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12/12/19

UN LEÑANZA EN EL PACÍFICO


LA ESCUADRA DEL PACÍFICO
Episodios Nacionales Marítimos, vol. 31
LUIS DELGADO BAÑÓN
Ed. Good Books, 2019



La etapa histórica que cubre este volumen es el principio de la llamada Guerra del Pacífico, y la acción comienza en 1862. En este año, España organizó una expedición naval científica y diplomática que debía recorrer toda la costa americana e incluso una parte del interior del continente. La Escuadra española, además de trasportar a los científicos, tenia otra finalidad: hacer notar su presencia por las costas americanas y resolver, en principio por vía pacífica, el conflicto diplomático con Perú, pero dejando ver el poderío naval español. Perú era el único país que, tras imponer su independencia, no había querido someterse a cumplir las condiciones, por otra parte puramente formales que España requería y por consiguiente, no fue reconocido oficialmente como país. Esto generó diversos problemas y finalmente el gobierno de la reina decide formar lo que se vino a llamar la Escuadra del Pacífico, cuyo buque insignia será la famosa fragata Numancia. Al llegar a El Callao, les llegaron noticias de que en la hacienda de Talambo habían sido asesinados unos colonos españoles. Esto en cierto modo fue el comienzo de los conflictos que se narrarán en este libro.

En este nuevo volumen, he hace el número treinta y uno de la serie ahora denominada Episodios Nacionales Marítimos, el protagonista es Santiago Leñanza, el quinto de la saga familiar de los Leñanza, teniente de navío y a la sazón casado y a la espera de descendencia, para gozo de su abuelo Francisco.  Tras sus aventuras en Canarias buscando la legendaria isla de San Borondón (relatados en el volumen 29 de esta saga), al mando del trasporte artillado San Quintín, finalmente Santiago recibe otra misión que le alejará de España y su familia por unos años, aunque supondrá que su posición a bordo será de menor responsabilidad, primero a bordo de la corbeta Wad-Ras  y después, de la fragata Resolución.

La narración de esta novela es altamente atractiva y amena, puesto que el protagonista, en su derrota tanto hacia Guinea Ecuatorial como hacia el Río de la Plata, y finalmente hacia El Callao, va ilustrando al lector sobre los sitios que recorre, las historias, tradiciones y otras ocurrencias, con lo que la navegación –y la lectura- se hace amabilísima. La corbeta ha de trasportar una importante cantidad de material, no sólo de elementos sanitarios,  sino también armamento portátil para la Estación Naval del Golfo de Guinea. Si bien el comandante de la Wad-Ras resulta de un trato desagradable y le hace muy fastidiosa la travesía, Santiago resiste, narrando cada vez que es oportuno la historia y características de la zona, cuyos límites imprecisos producían conflictos principalmente con Francia, que pretendía extender sus posesiones. Zona ecuatorial, insalubre y que generaba graves problemas sanitarios hasta el descubrimiento y uso de la quinina para prevenir la malaria, principal y terrible enfermedad que dificultaba enormemente los asentamientos y el trabajo.

El siguiente destino de la Wad–Ras será a la Estación Naval del Río de la Plata, donde tendrá lugar el afortunado encuentro de Santiago con el capitán de fragata Isaac Díaz Labiada, mayor general de la Escuadra y gran amigo de nuestro protagonista,  que supondrá un cambio: habrá de dirigirse al sur, doblar el problemático cabo de Hornos, y luego recorrer la costa chilena hasta llegar al Perú. Además, al ser buques que reúnen en su navegación el vapor con la vela, el lector recibe la información de un sistema y de otro, así como las características y los distintos modos de manejar tales embarcaciones.

Es muy ameno e ilustrativo el relato de las singladuras hacia el cabo de Hornos y su navegación hacia el norte. Hay algunas incidencias atractivas y algo picantes.
Una vez en posición frente a Perú, en la primavera de 1866, las acciones de guerra propiamente son narradas con fuerza y encuentra el lector figuras relevantes como el mando supremo de la Escuadra, que recae sobre el brigadier Méndez Núñez, pero también suenan apellidos como Topete, Pita da Veiga, Álvarez de Toledo, el mayor general Lobo, el general Pareja, el general Hernández Pinzón, etc. El doloso enfrentamiento de España contra Perú y Chile, pueblos hermanos pero cuyo sentido del honor (heredado de la madre patria, por cierto) les conduce a un conflicto que acabará dramáticamente. Una vez ya en la acción de la guerra, Santiago encuentra a su primo Pablo Descallar Leñanza que llega con la dotación de la fragata Numancia.

En suma, este volumen, que comienza la treintena, resulta de muy interesante lectura, por sus variados paisajes, por los espacios que recorre y por los detalles históricos de los cuales informa, además del relato de una desafortunada aunque breve guerra contra un país hermano.


Fuensanta Niñirola





21/12/18

SAN BORONDÓN


EL TRANSPORTE ARTILLADO SAN QUINTÍN
ISLA DE SAN BORONDÓN
LUIS DELGADO BAÑÓN
Ed. Good Books, 2018

Este texto compone el volumen número treinta de la Saga Marinera Española, que ahora pasa a denominarse Episodios Nacionales Marítimos. Y llegado a la treintena, el autor ha querido darse un respiro y tomarse unas saludables vacaciones, o más bien, concederle esas vacaciones al protagonista de su saga, en este caso Santiago Leñanza, quinto Leñanza navegando por sus páginas.
Mientras en casi todos los volúmenes anteriores se abordaba algún episodio histórico de mayor o menor importancia, con sus momentos de batalla, tormenta, investigación, aventura y quizás algún lance amoroso del protagonista de turno, en esta ocasión el autor, desempolvando documentos descubre una misión real que no por absurda carece de cierto interés. Según comenta en el prólogo el propio autor, “tuve conocimiento de una extraña, difícil de creer como cierta y un tanto rocambolesca comisión ordenada de forma oficial a un buque de la Armada, no fue por legajo propio de nuestros archivos, sino por unos pliegos pertenecientes a la documentación personal de quien fuera ministro de Estado, don Saturnino Calderón Collantes.” Así pues, se lanza a desarrollar una narración que, ajustándose a la realidad, roza situaciones de cuento.
Es decir, existió al parecer la pasmosa misión de búsqueda de esa legendaria isla, la de San Borondón, San Brandan o como quiera que se la denomine. Una isla cuya peculiaridad es la de aparecer y desaparecer, flotar y desplazarse como si de un navío fantasma se tratara, que desde el siglo XIV se viene hablando de ella, muchos la han buscado o han creído avistarla. Otra cualidad de la isla es que parece abrir una puerta a otra dimensión espaciotemporal, a una navegación fantástica y misteriosa.

Durante los dos primeros capítulos, la narración corre a cargo pues, del jefe de escuadra Francisco Leñanza, que a la sazón se halla trabajando estrechamente para el ministro de Marina, D. José María de Bustillo, al que le es encargada la misión de encontrar barco y comandante que encabece una expedición hacia Canarias, en busca de una misteriosa isla que parece haber sido avistada y a la que le adjudican la titularidad de San Borondón. Corre el año 1863.
 
Pero tal despropósito resulta a la vez un compromiso que, de llevarse a cabo satisfactoriamente, puede elevar las simpatías del Gobierno hacia la Real Armada y sus perentorias necesidades de actualización. Por consiguiente, Francisco decide aprovechar que su hijo Santiago está en dique seco a la espera de destino, y le propone para tal aventura. Así, desde el tercer capítulo, el resto del libro será narrado en primera persona por Santiago Leñanza.

La idea que sobrevuela la narración, es doble, por una parte, seguir poniendo al día del estado de la Real Armada en un momento en el que la navegación combina la vela con el vapor, y por otra, hacer un repaso de las leyendas y tradiciones marineras, de manera amena y relacionando realidad con ficción de modo equilibrado. Y en cuanto a la parte novelesca, la vida de Santiago recibirá un cambio fenomenal, una vuelta de tuerca que modificará costumbres y futuro, proporcionándole a sus progenitores gran alegría.

La principal leyenda sobre la que gira toda la narración es la de San Borondón, de la que tendrá el lector amplia información y detalle a cargo del brigadier D. Facundo Lizón, un personaje que, marino y especialista en el tema, dará una lección magistral a oficiales y personas destacadas de la isla de El Hierro, de donde saldrá el movimiento expedicionario.  Pero a lo largo de las expediciones, con las cuales el lector aprenderá los sistemas de búsqueda utilizados para encontrar pecios, naufragios o hundimientos de difícil localización, un miembro de la tripulación contará diversas leyendas tan interesantes y llamativas como ésta. Las sirenas del Cabo Picón, la leyenda de Lorelei, la del Holandés errante y toda una serie de circunstancias históricas y geográficas que las acompañan, amenizarán la misión imposible y a veces tediosa  de Santiago, y harán que el lector, aunque no se vea inmerso en aventuras peligrosas ni batallas emocionantes, se sienta interesado por todo lo que aquí se cuenta, ya que, además de las leyendas y circunstancias reales que las acompañan, se describen muchos detalles la vida en un buque mixto, con las ventajas y desventajas de la vela y el vapor, complementarias durante esta época.
Algunas sorpresas con la familia Leñanza cerrarán el libro y dejarán un regusto amable y esperanzador para la siguiente entrega de la serie, cuya larga andadura entra con buen pie en la treintena.


Fuensanta Niñirola

12/5/17

UN LEÑANZA EN EL CARIBE

LA GOLETA DE HELICE ISABEL FRANCISCA
Anexión y guerra de Santo Domingo
LUIS DELGADO BANÓN
GOOD BOOKS, 2017
(Volumen 28 de la saga marinera española)

“Nos llamaron por necesidad, no por afecto, y después nos combatieron por desencanto, no por odio.”
 (D. Pedro Novo y Colson)

Cambio de escenario: del sudeste asiático, donde se enmarcan los dos últimos volúmenes de la Saga, saltamos al Caribe. Y saltamos a la siguiente generación de Leñanzas, la quinta. Este nuevo volumen de la Saga sigue ambientado a mediados del siglo XIX, en años en los que tienen lugar una serie de operaciones navales de dispar importancia y resultados para la Real Armada y España. Estas acciones navales ocurren  durante los años de la operación en Cochinchina, tema del volumen 27 y que protagoniza Beto Pignatti Leñanza, tío del protagonista de esta narración, Santiago Leñanza II, que inaugura la quinta generación. Varias de esas operaciones que coinciden en esos años están focalizadas en el Caribe, siendo la central de ellas la anexión de Santo Domingo, aunque también tenga su importancia, por la movilización de buques y hombres, la llamada operación de castigo a México. Simultáneamente tendrán lugar acciones en Marruecos, pero en esta obra quedarán en segundo plano.

La narración comienza en 1858, con el brigadier Francisco Leñanza (III) celebrando el treinta cumpleaños de su hijo, el teniente de fragata Santiago, en el primer capítulo de la novela. Hay, pues, dos generaciones Leñanza en juego, aunque el protagonismo directo lo va a tener Santiago.  El relato abarcará siete años aproximadamente, en los que suceden muchas aventuras en aguas caribeñas y antillanas. El primer plano y objeto de esta nueva entrega se enmarca en el Caribe: la anexión de Santo Domingo y las operaciones de castigo en México, como veremos.
La República de Santo Domingo, independiente de España, se veía en conflictos permanentes con su vecina Haití, y también observaba con temor el posible expansionismo de EE.UU. ¿Qué hacer? Recurrir a la Madre Patria… pidiendo la anexión. Un recurso interesado, obviamente. O’Donell se tomó su tiempo para decidir si apoyaba o no esa petición, porque tenía demasiados frentes a los que acudir, y tampoco se fiaba de que acceder a los requerimientos dominicanos fuera una opción correcta y beneficiosa para España. Pero los dominicanos se adelantaron y a los hechos consumados no hubo más opción que afrontarlos y mandar tropas. Esta intervención resume la situación:
“(…) España, por una parte, pretende el pago de la importante deuda y la necesidad de que el Gobierno mexicano se excuse con los daños recibidos por tantos españoles, además de reponerles sus bienes. Pero por otra parte, pretendemos reafirmar nuestro prestigio perdido como antigua Metrópoli de gran parte de América, lo que ayudaría a prevenir la posible pérdida de las Antillas españolas, Cuba, Puerto Rico y, ahora también, Santo Domingo. Sin embargo, no es menos cierto que algún partido político sueña con establecer una monarquía en México, pero con un príncipe español. Y entiendo que se trata de una idea bien posible y que además se ciñe a los tratados iniciales suscritos entre España y los nuevos dominantes del antiguo virreinato de Nueva España.”

Por esos años se decidió el envío de la Real Armada con tropas del Ejército en expedición de castigo a México, bajo el mando del general Prim. Como ésta era una operación conjunta con Inglaterra y Francia, para obligar a México a cumplir con sus deudas internacionales, ocurrió lo de siempre: los franceses acabaron por llevarse el gato al agua, aunque más tarde les saldría el tiro por la culata, fracasando en su descabellado intento de establecer un emperador francés en México. Pero esto es otra historia.
España hizo un intento de volver a sus antiguos territorios aprovechando la petición dominicana y se lanzó, con tropas, avituallamiento, armas y barcos a una tarea que desde el principio no tenía visos de futuro, anticipando en unos años el desastre de Cuba y Puerto Rico.
“-España suele caer rendida en amores platónicos y desinteresados, que acreditan nuestra legendaria generosidad. En la patria de Cervantes, el tipo de su ingenioso hidalgo no se ha extinguido todavía y probablemente no se perderá jamás. En las primeras tentativas de Santo Domingo para la reincorporación a España, además de los cálculos políticos, de interesadas miras y de cábalas de un partido, de una logia o de un hombre determinado, además de su permanente temor a Haití, había algo parecido a un amor pasajero y romántico que suele nublar la mente de los más cuerdos. Pero primaba verse por siempre libres del acecho de Haití. ”

Nuestro protagonista, Santiago de Leñanza, a bordo de una goleta saltarina, prueba el sistema de hélice contra viento y marea. Tormentas, marejadas, bajíos, e incluso nieblas espesas que causan sorprendentes encuentros… todo ello vivirá el lector siguiendo las aventuras de Leñanza. Y sus aventuras no solo tienen lugar en la mar, sino también en tierra ha de pasar algunos apuros y otros momentos que no son de apuro, sino de placer. Porque a este Santiago le atraen las mujeres en demasía, y no puede sustraerse a sus encantos. Eso sí, la vida matrimonial no le interesa demasiado… veremos si es capaz de cambiar de opinión a lo largo de esta narración. Porque motivos no le van a faltar.
Y así,  entre conversaciones marineras y narración, el lector tendrá noticia de hechos históricos que no son demasiado conocidos, y que el autor considera relevante sacar a la luz porque son acciones protagonizadas por la Real Armada, siempre olvidada en los libros de Historia.


Fuensanta Niñirola


27/10/16

SAGA MARINERA: LA COCHINCHINA

EL AVISO DE VAPOR ELCANO
Guerra de la Cochinchina
LUIS DELGADO BAÑÓN

SAGA MARINERA ESPAÑOLA Volumen nº XXVII
Ed. Goodbooks, 2016


Las hasta ahora veintisiete novelas –si contamos la que está recién publicada― que componen la Saga han surgido de la pluma―o del teclado― de Luis Delgado Bañón, capitán de navío en situación de retiro, proveniente de familia de marinos, con larga tradición. Al modo de los episodios galdosianos, Luis Delgado novela la historia naval (y la terrestre) española desde mediados del siglo XVIII y espera llegar hasta la guerra civil del 36. Cada año publica un volumen, lo que supone un esfuerzo enorme, puesto que todas sus obras conllevan una concienzuda tarea de documentación histórica, además de la geográfica y la propiamente naval, si bien esta última está muy controlada por el autor debido a sus largos años de permanencia en la Real Armada.

En este vigésimo séptimo volumen de la colección Una Saga Marinera Española, gran parte de los hechos narrados se van a desarrollar, como en el anterior volumen, en el Sudeste asiático, con base en las islas Filipinas, donde sigue destinado nuestro protagonista, el teniente de navío Adalberto Pignatti Leñanza, Beto, cuyas aventuras tendrán como escenario tanto Filipinas como las aguas del actual territorio vietnamita, entonces llamado Cochinchina o Annam. En aquellos tiempos estaban teniendo lugar unos luctuosos y graves incidentes que afectaban a los misioneros católicos, españoles y franceses, establecidos en aquel país asiático, lo que acabará por desembocar en una guerra en la que franceses y españoles participarán como aliados. El motivo aparente que origina esta guerra es el de defender la piel de los misioneros, que llevaban unos años ya sufriendo persecuciones y vejaciones por parte de los gobernantes annamitas, bajo el mandato del emperador Tu-Duc. Pero habían más intenciones guardadas, al menos por la parte francesa. Francia, que, a diferencia de otros países (Inglaterra, Holanda, Portugal, o España) no tiene puestos coloniales en Asia, mira muy golosamente las tierras de Tu-Duc, que acabarán por convertirse en colonia francesa.

Año 1856, Manila.  Beto Pignatti lleva ya más de seis años en el destino como comandante de la compañía de Infantería de Marina del arsenal de Cavite, ha realizado diversas acciones memorables en lucha contra los piratas moros que asolan algunas de las islas del archipiélago filipino, y que son narradas en el volumen anterior de la serie. Pero su ascenso en la carrera naval se ve siempre bloqueado por su pasado carlista, y Beto ve pasar por delante jóvenes marinos, y si bien no le afecta demasiado, acabará por hacerle tomar una firme decisión sobre su futuro.
Los de la mitad del siglo XIX español son años de grandes vaivenes políticos, alternan Narváez y O’Donnell en los gobiernos, los ministros entran y salen: en 1855, el vigente ministro de Marina estableció la Junta del Almirantazgo, y por primera vez en nuestra Historia Naval al Almirantazgo se le encomendaba definir los objetivos y misiones de la Armada. Poco duró: al año siguiente, tras cambiar el ministro del ramo, se suprimió la tal Junta, volviendo al sistema anterior. Sin embargo, en este periodo, curiosamente, los presupuestos de la Armada aumentaron de forma espectacular, con lo que se cubrieron deudas al personal y falta de créditos para la construcción de buques; muy importante resultó la labor llevada a cabo en nuestros arsenales. Incluso en las islas Filipinas se notó el progreso, al haberse modernizado el arsenal de Cavite para poder reparar adecuadamente los buques de vapor.
Mediante ilustrativos diálogos entre el protagonista y sus compañeros, el autor pone al lector al día de todos estos hechos políticos y su aplicación en Filipinas, en que la Real Armada cumplía un papel muy importante.
De nuevo, le es encomendada otra misión a Beto, contra los moros, llevando una compañía de infantería de Marina bajo su mando: se embarca en el aviso de vapor Sebastián de Elcano, comandado por el teniente de navío Jesús María Dabrantes, que en la primera inspección pone al tanto a Beto de las características del barco, gemelo del Reina de Castilla si bien con algunas diferencias. Recorren muchas islas: Isabela, Balanguingui, Belauán, Toquil, isla Farol, etc. Mucha acción y buenos vientos, diversas aventuras tienen lugar en esas aguas y playas del sur. Beto destaca en su cometido con valentía, secundado por otros bravos como el teniente de navío Juanes. La expedición resultará exitosa y cumplidos sus objetivos, por lo que retornan a Cavite.
Sigue la vida normal, tras descansar de las aventuras acometidas, y por conversaciones con el brigadier Acha, y otros compañeros de la Armada, Beto es advertido de la inminencia de una posible guerra en Cochinchina. “Si los annamitas continúan con las persecuciones religiosas, -comenta el brigadier- los franceses intervendrán con fuerza y a fondo. Pero no solamente para que la religión cristiana pueda ser ejercida libremente en esos territorios, sino para asentarse definitivamente en las costas annamitas por medio de acuerdos políticos o, sencillamente, por la fuerza. Napoleón III quiere establecer tierra francesa con la bandera en alto por estas costas.” El asesinato del obispo Díaz Sanjurjo es el detonador que pone en movimiento el engranaje, si bien tardarán meses en dar un paso adelante. A finales del año 1857, se recibe en Capitanía General la Real Orden de embarque de las fuerzas con dirección a la Cochinchina. Españoles y franceses, pues, se adentrarán en misión de castigo en la bahía de Turana, emplazamiento estratégico privilegiado. Beto parte a bordo del aviso de vapor Elcano, en esta ocasión comandado  por teniente de navío Pedro González, integrando fuerzas francesas, al mando del capitán Antoine Prevot. La aventura, de nuevo, está servida.  Habrá lucha, pero también habrán otros lances en los que Beto se verá involucrado y a causa de ellos verá cambiar su futuro. Aparece un nuevo personaje que tendrá un importante papel en la vida de Beto.
La guerra sigue, mientras Beto queda en el fuerte de la Aguada, los buques se dispersan para cubrir otros objetivos y las operaciones de las fuerzas aliadas en Saigón son narradas por el teniente de navío Pedro González, puesto que Beto ha de mantenerse en la defensa de Turana. Más adelante conocerá el lector la aventura de la fragata Europe por boca del teniente de navío Lázaro Araquistain, comandante de la falúa Soledad y testigo directo de los hechos. Beto narrará, por su parte, la evacuación de Turana, en este caso a bordo de la corbeta Narváez, y las especiales circunstancias que rodean su persona. Así, desde distintos puntos de vista el lector se hará una visión de conjunto de lo que supuso aquella guerra. “Más o menos, ha sucedido lo que se esperaba desde el primer momento. Le hemos ofrecido a los franceses las bases logísticas en las islas Filipinas que les eran imprescindibles” -Beto comenta al capitán Fajardo en el curso de una conversación- “hemos aportado un notable esfuerzo en hombres, armamento y buques, para que al final ellos consigan una magnífica colonia en el Extremo Oriente y nosotros el alto honor de que los cristianos puedan ejercer sus creencias sin ser degollados. No aprenderemos nunca. Estos gabachos nos la están metiendo doblada desde que el mundo es mundo.”

A partir del retorno a Cavite, las cosas van a cambiar mucho para Beto, no solo en su vida como marino sino en su vida personal y privada. Vivirá emociones inesperadas y aventuras cargadas de tensión y peligro, con la aparición del capitán Néstor Barjuán, de nuevo al mando de su viejo vapor Aránzazu, con el que realizarán largos viajes por mar, acosados por tempestades, piratas y calmas traicioneras. Si los dos tercios anteriores del libro desarrollan acción guerrera, el último tercio del libro está lleno de acción aventurera, digna de un Verne o de un Salgari.
En suma, una obra que nos informa de unos hechos históricos luctuosos, que fueron desaprovechados política y económicamente por España a pesar de haber ofrecido vidas y pertrechos, y que acabaron con la ocupación francesa en Indochina. Y asimismo hace vivir al lector aventuras y emociones de muy alta tensión, por su exotismo, y la capacidad fabuladora del autor.



Fuensanta Niñirola



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