1/12/16

BRILLANDO EN LA OSCURIDAD

RESPLANDOR EN LA OSCURIDAD


SUSAN ISAACS

Salvat Grandes Éxitos, 1994

Novela que fue un bestseller en EE.UU., y en la que se basó parcialmente la película del mismo nombre dirigida por David Seltzer en 1992, es una de las muchas novelas que la escritora de Brooklyn lleva publicadas.
La novela es muy diferente de la película, por lo que aquellos que la hayan visto deberían prescindir de sus recuerdos y ajustarse a la historia que se nos cuenta. Hay solamente una pequeña parte, el tercio final, en el que la narración tiene más similitudes con el filme, pero incluso en esta parte, tampoco sigue todos los detalles.

La primera mitad de la narración recuerda más a la película Working girl, (Armas de mujer, 1988). Linda Vost, una “solterona” de treinta años, es secretaria en un importante bufete de abogados y está enamorada de su jefe, John Berringer.  Hasta aquí, la novela podría parecer una historia romántica, salvo por la manera con que está contada, con toques de humor, ironía y pizcas de realismo social. La autora sitúa la acción en los años cuarenta, si bien se retrotrae a los años anteriores  para describir a los personajes y el ambiente. El mundo de las secretarias, ( y esta es la parte que recuerda a Working Girl) con sus inevitables cotilleos, murmuraciones y amores imposibles, el retorno a hogares sumidos aún en la depresión económica, los sueños contrastando con la triste realidad, todo es descrito minuciosamente por medio de la mirada de Linda, que habla en primera persona, de cuya mano y voz recorre el lector ese escenario y los personajes.
Linda, la protagonista, es una mujer inteligente, con sentido crítico, que ha pasado la primera juventud y sigue soltera, manteniendo a una madre alcohólica  y hasta hace poco, a una abuela que ejercía de ama de casa y que solo hablaba alemán. De origen, pues, alemán, y judío por parte de padre, Linda es bilingüe, inteligente, por lo que serán requeridos sus servicios para uno de los abogados más importantes que realiza actividades de contraespionaje.
Toda la primera parte del libro es una lenta preparación para la hecatombe  final. Sabemos que Linda, además de estar enamorada de su jefe, y gustarle el cine, es una mujer a la que preocupa muchísimo la política mundial, sobre todo el progresivo deslizamiento de la política a la guerra. Mientras sus compañeras hablan de cine, de maquillajes o de sus jefes, Linda lee la prensa y advierte el peligro nazi, ve venir a grandes pasos el enfrentamiento militar y el desastre en Europa, y no piensa que América debe desentenderse, sino luchar contra ello.
En la segunda mitad del libro Linda ya trabajará más intensamente como secretaria de Edward Leland, el suegro de su marido, de modo que se familizará con el contraespionaje: sus métodos, códigos, sistemas de información, etc. La situación familiar de Linda va tornándose más y más catastrófica  y de este modo podemos comprender que, entre la espada y la pared, la protagonista se marque una huida hacia delante, ofreciéndose para sustituir a uno de los espías asesinado en Berlín.
A partir de este momento, la acción se dispara y la tensión aumenta a pasos agigantados. Si la primera parte puede hacerse algo lenta o quizás no demasiado cercana a las expectativas del lector, la segunda parte y sobre todo, el tercio final, cubre esas expectativas por completo, manteniendo la emoción y la tensión hasta el último momento.
Los diálogos están bastante bien llevados, y hay un cuidado equilibrio entre el humor, la ironía y el dramatismo de la situación histórica y política en que se enmarca toda la parte final. En el desarrollo de la narración, los hechos son verosímiles, más que en la película. El lector sigue el progresivo aprendizaje de Linda, y el paulatino desligamiento de su situación personal y doméstica, que le es francamente hostil. Asimismo sigue la lenta maduración de esta mujer, que de una simple secretaria pasa a ir cumpliendo papeles cada vez más importantes y de gran responsabilidad, a la vez que a darse cuenta que solo satisface la sexualidad del hombre que ama, por lo que llega a un punto en que empieza a distanciarse emocionalmente, hasta su separación, al desplazarse a Europa. Incluso acaba por aceptar su identidad como judía (siempre mantenida en secreto), después de ver el sufrimiento y la marginación de los de su raza.
En suma, una novela muy aceptable: entretenida, con interés, bien hilvanada la trama y la intriga garantizada, además de introducir aquí y allá reflexiones sobre temas políticos y sociales.

Susan Isaacs (Nueva York, 1943) es una escritora y guionista americana. Nació en Brooklyn, estudió en el Queens College. Se casó con Elkan Abramowitz y trabajó como free-lance durante este tiempo, escribiendo discursos políticos y artículos de revistas. Actualmente vive en Long Island con su marido.
Su primera novela, Compromising Positions, se publicó en 1978. Fue, como todas sus novelas posteriores, un bestseller del New York Times. Sus libros han sido traducidos a treinta idiomas diferentes de todo el mundo. Además de escribir libros, ensayos y guiones de cine, Isaacs ha revisado los libros de The New York Times, Los Angeles Times, The Washington Post y Newsday.



Fuensanta Niñirola

24/11/16

TENEBROSO CONRAD

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS Y OTROS RELATOS
JOSEPH CONRAD

Trad. y prólogo de Dámaso López García
Ed.Valdemar, Col. Avatares, 1998



El escritor de origen polaco Joseph Conrad, británico de adopción,  escribió estos tres relatos en una misma época, según nos cuenta él mismo en la Nota del Autor, en la cuidada edición de Valdemar, que nos los presenta asimismo agrupados, tal y como Conrad los publicó en 1902, bajo el título Juventud, un relato y dos cuentos, y dedicados a su esposa, Jessie. En esta edición van precedidos de un magnífico prólogo a cargo de Dámaso López García*, en el que estudia y relaciona en la medida de lo posible, estos tres relatos, dando al menos una razón para su agrupamiento en un solo volumen. Conrad, a quien el prologuista define como un succès d’estime, un escritor para escritores, más que un autor para el gran público, insiste en su Nota en que la única razón para agruparlos es la de haber sido escritos en el mismo período, entre la publicación de El negro del Narcissus y la época en que empezó a trabajar con Nostromo. Con la sombra de Lord Jim, publicada en 1900, planeando sobre todo el proceso.
En Juventud tiene lugar la primera aparición de Marlow, su personaje más conocido, o su alter-ego, en algunos casos. Y también Marlow continúa apareciendo en El corazón de las tinieblas, aunque no en la última narración, En las últimas, donde el personaje central es el viejo capitán Whalley.
En una carta citada por el autor del prólogo, sugiere Conrad otra razón para el agrupamiento de las tres narraciones que componen el libro. Cada una de las piezas simboliza las tres edades del hombre, y aunque no influya para nada en su lectura, por el hecho de leerlas siguiendo el orden propuesto,  podemos comprender  lo que Conrad llevaba en mente, la idea sobre la naturaleza humana que trataba de transmitirnos mediante sus escritos y la repercusión de la edad en la vida del hombre.  En el prólogo se cita a J. Benet para caracterizar las tres edades del hombre como la edad del impulso, en estado puro (la juventud), la justificación reflexiva (la madurez) y la deriva hacia la enajenación y la decadencia (la vejez).
 Juventud desarrolla un viaje, el descubrimiento del Extremo Oriente, con todo su encanto y su misterio, y a la vez, el reto que representa. Un viaje juvenil, iniciático, tanto hacia la vida como hacia el interior del propio protagonista, un Marlow que, desde sus cuarenta y dos años, cuenta sus recuerdos juveniles a un grupo de marinos alrededor de una mesa, a la espera de la marea que ponga en movimiento su barco. Son recuerdos de Marlow y a la vez, de Conrad, que embarcó desde muy joven y al que le ocurrieron los hechos que se narran, si bien no en los lugares donde se sitúan. Ahí ya el escritor modela su relato dándole su toque especial, fundiendo unos recuerdos reales con otros ficticios, construyendo la acción. El joven Marlow se embarca en el Judea, un viejo velero que sufre toda clase de inconvenientes y desgracias, hasta que consigue llegar cerca de las costas malayas. En el momento de la llegada al puerto malayo, cansado pero a la vez excitadísimo y emocionado, Marlow nos dice, con sus propias palabras: “Era éste el Oriente de los viejos navegantes, tan viejo, tan misterioso, resplandeciente y sombrío, vivo e inmutable, lleno de peligro y esperanza.(...) de repente, un soplo débil y cálido, cargado con extraños aromas de flores, de maderas olorosas, que proviene de la tranquila noche: la primera confrontación con el Oriente. Nunca olvidaré eso. Era intangible y seductor, como un encantamiento, como la promesa susurrada de un goce misterioso.”



Todas las expectativas del joven Marlow se centran en Oriente, un mundo nuevo se abre ante sus ojos, y el encuentro con esa tierra  misteriosa y perfumada, cual amante que espera, perezosa, yaciendo en el lecho, se le antoja la finalidad de su vida, en ese momento. El toque conradiano sobre la edad del hombre, lo da esta emocionada y nostálgica parrafada de Marlow-Conrad, que considero importante citar aquí, antes de pasar al siguiente relato. “Recuerdo mi propia juventud, y un sentimiento  que nunca más volveré a tener: la sensación de que yo iba a durar hasta la eternidad; de que sobreviviría a la mar, a la tierra, a todos los hombres. El sentimiento engañoso que nos inclina a los placeres, a los peligros, al amor, a los esfuerzos inútiles,...a la muerte; la convicción triunfante de la fe en el propio vigor, el calor de la vida en un puñado de polvo.” ¿Se ha visto una mejor descripción de la juventud?

 La siguiente narración, es El corazón de las Tinieblas. También en este caso Marlow cuenta su viaje a un grupo indefinido de oyentes. Aparentemente, un relato sencillo: un Marlow ya maduro, a falta de otro encargo se decide a capitanear un barco que sube por el río Congo para contactar con los puestos comerciales de una empresa belga en “la colonia personal” del rey Leopoldo, descubriendo el caos, la desolación y la absoluta rapacería que reina en aquella parte del mundo.
Llega al punto en que ha de conocer al encargado de la compañía en el puesto más alejado, hacia el interior del país: Mr. Kurtz. Personaje legendario, este Kurtz, que reina en su territorio cual si de un jefe de tribu se tratase, adoptando los medios que tiene a su alcance,  sin embargo, ha comenzado a desvariar y es tiempo de hacerle regresar a la civilización. Y a lo largo del trayecto, Marlow/Conrad, al lento paso de su vapor fluvial deslizándose perezosamente por el río, se interna en ese territorio selvático y salvaje, profundo y oscuro, ese mundo antiguo y enigmático, impenetrable y peligroso, que él describe como “corazón de la oscuridad”. El traductor y prologuista comenta que quizá el haber mantenido esta traducción literal hubiera sido más revelador de las innumerables connotaciones que tiene el vocablo “oscuridad” en castellano, lo que no sucede con “tinieblas”. En inglés se usa la misma palabra para los dos, pero “oscuro” nos remite a “misterioso, malvado, siniestro, desconocido, o perverso”, que está más en la línea de lo que quiere expresar el autor. Marlow viaja al corazón de África, continente oscuro, ya porque en la época aún había muchos lugares por descubrir en África Central, como por lo misterioso del intento y el modo en que se realiza el viaje. A Conrad le interesa hacer un viaje al pasado para confrontarlo con el presente -su presente-, un viaje a la historia y al origen primigenio.
Una idea se abre paso: la barbarie es vida, mientras que el proceso de la propia  civilización es un proceso que lleva a la muerte. Pero no sólo podemos analizar la obra desde sus implicaciones filosóficas, sino también desde otros puntos de vista, más sociológicos y políticos: el colonialismo y el racismo.
La mirada crítica de Conrad se desliza sobre lo que encuentra en el Congo, ocupado por los belgas, a la sazón. Dentro del sistema colonial, el caso belga es especialmente sangrante. El rey Leopoldo se toma la colonización del Congo no como un asunto de Estado sino como un negocio personal, y su modo de arrasar el país es aterrador. Un terrible informe elaborado por G. W. Williams, pastor protestante de raza negra que viaja al Congo en 1890, (justo cuando se encuentra allí Conrad), corrobora algunos de los hechos y efectos de la devastación encontrada por el escritor, cuando aún era marino. Lo que el capitán Conrad encuentra en su verdadero viaje al Congo le deja anonadado y su resultado directo es El corazón de las Tinieblas y Una avanzadilla del progreso, título éste con una cierta dosis de ironía.  Con sus propias palabras, Conrad describe su estupefacción por boca de Marlow: “Tengo la impresión de estar intentando contarles un sueño, de que me empeño en vano, porque no hay ninguna narración de un sueño que pueda proporcionar(...)esa mezcolanza de absurdo, sorpresa y asombro en medio de la reacción de una lucha frenética, la idea de que te ha atrapado lo increíble: la verdadera esencia de los sueños...”


Respecto al tema del racismo, la polémica no surgió en la época de Conrad, ya que los victorianos no entendían ese problema como tal. Por el contrario, Conrad contrasta constantemente la civilización y el primitivismo, y en esa comparación, no siempre sale favorecido el hombre civilizado, sea británico u holandés, norteamericano o alemán. El análisis y la crítica conradiana se extienden a la toda la humanidad, a lo que de humano tenemos todos, estemos donde estemos y en el grado de civilización que nos corresponda. Su resultado es absolutamente pesimista: “Menuda broma es la vida: un misterioso convenio de implacable lógica orientado hacia un objetivo fútil. Lo mejor que puede pasarle a cualquiera es llegar a aprender algo de sí mismo, lo cual llega siempre demasiado tarde, y Luego viene la cosecha de inacabables reproches.”

Abordamos ya en el tercer y último relato, traducido como “En las últimas” (The end of the tether). En esta obra, como bien dice Dámaso López en el prólogo, el pasado se constituye en historia, anula el presente, niega el futuro.  Y destaca otra de sus características: todos los que rodean al protagonista colaboran para hundir al viejo titán. Tampoco el propio capitán deja de tener su culpa, que es la soberbia, el exceso de confianza. Él es también culpable de su desgracia.
En este relato, el narrador es una tercera persona indefinida que lo mismo nos cuenta la vida del capitán Walley en su penoso presente, a bordo del vapor Sofala, como su intrépido pasado en el velero Cóndor, compartiendo los viajes con su amada esposa; su pasado inmediato, ya viudo, en el Fair Maid, barco de su propiedad con el que esperaba acabar sus días, y también las penas con su hija, malcasada y pasando penurias. Cuando se le presenta la ocasión, se enrola de nuevo como capitán, asociándose con el dueño de un maltrecho vapor, Mr. Massy, un personaje despreciable.
Pasa unos años con el vapor Sofala haciendo una ruta comercial, ayudado siempre por un marino malayo, el serang, que le ayuda a dirigir el barco y cada vez va tomando más protagonismo del que a Mr. Massy y al segundo oficial, Mr. Sterne, les resulta soportable. Es curioso que en este relato, el personaje más fiel y honrado resulta ser el viejo serang, con lo que aquí son los blancos los que dan una imagen penosa, según piensa el propio malayo: “...los blancos: hombres arbitrarios y obstinados que perseguían de forma inflexible sus incomprensibles objetivos, seres con extrañas entonaciones de voz, movidos por sentimientos indescriptibles, por motivos misteriosos”.
 Otro personaje, el holandés Van Wyk, es un solitario espécimen humano que vive retirado en una isla, dedicándose a su plantación, que a pesar de la diferencia de edad contacta con el viejo Walley y entrelazan una amistad que les dura unos años. Pero los planes de futuro de Walley fallan y la narración acaba dramáticamente.




Fuensanta Niñirola

17/11/16

SIMENON ARTISTA

LA MIRADA INOCENTE 
Le petit saint, 1964
GEORGES SIMENON
Traducción de Mercedes Abad
Tusquets, 2003



Con esta novela corta Simenon sorprende al lector que espera una de detectives,  policiaca. Pues no es así: está en otro registro. El prolífico escritor la terminó en nueve días, y seguramente en estado de gracia, como se suele decir. Cierto que en esa fecha ya estaba Simenon muy curtido y tenía gran dominio de la escritura. Pero con este texto parece convertirse en otro, adentrándose en terreno escabroso, como lo es la psique humana; no sólo en la mente de un artista, sino en la de un niño, ese “angelito”, un inocente que no cambia demasiado su inocencia al crecer en años (que no en estatura). Y no solo eso: se adentra también es el estómago parisino, en el mundo de Les Halles y sus pobladores. La propia familia del protagonista es, por así decirlo, un modelo de los distintos tipos humanos y sociales de los bajos fondos parisinos.
La evolución de la ciudad, su historia, se ve reflejada en la vida cotidiana del protagonista: en la familia de Louis Cuchas, seis hermanos comparten un habitáculo con la madre, una verdulera abandonada por su marido y aficionada a cambiar de amante muy a menudo. El autor toma el punto de vista de Louis desde su más tierna infancia e intenta describir lo que siente y lo que ve desde muy niño: primero el interior de la casa: la estufa, los olores de la cocina, sus hermanos, la madre, Gabrielle Heurteau…
“Durante mucho tiempo, por ejemplo, la estufa tuvo más importancia que su madre, y en torno a ella giraba su existencia. Ignoraba aún quién la encendía y cómo. Sólo recordaba a su madre sin resuello después de haber subido la escalera, atravesando la habitación con un cubo de carbón cuyo peso la hacía inclinarse a la derecha.”

Más adelante Louis empieza a mirar por la ventana, el mundo exterior, la calle, los vecinos, las luces cambiantes de las estaciones del año…y así progresivamente. Y lo mira todo con esa mirada inocente, ausente de prejuicios, limpia y clara. Con sorpresa ante lo que ve, esa sorpresa que llevará al artista a mirar las cosas cotidianas como si las viera por primera vez. A mirarlas en su estructura básica, sus colores y líneas, al margen de los significados o connotaciones, de las ideas que más tarde se le han aplicado y que a veces trastornan nuestra percepción de los objetos.
“Para él, lo que marcaba el paso del tiempo eran los árboles del patio. Los troncos se volvían menos negros y parecían más rugosos; después, en el extremo de las ramas aparecían unos brotes duros. Los gorriones piaban más que de costumbre y muy pronto aparecían pájaros desconocidos.”

El título en español me resulta más atractivo que el elegido por el autor; el “angelito” (el pequeño santo, literalmente, o el santito)  es un mote con el que los compañeros del colegio –la habitual crueldad infantil- se burlan de Louis, que es muy bajito, de cara angelical y sonrisa fácil, que soporta las crueles vejaciones de sus compañeros, las risas de los adultos, la marginación y el desprecio de sus hermanos, incluso hasta un determinado punto, la desatención materna.
“Los golpes no le hacían mucho daño. Después de un rato ya no se notaba nada y no merecía la pena prolongar una pelea. Algún día se cansarían de pegarle siempre al mismo y lo dejarían soñar despierto en su rincón.”
Parece que Simenon dedicó nueve días a escribir esta novela. Pero también se dice que fue su preferida, probablemente porque puso mucho de sí mismo en ella. Toda la novela reflexiona sobre el temperamento creador del artista, de cómo surge en un niño, cómo crece y se va definiendo esa afición por el arte que luego convertirá en profesión y modo de vida.  Un niño que ya desde la infancia manifiesta un temperamento especial.
“A menudo se había detenido frente al escaparate a contemplar lo que él llamaba colores, pues ignoraba por completo que existieran técnicas distintas y todo le fascinaba, desde los colores que iban dentro de unos tarritos de cerámica metidos en cajas de hierro a las tizas de tonos más suaves y tiernos o los tubos que iban dentro de unos estuches con una paleta sujeta al interior de la tapa.”
 
Toda esa reflexión sobre la creatividad está trufada de constantes descripciones de la vida cotidiana, de los avances técnicos, de la evolución de las empresas, la vida pública, del cambio del gas a la iluminación eléctrica, de los coches de caballos a los automóviles y los tranvías, de la agrupación de la familia a su dispersión, en suma, la historia del París de fin/principios de siglo hasta el París que ha pasado dos guerras mundiales. Cierto que en la parte final toma carrerilla y va un poco demasiado rápido, mientras que en la infancia y adolescencia se demora muchísimo.
Conforme empieza a pintar, las descripciones de sus obras y su manera de mirar la realidad y reproducirla a su propia idea, a mí me llevan a pensar en Chagall, no tanto en su persona como en su pintura, al mismo tiempo maravillosamente colorista y altamente ingenua, pero llena de bondad, mostrando un mundo que está lleno de fantasía pero con un trasfondo real.
“El valor del dinero había cambiado. Tiempo atrás, en casa de su madre se contaba por céntimos. Ahora se contaba por centenares, por miles de francos, y pintores de los que diez años después ya no se hablaría vendían sus telas más caras que las de un maestro italiano del Renacimiento.”
Una novela plena de emotividad, de poesía, aunque a veces muestre situaciones duras, durísimas, pero siempre adoptando el punto de vista de la inocencia, pasiva, tranquila, que todo lo acepta como parte de la realidad, y lo admira como todo aquello que está fuera de él, y todo le sorprende, le fascina.  Encuentra cosas buenas en todo, todo lo vive como si fuera lo más normal: tanto la miseria como la abundancia. Un “pequeño santo”: pero un santo artista.
“—¿Puedo preguntarle, maestro, qué imagen tiene de sí mismo?
No se lo pensó mucho. El rostro se le iluminó un instante y dijo, alegre y púdico:
—La de un chiquillo.”
 

Georges Simenon (Lieja, 1903-Lausana, 1989) Escritor belga en lengua francesa. A partir de 1927 publicó, bajo diversos seudónimos, gran número de novelas populares. En 1931 empezó a publicar novelas policíacas, a menudo protagonizadas por el comisario Maigret, que han contribuido a renovar el género. Es autor también de obras teatrales y autobiográficas.




Fuensanta Niñirola

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