UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

21/4/14

CONVERSANDO CON LOS GRANDES: VARGAS Y BORGES

CONVERSACIÓN CON LAS CATEDRALES

RUBÉN LOZA AGUERREBERE


(Encuentros con Vargas Llosa y Borges)
Funambulista Ed., 2014


Breve pero jugoso libro misceláneo en torno a dos poderosas figuras de la literatura hispanoamericana, (Borges y Vargas Llosa) se estructura en forma de textos, entrevistas, comentarios, recuerdos y anécdotas, principalmente en torno a la literatura, pero también con digresiones hacia la política, o hacia otras visiones del mundo.  De interés, sobre todo, para aquellos que ya conocen y disfrutan la obra de ambos escritores y en general, tienen una idea de la literatura uruguaya, argentina y peruana. En el libro hay también, una colaboración de Fernando Iwasaki sobre Vargas Llosa, y un cuento del propio Ruben Loza, "El hombre que robó a Borges", incluido a modo de epílogo, y seguido por las cronologías de los dos escritores.

El autor conoció a Borges en 1978, y le vio después en varias ocasiones, teniendo el placer de conversar con el gran maestro, tanto en su terreno (Buenos Aires) como en el del autor, (Montevideo, tan querido por Borges). A Vargas Llosa le conoció el autor en 1982 y a partir de ahí le ha seguido viendo en muchas ocasiones y comparte con él una gran amistad. Comienza el libro con las entrevistas a Vargas, charlando sobre literatura, la propia y la ajena, sobre la idea de escritura, por qué y para qué. De la literatura pasa al periodismo, actividad que ambos comparten,  y del periodismo pasa a la acción política. En todo ello se explaya Vargas a las ajustadas preguntas de Loza. Y cómo no, hablan del Premio Nobel, de lo que ha podido cambiarle la vida tras conseguirlo, en 2010, de su discurso, momento en el que interviene el también escritor y periodista peruano (afincado en España) Fernando Iwasaki contando un poco la sesión donde le fue entregado el premio.

La segunda parte del libro la ocupa la inmensa presencia de Borges. Loza accede al gran escritor porteño cuando este tiene 80 años, ciego desde los 55, ya reconocido mundialmente y eterno nominado al Nobel pero sin acceder nunca a él. Con Borges habla el autor de literatura, ¡cómo no! Pero Borges parece preferir hablar de la obra de otros y no de su propia obra, la cual cita con mucha retranca y humor porteño. También hablan de Uruguay, por ser una tierra muy querida ( la orilla oriental, la llama, entre otras denominaciones cariñosas), de su eterna e infructuosa candidatura al Nobel, de su participación en el Premio Cervantes y de los otros escritores que destacan ya en esa época, como Octavio Paz, Onetti y García Márquez. 

Pero si la parte dedicada a Vargas Llosa se alarga más en cuanto a las entrevistas, la parte dedicada a Borges se amplía con otra serie de comentarios, unos del autor y otros ajenos, a los que cita en reseñas, cartas, observaciones, recuerdos biográficos y finaliza con un cuento propio que gira alrededor de Borges. Todos, y principalmente las dos figuras centrales, coinciden en magnificar el carácter imaginario, creador de sueños y ficciones que constituye la literatura, así como en el gran placer que ha de representar la lectura, que lleva a entrar en otros mundos...sin salir del propio. Como dice Borges: "Vivir soñando, vivir escribiendo, no es una pobreza, es una riqueza. Una riqueza desde luego más íntima, secreta, pero tan real como los éxitos  y los fracasos..."


Ariodante

16/4/14

DIARIOS DE UN ILUSTRADO

DIARIO ÍNTIMO
BENJAMÍN CONSTANT
Trad. Jorge Salvetti
Editorial Alfama, 2008



Hay diarios escritos para ser publicados, pero la mayoría suelen ser dirigidos a uno mismo, abriendo nuestra alma y desvelando nuestros pensamientos más privados. Es este el caso de estos diarios, que son fragmentarios, incluso sin fecha, a veces rebosantes de emoción y a veces lacónicos. Afortunadamente, además de los diarios desarrolló una actividad epistolar importante, que ha podido servir para completar datos; además, en sus novelas, altamente autobiográficas, leemos entre líneas lo que el autor quiere transmitir y lo que piensa.
La actividad literaria de este autor suizo osciló en campos diversos: entre la filosofía de la religión, la novela autobiográfica, los escritos políticos y sus diarios. Benjamín Constant (Lausana, 1767-París, 1830) fue un personaje muy peculiar: ilustrado y a la vez romántico, además poseía un carácter oscilante, inseguro, dubitativo ("si supiese lo que quiero, sabría mejor lo que hago") y con una mezcla de debilidad y de tozudez. Emile Faguet le retrata así: "un liberal que no es optimista, un escéptico dogmático, un hombre sin ningún sentimiento religioso que se pasa la vida escribiendo sobre la religión; un hombre de moralidad muy laxa que basa todo su sistema político en el respeto a la ley moral; y además, un hombre de una maravillosa rectitud de pensamiento y una conducta más que dudosa (...) nunca supo lo que quería, pero siempre supo lo que pensaba."

El diario abarca doce años: de 1804 a 1816, y en una gran parte se ocupa del tiempo que pasó en Alemania mientras escribía su tratado sobre las religiones. Había comenzado su actividad política en 1795, basada en la defensa de los derechos civiles y del modelo liberal británico. Aunque en un primer momento defendió la Revolución Francesa, más tarde se opuso a Napoleón y hubo de exiliarse, junto a su amante Madame de Staël, que era una firme opositora a Napoleón. Sin embargo, ante la convocatoria de Bonaparte en su retorno de los cien días, Constant acude y se muestra favorable a él.


En la época en que empieza este diario, (Constant ya había escrito otro diario, El cuaderno rojo, reflejando los años de juventud) su relación con Germaine de Staël empieza a resquebrajarse y mostrar  cierto enfriamiento. Constant se da cuenta de que necesita una relación menos conflictiva y tensa, sobre todo, una relación donde el dominio lo ejerza el y no ella. En algún punto del diario se dice a sí mismo que lo que necesita es una mujer que cumpla como mujer, ya que con la Staël los papeles estaban cambiados: ella era la que llevaba los pantalones, como diríamos hoy en día. La personalidad de Germaine era tan arrolladora que no dejaba espacio para nadie. Constant intenta trabajar en paz, dedicarse a su investigación histórico-filosófica, pero los continuos movimientos a los que le obliga su amante y los problemas políticos derivados, le crean situaciones perturbadoras. Por ello finalmente se casa con Charlotte, aunque lo hace de manera confusa y problemática. Todo ello está contado en su novela Cecile, completamente autobiográfica. Charlotte le deparará momentos felices, pero nunca pasión.

En los diarios, por un lado refleja el gozo que le produce la vida contemplativa, pausada, las charlas y veladas con poetas, escritores o pensadores alemanes, como Goethe, Schlegel, Schelling, Wieland, Schiller...llenan su espíritu y le animan en su trabajo. Son altamente jugosos sus comentarios sobre estos otros autores con los que se relaciona, tanto sobre ellos como su obra. Pero a la vez manifiesta una soterrada inquietud, guarda sentimientos políticos encontrados, un deseo impaciente de participar en la política francesa, a pesar de que le indigna el camino que toman las cosas y los vaivenes entre monarquía y  convención, entre Napoleón y Luis Felipe.

En la segunda parte del diario inicia un movimiento de retorno, pasando temporadas en Suiza, y temporadas en París, según Napoleón iba y venía.  Finalmente fue elegido diputado y miembro del consejo de estado, y refleja su estado de ánimo en sus conversaciones con el emperador, en su retorno de los cien días, y las tensiones que le supone su reintegro a la política, a la vez que (no puede evitarlo) mantiene una turbulenta vida amorosa, guardando buenas relaciones -pero a distancia- con su esposa, Charlotte, aún discutiendo con la Staël, y finalmente, loco de deseo por Mme. Recamier, que por un lado le provoca y por otro le rechaza. Constantemente acudiendo a almuerzos, cenas, veladas de teatro o literarias, donde alterna con muchas mujeres que le perturban y le seducen, hombres con los que departe y comenta sus teorías políticas ( Fouché, Tayllerand, ...) otros con los que se reta a duelo, (por causa de las féminas), veladas que pasa jugando y perdiendo....en suma, una agitada vida y un permanente deseo de soledad, contrastando con el continuo movimiento viajero y de relación social.
Resumiendo, un texto interesante para que aquellos que siguen la obra del escritor suizo, ya que nos sumerge en sus pensamientos y sentimientos,  mostrándonos un poco más su vida.



Ariodante
Abril 2014



12/4/14

EL PRIMER CIUDADANO DE ROMA

P R I N C E P S
El primer ciudadano de Roma
GABRIEL CASTELLÓ
Good Books, 2014


Tercera parte de la trilogía romana que gira en torno a la familia hispanorromana de los Antonio, personajes de ficción que el autor engarza con los históricos y que sirven de motivo para recrear las guerras civiles que asolaron tantos años la República de Roma, desde la rebelión hispana de Sertorio, pasando por las luchas entre Pompeyo el Grande y César para desembocar en el Imperio con Augusto.

La novela, que se puede leer perfectamente de modo independiente, continúa narrando los movimientos de Aulo Afranio y Lucio Antonio Naso, primos, que se reencuentran al comienzo de la novela tras la huida y dispersión desde el desastre de Munda. Un nuevo personaje, Sexto Pompeyo, el segundo hijo de Pompeyo el Grande, recoge el testigo dejado por la muerte de su hermano y lidera la rebelión contra el nuevo triunvirato (Marco Antonio, Octavio y Lépido), pero lo hace principalmente desde el mar, espacio que domina con su flota y que le hace ser conocido como "el hijo de Neptuno". Los primos hispanos se adhieren al ejército de Sexto, continuando su Devotio a la causa pompeyana, y la narración alterna episodios en los que tanto Aulo como Naso participan, con otros movimientos y batallas de las terribles guerras protagonizadas por Octavio, Marco Antonio, Cleopatra, Agripa y otros generales.

Gabriel Castelló recrea momentos históricos de una manera casi cinematográfica, comenzando con la apoteósica muerte de Julio César, a la vez que nos refresca la memoria sobre esos cruentos años que desembocaron en la larga pax romana con el Imperio de Augusto. Comienza y acaba la novela con los Antonios, cerrando el círculo con esta familia, ligada a la producción y comercio de vinos, con base en el puerto de Dianium (Denia) y procedentes de la antigua Valentia, cuyos ancestros contribuyeron a su primer establecimiento como ciudad y años después sus descendientes vuelven a reedificarla de sus cenizas, cual ave fénix . Los dos personajes de ficción son un tanto relegados a un plano secundario, si lo comparamos con las anteriores novelas, concretamente con Devotio. 

El autor prefiere seguir mostrándonos el panorama político y bélico de esos años previos al advenimiento del Imperio, y desarrollar mucho más las figuras de Sexto Pompeyo, Octavio, Marco Antonio y Cleopatra. Su visión de ellos se distancia un tanto de las clásicas interpretaciones del teatro y del cine a las que muchos podemos estar habituados, aunque algunos fragmentos están abiertamente inspirados tanto en uno como en otro, si bien solo en algunos tramos puntuales de la narración. Sin embargo, todo lo referido a la revuelta de Sexto Pompeyo, o a las desastrosas campañas de Marco Antonio en Oriente, se nos presenta como más novedoso, ignorado por las interpretaciones tradicionales en literatura, o posicionado de modo distinto al habitual. La maraña de intrigas que se desarrollan desde el comienzo con el asesinato de Julio César hasta la muertes de Antonio y Cleopatra sumerge al lector en el mundo político romano, las relaciones de poder y las fuerzas que se movían para apoyar decisiones bélicas.

Las andanzas del segundo hijo de Pompeyo nos son mostradas desde su campo, que es el de Aulo y Naso, puesto que ambos primos son amigos y seguidores de Sexto...hasta su deserción final. Después, las circunstancias colocan a Aulo Afranio y a Antonio Naso en bandos opuestos, uno con Octavio y otro con Marco Antonio. Esto le sirve al autor para mostrarnos los distintos puntos vista de cada facción. 
La descripción de las batallas es acertada, tanto la de Philippi, contra Bruto y los asesinos de César , como Actium, entre Octavio y Antonio, o la de  Naulochus, en la que la causa de Pompeyo sufre una derrota aplastante. Agripa se desvela como un magnífico general y la idea de aportar nuevas máquinas de guerra e instalarlas en las naves es uno de los factores que deciden el curso de la batalla y la guerra. Tenemos, pues, batallas navales, batallas terrestres, movimientos de tropas en Asia Menor, en Sicilia, Egipto, Grecia ...todas las riberas del Mediterráneo, salvo la magrebí, son escenarios donde hay acción en esta historia.

Así, comenzando con el asesinato de César y siguiendo con las múltiples batallas posteriores, las intrigas por el poder, las deserciones y traiciones en uno y otro bando, y la permanente insidia de Cleopatra, más amante del poder que de los hombres, todo ello nos pinta un fresco histórico con los principales acontecimientos que finalmente acabaron con la maltrecha república y derivaron en el poder imperial. 
En una primera parte el triunvirato ha de manejarse en dos frentes: el oriental contra Bruto y su facción, y el occidental contra Sexto Pompeyo, principalmente en el mar. Después empiezan a haber cambios de bando entre generales y tropa, algunos de ida y vuelta. Resueltos ambos frentes, con Lepido fuera de escena, la tensión entre Octavio y Antonio, que ha desposado a la hermana de aquel, mientras mantiene la tórrida relación con Cleopatra, les va enfrentando poco a poco. Mientras Antonio acumula fracasos en Partia y Media, Octavio va reforzando su posición en Roma y madurando la toma del poder.
Podríamos  decir que en esta obra predomina la historia novelada sobre la ficción novelesca puramente, si bien es cierto que muchos hechos están recreados uniendo diversas interpretaciones o relatos clásicos. Y múltiples escenas son imaginadas o recreadas por Castelló para dar color y sabor a la vida cotidiana: la vida en los campamentos romanos, o en las naves, las largas marchas a través de Siria, las comidas, las fiestas o bacanales, el sexo y la violencia de la guerra. Pero sobre todo, lo que el autor ha tratado y conseguido es dar una visión global en la que los distintos puntos de vista se comprendan, y el lector los viva como un personaje más.





Gabriel Castelló Alonso (1972) actualmente es ejecutivo de ventas en una empresa líder del sector de las telecomunicaciones. Desde su infancia ha cultivado una gran afición a la Historia antigua de su Valencia natal, con especial foco en la época ibera y romana. Investigador y articulista de divulgación en medios digitales orientados a la recreación histórica y las curiosidades de nuestro pasado remoto, ha impartido cursos de Escritura Creativa en la Universidad de Valencia y colaborado en medios divulgativos y publicaciones como “Nunca me aprendí la lista de los Reyes Godos” y el portal "Historias de la Historia" de Javier Sanz o la revista “Stilus” de la Asociación Hispania Romana. Con la edición de su primera novela, “Valentia, Las memorias de Cayo Antonio Naso”, en 2008 con la editorial Akrón (que la calificó como mejor novela 2009), Gabriel Castelló entró con brío en el mundo de la ficción histórica sumergiéndonos en la turbulenta Hispania de Quinto Sertorio. Tras ésta llegó "Devotio, los enemigos de César", publicada en formato digital por BdeBooks en el 2012 y en papel por Good Books en 2013, en una nueva entrega de aventuras y desventuras en la Hispania romana.  Ahora se cierra la trilogía con “Princeps”.


Ariodante


9/4/14

MELVILLE DE VIAJE

V I A J A R




HERMAN MELVILLE

Trad.: Elisabeth Falomir

Editorial Gadir, 2011


Componen este agradable librito tres conferencias/ ensayos dictadas por Melville y cuyo nexo de unión es la idea del viaje. Herman Melville (Nueva York,1819–1891), además de novela y cuento escribió ensayo y poesía. Pero el autor de Bartleby el escribiente ademas de escribir, viajó mucho, y por lugares muy distantes y exóticos. Entre 1838 y 1844 realizó diversos viajes por el Pacífico sur, recalando en islas polinesias, donde permaneció largas temporadas. En 1849 viajó a Europa. Y es sobre todo ello de lo que, con perfecto conocimiento de causa, Melville nos habla en estos textos, destilando un sentido del humor envidiable, para un hombre a quién el público no trato demasiado bien.

En un primer texto, nos introduce a la noción de viaje, describiendo la disposición de ánimo que debe tener el viajero si no quiere que se le amargue la excursión. El viaje amplia nuestro universo, no sólo culturalmente sino que nos hace conocer otras gentes, otras costumbres, otros países, derribando falsas ideas preconcebidas al conocer las cosas in situ y directamente. Claro que para eso hay que tener una amplitud de miras y no ser demasiado rígido en nuestras convicciones. Por otra parte, viajar implica tanto placer como molestias (y pasa a dar una serie de ejemplos) ya que nunca es lo mismo que en nuestra casa. Y acaba con un párrafo feliz: "Para un inválido, cambiar de habitación ya es un viaje, es decir, un cambio. Descubrir horizontes, explorar nuevas ideas, romper con viejos prejuicios, abrir el corazón y el espíritu; tales son los verdaderos frutos de un viaje correctamente realizado."
 
El segundo texto del libro entra ya en un campo más concreto, un espacio muy conocido y recorrido durante años por el autor, los Mares del Sur. ¿Por qué Mares del Sur cuando en realidad se refieren al Océano Pacífico? La explicación que da Melville sobre esta denominación es que proviene del propio Núñez de Balboa, que, al encontrarse con la tal inmensidad acuática lo hizo desde la península de Darien, que, si uno tiene la curiosidad de mirarlo en un mapa, está orientada directamente al Sur. Nada sabía Balboa de la extensión de aquel nuevo mar, sólo que estaba mirando al Sur. Mar del Sur, pues.
Posteriormente fue Magallanes el que, tras sufrir lo indecible para cruzar el estrecho que quedaría para siempre con su nombre, llega a unas aguas tranquilas y apacibles, que conforme subía hacia el norte se iban volviendo cálidas y acogedoras. ¿Cómo iba a denominar ese inmenso océano que le proporcionaba el sosiego perdido en unas horas terribles? Pacífico, pues.
Uno de los marinos que más veces y más intensivamente recorrió estas aguas de Norte a Sur y de Oeste a Este, fue el Capitán Cook, que desde California (adonde habían llegado antes los españoles, y luego no supieron retenerla) surco sus aguas y descubrió o reconoció múltiples islas, encontrando a la postre su muerte en Hawai. Melville va recordando en este ensayo a muchos marinos, españoles, portugueses, británicos, que navegaron ese gran océano. También habla de los peces, de las aves que lo pueblan, incluso de animales legendarios que permanecen en el imaginario colectivo de los marinos. Las islas...¿qué decir de las islas polinesias? Sandwich, Fidji, Marquesas...y de sus habitantes, generalmente pacíficos y primitivamente afectuosos...salvo cuando decidían que el visitante era un espléndido manjar. La Polinesia es un espacio espléndido para todo aquel que desee huir del mundanal ruido, afirma Melville, pero -insiste- fíjense muy bien donde se asientan y cual es la reacción de los nativos.



El tercer texto es menos viajero, si bien es resultado de un viaje, el que hizo a Roma hacia 1849. Se explaya Melville en su admiración por la Ciudad Eterna y la increíble población pétrea que la ocupa. Esculturas por doquier, enteras o cuarteadas, de procedencia griega o romana, o bien de corte renacentista y  barroco. Como lo haría Stendhal entre los años 30 y 40, (que por bien poco podrían haberse encontrado) o Goethe, mucho antes, hacia 1786, Melville recorre boquiabierto, entusiasmado y emocionado, el enorme museo que es la propia ciudad de Roma. Tras afirmar su derecho a emitir valoraciones estéticas  sin ser entendido ni especialista, nos dice:  "hablaré de las sensaciones que se produjeron en mi mente  al admirar una obra de arte como quien admira una violeta o una nube, y aprueba o condena según el sentimiento que despierte en su alma."

Julio César, Tito Vespasiano, Demostenes, Sócrates, Séneca (del que le impresiona su aflicción), Nerón, Platón (del que le llama la atención su bien aliñado aspecto, quizás pensando que un filósofo de su talla no estaba para preocuparse por la túnica o el peinado...) de todos esos retratos de personajes históricos hace comentarios, (algunos mordaces), "las estatuas confiesan y expresan mucho de lo que no aparece en la Historia y en la obra escrita de aquellos a quienes representan" y asimismo destaca que "los mismos rasgos se reflejan en nosotros igual que se reflejaron en ellos; aquello en lo que consiste el carácter humano  es idéntico ahora que antes".

Pasando ya a las estatuas que no son retratos, sino símbolos mitológicos, le resulta impactante ("hay algo divino en ella..") el magnífico Apolo del Belvedere, estatua griega de autoría desconocida, redescubierta en Roma en el Renacimiento. Comparándola con la Venus de Medici, que conjuga bien lo ideal y lo real, esta es toda ideal, para Melville. Pero si Apolo es la perfección y Venus la belleza, ante el grupo del Laocoonte siente que este encarna la tragedia humana. Merece atención para el escritor las esculturas de caballos, el famoso grupo de Castor y Polux, por ejemplo. Ensalza también la majestuosidad del Moisés de Miguel Ángel y lo compara con el Hércules Farnesio. Luego habla de las villas que rodean la ciudad, llenas de esculturas. En general, lo que le transmiten a Melville todos estos ciudadanos de piedra es una calma y una paz enormes, así como una sensación de eternidad: "han cambiado los gobiernos; han caído los imperios -nos dice- han desaparecido naciones, pero estos mármoles mudos permanecen, como oráculos del tiempo, para mostrar la perfección del arte." Amén.




Ariodante

Marzo 2014