UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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21/11/14

EL JUEGO CURATIVO

PARECE QUE CICATRIZA
MIGUEL SANFELIU
Talentura, 2014



Es esta la primera novela de Sanfeliu, autor que tiene en su haber una abundante producción de relatos, agrupados en diversos libros. Está escrita con el mismo estilo que caracteriza sus relatos, es decir, una mezcla de humor negro y dirty realism a lo Bukowski, Carver o Fante, con una doble lectura entre líneas; los personajes tienen un simbolismo con el que el autor reflexiona sobre la propia tarea creadora. El narrador, cuya voz nos suena como la del autor, nos dice que “La literatura es una herida que permanece abierta, sangrando, y aunque llega un momento en que parece que cicatriza, (la cursiva es mía), se trata tan solo de una ilusión, nunca se cierra, quien está herido de literatura nunca llega a curarse”. Creo que igualmente podría aplicarse esta afirmación al arte en general, a la creación artística, sea literaria, plástica o musical, si nos atenemos al relato. Efectivamente esta es una historia de heridas sin cicatrizar, acúmulo de frustraciones y empeños artísticos que devendrán en finales catastróficos o en la anodina existencia del superviviente. “Cuando era joven soñaba que la literatura sería como un transatlántico de lujo, pero ahora resulta que no es más que un simple salvavidas.”–dice el narrador, a propósito de Roberto- “Escribe para limpiar la conciencia, escribe porque lo necesita, para no saltar desde la terraza del edificio. A esto se reduce todo: escribir para sobrevivir.” Concebir la creación como algo doliente es una manera de ver las cosas quizá demasiado amarga, aunque hay toda una tradición sobre ello (pienso, en concreto, en las canciones de The healing game,  el disco de Van Morrison). La creación puede ser también feliz y satisfactoria. Sin embargo, la idea de la herida siempre abierta es un buen símil, ligada a la idea de permanencia, de eterno deseo nunca cumplido, así como con la idea de curación. El juego curativo, como diría Morrison. Pienso que escribir no es la única terapia: la lectura es otra. La inmersión en la literatura, en la gran literatura, como lector, es tan curativa como la creación, y a veces, más.

Conjunto de saltos temporales y saltos de la realidad a la ficción, entre Roberto y sus personajes, así como diversos insertos a modo de microrrelatos, la novela tiene dos partes fuertemente diferenciadas, con una corta introducción y un también breve final. Las indecisiones, sueños y deseos frustrados del protagonista, Roberto Ponce, eterno aspirante a escritor, así como los otros personajes: el barman-poeta Eladio, el pintor enloquecido y desesperado, Sebastián Mendoza, y el comercial cantante con aspiraciones Emilio/Sonny, compondrán una trama de desencantos, de supervivencia.

En la primera parte, el protagonista habla en primera persona, contándonos de sus andanzas juveniles en pos de los laureles literarios, lleno de sueños de grandeza y sin un duro. Enamorado de los primeros ojos que le miran sugerentes, sufre y goza entre página y página. Retrata el submundo de los bares, los artistas y la prostitución. El Cubo de la Basura es el bar donde centra sus relaciones sociales. Pero, sobre todo, insiste en el mundo interior de Roberto, en el que se mezcla la realidad con los sueños y con las ficciones que surgen en su mente, mientras lucha con la hoja en blanco de una máquina de escribir.
En la segunda parte, el narrador se coloca en tercera persona, un indefinido punto de vista para seguir contando cómo le ha ido la vida a Roberto, bastantes años después. Los sueños no le han abandonado, pero la invasión del mundo real en forma de trabajo, familia (esposa, hija, parientes) y obligaciones de todo tipo amargan su constante y reincidente tendencia a la literatura. Ahora en vez de la hoja es la pantalla en blanco del ordenador.
 La realidad circundante parece especialmente cruel con sus aspiraciones literarias: por más que lo intenta, el pobre Roberto ha de enfrentarse constantemente a sesiones de compras en grandes almacenes, pesadas visitas familiares, irrupciones de su hija Virginia, ya crecidita, y requerimientos de atención por parte de su mujer, Cati, ajena por completo a la obsesiva tendencia literaria de su esposo.
El pasado, asimismo, irrumpe en varias ocasiones en ese mundo cerrado de Roberto: la reaparición de Sonia, la dramática desaparición de Sebastián, el confinamiento de Eladio en una residencia, la carrera disparatada de Sonny…y se mezcla con otras irrupciones más inmediatas: Maite, la compañera de oficina, con la que hay un “quiero y no puedo”, Ramón, cuya ilusión es salir en televisión, otro compañero que se jubila...Y a todo ello se suma la nueva idea de Cati para recomponer la familia, cuando su hija les anuncia su noviazgo.
En realidad, en esta novela no llega a ocurrir nada, quizás ese sea el drama. Parábola llena de simbolismo, es un desfile de seres con ilusiones perdidas, mostrando un panorama desolador, pero con ciertos toques de humor, y tratando a los personajes con mucha indulgencia, con cariño. Todos sueñan pero los sueños, como diría el poeta, sueños son. Sin embargo, si no hubiera sueños, ¿qué sería de nosotros?
El refugio en la creación –tanto en la propia como en la ajena, por medio de la lectura o el visionado de filmes- como modo de supervivencia en una sociedad hostil o al menos, indiferente, ese intento de mostrar que uno está vivo por medio de construir algo propio y personal, (se tenga o no talento para ello) esa es la idea que parece desprenderse del texto, cuando el narrador nos dice: “Quizá sus historias son un refugio, una argucia para tratar de vivir otras experiencias y escapar de la propia, un intento de desdoblarse. Quizá descarga su rabia sobre personajes ficticios, ante la imposibilidad de descargarla sobre los congéneres reales que le rodean”. Quizá haya que dedicarse a la carpintería o  a la jardinería, o a cuidar hijos…por poner un ejemplo, ya que cualquier actividad en la que nos sintamos motivados nos ayudará a sobrevivir.
En suma, este es un texto que nos pone un espejo ante los ojos, y nos ayuda a reflexionar mirándonos en él, por medio de unos arquetipos que podrían ser cualquiera de nosotros.

Miguel Sanfeliu es autor de los libros de relatos: Anónimos (Traspiés, 2009 – Col. Vagamundos), Los pequeños placeres (Paréntesis, 2011) y Gente que nunca existió (E.d.a. libros, 2012). También ha publicado en diversas revistas y libros colectivos. Gestiona el blog Cierta Distancia. Parece que cicatriza (Talentura, octubre de 2014) es su primera novela.



Ariodante


17/11/14

CAZANDO CON AMOR

LOS AMANTES DE TODOS LOS SANTOS
JUAN GABRIEL VÁSQUEZ
ALFAGUARA, 2008


Siete relatos contiene este libro, algunos publicados en otras antologías y que el autor ha agrupado por afinidad de espacio y de clima. Ambientados en distintos lugares francófonos de Bélgica y Francia: Lieja, las Ardenas, Beauvois, París, ...el campo y la ciudad en otoño, escenas de caza, íntimamente mezcladas con encuentros amorosos, conflictos familiares, abandonos, soledades y otras historias. La naturaleza, en la forma de bosques, de animales, de lluvia o nieve, estará muy presente y muy ligada a la tensión emocional de todos los personajes.
Vásquez es un escritor cuyas narraciones suelen presentar personajes solitarios, parejas separadas o en vías de separación. La soledad es un leit motiv en la obra de Vásquez. Y en estos relatos aún se nota más. La lectura de estos textos me ha hecho evocar imágenes de las películas de Krzysztof Kieslowski. Hay historias de amor desoladoras, hay soledad y desapego en todos los personajes, pero también hay un deseo de compañía, de sentirse querido y protegido. Así, la vida pasa y la vemos pasar en estas narraciones.
Es El Regreso, un relato que refleja el apasionado apego de Madame Michaux por su tierra, bosques y ganado, Les Houx, la gran casa familiar en la provincia de Lieja. Una casa que conocerá palmo a palmo incluso la recorrerá mentalmente mientras está lejos, en una prisión donde fue encerrada por asesinato. La imagen y el recuerdo de esa casa y sus terrenos la mantendrán con fuerzas para seguir viva. Pero a su retorno las cosas han cambiado.
La siguiente narración, Los amantes de Todos los Santos, que da título al libro, se ambienta en la zona de las Ardenas: Modave-Ayvaille-Ferrieres… Es la noche de difuntos. Una pareja con fuerte tensión emocional sale de caza, sin éxito, aplazando siempre una importante decisión que han de tomar ambos. Incapaz de afrontar el problema con su pareja, el hombre inicia una escapada nocturna que le hará encontrarse con una solitaria mujer que, a su vez, vive con el recuerdo de su marido perdido.

El inquilino vuelve al tema de la caza, en la misma zona de las Ardenas que el relato anterior. Georges y Xavier en el pasado han compartido a Charlotte. Pero ahora ya son los tres viejos. El hijo de Xavier, Jean, organiza una partida de caza. Es otoño. Los dos viejos amigos participan con un grupo numeroso. Charlotte y Catherine, las esposas, esperan en casa mientras los hombres y los perros salen. Pero la caza se interrumpirá por un suceso imprevisto. La nostalgia, los recuerdos ligados a un cuaderno de mapas imaginarios dejan un regusto amargo en la historia.

Ambientada en París, El en el café de la République, una pareja separada no hace mucho vuelve a reunirse para visitar al padre/suegro. Contada en primera persona por el personaje masculino, pendiente de unas pruebas médicas que pueden cambiar radicalmente su vida, traslada al lector la inseguridad, la soledad y el desconcierto de tres personajes que se enfrentan a sus vidas de modos muy distintos.

La soledad del mago vuelve a enmarcar el relato en una partida de caza, aunque el tema principal sea la atracción sexual entre una mujer casada y embarazada –Selma- y Chopin, un hombre al que apenas conoce, del que no hay noticias de su pasado, aunque las cartas y los trucos se le dan bien. Las partidas de caza y los trucos de magia con cartas y se alternarán con los encuentros amorosos. Cuando el marido, Léopold, se da cuenta de la infidelidad de ambos, ocurrirá un suceso que cambiará su modo de enfocar la relación.

Lugares para esconderse oscila entre Bruselas y París. También está contada en primera persona, y trata un encuentro con una pareja amiga del narrador, en unas circunstancias tristes y penosas. La visita a la casa campestre del padre de Claire, Monsieur Gibert, que le lleva de pesca. Con él se entera de detalles que han pasado desapercibidos, sobre Claire y su marido, Philippe.

La vida en la isla de Grimsey gira alrededor de caballos, un picadero, una veterinaria, y el hijo de un potentado, Oliveira, que no quiere seguir sus pasos y reniega de su herencia, aunque busca sus orígenes. Pero también gira alrededor de una mujer que está entrando en la madurez y está sola, con los recuerdos de una hija perdida. Casi se centra más en el drama de la mujer, ya que el hombre es poco menos que un espectador, que no se implica apenas en la incipiente relación y que la ve de lejos.
En suma, una colección de relatos otoñales, de día de difuntos (en casi todos hay alguien que muere) y por los que desfilan soledades, añoranzas y diversos intentos de amar o de ser amado. Escritos con la maestría que cada vez es más fuerte en este escritor colombiano.

Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, Colombia; 1973) es autor de la colección de relatos Los amantes de Todos los Santos y de las novelas Los informantes (escogida por la revista Semana como una de las más importantes publicadas en Colombia desde 1982), Historia secreta de Costaguana (Premio Qwerty en Barcelona y Premio Fundación Libros & Letras en Bogotá) y El ruido de las cosas al caer (Premio Alfaguara 2011, English Pen Award 2012 y Premio Gregor von Rezzori-Città di Firenze 2013 y Premio IMPAC Dublín). Vásquez ha publicado también una recopilación de ensayos literarios, El arte de la distorsión, y una breve biografía de Joseph Conrad, El hombre de ninguna parte. Ha traducido obras de John Hersey, John Dos Passos, Victor Hugo y E. M. Forster, entre otros, y es columnista del periódico colombiano El Espectador. Sus libros han recibido diversos reconocimientos internacionales y se han publicado en dieciséis lenguas y una treintena de países con extraordinario éxito de crítica y de público. Ha ganado dos veces el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. En el año 2012 ganó en París el Premio Roger Caillois por el conjunto de su obra, otorgado anteriormente a escritores como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Ricardo Piglia y Roberto Bolaño.

Ariodante


14/11/14

BLASCO IBÁÑEZ : LA SERIE DEL DESCUBRIMIENTO II


EL CABALLERO DE LA VIRGEN

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ



El Caballero de la Virgen, es la segunda pieza de un proyecto literario alimentado por el autor que no llegó a realizarse más que en sus dos primeras partes, dada su muerte relativamente prematura (a los 61 años). El proyecto era una tetralogía sobre el descubrimiento de América: a esta obra precede otra que trata sobre Colón y su primer viaje, En busca del Gran Kan; la tercera trataría de Hernán Cortés y México, y la última se dedicaría a Pizarro y Núñez de Balboa. Las dos obras que consiguió escribir, se publicaron póstumamente, en 1929.

Gascó-Contell, periodista y amigo de Blasco, nos cuenta al respecto que “En busca del Gran Kan, publicada en febrero de 1929, tres meses después de fallecido el insigne novelista, es la novela de Cristóbal Colón y del Descubrimiento. Ya Blasco había tratado extensamente esta evocación histórica en Los argonautas. Pero el tema le sigue atrayendo, ahonda en él, seducido por el equívoco de aquella ingente figura, en cuya vida hubo tantas zonas de sombra todavía no iluminadas; y a la vez que traza una gigantesca pintura del personaje “de las dos tumbas y de las catorce cunas” narra la esforzada epopeya marinera poniendo en relieve toda su substancia nacional, toda la parte decisiva que tuvo en el acontecimiento la aportación española. El caballero de la Virgen (otra novela póstuma, publicada en noviembre de 1929) es narración independiente de En busca del Gran Kan; pero que la continúa en el sentido de pasar a describir la epopeya de la Conquista, inmediata a la del Descubrimiento. Es la novela de Alonso de Ojeda, personaje también evocado en Los argonautas, cuyo protagonista, un Ojeda moderno, supónese descendiente del Caballero de la Virgen.
Y la serie iba a proseguir. En planta tenía Blasco La casa del océano, que sería la novela de Vasco Núñez de Balboa y del mar Pacífico; El oro y la muerte y otras novelas sobre Magallanes, Cortés, Pizarro, etcétera. Pensaba él que fuesen a modo de poemas en honor de las verdaderas glorias españolas y que representase, en cierto modo, una novedad literaria por transcurrir su acción en la época moderna, siendo al propio tiempo una vasta evocación del pasado.”(GASCÓ-CONTELL, GENIO Y FIGURA DE BLASCO IBÁÑEZ, Public. Del Ayto. de Valencia, 2012)



Novela independiente aunque continuación de la anterior, nos sitúa en las recién descubiertas islas antillanas, y Blasco retoma a sus personajes de ficción, Fernando Cuevas y Lucero, afincados en Isabela y posteriormente trasladados a Santo Domingo, ciudad emergente que será la sede del Virreinato. Estos personajes sirven al autor como hilo conductor para ir enlazando las historias de unos y otros descubridores.  De hecho, si bien esta novela sigue la vida de Alonso de Ojeda desde que se embarca para Indias hasta su muerte, en realidad la novela abarca mucho más, porque nos cuenta no solo de este peculiar capitán y descubridor, sino de otros muchos que -en relación o en oposición con él-, van desfilando por estas páginas. Así, sabemos de los primeros pasos de  Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Valdivia, Núñez de Balboa, Nicuesa, Enciso, Rodrigo de Bastidas,  y un largo etcétera. Asimismo, continúa Blasco contándonos de las aventuras de Colón, de sus siguientes viajes y de la desastrosa administración que mantenía (él y sus hermanos Diego y Bartolomé) y que llevó a los Reyes Católicos a quitarle el monopolio que al principio le habían concedido. La desaparición de este monopolio es el detonante que dispara la formación de múltiples y muy variadas expediciones indianas, no tanto por el afán de descubrir tierras…como el de descubrir oro y riquezas.
La eclosión de esta multitud de gentes ansiosas de probar fortuna en las nuevas tierras, que ya nadie considera (como Colón sigue manteniendo hasta el fin de sus días) como Asia, sino como un nuevo continente, se produce de modo desordenado y caótico, y ya no es tanto protegida económicamente por la corona (que, metida en guerras en el Mediterráneo, no está para pagar expediciones) como por particulares, gente adinerada que invierte en expediciones con la intención de aumentar su riqueza.
Los problemas se acumulan en las nuevas tierras: los buques que van llegando de España traen principalmente aventureros y guerreros, pero lo que necesitan los colonizadores son precisamente colonos: agricultores, carpinteros, artesanos, gente que edifique ciudades, y sobre todo, familias. Familias que se aclimaten y vivan en aquellos espacios nuevos. Todo eso irá llegando, pero más tarde, cuando se masifique el deseo de probar fortuna allende los mares.
Otro hecho que destaca Blasco en su narración es las constantes inquinas y pendencias entre los que van poblando las tierras, la competencia constante entre los gobernadores  de cada nueva tierra descubierta, entre los promotores de cada una de las nuevas expediciones, las luchas intestinas, traiciones y bellaquerías, incluso el nacimiento de la piratería en el Caribe. La explicación la halla sobre todo por el ansia de poder, por la consecución de tierras en propiedad, cargos, prebendas …y oro.
Rememorando los sucesos pasados, Fernando Cuevas relata como conoce al capitán  Alonso de Ojeda, al mando de uno de los navíos que componen la siguiente expedición de Colón, en el que volverán a las nuevas tierras descubiertas, con la imaginación cegada por el oro del cual el Almirante estaba tan seguro de encontrar a manos llenas. Pero del oro apenas si hay rastros. Se da noticia de él, pero siempre está lejos. Alonso de Ojeda, una vez establecido en Isabela, se da cuenta de que aquello no es lo que pensaba. Inicia exploraciones hacia el interior de la isla, en busca del ansiado metal, y descubre su brillo en las montañas de Cibao, exploraciones que les llevan a conocer a la famosa reina Anacaona (Flor de Oro), y que al parecer cautiva a don Alonso…y a Cuevas.  Las luchas con los caciques indígenas son a veces muy cruentas. Ojeda, que llega con veinte años a La Española, cobra fama inmediatamente por su arrojo y valentía, así como por su invulnerabilidad en las batallas, supuestamente por la protección de la Virgen, cuya imagen lleva consigo siempre, cual talismán, y le tiene gran devoción.

En Isabela, las reacciones en contra de Colón, enfermo y desencantado, se suceden. Hay conatos de sublevación que Colón reprime, pero luego deja a su hermano Diego al mando de la ciudad y parte en una expedición hacia Cuba, llevándose tres carabelas. Los buques que quedan en Isabela son capturados por los insurgentes, que no soportan el mandato del hermano menor de Colón. En la segunda parte, El oro del rey Salomón, Blasco cuenta como Ojeda, tras seis años en España, retorna y se ocupa de guerrear contra los caciques que detentan las minas descubiertas en La Española; se lanza en una búsqueda compulsiva del oro, mientras Colón es llevado encadenado a España, acusado de diversos fraudes y de su mala administración. Blasco presenta a la familia Colón como a una desafortunada especie de clan endogámico, dirigidos por un visionario, el Almirante, que cada vez estaba más convencido de sus visiones y menos creído y seguido por la gente, que le seguía viendo como un extranjero y un lunático.

Ojeda, mientras tanto, explora la costa de Tierra Firme, descubre la Pequeña Venecia o Venezuela,  de Panamá con su amigo Juan de la Cosa y sus aventuras con los indios, que acabarán con la vida de su amigo y gran cartógrafo. Los viajes que Alonso de Ojeda hizo por las costas de lo que llamaban Tierra Firme, o Veragua, es decir, por los territorios de lo que hoy son Venezuela, Colombia y Panamá, resultaron un fracaso. Tuvo que enfrentarse con toda clase de adversidades, sobre todo con un ambiente selvático y agresivo, así como con una población indígena francamente hostil.  El pasaje con la muerte del cartógrafo y piloto Juan de la Cosa es de una intensidad dramática tremenda. Agobiado por todo tipo de carencias, Ojeda intentó regresar a Santo Domingo en busca de recursos en un barco pirata en lastimoso estado, con el que consigue finalmente llegar por un punto no identificado de Cuba. La travesía es un infierno y allí pierde su poder y su fama Ojeda, pese a conseguir salvarse.

Destaca Blasco cómo los españoles sufrieron para aclimatarse y aprender a alimentarse con los productos de los lugares que conquistaban; las hambrunas se sucedían constantes. Soportar el clima tropical también  les resultó arduo y difícil, produciéndoles múltiples enfermedades y muertes. No fue tarea fácil la colonización de América. Con el gobernador Ovando llegaron multitud de colonos, familias enteras decididas a salir adelante en aquellas tierras, a vivir cultivando el terreno y adaptando las semillas traídas de España. Esto supuso el engrandecimiento de Santo Domingo como ciudad y el progreso de la isla en general, así como el desvío de múltiples expedicionarios a Tierra Firme. La institución de las “encomiendas” y los inicios de lo que más tarde se llamarían “ingenios”  para el cultivo de caña de azúcar, se produce a partir de estas fechas.

En la tercera y última parte, El ocaso del héroe, cuenta la deriva y la decadencia de Ojeda, que tras su dramático fracaso en Veragua es herido por las flechas emponzoñadas, quedando desolado por la terrible muerte de su amigo y piloto el cartógrafo Juan de la Cosa, se ve en la necesidad de embarcarse en un buque de piratas al mando de un tal Talavera, sufriendo tempestades llega hasta Cuba, deambulando un mes por la isla, en los manglares, viviendo un infierno y perdiendo el apoyo de su famosa Virgen. Se narra, asimismo, las aventuras de Enciso en su expedición para salvar lo que quedaba de las tropas de Ojeda, su encuentro con Pizarro, con Balboa y Nicuesa…y su desconocido final. Y narra el triste final de Ojeda, que, abandonado de todos y humillado, muere, renunciando a comer, en Santo Domingo en 1515 o 1516. Su último deseo es que sus restos sean sepultados en la entrada del Convento de San Francisco, para que todo el que cruzase el umbral pisase su tumba como desprecio por los pecados cometidos.

En suma, la historia de los primeros descubridores y de los comienzos de la colonización, desde que se abre la veda y los expedicionarios pueden constituir libremente sus viajes y hacer realidad sus proyectos. Los problemas con Colón, al que a pesar de hacerle responsable (a él y a sus hermanos) de la mala administración y muchas matanzas y desgracias sucedidas, aunque sigue siendo el descubridor y le trata con cierta indulgencia, destacando siempre que fue mejor marino que político. Pero tampoco a los demás Adelantados, Gobernadores y Virreyes les salva de cometer muchas equivocaciones, corrupciones y tiranías. Y a los aventureros y exploradores los presenta como más ansiosos por las riquezas y el poder que por el honor, el interés del propio descubrimiento o la extensión de la religión. Las eternas luchas intestinas que ocurrían en España, se reproducían en las nuevas tierras conquistadas, originando gravísimos problemas, y retrasando un proceso que podría haber sido mucho más efectivo y seguro si hubiera estado bien dirigido. Pero la lejana metrópolis tenía otros problemas y no parecía estar muy interesada en apoyar la conquista. A las Indias se iban los segundones de las casas nobles, los delincuentes perseguidos en España, y los desesperados que trataban de encontrar una nueva vida. Además de militares sin destino, y aventureros en pos de una fortuna que les faltaba en su propio país. No fue hasta que empezaron a instalarse las familias enteras  y a trabajar el suelo, crear industria y ciudades, que la colonización tuvo realmente una extensión y un progreso.
Pero Blasco dejó su proyecto inacabado. Los restantes libros que pensaba escribir quedaron en el aire, pospuestos eternamente por su fallecimiento.



Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867, Menton, Francia, 1928), escritor, ensayista, periodista, viajero, político, hombre de acción, como solía definirse. Realizó estudios de Derecho (que no ejerció nunca) en la Universidad de Valencia; entre 1898 y 1907 participó en política como diputado republicano; más tarde, huyendo quizá de un fuerte enamoramiento, marchó a La Argentina, donde pasó años tratando de sacar adelante una hacienda, perdiendo dinero y amigos; luego marchó a París, volviendo con su amante y coincidiendo con la primera Gran Guerra, sobre la cual escribió la obra que en el cine le haría famoso:  Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Con el telón de fondo de la guerra escribió otras, como Mare Nostrum o Los enemigos de la mujer.  Desde que se afincó en Francia, realizó diversos viajes y su obra se hizo más cosmopolita, abandonando los temas regionalistas y costumbristas así como los políticos. En sus últimos años concibió su proyecto de novelas históricas, que comenzó con las de los papas españoles y siguió con los descubridores. De una grande y variada producción literaria, autor controvertido y versátil, consiguió en vida bastante éxito con la literatura, siendo incluso algunas obras suyas llevadas al cine en época temprana. Escribió su obra en castellano en su totalidad.






Fuensanta Niñirola

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