Un paseo por las artes y las letras: azul en la mirada y tierra bajo mis pies

27/01/12

EVENTO CARTAGENERO


SEGUNDA PRESENTACIÓN DE LA FRAGATA LIGERA, DE LUIS DELGADO BAÑÓN

En la tarde noche de ayer, el cielo lucía un azul prusia –la hora azul- y la primera estrella brillaba junto a una luna que solo mostraba una fina curva amarilla.  Ante un plácido y calmo mar en la dársena del puerto de Cartagena, en la sala de la Autoridad Portuaria, tuvo lugar la segunda presentación del libro La fragata Ligera, de Luis Delgado Bañón.
En esta ocasión, el autor se ha visto arropado por familiares, múltiples amigos y conocidos de la ciudad donde reside desde hace años,  cuyo museo naval ha dirigido con buena mano hasta su reciente retiro. Le han acompañado en la mesa Adrian Viudes, presidente de la APC, además de amigo personal, y María Dueñas, escritora y amiga, además de vecina de Cartagena. Ambos han hablado de la obra y la figura de Luis Delgado con cariño y con amistad.
Adrián Viudes ha destacado en su intervención el titánico esfuerzo que supone la Saga Marinera Española, que ha llegado al número veinte y pretende llegar al cincuenta y seis. Un esfuerzo que implica abandonar otras actividades, como son las múltiples conferencias y artículos que en otras épocas ha desarrollado el autor, así como intervenciones en actos públicos e incluso desplazamientos, viajes y demás, concentrando su actividad exhaustivamente en la escritura, la documentación histórica y el desarrollo de la terminología marinera, a la que ha dedicado un interés especial, recuperando términos olvidados o en desuso. También ha destacado la equilibrada conjunción en su obra del binomio aprendizaje/entretenimiento, así como el interés que Luis Delgado muestra por acabar con la idea -tan común, por desgracia- de celebrar las derrotas y no las victorias y los hechos notables de la Real Armada.
La escritora manchega María Dueñas, derrochando simpatía y buen humor, disculpándose por la posibilidad de mostrar demasiada ignorancia del tema marinero por ser de tierra adentro, ha insistido en el punto que les une a ambos: la condición de escritores, la ambición de instruir y enseñar, funciones que son complementarias en su opinión. Ha insistido, en la decisión manifiesta de Luis Delgado de divulgar los episodios ignorados, silenciados o mal explicados de nuestra historia naval, esa gran desconocida. Y por otra parte, como filóloga,  destaca ese interés por dar a conocer la riqueza de nuestro vocabulario marinero, tan ausente, dando una importancia muy grande a este hecho, y llega a decirnos que la lectura de la obra de Luis Delgado «suena a mar».

Finalmente, Luis Delgado intervino, retomando los temas de los anteriores presentadores, reafirmándose en su interés por divulgar y rescatar del olvido los hechos navales históricos  y  a ser posible, las victorias, aunque haya también que afrontar las derrotas. Y nos recuerda a Linier, a Blas de Lezo, a Escaño, y tantos otros, entre descubridores, exploradores, cartógrafos… Explica que escribiendo es como ha comprendido que debía cambiar su plan inicial, ya que conforme profundizaba en un tema, descubría nuevos aspectos y hechos a introducir en la narración. También habló del vocabulario marinero, recordando que fue en la Escuela de Sevilla donde España exportó no sólo marinos, sino léxico marinero, a los países nórdicos.  Pasó luego a comentar brevemente el contenido de La fragata Ligera, sus tres partes, planteamiento de la situación política del momento (el trienio constitucional), las aventuras del capitán Laborde con la fragata Ligera en aguas venezolanas, y finalmente la entrada de los cien mil hijos de san Luis en suelo español de la mano de un rey traicionero.


…….Y la sala se llenó de aire marino, al acabar.







25/01/12

SEÑORITAS EN LONDRES


LAS SEÑORITAS DE ESCASOS MEDIOS
MURIEL SPARK
Trad. Carlota Bustelo
Ed. Impedimenta

Esta es una novela que sigue la línea habitual de la autora, de mezclar lo grotesco o lo humorístico con lo dramático. En realidad es un texto que podría muy bien ser un relato, o una novela corta. Abarca, en su marco histórico-temporal, apenas unos meses: durante el año 1945, desde el final de la guerra en Europa hasta el final total de la guerra mundial.  

Nos muestra el ambiente de guerra e inmediata posguerra en Londres, por medio de introducirnos en el interior de una residencia femenina, el club May of Teck, tipo de residencia y asociación relativamente reciente, surgido a la par que el nuevo papel adoptado por las mujeres mientras los hombres cumplen con sus obligaciones militares. Las jóvenes británicas ocupan los puestos de trabajo subalternos que han quedado vacíos con la masiva incorporación masculina a filas.  Y nos encontramos con un plantel de chicas, incluso algunas solteronas de mediana edad, clase media y cortos recursos, que se han trasladado a la capital para incorporarse a diversos trabajos, dejando las familias –cuando las hay― en poblaciones más o menos alejadas, y que necesitan compartir alojamiento para salir adelante, en los duros tiempos del racionamiento e incluso los bombardeos. La residencia, el club, cumple esa función.
Spark nos va desgranando a una serie de personajes, en general todas pendientes de sus trabajos y de los chicos, con los que tienen relaciones en diversos grados. Los intercambios emocionales con los alimenticios, la ropa (el eterno vestido de Schiaparelli que va rotando por toda la residencia), los vales del racionamiento, etc., todo circula en medio de un ambiente distendido, a veces frívolo a veces religioso, y siempre, por encima de todo, muy británico.
Nicholas Farringdon  es el personaje masculino que funciona como eje alrededor está estructurada la narración. Amigo de unas, amante de otras, Farringdon está fascinado por el ambiente del May of Teck, por el revoloteo constante de chicas de todas las edades y físicos, por la declamadora Joanna, la seductora Selina, la intelectual Jane, y el desfile que todos los días puede encontrar en el salón del la residencia.
La autora nos lo cuenta con una ironía sutil, en algunos momentos hilarante, aparentemente frívola, y desenfadada, pero que logra hacernos reconocer unos personajes reales en una época real.  Y aunque hasta la mitad de la narración prácticamente no ocurre nada más que el discurrir de las vidas juveniles en su cotidianeidad, finalmente surge el drama, aunque contado como si fuese uno más de los movimientos arriba y abajo en las escaleras del club. Sin embargo, hay otro drama personal, que nos va siendo anticipado en pequeñas píldoras, en una noticia que viene de tierras lejanas, y que afecta a uno de los personajes centrales, sirviéndole a la autora para presentarlo y situarlo.

Así, entre ironías y chanzas, entre amoríos y supervivencias, pequeños engaños e intercambios no muy reglamentarios, con el fondo de los discursos de Churchill o las jubilosas manifestaciones públicas ante la familia real en Buckingham Palace, los distintos personajes urden una entretenida trama con su ir y venir, simbolizado por ese vaporoso vestido de Schiaparelli que todas ―las de la misma talla―comparten y lucen  por turnos, y hacen de la lectura un agradable paseo por el amor y la muerte. Porque incluso la muerte es despojada de dramatismo al presentarla en circunstancias llenas de comicidad.
La edición de Impedimenta, como es habitual, está cuidada hasta el último detalle, y el libro es una delicia de maquetación y presentación.

Muriel Camberg Spark (Edimburgo, 1918-Toscana, 2006) fue una prolífica escritora británica, autora de ensayos, poesía, biografías, relatos y novelas. Tras su matrimonio en 1938 se fue a vivir unos años en Rhodesia (actual Zimbabue) hasta su divorcio y en 1944 retornó a Londres donde trabajó para el contraespionaje, elaborando noticias falsas para despistar a los alemanes, lo que realizó con tanta verosimilitud que confundía a los propios británicos. En los años 60, tras una breve estancia en Nueva York acabó afincándose en Italia, y dedicándose por completo a la literatura, en compañía de la pintora y escultora Penelope Jardine, que la ayudó ocupándose de su obra: mecanografiándola, corrigiéndola, etc. acompañándola hasta sus últimos días.

21/01/12

CHATEAUBRIAND Y EL AMOR


AMOR Y VEJEZ
CHATEAUBRIAND
Postfacio de MARC FUMAROLI
Traducción de Jose Ramón Monreal
Ed. Acantilado, 2008

Esta edición consta de un breve texto de François-René de Chateaubriand Combourg, 1768-París, 1848), de apenas veinte páginas, seguido de un estudio en el que el autor marsellés Marc Fumaroli analiza y engarza el texto en el conjunto  de la obra del insigne compatriota de Combourg. Texto que impacta por su hondura y emotividad, puesto que abre el corazón del viejo René ―hasta el punto de pedirle a su secretario que lo destruyera, cosa que éste no hizo―que nos habla de su pasión erótica, contrastando los sentimientos y emociones que le exaltan con la inevitable barrera física impuesta por la vejez, puesto que lo escribe habiendo pasado largamente los sesenta años (murió a los ochenta, longevo para su época).

«En toda mujer hay una emanación de flor y de amor» comienza diciéndonos el viejo Chateaubriand. Y más tarde: «Sé mía, y luego déjame traspasar tu corazón y beber toda tu sangre. […] Objeto encantador, te adoro, pero no te acepto. Ve a buscar al joven cuyos brazos pueden entrelazarse con gracia con los tuyos; pero no me lo digas»

Un hombre del historial amoroso de Chateaubriand, reflexiona al descubrir que, al igual que una extremidad amputada sigue percibiéndose tiempo después, en la vejez sigue sintiendo el deseo y la pasión con gran fuerza, pero no sólo el gastado cuerpo ya no responde o responde mal a los impulsos del alma, sino que los sentimientos pasionalmente juveniles que alberga chocan ante la razón de la madurez y la veteranía que pone freno a lo que llevaría a un fracaso y derrota emocional. «Envejecido en la tierra sin haber perdido nada de sus sueños», el viejo René se siente tentado por la fuerte atracción de una joven, pero  prefiere abstenerse, incapaz de soportar un seguro abandono: «Flor encantadora que no quiero coger, te dirijo estos últimos cantos de tristeza». Maravillosas y entrañables palabras de un alma apasionada en un cuerpo  atormentado.

El estudio de Fumaroli remarca que el eros moderno de Chateaubriand oscila entre dos extremos, ninguno de los dos tibio, ambos ardientes: el libertinaje y la violencia sacrílega de un Casanova o de un Sade y el éxtasis religioso cristiano. Ese éxtasis que le hace vibrar escuchando el canto de los castrati en el oficio nocturno del Viernes Santo. Fumaroli cita a su vez a Sainte-Beuve ―que en 1862 hizo públicos algunos extractos de estos textos, cuando aún eran desconocidos― « ¡Qué ebriedad hasta en las reflexiones, qué fuego!» dice Sainte-Beuve «El rechazo de Chateaubriand es ardiente, apasionado, voluptuoso». Efectivamente, a pesar de su refreno, el aristócrata, viajero, gran autor y político francés reconoce que no le importaría, aunque sólo una vez más,  hacer vibrar a esa joven, dejándole una huella perturbadora. Pero se contiene.
Marc Fumaroli (Marsella, 1932), catedrático de la Sorbona y del Colegio de Francia, es un especialista en el siglo XVII francés, sobre cuyos autores más representativos tiene diversos ensayos y estudios. En esta edición presenta un estudio bastante detallado  e interesante de la idea del eros cristiano en la modernidad, analizando las distintas obras de autor galo, comparando los escritos de juventud y la propia vida, con los textos de madurez y el texto que ocupa el centro de estas páginas.


12/01/12

HEMINGWAY EN FEMENINO

MRS. HEMINGWAY EN PARÍS
PAULA McCLAIN
Ed. Alianza, 2011

Esta no es precisamente una novela sobre la vida de Hemingway, ni sobre Hadley Richardson (la que fue primera esposa del escritor), sino más bien, sobre la vida en común de ambos, si bien contada por ella, desde la perspectiva femenina, desde el momento en que se conocen, en Chicago, hasta el día en que deciden bifurcar sus vidas.
Hadley fue la primera esposa a la que siguieron otras cuatro a lo largo de la vida de Hemingway, además de diversas amantes. Cuando se conocen, él tiene diecinueve, apenas hace dos años que volvió de la guerra europea, con las piernas llenas de metralla, después de haberse separado de un primer amor, la enfermera que le cuidó en el  hospital de Milán y a la que recordará durante años. Hadley, sin embargo, tiene veintisiete, está soltera y algo chapada a la antigua. Ambos han sufrido padres conflictivos y suicidios en la familia, y se sienten muy unidos al encontrarse. Dos años después de casarse, en 1922,  se marchan a París, donde Hemingway espera poder triunfar como escritor, y son los cinco años de esa estancia, hasta 1927, reflejados en varias de las primeras novelas de Hemingway, lo que cuenta en estas imaginarias memorias la primera esposa.
Hasta el nacimiento de Bumby, el único hijo habido en esta unión, llevan una existencia llena de grandes estrecheces pero feliz, muy apoyados el uno en el otro, aunque la vida de Hadley está siempre en función del esposo, de su trabajo, su carrera literaria; ella no ha sido educada más que como mujer de casa, sólo toca el piano y lee a Henry James. No es moderna, no es estrafalaria, como muchos de los que la pareja frecuenta en los ambientes parisinos. Ella es una chica “normal”, fiable, que hace equilibrios con el corto presupuesto familiar para salir adelante y procurar que su conflictivo esposo pueda dedicarse a la literatura, mientras trabaja de corresponsal para varios periódicos. Conflictivo porque Hemingway es ardiente y compulsivo, además de bebedor, y tiene una pertinaz tendencia a crearse enemigos allá donde se acerca. Mientras Hemingway se relaciona con los otros autores y artistas, en cafés  de Montparnasse o tertulias en casa de Gertrude Stein, que le acoge al principio bajo su protección, Hadley ha de mantenerse al lado de las “esposas”, las que “no hacen nada” creativo, simplemente están en casa, y apoyan a sus maridos. Hablan de moda y de vaguedades, mientras vigilan que sus esposos no se emborrachen demasiado.

Por la novela desfilan, pues, toda una colección de famosos y otros que aún no lo eran o que estaban en vías de serlo: Ezra Pound, F. Scott Fitzerald, Ford Madox Ford, Joyce, etc. El ambiente de los frívolos años veinte, esa locura intelectual, erranbunda y despreocupada, que se extendió por Europa para apagar los terribles recuerdos de la guerra, está bastante bien reflejado en la novela, en las múltiples conversaciones típicas de bohemios, bebedores, aristócratas que tiran el dinero pero les gusta verse rodeados de creadores y artistas, en fiesta permamente. Pero sobre todo, lo que también plasma muy bien la autora es la visión personal de Hadley, que no pertenece a ese mundo, apreciando la paulatina deriva de su esposo de un escritor ingenuo, inseguro y amante ardoroso que necesita el apoyo incondicional de su mujer, hacia un potente creador, cargado de orgullo, que se permite despreciar a quien le protege en sus comienzos, porque se sabe o se cree superior, y a la vez, un hombre que sigue necesitando ayuda pero la necesita de más mujeres, así como la admiración de todos. Hemingway necesitaba animado público, así como soledad para escribir y conflictos para motivarse: de todo ello hubo en la vida que compartieron. Los conflictos que no encontraba, se los ganaba a pulso, los buscaba.
Hemingway era un enamorado de la fiesta taurina. Cuenta la autora la emoción sentida ante los toros y los repetidos viajes a España, en aquellos años parisinos, en los que descubren los encierros de Pamplona y las corridas en distintas ciudades. Hadley le acompaña en los primeros contactos con este mundo, e incluso comprende su emoción. La llegada del hijo le crea un primer fuerte conflicto, pues lo que Hemingway necesita es centrarse en su trabajo: en 1922 es un joven escritor de veintiún años, mientras que su esposa ronda ya una edad en la que tener el primer hijo empieza a ser problemático. Sin embargo, el nacimiento de Bumby hace la luz para Hadley, cuya vida empezaba a estar un tanto vacía, siempre a la espera del marido y sin actividad propia. Se dedica en cuerpo y alma al bebé, y a calmar a la vez las ansias del esposo. Hasta que este comienza a desear más calmantes: otras mujeres comienzan a aparecer y ocurre lo inevitable.

La lectura del libro es amena y ágil, las quinientas y pico páginas se leen con fluidez, y nos sumergen en la vida parisina, codeándonos con los grandes escritores del momento, al mismo tiempo que mostrándonos la fatuidad de esos grupos, que vivían al margen del mundo real, ahítos de alcohol y otras sustancias que les ponen en el trance creativo. Ricos potentados les invitan a sus fiestas, les pagan viajes y les usan como divertidos bufones de corte. Y ellos participan porque les conviene el sustento que les prestan, y los contactos que descubren en su compañía. Pero es una vida falsa y superficial, y la autora lo cuenta por boca de Hadley, que se mantiene distante de esos fastos, porque no los necesita y sólo participa como espectadora: un papel secundario, actriz de fondo en ese teatro de las vanidades que fue el París de entreguerras.
Paula McLain es doctora en Literatura, especializada en poesía. Imparte clases en  el New England College y en John Carroll University de Cleveland.
 





08/01/12

TOLSTOI EN INVIERNO

LA TORMENTA DE NIEVE
LEV TOLSTOI
Ed. Acantilado, 2010

Lev Tolstoi (Yasnaia Poliana,1828 -Astapovo,1910) tiene veintiocho años cuando escribe este relato, de resultas de los años de milicia en el Cáucaso,  acompañando a su hermano Nikolai, adonde va un poco huyendo de una inestable situación personal en su vida. En 1953 estalla la guerra de Crimea, y el oficial artillero Tolstoi se lanza a la batalla de modo temerario y audaz, ocasionándole situaciones que luego reflejará en sus novelas y relatos. Los cosacos, Hadji Murat, Tormenta de nieve y otros, son relatos que muestran ecos de aquellos impactantes años. Por otra parte, el escritor es un amante de la naturaleza, que desde niño había disfrutado en su amada mansión de Yasnaia Poliana y con la que mantuvo siempre en una relación muy íntima. Y ante los inmensos y abruptos paisajes del Cáucaso, Tolstoi se siente impresionado y emocionado, lo cual queda patente en los textos donde evoca aquellos días.  Tras participar directamente en el frente con  y desilusionarse viendo el comportamiento de los mandos militares, pide el retiro, y dedica su ardor guerrero a la escritura.
Este es un relato casi impresionista. Somos capaces de percibir las mil y una tonalidades de la nieve durante la larga marcha nocturna, el sonido de los caballos golpeando con sus cascos la nieve crujiente, las campañillas de los trineos, los gritos de los cocheros y las canciones y cuentos de los viajeros, que matan aburrimiento y miedo haciendo oír su voz en la oscuridad luminosa de la noche.  En setenta y cinco páginas nos vemos transportados a la estepa rusa, blanca y reluciente en una noche de fuerte tormenta, gélida y desoladora. Desde el primer momento, el viento nos envuelve, y como el protagonista que habla en primera persona, un aristócrata del que apenas sabemos nada, salvo que está decidido a ir –tampoco sabemos por qué esa prisa de viajar de noche en plena tormenta― en una dirección determinada y quiere llegar cuanto antes. El trineo está preparado, lo comparte con un compañero, Aliosha, y el cochero. Van bien provistos de bebida y algo de comida, bien abrigados, y además,  cuentan con que el tiempo va a cambiar en breve y llegarán en seguida a su destino.

Pero el hombre propone y la naturaleza dispone: en la noche blanca caucasiana la tormenta les envuelve, les engulle, y los viajeros se pierden, van, vuelven, encuentran a otros trineos sin una dirección clara, y finalmente viajan juntos, medio congelados, medio dormidos, cantando o dormitando en una suerte de pesadilla que parece llevarles directamente a una muerte segura.
En ese duermevela, el viajero nocturno tiene sueños. Sueños que le transportan a estancias veraniegas, gozosas, en plena naturaleza ―una clara reminiscencia de Yasnaia Poliana―pero salpicadas de situaciones dramáticas: la imagen del ahogado en el río donde suele bañarse los veranos, pone un contrapunto inquietante en un sueño donde lo real y lo irreal se confunden constantemente. La nieve sigue cayendo, el viento soplando, y la helada noche rusa se introduce por todos los resquicios, creando un clima onírico y de fuertes connotaciones místicas. Y la descripción de los primeros rayos del sol refulgiendo sobre la blancura cegadora de la capa nevada que cubre todo, son momentos sublimes.

Tolstoi aún no es aquí el gran autor que escribirá Guerra y Paz o Anna Karénina, pero ya podemos percibir que de esa narración convulsa se desprende un hálito, una fuerza que producirá grandes obras.  La editorial Acantilado ha rescatado este texto poco conocido para mostrarnos un Tolstoi casi surrealista, terrorífico. Una visión de la parte oscura de los sueños de esa prodigiosa mente que concibió las más altas cotas de la literatura rusa.



Publicado en: http://www.elplacerdelalectura.com/2011/12/la-tormenta-de-nieve-lev-tolstoi.html