UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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29/9/14

MATANDO A HOUDINI

EL HOMBRE QUE MATO A HOUDINI


RUFINO FERNÁNDEZ
AUTOEDICION, 2014




Desde un apartamento donde vive recluido voluntariamente, entre montañas de periódicos que remiten a unos hechos que le atormentan, oyendo a Charlie Parker, Bessie Smith y Jelly Roll Morton una y otra vez, un hombre se dirige a un oyente imaginario: el lector, haciéndole partícipe de lo que puebla su mente: recuerdos, obsesiones, miedos y alucinaciones. Y sobre todo, mostrando su soledad, una soledad elegida. “No tengo ningún interés en conocer otra cosa que lo que rememoro aquí - nos dice-  Todo el día y la noche alrededor de los mismos pensamientos. Sé que es un infierno, pero es mi infierno. Y he decidido estar cerca de la caldera para irme acostumbrando a lo que venga. No encuentro motivos para desear otra cosa.” (pág.133)
Esta es, pues, una narración que cuenta la historia personal de un hombre especial: un hombre que veía fantasmas. No cualquier fantasma, sino aquellos que en vida habían tenido una especial incidencia en su vida. Un hombre que pudo haber provocado la muerte de otro hombre.

 Jocelyn Gordon Whitehead (1895-1954) es un personaje real, existió, aunque el dibujo que el autor nos hace aquí es de alguien imaginado. Porque en realidad, no se sabe apenas nada de este hombre, salvo que era un estudiante de la universidad de McGill, (Montreal) aficionado al boxeo y que según declaró a la policía, propinó varios puñetazos a Houdini, a petición del mismo; tras lo cual, al producirse días más tarde la muerte del mago, (que, por cierto, no murió asesinado, sino a causa de una peritonitis) el estudiante desapareció del mapa, se esfumó, literalmente. Como un fantasma. Lo único que se tiene de él es una fotografía algo borrosa, en la que lleva un libro en la mano. Curiosamente, también se sabe que en 1928 fue detenido por robar un libro en una librería. Después...la foto, que data de 1950. Y una lápida en el cementerio de Montreal.


Rufino Fernández ha intentado imaginar qué clase de hombre podría ser este, qué sentimientos de culpa o de resentimiento podría haber desarrollado, qué vida llevaría hasta su muerte. Así, el relato resultante no habla tanto de Houdini como de Gordon, y muestra a un niño solitario, con problemas familiares, relaciones difíciles con su madre y un padre que desaparece de sus vidas.
Estudiante no muy sociable, gusta más de pegarle al saco de punching con los guantes de boxear. Sam Smilivitz, alias Smiley, era uno de los compañeros de facultad que le acompañaron a ver a Houdini, y que fue testigo de los hechos, junto a Jacques Price. Ninguno de los dos eran más que ocasionales amigos. Sus relaciones con las mujeres son escasas, (Lucy, Marian, Mabel…) y, en general, a raíz de lo que llama “el incidente”, cada vez se hace más huraño y se recluye en sí mismo, desapareciendo siempre que alguien le reconoce o le recuerda su relación con Houdini.
Pero eso no es todo: Gordon ve aparecidos, como hemos dicho al principio. Primero, su madre, de  cuyo abandono siente remordimientos inconscientemente. Luego, Houdini, de cuya muerte se siente, de algún modo, responsable. Su propio padre parece establecer con él un contacto entre la realidad y la imaginación. Y en esa época, finales del XIX y primeros años del XX, se desarrolla un movimiento espiritista muy fuerte, siendo uno de los mayores difusores el escritor Arthur Conan-Doyle. con quien Gordon se entrevista, tratando -sin éxito- de encontrar explicación a sus visiones.

Así, el narrador/protagonista va divagando, dirigiéndose a veces a su madre, otras a una tal Mabel Jackson, (con la que mantiene una extraña relación, y que escribirá la nota final) desde su obsesivo encierro solitario, sobre el espiritismo, su infancia, el accidente de la barca con sus amigos, los primeros escarceos sexuales, el boxeo, y una serie de historias colaterales como la de la señora Barret y su marido; la historia del lituano Freddy; la historia del propio Houdini, sus orígenes y sus números de magia; el robo de los Diarios de Samuel Pepys en una librería y su posterior detención; el decepcionante encuentro con Conan-Doyle y esposa, tras “el incidente”; el caso de las hermanas Fox y el “cadáver emparedado”, el caso de los falsos espiritistas, los hermanos Davenport; en encuentro con el medium Arthur Ford, que le provoca un ataque de pánico; incluso sus relaciones con los periodistas que le acosan, incluido un tal Don Bell, que, curiosamente, es el autor de un libro (no traducido al español, publicado en 2004), cuyo título coincide con el presente. Rufino Fernández le hace aparecer como un cameo en su texto.

De hecho, se han escrito muchos libros sobre la vida de Houdini y sobre lo dudoso de su muerte, el código secreto que le dejó a su esposa para que se pudiera comunicar con él por medio de videntes (no fue el caso), siendo, como era, un afamado detractor de los visionarios y mediums, a los que acusaba (incluyendo al propio Conan-Doyle) de farsantes y engañabobos. Todo esto y más digresiones salen a relucir en esta narración, que, sin embargo tiene como protagonista a un hombre cuya mente deriva paulatinamente hacia el caos y hacia ese mundo fantasmal con el que tiene continua relación.


Rufino Fernández Redondo (Cañaveral, 1953) es profesor en escuelas de negocios y consultor de empresas. Durante años dedicó buena parte de su tiempo libre a la arqueología, publicando estudios sobre el mundo antiguo y colaborando en numerosas excavaciones, en yacimientos de diversos periodos, tales como los del paleolítico, neolítico, íbero, romano y altomedieval. En 2003 publicó la novela ¡Acorralado!, basada en el tema del acoso moral y la perversidad. En 2007 fue finalista del Premio de novela histórica Alfonso X el Sabio con la novela La sombra del mercenario. En 2010 publicó su siguiente novela histórica Gala Placidia. Reina de los bárbaros. Y en 2011 puso en manos de sus lectores El líder de Atapuerca, libro donde muestra las claves del liderazgo y la gestión de empresas. Posteriormente publicó Jemmy Button, el indio de Darwin (Ed. Evohé, 2012). El presente libro está editado por el propio autor y se distribuye directamente por Amazon.




Ariodante


26/9/14

ROMA VISTA POR AGRIPINA

MEMORIAS DE AGRIPINA.
La Roma de Nerón.
PIERRE GRIMAL
EDHASA, 1993

Algunos autores clásicos hacen referencia a la existencia de unas memorias de Agripina, pero lo cierto es que se perdieron, por lo que Grimal, que es todo un experto en Roma y la Antigüedad clásica, ha tomado datos de Tácito, Suetonio, etc., y se ha lanzado a relatar, en esta su única novela, los círculos cercanos al poder en Roma. La Agripina que nos cuenta su vida es Agripina la Menor, nieta de Agripa, bisnieta por una parte de Augusto y Livia, y por otra, de Marco Antonio. Hereda, pues, los genes de las familias Antonia, Claudia y Julia, sintiéndose desde la infancia predestinada a ocupar las más altas esferas. Imaginarias memorias con las que conocerá el lector de modo novelado, la historia de Roma desde la subida al poder de Tiberio hasta los comienzos de Nerón.
Para abrir boca, y siempre con la voz de Agripina (que será la única narradora y el único punto de vista) el autor nos cuenta la muerte de Británico, el hijo que Claudio tuvo con Mesalina. El joven Británico muere envenenado, y a pesar de las varias muertes que pesan sobre los hombros de Agripina, esta se siente horrorizada: es su hijo, Nerón, ya en el poder como imperator, el causante de la muerte de su posible competidor al trono imperial. Nerón es el hijo que ha tenido con su primer marido, Domicio Aenobarbo, un personaje cruel y despiadado con el que fue casada a los trece años. Pero no se siente mal por presenciar una muerte, sino porque Británico podía haber sido su aliado.

Lo que el autor nos viene a mostrar a lo largo de la narración es el clima social y político de Roma, una vez que Augusto, garante moral y legal del gobierno y las costumbres romanas, desaparece de escena. No nos va a contar batallas, campañas militares ni demasiados detalles legales, no va a usar apenas nombres en latín, no nos va a abrumar con detalles técnicos; las batallas van a ser las propias rencillas internas a la familia imperial, y sus allegados. Las intrigas y la corrupción, desde la misma muerte de Augusto van a comenzar a extenderse como una plaga. En las mejores familias, eran habituales y cotidianos los divorcios continuos y los nuevos casamientos, completamente determinados por intereses políticos, económicos o de prestigio. El propio Augusto forzó algunos de ellos, y Livia, que le sobrevivió bastantes años, se ocupó de hacer y deshacer a placer con tal de allanarle el camino a su hijo Tiberio, antes y después de que accediera a ser el príncipe. Tiberio se ocupó del resto. Pero además, para conseguir el divorcio o simplemente para eliminar competidores en la continua lucha por el poder a todos los niveles, también era de lo más habitual matar, hacer matar o proscribir a alguien, mandándolo al exilio (caso sufrido por la propia Agripina, así como por su madre) con una acusación formal y un juicio, o simplemente, envenenandole la comida o enviando sicarios que asesinaban brutalmente a su víctima. Esto era de público conocimiento y admitido con relativa tranquilidad, dependiendo de la popularidad de la víctima...y de la popularidad del ordenante. La isla de Pandataria era el lugar de exilio de los familiares imperiales.

Las Memorias están divididas en seis capítulos. Siguiendo el orden de acontecimientos, Agripina dedica un primer capítulo a su padre, Germánico, para contar infancia, acompañando a sus padres a Grecia y Egipto; el segundo lo dedica a su tío abuelo Tiberio y trata de su casamiento a la tierna edad de 13 años, con Domicio (que será el padre de Nerón), así como del destierro y muerte de su madre, Agripina la Mayor; una tercera parte dedicada a su hermano Cayo (Calígula), antes y después de morir Tiberio, contando la vida desenfrenada, incestuosa y cruel,  en la que su hermano la obligó a participar, y que la llevará finalmente al destierro;  una cuarta parte para su tío Claudio, ya emperador y esposo de Mesalina, época en la que Agripina afila sus uñas a distancia, casada de nuevo con Crispo Pasieno, hombre tranquilo y poco ambicioso que hace de contrapeso a las ansias de Agripina y le sirve de discreto relax, mientras Mesalina revoluciona toda Roma con sus devaneos; la quinta parte es para su matrimonio con Claudio, y la lucha de Agripina para conseguir que Claudio adopte a su hijo, lo que hará, en perjuicio de Británico. Y llegamos al último capítulo: Nerón imperando. Sólo sabremos de los primeros años de su reinado.
En unas notas finales Agripina espera, ya resignada, la muerte que le llegará de mano de su propio hijo, para cuyo enaltecimiento no ha vacilado en cambiar de esposo tres veces, en matar, exiliar, difamar y denunciar a todo el que se le pone por delante. Encumbrar a Nerón implicaba un poder enorme para esta ambiciosa mujer, consciente de su linaje y orgullosa de su familia,...hasta que encuentra en Popea y en su propio hijo la horma de su zapato. Se cumple, efectivamente, el augurio de que su hijo llegaría a ser emperador, pero asimismo, que la mandaría matar. Se dice que la respuesta de Agripina cuando le anunciaron su futuro fue "Que reine, aunque me mate". Agripina morirá, con apenas 44 años, vividos, eso sí,  intensamente.

En todo momento la narración, a pesar de ser personal, es sobria, contenida y distante. Agripina vive llena de deseos, tristezas, ambiciones, humillaciones y miedos, a lo largo de estos años. Pero los anota en sus Memorias como algo irremediable, incluso como algo normal, cotidiano. Sólo a veces parece sentir un cierto escrúpulo, pero siempre encuentra una razón que justifique el crimen que va a cometer. Cuenta sus previsiones e intrigas palaciegas como si nos contara las próximos menús que está preparando. Posee una idea fija: primero, sobrevivir, tras el asesinato de Germánico y el destierro de su madre; después, acrecentar su poder, con la finalidad última de ver a su único hijo, Nerón, con la toga imperial. Y se vale de cualquier medio que le sirva. Agripina aprende, desde muy joven, estudiando a Livia Augusta, maestra en el arte de la intriga palatina. Y no tiene empacho en acceder a los requerimientos de Cayo/ Calígula, como tampoco lo tiene en mantener diversas relaciones con hombres siempre en beneficio de sus intereses. Agripina tiene una fuerte relación desde la infancia con su hermano Cayo,  al que favorece, pensando en ascender de categoría, y más tarde, cuando empieza a sufrir sus humillaciones y crueldades, intenta sobrevivir y esperar tiempos mejores, desde la isla de Poncia, desterrada por su hermano, junto a su hermana Livila. Allí conocen su muerte, y la elección de Claudio como príncipe, lo que supondrá la liberación de ambas.

Curiosa es también la relación de Séneca con la familia imperial.Calígula estuvo a punto de condenarlo en el 39, envidioso de su fama. Al subir Claudio al poder, en el 41, fue desterrado a Córcega, acusado de adulterio con Agripina. Si fue así o no,  no queda claro en las memorias, que aluden a una cierta intimidad entre ambos, pero sin afirmar rotundamente nada. Séneca mantuvo una excelente relación amistosa con Agripina, que es su principal valedora en Roma, con largas conversaciones sobre las distintas visiones del mundo. Elevado finalmente a la compañía del joven Nerón, como preceptor y como asesor y consejero después, el filósofo es mostrado por Grimal con cierta ambivalencia, como alguien que, no importándole demasiado estar alejado de la vorágine capitalina, tampoco desprecia acceder a los beneficios económicos y se sitúa, sin ningún empacho, a la vera de un joven caprichoso, inmoderado y decididamente dominado por Popea, su última mujer.
En el año 65 sería acusado de participar en la conspiración de Pisón, contra Nerón; éste le ordenó suicidarse. Pero eso no lo cuentan estas Memorias, obviamente.
Calculadora, ambiciosa, tan fría como aterradoramente bella, Agripina (como Livia o Mesalina), pertenece a una raza de mujeres patricias que están entre bastidores del poder. No se les permite gobernar, pero mueven los hilos y manejan las voluntades de los hombres que son, finalmente, quienes firman las sentencias de muerte, destierro o exilio, quienes hacen las leyes y quienes van a la guerra.
En suma, esta obra es un acercamiento a la historia romana real, a la historia de los emperadores de Tiberio a Nerón, contada por un miembro femenino de la familia imperial, centrándose en el entramado de intrigas y de relaciones internas que componía la clase política romana. No es una novela emotiva, a pesar de los espantosos hechos que narra; Grimal, que es ensayista e historiador, se acerca más al ensayo histórico que a la novela, ya que, si bien está correctamente escrita, presenta los hechos de modo directo y llano, desde un único punto de vista, con gran distanciamiento. A diferencia de otras novelas que incluyen cartas o distintas versiones de los mismos hechos, Grimal ha preferido una narración casi lineal, clásica, que nos informa pero a la vez nos mantiene alejados, no nos permite tomar parte. Presenta a nuestros ojos la versión que una mujer romana daría, no la que desde la contemporaneidad podríamos imaginar. Probablemente ese sea su mejor logro.

Pierre Grimal (París, 1912-1996) fue uno de los más destacados latinistas y especialistas actuales en la antigüedad romana. Traductor de obras de Tácito, Plauto y Terencio, fue también profesor emérito de la Sorbona, presidente de la Asociación Vita Latina y miembro de la Sociedad Francesa de Arqueología Clásica, de la Sociedad de Egiptología, de la Real Academia Sueca de Historia y de la Real Academia Belga.





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