricante de ataúdes oscila entre un humor negro y un crudo realismo; La señorita campesina es una fresca narración romántica; La ventisca, que en algunos momentos llegó a evocarme Washington Square, de Henry James, tiene un punto de fatalismo, pero sigue manteniendo el toque romántico.
Y por último, el relato (inconcluso) añadido en esta edición, Historia de la aldea de Goriújino, es bastante autobiográfico, me parece estar leyendo su propia vida, cuando va a la propiedad que al morir sus padres pasa a ser suya. Y se encierra a escribir. La descripción de la casa, de los siervos, de los alrededores y de sus costumbres una vez instalado, son su misma vida.

04/12/09

RED LIBRE

He recogido este texto con el que estoy completamente de acuerdo y lo publico a mi vez:
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este texto se publica multitud de sitios web.
Si estás de acuerdo, publícalo también en tu blog.

27/11/09

NUESTRO HOMBRE EN AFRICA

BAMBOO

WILLIAM BOYD













Reseña previamente publicada en Ciberanika.com:
http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=/letras/B/p04989.ascx



William Boyd (Ghana, 1952) es un autor británico (escritor, guionista, director de cine) de origen escocés, nacido en África, donde pasó su infancia, hasta que en su preadolescencia sus padres lo enviaron a un internado en Escocia para que se educara y entrara en los moldes británicos. Después de pasar años viajando de África a Escocia en vacaciones, pasó toda su temporada escolar del modo contrario: viajando de vacaciones a África, donde vivían y trabajaban sus padres. Tras acabar sus estudios en Oxford se estableció en Europa. Primero Francia y posteriormente, Londres. Publicó su primera novela, Un buen hombre en África, en 1981, luego ha publicado más de una docena de libros, y recibido unos cuantos premios literarios.
Boyd, cuya imagen, de semblante amable y pacífico, no en balde ocupa la portada del libro: Bambú es una recopilación de diversos escritos en los que se transluce su personalidad, sus ideas y sensaciones, sus recuerdos y sus reflexiones sobre arte y literatura, su vida, fondo de esta colección de textos, reseñas, prólogos, algunos explícitamente autobiográficos, otros de modo implícito. Los textos se agrupan en seis apartados, según el tema de que se ocupen.

Boyd es para mí como un amigo un autor afectuoso y cordial; y con estos textos se nos aproxima aún más, nos habla como muy cercano, susurrando historias, recuerdos, ideas. Nos los cuenta como si estuviéramos cómodamente sentados al lado de una fogata de campamento, en la sabana africana, en una noche austral, o ante un fuego de hogar en una lluviosa y fría noche escocesa.
En el primer bloque de textos, De la vida, claramente autobiográfico, Boyd nos habla de su infancia africana, feliz, despreocupada, así como de sus años escolares, donde su trayectoria es la corriente en ese tipo de instituciones, los internados británicos, ni muy destacado ni poco, simplemente uno más. Cierra el apartado con una maravillosa semblanza de Londres, increíblemente tierna y crítica a la vez.
En el segundo, De la literatura, nos habla de unos pocos autores, pero cuya influencia le es grata: Evelyn Waugh, autor que admiro también, y del que presenta una imagen que desconocía, relacionando su vida con su obra, ya que las considera íntimamente trenzadas. Otros son Cyril Connolly, una antítesis de Waugh, y Chejov, al que le dedica jugosos capítulos (prólogos a libros suyos y una reseña), es, igualmente un autor cuya vida y obra se entrelazan. Dedica un extenso pero claro y conciso texto a analizar el concepto de “relato”, relacionándolo con los autores que han dedicado su obra más a esa forma literaria que a la novela o al drama.
El tercer bloque, Del arte, trata sobre cómo se organiza una exposición (por su participación en una de ellas) y analiza muy atinadamente las distintas posibilidades de la fotografía en un texto que sirvió de introducción a un libro sobre fotos anónimas. Este texto me ha resultado especialmente ilustrativo.
En el cuarto, De África, sobre el injustamente ajusticiado escritor todoterreno africano Ken Saro-Wiwa, que fue su amigo y al que rinde un homenaje con estas letras.
Del cine es el quinto apartado, y cuenta su andadura como director de La trinchera, película inspirada en la vida de su tío abuelo Sandy, que pasó dos años en las trincheras francesas en la Gran Guerra. Siguen textos sobre su trabajo cinematográfico, su experiencia en el festival de Cannes, etc.
Y por último, De personas y lugares con el que cierra el libro, es una mezcla de distintos escritos: sobre Chaplin, la Duquesa de Windsor, Ian Fleming, etc.
En suma, un repertorio de escritos variopintos con interés literario y humano, que se pueden leer en distintos momentos, y que suponen una amable conversación con un buen escritor y una persona de muy agradable charla.

CARAVAGGIO VISTO POR CAMILLERI

EL COLOR DEL SOL
ANDREA CAMILLERI







Reseña previamente publicada en:
http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=/letras/C/p05013.ascx

Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925), escritor y guionista italiano especializado en novela policíaca y creador del famoso comisario Montalbano, en el 48, después de abandonar los estudios de Letras, estudió Dirección y Arte dramático, trabajando durante cuarenta años como guionista y director de teatro y televisión, mientras que a la vez publicaba poesías y cuentos. En el 78 empezó a publicar narrativa, sin gran éxito, pero a partir del 92, tras un lapso de espera, vuelve a la narrativa con La temporada de caza, y he aquí que el éxito le llega, finalmente, y no le abandona.
Ni El color del sol es una novela policíaca, ni la protagoniza su héroe Montalbano. Es una pieza especial, en la que él (Camilleri) mismo figura como personaje introduciendo, mediante una fabulación algo intrigante, unos supuestos diarios de Caravaggio, pintor al que profesa gran admiración. El los diarios, que ni siquiera lo son, ya que se trata de retazos de ellos, supuestamente rescatados y copiados por él en circunstancias misteriosas y nada claras, Caravaggio habla de diversos sucesos que le ocurrieron en su estancia en Malta y en Sicilia, y de sus pensamientos, emociones, visiones y pesadillas, su manera de pintar, en fin.
La edición incluye 12 magníficas reproducciones (en color y papel cuché) de pinturas de Caravaggio, ilustrativas de lo que se relata en los textos.

Es mi primer contacto con Camilleri y parece que he venido a dar con un libro absolutamente atípico, en el conjunto de su obra. Sin embargo, es un libro que he leído de un tirón, que me ha atrapado y que me ha hecho recordar la biografía de este trágico pintor, pero esta vez viéndola con sus propios ojos, como Camilleri nos lo presenta, al darle forma de diarios. Al parecer, El color del sol surgió de la invitación efectuada por el Düsseldorf Museum Kunst Palast (Alemania) para que escribiera un relato sobre Caravaggio para una exposición que iba a celebrarse en los últimos meses de 2006. Camilleri aceptó al saber que junto a las telas originales del pintor se iban a exponer algunas imitaciones, y esto le inspiró a escribir un "falso diario" del maestro.
Caravaggio me resulta un pintor que me produce a la vez atracción y repulsión. Es un artista como la copa de un pino, que sin embargo estaba invadido de un mundo oscuro, morboso y tenebroso; su vida estaba llena de violencias y desgracias, una vida itinerante y desvalida, y sin embargo fue capaz de pintar obras magníficas y maravillosas, introduciendo brutalmente el claroscuro como técnica en la pintura barroca. Su huida de la prisión de Malta donde estaba confinado, su eterno vagar de ciudad en ciudad, a pesar de las ayudas que recibía, siempre huyendo, unas veces perseguido por sus propios actos violentos o por sus amores no muy ortodoxos, y otras por envidias e injusticias contra su persona, lo cierto es que configuran una vida de artista maldito. Y en estas breves pero densas páginas se nos muestra con toda su fuerza.

22/11/09

ELIA KAZAN: DOS PELÍCULAS ESPLÉNDIDAS

Descubro hoy dos películas que no conocía (¡cuán grande es mi ignorancia!) de Elia Kazan (1909-2003), cineasta norteamericano de origen griego, autor de las siempre recordadas Un tranvía llamado Deseo, Ley del silencio, Viva Zapata, El Compromiso, y muchas otras con las que este gran cineasta, (cuya carrera se vio trastornada y alterada por su posición en los juicios del senador MacCarthy) pero que si analizamos su obra, vemos nos ha dejado una filmografía inmensa y verdaderamente importante. En la medida en que acabo de descubrir ambas, que no había visto hasta ahora, me he sentido impelida a hablar de ellas conjuntamente, ya que ambas pertenecen al mismo director aunque a épocas diferentes, pero en las que podemos apreciar su maestría y buen hacer cinematográfico, así como descubrir unas emociones, unas ideas y unas descripciones de la sociedad y de las personas en concreto que nos parecen entrañables.

LAZOS HUMANOS (A TREE GROWS IN BROOKLYN) 1945.
Reparto: Dorothy McGuire, James Dunn, Joan Blondell, Peggy Ann Garner, Lloyd Nolan, James Gleason, Ted Donaldson, Ruth Nelson.














Primera película de Kazan, tras sus años en el teatro, del que podemos encontrar rastros en esta obra. Basada en la novela de Betty Smith y con guión de F. Davis y T. Slessinger, con una discreta fotografía a cargo de L. Shamroy, y producida por la 20th Century Fox. Sin apenas exteriores, toda en estudio, traza el mundo de los inmigrantes irlandeses que se van abriendo dura y dolorosamente camino en la sociedad americana. Una familia donde el padre, un magnífico James Dunn, representa un fracasado, músico free-lance, un todoterreno que lo mismo canta que trabaja de camarero, pero cuya afición a la bebida le pierde. La madre, una espléndida Dorothy McGuire, una mujer amargada y endurecida que se mata a trabajar para sacar adelante a la familia y suplir las carencias de su marido, al que ama profundamente pero recrimina su falta de coraje para salir adelante. Y el papel estelar lo lleva la niña, ese árbol que crece en Brooklyn, (título original, mucho más adecuado que el elegido en español). Peggy Ann Gardner hace su papel impecablemente. Por un lado fascinada con su padre, cuyo carácter imaginativo, extrovertido y alegre convierte a todos en amigos suyos, y por otro resentida contra su madre por amargarles le vida recordándoles sus obligaciones y obligándoles a pisar tierra. La adolescente tiene ansias de progresar, de salir de esa triste vida llena de miserias y elevarse a niveles culturales a los que se siente capacitada, pero las condiciones de vida no se lo permiten, lo que lleva finalmente a su padre a una dramática situación. Pero la vida empuja, y la niña consigue salir adelante, y al madurar comprende el esfuerzo de la madre y su amargura, dándose cuenta de que hay amor en el fondo de todo, pero que ante la vida hay que tomar decisiones que a veces son muy desagradables y que no son entendidas por los menores.
La vida del vecindario, los familiares, la hermana y sus novios, los amigos, el policía de barrio, entre todos crean un clima que expresa muy bien la situación de esos personajes que intentan con un gran esfuerzo levantar cabeza en un mundo hostil y duro. Y que lenta, muy lentamente van echando raíces, van creciéndose y rompiendo el asfalto buscando aire donde expandir sus ramas y sus hojas, donde fructificar.
Es una opera prima y sin embargo podríamos clasificarla ya como un clásico.

FUGITIVOS DEL TERROR ROJO (MAN ON TIGHTROPE) 1953
Reparto: Fredric March, Gloria Grahame, Terry Moore, Cameron Mitchell, Adolphe Menjou, Richard Boone, Robert Beatty

Basada en la novela de Neil Paterson, con guión de R.E. Sherwood, la fotografía de G. Kraus, música de F. Waxman y producida igualmente por la 20th Century Fox. El espantoso título colocado en la España franquista en los años cincuenta, en plena guerra fría, no corresponde en absoluto al original, mucho más adecuado a su contenido: HOMBRE EN LA CUERDA FLOJA, que juega con el equilibrio en que ha de moverse el protagonista, (un maduro e inmenso Fredic March) antiguo propietario y actual director (por dictamen del Estado soviético) de un circo en la Checoslovaquia ocupada y controlada por los comunistas; por un lado, y por otro, los equilibrios que como hombre de circo ha de hacer en su propio mundillo, los problemas que tiene con su mujer, (una aún terriblemente atractiva Gloria Grahame), con su hija (Terry Moore), con las autoridades (un siempre elegante y anciano Adolphe Menjou), con el director del otro circo, la competencia, y con el resto de la troupe circense, caótica pero unida en una piña frente al otro mundo, a la sociedad hostil en la que se mueven y a los que hacen reír y distraen con sus miserias. La trama es una intriga en la que nada es lo que parece ser, y como en el circo todos llevan un disfraz hasta el momento final, sorprendente, surrealista, increíblemente imaginado. Película que pasó sin pena ni gloria, pero que al verla ahora nos damos cuenta de su verdadero valor, sacándola del contexto político del momento, y mirándola con una visión más amplia que nos da el paso del tiempo y las vueltas de la historia.



21/11/09

VELADA LITERARIA VALENCIANA

PRESENTACIÓN EN VALENCIA DEL ÚLTIMO LIBRO
DE LA TRILOGÍA DE SANTIAGO POSTEGUILLO: LA TRAICIÓN DE ROMA.












En la sala multiusos de la FNAC de Valencia tuvo lugar ayer 20 de noviembre, la presentación del último libro de Santiago Posteguillo. Precedió una intervención de Antonio Penadés, autor de El Hombre de Esparta y a punto de estrenar nuevo libro.
La sala estaba a rebosar, los asientos cubrían unas 60 plazas y en el hueco de pie podrían haber unas 15 personas más. Como el personal mayoritario se iba a cenar en grupo, me fue delegada a mí (que no participé de la cena) la misión de informar sobre el evento. Tomé bastantes notas, pero he de decir que no entiendo casi nada de lo que escribí, ya que lo hice en condiciones algo incómodas y la letra es irreconocible. Así que confío en que la memoria no me traicione demasiado y consiga hacer un buen recuento de lo que se dijo, que fue mucho y muy acertado, en mi opinión.

Comenzó Penadés, (que acababa de llegar de un simposio sobre novela histórica, organizado por la Fundación Luis Goytisolo en El Puerto de Santa María) presentando a Posteguillo y después denostando sobre la proliferación excesiva y masificada de productos clasificados como “novela histórica”, que están saturando mercado y lectores, hasta el punto en que crean verdadero hartazgo y deforman la idea de lo que básicamente puede considerarse novela histórica. Sobre la obra de Posteguillo, la puso en un nivel muy alto, considerándole como el mayor escritor español de novela histórica, en cuanto a la calidad y cantidad de su obra, si dejamos aparte, por supuesto, a Don Benito Pérez Galdós, cuya magna obra, según Penadés, no puede considerarse propiamente novela histórica, por escribir sobre hechos demasiado cercanos al escritor.
El grueso de la intervención fue del propio Posteguillo, que ya tiene tablas más que suficientes, tanto por su hábito de dar clases como por la cantidad de intervenciones en público publicitando su obra.
Nos habló, muy claramente exponiendo cómo el escritor se enfrenta a una obra de este calibre. Un escritor de novela histórica, ante todo, debe entretener; es decir, es un novelista, no un historiador. Pero al elegir este tipo de novela, también debe atenerse a la historia; tres clases de fuentes dan de beber al novelista histórico: fuentes primarias, es decir, si se dispone del testimonio de algún testigo de los hechos. En este caso, Roma tuvo muchos testigos que escribieron sobre lo que vieron. Fuentes secundarias, refiriéndose a aquellos historiadores que hablan sobre el tema que se quiere abordar. También los hay, y muchos. Y por último, las fuentes experimentales, con lo que se quiere referir a aquellas experiencias personales, contacto con museos y las piezas observadas allí, talleres de recreación histórica, o excavaciones arqueológicas, donde uno puede tener en las mismas manos un trozo de cerámica, una tablilla o cualquier otra pieza que estuvo hace tantos y tantos siglos en otras manos, las manos que la construyeron o las que la usaron. También viajar a los lugares que se van a novelar es otra de las fuentes experimentales.

El escritor, pues, dispone de todas esas fuentes; pero ocurre que hay, a pesar de todo, vacíos, espacios de tiempo en la vida de los personajes, de los cuales no disponemos de ningún dato. Generalmente corresponden a la vida privada, a la domesticidad de los personajes. Qué vestían, qué comían, qué relaciones tenían en familia, con quién hacían el amor o con quién disputaban en privado. Aquí el novelista entra en acción y surge la ficción, la creación literaria propiamente. Pero el autor, dentro de un margen de libertad, ha de ser verosímil en su creación. Lo ficticio ha de ser creíble por la época y el lugar en que se sitúa la acción. Con lo que ha de llevar un cuidado exquisito para no meter el remo con un anacronismo o con algo que por lógica, no pudiera ocurrir de ese modo.

En resumen, según Posteguillo, de las preguntas que el hombre se hace, ¿de dónde venimos? Y ¿adónde vamos?, la novela histórica contesta a ambas. La primera la contesta hoy respecto del pasado. La segunda la contestará en el futuro respecto del presente. A mí se me ocurre que, si recordamos la exposición kantiana, que fue quien formuló estas preguntas como las básicas de la filosofía, hay una pregunta más: ¿Quiénes somos? Y a mi juicio, también la novela histórica, si nos habla de la cultura de la que procedemos, puede contestar a esta última pregunta. Porque lo que nosotros somos hoy nos viene del pasado, somos un resto del pasado, y un germen del futuro. Y además, porque el hombre, la humanidad, sea en Roma, o en la actualidad, tiene la misma esencia: las mismas emociones, los mismos deseos, ideales, placeres y dolores, virtudes y vicios. Los mismos problemas de soledad y de felicidad, ansia de poder y deseo de paz.
Y de todo ello nos habla Santiago Posteguillo con tres inmensos tomos en los que la historia de la Roma pre-imperial se nos presenta ante nuestros ojos y nuestra imaginación, y los personajes reales desfilan realizando sus hazañas, ganando o perdiendo batallas, viendo morir a sus padres o nacer a sus hijos.
Posteguillo está ya trabajando en su nueva novela, de la que aún está casi todo por hacer y de la que nos hablará cuando llegue el momento. Por ahora, la vida de Escipión el Africano, Aníbal, y muchos más la tenemos en nuestras manos en los tres libros: Africanus, el hijo del cónsul; Las legiones malditas, y La traición de Roma.
Auguramos un completo éxito a este último tomo de la trilogía, a juzgar por el amplísimo eco de público que han tenido los dos tomos anteriores.

15/11/09

RECUERDOS DE LA ERA ANALÓGICA.

Somos de la misma sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir.
Shakespeare, La tempestad

El texto que sigue ha sido publicado previamente en Anika entre libros. (enlace: http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=/letras/T/p04963.ascx)

Daniel Tubau, que suele hacer suyo el comentario de Groucho de no pertenecer a ningún Club que le admita como socio, cuenta con un larguísimo currículo de más de veinte años de experiencia como guionista y director en decenas de programas y series de televisión en España y Argentina. También ha trabajado en el Departamento de Proyectos de la productora Globo Media, ha sido vocal de la Comisión de Películas del Ministerio de Cultura, colaborador del MediaLab de Madrid, periodista y escritor. Actualmente trabaja como guionista freelance e imparte cursos y master para guionistas en el Instituto de RTVE, Ondas Escolares y Universitarias, la Universidad Juan Carlos I o la productora Globo Media. Es un todo terreno, culturalmente hablando. Sus dos libros anteriores son Las paradojas del guionista y La verdadera historia de las sociedades secretas.

El libro que nos ocupa, absoluta novedad, es francamente original. Formado por una colección de textos supuestamente encontrados en un futuro muy futuro, de los que se ocupan un grupo de antólogos, que van comentando cada texto, prologándolo, enmarcándolo o explicándolo según las coordenadas del pasado (que es nuestro presente o incluso nuestro futuro) es inclasificable. No sabemos nada de la época en la que viven los antólogos, lo que sabemos es que ellos investigan en su pasado, en la era analógica, y tratan de conocer la temática y los problemas del momento en que la digitalidad irrumpe y cómo responden los humanos ante ella. Los textos recopilados son variopintos, algunos son simples retazos, discontinuos, otros son como un pequeño relato, unos versan sobre arte, o sobre filosofía, en general todos están marcados por un toque cientifista, o mejor, de filosofía de la ciencia. Las cuestiones que se plantean son de carácter ontológico, diría yo, pero planteadas de un modo en el que todo aquel que tenga unas mínimas inquietudes pueda interesarse.
Es el cuarto volumen de la colección Evohé Narrativa, de una editorial emergente que tiene mucho que ofrecer, muchos proyectos y que ya nos ha dado suficientes muestras de a dónde es capaz de llegar.
Me ha parecido un libro muy atractivo. Un verdadero descubrimiento. Los textos sugieren, plantean preguntas, enlazan con otros textos, con otras ideas, en fin, es como un rompecabezas, un cubo de Rubik que hay que ir recolocándolo y en el que todo va a ir encajando y a la vez llevándonos a otras cosas. Un universo lleno de universos, de puertas abiertas, de mundos paralelos, donde la ficción sólo se distingue de la realidad por una línea tan fina que hay que mirar muy bien dónde pisamos, porque de un salto, como Alicia, podemos pasar al otro lado del espejo.
Reflexiones interesantísimas, como las que nos plantea el relato Gabor, que nos hace pensar sobre el arte, sobre la identidad, sobre la copia y la obra única, tema que también se plantea en Picasso y los indiscernibles; otro relato, Vidas Vicarias nos trae ecos de Desafío Total, la película de Verhoeven, en cuanto a la posibilidad de implantes cerebrales que nos permitan vivir otras vidas...en otros cuerpos. En el texto Que nada se crea, reflexionamos con el autor sobre Platón y el eterno retorno, la inmortalidad y los dobles mundos.

Pero todo lo hacemos de un modo natural, sin academicismos ni tecnicismos cientifistas; tampoco hay planteamientos morales explícitos, lo cual es muy de agradecer: son reflexiones llenas de sugerencias, a las que todos podemos tener acceso, simplemente manteniendo abierta nuestra mente y nuestros ojos.
Otro punto de referencia, (ayudarnos a enmarcar el libro) en mi opinión, sería Borges; también Wittgenstein. Y por supuesto, el propio autor, cuya larga trayectoria le permite autorreferenciarse. Lo cual le coloca en la tradición contemporánea de un Sebald, un Auster, un Philip Roth. Y a los clásicos: Platón, Leibniz, los racionalistas, por supuesto, pero de un modo muy cotidiano, entroncándolo en nuestra vida diaria, por supuesto, una vida en la que salimos un poco del minimalismo de supervivencia y nos planteamos aquello que Kant consideraba como preguntas básicas: quiénes somos, de dónde venimos, y adónde vamos...

La edición incluye fotos en color de pinturas picassianas, y un desplegable en papel cuché, a modo del Talmud, en el que un texto central se interrelaciona con otros muchos textos, comentarios, citas, conformando un hipertexto lleno de alusiones, enlaces y sugerencias que nos abre miles de puertas, y por las que somos libres de transitar, de entrar y salir a nuestro gusto...y estamos encantados de hacerlo.
Espero que os sintáis atraídos por el texto y lo leáis.

11/11/09

EL MAR, MI MAR

Hoy he seleccionado una pequeñísima muestra, algunos textos del encantador libro de Fernando de Villena Los siete libros del Mediterráneo, cuyas reseñas se han publicado en Hislibris: http://www.hislibris.com/los-siete-libros-del-mediterraneo-fernando-de-villena/ena/


EL MAR, LA VIDA...
La Vida es no pensar,
no sentir ni deseos ni temores;
la vida en plenitud ya no precisa
ni siquiera palabras;
basta el Mediterráneo:
contemplar muy despacio a cualquier hora
un fragmento de azul o tal vez negro
si la noche es cerrada...

La Vida es pasear por esta orilla
o acaso por aquella que está del otro lado
sin ni siquiera pasos y sin prisas
hasta cerrar el círculo.

Aqui se acaba el mar o aqui comienza.
El pasado, el presente, lo futuro,
tú, yo mismo o cualquier otro vocablo
carecen de sentido por completo.
Somos el mar, el mar, cielo invertido.


EL MEDITERRÁNEO

Vincularé tu nombre al mío humilde,
tu nombre azul y altísimo
de sueños y de gestas,
de dioses y de efímeras banderas...

Tu nombre, sí, tu nombre, mar sagrado
mar venerable y nuestro,
sabio Mediterráneo
carcelero de fustes y denarios
que en fantasmas trirremes
son teatro a la danza de las algas,
al salto de los pulpos,
a la huida argentina de los peces
hacia grutas de sombra
donde su pena esconden y vergüenza
sirenas derrotadas...


LOS ESTRECHOS

Al cruzar los estrechos evocaba
el angustioso paso
de aquellos Argonautas por los mismos
según nos lo refiere
Apolonio con versos admirables.
Era entonces ignoto y misterioso
nuestro Mediterráneo:
sirenas, leviatanes, hechiceras,
cíclopes y centauros lo poblaban;
puertas tenía al reino de los muertos
y rústicos santuarios
donde escuchar dejaban a los hombres
su voz los Inmortales.













04/11/09

EXPOSICIONES OTOÑALES II

Ya que me extendí bastante con la exposición anterior, trataré de ser un tanto más concisa con las siguientes. La otra muestra del Thyssen es la de Fantin-Latour (1836-1904). La exhibición ha sido organizada por el Thyssen en colaboración con el museo Calouste Gulbekian de Lisboa, y consta de 70 pinturas, dibujos y grabados.

Es éste un pintor poco conocido por el gran público español, ya que no se ha mostrado apenas su obra de modo monográfico, sino siempre en colectivas, donde podíamos ver algunas, siempre las mismas: las conocidas como El estudio, donde se podían ver agrupados literatos y artistas contemporáneos suyos, observando al pintor o alrededor de una mesa, de tertulia. pero este artista presenta una amplia obra, a caballo entre el realismo y el impresionismo, en una línea cercana a Manet, y al primer Degas, diría yo. No es un primera fila, pero tiene oficio, sus retratos son muy acertados y preciosos sus bodegones de flores, aunque las alegorías musicales y poéticas sean su parte más floja, para mi gusto.
Lo que más me ha gustado de todo el conjunto ha sido la sala dedicada a la lectura. Hay unos deliciosos cuadros con dos figuras femeninas en cada uno: la que lee y la que escucha. Y las expresiones, posturas y el ambiente intimista de las pinturas, atrae y atrapa.
Y una sobre todo me emocionó: se trata del retrato de Sarah Elizabeth Budgett, titulado "El estudio". Una mujer, con pincel y paleta en las manos, reflexiona ante un lienzo en blanco, se reclina en su asiento, mirándolo pensativa; podemos ver su indecisión ante la blancura de la tela, calibrando cómo y por dónde empezar, reflexionando acerca de qué hacer...Me trajo muchos recuerdos, porque he vivido tantas veces ese momento, que no pude más que sentirme identificada ante esa imagen.















01/11/09

EXPOSICIONES OTOÑALES

Este fin de semana hice una brevísima estancia en Madrid, que aproveché completamente. Saltando entre zanjas y trincheras, huyendo del fragor de las taladradoras y tratando de no tragarme todo el polvo que las excavadoras y otros instrumentos diabólicos enviados por un alcalde obsesionado con agujerear la ciudad y dejarla como un gruyère, consideré lo más adecuado pasar gran parte de mi preciosa y corta estancia en el interior de los museos y salas expositivas, admirando las maravillas de diversas exposiciones artísticas De todas las que pude ver, hoy quisiera hablar de Las lágrimas de Eros, en el Museo Thyssen.
Sólo pude contemplar la exposición del Museo, no la sección expuesta en CajaMadrid. El tema, muy explícito en su título (basado en una obra de Bataille), versa acerca del impulso erótico, en sus dos polos: la vida (Eros) y la muerte (Thanatos): el deseo y la repulsión, la atracción sensual que oscila entre placer y dolor.
Las subsecciones por salas en que se divide muy atinadamente esta exposición, (dirigida -comisariada- por Guillermo Solana), son siete, basadas tanto en temas mitológicos como de la tradición bíblica. Al entrar, unas enormes lágrimas de cristal y una fotografía llorosa de Man Ray.
El nacimiento de Venus es el tema de la primera sala, donde podemos admirar un pequeño grupo de Rodin, y diversas pinturas y fotografías. Me gustó mucho una bañista de W. A Bourgereau, en gran tamaño, que me recordaba otras pinturas semejantes, de Ingres. Y cuyo movimiento corporal trae ecos también dela gran Venus de Botticelli, surgiendo de la espuma marina.
Tras la versión mitológica, viene la bíblica: la figura de Eva y la inevitable serpiente: y aqui encontramos una serie de pinturas, fotografías de gran tamaño , de las que destacaré una maravillosa y jovencísima Nastassia Kinski fotografiada por Richard Avedon, la deliciosa y sugerente pintura de Rousseau La encantadora de serpientes, surgiendo con su flauta entre el verdor exhuberante de la jungla. Hay otras pinturas, Gustave Moreau y sus transparencias misteriosas, J. White con otra gran fotografía serpentina a Rachel Weisz, un duro desnudo de Patti Smith en una fotografía de Mapplethorpe...
La tentación, la seducción, se representa en las dos siguientes salas: Esfinges y sirenas es el tema de la tercera sala, donde una contorsionista Kate Moss sirve de modelo para una escultura en bronce blanco (no es mi preferida, pero llama la atención) de Marc Quinn. Pinturas de Courbet, Delacroix, Magritte...La siguiente se ocupa de Las tentaciones de San Antonio, volviendo al tema bíblico, y admiramos un pequeño Cezanne, un grabado altamente erótico de Picasso, y algunos otros más. No es la sala que más me ha gustado, sin embargo.
A partir de aqui ya se trata de la culminación del erotismo, y en algunos casos se percibe una cierta violencia ritual , una dominación:
El Martirio de San Sebastián, tema tradicionalmente homosexual, donde destacaría un Ribera y un Moreau, muy distintos entre sí y contrastados. Hay un cuadro (no recuerdo el autor) en el que una madura mujer limpia las heridas de las flechas de un postrado Sebastián, y justo enfrente, una fotografía, del mismo tamaño que la pintura, reproduce las posturas y los gestos y el escenario de esa pintura muy fielmente. El equivalente en femenino, Andrómeda encadenada, ocupa la sala siguiente, y una impresionante Andrómeda de Gustavo Doré, con monstruo incluido,impacta al espectador.

El beso es la última sección y tenemos, entroe otros muchos, un pequeño Magritte, otra versión de Los Amantes, esas dos cabezas cubiertas de velos que sepreparan para besar, ese amor ciego...Una aguada de Gericault, con un beso muy seductor, previo a la entrega total, atrae y cautiva. También un pequeño Warhol en donde Bela Lugosi, caracterizado de Drácula, hinca el diente a una dama en un sangriento beso en blanco y negro. Otro beso vampírico lo protagoniza una pintura de Edvard Munch, muy sugerente.
Y la sala final, ocupada por los vídeos, es la que más me impactó, sobre todo, el de Bill Viola, una joyita de 8 minutos, creo, en la que una pareja desnuda, dentro de unas aguas azulverdosas se mueven lentamente, girando sin apenas rozarse, subiendo y bajando, saliendo a respirar a la superficie y voviendo a sumergirse, en una danza erótica y estética deliciosa, que acaba hundiéndose las figuras hasta desaparecer y quedando unas burbujas solamente. Este vídeo me impactó por su sencillez y su belleza.
En una próxima entrada comentaré la exposición de Fantin-Latour
que ocupa los sótanos del Museo Thyssen.






































































28/10/09

LECTURA NOSTÁLGICA




A ORILLAS DEL ALTO YANG TZE
(Young Fu at Upper Yang Tze)
Elizabeth Foreman Lewis

Traducción de María Sepúlveda
Ilustraciones de K. Wiese.

Encontré este libro, una edición de 1942, poniendo orden en la biblioteca de mi madre, tras su fallecimiento. Recuerdo, en los últimos tiempos, de haberla visto con él en la mano. Era muy aficionada a la lectura. Las páginas, gruesas y amarillentas, hay que tratarlas con cuidado. Conforme iba leyendo, me iban apareciendo retazos maternos: un recorte de periódico con una receta de cocina; un pétalo de flor aplastado e incoloro ya; un antiquísimo resguardo de la compra de un electrodoméstico; hasta un cabello blanco me apareció, como una última presencia física de mi madre. Su nombre aparece en la primera página, con la fecha de 1950, dos años antes de concebirme. Quizás lo leyó entonces o quizás lo leyó mientras esperaba mi llegada a este mundo. Pero las preocupaciones de mi madre, que gustaba de leer sobre sitios exóticos, también se cernían sobre la infancia y la juventud, en esos años en los que mis hermanos eran adolescentes, y probablemente ambas cosas le atrajeran del libro.
Es ésta una novela de iniciación. Considerada durante mucho tiempo como una lectura para jóvenes, pertenece a ese tipo de narrativa que, a la vez que nos cuenta una historia descubre un transfondo moral. Ambientada en Chungking, en los años veinte, nos cuenta el paso de la adolescencia a la juventud de Fu, un chico de pueblo que, a la muerte del padre se traslada a la ciudad para trabajar en un taller de caldereros. Y a la vez nos cuenta el paulatino paso de la vieja a la nueva China, que observa las novedades con temor y con reticencia, pero las novedades avanzan y se asientan, como una apisonadora.

Elizabeth Foreman, (Baltimore,1892-1958), fue a China en 1917, para colaborar con una Misión Metodista, supervisando y trabajando como profesora en diversas escuelas de Shangai, Chungking y Nanking. En ésta última ciudad se casó con John Lewis, en 1921. Trabajó durante unos años allí hasta que, por motivos de enfermedad hubo de regresar a su país, donde se dedicó a escribir basándose en sus experiencias chinas.En 1933 ganó el premio Newbery por esta novela, en la que incluso se incluye de modo indirecto como personaje secundario, como "la extranjera de pelo amarillo que trabaja en la Casa Extranjera".

La narración nos habla de un chico, Fu, un ingenuo niño de 13 años que llega a la ciudad y queda deslumbrado de su esplendor, tan diferente del tranquilo campo y de las costumbres ancestrales a las que está habituado. Su madre consigue una pobre habitación y un miserable trabajo, con el que complementar el aprendizaje del niño en el taller. El chico encuentra un segundo padre en su jefe, Tang, el dueño del taller, respetable y a la vez cariñoso con él. Wang, un vecino letrado, le ilustra con el idioma y su dificilísima interpretación; su compañero, Li, es un amigo fiel y se ayudan en lo posible. Pero todo no son rosas y el chico va encontrándose con problemas derivados de su ingenuidad y también de la mala fe de otros, y de la situación política, muy revuelta en esos días. Soldados, bandidos, delincuentes, jugadores, activistas políticos, desfilan por las páginas del libro, profusamente ilustrada con grabados de Wiese. Estos problemas son los que le hacen madurar, ya que se enfrenta a ellos y no rehuye su responsabilidad ni su castigo. También con los años el chico madura y se convierte en un joven jornalero fuerte y con iniciativas, lo que le augura un futuro prometedor.

Así, tenemos una pintura de la China prerrevolucionaria, a caballo entre la tradición y el progreso, donde las ideas comunistas van apareciendo a la vez que los primeros autobuses y coches de motor; entre dos universos, Oriente y Occidente, donde los extranjeros occidentales son vistos en general como un peligro, como fuentes de mala suerte, pero a la vez como generadores de ayuda y novedades; y en este escenario es donde crece y se desarrolla la vida; una vida que es como en cualquier otra parte: una vida humana, corriente, con los problemas implícitos de la iniciación: los deseos, las obligaciones, el amor, la familia, los amigos, el equilibrio entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, etc.

Y sobre todo, China: ese inmenso país, el modo de vida tradicional de sus habitantes, sus ideas, sus sueños, sus paisajes: el gran río que rodea la ciudad, a veces discurriendo apacible por sus riberas y a veces rugiendo como un milenario Dragón dormido que de pronto decide despertar.
Un relato sin grandes ambiciones, salvo la de emocionarnos con las penas y alegrías de unos personajes que deambulan por un mundo en profundo cambio, un mundo que a los occidentales nos parece exótico y ancestral pero a la vez atractivo precisamente por su diferencia. Y contado desde la óptica del joven Fu, y desde la óptica china, en la que la autora consigue introducirse de un modo bastante creíble, intentando dejar de lado su perspectiva occidental y tratando de ver el mundo como lo vería Fu.











12/10/09

EXCURSIONES MARINERAS




















Estos días festivos los he vuelto a pasar junto al mar; han sido unos días con un tiempo muy dulce, casi veraniego, aunque con frescor nocturno. Y he aprovechado para acercarme a esa punta oriental, esa nariz respingona con la que la piel de toro que es el mapa de la Península Ibérica se adentra en el Mediterráneo, Nuestro Mar, tratando de acercarse a las Pitiusas, las islas Baleares menores. La respingona nariz, constituida por el Cabo de la Nao, presentaba un aspecto de espejo, una visibilidad excelente, un cielo absolutamente azul, el reflejo deslumbrante del sol en su hora plena sobre el mar, un mar planchado como si de una pulida superficie se tratase.


















Algunos veleros surcaban suavemente el agua, dibujando rayas de espuma, desplazándose como si fueran etéreos, casi sin viento, porque ese dia era absolutamente calmo. Los oscuros acantilados se reflejaban en el agua verdeazulada, como sombras siniestras y amenazantes, preparándose para cuando venga el oleaje a luchar contra sus rocas. Pero el mar los ignoraba, guardando calma y silencio. Sólo los graznidos de las gaviotas, sobrevolando los farallones y el agua, alteraban el silencio.




















Muy cerca de alli, siguiendo la abrupta costa, por el camino de Benitachell, un pequeño pueblito a pocos kms. del mar, hay alta montaña a la que se sube y se sube por una carretera llena de curvas, y se llega a una urbanización conocida como Cumbres del Sol. Allí hay una cala recoleta, de cantos rodados, a la que se baja por una carretera cuya pendiente es pronunciadísima, y está bordeada por unos acantilados rocosos cuyas piedras parece que vayan a caernos encima en cualquier momento. De hecho, hay unos carteles anunciando ese peligro, en caso de temporal. A un lado de la cala, horadando las rocas durante años, el mar ha creado una gruta preciosa, y además muy apreciada por los buceadores. Cuando fui se encontraba en reposo el agua, pero en otras ocasiones la he visitado con mar embravecido y producía una fuerte impresión ver el agua rompiendo y rugiendo contra las rocas en su eterno entrar y salir. Conozco esa playita desde hace muchos años: la primera vez que fui era muy joven, iba con un grupo, con tiendas de campaña que plantamos en lo alto del acantilado, entonces una deliciosa pinada (ahora una deliciosa urbanización...). Había que bajar andando por la empinadísima carretera, que entonces era un camino de piedras, desconocido y absolutamente solitario. Y cuando llegabas a la playa, el agua estaba transparente, deliciosamente fresca y profunda. La cala, en aquella época era un remanso de paz y una delicia solitaria. Hoy he de reconocer que ese encanto se ha disipado. Aunque el paiseje sigue siendo encantador y subyugante, está tan abarrotado de coches, autobuses, dos chiringuitos y un restaurante, y, por supuesto, cientos de personas, buceadores en grupo, familias con niños, parejas con o sin perros, jóvenes, viejos, extranjeros y autóctonos, gente absolutamente dispar, pero todos interesados en conseguir un hueco en la playa y en el aparcamiento, que, a falta de espacio abajo, se extiende carretera arriba, bajo los pinos y las rocas amenazantes.





















Si en vez de bajar a la cala seguimos subiendo por la montaña, se llega a un mirador maravilloso, desde donde se puede contemplar un paisaje vastísimo. Por una parte, se puede visualizar el Cabo de la Nao, que queda a la izquierda, con sus acantilados, pequeñas calas y pequeños islotes. A la derecha, se observa la costa, sembrada de pequeñas manchas blancas y azules (chalet+piscina) y se distingue perfectamente la gran mole del Peñón de Ifach, en Calpe, que es población cercana. Con gran horror se puede ver el itsmo que une el Peñón con tierra firme, absolutamente lleno de edificaciones de altos pisos. También lo recuerdo antes de de edificaran alli,...pero eso quedó en el pasado. Y con buena visibilidad, como en mi última visita, aún podemos distinguir, tras el Peñón, más lejos, algo neblinoso y agrisado por la distancia, la isla de Tabarca. El viento aqui ya se nota más, y el sol pica por la altura. Te puedes sentar en un pequeño muro de piedra y pasarte un buen rato descansando la vista en el azul, tratando de distinguir dónde acaba el mar y empieza el cielo, en un dia tan calmo como ése.
Es una pena que el paisaje se haya alterado tanto por las urbanizaciones, pero es lo que hay. Cuando buscaba el sitio que recordaba de mis años mozos, me perdí en un par de ocasiones, ya que no era capaz de reconocer el mismo paisaje. Ahora ya he vuelto varias veces, acostumbrada a las nuevas vistas, -a la fuerza ahorcan- y dispuesta a disfrutar del paisaje que, a pesar de todo, sigue siendo inmensamente bello.






02/10/09

MITOLOGÍA E ICONOGRAFÍA EN EL MUSEO DEL PRADO




Leí y disfruté con este libro durante el mes de agosto, y ahora me gustaría que otros disfrutaran también con su lectura. Esta reseña anteriormente ha sido publicada en La2Revelación:




PILAR GONZALEZ SERRANO es la autora de este libro, resultado de años de investigación y de recopilación de datos, de reflexión sobre una gran cantidad de imágenes y de interpretación de sus contenidos. Licenciada en Filosofía y Letras, (sección de Historia), en la UCM, en 1957. Posteriormente se doctoró en Historia, en 1965, con la Tesis Tipología de las ánforas romanas en la Península Ibérica. Profesora Titular de Arqueología de la UCM, en la que ha ejercido su labor docente durante 47 años, hasta su jubilación en 2005. Autora de diversos libros y numerosos artículos de Arqueología e Iconografía clásicas, dirigió varios Seminarios, en especial, el de Iconografía del mundo clásico, cuyo material y reflexiones dieron origen a esta obra. En la introducción, la profesora González nos cuenta con qué placer recuerda aún las clases que recibió del profesor Diego Angulo (toda una institución de la Historia del Arte en España), a pie de cuadro, en el Museo del Prado, los lunes por la tarde cuando el museo estaba cerrado al público. Realmente, semejante privilegio es digno de ser recordado con orgullo y placer.
En cuanto al objetivo de esta obra, ha sido presentar al disfrute visual y la reflexión sobre los mitos en los que se basan, mostrando las obras pictóricas de carácter mitológico que guarda y expone nuestro gran Museo del Prado. La mitología griega y la religión judeocristiana son los dos pilares en los que se fundamenta nuestra cultura, la cultura occidental. Y entiendo que, en la medida en que la representación de los mitos parece encontrarse, en el caso español, en un nivel un tanto más bajo que la iconografía religiosa, poderosísima desde el medioevo, parece oportuno llenar este, no llamémosle vacío, sino desnivel.
El ensayo que nos ocupa está estructurado como sigue: una introducción donde se explica el origen y finalidad de esta investigación, y se da una breve noticia bibliográfica. Un segundo y muy interesante apartado, por los detalles que en él se incluyen, se dedica al Museo del Prado, a su origen y posterior desarrollo y usos, hasta el momento actual. Un tercer apartado desarrolla los conceptos de Mitología y de Iconografía, y un cuarto realiza un breve avance, a modo de resumen, sobre la pintura mitológica en el Museo: sus orígenes y procedencia, los pintores más importantes y los personajes mitológicos representados.
A partir de aquí ya se entra en materia, pasando directamente a hablar de las ¡doscientas doce! obras, catalogadas en apartados por escuelas pictóricas: Española, Italiana, Flamenca, Holandesa, Alemana, y Francesa. No sólo se nos muestra la obra que habitualmente podemos ver en el Prado, sino lo que se viene a llamar el Prado disperso, es decir, obras que han estado en El Prado y ahora están ubicadas en otros museos o edificios o en los fondos del Museo. La autora respeta la clasificación tradicional de los cuadros, por autores y países, que nos resume al principio. Antes de abordar una o un grupo de obras de un artista, reproducidas en pequeño formato, introduce un texto ilustrativo de su vida y obra, para situarnos en su contexto. Por último, se incluye un apéndice explicativo de los personajes mitológicos, su autoría y clasificación, y, naturalmente, una extensa bibliografía.


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En cuanto al apartado Mitológico-Iconográfico, se ocupa en primer lugar de la definición el mito a la manera clásica, no en su versión amplia actual. Según otro estudioso del tema mitológico, Carlos García Gual, podemos definir el mito como un relato, una narración que puede contener elementos simbólicos, pero que, frente a las imágenes de carácter puntual, se caracteriza por presentar una “historia”. El relato mítico tiene un carácter dramático y ejemplar, siendo el rasgo básico de su representación el antropomorfismo de las fuerzas naturales o de los dioses. La tradición mítica es un fenómeno social, los mitos son “historias de tribu” que viven en el “país de la memoria”. Los límites de la mitología y la religión son algo confusos, y desde luego, el mito está más cerca de ella que de la filosofía, que desde un primer momento se le opuso: razón frente a creencia, logos versus mythos. Pero el mito, a diferencia de la religión, que implica unos ritos y unas normas morales, funciona más bien como una leyenda popular, algo que se cuenta de generación en generación y que sirve de alimento para el comienzo de la literatura: la poesía épica, y el drama. Los primeros recolectores y organizadores de mitos fueron Homero y Hesíodo, y posteriormente toda la tragedia clásica se nutrió de ellos. Los mitos se imbrican entre sí, constituyendo un conjunto de historias y de personajes relacionados, que es lo que llamamos Mitología.
En cuanto al tema de la representación iconográfica del mito, que es de lo que se ocupa este ensayo, los protagonistas de los mitos son seres extraordinarios, generalmente divinos o heroicos, como en el caso griego. Los dioses intervienen en la creación del mundo, en el orden de las cosas y de la vida humana. Y los héroes despejan el camino de monstruos y sombras. Tanto unos como otros son representados con formas humanas, aunque los dioses suelan transformarse en animales o fuerzas de la naturaleza para determinadas acciones, como los diversos aspectos de toma Zeus para acercarse a sus objetos de amor: águila, para raptar a Ganímedes, cisne, para poseer a Leda, toro, para raptar a Europa, etc. También cada personaje tiene tradicionalmente unos atributos iconográficos, como el tocado de Hermes y sus sandalias, provistas de pequeñas alas; o el casco y armadura de Atenea, el rayo en las manos de Zeus, la lira en los brazos de Apolo, el tridente de Poseidón, etc. Y es de este modo que los artistas han reflejado en sus obras los modos en que tradicionalmente se nos han presentado los personajes y relatos mitológicos, recogidos en las diversas obras que a su vez recuperaron la primitiva tradición oral, transmitida a través de generaciones. Ovidio, en su Metamorfosis, ha servido de fuente para una gran mayoría de artistas del Renacimiento y posteriores, a la hora de plasmar en una imagen visual, en una pintura o escultura, los personajes o las escenas de los mitos griegos. Y paulatinamente, toda la tradición trágica griega, Homero y Hesíodo, han ido inspirando a nuestros artistas, que han bebido de ese pozo el agua maravillosa del mito.
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No vamos, obviamente, a comentar todos los cuadros que se nos muestran y de los que nos habla en el libro, sino más bien destacaremos algunos autores, temas repetitivos y obras con un interés especial. Aun así, habrán de disculpársenos olvidos imperdonables. Desde una visión general, el gran adalid de la pintura mitológica, si nos atenemos al número de cuadros suyos que el Prado posee, es, sin duda alguna, Rubens. A gran distancia de los demás, incluido Velázquez, ya que en la pintura velazqueña los temas mitológicos componen una sección reducida. De otros autores, italianos o españoles, no hay un número de obras tan arrollador como se da con Rubens y su escuela. Sin embargo, si miramos la obra desde un punto de vista cualitativo, es decir, el tema tratado y de qué modo, las posiciones varían. Porque hay muchos temas que se repiten, por ser más usuales en la iconografía, mientras que otros son más raros o sencillamente, desconocidos. El caso de Prometeo escapando con el fuego o castigado por el buitre; Leda y el cisne; Dánae y el polvo dorado; el rapto de Europa; Dioniso-Baco en distintas situaciones; el juicio de Paris; Hércules y sus hazañas; Orfeo y Eurídice; y un largo etcétera, son interpretados por distintos pintores en formas más o menos diversas, siempre ateniéndose a una iconografía similar. Otros autores prefieren usar el hecho mitológico como excusa para mostrarnos un bello paisaje, como Patinir, por ejemplo, en su Paso de la laguna Estigia, o la Muerte de Adonis que Martínez del Mazo copia de Rubens.
En la pintura holandesa, con representación muy minoritaria en el museo, predomina el paisaje sobre la escena narrada, como en el caso de El baño de Diana y El dolor de Hécuba, de Van Poelenburgh y Leonardo Bramer, respectivamente.
Y en la francesa, dominan las obras corales de Poussin y, para mi gusto, un delicioso Acis y Galatea, de Ch. de la Fosse y la pareja de obras Diana y Calisto y Júpiter y Antíope, de Jean B.-M. Pierre, de sabor absolutamente rococó y de regusto boucheriano.
En la pintura española hay obras que son más peculiares, como es el caso de las pinturas velazqueñas de Las Hilanderas o su Mercurio y Argos. Las Hilanderas, magnífica y compleja obra de Velazquez, cuyo tema es el del mito de Aracne, sitúa precisamente a las protagonistas en un discretísimo tercer plano, eso sí, recibiendo de lleno la iluminación. Y en el caso de Mercurio y Argos, obra de su última etapa, de muy libre trazo, nos los presenta muy relajados, ignorando los cien ojos de Argos y reconociendo a Mercurio únicamente por su tocado alado, y colocando a la vaca Io tras ellos, para recordarnos el motivo de la vigilancia de Argos. Rubens nos presenta, por su parte, el mismo mito en su momento culminante de acción. Y también el caso del Marte (Ares) velazqueño, que, si bien lleva puesto su casco y a sus pies yace su escudo, la pose es atípica, de absoluto relax y abandono, y con un mostacho que le hace parecerse más a un tercio de Flandes después de hacer una siesta, mostrando sutilmente la decadencia militar española del momento, como sugiere la autora. La obra de José Ribera, El Españoleto, es impactante: las figuras mitológicas que nos presenta, los condenados a eternos castigos, Ticio (tema tratado por Tiziano, de un modo muy distinto) e Ixión, un tanto difíciles de identificar, sin embargo tienen una carga dramática tremenda, por el uso del claroscuro, y por los escorzos y la expresividad de los cuerpos dolientes. Los trabajos de Hércules de Zurbarán, también son un caso peculiar, y casi desconocido hasta ahora, en los que tampoco el artista se acoge a la iconografía clásica, aunque respete los símbolos herculanos de la maza y la piel del león, pero las poses son también atípicas, ya que, según sugiere la autora, el artista probablemente no tuvo acceso a imágenes clásicas.
En cuanto a la pintura italiana, Tiziano tiene pocos, pero magníficos cuadros, destacando la Bacanal de los andrios, donde figura el bellísimo desnudo triangular de una supuesta Ariadna, un espléndido Venus y Adonis, y una de sus cuatro versiones de Danae. Tanto Veronés como Carracci aportan deliciosas Venus y Adonis, y el mejor discípulo de Carracci, Guido Reni nos deleita con la obra cuyo detalle ilustra la portada del libro: Atalanta e Hipómenes, en su competición vital, usando el ardid de las manzanas de oro. Obra de tensa composición, donde el fuerte escorzo de Atalanta contrasta con la ahusada y ligera figura de Hipómenes. Otro artista a destacar es Luca Giordano, muy querido en la corte española, del que destacaría su Perseo victorioso y su Andrómeda.
La escuela flamenca tiene la mayoría aplastante de obra. Caso especial es el de Rubens y su escuela, por la cantidad de obra con tema mitológico que guarda El Prado, gracias, en parte al encargo recibido de Felipe IV (ciento trece cuadros, de los cuales, sesenta y tres de escenas mitológicas) para la Torre de la Parada, su pabellón de caza. Aunque Rubens, genial pintor, cotizadísimo y agobiado de encargos en su época, no acabara todas sus obras y delegara en sus alumnos del taller, éstos eran de la talla de Van Dyck, Jordaens, Teniers, etc., con lo que quedaban en buenas manos. Así que este encargo explica la abundancia de obra suya en el Prado. Y no toda procede de ese encargo, sino de otras compras que la corona española le hizo en distintas épocas, ya que, como digo, era un pintor de merecida y amplísima fama, que además realizó misiones diplomáticas relativas a compras o clasificaciones de arte entre unos reinos y otros. Sus pinturas, dotadas de una gran movilidad y brillante colorido, así como una fuerte expresión, forman un núcleo importantísimo en cuanto a pintura mitológica se refiere. Es harto difícil destacar alguna de sus obras, pero en mi opinión, su versión de Mercurio y Argos, tan diferente de la de Velázquez, su Orfeo y Eurídice, el Rapto de Proserpina, y el magnífico Juicio de Paris y el Rapto de Europa, son grandísimas obras maestras.
En fin, que tenemos ante nosotros el resultado de una investigación profunda sobre el tema, y un acúmulo de datos, detalles interesantes, relatos, todos ellos ligados a imágenes en muchos casos magníficas, en otros quizá menores, pero que nos sitúan ante la mirada escenas o personajes mitológicos de nuestra tradición griega y romana, que nos son conocidos por la literatura pero que también, como la autora pretende demostrar con su obra, tienen una amplísima representación iconográfica en obras maestras que nuestro gran museo de El Prado atesora.







01/10/09

LA MIRADA DE POLANSKI

A raíz de la noticia con la detención de Polanski en Suiza, después de treinta años del luctuoso suceso en California, y su huída de EEUU, adonde no ha podido volver en todos estos años, Polanski ha sido detenido. Reproduzco el artículo de Gabriel Albiac, que me parece perfecto para este momento, y que suscribo totalmente.



HA VUELTO A SUCEDER




Artículo publicado por GABRIEL ALBIAC en ABC del 30/09/2009 :


http://www.abc.es/historico-opinion/index.asp?ff=20090930&idn=103252258810



En la asfixiante trama de Chinatown construyó Roman Polanski la que es, con enorme diferencia, su mejor película y una de las más fieles transcripciones fílmicas de la gran novela negra. Hay secuencias en ella que quedarán para la mejor historia del cine. La de Faye Dunaway, por ejemplo, abofeteada por un atónito Jack Nicholson, mientras repite, como una salmodia monótona, trágica: «Es mi hija... Es mi hermana...». La de un descomunal John Huston, en la última, devastadora, secuencia, que eleva una de las más desoladas, más glaciales elegías al triunfo del mal que he visto, al menos yo, proyectarse sobre una pantalla. Rematada por la sentencia de un Nicholson estupefacto y roto, como sólo los grandes héroes literarios de Raymond Chandler y Dashiell Hammett pueden llegar a estarlo: «Ha vuelto a suceder...» La hija, quince años atrás violada por su respetable y multimillonario padre, yace muerta con un tiro en la cabeza. La nieta-hija, que quizá tiene ahora la edad que tenía su madre-hermana cuando sucedió aquello, es entregada a la tutela del intachable abuelo. El detective privado intenta decir algo; lo hace callar, a empellones, un poli que, en el fondo, lo aprecia demasiado para no entender que nada queda ya sino deshacerse en la noche. «Ha vuelto a suceder...», musita Nicholson. Pero no habla para nadie. Y la cámara deja perderse su mirada sobre la calle oscura, en un elegantísimo movimiento de grúa.
«Ha vuelto a suceder...» Tal, para Freud, es la clave de lo siniestro: en la repetición, algo concita misteriosamente a nuestros más oscuros demonios. En la repetición, dice el maestro vienés, nos es dada la metáfora de aquello que nunca entenderemos: nuestra muerte. Y el anillo de las sombras se cierra. La cinematografía de Roman Polanski está obsesivamente marcada por esa amenaza obsesiva del retorno: los ciclos homicidas de la Catherine Deneuve de su primeriza Repulsión del año 1965, daban síntoma de ello; El quimérico inquilino, que reinicia una y otra vez su mismo suicidio, dará, en 1976, su hipérbole. El mal retorna siempre. Nuestras vidas transitan en el vértigo de una aceleración inmóvil, que siempre nos mantiene en el mismo sitio.
Y, al cabo, nada en la biografía del autor de Rosmary´s baby, cede, ni en lo circular ni en lo vertiginoso, a la de todas sus criaturas imaginarias. Horror del ghetto y de los campos nazis, para el niño judío de Cracovia. Talento juvenil, meteórico ascenso que le permite escapar muy pronto del claustrofóbico Este de Europa, éxito temprano, brutal caída... En 1977, cuando suceden los hechos por los cuales sigue hoy perseguido, Roman Polanski ha pasado ya por la gloria cinematográfica y por el infierno privado, bajo la forma de uno de los más horribles crímenes rituales de aquellos años: el de su esposa embarazada Sharon Tate y sus amigos, a manos del clan Manson en abril de 1969; luego, se ha levantado, ha rodado la encantadora What?, la magistral Chinatown, la fallida Piratas, la alucinada The Tenant, que da señal de cómo la angustia sigue horadando su sorda galería... Y, de pronto, en 1977, sucede la hecatombe. Moral, como penal. Bajo la forma sórdida de abuso de menor y posterior fuga de la justicia. Y el refugio en un extraño limbo jurídico, mediante el cual y a lo largo de 32 años, todo en torno a Polanski se ha tejido en un primoroso juego de ficciones: saber, pero hacer como que no se sabe. La realidad retornaría un día. De eso, el creador de Chinatown y del Quimérico inquilino sabía demasiado bien que es de lo único de lo cual jamás se desembaraza un hombre. Ha vuelto a suceder. Ahora. Igual que siempre.

25/09/09

EL MAR DE LAS SIRTES / JULIEN GRACQ

Esta reseña apareció anteriormente en:
Julien Gracq, pseudónimo de Louis Poirier (Saint-Florent-le-Vieil, 1910-Angers, 22 de diciembre de 2007), escritor francés, también profesor de Historia y geografía, es el autor de esta novela atípica, relacionada por muchos autores con el surrealismo, aunque en realidad de surrealista sólo tiene el espíritu, creo yo. Está cerca de Kafka, por una parte, de Buzzati, por otra, en fin,...yo diría que es inclasificable, que se parece a sí mismo, que es el mejor elogio que podemos hacerle a un artista.
Gracq, que eligió ese seudónimo por considerarlo estéticamente relevante, por su sonoridad, conoció a Breton en los años 30 y fue introducido al surrealismo, como también lo fue al Partido Comunista francés, del que abandonó pronto sus filas, en cuanto comprobó las costumbres de Stalin. La fama le llegó con el rompedor artículo La litterature à l’estomac, en la que criticaba los premios literarios y la devaluación comercial de la literatura. De hecho, en 1951 rechazó el premio Goncourt que le fue concedido ese año.
En cuanto al Mar de las Sirtes, se ha traducido como Mar aunque literalmente su significado sería Ribera, con la consiguiente connotación de límite, frontera, demarcación..., y a la vez la perspectiva, la expectación, la espera; temas por otra parte muy queridos por su autor. Por otra parte, Sirtes, también es un nombre cuidadosamente elegido: la ligazón entre el nombre de Sirtes con las sirenas, me parece una idea muy interesante. En mi opinión, es una idea que domina toda la obra, no en balde eligió ese nombre: ya los clásicos* comparan sirena y sirtes, cuando por sirtes se entendía “bancos de arena”, que atraen con corrientes a los barcos a encallar en ellos.
Él mismo dice de su obra:
“Lo que intenté hacer, entre otras cosas, en El mar de las Sirtes, más que contar una historia intemporal fue liberar por destilación un elemento volátil, el “espíritu de la historia”, en el sentido con el que hablamos del “espíritu del vino”, y a refinarlo suficientemente para que pueda incendiarse al contacto con la imaginación. En la Historia hay un sortilegio emboscado, un elemento que, aunque mezclado con una masa considerable de excipiente inerte, tiene la virtud de embriagar”.

Para muchos lectores, éste es el libro emblemático de Gracq, el libro que resume su trayectoria. El libro desarrolla una historia lenta donde apenas hay acción, en un país imaginario con nombres italianos y que podría estar situado en el Adriático, en Dalmacia, en alguna parte cercana a países musulmanes, que constituirían el país rival de Orsenna (nombre, por otra parte, muy francés, y muy aristócrata), que en la novela se denomina Farghestán, nombre entre turco y mongol. Las Sirtes es la región más al sur, fronteriza, una tierra baldía, poco habitada, sin apenas actividad económica, con poblaciones fantasma, abandonadas, y sólo la capital, Maremma, aglutina la poca población que resiste en el sur. Arenales, marismas, pantanos, todo esto sugiere el nombre de Sirtes, que, si indagamos un poco sobre él descubrimos que se consideraba históricamente así.**
El caso es que Las Sirtes es una comarca olvidada de Dios y de la mano del hombre, salvaje, cuyas riberas están bañadas por un mar que al otro lado baña el país tradicionalmente enemigo de Orsenna: el Farghestán, nombre impronunciable en la zona, donde sólo hablan de “allá” entre miradas torvas y murmullos. A este lugar es enviado, a petición propia, el protagonista de la historia, Aldo, un noble aburrido de su cotidianeidad insulsa, y deseoso de avistar otros horizontes. Y es en las Sirtes donde conoce a Marino, su jefe en el Almirantazgo, y a sus compañeros de “destierro”: Fabrizio, Roberto y Giovanni (otro guiño a Buzzati), todos nombres italianos. La vida allí es tediosa, pero a él le resulta atractiva la soledad, las cabalgadas por los páramos, las ciudades olvidadas como Sagra, la desolación circundante y el paisaje más agreste.
Las descripciones del paisaje son impresionantes. La poesía que derrocha, el virtuosismo lingüístico llega a emocionar con metáforas encantadoras. Sus descripciones de esos paisajes imaginarios, que recuerdan las Ciudades Nocturnas de Delvaux o algunos cuadros del Chirico surrealista. Hasta la mitad de la historia oscilamos entre las inquietudes, pensamientos y recuerdos de Aldo, sus conversaciones con Marino, personaje triste y anclado en el pasado, pero con el que se crea una atracción mutua. Después surge la chispa, lo inusual, lo inesperado (o más bien lo largamente esperado). Porque en aquel lugar todos esperan algo, no se sabe bien qué, una señal, un aviso, algo distinto, nuevo. Algo que les haga movilizarse y romper la rutina ancestral. Este es otro de los temas favoritos de Gracq, y que nos hace recordar la espera de Giovanni Drogo, protagonista de El desierto de los tártaros de Buzzati, traducida y publicada en Francia dos años antes que Las Sirtes. Aunque si la comparamos con la obra de Buzzati, aquélla es más kafkiana, en mi opinión, mientras que ésta es más esteticista, destila una especie de melancolía, de decadentismo, en fin, algo fuera por completo de las modas existencialistas de la época en que la escribió. Gracq nunca quiso seguir modas, lo que, a mi juicio, le honra.
La chispa que surge, a partir de la mitad de la narración, está ligada a la figura de Vanessa Aldobrandi, personaje también inquietante, descrito en algunos momentos como una ninfa marina, una sirena: “A veces la observaba durmiéndose a mi lado, apartándose insensiblemente de mi como de una orilla, alejándose mar adentro con una respiración mas amplia (...). El hombro, por el que se escurría su cabellera de ahogada, levantaba la sábana y parecía alejar de ella la inminencia de una ola enorme.(...) Apreté los labios en la cabellera enmarañada de Vanessa, recobrada por la noche e hinchada por ella en la cama, como una mata de algas por la marea (...) y yo me hundía con ella en el agua plomiza de un estanque triste con una piedra atada al cuello.”. Vanessa es a la vez un acicate y un recelo, una figura evanescente. Las relaciones que surgen con ella y con el palacio Aldobrandi, con la ciudad de Maremma, crean un clima brumoso y de sospecha, la idea de la traición surge, como un tema más de los que rondan por la historia, una sospecha finalmente materializada en hechos posteriores.
Y su momento culminante, curiosamente, como destaca Vidal-Folch en su prólogo, es su encuentro frente al volcán, el Tangrï, tras una escapada nocturna, una huída hacia delante. Su éxtasis al contemplar la gran montaña humeante transmite una emoción impresionante, como una atracción irresistible, al modo de las sirenas, el volcán, surgiendo de la bruma del alba, impone su presencia ante un Aldo y su tripulación petrificados de pasmo.
Según Vidal-Folch, “las intenciones que le animaban al escribir esta novela sobre el deslizamiento voluntario hacia su final de un país antiguo, vetusto, decadente y cansado de sí mismo, a manos de la decisión de una sola persona, una especie de sonámbulo fatal. Seguramente pensaba Gracq en la alegría suicida con la que Francia y Alemania, pudiendo haberse ahorrado la I Guerra mundial, se lanzaron a ella alegremente, con un entusiasmo juvenil que está sordamente documentado”. También esta opinión la habría sustentado Stefan Zweig, que nos cuenta en su autobiografía, El mundo de ayer, con qué alegría veía la sociedad venir el conflicto bélico. Del mismo modo recuerda a la expectación que existía entre los jóvenes caballeros del Sur norteamericano, ante la posibilidad de la refriega civil que posteriormente arrasó el país.
En fin, esta es una obra madura, una reflexión nostálgica y a la vez anticipatoria, estéticamente deliciosa, de un autor muy personal y al mismo tiempo, desencantado, desengañado del progreso histórico, pero con una mirada hacia la naturaleza y hacia a atracción mórbida de lo terrorífico, cual sirena/sirtes que con su canto atrae al navegante.


*NOTAS.
Juan de Mena (1411-1456), en Laberinto de Fortuna, habla de que:
“Vimos allende lo más de Etiopía
E las provincias de Africa todas
Las Sirtes de Amón, do son los tripodas”
http://books.google.es/books?id=Xo0Bpm4Ip_sC&dq=laberinto+de+fortuna+juan+de+mena&pg=PP1&ots=VMQGJfj8Qe&sig=3HafVE4t8B0vveLNUBEfmDGTEHo&hl=es&prev=http://www.google.es/search%3Fsourceid%3Dnavclient%26hl%3Des%26ie%3DUTF-8%26rlz%3D1T4GZHZ_esES228ES228%26q%3Dlaberinto%2Bde%2Bfortuna%2Bjuan%2Bde%2Bmena&sa=X&oi=print&ct=title&cad=one-book-with-thumbnail
**Y él mismo cita a Salustio para afirmar que “Sirtes ser llamado así porque traiga a sí las naves, llegandoles al vadoso mar encallen e perescan,(sic) las cuales sirtes se fallan mucho en el mar Egipciano”; según Isidoro de Sevilla, son “arenosos lugares en la mar”, bancos de arena, bajíos, etc., cercanos al tempo de Hammon, probablemente en la desembocadura del Nilo, cerca de Alejandría. También Agustín de Rojas (1572-1635), en El viaje entretenido, hablando del Leteo, el mítico río del Olvido, dice de él que “...es en realidad una laguna africana que riega la ciudad de Berenice, situada en lo postrero de las Sirtes, y allí se hunde (el río) y desaparece bajo tierra...”
Tirso de Molina, Celos con celos se curan, p.223-224:
“Sirena en fin, que en las sirtes 1585
De amor a los que navegan
Para anegar voluntades
Fue en nombre y obras sirena,”
Y Tirso, en “¿Tan largo me lo fiáis...?”:
“y en su margen más sirenas
Que engendra el mar en sus sirtes
Con quien no hay sordas orejas
Ni hay ingeniosos Ulises”
Sirena...sirtes, ninfas del mar, atraían con sus cantos a los navegantes que pasaban por sus parajes; los barcos encallaban y las sirenas devoraban a sus tripulantes. Recuérdese la historia de Ulises. Al peligro de las sirenas se une el de las sirtes o syrtes: “peñascos en los golfos con bancos de arena muy peligrosos”
http://books.google.es/books?id=xO6S89QBFbEC&pg=PA223&lpg=PA223&dq=sirtes+sirenas&source=web&ots=qhtDHkj7AJ&sig=fzuYancfqoM1quJh51rnf0doaWg&hl=es#PPA224,M1
Calderón, en La redención de los cautivos, p. 1.323:
“de ser la mar la vida, llena
De bajíos y de escollos
De sirtes y de sirenas”
http://books.google.es/books?id=ocSKAzk_tbcC&pg=PA145&lpg=PA145&dq=sirtes+sirenas&source=web&ots=xymE7K_MnF&sig=9EyCBMm8q0cMtMVZBKkaEe9WeeM&hl=es

22/09/09

JULIA / SOMERSET MAUGHAM

Reseña publicada en Anika entre libros:
William Somerset Maugham (París, 1874-Niza,1965) fue novelista, dramaturgo y escritor de cuentos británico, uno de los escritores más populares de los años 30 y el mejor pagado. Aunque nació en parís, al hacerlo físicamente en la Embajada, ya que su padre trabajaba allí como abogado, puede considerarse como nacido en territorio británico. Su madre, francesa, murió poco después de darle a luz. Y dos años más tarde, muere su padre. De su infancia se ocupó un tío suyo, vicario en Kent. Sus años de internado fueron muy desagradables, y Willam desarrolló una tartamudez nerviosa que le duró toda la vida. Se le discriminaba por su acento francés y por su baja estatura, con lo que se acostumbró al sarcasmo y a esconder sus sentimientos. Estudió medicina: "Vi hombres morir. Los vi sufrir dolor. Aprendí qué era la esperanza, el temor y la ayuda..." Maugham vio claramente, una y otra vez, cómo es de corrosivo el padecimiento para los valores humanos, como la enfermedad vuelve hostil y amarga a la gente, y nunca lo olvidó. En 1897, publicó su segundo libro, que tuvo bastante éxito y le decidió a dedicarse a lo que era realmente su deseo: la literatura. En 1914 ya era un autor muy conocido y exitoso. Su obra más conocida, Servidumbre Humana, la escribió en 1915, y se la considera como la más autobiográfica.
En esta época conoció a Frederick G. Haxton, con el que mantuvo una relación que acabó cuando Haxton murió en 1944. Al mismo tiempo, se relacionó con Syrie Wellcome, con la que tuvo una hija, Liza, y aunque posteriormente se casaron, su matrimonio fue conflictivo y se divorciaron en 1928. Su inclinación bisexual impregna su obra. Realizó muchos viajes por todo el mundo, y también trabajó para el servicio secreto británico en Rusia, en la década del 1917 a 1928. Finalmente se estableció en el Sur de Francia.


Julia, la novela que presentamos, y cuyo título original, Theatre, es en mi opinión mucho más representativo de lo que se nos cuenta, es por su forma una narración sobre la vida de una famosa actriz británica de la primera parte del siglo XX. De hecho, se sitúan los hechos alrededor de los años 30. Comienza con varios flash-back, en los que Julia Lambert recuerda sus comienzos en el teatro y los de su marido, Michael, así como la historia de su encuentro y casamiento. Narrada en tercera persona, pero desde el punto de vista de la protagonista, con constante expresión de sus pensamientos, que suelen estar en contradicción de sus actos, como buena profesional de la farándula, nos muestra un abanico de personajes del mundo teatral y los que le rodean, aristócratas y burgueses de alto nivel que se sienten atraídos por este mundillo y a los que les gusta sentar a un actor/ actriz en su mesa y resulta muy chic en sus fiestas.

La acción comienza cuando Julia, ya cercana a la cincuentena, acostumbrada a unas rutinas y a una vida profesional y familiar contenida, se siente rejuvenecer al conocer a un joven ambicioso, apenas es mayor que su propio hijo. Este encuentro trastoca su vida y hace tambalearse hasta su actitud en el trabajo, además de crear complicaciones en los que le rodean. Llegado a un punto, se le hace necesario distanciarse de todo para reflexionar sobre su vida y su trabajo, sobre cómo la ven los demás y cómo se ve ella misma. Una breve charla mantenida con su hijo, con el que siempre ha estado muy distante, le hace ver una realidad que la perturba mucho más que sus desventuras amorosas. Finalmente, vuelve al teatro que es su vida, mientras que su vida es, para ella, una ficción.

Novela de muy agradable y amena lectura, que además de mostrarnos el mundo del teatro y de contarnos una historia de amor y desamor, nos introduce en un ámbito en el que la noción de realidad de mezcla con la de ficción. La protagonista, Julia Lambert, una gran actriz, vive en un mundo ficticio que toma por real, pero ¿cuál es el mundo verdaderamente real? A lo largo de su vida descubre que los comportamientos de los que le rodean son absolutamente ficticios, hipócritas o simplemente, engañosos. Todo el mundo, la sociedad, pertenezca o no al teatro, tiene una fachada que oculta una realidad muy distinta y contradictoria. Todos participan de doblez y la contradicción. Y ella, acostumbrada a mentir y a convertir la vida real en ficción, cae en las mismas trampas que los demás le tienden al creerles reales. Su marido, un apolíneo frío como el hielo, al que sólo le interesa el negocio del teatro; sus amantes que aparentan pasión son finalmente impotentes o buscan otros fines, las amistades que la elogian tratando de conseguir acceso a niveles superiores en la escala social, las aspirantes a actriz que quieren un papel,...en fin, todo ello le lleva a no creer en nadie salvo en sí misma, y en sí misma cuando actúa, porque es cuando ella domina su mundo.

Incluso cuando se refugia con su madre y su tía, en un momento de depresión y de inquietud, tampoco puede mostrarse tal cual es, o tal cual cree ser, ya que ambas prefieren una ficción políticamente correcta que no les origine complicaciones. Su hijo Roger, que es el único que desinteresada y desapasionadamente le dice la verdad, es acallado porque ella no quiere aceptar esa verdad, que contradice a la suya, que es la ficción. Pero de su soledad hace su fuerza y de su trabajo su futuro. Y asegura, llena de entusiasmo: “Roger afirma que no existimos. ¡Pero si somos los únicos que vivimos de verdad! Los demás son sombras que nosotros hacemos tangibles. Somos los símbolos de esa lucha confusa y sin propósito que llaman vida, y sólo los símbolos son reales. Dicen que actuar no es más que ficción, cuando esta ficción es la única realidad”.

13/09/09

RELATOS/ JOSEPH CONRAD

Esta reseña ha sido anteriormente publicada en: http://la2revelacion.com/?p=257

“El mar nunca cambia, y sus trabajos permanecen como un misterio ajeno al parloteo de los hombres.” J.Conrad.


Los relatos que aquí se trata de reseñar están comprendidos en dos volúmenes, Cuentos de inquietud, y Entre mareas. Lo primero que hay que aclarar es que el agrupamiento de los relatos bajo esos títulos corresponde al propio Conrad. Y que, además, está hecho con mucho acierto. Entre mareas son cuatro historias de mar, en el mar, alrededor del mar y del mundo marinero. Cuentos de inquietud, son cinco narraciones cuyo nexo es precisamente el desasosiego, la zozobra que se crea en el lector al introducirse en ellos.
Mi valoración es que los agrupados en el volumen de tema marítimo son de una mayor calidad, pero también en el otro agrupamiento encontramos excelentes narraciones, si bien ha influido desfavorablemente la traducción, en mi opinión bastante fallida, ya que el ordenamiento de las frases literalmente, le da un formalismo absurdo, en muchos casos, y en otros, parece castellano viejo o poético, lo que no viene a cuento en este tipo de narración.
El propio Conrad nos enumera en su prólogo el orden en que fueron escritos los textos, orden distinto al que se nos propone.
La laguna, que figura la última, es el primer cuento que escribió, justo después de Almayer y Un vagabundo de las islas, a las que les debe mucho. Es muy emotiva y la historia guarda muchas remembranzas de las dos anteriores. Pone punto final a su etapa malaya.
Una avanzadilla del progreso, según Conrad, es “la parte más liviana del botín que del Africa Central me traje conmigo, botín cuya porción principal es, desde luego, El corazón de las tinieblas.” Y ciertamente es una narración muy angustiosa.
Los idiotas es, en mi opinión, la historia más floja, de hecho él no le da mucha importancia. Es una historia penosa y triste, según él, basada en algo real.
Karain: un recuerdo, fue empezada tres días después de acabar con El negro del Narcissus, aún guardando Malasia en su recuerdo, y la escribió simultáneamente –la única vez que lo hizo- con El regreso; ésta última es completamente diferente a todas, y él mismo no la considera muy bien. Yo creo que es de una tensión dramática muy fuerte, y de una percepción psicológica muy aguda. Es el momento en que se rompe un matrimonio, un matrimonio decimonónico, un matrimonio de conveniencias y sin amor. Aunque según Conrad, “consiste primordialmente en impresiones físicas”. Pero apliquemos la propia opinión de Conrad sobre la tarea del escritor: “primeramente realiza uno obra, y luego teoriza sobre ella. Es ocupación muy entretenida y egocéntrica, de ninguna utilidad para nadie, y, a buen seguro, conducente a erróneas conclusiones.”

Entre mareas contiene dos narraciones inéditas en España desde 1931, según figura en la contracubierta: El hacendado de Malata y Por culpa de los dólares. La primera es, en mi opinión, francamente buena. Nos trae al recuerdo de Salvamento, sobre todo por la relación de los dos personajes centrales y la tensión pasional y erótica entre ellos. La segunda, tiene un cierto parecido a Con la soga al cuello, también hay momentos de suma tensión. Y los personajes son típicamente conradianos.
El socio tiene también mucho interés, y La posada de las dos brujas podría haberse agrupado también a los Cuentos de inquietud, ya que incluso hay elementos digamos algo “inquietantes” en el sentido de paranormales.
En resumen: dos buenas compilaciones de relatos de un gran maestro de la literatura. Es en el relato corto donde se juega el prestigio un escritor. Porque una novela, de mayor longitud, siempre puede tener altibajos pero consigue finalmente salir adelante. Pero una narración corta ha de leerse de un tirón y debe ser igualmente atractiva y atrayente.
Quiero citar al propio Conrad cuando habla de su trabajo: “la labor que trato de realizar es, por el poder de la palabra escrita, hacer que ustedes oigan, hacer que ustedes sientan...es, ante todo, hacer que ustedes vean. Nada más que eso; y eso lo es todo.” Y yo creo que lo consigue a la perfección.

01/09/09

WINSTON CHURCHILL EN EL CINE

En breve espacio de tiempo he visionado dos películas que, por tratar del mismo personaje, Winston Churchill, voy a comentar unidas. Se trata de, por una parte, El joven Winston (Young Winston), y por otra, Amenaza de tormenta (The gathering storm), una película para la TV británica, ambas inspiradas en las memorias del controvertido político británico.















Para empezar, la más antigua, El joven Winston, (1972), dirigida por Richard Attenborough, producción británica, inspirada en las memorias de Churchill, y con un buen reparto: Simon Ward encarnando perfectamente a un veinteañero Churchill; Robert Shaw como su padre, Lord Randolph Churchill, y Anne Bancroft como su madre. Y siguiéndole un largo elenco de muy buenos actores secundarios, con un Anthony Hopkins muy joven aún, encarnando al político Lloyd George; John Mills dando la imagen de un espléndido general Kitchener, por hablar sólo de algunos. Los dos actores que encarnan a Winston niño están muy bien elegidos por su semejanza física y lo hacen muy bien. La ambientación es correctísima, como los británicos saben hacer.










La película cubre los primeros veinticinco años de la vida de Churchill. Y conocemos al niño regordete que va por primera vez a la escuela, de la mano de su madre, Lady Churchill, de origen norteamericano, y aprende en sus propias carnes que “la letra, con sangre entra”, gracias a las costumbres del tradicional sistema educacional británico. En la segunda, ya adolescente y al parecer un alumno mediocre y nada interesado por lo académico, vemos las relaciones con su padre, con el que sólo en breves y contados momentos llega a tener un contacto personal. Lord Randolph, absorbido por su trabajo parlamentario, olvidaba que tenía un hijo y probablemente, una esposa. Llegando a la cuarentena su cerebro enfermó y pocos años después murió, habiendo decaído físicamente mucho.
Lo último que consiguió Lord Randolph fue que su hijo ingresara en el Ejército, ya que, según él, no servía para otra cosa. A partir de ahí, una vez fallecido el padre, el joven Winston utilizó la influencia de su madre con los altos cargos para conseguir que lo enviasen a los escenarios bélicos donde pudiera lucirse y ganar un nombre. Esos escenarios comienzan con la expedición de Lord Kitchener en la India, a la que asistió como periodista militar, y siguen con su actuación, también como informador militar, en Sudáfrica, en la Guerra de los Bóers. Incluye la famosa hazaña (muy bien filmada la escena del tren) de su huida del campo de prisioneros, de la que toda Europa estuvo pendiente, y que le catapultó al Parlamento con apenas 25 años.
La película nos lo muestra como muy ambicioso, buscando siempre destacar y llamar la atención, porque en su mente planificaba su entrada en la política para seguir los pasos de su padre.

La otra película, Amenaza de tormenta, trata sobre la madurez de Churchill. La dirige Richard Loncraine, siendo producida por los hermanos Scott (Ridley y Tony) en 2002. Filmada para la televisión, y por tanto con formato telefilm, a continuar en una segunda parte (Into the storm), sin menoscabo alguno de su calidad cinematográfica.
El papel estelar, le corresponde a un envejecido pero impecable Albert Finney, que consigue con sus gestos y su físico un enorme parecido con el maduro político, recreando los años de entreguerras. Su esposa, Lady Clementine, es interpretada por una también madura y magnífica Vanessa Redgrave.
Situada a partir de 1934, nos muestra a la familia Churchill, atravesando una serie de problemas: hijos tratando de llevar su vida al margen de los deseos paternos, Churchill concentrado en escribir la vida de su antepasado, y en su actividad en el Parlamento, y su esposa intentando tomar las riendas de la economía familiar que se está yendo al garete, y las relaciones del matrimonio, que también sufren unos días tormentosos.
En cuanto a la actividad parlamentaria de Churchill, refleja la enorme tozudez y perseverancia en su postura, que era la de advertir al país de lo que se les venía encima, a un país y unos políticos que no querían ni oír hablar de otra guerra, y que hacían la vista gorda ante las inquietantes noticias que llegaban de Alemania. Churchill llegó a valerse de un funcionario del Foreign Office, Ralph Wigran, como topo para conseguir información reservada, y que le estuvo proporcionando valiosísimo datos que él utilizaba en sus discursos en la Cámara. Y que, a la postre, consiguió ser escuchado, lo que constituye el final de la película, su entrada triunfal en el Ministerio de la Marina.
Albert Finney consigue meterse en la piel del político, imitando sus gestos hasta tal punto que nos parece estar viéndole, pegado a su habano, agarrado a su bastón y envuelto en una nube de humo. Hay planos memorables, como la que abre la película, en la que sube por una colina con su abrigo y su bastón, y su silueta se recorta en el cielo.
En fin, dos películas que recomiendo, por su nivel fílmico y narrativo y por el interés que tiene la vida de Churchill, ligada para siempre a la política contemporánea europea.

29/08/09

AQUILES, PIES LIGEROS/ STEFANO BENNI

(Reseña anteriormente publicada en La Revelación, con el enlace siguiente: http://la2revelacion.com/?p=276)


¿Cuál es tu nombre en la oscuridad?
Liber Sybillae

Este es un libro francamente original, lleno de humor, de fantasía, desternillante y a la vez dramático y misterioso. Stefano Benni, (Bolonia, 1947), su autor, es un escritor y periodista italiano que ha llegado a ser considerado como de culto, ha publicado diversas obras de ficción: novelas, cuentos, así como teatro e incluso poemas. No es demasiado conocido en nuestro país. De hecho, la edición que reseño aquí ha sido traducida y publicada en Hispanoamérica, (Ed Norma, Colombia) con los consiguientes giros locales y floridas expresiones diferentes a las que usamos en España. Ya que no creo que se pueda encontrar, aquí hay un enlace para leerlo en la red*.
También me gustaría dedicar unas palabras a cómo llegó a mis manos el libro. Conocí de su existencia a través de la red, en un foro literario, dialogando con otros aficionados y hablando sobre literatura italiana. Investigué para tratar de hacerme con el libro, y vi que en España iba a ser imposible, al menos de momento. Escribí a un contertulio de otro foro literario, afincado en la lejana tierra chilena, y que tampoco supo darme noticias de él, pero, a cambio, significó el comienzo de una larga amistad. Poco después, en mi búsqueda de piso madrileño, me relacioné con una chilena, agente inmobiliaria, que no consiguió alquilarme ningún piso pero sí nos hicimos amigas y al hablarme de un próximo viaje a Chile, yo le hablé del libro, y prometió traérmelo si lo encontraba. Y cumplió su promesa: hace unos días, ante unas tazas de oloroso y humeante café, recibí con alegría su regalo: “Aquiles, pies ligeros”. Una traducción al español florido de Colombia.

Pero vayamos con la historia que nos cuenta Benni. A lo largo de la narración, se van alternando realidad y ficción o vigilia y sueño, creando un clima que en algunos momentos llega a ser de inquietud, aunque se mantiene muy bien el equilibrio entre lo humorístico y lo dramático, entre lo onírico y lo surrealista, pero real.
Todos los personajes tienen nombres tomados de la mitología clásica, nombres que nos dicen algo de sí mismos. El protagonista, Ulises, es un escritor de un solo libro, que sobrevive trabajando para una editorial, cuyo jefe se llama Valerio, pero le llaman Vulcano -por sus erupciones verborreicas, claro- y su secretaria, Circe (por otras muchas cosas). El contra-protagonista, y a la vez enigmático y oscuro personaje, que hace girar la historia en su derredor, se llama Aquiles.
Aquiles es un ser deforme, monstruoso cual esfinge, que a la vez plantea misteriosas preguntas y enigmas sin solución. Vive en la semioscuridad de su habitación, y maquina sus acertijos para que Ulises, el astuto Ulises, los vaya resolviendo, y sea él su contacto con el mundo real, ya que este ser vive, sueña, y sufre en una irrealidad demencial, en un mundo espantosamente propio y único. De su oscuridad van surgiendo imágenes que pueblan sus sueños y los de su amigo Ulises. Al contrario que el Aquiles homérico, sólo su talón es inmortal, como él mismo dice. Y su talón es su cerebro... y sus ojos. Todo lo demás es deformidad y desolación. Pero su silla de ruedas, llamada Xanto, cual inmortal caballo mitológico, puede coger velocidades increíbles, ya que no puede con sus propios pies.
El resto de personajes, entre los que se encuentran también los autores de los manuscritos que ha de ir leyendo para su editorial, y que surgen de su bolsillo o de los lugares más recónditos, como enanitos liliputienses, haciéndole la vida imposible a Gulliver-Odiseo, todos tienen nombres que, o se relacionan con su función y carácter o se relacionan con nombres mitológicos, portadores también de significado. Por ejemplo, la madre y guardiana de Aquiles se llama Marina Pelagi (pelagos, mar abierto, en griego). Y por contraposición, su hermano, Febo, arquero/financiero apolíneo y hermoso a la vez que ambicioso y malvado.
Sin embargo, la protagonista femenina, la punta del triángulo creado sólo imaginariamente entre los dos hombres y ella, se llama Pilar, aunque alternativamente recibe –por juegos de palabras italianos- los nombres de Penélope y Patita. Ella es ciertamente el pilar, la piedra angular que sostiene todo el edificio, con sus preciosas piernas, con las que baila en un local llamado Dedalus, al ser despedida del supermercado donde trabaja para pagarse los estudios. Ella es la vida real, el amor hecho carne.
Ulises pese a su poligamia mental, está enamorado de Pilar, su Penélope, y es correspondido, pero ambos tienen problemas, ella es una estudiante de arte, inmigrante sudamericana, siempre temiendo su expulsión del paraíso europeo, y él es un escritor sin éxito y con demasiadas ideas en la cabeza, siempre temiendo no llegar a tiempo, tener que humillarse para sobrevivir, y para salvar a su Penélope de los ataques que pueda recibir. Posteriormente, cuando Aquiles entra en contacto con él y su amistad se fortalece, también intenta salvarle de los dardos envenenados que Febo le lanza. Pero el destino, el fatum, ha de cumplirse y las cosas siguen el itinerario que guardan en su interior. Aquiles, finalmente, hará un regalo homérico a Ulises, y el curso de los acontecimientos recuperará su cauce.

Las descripciones de los movimientos de Ulises a bordo del autobús o de la moto, atravesando el caos de la ciudad, de una ciudad italiana cualquiera, podemos imaginarlo fácilmente, son divertidísimas, a la par que catastrofistas. Las condiciones climatológicas adversas, nieve, lluvia constante, atascos, manifestaciones,...caos, en suma. Y los pocos momentos de relax están unidos a la desbordante imaginación de Ulises, que dialoga constantemente con los autores de sus manuscritos, con los posibles prologuistas, de nombres absolutamente desternillantes. Sus escarceos amorosos, su poligamia mental, son medio reales, medio imaginarios, así como los de Aquiles, que no por monstruoso es asexuado, sino todo lo contrario, arde en deseo y su imaginación no conoce límites, para lo que se sirve de la ayuda de Ulises, y comparten su amor, uno real y otro imaginario, por la Penélope de divinas piernas.

En resumen, toda la historia y sus enloquecidos personajes están plagados de significación, que hay que seguir atentamente, para apurar bien la copa y asimilar su contenido. El libro es de lectura rápida, porque atrapa y atrae, y la prosa es ágil y altamente metafórica. La cantidad de connotaciones y recurrencias, de guiños mitológicos es tan enorme, que probablemente requiera varias lecturas, a cual más jugosa.


27/08/09

CINE DE VERANO

Este verano estoy disfrutando de una pelis clásicas encantadoras, y uno de sus encantos estriba en que las desconocía por completo. También he visionado pelis contemporáneas que me han llamado mucho la atención y otras que me han gustado menos, por supuesto. Pero quería hablar hoy de dos que me han parecido especialmente interesantes. Se trata de Estrellas en mi corona, (1950) de Jacques Tourneur, y de Sinfonía de la vida, (1940) de Sam Wood.
De las dos, la que más me ha gustado ha sido la primera, pero si las cito juntas es porque hay algo que las une, y es el clima, la sensación nostálgica de dos pequeñas ciudades apacibles de la América profunda, donde suceden cosas simples, cotidianas, rutinas diarias: la vida y la muerte. En ambas hay un punto de vista infantil o adolescente que domina la historia, y ambas tratan del recuerdo de días pasados. En cuanto a la manera de tratarlo, difieren completamente.
Estrellas en mi corona, (Stars in my crown) se basa en una novela de J. David Brown, que también participa en el guión, junto a Margaret Fitts. Como actores, un maduro y magnífico Joel MacCrea hace el papel principal, junto a un delicioso Dean Stockwell niño (de adulto en París, Texas), y luego una lista de secundarios muy acertada, en general: Alan Hale, Ellen Drew, Lewis Stone, James Mitchell... Es la historia de un pueblito del Sur norteamericano, al que llega un veterano de la guerra, pastor religioso, Josiah Grey.
La presentación del personaje ya indica el tono de la película, muy fordiano: Joel MacCrea, el pastor, entra en el saloon abarrotado, se coloca en una esquina de la barra y anuncia que va a hacer una lectura de la Biblia. Ante la inevitable reacción (risas, movimientos de salida, gestos hoscos) desenfunda sus dos pistolas...y las coloca a ambos lados de la biblia abierta. Simplemente las deja allí. Se hace el silencio y él comienza a leer. La vida en el pueblito se desarrolla con aparente normalidad, el pastor y su esposa conviven con un niño huérfano al que han adoptado (Stockwell), el médico de toda la vida ha traído a su hijo, médico también, para que lo vaya sustituyendo ya que ve cercana su muerte, y se establece una cierta competición entre este joven médico y el pastor, por los posibles pacientes de cada uno. Destaca otra amistad entre el clérigo y un antiguo compañero de milicia, el herrero sueco, cuya larga y rubia prole se mantiene al margen de la Iglesia y es requerido periódicamente por el pastor, no tanto en cuanto a su fe como en cuanto a su participación en los actos de la comunidad, o sea, las reuniones dominicales, donde el pueblo canta unido. También ocurren otras circunstancias, en las que interviene el elemento racista, respecto a un viejo granjero negro, que se ve agredido por algunos convecinos, bajo las túnicas blancas del Klan. Todo esto, junto a la aparición de unas fiebres tifoideas que mantienen ocupados tanto al doctor como al pastor.
A lo largo del film se desarrollan unas ideas básicas, como son la de la relación entre ciencia y fe religiosa, la convivencia pacífica entre ciudadanos diversos, la igualdad frente a las ideas segregacionistas, muy bien resuelta con el caso del granjero negro, haciendo ver que pueden afrontarse muchos problemas sin necesidad de recurrir a la violencia. En este punto recuerda a la también deliciosa Matar un ruiseñor (1968), de Robert Mulligan.
Tourneur trata todo desde el ángulo visual del niño, desde esa felicidad del mundo infantil, mostrada genialmente en el plano en que los dos niños se tumban sobre el carro de heno, henchidos de verano y de vida. La fotografía de Ch. E. Schoenbaum le da ese tono de calidez polvorienta sureña, y la canción que da título a la película recorre toda ella como elemento unificador.

En cuanto a Sinfonía de la vida (Our Town), de Sam Wood, la historia nos es introducida de la mano de uno de los habitantes de una pequeña población de New Hampshire a principios del siglo XX, Grovers Corners, que nos muestra una parte representativa de su población humana, así como sus costumbres, sus deseos y sus ilusiones, su vida...y su muerte. El guión se basa en una obra teatral de Thornton Wilder, y fundamentalmente conocemos los avatares cotidianos de dos familias, la del médico y la del jefe del periódico local. Cómo sus hijos de sexo opuesto se tratan a diario hasta que se miran con otros ojos y finalmente se casan. Un William Holden con apenas veinte años y una memorable Martha Scott puede que con algunos más, interpretan a esta pareja que a lo largo de los años se trata primero como vecinos y compañeros, luego como novios, como marido y mujer, como padres de los hijos que van viniendo, hasta que sobreviene la desgracia.
La manera de tratar esta historia es algo complicada, y, en mi opinión, un tanto fallida, por alguna escena que le sobra, en las explicaciones del presentador, y además, en un par e saltos en el tiempo, adelante y atrás, que dejan algo confusa la historia. También se introduce el elemento onírico o fantástico en la escena, de gran poesía, en la que los vecinos que han ido muriendo hablan con la última fallecida, que por su juventud, no quiere de ningún modo entrar a formar parte de ese macabro club. Y la nostálgica escena en que la fantasmal chica visita a su familia en tiempos pasados, tratando de volver, sin darse cuenta de que es irremediable, que la muerte forma parte de la vida y hay que aceptarla así. Otra escena memorable es la de los dos jóvenes en la heladería, cuando el chico (William Holden) se declara.
En fin, aunque me gustó menos que la anterior, también la considero una película interesante, y, para ser de Sam Wood, que no es un cineasta de primera fila, tiene momentos atractivos y conmovedores.

02/08/09

PASEOS MARINEROS



El camino más bonito para pasear junto al mar es lo que aquí llaman el Montañar: por una parte que es pedregosa y rocosa, rompiendo las olas allí con fuerza, si hace viento, o mansamente, si la brisa es suave. Se domina toda la bahía y se puede avistar el faro, en lo alto del farallón del cabo San Antonio, así como el pequeño faro del puerto deportivo, al fondo. Caminando durante media hora, a lo largo de mar y rocas, por un lado, y de chalets, restaurantes, chiringuitos, por otro, se llega al puerto.
El puerto es como un pequeño pueblo, de hecho, ha crecido tanto su población en los últimos años, que ya se une con el pueblo antiguo, situado en lo alto de una colina, a la sombra del Montgó, un gran monte solitario y altivo, que suele cubrirse cada día con una pequeña nube a modo de sombrerito. Mayoritariamente poblado por autóctonos, en verano el puerto ve bastante aumentada su población, además de por turistas españoles y extranjeros, con un número permanente de trabajadores magrebíes, que se sientan en grupo en el pequeño paseo marítimo, donde están los restaurantes más antiguos y el viejo hotel Miramar, de dos plantas, las tiendecitas de recuerdos,...y el cine. El cine Jayan, es toda una institución, ya muy en desuso, pero que en verano cobra mucha animación, porque tiene una parte de terraza al aire libre. Y las terrazas de los cines son el sitio donde suelen ir los que se llevan los niños y la merienda-cena y pasan como pueden esos momentos previos al sueño nocturno y reparador, entre pipas, cigarrillos, cacahuetes y otras chucherías.
Hay barecitos muy tradicionales, como El Clavo, que huelen permanentemente a pescado frito, a calamares, y que siempre están llenos, aunque son cuchitriles calurosos en los que apenas cabe nadie, pero sacan sus mesitas a la calle y se llenan. Allí van los viejos, los pescadores, la gente del pueblo y algún turista despistado o que busca algo barato. Justo detrás, atravesando un par de callejuelas estrechísimas y oscuras, se llega a la iglesia, absolutamente irreconocible, al adoptar, por el capricho del arquitecto, la forma de un buque varado, con lo nadie imaginaría lo que es hasta que penetra en su interior.
Este año ha sufrido como muchas otras poblaciones, esa pasión por las obras públicas que parece contagiarse de ciudad en ciudad, gracias a las iniciativas de nuestros abnegados gobernantes, deseosos de trastornar, periódicamente y con nuestra contribución económica, nuestros hábitos de paseantes al cortarnos calles y mostrarnos las tripas de las ciudades además de machacarnos los oídos con las taladradoras. También estos últimos años ha sufrido esta pequeña población la invasión de las archiconocidas tiendas de chinos. Primero llegaron los restaurantes, luego los todoacien y ahora son casi supermercados que ocupan enormes extensiones con miles de objetos de baratillo, con lo que las tiendecitas antiguas, las pequeñas librerías y las mercerías han desaparecido casi por completo. Sólo queda una pequeña librería en el puerto, pero es internacional, aunque lleva allí unos veinte o treinta años, lo cual ya es un éxito. La mantiene la población internacional, principalmente británica y germánica, que vive permanentemente en esta población desde hace años.

El paseo típico es por el espigón del puerto, donde se sitúan los pescadores aficionados o habituales, colocan su caña en el rompeolas y esperan. Tienen un cierto público, sobre todo de desocupados y de niños, que también esperan pacientemente a ver qué es lo que sale de allí. Al final del espigón está el pequeño faro, ahora en desuso, porque el faro más importante es el que está en la parte nueva, que introduce su largo brazo de cemento aún más adentro en el mar. Y abajo, en el muelle, los barcos de pescadores, las montañas de redes, a la espera de ser estibadas, enormes anclas y otros objetos marítimos, y al fondo, la lonja del pescado, que a las ocho de la tarde bulle de clientes, de pescado fresquísimo, de pescadores...y de gatos. Toda la población gatuna se concentra allí.

Pasado el puerto pesquero, se sigue caminando y se llega al puerto deportivo, no muy grande, y absolutamente concurrido, con instalaciones para el remoce y arreglo de barcos, además de restaurante, cafetería, piscina, etc. para los socios. Si seguimos andando llegamos al otro gran espolón y rompeolas, que cierra el puerto al norte. A la izquierda está el farallón cortado casi a pico, de la montaña que acaba en el cabo San Antonio, donde está el gran faro. Esta montaña entra en el mar con acantilados muy abruptos, formando algunas calas y cuevas, como la del Tangó, ahora cerrada tras el temporal de lluvias del año pasado, que originó derrumbamientos de rocas que obstruyeron el paso. Es un lugar recoleto y muy íntimo, donde el mar siempre rompe con fuerza y la pequeña caleta es de cantos rodados, y la mar muy profunda. Por un sendero de montaña, muy escarpado, se puede subir hasta el cabo San Antonio, desde donde se tienen unas vistas deliciosas y desde allí se puede bajar hasta unas cuevas donde entra el mar y resuenan las olas creando un clima de tesoro escondido. En el Cabo San Antonio hay un faro, que al atardecer alumbra la bahía con su haz giratorio.
Las gaviotas chillan y revolotean por encima, el viento sopla y las olas rompen en su eterno ir y venir, contra las rocas. Y las podría mirar durante horas.

31/07/09

El mar, el mar...



















Estos días los paso junto al Mediterráneo. Son días de calor, de viento, de aire marino, de marisco y de cervezas, de libros y de pelis, de sueños y de amaneceres luminosos, de cantos de pájaros y de insectos zumbadores, de hierba recién cortada y de paseos descalza por la arena mojada. El resto intento aparcarlo para después del verano.
Otro día hablaré de mis lecturas y de mis pelis...Hoy sólo quiero mostrar imágenes.

14/07/09

EL PODER DE LAS IMÁGENES

El artículo que sigue fue publicado el mes pasado en Anika entre libros (http://www.libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/F/p04580.ascx).
Se trata de la reseña del libro El poder de las imágenes, de David Freedberg. En él se estudia de modo bastante exaustivo, la influencia que ejercen las imágenes sobre el observador humano, y las reacciones que provocan.

David Freedberg, nacido en Sudáfrica, donde realizó sus primeros estudios antes de ingresar en Yale, es principalmente conocido por su trabajo sobre las respuestas psicológicas al arte, y particularmente por sus estudios sobre la iconoclastia y la censura. Es Director de la Academia Italiana de Estudios Avanzados en América, en la Universidad de Columbia. Ha trabajado sobre arte flamenco y sobre el Renacimiento, publicando numerosos estudios al respecto.

El ensayo que presentamos aquí, según sus propias palabras en la introducción de su libro, no trata de la historia del arte sino de la relación entre las imágenes y las personas que las observan, a lo largo de la historia. Al autor le llama la atención el hecho de que se silencien determinados comportamientos y reacciones suscitadas por la contemplación de determinadas imágenes. Sobre todo, aquellas reacciones de personas no cultivadas artísticamente, digamos. Reacciones emotivas de miembros de otras culturas más primitivas, por ejemplo. O reacciones de niños, o incluso las reacciones de personas cultivadas pero que, al margen de sus explicaciones racionales ante la obra que contemplan, tienen unas reacciones más primarias, emocionales, que generalmente se ocultan a favor de las racionales. O sea, que de lo que se trata es de marcar la diferencia entre lo civilizado y lo primitivo de las reacciones ante la imagen artística.


El autor no cree en la distinción entre objetos que producen respuestas “religiosas” o “mágicas” y objetos que producen respuestas “estéticas”. Estamos, pues, ante un estudio antropológico de campo. El objeto no es tanto el objeto artístico, sino la relación entre éste y las conductas suscitadas en los distintos sujetos, y el procedimiento será más bien de tipo inductivo que deductivo, ya que se trata de una investigación en la que no se parte o el autor insiste en que no se parte de teorías previas, sino que su objetivo es llegar a ellas por medio de la observación de casos concretos.

Es éste un ensayo muy interesante, que trata de bucear en un tema que muchas veces se soslaya: cómo reaccionamos las personas ante las imágenes, artísticas o no. Y precisamente en un mundo dominado por la imagen visual, el tema cuando menos, requeriría que reflexionásemos un rato sobre ello. Porque realmente las imágenes tienen un poder muy alto sobre nosotros. Estamos dominados por ellas, si nos paramos a pensar: cruzamos el semáforo porque una figurita verde nos señala un hombre andando, mucha gente organiza excursiones y romerías para ver a determinada imagen de la Virgen, durante siglos se ha recorrido y se sigue recorriendo el Camino de Santiago... para poner la mano sobre la imagen del Santo, o, por otra parte, nos excitamos sexualmente ante determinadas pinturas o fotografías. O nos enfadamos, nos agobiamos, si lo que vemos es una imagen de un asesinato o torturas.


Lo que el autor nos quiere aclarar es que, aunque el público civilizado y educado en la visión de obras de arte, por ejemplo, no explicite estas reacciones y las racionalice, la siente igualmente, pero las reprime. Y analizando a través de la historia, el hecho de que se haya perseguido la publicación de imágenes por parte de instituciones religiosas o políticas, implica que las imágenes censuradas podrían provocar en el público reacciones indebidas o indeseadas.




Por otra parte, durante muchos siglos en los que el analfabetismo era masivo, las imágenes constituían un lenguaje, un lenguaje en el que se quería no sólo informar sino formar, aleccionar, generar en el que miraba conductas determinadas.El autor, pues, analiza exhaustivamente diferentes culturas, tanto orientales como occidentales, y sus comportamientos ante los iconos. Analiza incluso las grandes religiones monoteístas, que han pasado por fases iconoclastas, pero siempre la tendencia natural en el ser humano es plasmar plásticamente aquello que imagina, aquello en lo que cree: cómo se han ido viendo los dioses a través de la historia, y qué reacciones han generado desde los meteoritos negros (baitulia) de la antigua Grecia, hasta las fotografías modernas, pasando por los iconos medievales que mostraban la vida de Cristo a los fieles.

Encontramos múltiples citas de autores clásicos, como Platón o Aristóteles, o Nicolás de Cusa, cuando puso como metáfora de Dios el ojo que todo lo ve. O a Diodoro de Sicilia cuando nos habla del mito de Dédalo, y que la gente creía que sus estatuas eran como seres vivos, que podían ver y caminar. Según Diodoro, sería el arte el que infundiría vida a las estatuas.También cita a N. Hawthorne, al decir que nosotros tendemos a responder de la misma manera que aquellos a los que no se les ha enseñado respuesta alguna frente a las imágenes, tesis que mantiene el autor del libro, así como también mantiene que realmente no existe ningún pueblo que no busque la manera de plasmar en imágenes lo invisible, para encarnarlo y hacerlo semejante a nosotros, y de ese modo sentir su mensaje, emocionarnos o sentir miedo, o rabia.



El autor estudia a lo largo de casi quinientas páginas todas estas relaciones, así como la cuestión de la consagración de las imágenes religiosas y si su valor les viene de ella o es previo, las peregrinaciones originadas por iconos, estatuas religiosas, reliquias, etc.; el por qué de las imágenes votivas, su función y sus variantes históricas y geográficas; el tema de la brujería, el vudú, la magia; las imágenes lascivas y que despiertan el deseo erótico; la idolatría, la censura de imágenes, el problema de la representación, el tema de la imagen seriada, etc. etc.



Recurre al apoyo de autores mundialmente conocidos como Gombrich, Gadamer, W. Benjamin, N. Goodman, en fin, nos hace un verdadero recorrido rastreando pistas que nos lleven a probar las ideas en las que cree y desarrolla su teoría. Y esta andadura por la obra va acompañada de múltiples ilustraciones con pinturas, grabados, fotografías, que nos ayudan a comprender lo que se nos trata de explicar.



Un ensayo que está más enfocado hacia la antropología que hacia el arte, puesto que las imágenes, como hemos dicho, todas las imágenes, sean artísticas, decorativas o utilitarias, tienen siempre un efecto en el observador, funcionan como un signo cuya significación es captada y a la vez genera una reacción. Muy recomendable como libro de consulta e incluso como ayuda a la investigación, por el importante aporte de datos que supone.

10/07/09

EL ARTE DE LA PINTURA


Aunque esta obra la leí y publiqué su reseña en mayo, en la página de Anika entre libros,
con la que colaboro, me gustaría ahora reproducirlo aqui.
El texto utilizado y seguido, nos dice el editor, es el manuscrito original del Arte de la Pintura conservado en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid, según la transcripción ligeramente modernizadora realizada por Francisco J. Sánchez Cantón y publicada por el propio Instituto en 1956.Se ha llevado a los márgenes las acotaciones de otros autores que revisaron el texto, indicando siempre la identidad de aquéllos y su sentido. Se han presentado en cursiva los textos que el propio Pacheco cita directamente de otros autores o fuentes, que son multitud. Se ha preferido aquí la tarea de historiador a la de filólogo. Siempre que se ha podido, se mantiene en las notas el texto original usado por Pacheco. También se han intentado identificar las numerosas obras y artistas menores que se citan en el texto. Cada capítulo lleva al principio una nota aclaratoria del editor, marcada con un asterisco, que presenta y resume cada capítulo, para ayudar al lector a seguir con la mayor claridad el tema que se nos propone en este libro.Para no quedar en una edición puramente erudita del texto de Pacheco, se ha buscado humanizar y acercarse al personaje, tratar de desvelar el material con que Pacheco desarrolló Arte, comprender su ritmo y los acentos de su discurso.

Este tratado es el mejor libro que la tradición hispánica nos ofrece al respecto. Francisco Pacheco del Río (1564, Sanlúcar de Barrameda – 1644, Sevilla), maestro (formó una Academia en Sevilla), pintor, estudioso del arte y suegro de Diego Velázquez, (ya que éste se casó con su hija Juana, y fue alumno de Pacheco). Su obra como pintor se caracteriza por un manierismo de corte académico, italianizante. Sigue las formas de los grandes maestros, pero sin apenas originalidad ni especial destreza por su parte. No fue un genio, pero sí fue un observador curioso y honesto. Se le valora más como buen dibujante y modesto pintor. Sin embargo, dada su dedicación al estudio, análisis y explicación del arte, Pacheco influyó mucho en la iconografía de la época. Como historiador de arte, sus escritos son fundamentales no sólo en datos sobre tendencias, escuelas y artistas, si no también por la explicación puntual de técnicas pictóricas, especialmente por las normas sobre la policromía de esculturas.

Se trata de la reedición de uno de los más clásicos y conocidos tratados de arte españoles, el elaborado por el también pintor, investigador, erudito y suegro de uno de nuestros insignes pintores: Diego de Velázquez.La presente edición consta de una ilustradísima y aclaratoria introducción, con una bibliografía completísima, a cargo de B. Bassegoda, y un prólogo del propio Francisco Pacheco, donde nos introduce a su vez en el tratado que va a desarrollar el análisis y estudio pormenorizado del arte pictórico. Se divide, respetando la división de Pacheco, en tres partes y una suerte de epílogo. La primera se titula: La pintura, su antigüedad y grandezas; la segunda: La pintura, su teórica y partes de que se compone; y la tercera: De su prática y modos de ejercitarla (sic). El epílogo se titula Adiciones a algunas imágines (sic), en donde se analizan, a lo largo de doscientas páginas, una serie de cuadros, ampliamente ilustrado con reproducciones de pinturas y grabados. Esta es una obra completísima y muy documentada, altamente interesante para los pintores y los historiadores del arte, así como para el estudioso de la historia en general.

Pacheco, según nos cuentan los editores, apenas publicó sus múltiples escritos en vida, aunque escribió mucho. Sus obras capitales: Arte de la Pintura y el Libro de Retratos quedaron inéditas y fueron publicadas posteriormente a su muerte, en 1649, sin que sepamos gran cosa de quién fue el responsable de la edición. El ambiente intelectual y político en que se movió en Sevilla, los veinte primeros años del siglo XVII, es la rivalidad entre la Casa de Alcalá y un joven Conde-Duque de Olivares, mientras fue alcaide del Alcázar. El tratado que nos ocupa se escribió en los años 30, cuando ya había abandonado su enseñanza en la Academia, y su etapa pictórica había pasado a mejor vida, apagada por el éxito innegable y ascendente de Velázquez. A la vuelta a Sevilla, después de intentos fracasados de establecerse en Madrid, a la sombra de su yerno, es cuando se dedica a su labor de erudito e investigador del arte pictórico, así como su defensa frente al escultórico.


Como crítico Pacheco es muy ecléctico, y se basa en muchos otros autores italianos, como Vasari, ya que además muchas de las obras italianas o flamencas que cita no las conoció más que por reproducciones, grabados, o citas ajenas. Ahora bien, respecto al tema del acabado, es una roca. Cree en la superioridad del dibujo sobre el colorido, y por tanto, su crítica va más hacia la escuela veneciana, Tintoretto, Tiziano, y, por supuesto, El Greco, al que no puede tolerar esa imprecisión de las figuras y esos colores tan brillantes. En la entrevista que ambos mantuvieron en Toledo, en 1611, al parecer surgieron chispas como de un pedernal. Las opiniones de Doménico Theotocópulos generaron una terrible reacción en Pacheco. Pacheco habla de la pintura del Greco como un “género particular de borrones” (pág 415).Desde hacía muchos años llevaba recopilando datos en relación a sus diversas facetas, literarias y pictóricas. Y en esos años concentra su atención en revivir todos esos recuerdos y rodearse de pintores y escritores virtuales, que le acompañen en su soledad real. Aunque su formación humanística es mediocre, tenía los suficientes conocimientos de latín como para leer y traducir. Sin embargo, comparado con otros pintores, estaba muy por encima de la media en este aspecto. Y comparado con los literatos, que desconocían el mundo pictórico, también se halla muy superior a ellos. Así pues, la combinación entre sus conocimientos técnicos pictóricos y sus aficiones literarias, el poso dejado en él por sus tertulias sevillanas, y sus clases en la Academia, dan como resultado esta obra única, imprescindible para el conocimiento del arte pictórico español y de la época.

09/07/09

LECTURAS VERANIEGAS

En verano es cuando más se presta la lectura de determinadas obras que en invierno no apetecen...Por ejemplo, las novelas de mar, aventuras, sitios exóticos, y tal. Bueno, habrá a quien le apetezcan siempre, supongo, pero a mi es en verano cuando más me llaman. Por supuesto, también leo otras cosas, claro.


Desde junio para acá he leído Bajo bandera enemiga, de Thomas Russell, que es una buen novela de mar, y que me ha gustado bastante. La reseña que le hice podéis verla en http://www.hislibris.com/?p=928 .

Luego me leí la Autobiografía de HG Wells, (la reseña está aqui: http://www.libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/W/p04610.ascx )
que me decepcionó bastante, y un librito de Cuentos japoneses que tampoco me gustó demasiado (por ahora, como veis, la cosa está equilibrada), empecé a leer a Stieg Larsson y lo abandoné a los pocos capítulos. No sé, pero no conseguí entrar en la historia.
Y finalmente leí y disfruté mucho con Mágicos y Lógicos, de André Maurois, autor que admiro desde hace tiempo y al que debo leer más a menudo. Esta obra es una recopilación de conferencias que Maurois impartió en París en 1935, y en ella retrata a nueve escritores británicos: Kipling, HG Wells, Chesterton, Shaw, Conrad, L.Strachey, K. Mansfield, DH Lawrence, y A.Huxley. Todos ellos autores que me interesan, aunque a unos los he leído más y a otros menos o nada, como es el caso de la Mansfield, pero cahora creo que debería leerla un poco. El libro, una edición de 1943, (no hay ediciones modernas, la última creo que es la de 1967) lo conseguí en una librería anticuaria en Valencia, y conforme iba pasando páginas me iba quedando con trocitos de papel en las manos. Conseguí llegar al final y aún quedaba algo de la portada...En fin, a pesar de todo, me interesó sobremanera. Porque no sólo hablaba de cada uno de ellos sino de las relaciones de ellos entre sí, ya que casi todos se conocían personalmente o de oídas, y todos tenían algo que decir de los demás.
Después... he vuelto al mar. Acabo de terminar Confesiones de un pirata, de Gene Wolfe. No sé si habréis leido algo de él, yo leí en los ochenta Soldado en la niebla, una obra de ficción fantástica ambientada en una especie de gracia sobrenatural, algo muy peculiar. Por lo visto, según he podido enterarme fisgoneando por la red, este autor se ha especializado en novela fantástica o de ciencia ficción. No está mal, son aventuras de piratas en las Antillas, claro, que es su lugar natural, pero hay una mezcla con la fantasía porque el que lo cuenta, que es el capitán pirata, resulta que lo cuenta varios cientos de años después, y mientras su personalidad ha trocado en la monástica. Hay un tasvase de épocas, un viaje de ida y vuelta en el tiempo, pero el grueso de la narración es la época de los piratas.




Es una mezcla, no sé si muy exitosa o no, de relato fantástico y de aventuras. Al menos me he entretenido mucho leyéndolo. Y se sale un tanto de lo que leo habitualmente.

¿Qué me espera aún? Mmm...Muchísimos libros: la trilogía de la Bounty, por ejemplo, El Jardín de Hipatía, libro cuyo tema me llamó la atención, pero ahora que veo tantas versiones de Hipatías circulando por ahi se me están pasando las ganas. También tengo un librillo sobre El cine negro que le quiero hincar el diente, y La cultura de la conversación se quedó a la espera y aún está mirándome en mi estantería. Y cuando buscando otro libro me quedé con Bomarzo en las manos, me entraron ganas de apartar los demás y concentrarme en los Orsini de los que tan maravillosamente nos habla el gran Mújica Lainez.

08/07/09

ACTIVIDADES VERANIEGAS

Creo que me he tomado demasiadas vacaciones, pero lo cierto es que he tenido la cabeza en otras cosas y no podía sentarme y escribir así como así. El verano es un tiempo en que relajamos las costumbres, relajamos los cuerpos y los pensamientos, hacemos planes que luego se esfuman, y tratamos de ponernos al día en miles de asuntos atrasados, de esos que siempre se dice "lo haré en cuanto tenga tiempo", y luego casi nunca lo hacemos, no por falta de tiempo, sino por falta de ganas o porque ya no es necesario, o por que es inoportuno.
Lo cierto es que quería escribir sobre unas cuantas cosas vividas estos días pasados, pero lo fui dejando...


Una experiencia inolvidable de este mes de junio pasado ha sido la ópera. Me he dado el lujazo de asistir a la tetralogía wagneriana del Anillo del Nibelungo, programada en Valencia en el Palau de les Arts. Muchos han hablado del tema y bastante mejor de lo que yo podría hacerlo de su parte técnica, asi que remito a otros blogs:





Contaré mis impresiones personales, a mi manera. Ha sido emocionante, sobre todo por la música y por la historia en sí, que es muy muy atractiva. Aunque soy aficionada a la ópera, no tengo tantos conocimientos técnicos al respecto, sólo sé si me emociona o si no. Wagner alargaba demasiado sus óperas, ya que él consideraba que lo merecía, y además para él aquello no era sólo música, sino "arte total", música, teatro, literatura, filosofía, imágenes artísticas...Y en cierto modo, es así. pero Wagner no tenía sentido del límite y realmente, algunos pasajes bajan de interés o se hacen algo pesados, al ser cantados sólo por una persona y durante largo tiempo. Me imagino que esto algunos lo considerarán como una herejía, pero no me asusta ser hereje...
La historia de los Nibelungos, el tesoro robado a las Ninfas del Rhin, y luego por los Dioses y los Gigantes, la creación de la pareja humana Siegmund y Sieglind, los Walsungos, destinada al fracaso, pero también al amor, cuyo fruto es Siegfried, el héroe, el hombre sin miedo, que acaba con el dragón y recupera el tesoro nibelungo, y despierta a Brunehilde, la durmiente walkiria, ...todo ello es emocionante y atractivo, y si además lo presencias en directo y con una maravillosa música y voces divinas, pues es una gozada. Es un tema sobre el que he leído bastante, he escuchado distintas versiones de la ópera, he leído en la biografía de Wagner cómo se gestó y lo que le costó a Wagner producirlo, y claro, todo ello me lleva a disfrutar aún más con una actuación como ésta.


La parte negativa sería, si somos realistas, en que hacía mucho calor, las actuaciones eran largas, y la escenografía, a cargo de la Fura dels Baus, grupo que considero más circense o artísitico en otro sentido muy distinto del operístico, ha contribuído a que en algunos momentos me enfadara un poco, ya que pensaba que estropeaban la ópera con tanto artilugio, tanta proyección de colores en movimiento, y esas ropas contemporáneas del final, que, si bien comprendo su simbología -o creo comprenderla- me perturban y fastidian la atención.


Pero bueno; los cantantes han cumplido bien, Plácido Domingo, a pesar de sus años, hizo un maravilloso Siegmund, y Zubin Metha, el gran director de Bombay nos satisfizo completamente.
Otro día contaré sobre mis lecturas, que están siendo muchas....




























04/06/09

JONATHAN SWIFT: Ideas para sobrevivir a la conjura de los necios


El máximo dominio del arte de la oratoria
consiste en ocultar dicho dominio.

He encontrado por mi biblioteca un pequeño volumen, una recopilación de textos de Jonathan Swift a cargo de Mauricio Bach, llamada Ideas para sobrevivir a la conjura de los necios, y he pasado un buen rato leyéndolo, reflexionando sobre las ideas que nos propone este autor, recordado siempre por Los Viajes de Gulliver y malinterpretado como un autor para niños, cuando es uno de los escritores británicos que manejan el ingenio y la agudeza más importantes que conozco.
Swift fue un gran polemista y crítico de la sociedad que le conoció. Pero la mayoría de sus obras fue publicada en vida de modo anónimo, salvo Los Viajes de Gulliver. Según Taine, Swift fue “ panfletario contra la oposición y contra el gobierno, despedazó o destrozó a sus adversarios haciendo uso de la ironía y de sus comentarios sentenciosos, con su tono de juez, soberano y verdugo, Hombre de mundo y poeta, inventó el sarcasmo impío, la risa fúnebre, la alegría convulsa de contrastes amargos; y arrastrando los arneses mitológicos como si fueran un guiñapo con el que hay que cargar, se construyó una poética personal mediante la plasmación de los detalles más crudos de la vida trivial, del impacto doloroso de lo grotesco, y de la revelación implacable de la inmundicia que ocultamos.”
Es famosa su frase, citada al comienzo de la novela homónima de J. K. Toole: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, lo reconoceréis por un indicio: que todos los necios se conjuran contra él.”

La infancia de Swift no debió ser muy feliz. Nació en 1667 en Dublín, pero para cuando nació su padre ya llevaba muerto siete meses, cargado de deudas. Su madre y el bebé hubieron de ser mantenidos por dos primos del padre, uno de ellos, el poeta y dramaturgo John Dryden. La nodriza que le cuidaba y con la que se hallaba más unido que con su propia madre, poco menos que lo raptó, llevándolo consigo a Inglaterra sin permiso de la madre.

Tras localizarla, él se hallaba enfermo y pasó mucho tiempo antes de que lo pudieran llevar de vuelta a Irlanda. Para entonces su madre, en situación financiera penosa, se hallaba en Inglaterra trabajando y Jonathan volvió a quedar al cuidado de su tío Godwin, que se ocupó de mandarlo a la escuela y luego al Trinity College de Dublín, donde pasó su etapa universitaria (¡siete años!), más mal que bien, ya que era levantisco y sufría severos castigos. Pero allí descubrió la literatura.
Una vez licenciado en 1686, y tras dos años en Irlanda, decidió irse con su madre a Inglaterra ya que la situación política irlandesa, para variar, dejaba mucho que desear y por esos años había una revuelta popular muy violenta. Como su madre no podía mantenerlo, consiguió que entrase como secretario de Sir William Temple, a cuyo servicio permaneció durante diez años, entre otras actividades, dirigiendo la educación de Esther Johnson, posible hija natural de Sir William. Al crecer la niña, a la que él llamaba Stella, se enamoraron. Y a ella dedicó muchas cartas amorosas incluidas en el Diario de Stella. Hizo sus primeros tanteos poéticos por esa época.
Hizo estudios teológicos en Oxford, donde consiguió el grado de Magister y es ordenado pastor de la iglesia anglicana en Irlanda, donde intentó trabajar en una parroquia pero aquello no era para él y volvió a Inglaterra a continuar trabajando para Sir William hasta la muerte de éste. Empezó a escribir sus primeras sátiras en prosa en estos años.

Fallecido su protector, vuelve a Irlanda como secretario y capellán de Lord Berkeley; hay una serie de maquinaciones y conflictos, y le conceden unas prebendas para acallarle. Aprovecha para obtener el doctorado en Teología y retorna a Inglaterra, donde se involucra en temas políticos y primero toma partido por los whigs y luego por los tories, ocupándose de dirigir su periódico, The Examiner. En Londres alterna con Alexander Pope, John Gay, y Samuel Johnson, que se siente algo receloso de sus diatribas y continuas polémicas. Vuelve a Irlanda otra vez. Durante estos años, Stella y él han mantenido una discreta relación y se sospecha que se casaron en secreto, en 1716. Ella se instaló en Irlanda también. El problema surge con la aparición de otra mujer, Hester Vanhomrigh, alumna suya, y que igualmente se instaló en Dublín al quedar huérfana, manteniendo una relación amorosa con Swift hasta que ella se enteró de la existencia de Stella y rompió dramáticamente los lazos, e incluso se dice que murió por amor.
En 1726 escribió Los Viajes de Gulliver, del que Walter Scott, en sus Memorias del Dr. Jonathan Swift (1814) dice: “el público se abalanzó sobre el libro, que era devorado por la aristocracia y las clases humildes, por los eruditos y los iletrados. La crítica se maravilló. Quizá nunca una obra literaria había ejercido tanta atracción sobre todas las clases sociales”.

En 1726 viaja por última vez a Inglaterra y después fallece Stella, agudizándose su misantropía e incluso comenzando una demencia senil. Continuó escribiendo desaforadamente, hasta que en 1745 muere en Dublín.

Algunos de sus aforismos destacables:

La comida del soltero: pan, queso y besos.

Los mejores médicos del mundo son el Doctor Sosiego y el Doctor Alegría.

La adulación es la peor manera, y la más falsa, de demostrar nuestro aprecio.

No escuchamos a ningún predicador, excepto al Tiempo, que nos proporciona la misma línea de pensamiento que nuestros mayores han tratado en vano de inculcarnos.

En las discusiones, como en las batallas, la parte más débil crea destellos ilusorios y hace mucho ruido, para que el enemigo crea que son más numerosos y mucho más fuertes de lo que realmente son.

Algunas personas tienen más cuidado en ocultar su sabiduría que su necedad.

Una vez que el mundo ha empezado a maltratarnos, continúa aplicándonos ese tratamiento con menos escrúpulos y ceremonia.

Todos los seres humanos desean tener una vida larga, pero nadie quiere ser viejo.

Un partido político es la locura de muchos para el beneficio de unos pocos.

A veces leo un libro con placer y detesto al autor.

Mientras leo un libro, tanto si resulta inteligente como si es una tontería, tengo la sensación de que está vivo y me habla.

¿De qué sirve la libertad de pensamiento si no conduce a la libertad de acción?

25/05/09

SESIÓN DE CINE

Después de unas semanas bastante ocupadas, vuelvo a la carga, esta vez comentando un par de pelis que he visto estas dos últimas noches, que en casa hemos empezado a hacer un ciclo dedicado a Errol Flynn. La primera ha sido "La carga de la brigada ligera" (1936, Michael Curtiz), un mano a mano entre Olivia de Havilland y un Errol Flynn jovencísimo y lleno de poderío. La película es redonda: la carga propiamente ocupa los últimos veinte minutos finales de la película; todo lo anterior es la historia de cómo se llega a aquello. Una recreación de el sistema militar británico en la India, las tensas relaciones con la Rusia zarista que acaban por desembocar en la guerra de Crimea, pero que van precedidas de escaramuzas militares en el norte de la India, Afganistán y las zonas que entonces eran fronterizas entre ambos imperios (Hablamos de 1854...). Alianzas políticas que se hacen y deshacen, jefes locales amigos y enemigos, etc. La trama histórica se mezcla, por otra parte, con una historia de amor y de celos.

Los hermanos Vickers ( Errol Flynn y Patric Knowles) compiten por el amor de una chica (Olivia de Havilland), prometida de uno pero enamorada de otro. Cómo los hermanos enfrentados finalmente acaban en Balaclava, donde se realiza la carga, planteada en el film como venganza de los brigadistas contra el responsable de una anterior matanza de mujeres y niños en una fortificación india. El Mayor George Vickers (Flynn, claro) salva a su hermano, haciéndole llevar un mensaje, de una muerte segura pero honorable. Y se lanzan a ello. Si queréis más información sobre el tema histórico, aqui podeis encontrar alguna:
http://es.wikipedia.org/wiki/Carga_de_la_Brigada_ligera




En fin...y la otra película, toda una gran película, es "Murieron con las botas puestas", (1941, Raoul Walsh), donde se nos narra la historia del general George Armstrong Custer. Y la vuelven a protagonizar la misma pareja, un poco más entraditos en carnes, pero igualmente magistrales en sus interpretaciones correspondientes. Walsh nos muestra una visión de Custer bastante más amable y comprensiva con el hombre de lo que se nos muestra en otros films, donde lo presentan como un loco furibundo, un demonio que sólo pensaba en sus ascensos y su protagonismo, como el culpable del desastre de la gran matanza de Little Big Horn. Pero yo creo que no es una versión acaramelada, si bien combina escenas más dulces, con su esposa, y escenas fuertemente agresivas donde muestra los sucios manejos que se hacían bajo la excusa del "progreso", y el desprecio a los indios y a las vidas humanas en general, en beneficio de los negocios particulares de algunos.
Mas información, por ejemplo, aqui:

Toda la primera parte de la peli se concentra en mostrarnos el carácter de Custer, arrogante, impulsivo, nada racional, pero honorable y patriótico, generando grandes odios y grandes atracciones. En la foto vemos el primer encuentro con la que sería su mujer tras la guerra, encuentro delicioso y lleno de un fino humor.
Su entrada en la academia militar de West Point es sonada, y allí acumula todo tipo de sanciones por ser un incontrolado, un independiente y no hacer caso a nadie. La guerra acaba con su entrenamiento y después de una serie de intrigas y esfuerzos, con su parte atractiva consigue el mando de un regimiento y su primera acción es sonadísima: desobedeciendo las órdenes, consigue un exito militar contra los sureños. Es herido, y la disyuntiva de sus superiores es el consejo de guerra o la medalla, optando por la medalla. Acaba la guerra y él es ya general, por azar, y consigue casarse con la chica, hija de un potentado qu eantes no le aceptaba y ahora, exitoso y laureado, le acepta.
La segunda parte de la película se desarrolla en un puesto fronterizo del Oeste donde le destinan al mando del 7º de caballería, y ha de bregar con los indios y con los que trafican con ellos, armándoles y vendiéndoles alcohol, así como con un regimiento aburrido, indisciplinado y maltrecho. Y aqui ya conocemos la historia. El tratado con los indios se rompe porque se deja correr el rumor de que en las Colinas Negras , zona sagrada de los sioux, hay oro, y la marea humana invasiva se produce, faltando a lo pactado. Los indios forman su gran coalición, con Crazy Horse (Anthony Quinn), Sitting Bull y los demás jefes, y Custer muere lanzándose a una batalla perdida de antemano pero que afronta como siempre, con la cabeza alta y el sable desenfundado.

La escena de la despedida con su mujer es memorable. Walsh nos emociona hasta la médula. Ambos saben lo que va a ocurrir y fingen naturalidad; pero ambos se despiden por última vez en un abrazo apasionado.

En fin, dos pelis deliciosas, emocionantes, cargadas de acción e interpretadas por actores de primerísima calidad. Recomendables a todo buen cinéfilo y al que desee serlo.

09/05/09

VARIAS LECTURAS Y UNA PUERTA ABIERTA

Estos días pasados he disfrutado con varias lecturas interesantes: El maestro de almas, de Irène Némirovsky, La mujer justa, de Sándor Márai, ambos autores que me atraen mucho y que espero gustosa las siguientes lecturas de ellos,y también una colección de relatos, La vida futura, de E. M. Forster, autor de obras tan atractivas como Pasaje a la India o Howard´s End, ambas llevadas magníficamente al cine por David Lean y James Ivory respectivamente.
Como la reseña de El maestro de almas está publicada en La2Revelación, sólo me remito a ella desde aqui: http://la2revelacion.com/?p=328.
Y, por cierto, también está publicada ya la reseña que escribí sobre la biografía de Miguel Ángel de Emil Ludwig, aunque ésta en Hislibris: http://www.hislibris.com/?p=902.
En cuanto a Forster, también se ha publicado una ficha y comentario del libro en Anika entre libros: http://www.libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/F/p04482.ascx


¿Con cuál he disfrutado más? Pues creo que con los dos primeros monólogos de La mujer justa, de Sándor Márai. Pero ocurre que ese libro cojea, y la tercera parte se escribió años después de las dos primeras, tras la II Guerra, y en mi opinión no debería haberse añadido a lo que ya quedaba como un libro redondo. Ahora queda como un libro irregular, un triángulo obtuso... En fin, como la reseña está ya hecha, remitiré a ella cuando se publique.


Pero ahora acabo de abrirme otra puerta: es un mundo en el que apenas había entrado, ya que como es conocido, me inclino más por la anglofilia que por la francofilia y, la verdad, he de reconocer que, salvo lecturas como Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo y alguna que otra más, apenas tengo nociones de la historia francesa de los siglos XVII y XVIII, y siempre me espantó un poco el arte rococó...pero la puerta que he abierto es una que, desde que leí a Proust, hace ya bastantes años, tenía pendiente: son las famosas Cartas de Madame de Sévigné, libro de cabecera proustiano. Claro, al empezar a leerlo, me he dado cuenta inmediatamente de mis carencias y mi absoluta ignorancia, además de mi desconocimiento del idioma francés...esto puedo remediarlo con un diccionario al lado, pero lo otro...me ha remitido a otros libros, sugeridos por mi marido, que sí es francófilo y francófono de toda la vida (de ahi nuestra complementariedad); y esos otros libros me han parecido tan tan sugerentes, que me abren la puerta doblemente: se trata de un ensayo delicioso: La cultura de la conversación , escrito por la nieta de Benedetto Croce, Benedetta Craveri (publicado por Siruela en 2003), del que ya me he leído el capítulo correspondiente a Madame de Sévigné, y me ha convencido acerca de mi absoluta necesidad de ilustración sobre el tema, ya interesantísimo para una persona como yo a la que le encanta charlar, o mejor dicho, conversar.

Como todo está simplemente iniciado, hablaré mas prolijamente de ello en su momento, cuando al menos me haya terminado el primero de los libros, al menos.

Mme. de Sévigné





Salón francés del XVII

27/04/09

MATAR A UN RUISEÑOR: MUERTE DE LA INFANCIA

(Este texto fue publicado anteriormente en www.ciberanika.com)
No soy capaz de recordar el primer libro que leí, aunque mis recuerdos primeros vayan asociados a un enorme libro de tapas bermejas con preciosas ilustraciones sobre la vida de un elefantito. Se llamaba Babar. Y ese recuerdo va a asociado a mi padre, que me ayudaba a leer las líneas, que eran breves y en una escritura muy grande, en letras como de caligrafía. Mi padre, que me inculcó el amor a los libros y a la lectura.
Pero de lo que quiero hablar aquí, es del libro de Harper Lee, Matar un ruiseñor, publicado en 1960. Asocio ese libro, que me impactó profundamente cuando lo leí, a muchas cosas que ya no existen: la casa de mi infancia, mi familia agrupada, la salita de estar donde yo ponía mis vinilos en el pick-up y escuchaba a los Beatles mientras hacía los deberes para clase, y donde pasaba horas y horas leyendo en el sofá, en las más inverosímiles posiciones mientras imaginaba mundos y vivía otras vidas.
Matar un ruiseñor, que posteriormente fue llevada al cine con gran éxito, es una obra que trata de muchas cosas, pero sobre todo del conflicto entre el mundo de la infancia y el mundo real. Entre la alegría de vivir y el drama de vivir. Relata la tranquila vida de unos niños, Scout y Jem, hijos de Atticus, un abogado en un pequeño pueblo sureño norteamericano, y cómo esa vida se ve alterada por un suceso, la supuesta violación de una chica blanca, por un hombre negro. El juicio, las presiones que recibe el abogado que defiende al negro, los sucesos que presencian los niños...todo ello me impactaba, porque yo también vivía en un mundo especial, imaginario, el de la adolescencia, y sin embargo, poco a poco tendría que ir abandonando aquello para entrar en el mundo real. Y lo recuerdo con nostalgia, porque aquella habitación y aquella casa desaparecieron hace ya muchos años, como también desaparecieron mi infancia y adolescencia felices. En suma, desaparecí yo, aquel yo que era una niña saltarina, parlanchina y juguetona, y que el libro y la película me recuerdan cada vez que vuelvo a ellos, identificándome con la Scout que fui y que ya pertenece al pasado.

24/04/09

Irène Némirovsky o la fuerza de la escritura


También estos dias finalicé la lectura de El maestro de almas, de Irène Némirovsky, escritora judía que admiro por sus novelas y por su vida, aunque sean cosas distintas y uno pueda llevar una vida de novela pero escribir como un petardo. No es el caso de Némirovsky, que escribe estupendamente y su vida desgraciadamente fue de novela dramática, porque como sabéis, murió en Auschwitz, deportada desde Francia, donde se instaló con su familia, provenientes de la rusia revolucionaria de principios de siglo. Saltó de la sartén al fuego, la pobre. Pero en el ínterin, escribió una serie de novelas de alta calidad literaria, donde diseccciona no sólo a la sociedad francesa, sino a todo el que se le pone por delante, judíos incluídos. Suite francesa es la que hasta ahora me parece la mejor, pero El ardor de la sangre y El maestro de almas también las encuentro muy buenas. Tengo una reseña hecha sobre El ardor de la sangre en http://la2revelacion.com/?p=268, asi que si a alguien le interesa puede mirar alli; en hislibris hay otra reseña de Suite Francesa, a cargo de un compañero: http://www.hislibris.com/?p=499

La reseña de El maestro de almas aún no la he enviado pero saldrá probablemente en La2revelación, próximamente.

21/04/09

MIGUEL ANGEL POR PARTIDA DOBLE



Finalicé gozosa la biografía de Forcellino sobre Miguel Angel, el genial artista del Renacimiento que vivió y se dejó la piel trabajando en su arte, y nos dejó una impresionante herencia. Pero he aqui que descubro -aún sin leer- en mi biblioteca, otra biografía del mismo artista, esta vez a cargo del espléndido biógrafo Emil Ludwig. Y ¡zas! me sumerjo en su lectura, con el placer con que se reencuentra uno a un viejo amigo al que hace poco acabas de ver y aún tienes reciente en la retina su mirada y en los oídos su voz.


Cuando la terminé de leeer, me sentí profundamente satisfecha, doblemente satisfecha; por una parte, Forcellino ha hecho un muy buen trabajo, mostrándonos la vida y el contexto histórico con toda una serie de detalles que yo desconocía, o al menos no recordaba, y también insistiendo en la parte técnica, para mi interesantísima, de cómo y con qué materiales, en qué fases o de que manera abordaba el genial artista su trabajo.


Por otra, Ludwig, que es conocido como renovador de la biografía como género, que hasta él habia consistido en un derroche de erudición y de datos, sin avanzar teorías y sin interpretar los documentos. Ludwig, asi como otros autores contemporáneos, como Zweig, Maurois, Strachey, se mete en la piel del personaje al que va a biografiar. Lo vive y nos lo hace vivir. Probablemente algunos echen en falta más detalles sobre su vida, más detalles sobre su técnica, o sobre la historia del momento en que vivió. Pero eso podemos buscarlo en otra parte. Ludwig nos hace sentir el cincel sobre la piedra, la emoción ante los bloques de Carrara, la pasión por el trabajo bien hecho, la pintura al fresco que nunca habia desarrollado y que al finalizar la Sixtina le ha convertido en un maestro. Nos hace vibrar con las emociones que imagina en Miguel Angel, con sus fracasos y con sus enfados, con sus ilusiones y sus deseos, nos hace ser Miguel Angel durante unas horas de lectura. Impagable, ¿o no?




11/04/09

Miguel Angel










Leyendo estoy, estos días lluviosos vacacionales, una maravillosa biografía de Miguel Angel, escrita por Antonio Forcellino. Disfruto enormemente con ella y ya conoceréis los resultados de este goce. Porque no sólo es la vida del artista, sino la historia de la Italia convulsa y pariendo una nueva visión del mundo y de la cultura: el abandono del mundo medieval y el paso a la época moderna.


Pero rememoro los días en que visité la Capilla Sixtina, y me impresiona pensar en este gran hombre, tumbado en su andamio, luchando contra un medio hostil al que no estaba acostumbrado, ya que él nunca habia usado la técnica del fresco, técnica que por experiencia sé que es muy difícil. La Capilla Sixtina es una maravilla, pero aun más maravillosa me parece, por increíble, el cómo pudo Miguel Angel producirla.

Y no sólo la Sixtina, pensemos en el David, en los Esclavos, surgiendo inacabados de la piedra, tan contemporáneos, pensemos en el Moisés, de la Tumba de Julio II, aquel papa que le puso ante el reto de dedicarse a pintar y dejar los mármoles por bastantes años.


Este libro me ha recordado una lectura prodigiosa, Bomarzo, de Mújica Láinez, que trata también de la historia italiana en época parecida, con las intrigas entre las grandes familias, las luchas de poder, etc. Puede que lo relea cuando acabe éste, me han entrado muchas ganas de hacerlo. Una vez que nos sentimos inmersos en un mundo, y nos gusta, parece natural que deseemos seguir un tanto más.


Nunca llegué a visitar los Jardines de Bomarzo, que están cerca de Roma, lleno de monstruos de piedra. Y no sé si lo haré alguna vez, aunque lo he visitado con la imaginación mientras leía la novela.












10/04/09

NOTICIAS FRESCAS


Quizá alguno se haya extrañado de ver desparecer de este blog las entradas con mis pinturas. La razón es simple: he decidido concentrar toda mi obra pictórica en un solo blog, para que aquellos que estén interesados en ella la puedan ver con tranquilidad en su manera más completa y detallada, y aquella rara avis que desee adquirir alguna pintura, grabado, acuarela o lo que quiera, tenga la posibilidad de hacerlo poniendose en contacto conmigo y habiendo estudiado con detenimiento la obra.
En este nuevo blog:LOS CUATRO ELEMENTOS (http://fninirola.blogspot.com) también incluyo mi curriculum y poco a poco iré colocando la obra que vaya produciendo y quizás también aluna reflexión sobre arte.
La hora azul queda para todo lo demás: literatura, reflexiones cotidianas, comentarios, cine, música...en fin, la vida.
Espero que os resulte grata esta novedad y me hagáis llegar vuestros comentarios y sugerencias, como siempre.

03/04/09

CASAS VIVIDAS


Vivir en un determinado espacio conlleva asimilarlo a una época de tu vida. Si se ha vivido siempre en el mismo lugar y en la misma casa, lo cual ya va siendo cada vez más raro, uno debe de sentirse como absolutamente arraigado a la tierra, enraizado completamente, y la vida presenta una estructura lineal, al menos en cuanto al marco vital.
Si se ha cambiado de casa dentro de la misma población, ya podemos distinguir unas ciertas etapas y un cierto movimiento que nos independiza del puro espacio. Si le añadimos al cambio de casa un cambio de población, o incluso de país, la situación cambia en proporción a la lejanía y diferencias del lugar al que uno se muda. Cierto que somos los mismos vivamos donde vivamos... pero no del todo. Algo se queda atrás, en cada casa donde hemos vivido, algo parece morir en nosotros, al desaparecer junto al espacio físico. A veces no sólo es el espacio físico, sino los objetos que nos rodeaban, que abandonamos, porque están viejos, porque se rompen, porque los perdemos.
Las casas donde hemos vivido nos recuerdan también a las personas que han convivido con nosotros allí, las actividades que hemos desarrollado, las alegrías y las tristezas que hemos sentido. A veces, incluso desarrollamos un odio profundo a un lugar por un hecho concreto: una muerte, un accidente, una enfermedad, una separación. O sentimos dejar el lugar donde hemos sido más felices que en ninguna otra parte, pero por alguna razón importante tenemos que abandonarlo.
No necesariamente la casa ha de ser bonita, ni grande, ni luminosa, para que la amenos, o al contrario, para que la detestemos. Pero lo cierto es que un poquito de nosotros desaparece con cada casa que dejamos. Una parte de nuestra vida muere un poco al trasladarnos.
Los que por su trabajo han de cambiar muy a menudo de domicilio, supongo que llegan a acostumbrarse, se crean una especie de espacio mental que siempre les acompaña y que les inmuniza y les impide tomarle afecto a los sitios donde se ven obligados a vivir. Los estudiantes, cuando desarrollan sus estudios en ciudades distintas a su lugar de nacimiento, suelen cambiar de casa cada curso, y muchas veces de compañeros de piso. Y muchas veces recuerdan más a los compañeros que a las casas en sí. Aunque es distinto cuando su plan es volver a su ciudad natal, porque consideran como pasajeros esos años vividos fuera, y no se enraízan, sino que se mantienen fieles a su origen. A veces, los planes se truncan: descubren que les gusta más vivir allí, o se enamoran y quieren vivir con la persona amada, o les ofrecen un trabajo estupendo y deciden instalarse en función de eso. Pero finalmente, la historia personal, nuestra historia, va forjándose a base de saltos espaciales, de abandonos y adquisiciones.
La casa de la infancia, si se mantiene hasta la juventud, ya supone una primera etapa. En mi caso, no cambiamos de casa familiar hasta que tenía unos once años. Creo que coincidió con el paso de la escuela primaria a la secundaria. Y además, apenas si nos desplazamos, puesto que era la casa de al lado. Con lo que no supuso demasiadas diferencias, salvo una fundamental, para mí: tuve una habitación propia.
Mis recuerdos de la primera casa que conocí (y en la que nací, porque entonces nadie iba al hospital para hacer algo tan natural como nacer) se mantienen en una cierta nebulosa de la que surgen algunos flashes; me ayuda mirar las fotografías de la época, pero sólo en parte. Hay recuerdos que sabes que lo son porque te lo han contado muchas veces, otros porque las fotos te hacen recordar. Otros, no ligados a nadie salvo a uno mismo, incluso olvidando los detalles físicos del espacio, se presentan a nuestra mente como ligados a un sentimiento. Proust los ligaba incluso a un sabor, a un olor, a algo físico muy personal. Y es completamente cierto. Pero hay otros sentimientos, nada físicos, que también nos hacen recordar. Imágenes confusas, sensaciones placenteras, miedos, angustias, dolor. De aquellas primeras vivencias recuerdo oscuridades, y un olor muy fuerte a pimentón, canela y cominos: abajo de casa había un almacén. También recuerdo el olor a azahar, proveniente del huerto de naranjos y limoneros, y que cada primavera inundaba la casa.

02/04/09

La Madre


Mi madre, tras unos años en los que vivió alejada mentalmente de nosotros, flotando en un mundo propio, del que en algunos momentos volvía para alejarse de nuevo, ha dejado definitivamente de compartir nuestra compañía, se ha marchado con mi padre, al que amaba profundamente y con el que siempre deseó reunirse desde que también él nos abandonó. Ahora, donde sea que ambos estén, además de en nuestro pensamiento, estarán juntos y serán felices. Eso me alegra, y me consuela de la pérdida.
Hasta hace unos días yo aún era la hija; mi madre seguía ocupando el espacio principal reservado a la figura materna; ahora yo ocupo el sillón vacío y la madre soy yo.
Descanse en paz.

26/03/09

VELÁZQUEZ Y ORTEGA

Introduzco aqui textos escogidos del capítulo III del libro Velázquez, que escribió Ortega y Gasset en 1943.

EL RETRATO. PRINCIPIO DE LA PINTURA

Hacia 1550 domina el prurito de producir stupore. La "belleza" se convierte en estupefaciente. Hemos llegado al barroco.

Velázquez vio con radical claridad la situación y debió en su interior exclamar con irrevocable decisión: "¡La belleza ha muerto!¡Viva lo demás!" La cuestión es descubrir qué es lo demás.
Velázquez va a hacer del retrato el principio radical de su pintura. El retrato aspira a individualizar, hace de cada cosa una cosa única. Pero hasta el siglo XVII el retrato no era considerado como pintura propiamente tal. Porque el arte de pintar consistía en pintar la belleza ,por consiguiente, en desindividualizar, irse del mundo. Hay, en efecto, en todo cuadro una lucha entre las formas artísticas y las formas naturales de los objetos.

Para Velázquez la cuestión se presenta asi: conseguir que la realiad misma, trasladada al cuadro y sin dejar de ser mísera realidad que es, adquiera el prestigio de lo irreal. Porque de esto se trata: convertir lo cotidiano en permanente sorpresa.

Le atrae sólo eso: que las cosas estén ahí, que surjan sorprendiéndonos, con aire espectral, en el ámbito misterioso, indiferente al bien y al mal, a la beldad y a la fealdad, que es la existencia.


El "naturalismo" de Velázquez consiste en no quere que las cosas sean más de lo que son. V. descubre que en su realidad, es decir, en tanto que visibles, los cuerpos son imprecisos. El efecto aéreo de sus figuras se debe a esa venturosa indecisión de perfil y superficie que nos deja. A sus contemporáneos les parecía que no estaban "acabadas" de pintar, y a ello se debe que V. no fuese en su tiempo popular. Había hecho el descubrimiento más impopular: que la realidad se diferencia del mito en que no está nunca acabada.

Hacia 1630, el cansancio que sentía por los cuadros religiosos sólo podía responderse con otro tema: las "miologías". V. pinta mitologías. Pero todas estas mitologías velazqueñas tienen un aspecto extraño ante el cual, confiésenlo o no, no han sabido qué hacerse los historiadores del arte.

Para V. , es un "motivo" qu epermite agrupar figuras en una escena inteligible.

Ser pintor es resolverse a la mudez. Cuando un pintor se pone a "decir", a teorizar sobre su arte, lo que nos comunica no suele tener apenas que ver con lo que él mismo hace.

Ahi está en torno nuestra realidad cotidiana. ¿qué hacer con ella en pintura? [...] Dejarla ser, esto es, sacar el cuadro de ella. De aqui no de los rasgos que desde luego lamaron fuertemente la atención en los lienzos de V.: lo que sus contemporáneos llamaron el "sosiego" de esta pintura. [...]¿De donde viene este sentir reposo al contemplarlos? A mi juicio, de dos causas: una es el don genial que V. poseía para lograr que las cosas pintadas, aún moviéndose, estuviesen ellas cómodas. Y esto, a su vez, proviene de que las presenta en sus movimientos propios, en sus gestos habituales. De ahi que su movilidad sea sosegada.

V. pinta los movimientos en uno solo de sus instantes, por tanto, detenidos. El tema de V. es la inmovilidad detenida.

Pinta todas las figuras del cuadro según aparecen miradas desde un punto de vista único, sin mover la pulpila, y esto proporciona a los lienzos una incomparable unidad espacial.

La pintura hasta Velázquez habia querido huir de lo temporal y fingir en un lienzo un mundo ajeno e inmune al tiempo, fauna de eternidad. Nuesro pintor intenta lo contrario: pinta el mismo tiempo que es el instante, que es el ser en cuanto que está condenado a dejar de ser, a transcurrir, a corromperse. [...]Ésa es, según él, la misión de la pintura: dar eternidad precisamente al instante -¡casi una blasfemia!


Este hombre retrata el hombre y el cántaro, retrata la forma, retrata la actitud, retrata el acontecimiento, esto es, el instante.

En fin, ahi tienen ustedes Las Meninas, donde el retratista retrata el retratar.


FIN DEL CAPÍTULO.



Chapeau, ¿no?








18/03/09

MEMORIA PARA EL OLVIDO


ROBERT LOUIS STEVENSON

Selecciono aqui algunos textos que he considerado relevantes, entresacados del capítulo dedicado a :

LA CONVERSACIÓN Y LOS CONVERSADORES

La literatura, en sus muchas vertientes, no es sino el reflejo de una buena conversación, pero la imitación se queda corta al lado del original en lo que a vida, libertad y efecto se refiere.

De hecho, existen pocos temas y, en lo que a auténtica capacidad de conversación se refiere, más de la mitad se pueden reducir a tres: que yo soy yo, que tú eres tú, y que hay otras personas de las que se sabe vagamente que no se parecen a ninguno de los dos. Por amplia que sea la conversación, la mitad de las veces, discurre por esas líneas eternas.

La conversación natural, como el arado, debería desenterrar una gran superficie de vida,(...) La masa de la experiencia, las anécdotas, los incidentes, las citas, las luces en la encrucijada, los ejemplos históricos, todas las piezas dispersas de dos mentes concentradas en el asunto en cuestión desde todos los puntos de la brújula y desde todos los niveles de elevación y envilecimiento mental: he ahí el material con el que se fortifica la conversación, el alimento que mejor sienta a los conversadores.

La conducta y el arte son los dos temas que aparecen con mayor frecuencia y que incluyen un abanico de datos más amplio.

El beneficio está en el ejercicio, y, sobre todo, en la experiencia, porque cuando reflexionamos en profundidad sobre cualquier tema, pasamos revista a nuestro estado y trayectoria vital. (...) principalmente cuando hablamos de arte, la conversación se torna efectiva, conquista como la guerra, amplía las fronteras del conocimiento como una exploración.

Si nos gusta hablar, nos gusta tener un adversario feroz, que defienda sus posiciones, centímetro a centímetro, de forme muy similar a la nuestra, que venda cara su atención y que no sea cicatero con el polvo y con el esfuerzo de la batalla.
Pero:
El verdadero conversador no debería tener una ventaja continua sobre aquel con quien habla.

La buena conversación es dramática, como una interpretación improvisada donde cada uno se representa a sí mismo de la forma más lucida; y ésa es la mejor clase de conversación, donde cada orador es él mismo más plena y sinceramente, y donde, si intercambiases los discursos de unos y otros, se produciría gran pérdida de significado y de claridad
.
Aunque hemos de considerar que Stevenson era británico, y probablemente esta opinión o debía de ser muy compartida.

Casi todos nosotros, en virtud de la cualidad proteica del hombre, podemos hablar en cierta medida con todo el mundo; pero la verdadera conversación, que saca lo mejor de nosotros que estaba dormido, sólo surge con los hermanos particulares de nuestro espíritu.
Si tengo a un compañero encendido y bravucón como oponente, empeñado en expresar una idea, estoy seguro que a mi vanidad le tirarán de las orejas, al menos una vez, en el transcurso del debate. No mostrará piedad cuando no estemos de acuerdo; no tendrá miedo de demostrar mi necedad delante de mí.

Otros, en la conversión, buscan antes el contacto con sus congéneres que el aumento de conocimientos o la claridad de ideas. El drama y no la filosofía de la vida es la esfera de su actividad intelectual.(...) Viven en el corazón de la vida, la sangre resuena en sus oídos, su mirada percibe lo que les maravilla co una avidez brutal que les ciega a todo lo demás, su atención queda fascinada por las personas que viven, aman, hablan, tangibles. (...) Este temperamento es quizá más frecuente de lo que los filósofos suponen. Y para que las personas de esas características aprendan algo de la conversación, deben hablar con sus superiores, no intelectualmente, sino en rango.
Recordemos que era en la época en que se consideraba la existencia de rangos entre las personas; hoy, que hasta el fontanero al que vemos por primera vez ya nos llama de tú, los alumnos se creen más capacitados para ocupar el sitio del maestro, los niños llevan la voz cantante en las familias, etc. etc. probablemente nadie le haría caso al pobre Stevenson.

Los mejores maestros son las personas mayores. (...) Con que posean algo de inteligencia, tienen materia que comunicar. Su conversación no es sólo literatura, es gran literatura.
En los puntos en donde la juventud coincide con la vejez, no donde difieren, se encuentra la sabiduría, y cuando el joven discípulo se da cuenta de que su corazón late al mismo ritmo que el de su maestro de barba gris, puede aprender la lección.

Este es un punto interesante; en el s. XIX aun se consideraba a los mayores, a los ancianos, como fuentes de conocimiento, juicio y experiencia, lo cual era valorado muy positivamente y era respetado. Hoy en día esto se ha perdido casi por completo.

Las mujeres escuchan mejor que los hombres;(..) [Pero] oiremos comentarios más mordaces de una mujer que hasta el más anciano de los hombres.

Hay pocas mujeres, pálidas (¿?) y maduras, y quizá endurecidas, que se diferencien así de un hombre y digan la verdad con una suerte de afable crueldad. (...) Las mejores mujeres consiguen combinar todo eso y algo más. Sus propias faltas las asisten, e incluso la falsedad de su posición en la vida les sirve de ayuda. Pueden retirarse al campamento fortificado de de las convenciones. Pueden tocar un tema y suprimirlo. Las más hábiles se valen de una reserva algo elaborada para ser francas, del mismo modo que llevan los guantes puestos cuando estrechan la mano.
Este comentario también es aplicable a la época, aunque yo diría que a pesar de los avances igualitarios, las mujeres siempre tenemos un campo propio en el que atrincherarnos...¿o no?

Pero, si el tema de debate es algo etéreo, algo abstracto, una excusa para la conversación, un blanco natural para las críticas, el oponente masculino puede abandonar toda esperanza al instante; puede emplear la razón, aducir datos, estar ágil, sonreír, enfadarse, que nada le servirá; lo que la mujer ha dicho al principio lo repetirá (a menos que lo haya olvidado) hasta el final.
Curioso, ¿no? Esto es muy cotidiano...
En consecuencia, en la misma coyuntura donde la conversación entre hombre se hace más luminosa y rápida y empieza a dar la promesa de un fruto, la conversación entre los sexos [opuestos] se ve amenazada por la disolución. El punto de la diferencia, el punto de interés, lo esquiva la mujer brillante bajo una lluvia de irrelevantes cohetes de conversación; la mujer discreta lo salva con un frufrú de seda, mientras pasa suavemente al punto seguro más cercano. Y esa especie de prestidigitación, de malabarismos con el tema peligroso, al que se hace desaparecer hasta que puede volver a introducirse con seguridad bajo una forma alterada, es la táctica de las verdaderas reinas del salón.
Estos comentarios son francamente divertidos, ¡pero reales! No es para generalizar, pero hay muchas mujeres así. Aunque yo diría que también hay algún hombre...

El matrimonio es una larga conversación, con los altibajos de las discusiones. (...) Casi inconscientemente y sin deseo de lucirse, le da vueltas a todo el material de la vida, las ideas se discuten y se comparten, las dos personas se adaptan cada vez más sus ideas para que se complemente con el otro y, con el paso del tiempo, (...) se conducen mutuamente a nuevos mundos de pensamiento.

Interesante, ¿no? Yo comparto esa idea.

17/03/09

Reclamaciones

Cuando uno va a reclamar y se encuentra a una máquina al otro lado de la línea
(Reproduzco parte de un escrito de J. Mendiola en El confidencial. Si alguien quiere leerlo al completo y ver los vídeos, divertidos -por no llorar, claro-, puede pinchar en el título.)



JOSÉ MENDIOLA- 14/03/2009
“Quisiera darme de baja…”. “Marque uno si se trata de una avería del teléfono”. “Sí, por favor, quisiera darme de baja del…!”. “Marque dos si tiene problemas con Internet”. “Sí, por favor, ¡oiga! ¡oiga!...” “Marque tres si no es ninguna de las dos opciones anteriores…”. Intentar conversar con una máquina es misión casi imposible, y más aún si es para darse de baja del teléfono. A pesar de que las grandes empresas se esfuerzan por mantener el vínculo directo con el cliente, esta filosofía de negocio basada en un trato más personalizado está en vías de extinción.

Cualquier ciudadano puede verse inmerso en una epopeya al ponerse en contacto con el Centro de Relación con el Cliente (CRC), como eufemísticamente se conocen a los célebres call-centers, primera línea de relación con el cliente de la mayoría de las grandes empresas. La relación personal de otro tiempo es sustituida por fríos 902, muchas veces descentralizados en otros países, lo que provoca que la sensación de distanciamiento sea aún mayor.El consumidor tiene claro que si compra una barra de pan y le devuelven mal el cambio, la reclamación (y reparación de los daños) es inmediata. Sin embargo, uno no sabe a ciencia cierta a qué atenerse cuando descuelga inocentemente el teléfono y se enfrenta a un despersonalizado call center para reclamar que en la última factura se le ha cobrado un importe que no corresponde y además nunca contrató.

La primera llamada la responde una máquina que pide que se cante de viva voz el motivo de la llamada. Uno no puede evitar sentir una cierta indignidad y ninguneo al hablar con una máquina que en ocasiones puede no entendernos. La frustración va in-crescendo cuando ese autómata interpreta incorrectamente nuestras intenciones y nos despachan con una locución comercial sobre un producto que no nos interesa. Tras todo esto, nos quedamos con el auricular colgando de la oreja y el frío bip-bip de la comunicación cortada.

13/03/09

Apuntes conradianos



La auténtica sabiduría es desear lo que desean los dioses.
Desde el momento en que empecé a ennegrecer la primera página del manuscrito de La locura de Almayer, la suerte estuvo echada. Jamás vadeó nadie el Rubicón tan a ciegas como yo, sin invocar a los dioses, sin temor a los hombres.

En su Crónica Personal, nos habla Joseph Conrad un poco de sí mismo. Pero siempre con una cierta reticencia, y en fin, diciendo a veces medias verdades, obviando otras, inventándose algunas cosas y disfrazando las que no sabremos si son ciertas o ficticias. Los escritores también se crean a sí mismos...

De su Prefacio Familiar he entresacado algunos párrafos que considero de interés para hacernos una idea de lo que él pensaba de sí mismo, de la literatura, del arte, y algunas otras reflexiones.

La fuerza de la palabra es algo que se percibe de inmediato. Nadie que desee persuadir ha de confiarse no al argumento adecuado sino a la palabra idónea (...) Nada que sea verdaderamente grande, en el sentido que lo es lo humano, procede de la reflexión. (...) ¡Qué sueño, para ser el de un escritor!¡Si! ¡Que me sea dado encontrar la palabra adecuada!

Por humillante que pueda ser para la estima en que me tengo, debo confesar que los consejos de Marco Aurelio no están hechos para mi. Se adecúan mejor a un moralista que a un artista.

La mayoría de las amistades, por no decir casi todas las que he disfrutado durante el periodo de mi vida que he dedicado a escribir, me han sido dadas a través de los libros; bien sé que un novelista vive en su obra. Se encuentra en ella, única realidad en medio de un universo inventado, entre objetos, acontecimientos, personas imaginarias.

Las alegrías y las penas de este mundo circulan de continuo entre uno y otro lado, entremezclan sus formas y sus murmullos en esa dudosa luz de la vida que resulta tan misteriosa como un océano en exceso cargado de sombras, mientras la deslumbrante brillantez de las supremas esperanzas se halla muy lejos, fascinante y quieta, al lejano filo del horizonte.

Para el arte (y para la vida) no es tanto el por qué lo que importa, de cara a nuestra felicidad, cuanto el cómo. (...)Sí, siempre hay una manera. La manera de la risa, de las lágrimas, de la indignación y el entusiasmo, del juicio, e incluso del amor; la manera en que, al igual que los rasgos y el carácter de un rostro humano, la verdad interior sea un presagio para quienes saben cómo mirar a sus semejantes.

Quienes me leen saben de mi convicción de que el mundo, el mundo terrenal, descansa sobre unas pocas ideas, por lo demás muy sencillas; tan sencillas que han de ser tan antiguas como las colinas. Descansa notoriamente, sobre la idea de Fidelidad.

En una época en la que todo lo que no sea revolucionario de una forma u otra no puede aspirar a recabar mucha atención por parte del público, debo decir que yo no he sido revolucionario en mis escritos. El espíritu revolucionario es en esto poderosamente práctico, dado que nos libera de todos los escrúpulos y de toda idea recibida. Su empecinado, absoluto optimismo me resulta sin embargo repulsivo por la amenaza de fanatismo y de intolerancia que encierra.

12/03/09

Últimas lecturas


Mi última lectura ha sido uno de los primeros libros que está editando la jovencísima Editorial Evohé, que acaba de empezar con muy buenos ánimos su andadura. Este libro es Layos, de Josep Asensi, compatriota valenciano. Lectura que he disfrutado y que me ha recordado tiempos pasados, cuando leía mucho sobre mitología griega. La novela relata la vida de Layos, el rey tebano, padre de Edipo y sobre el que se cumple la maldición del oráculo, recibiendo la muerte a manos de su hijo, el cual posterior mente desposa a su propia madre, ignorante de la realidad.
Como ya se han hecho reseñas interesantes sobre este libro en mis páginas amigas, me limito a citar los enlaces para que podais leerlas alli los interesados:


Anteriormente a esta lectura, disfruté de otra, también de tema griego clásico, ésta ya no mitológica, aunque los mitos impregnan toda la historia griega, cómo no, y también de la Editorial Evohé. Esta otra sale de la pluma (o del teclado) de Luis Villalón, y se titula Hellenikon. Narra las aventuras de un personaje del que existen referencias históricas, el espartano Arimnesto, pero que Luis nos hilvana muy acertadamente con otras muchas narraciones y personajes, trazando un fresco histórico de una época crucial en la Grecia clásica: los siglos VI y V. Las guerras médicas, donde atenienses, espartanos, persas y demás entrecruzan sus destinos a la vez que sus espadas. Cuando salga la reseña la incluiré aqui. También quiero añadir que me ha gustado mucho y he disfrutado leyéndola, por lo que la recomiendo a todo aquel que le interese el tema griego o mitológico.

Aqui teneis un par de enlaces donde podeis leer mi reseña y la de un compañero de Hislibris:

http://la2revelacion.com/?p=317
y
http://www.hislibris.com/?p=869








10/03/09

Picasso y Octavio Paz


Resumen de las ideas más importantes del artículo de Octavio Paz:
PICASSO: EL CUERPO A CUERPO CON LA PINTURA
[En OC Volumen 6: Los privilegios de la vista I, México, D. F, 1982]


Es imposible comprender a la pintura moderna sin Picasso pero, asimismo, es imposible comprender a Picasso sin ella. Picasso nunca se mantuvo aparte, ni siquiera en el momento de la gran ruptura que fue el cubismo... Picasso es nuestro tiempo. Pero su parecido brota, precisamente, de su inconformidad, sus negaciones, sus disonancias. El arte moderno ha sido una sucesión ininterrumpida de saltos y cambios bruscos; la tradición, que había sido la de Occidente desde el Renacimiento, ha sido quebrantada, una y otra vez, lo mismo por cada nuevo movimiento y sus proclamas que por la aparición de cada nuevo artista. Los artistas del siglo XX rompieron esa visión de dos maneras, ambas radicales: en unos casos por el predominio de la geometría y, en otros, por el de la sensibilidad y la pasión.
Picasso, como fenómeno histórico, consiste en ser la figura representativa de una sociedad que detesta la representación: fue intransigente y leal consigo mismo y con la pintura. Picasso rechazó los honores y los encargos oficiales y vivió al margen de la sociedad —sin dejar nunca de estar en su centro. Nunca quiso agradar al público con su arte. Tampoco fue el instrumento de las maquinaciones de las galerías y los mercaderes. En esto fue ejemplar, sobre todo ahora que vemos a tantos artistas y escritores correr con la lengua de fuera tras la fama, el éxito y el dinero. Dos lepras y una sola degradación: la sumisión a los dogmas ideológicos y la prostitución ante el mercado; los artistas del siglo XX descubrieron —más bien: redescubrieron— la belleza horrible y sus poderes de contagio.
Las semejanzas entre Picasso y Lope de Vega son tantas y de tal modo patentes. Estos dos artistas arrebatados fueron siempre fieles al principio cardinal de todas las artes: la obra es una composición. Otra semejanza; la abundancia y la variedad de las obras.


El ataque del arte moderno contra la tradición grecorromana y renacentista fue sobre todo una embestida contra la figura humana. La acción de Picasso fue decisiva y culminó en el periodo cubista: descomposición y recomposición de los objetos y del cuerpo humano. La irrupción de otras representaciones de la realidad, ajenas a los arquetipos de Occidente, aceleró la fragmentación y la desmembración de la figura humana. Para Picasso, el mundo exterior fue siempre el punto de partida y el de llegada, la realidad primordial. Como todo creador, fue un destructor; también fue un gran resucitador.
En Marcel Duchamp, que es el polo opuesto de Picasso, la negación del siglo se expresa como crítica de la pasión y de sus fantasmas. El Gran vidrio, más que un retrato, es una radiografía: la Novia es un aparato fúnebre y risible.
Picasso no ha pintado a la realidad: ha pintado el amor a la realidad y el horror a ser reales. Para él la realidad nunca fue bastante real: siempre le pidió más. Por eso la hirió y la acarició, la ultrajó y la mató. Por eso la resucitó. Su negación fue un abrazo mortal. Fue un pintor sin más allá, sin otro mundo, salvo el más allá del cuerpo que es, en verdad, un más acá. En eso radica su gran fuerza y su gran limitación... En sus agresiones en contra de la figura humana, especialmente la femenina, triunfa siempre la línea del dibujo. Esa línea es un cuchillo que destaza y una varita mágica que resucita. Línea viva y elástica: serpiente, látigo, rayo; línea de pronto chorro de agua que se arquea, río que se curva, tallo de álamo, talle de mujer. La línea avanza veloz por la tela y a su paso brota un mundo de formas que tienen la antigüedad y la actualidad de los elementos sin historia. Un mar, un cielo, unas rocas, una arboleda y los objetos diarios y los detritus de la historia: ídolos rotos, cuchillos mellados, el mango de una cuchara, los manubrios de la bicicleta. Todo vuelve otra vez a la naturaleza que nunca está quieta y que nunca se mueve. La naturaleza que, como la línea del pintor, perpetuamente inventa y borra lo que inventa... ¿Cómo verán mañana esta obra tan rica y violenta, hecha y deshecha por la pasión y la prisa, por el genio y la facilidad?



09/03/09

Citando a Woody


"A las cuatro de la mañana nunca se sabe si es demasiado tarde o demasiado temprano."

"Arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es
dinero."

Dos mujeres de edad en un hotel de alta montaña comenta una a la otra, "¡Vaya, aquí la comida es realmente terrible!", y contesta la otra: "¡Y además las raciones son tan pequeñas!". Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y sin embargo se acaba demasiado deprisa." (Annie Hall, 1977)

"Cuando un
médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto."

"¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Hay posibilidad de tarifa de grupo?"

"De pequeño siempre quise tener un perro, pero mis padres eran pobres y sólo pudieron comprarme una hormiga."

"Después de los
60, todos pertenecen al sexo débil."

"Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine."

"
Dios es o bien cruel o bien incompetente."

"Dios ha muerto, Marx ha muerto y yo no gozo de buena salud."

"El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico...."

"El sexo es como jugar al bridge. Si no tienes un buen compañero, más vale que tengas una buena mano."

"El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero de todas las experiencias vacías que existen, hay que reconocer que es una de las mejores."

"En los aviones el tiempo se pasa volando."

"En mi casa mando yo; mi mujer simplemente toma las decisiones."
"La eternidad se hace larga, sobre todo al final."

"La música japonesa es una tortura china."

"La noche de bodas, mi mujer se detuvo en mitad del acto y se puso de pie en la cama para aplaudirme."

"La realidad es un asco, la odio, la odio; pero ¿en qué otro sitio se puede encontrar un buen bistec para la cena?"

"La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visitaba la Estatua de la Libertad."

"La única manera de ser feliz es que te guste sufrir."

"La
vida está dividida entre lo horrible y lo miserable." (Annie Hall, 1977)



08/03/09

Memorias de ultratumba



El individuo sirve para medir la pequeñez de los más grandes acontecimientos. ¡Cuántos hombres hay indiferentes a esos grandes acontecimientos!
(...)
Los partidos no creen nunca en la conversión de los partidos contrarios; la libertad que capitula o el poder que se degrada no obtiene gracia de sus enemigos.
(...)
En el camino de convertirse en barones o en condes, los jacobinos sólo hablaban de los horrores de 1793, de la necesidad de castigar a los proletarios y de reprimir los excesos del populacho.
(...)
El pueblo soberano,como está en todas partes, cuando se convierte en tirano, es ubicuo; es la presencia universal de un Tiberio universal.
(...)

Chateaubriand

Inolvidable Groucho


Perdonen que no me levante... (Epitafio en su tumba)

Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio.

¿A quien va usted a creer?, ¿a mi, o a sus propios ojos?

Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros.

Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.

Nunca olvido una cara. Pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción.

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Que ha hecho la posteridad por mi?

La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro.

He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido ésta.

Debo confesar que nací a una edad muy temprana.

Partiendo de la nada alcancé las mas altas cimas de la miseria.

El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución.


La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.


07/03/09

Mis Reseñas en otros sitios

Como antes de tener este espacio, disfrutaba -y sigo disfrutando- de la hospitalidad de dos estupendas páginas: Hislibris y La Revelación, acumulé una cierta cantidad de reseñas, cuyos enlaces quiero colocar aqui por si alguien los quisiera leer.
Las de Hislibris están aqui:
http://hislibris.com/?author=143
Y las de La Revelación, aqui:
http://la2revelacion.com/?author=23

Relato de un náufrago

Otro libro que acabo de releer es el Relato de un náufrago de García Marquez, que no es propiamente una novela, sino un relato periodístico, veraz, de unos hechos reales, y cuya publicación acarreó la salida de Gabo de su país, y la marginación del náufrago en cuestión, despues de haber sido considerado como un héroe nacional por sobrevivir diez días en el Caribe, en una balsa, sin agua ni comida. La reseña la podéis leer en: http://la2revelacion.com/?p=313

Viajeros ingleses

Recientemente leí Viajeros ingleses, de Mathew Kneale, que me gustó bastante y disfruté con su lectura. Podéis leer la reseña que escribí en http://www.hislibris.com/?p=860. Se trata de una visión coral de un viaje (ficticio) expedicionario a Tasmania, en busca del bíblico Edén. Pero a la vez es un fresco de la situación de la isla en plena colonización británica, contado por muchas voces.

Visita artística


Me propusieron visitar un par de exposiciones artísticas y acepté, encantada, porque el arte es lo mío. Llegamos al Prado: y la cola para entrar ya doblaba la esquina del edificio. No te preocupes, me dijo mi amiga, va muy deprisa. Bueno, pues esperaremos. Y nos pusimos a charlar para amenizar un poco la espera; poco a poco íbamos avanzando. Las personas de la cola eran variopintas: desde múltiples turistas, nacionales y extranjeros, a familias con sus niñitos, jubilados venerables con su tarjeta para entrar gratis –alguna ventaja a de tener la edad-, en fin, un poco de todo. Por la puerta de los grupos, entraban hordas juveniles de estudiantes de secundaria, temibles, cubiertos de tatuajes, agujereados por los sitios más inverosímiles, en fin, y lo peor de todo, altamente sonoras. Los sufridos profesores-guardianes, con cara de abatimiento, aguantaban haciendo como que “esto no va conmigo” y tratando de pasar el trance lo mejor posible. Al fin y al cabo, entre soportarlos en clase y dejarlos corretear por el museo, la opción es evidente. Luego entraban grupos de jubilados al mando de la inevitable señora-del-paraguas-en-alto, con cara de cansados y pertrechados de bufandas, gorritos, bastones y guías.

Finalmente conseguimos llegar a la entrada: justo en ese momento los encargados de la puerta nos hacen el alto: hay que esperar, el cupo está lleno, han de salir algunos para que entremos nosotras. Vaya, ¡qué casualidad! Seguimos charlando, hasta que nos dejan pasar. Ah, pero hay que pasar el bolso por el escáner, y al pasar por el arco, a mi amiga empezaron a pitarle por todas partes...llevaba unas moneditas en el bolsillo. Pasamos un poco de bochorno, pero, bueno, ya estábamos dentro. A ver, ¿por dónde...? Por allí, a la derecha, y luego al fondo. Intentamos dejar nuestros abrigos, porque dentro hacía mucho calor y en la calle la temperatura se había puesto seria, así que buscamos la consigna...nada, no cabía ni un abrigo más. Caray, ¡pues si que hay gente hoy! Hale, a cargar con los abrigos y el gorrito ruso.
Al entrar ya a la exposición, observamos, como primera impresión, que aquello estaba más abarrotado que el metro en horas punta. ¡Dios, qué cruz!¡Y qué tufillo! ¿Es que no se lavan, algunos? Con lo que nos había costado llegar...y entrar. Nos armamos de valor y nos colocamos algo así como en cola para ir desfilando ante los cuadros. Lo peor es que la cola era algo irregular, la gente tanto avanzaba como retrocedía, había quienes se apalancaban delante de un cuadro y no se movían, dando explicaciones larguísimas a alguien al lado. Los cuadros, cuando conseguíamos verlos, eran magníficos. Llegar hasta los cartelitos donde figura el nombre, año y procedencia, eso era más complicado, pero si hacíamos acopio de paciencia, en algún momento se despejaba la cosa y podíamos acercarnos a los cartelitos, aunque el tamaño de letra era tan ínfimo, que realmente había que acercarse demasiado, y en seguida, la guardiana de turno nos llamaba la atención porque no podíamos situarnos más allá de la raya....¿Qué raya? La que hay marcada en el suelo, señora, hay que respetar las distancias...¡vaya por Dios! En fin, así fuimos dando tumbos, esquivando a los estudiantes, a los niños gorjeantes, a los olorosos... y la verdad es que había cuadros magníficos, era una exposición sobre Rembrandt y aunque algunos ya los conocíamos, por estar ya en El Prado y otros por haberlos visto en otro museos de Europa, siempre encontrábamos alguno desconocido que nos sorprendía agradablemente. Rembrandt tiene un encanto especial. Sus juegos de luz y de sombra, sus retratos, sus personajes bíblicos...Pero aquello se iba llenando más y más, según avanzaba la mañana; o dejaban entrar a demasiados o no se iban los que estaban dentro; el caso es que conseguimos acabar el recorrido, finalmente, y entonces tratamos de localizar los servicios, porque ya estábamos un tanto necesitadas. Pero no sé cómo se las arreglan en El Prado para cambiar de sitio todo, y cada vez que uno se ha aprendido un recorrido, resulta que a la vez siguiente ya te lo han cambiado y te pierdes. Lo que ocurrió, efectivamente. Volvimos a ver la familia de Carlos IV, las majas, las Meninas...¿Esto no estaba enfrente, el mes pasado? Nos perdimos tratando de encontrar los servicios, aunque, eso sí, encontramos una tienda estupenda, llena de objetos inimaginables, marcapáginas, calendarios, potes, bandejitas, magnetos,...y catálogos, claro. Insistimos en nuestra búsqueda y finalmente, en los sótanos, descubrimos una larguísima cola que llevaba a donde queríamos ir. Casualmente otras muchas personas querían ir al mismo lugar, con lo que la espera se nos hizo un tanto angustiosa.
Una vez satisfecha nuestra necesidad, nos lanzamos a la búsqueda de la otra exposición, esta vez de escultura, pero que estaba justo en la otra punta del museo. Tratamos de subir a un ascensor, pero después de una larga espera (ya empezábamos a cansarnos de tanto esperar), comprobamos que los ascensores no funcionaban o decididamente se habían quedado paralizados por alguna parte. Iniciamos el ascenso a pisos superiores. Cuando conseguimos encontrar la exposición de escultura, que era francamente muy bonita, ya estábamos para que nos llevaran en silla de ruedas. Pero nos animamos al ver tanta preciosidad junta: fondos de un museo austríaco y fondos del mismo Prado, que habían estado guardados, a la espera del momento de ser exhibidos. Atenea armada y vigilante, sereno Apolo, sonriente Dionisos, gesticulantes sátiros, bacantes en plena danza erótica y toda una serie de figuras clásicas deliciosas a la vista y cuya contemplación nos hacía olvidar nuestros rendidos cuerpos. Broncíneas cabezas sin cuerpo, marmóreos torsos sin cabeza, lánguidas figuras sin brazos, todos en un maravilloso equilibrio y armonía. Incluso algunos mármoles estaban casi completos: el maravilloso Diadúmeno, al que sólo le faltaba...una cierta protuberancia masculina, y una mano, y la Atenea, cuya cabeza con el casco presentaba un color diferente, y luego leímos que era de escayola, repuesta por el equipo de restauradores para que el efecto fuera más completo. De hecho, la cabeza original, en mármol, procedente de otro museo, estaba sobre su podio, un poco más lejos. En fin, cosas del paso del tiempo, que no respeta nada.
Allí había menos público, lo que era de agradecer. Claro que esto se modificó rápidamente: entró un colegio entero de uniformados, gritones, saltarines y dulces niños con las manos dispuestas a tocarlo todo, haciendo que los guardianes de sala volaran de una parte a otra tratando de impedir que los dulces infantes arrasaran la sala a su paso. Nosotras nos apartamos discretamente y les dejamos pasar, ya que mucho tiempo no estaban ante nada, con lo que al cabo de unos breves minutos la marabunta infantil siguió avanzando hacia otras salas. ¡Si lo pudiéramos ver todo antes de que entre el siguiente grupo..!.Vana ilusión. Toda una sección octogenaria de turistas germánicos entró con paso inseguro, siguiendo al guía, que iba recitándoles su lección en alemán, y a un tono ligeramente más alto del habitual, dada la edad y correspondiente dureza de oído de sus clientes.
Aquello ya acabó con nuestra resistencia moral, así que decidimos ir un poco más rápido y acabar cuanto antes, para reponer fuerzas en la cafetería y ya volvernos a casa, con las bellas imágenes en el recuerdo aunque bastante cansadas por el esfuerzo.

Vicio lector


VICIO LECTOR

Bueenass...me temo que yo también soy adicta, doctor, además de al chocolate, a la lectura (y a ambos a la vez, que es peor). De pequeñita me abalanzaba sobre mi merienda, que consistía en pan con chocolate, mientras devoraba libro tras libro: Enid Blyton supuso para mí una caída en el vicio, no podía dormirme sin avanzar un capítulo más de sus Aventuras, era terrible. Las versiones infantiles de las obras de Shakespeare, los Cuentos de Hoffman y de Grimm, La isla del tesoro...Moby Dyck.
Cuando mis padres descubrieron aquel vicio, trataron de que al menos, los libros que consumiera fueran educativos, pero yo seguía zampando, incluso leía hasta los libros de texto con tanta fruición que sacaba matrículas de honor y sobresalientes, y además tenía tiempo para hojear tebeos, leer prospectos publicitarios y cualquier cosa que tuviera letras.
Luego ataqué las librerías de mis padres: libros historia, Selecciones del Reader’s Digest, novelas de Blasco Ibáñez, me leí hasta los libros religiosos, lo que supuso un pequeño lapsus, del que en seguida me repuse descubriendo a Salgari, que me volvía como loca, ¡yo era Sandokan! La India era el misterioso territorio de mis aventuras, que alternaba con los tebeos de Pantera negra y El Capitán Trueno.... y luego llegó Julio Verne, y dí veinte mil leguas de viaje submarino, viajé al centro de la tierra, y no contenta con ello, pasé dos semanas en globo y terminen dando la vuelta al mundo en ochenta días, o puede que en menos.
Devoré las estanterías de mis hermanos, la colección Historias, comic incluido, y descubrí que, mientras los Beatles gritaban She loves you, Homero tenía cosas interesantísimas que contar, y a la vez que aprendía griego en el instituto, me devoraba las hazañas de Aquiles y de Héctor, las intrigas de Ulises y los viajes de los Argonautas o las aventuras de Hércules o de Perseo contra la Medusa.
A partir de entonces, doctor, ha sido un viaje sin retorno, estoy absolutamente atrapada por la letra escrita, en la Facultad tragué a Platón, Spinoza, Kant y hasta a Hegel, por supuesto me leí El Capital (aunque no estoy muy segura que entendiera demasiado) y las Obras completas de Lenin, que estuvieron a punto de dejarme K.O. por una temporada, pero entonces pasé cien años de soledad en cama a raíz de una caída de la moto,....con lo que cayó de pronto toda la literatura hispanoamericana, floreciente y exuberante; también descubrí a Robert Graves o a Gore Vidal y viajé con Lawrence Durrell por Alejandría en cuatro tomos.
Tamaña mescolanza no hizo sino aumentar mi apetito: era el terror de mis amistades, que cerraban sus bibliotecas con llave para que no entrara a saco; en las bibliotecas públicas me tenían más vista que el tebeo y en las librerías me saludaban con salvas cuando me veían entrar.
Contacté con la gente de Smiley, el honorable colegial, que llamábamos "el topo" y después Dashiell Hammett me presentó a Sam Spade y empezó el sueño eterno con Raymond Chandler...sueño del que no pude despertar hasta que me dijeron "adiós, muñeca" y la dama del lago me retuvo en sus profundidades, como aquella que en Avalon guardó la espada en las aguas, una vez muerto Arturo, lo cual sentí muchísimo, porque disfrutaba leyendo en la mesa redonda.
Es verdaderamente terrible ¿Qué puedo hacer, doctor?
....... ¿Comooo? ¿Que me levante del diván? ¿Ya se ha acabado la sesión? ¿Y son cien pavos? ...¿Puede, por favor, devolverme mi libro?