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15/2/21

REINANDO OTROS MUNDOS

REINOS DE OTRO MUNDO
JOSE VTE. PASCUAL

AUTOEDICIÓN AMAZON / KOBO 2021

Compleja y contundente novela que no quiero calificar de histórica, sino más bien de épica y legendaria, cuyo comienzo remite a una anterior novela del mismo autor, Interregno (Ed. B, 2015), en la que los elementos históricos se funden con los mágicos y legendarios. Como su título indica, los reinos de los que se habla en esta narración, son de otro mundo. Pero un mundo que podemos reconocer, porque tiene mucho de este en el que vivimos. Ya lo advirtió Paul Eluard: «hay otros mundos, pero están en éste». La imaginación puede crear mundos irreales… combinando elementos reales. Y esto es lo que sucede con esta obra. Hay en ella, además de Cunqueiro, otros ecos literarios que se irán descubriendo en la lectura, ecos de novelas de caballerías, flashes quijotescos, picaresca, todo ello dentro del depurado estilo de J.V. Pascual, que reúne una magnífica elocución con una retranca latente y a veces claramente manifiesta, junto a una imaginación desbordante y una buena dosis de simbolismos.


La novela se divide en dos partes claramente diferenciadas: el Libro primero, titulado «En pie sobre las ruinas» es el que enlaza directamente con la anterior novela Interregno y se divide a su vez en tres partes. El espacio-tiempo histórico es el mismo, y los países o ciudades que se citan son en parte históricos tambien (los godos, los hunos, Teodorico, Atila, Roma, Lutecia, Aquitania.)… Algunos de los personajes provienen de esa anterior novela, como unos viejos Balbino e Hildebrando, el enano Genebrando, los jóvenes Marcio e Irmina (ya crecidos) aunque aparecen otros nuevos, como el propio narrador de la historia, Conrado, que narra en primera persona. Conrado es un joven guerrero, al servicio de Balbino, e instruido por él en el arte de la guerra. Otro personaje nuevo y que tendrá cierta conexión con el tema de la segunda parte es Ella-Sin-Nombre, misteriosa dama, con aura mágica, que aparecerá cerca del poblado Osos Ciegos, a donde llegan los cuatro protagonistas huyendo de Horcados Negros y los nómadas que lo invaden. En este poblado Marcio e Irmina se constituirán en sus gobernantes, cumpliendo su destino. Nuevos personajes son también los caballeros bizantinos Kosmas y Teódulo. Junto a ellos organizarán la defensa del poblado ante lo que parece una nueva y terrible invasión: «Son legión, multitud, muchas partidas en las que se juntan miles de guerreros. No sabemos de dónde han salido, dónde su tribu, su país de origen... Ninguna estirpe que conozcamos, ningún clan o alianza de los que lucharon junto a nosotros o contra nosotros, forma parte de los ejércitos del Conquistador».

El Libro segundo se titula «Las Nueve Hogueras» y asimismo se subdivide en tres partes. En efecto, este sí es otro mundo, y el autor se vale de otra fórmula que no es el recuento personal: lo que se cuenta proviene del archivo real de un imaginario reino, Dôgud, del cual se rescatan ciertas Actas Extraviadas y las Crónicas del Reinado Feliz. Tal reino se encuentra en un territorio denominado con el impronunciable nombre de Izmra, ocupado también por otros dos reinos: Váraq y Decca Sarayi. El espacio-tiempo es indefinido, podría ser una alta Edad Media, podría ser una Europa con unos reinos de extraños nombres y fronteras indefinidas, que recuerdan los reinos medievales, si bien no reconocerá el lector ninguno: Glavom, Bornegie, Aquiterra, la Ciudad Dorada, Ceteria, etc. Y todos ellos entrarán en una especie de guerra mundial, un conflicto colectivo que retumbará hasta en Oriente despertando de su letargo milenario al inmenso ejército del Conquistador.
Áderv y Ducas, dos jóvenes aspirantes a Guardianes la Corona del reino-sin-rey de las Nueve Hogueras inician la historia y la seguirán protagonizando hasta el final. Su jefe, Dorghen, los embarcará en las naves que les llevarán al país de Dôgud. Su misión: proteger al rey Nabrus, cuyo proyecto de matrimoniar a Everica, reina del vecino Váraq parece conflictivo, puesto que habrán de enfrentarse al reino Decca Sayayi. La futura esposa, Everica, es un personaje de gran fuerza, cuyo plan es proclamarse reina de todo el territorio de Izmra, venciendo a sus enemigos de dentro y fuera del país. Y promover el descubrimiento de nuevas tierras que le reporten grandes riquezas. 

La narración principal está trufada de digresiones, contando la historia de los reinos en litigio y de sus ancestros, para explicar cómo llega al trono Everica y como surgen las luchas internas. Así, encontramos la historia de Selentio, padre de Everica, la de Fruszina, (una especie de nueva Juana de Arco), la de Elicia, ama de las fraguas reales y forjadora del Caballero Fraguado, personaje múltiple que recorre toda la narración, con un toque de humor negro y de Vengador. También hay un personaje muy curioso, Felíbulo, navegante empeñado en descubrir tierras más allá del mar conocido (¿no se percibe cierto aire genovés?) y por cierto, esa es una de las misiones encomendadas por la reina Everica: descubrir un nuevo mundo navegando por Occidente. Todo esto nos suena. Pero no nos equivoquemos: es ficción.
En general, el papel de las mujeres en esta narración es el de dirigentes, el de los hombres es el de los dirigidos, con diversos matices: incluido el «atildado y florido» rey Nabrus, los generales, jefes civiles y militares: el brutal Zlatko, el pederasta Boldiszar, el fedatario Hooter, Devinio, comandante de la flota junto a Felíbulo; Ashkan Nouri es el débil Primogénito de Decca Sarayi, casado con su hermana, la dulce pero luego enérgica Derya; su hermanastro Carebdir, encerrado en la Mansión Tapiada; Mirza Shorab, el perezoso rey de la Ciudad Dorada y supremo Comendador de la Fe, que no se decide a moverse hasta que la amenaza de la Luna Roja se instala ante sus murallas. Hay otros personajes interesantes por el misterio que les rodea: los que rigen los destinos de Ceteria: Freda, personaje incierto, y El Centinela, que, al igual que El Conquistador, no muestran claramente su faz, sino que se mueven en la sombra, son legendarios señores del Tiempo y del Futuro.

La narración, pues, no sigue un trazo rectilíneo, sino que va fluyendo por recorridos sinuosos, siguiendo a uno u otro personaje, en su trayectoria y aventuras, como un gran río que al acercarse lentamente al mar conforma un delta lleno de caños.  Las descripciones de las luchas y las batallas son múltiples, muy detalladas, dando un tono de realismo y verosimilitud, con dosis de fuerte violencia como en la batalla del desfiladero de Savurmak  y la conquista de Yanmisqoi que les da paso a la Ciudad del Alba. Los relatos del viaje por mar tienen un comienzo realista que acaba sumergido en un terreno brumoso, legendario y mágico. 
Cuando entra la narración en su fase final, y surge el reino oriental de la Luna Roja, con un jefe (kan) al que llaman Ordogei el Conquistador, desaparece el protagonismo femenino. «Yo nací el mismo día en que Ella, la Sin Nombre, desapareció para siempre. Me llamaron Conquistador quienes no eran siquiera capaces de ponerse nombre a sí mismos». «No se trata de invadir Occidente, de la guerra y la conquista, sino de la pugna entre el caos y el orden del mundo y de cuantas cosas hay en el mundo», les había dicho el Único, en sus estancias privadas del palacio imperial de Dusa. 

En suma, es esta una narración que atrapa, y aunque en algunos momentos el lector debe esforzarse por no perderse por las ramas de tan frondoso árbol narrativo, poco a poco irá obteniendo una visión más general y comprendiendo hacia donde fluye el río. Disfrute garantizado.


Fuensanta Niñirola



Escritor español, José Vicente Pascual ( Madrid 1956) ha ganado premios tan importantes como el Azorín en 1989 o el Café Gijón en 1993.Ha colaborado con distintos medios escritos, como el diario Ideal o La opinión de Granada. Actualmente forma parte del equipo de redacción de la revista digital El Manifiesto.


Fuensanta Niñirola



 


17/7/15

REYES LEGENDARIOS

INTERREGNO

JOSÉ VICENTE PASCUAL

EDICIONES B, 2015


“Hubo un tiempo”, “érase una vez”...Así comenzaban las narraciones orales antiguamente. O los cuentos de nuestra infancia, escuchados una noche de invierno al abrigo de las mantas, antes de abandonarse al sueño, reunidos ante la chimenea encendida,… o quizás en la terraza, en una insomne y cálida noche veraniega. Leer Interregno despierta la ensoñación, transportando al lector a una época incierta y un difuso escenario geográfico, en esos siglos en los que la bruma confunde realidad y leyenda; una larga época de cambio, oscura y misteriosa, propicia a lo extraordinario, donde se sumerge el lector en una mezcla de creencias, mitos y leyendas a la vez que presencia crudas y terribles realidades.

Hay dos ideas generales que sobrevuelan toda esta historia. Por una parte, la del enfrentamiento de dos visiones del mundo: la ancestral, ya moribunda, frente a otra naciente y nueva. El mundo antiguo, poblado de seres mitológicos: dioses, ninfas, espectros y animales legendarios, va a ser reemplazado por los defensores de la Verdadera Religión, que, gracias al apoyo de los emperadores romanos de oriente y occidente, defienden su fe y la pervivencia de la Iglesia ante el avance incontenible de las tribus invasoras en el norte de la península ibérica (suevos, vándalos y alanos). Esto ocurre hacia principios del siglo V: Roma es un pálido recuerdo del pasado, y los invasores se disputan el botín.
Y por otra, el binomio Oro-Sangre: la lucha por el poder ligada a la guerra, y la muerte. El componente humano representa el anclaje de toda historia. La humanidad, retratada en sus momentos más feroces o en sus momentos más sublimes. Porque el ser humano es así: puede ser sublime, ...pero suele ser más bien feroz, cruel, implacable. Una manada de lobos, podríamos decir, parangonando a Hobbes. De ahí que la relación del oro con la sangre sea un leit motiv en la narración. El eje alrededor del cual gira la acción social humana es, sin duda, la lucha por el poder, simbolizado magníficamente por el Oro.
Y en este punto hago otra inflexión, en cuanto a las múltiples connotaciones y simbolismos de esta novela: a muchos lectores les vendrán a la mente las hazañas de Sigfrido, el héroe de «Los Nibelungos», brillantemente representado en las óperas wagnerianas. El Oro del Rhin, custodiado por el Dragón, las ninfas del río, los gigantes titánicos y los enanos de las catacumbas doradas, los herreros míticos, la walkiria Brunhilda…todo ello conforma un eco al que nos remite Interregno. Porque tanto las lecturas tardorromanas como las sagas nórdicas y germanas, reflejan el impacto, el choque que representó la irrupción del cristianismo como fenómeno social y concepción del mundo, frente a las mitologías germánicas o grecolatinas.
Y aún diría más: el lector más joven, que quizá no haya disfrutado aún de lecturas más clásicas pero sí de otras épicas más recientes como las creadas por Tolkien, también encontrará referentes en este texto. Hay unas cuantas; concretamente, en la parte donde se cuenta sobre la ciudad de los muertos, Horcados Negros, y la espectacular batalla en la que los espectros milenarios intervienen decisivamente.

El argumento de Interregno se compone de tres partes y un epílogo:  «Las leyes del pasado», «El templo de piedra» y «El oro de Vadinia», partes contadas por un narrador universal y el epílogo, contado en primera persona. La novela comienza en «La liebre cazadora», una posada que parece buen refugio en tiempos convulsos. Egidio, un joven cazador furtivo y ladronzuelo, recibe un obsequio de manos de Eresvita, la jovencísima posadera; regalo que le convertirá  en el futuro héroe principal de esta historia. A partir de ese comienzo, la narración alternará los puntos de vista, articulando los diferentes escenarios y contiendas, mostrando un entramado de ambiciones y estrategias, amores y odios, lealtades y traiciones; con lo que no hay un momento de descanso en la lectura, cuyo ritmo no decae: siempre hay un nuevo motivo de interés para seguir leyendo.... una historia que acaba justamente en la misma posada, bastantes años más tarde, donde se refugia un monje gordinflón y bebedor, Gotardo, que cuenta, no sin cierta retranca, hechos pasados, vividos o soñados,  a una ya madura Eresvita, al calor del fuego nocturno.

Hay muchas felices creaciones en este libro: el personaje de la dulce Irmina, cuya infancia simboliza el mundo mágico y en su vida adulta asume la más dura realidad. El protagonista Egidio, que de furtivo ladrón deviene en Señor de Horcados Negros y jefe de las huestes “bagaudas”, gracias al arco de Daciano (inmediatamente volamos a Ítaca y vemos a Ulises tensando el arco) y al artúrico amor de Irmina. Personajes tan dispares como los guerreros Hidulfo y Walburga, mantienen una estrambótica simbiosis, no carente de cierto humor negro. Alpida es una suerte de walkiria o amazona, una mujer guerrera; los mellizos Doménico y Genebrando, gigante y enano, son radicalmente contrapuestos; los trece Olvidados, espectros guerreros que siguen a Hidulfo en esa lucha fantasmal entre la vida y la muerte. El rey Hermod de Gottwissen, que alimenta su longevidad con corazones palpitantes de sirenas o ninfas grises;  las propias ninfas, personajes tan mitológicos como las que guardaban el oro del Rhin o habitaban el lago artúrico. La reina Lupa de Luparia, personaje de breve aparición, pero de una lucidez asombrosa. Los niños Marcio e Irmina ocultos en una barca (Moisés y Mordred revisitados), protegidos por las ninfas de las aguas. En fin, toda una coreografía que compone una obra absolutamente polifónica, en la que todos los personajes son interesantes, unos más que otros, en función de sus apariciones en escena. Mención especial al lenguaje usado por el autor; lenguaje muy cuidado, en ocasiones alegórico, muy expresivo y rico, con un soterrado humor que marca un contrapunto entre los héroes, personajes principales y la tropa, esos personajes de a pie que también tienen su papel y cubren un hueco necesario.
La épica, como género literario que cuenta las hazañas de héroes, comienza con Homero en la cultura mediterránea para continuar con las sagas nórdicas, el ciclo artúrico y el germano “Cantar de los Nibelungos”. Pues bien,  esta es la categoría en la que más se ajustaría Interregno, texto poblado de aventuras, héroes, seres extraordinarios, mágicos o míticos, y sin embargo dotado de una base firmemente anclada en la dura roca de la naturaleza humana. En mi opinión, la mejor literatura. Con la cultura grecolatina, la mitología céltica y el “ciclo artúrico”, las sagas nórdicas y germanas está en deuda toda la literatura occidental, y en este caso concreto, José Vicente Pascual, que recoge esa tradición, a la que añade, ya en las letras hispánicas, la herencia de Cunqueiro y Perucho. Los relatos épicos clásicos entrelazan el componente humano (batallas, ambiciones, deseos, lealtades, traiciones….) y el divino, permitiéndose gestos mágicos y abriendo la puerta a hechos que la razón no puede contemplar pero que la imaginación disfruta intensamente al descubrirlos. Interregno es un espléndido ejemplo contemporáneo de literatura épica española.

José Vicente Pascual (Madrid, 1956) es autor de numerosas novelas y libros de relatos. Entre sus obras destacan La montaña de Taishán (Premio Azorín 1989), El capitán de plomo (Premio Café Gijón 1993), Palermo del cuchillo (Premio Alfonso XIII 1995; Ediciones B, 1996), Juan Latino, El país de Abel (finalista del Premio Nacional de la Crítica 2002), La diosa de barro, Homero y los reinos del mar (finalista del Premio Caja Granada de novela histórica 2009), Los fantasmas del Retiro, La hermandad de la nieve (Premio Hislibris a la mejor novela histórica y mejor autor 2012) y Almirante en Tierra Firme (Premio Hispania de novela histórica 2013). Durante décadas ha sido redactor y colaborador habitual en diversos medios de prensa escrita. En la actualidad forma parte del equipo de redacción del periódico digital El ManifiestoEs miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada.


 Ariodante





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