27/3/17

EL UNIVERSO DE PATAXÚ

EL PEQUEÑO PATAXÚ
TRISTAN DERÈME
Trad.: Carmen Álvarez Hernández
Ed. Evohé, 2017



Es esta una narración o mejor, una colección de narraciones -ya que cada capítulo es independiente y podría leerse como un pequeño relato- de deliciosa lectura, plena de fantasía, inocencia y ternura. Pataxú (Patachou) representa la mirada pura de la infancia, ese eterno preguntar por las cosas, con ingenuidad, sin juicios previos,  en una etapa de la vida en la que no se acaba de distinguir muy bien lo ficticio de lo real, donde la magia o la imaginación construye mundos, imágenes, personajes, historias, …verdaderas preguntas filosóficas, aunque en este caso las respuestas son, efectivamente las de un niño.
Pataxú, un niño de seis años, es el objeto de los cuidados y las conversaciones de su tío, que es el narrador. El niño pasa largas temporadas con sus tíos, no importa por qué, al parecer los padres están viajando, existen, pero al autor le parece mejor mostrar un cierto distanciamiento al introducir a un tío que no tiene hijos y así el trato siempre será distinto que el de los padres. De un modo u otro,  el caso es que convive con sus tíos, Felipe y Matilde, asistidos por una vieja criada, Ramelina, y rodeados de un pequeño zoológico doméstico, de nombres rimbombantes: el gato Clodomiro y el gato negro Platón, el perro Cástor, la gallina Clitemnestra, la tortuga Ulises… ya los nombres de este zoo particular dicen mucho de su dueño, Felipe, escritor y erudito.

La vida de Pataxú con sus tíos se desarrolla en constante descubrimiento, en continua explicación por parte de su viejo tío. El tío es escritor, en la casa hay libros por todas partes, pero no solo la literatura está en el papel, también en las mentes y en las palabras. Todas las reflexiones del narrador, las conversaciones con el niño en su inacabable preguntar y querer saber, están trufadas de citas, referencias a autores clásicos y modernos, latinos y franceses o de otros países.
Ilustración de Sandra Delgado

El universo de Pataxú reúne animales y personas sin distinción, pero confunde los comportamientos humanos con los animales y viceversa, la realidad y la ficción, lo posible y lo imposible. Para el pequeño todo es posible, en su imaginación. “Los prodigios no le asustan; él vive en medio de ellos como canta un petirrojo sobre la rama florida de un cerezo.” Todas sus preguntas, respondidas pacientemente por el tío, modelo de calma y tranquilidad, contento de la convivencia con el niño porque le hace revivir su propia infancia, son preguntas sobre el comportamiento y características de los animales y los humanos, tan difícil de comprender a veces.  La filosofía del tío Felipe se resume en disfrutar de la sencilla vida cotidiana, pensando que es justamente lo que añoraremos en un futuro. “Los antiguos, que murieron hace mucho tiempo, decían a menudo que el rayo golpea las cumbres, y añadían que el trueno no cae sobre el perejil. (…) El perejil es, en mi opinión,  feliz como la gente sencilla.”

Los tíos viven en el distrito de Passy (París), años 20, en una casita con jardín, y pasan temporadas en Bearne (como el propio autor, que alternaba temporadas parisinas con bearnesas) y así el niño descubre las diferencias entre el campo y la ciudad. Elefantes, jirafas, peces, pájaros…para todo tiene Pataxú una pregunta y elabora su propias respuestas, absolutamente dispares respecto a las de su tío, que intenta mostrarle el mundo  real cotidiano. No podemos cazar una estrella, pero sí una trucha. Pataxú no puede tener un elefante de verdad en casa, pero tiene un elefante de juguete y puede fingir que está vivo. El mundo submarino de los peces le impresiona, quiere ser un pez, de mayor. Y si no puede serlo, quiere ser un buzo, para ver los peces en su hábitat. Pero también quiere volar, ser pájaro; quiere aprender a rumiar como las vacas, caballos, los corderos…Quiere lo imposible, y bombardea con sus preguntas a su viejo tío, que, paciente y amorosamente, le hace los razonamientos oportunos devolviéndole al mundo real. Observando los cangrejos, pregunta a su tío: “¿Por qué los hombres no caminan hacia atrás?” “No lo sé, Pataxú. Es, tal vez, porque no tienen ojos detrás de la cabeza. Siempre quieren ver a donde van.” Esto dispara las reflexiones en voz alta del tío, sobre la condición humana, y la imaginación del niño, sobre los cangrejos… En otros momentos la reflexión incide en el concepto de tiempo, de cómo percibimos el fluir de las horas y los días, largos e interminables a veces y cortísimos otras, depende la actividad desarrollada y las expectaciones concebidas. Delicioso, por su ternura y profundidad, es el capítulo “Los ojos cerrados de Pataxú”. Para que se vaya a dormir el niño, animadísimo tocando la trompeta después de cenar, le cuentan la historia del mercader de arena y la de prestar sus ojos a los ciegos.  Viejo dicho bearnés: cuando los niños se duermen, prestan sus ojos a los ciegos y éstos pueden salir a pasear. Esta idea provocará una explosión mental en la imaginación del chico…y en su tierno corazón.

Escrita y publicada en 1929,  es probablemente uno de los libros que más influyó en Saint-Exupèry para crear su Principito. Sin embargo, Pataxú tiene voz propia, no hace falta relacionarlo con el pequeño Príncipe para encontrar su verdadero valor. El libro es la primera edición en castellano del original francés, y está magníficamente editado con el extra de una preciosa ilustración de Sandra Delgado. Inaugura este libro una nueva colección, Ultravagantes, con la finalidad de rescatar textos olvidados o no traducidos aún. Todo el texto se compone de 47 breves capítulos, más un prólogo y un epílogo. Cada capitulo tiene vida propia. Muchas lecturas surgen de estos textos, muchas reflexiones y gozos, recuerdos de la infancia y sobre todo, hacen brotar en el lector al niño que todos llevamos dentro. Como el autor expresa muy bien por boca del narrador, <>



Fuensanta Niñirola


Tristan Derème (1889-1941), seudónimo del narrador y poeta francés Philippe Huc, quien también utilizó los nombres de Théodore Decalandre y de Philippe Raubert, fue autor de una importante obra poética y en prosa (novela y artículo periodístico) de lo intimista, lo sencillo y lo cotidiano. En 1938 recibió el Gran Premio de Literatura de la Academia Francesa.
Fue fundador, junto a poetas como Francis Carco, de la L’École fantaisiste (Escuela Imaginativa, en la línea de la “Alta Imaginación” representada en España por autores como Rafael Pérez Estrada, 1934-2000), movimiento renovador de la poesía francesa de principios de siglo XX en contraposición a la figura de Stéphane Mallarmé y los simbolistas. Su repercusión fue limitada en el tiempo por el estallido de la I Guerra Mundial y la subsiguiente deriva desde la fantasía al realismo.



20/3/17

BREVISIMAS ROSAS


RELATOS MINÚSCULOS
ROSA PASTOR CARBALLO
Mauro Guillén/ Jam Edicions

Efectivamente, los microrrelatos, si están correctamente construidos, pueden funcionar como una aspirina o un omeprazol. Si no lo están, pueden ocasionar un dolor de cabeza o de estómago, o lo que es peor, general aburrimiento o indiferencia, que es el peor enemigo de la literatura y el arte.
Un texto comprimido como es el microrrelato, no es más fácil de escribir, como quizás algunos piensen. No. Justo al contrario, resulta muy difícil condensar una historia en tan pocas palabras.
Esa mini-historia ha de ser sugerente, ha de crear sorpresa, reflexión,  ha de dejar un poso con el que el lector quede un rato masticándolo, rumiándolo, para extraer todo el jugo comprimido.
Esas píldoras literarias, como en muchos prospectos de medicamentos, se aconseja  tomarlas cada equis horas,  no tomarlas seguidas porque podrían general un colapso. Y es así, los microrrelatos, como los haikus,  como los poemas, deben leerse en voz alta, y nunca demasiado seguidos. Hay que dejar un tiempo para que reposen las ideas que contienen, para que nuestra mente digiera el contenido, para que genere en nosotros todo su efecto sugerente, que se expanda y nuestro pensamiento complete con los detalles ausentes todo lo que se podría haber contado pero solo se ha sugerido en pocas palabras.
Los textos de Rosa, que ya ha escrito y publicado dos libros de relatos y tiene una novela en preparación de publicar,  constituyen un conjunto variopinto, pero en el que el lector puede descubrir elementos comunes,  elementos que provienen del propio inconsciente de la autora. Raro es el escritor que no pone algo de sí mismo en sus textos. No necesariamente biográfico, no algo que le ha sucedido, sino ideas, pensamientos, sueños, emociones, ansiedades, alegrías y penas.
Los que conocemos a Rosa rastreamos más fácilmente esas huellas de sí misma, huellas de las que quizá ni siquiera sea consciente. Pero las huellas están. A Rosa le preocupan muchas cosas, cosas que ocurren a otros o que le ocurren a ella, cosas como la vida o la muerte, la violencia, la soledad y el desamparo, la razón y la locura, el difuso límite que las separa, como la borrosa indefinición entre el sueño y la vigilia.   

 "Antes de que vuelva papá, mamá deja que juguemos a desaparecer. Nos escondemos por todos los rincones de la casa: en el armario, debajo de la escalera y de las camas. Nos divierte ser invisible, aunque también nos asusta que un día no nos encuentren. Puntualmente, cuando se oye el ruido de las llaves  en la puerta se acaba el juego, mi padre nos busca. Aparecemos entre risas y gritos de victoria y nos sentamos a la mesa para cenar. Esta noche papá no ha vuelto y mamá cena sola."  (Desaparecidos, pág. 29.)                                

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Por eso muchos de estos minimalistas textos son oníricos, traspasan esos límites de irracionalidad, gritan agobiados ante la irracionalidad de lo real y no saben si considerarla mejor como un sueño. El humor soterrado que les recorre es un humor negro, un humor agridulce como la vida misma. 
Otra huella que encontramos es la pictórica. Rosa, además de escribir, pinta.  Y sus colores son puros, brillantes. Pues bien, el color es algo que destilan estos textos, a veces como pequeños manchurrones, a veces como acuarelas transparentes. Los textos están cargados de color, brillan, oscurecen, mezclan, dibujan. (Textos: La consulta, pág.35, El hombre del paraguas, pag.46)
 
En suma, un conjunto de textos para leerlos con calma, en ratos perdidos, propensos para la ensoñación, la reflexión o simplemente para degustarlos como un café, sentados en nuestra butaca favorita o en la terraza de un bar, observando esa realidad circundante con la mirada de Rosa, que la colorea con sus palabras transformándola en sueños.



Fuensanta Niñirola





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13/3/17

BARICCO ESCRIBIENDO RETRATOS

MR. GWYN
ALESSANDRO BARICCO
Anagrama, 2012


El lector que haya disfrutado con la lectura de Seda puede sentir que hay algo indefinido que la asemeja a la presente novela. Hay muchas ideas que se deprenden de este sorprendente texto, no sólo por el modo en que está escrito sino, sobre todo, por lo  que le sirve de sustrato básico. La primera y principal: ¿Escribir o vivir?¿Escribir es una forma de vida? La idea de una especie de nuevo Bartleby, un escritor que no quiere seguir escribiendo, pero que sin embargo, pese a sus esfuerzos para mantenerse al margen, la literatura está en su cabeza y bajo su piel, buscando otros modos de aflorar.
La trama de la novela se presenta desde dos puntos de vista, cuyo tránsito es muy sutil: el de Jasper Gwyn, el escritor, y el de Rebecca, una regordeta joven que le sirve de modelo para su primer experimento, creándose entre ellos un vínculo muy especial. El lector transita de uno a otro sin darse cuenta apenas. Sin embargo, aunque en la segunda parte del texto domina el punto de vista de Rebecca, la “presencia” del ausente Gwyn es fortísima  y domina la atención y la vida de esta joven mujer.
Otros personajes intervienen como símbolos, como es la “mujer del fular impermeable” o su fantasma, el viejo fabricante de bombillas, el agente literario y sin embargo amigo de Gwyn, y varios de los retratados por este enigmático y nuevo sistema de escritura, “copiar a la gente”. La “mujer del fular” es una especie de Pepito Grillo, es la voz de la conciencia que le va a recordar los errores o las ausencias.
Después de meses de crisis, de confusión, deambulando sin un destino claro, sin saber qué hacer y cómo salir adelante,  la visita casual a una exposición de pintura, plena de retratos, hace que una bombilla se encienda en su imaginación:

“Eran cuadros grandes, todos parecidos, como la repetición de una única ambición, hasta el infinito. Siempre había una persona, desnuda, y poco más alrededor, una habitación vacía, un pasillo. No eran personas hermosas, eran cuerpos ordinarios. Simplemente, estaban —pero resultaba particular la fuerza con que lo hacían, como si fueran, casi, sedimentos geológicos, fruto de metamorfosis milenarias.”

“Jasper Gwyn estaba comprendiendo algo particular que iba a cambiar el curso de sus días, (…) Volvió a mirar la foto en el catálogo, luego de nuevo la pared —era evidente que algo había pasado entre la foto y el cuadro, algo así como una peregrinación. (…)No pensó en ningún truco técnico ni tampoco le pareció importante la eventual maestría del pintor, sólo se le pasó por la cabeza que un obrar paciente se había propuesto una meta, y al final lo que había conseguido obtener era llevar de regreso a casa a aquel hombre con bigote. Le pareció un gesto muy hermoso.”


Pasados tres años y pico de crisis, finalmente el escritor que no quiere escribir se decide: Gwyn se va a convertir en un copista, va a “copiar a la gente”, a retratarlos por escrito, aun sin saber bien de qué modo y a quién. Pretende con sus retratos darles a los retratados una visión más fiel de sí mismos.  Llevarles  a casa. Dedica meses a preparar el escenario donde se van a realizar esos retratos, un viejo garaje en donde pone cuatro muebles viejos, instala un sistema de sonidos realizado expresamente por un amigo músico, y consigue una especialísima iluminación con una bombillas fabricadas manualmente por un viajo artesano de Camden Town. Tanto una cosa como la otra (sonido y luz) han de marcar el tempo y la duración del retrato. La “peregrinación” debía tener un tiempo marcado. Una vez establecido el tiempo de trabajo (treinta y dos días)  y los horarios, (cuatro horas diarias) había que buscar a alguien a quien retratar. Y aquí aparece Rebecca, la secretaria que trabaja para Tom, el agente de Gwym.
Rebecca irá ganando protagonismo desde el momento en que empieza a posar para Gwyn y recoge el testigo de la narración, si bien siempre será en tercera persona.

“—¿Dónde se pondrá usted?, preguntó.
—Olvídese de mí. Yo no existo.”

A partir de ahí, se produce una serie de interesantes reflexiones en la mente de la muchacha, que vigila desde fuera a Gwyn, al que admira por su obra anterior. Todo el proceso de ese primer retrato lleva de la mano al lector para dar el cambio de puntos de vista. Superado y aprendido el modo de retratar, se suceden los retratados, hasta el momento en que falla el sistema y Gwyn definitivamente desaparece del mapa, no quiere seguir. La que sigue con su vida es Rebecca. Pero mantienen latente el recuerdo y la sospecha, que le hace seguir (y encontrar) el rastro, no físico, sino literario de Mr. Gwyn.
Excelente novela, absolutamente recomendable.


Fuensanta Niñirola


Alessandro Baricco (Turín, 1958), además de numerosos ensayos y artículos, es autor de las novelas Tierras de cristal (Premio Selezione Campiello y Prix Médicis Étranger), Océano mar (Premio Viareggio), Seda, City, Sin sangre, Esta historia, Emaús, Mr Gwyn, así como Tres veces al amanecer, publicadas en Anagrama, al igual que la majestuosa reescritura de Homero, Ilíada, el monólogo teatral Novecento, los ensayos de Next. Sobre la globalización y el mundo que viene y Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación.



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