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18/6/16

HONDO LANE CABALGA DE NUEVO

HONDO
LOUIS L’AMOUR
Ed.Valdemar, col. Frontera, 2014



Esta es, probablemente, la mejor novela del prolífico Louis L’Amour. En ella vemos reflejada del vida del Oeste fronterizo con las tierras de indios: Arizona, finales del siglo XIX. Indios que, en el caso de los apaches, difícilmente se mantienen en paz. Las costumbres de los indios, contrapuestas a las de los blancos, la vida del explorador que sigue un rastro, la interacción con la naturaleza hostil… todo ello interviene en la novela alrededor de un eje: una historia de amor muy sutil. Un hombre solitario, Hondo Lane, duro, agreste como su perro Sam, siempre alerta y expectante, es el protagonista cuyo nombre da título a la novela. Explorador y correo para el general Crook, es medio indio y conoce el terreno y a los indígenas porque ha vivido entre ellos y seguido sus costumbres.  La parte femenina la encarna Angie Lowe, una mujer de fuertes convicciones, aferrada a la tierra que la vio nacer, pero abandonada por su esposo con el que se casó más por imposición familiar que por verdadero amor. Vive, o mejor, sobrevive con su hijito de seis años, en un rancho enclavado en la zona apache, y hasta el momento ha sido respetada por los indios, pero…


 En apariencia hay una falsa remembranza del relato Shane cuando Hondo llega al rancho de Lowe, tras haber sufrido un ataque indio y perdido su caballo. Lo divisa el niño…pero ahí queda todo el parecido. El primer encuentro entre Hondo y la señora Lowe es frío, marcando distancias, calculando la situación por parte de cada uno. Ella, para defenderse, engaña a Lane, insistiendo en que su marido volverá muy pronto. Pero el explorador se da cuenta que en ese rancho no ha habido un hombre en meses. Y su parte india no comprende cómo un hombre puede abandonar a su esposa con un niño impunemente. Por otra parte, esta mujer solitaria, no especialmente agraciada, pero mujer al fin, hace resonar ecos de nostalgia en Hondo, cuya squaw murió, pero los años pasados junto a ella fueron felices.

El autor presenta a los apaches como terribles y crueles, por una parte, pero muestra un lado muy humano en el tratamiento del niño. Victorio, el jefe apache, también descubre que hay una mujer sin hombre, y un niño sin padre. Un niño valiente, en su ingenuidad, al que decide proteger dándole nombre, “Pequeño Guerrero”, y un distintivo que le adopta como miembro de la tribu chiricaua. Todo su  interés se centra en conseguirle un hombre a Angie, primero entre los miembros de su tribu, y finalmente, le trae un regalo.

Es interesante echar un vistazo a la vida de Victorio (Chihuahua, 1825-1880) fue un mestizo llamado Pedro Cedillo, raptado y cautivo a los seis años por un grupo de apaches. Años después llegaría a ser líder de los chiricahua, luchando junto a Cochise. En agosto de 1880 el ejército les obligó a huir a México, y  dos meses después, el Coronel Joaquín Terrazas emboscaba a Victorio en los cerros de Tres Castillos en Chihuahua, donde murió, junto a otros 62 guerreros.  Esa muerte es citada en esta novela. La indulgente mirada de Victorio hacia el hijo de Angie quizá se inspire en el recuerdo de su propia infancia cuando fue raptado y educado como un apache.

La relación de Hondo con el chiquillo es paternal, en el sentido más masculino de la palabra. Frente a la sobreprotección femenina, Hondo insiste en que el niño debe aprender todo por sí mismo, debe fortalecerse para hacerse un hombre duro, como lo requieren los tiempos y el lugar. La escena en la que lo lanza al agua cuando se entera de que no sabe nadar, es la representativa de esta idea.
Las aventuras de Hondo tienen lugar en diferentes espacios: la naturaleza agreste del desierto, donde la identificación con el paisaje es la mejor defensa; las relaciones con el Ejército, con los amigos e incluso con el marido de Angie, así como frente a los indios en una terrible batalla, todo eso se nos cuenta entre el primer encuentro de la pareja y el segundo, decisivo.

La edición incluye el relato de Louis L’Amour “El regalo de Cochise”, que dio origen a la posterior novela Hondo. Pero con sustanciales diferencias. Respecto al relato previo, en la novela ya no se trata de Cochise y hacia 1872; la acción se ha retrasado casi diez años, hasta la campaña contra Victorio.
Louis L’Amour (1908-1988), el novelista más popular e influyente en la literatura western de la segunda mitad del siglo XX, escribió en torno a un centenar de novelas y más de 400 relatos, la mayoría de temática western, a lo largo de una prolífica carrera literaria. Aunque muchas de sus obras fueron llevadas al cine, ninguna alcanzó la repercusión de su segunda novela, Hondo (1953), gracias sobre todo a la adaptación al cine del mismo título que realizó John Farrow y protagonizó el incansable John Wayne. La película es bastante floja, todo sea dicho. La novela la supera con creces.



Fuensanta Niñirola

4/6/16

CIELO Y MONTAÑAS

BAJO CIELOS INMENSOS
(The big sky, 1947)
A.B. GUTHRIE JR.
Trad.: Marta Lillo Murillo
Ed. Valdemar, col. Frontera, 2014

  
En los albores del siglo XIX, los primeros no indios que transitaron por las Montañas Rocosas fueron tramperos, comerciantes de pieles y exploradores. W. H. Ashley, J. Bridger, Kit Carson, J. Colter, T. Fitzpatrick, A. Henry y J. Smith eran algunos de estos expedicionarios, que recorrieron inmensas praderas y bosques frondosos, navegaron por ríos turbulentos y lucharon o traficaron con diversas tribus indias, incluso algunos se aclimataron a vivir temporadas con ellos, aprendiendo su idioma y uniéndose con sus squaws. En 1832, Bonneville llevó la primera caravana de carromatos a través de las Montañas Rocosas utilizando Paso Sur, actualmente Wyoming. En 1841, James Sinclair, factor jefe de Compañía de la Bahía de Hudson, guió a una partida de  200 pobladores y cruzó las Montañas Rocosas hacia el Valle del Columbia. La disputa sobre el territorio de Oregón entre el Reino Unido y los EE.UU. fue larga y conflictiva.  En 1846 se firmó el Tratado de Oregon entre Gran Bretaña y los Estados Unidos que adquirieron así los derechos sobre las tierras del Distrito de Columbia al sur del paralelo 49. Esto son solo unas pequeñas píldoras históricas para que el lector se haga una idea del panorama que había en aquellos años en el Lejano Noroeste americano.
La narración que nos ocupa se sitúa geográficamente en esta zona, durante la transición entre una época y otra. Transcurre desde 1830 a 1847, trece años en los que paulatinamente las cosas van a verse modificadas y los cambios serán percibidos por los protagonistas, que ven cómo sus vidas van a cambiar, lo quieran o no. Toda una magnífica evocación del final de un periodo idílico, de vida natural, y el comienzo de otro, menos idílico aunque suponga un triunfo civilizador.
Tramperos, montañeses (mountain men), cazadores que, hasta comienzos del siglo XIX eran casi los únicos -junto a los indios- pobladores de territorios inmensos y paisajes paradisiacos, van poco a poco viendo cómo lo que ellos consideran su espacio es invadido paulatinamente por los granjeros y por el progreso: el ferrocarril, los barcos a vapor, los cambios en el comercio, etc.
Miles de personas cruzarían las Montañas Rocosas siguiendo la ruta de Oregón a partir de la década de 1840, que es más o menos cuando acaba la acción de la novela. Entre 1859 y 1864, se iba a descubrir oro en Colorado, Idaho, Montana, y Columbia Británica, lo que provocaría varias un verdadero cataclismo inmigratorio: miles de buscadores de oro y mineros exploraron cada montaña y cañón.

La novela nos cuenta las aventuras de Boone Caudill, joven de Kentucky que huye de casa en busca de su tío Zeb Calloway, un auténtico mountain man. Conoce casualmente a Jim Deakins, y ambos forjaran una fuerte amistad decidiendo viajar al lejano e inexplorado Oeste. Después entran en contacto con dos personajes: el traficante de pieles Jourdonnais y el cazador Summers, con quienes se enrolarán en la barcaza Mandan que, patroneada por Jourdonnais pretende remontar el Missouri hasta llegar a la lejana y peligrosa tierra de los «pies negros», en las estribaciones de las Rocosas, para comerciar con ellos. Es el camino que ya siguió la famosa expedición de Lewis y Clark (1804-1806), que cruzaron las Montañas Rocosas siguiendo la ruta de los ríos Missouri y Columbia, a un lado y otro de las Montañas.
Dividida en cinco partes, la novela narra en la primera la huida de Boone, su primer contacto con Jim,  las aventuras que viven juntos y separados. La segunda, el embarque en el Mandan, que desde St. Louis navegará Missouri arriba, (el río más largo de Norteamérica) con la pequeña india Ojos de Cerceta, buscando negociar con su tribu. La tercera narra las aventuras de Jim, Boone y Summers como cazadores en el Alto Missouri. La cuarta, cuenta la vida de Boone en el poblado indio y sus problemas con Jim, que casi muere de hambre en el invierno de las Rocosas. La quita y última relata el retorno, no sabemos si definitivo o provisional, de Boone a Kentucky para ver a su familia y al viejo Summers. El final queda abierto, como el futuro insospechado que deparará cualquier cosa.

El narrador es universal, pero adopta los cuatro puntos de vista: el de Boone, el de Jim, el de Summers e incluso el de Jourdonnais. Le dedica mayor profundidad a Boone, que es el principal protagonista. Pero traza muy bien las diferentes psicologías y situaciones personales. Usa el lenguaje casi como si lo estuvieran contando ellos mismos, al contar cada historia individual desde su punto de vista. Así, Boone es un muchacho muy joven que se hace a sí mismo con las experiencias y vivencias en estos años, pero cuyas aspiraciones se funden con las de la propia naturaleza que le rodea, y por ello le es más fácil adaptarse al modo de vida indio. Jim, algo mayor que él, si bien ama la naturaleza, no deja de desear la compañía civilizada, si bien periódicamente necesita moverse y respirar aire puro. Summers es mucho mayor, va de bajada. Si en los primeros años les acompaña y les sirve de mentor, finalmente ha de dejar paso a los jóvenes y retirarse, aceptando en su vejez una vida que siempre había rechazado. Jourdonnais trata –sin éxito- de hacer el negocio de su vida, aunque su objetivo es enriquecerse para volver con su familia y hogar.
De los cuatro, solo Boone no quiere reconocer que los tiempos están cambiado, para ser el más joven, es el más conservador y trata de mantener su estatus, se cree dueño de los vastos territorios que le rodean y rechaza las oleadas de nuevos pobladores, a los que ve como intrusos. Se comporta, pues, más como un indio, de hecho, viste como tal y acepta sus costumbres. La vida, sin embargo, no le va a colmar de gozos, sino que le traerá dolor y pena.

El estilo de Guthrie es llano y directo, a veces aparentemente simple,  tratando que el lector se coloque en el punto de vista de cada uno. Pero de un modo u otro, la novela es un canto a la naturaleza, a la vida natural, a los grandes espacios donde el hombre es solo un elemento más, que debe luchar para sobrevivir. Sus descripciones de paisajes crean un clima, un tempo, una emoción especial. Aventuras hay muchas, la lectura se hace amena y emocionante, siendo la principal idea que sobrevuela el texto el choque entre naturaleza y civilización.
 
Alfred Bertram Guthrie (Bedford, Indiana,1901-Choteau, Montana, 1991) y, aunque ejerció muchos años como periodista, finalmente se dedicó a la ficción. Escribió novelas de misterio, cuentos infantiles, fábulas de animales, ensayos y una autobiografía, y dedicó cinco novelas a evocar la historia de Estados Unidos y su construcción como país. Aunque la segunda de la serie, The Way West, recibió el premio Pulitzer en 1950, la primera, Bajo cielos inmensos (1947), se considera su obra maestra.
Bajo cielos inmensos (The Big Sky) fue llevada a la gran pantalla por Howard Hawks en 1952 y se estrenó en España con el título de Río de sangre.


15/6/14

VIAJANDO AL LADO SALVAJE

BUTCHER’S CROSSING


JOHN WILLIAMS

Trad.: Luis Murillo Fort
Lumen, 2013


Texto impregnado del espíritu de R.W. Emerson y de D.H. Thoreau, cuyas ideas se enseñorean sobre todo él. En estas palabras, que el autor cita en un texto más largo, al comienzo de la novela, extraídas de su libro Naturaleza, Emerson verbaliza su idea del hombre como ser preeminentemente natural, idea que irá emergiendo a lo largo de esta novela: “Descubrimos aquí que la naturaleza es la circunstancia que empequeñece cualquier otra circunstancia y que juzga, como un dios, a cuantos hombres acuden a ella.”

Hacia 1870, la guerra civil ha acabado, pero los Estados Unidos están en proceso de formación, aún quedan territorios vírgenes al lejano Oeste y el joven universitario bostoniano Will Andrews, recién graduado en Harvard, toma una decisión que cambiará su vida radicalmente: abandonar el civilizado mundo que conoce, y viajar al más lejano Oeste buscando vivir en intensa unión con la Naturaleza, en los lugares más silvestres posibles. Will se dirige a un pequeño pueblo perdido de Kansas llamado Butcher’s Crossing, en el que su padre le ha recomendado a una persona que puede orientarle, un tal McDonald. Este le ofrece trabajar en su oficina de compraventa de pieles, pero Will no quiere encerrarse entre cuatro paredes,  busca el contacto con la naturaleza, así que es dirigido a su vez a un maduro cazador de bisontes, Miller.

Miller y Andrews, acompañados de otros dos hombres, Charley Hoge y Fred Schneider emprenden un aventurado viaje que los llevará a un valle paradisíaco y deshabitado, donde los bisontes abundan a millares. Uno tras otro van siendo cazados por Miller, en una euforia sangrienta, pero el panorama cambia repentinamente y las cosas se complican. “Por un momento, mientras se adentraban en el bosque, Andrews tuvo la sensación de estar hundiéndose, como si una blandura sin márgenes ni señales de ninguna clase lo estuviera absorbiendo desde abajo. El sonido de los caballos al respirar, el de los cascos sobre el borrajo, e incluso las pocas palabras que intercambiaban los jinetes, quedaba amortiguado por la quietud de la foresta, todo sonaba distante y calmo, parejo y uniforme, ya fuera el resoplar del caballo o la voz de uno de los hombres; parecía que aquellos sonidos amortiguados procedieran no del grupo en movimiento, sino del bosque, como si en su interior hubiera un corazón gigante empeñado en hacerse oír.”




La narración está contada en tercera persona, si bien el punto de vista elegido es el del joven Andrews, y es a través de él que miramos el paisaje y el paisanaje que le rodea. No sabemos qué motivo le produjo ese ansia por fundirse con la Naturaleza, pero lo cierto es que el único que consigue su objetivo es él.  Porque aunque la aventura de los bisontes no termina tal y como ellos esperaban, la aventura vital de Andrews de hecho, solo acaba de empezar.  Viaje iniciático, no solo hacia la naturaleza sino a la vida, el de Andrews le transforma de joven apocado, débil y tierno, en un hombre curtido, que ha aprendido a sobrevivir en las condiciones más duras, ha soportado hambre y sed, frío y calor intensos, luchado con condiciones muy adversas, y convivido con tres hombres duros, solitarios e independientes. Algo de ellos se contagia a todo su ser, haciéndole un solitario como ellos, reforzando su individualidad y dándole la fuerza y el valor para seguir adelante en la vida que ha elegido, finalmente: la vida natural, la integración en la naturaleza como un ser natural más, viviendo las sensaciones de cada momento y las emociones que la propia vida silvestre y salvaje le van a producir.

El grupo se va sumergiendo en una creciente sensación de soledad, no solo del paisaje sino entre ellos mismos, que se aíslan cada vez más, hasta llegar un momento en que el equipo se diluye en cuatro individuos cuyos actos y movimientos se independizan del resto, ignorando la compañía. Los intereses de cada uno, que en el inicio del viaje eran compartidos, ahora divergen. Miller está dominado por la pasión enfermiza de la caza, Hoge se encierra en su mundo interior de miedos religiosos, Schneider está obsesionado con regresar a la civilización; y finalmente, es Andrews, el más joven, el único que vive toda esta aventura intensamente y una vez superado el miedo inicial, asume su condición y llega a disfrutar asimilándose a lo que le rodea; en suma, consigue lo que buscaba.

Williams, en una parte de la narración, cita un texto de Emerson: “De pie sobre la tierra desnuda, bañada mi frente por el aire leve y erguido hacia el espacio infinito, todo mezquino egoísmo se diluye. Me convierto en un globo ocular transparente; nada soy: veo todo. En el paisaje tranquilo y, especialmente, en la lejana línea del horizonte, el hombre contempla algo tan hermoso como su propia naturaleza.” Y sigue el texto de Williams, mostrando lo que siente su personaje: “Entre los árboles y al fondo del ondulado paisaje, había atisbado el lejano horizonte de poniente; y allí, durante una fracción de segundo, contempló algo tan bello como su propia y desconocida naturaleza.” El Andrews que retorna a Butcher’s Crossing, mira la vida de un modo muy distinto al joven que partió. Como ya le advirtió Francine, la prostituta del pueblo, “volvería distinto”. Y la misma relación iniciada y frustrada con la chica, cambia radicalmente al volver. Su comportamiento anterior era casi el de un adolescente, y  al año siguiente ya es un hombre. También el pueblo ha cambiado completamente, y no solo el pueblo. Las cosas en general ya no son como antes. Los viejos proyectos ya no funcionan y hay que adoptar nuevas estrategias.
Pero Andrews ya sabe lo que quiere y elige su camino.
Lectura apasionada y apasionante, de ritmo in crescendo y descripciones escuetas pero que nos transportan a ese entorno salvaje que imaginamos con facilidad.

John Williams (1922-1994) nació y se educó en Texas. Dejó los estudios cuando era muy joven y se alistó en el ejército del aire. De vuelta a casa, se matriculó y graduó en la Universidad de Denver, para trabajar luego como profesor en esa misma institución hasta jubilarse en 1985. A lo largo de su vida, fue alternando el trabajo de profesor con la escritura: empezó con Butcher’s Crossing, luego publicó Stoner, y finalmente Augustus, por la que fue galardonado con el National Book Award. Suyos son también dos volúmenes de poesía. Si hay un eslabón perdido, y ahora finalmente encontrado para el público español, que une a Melville con Cormac McCarthy, ese es John Williams.



Ariodante



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