
Penelope Knox Fitzgerald (1916-2000), hija de Edmund Knox, editor de Punch, sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la biblia Wilfred Knox, se educó en Oxford y durante la guerra trabajó para la BBC, en el 41 se casó con un soldado irlandés y durante unos años vivió en una barcaza en el Támesis. Su primer libro lo publicó en 1975, una biografía de Edward Burne-Jones, y en el 77 su primera novela. Ésta y las tres siguientes, donde se incluye la que reseñamos, tienen todas un cierto carácter autobiográfico. A partir de ese momento, la autora se decantó por escribir sobre otros temas.

La apertura de la librería proporciona al pueblo todo un año de entretenimiento, de variación, puesto que además, Florence, además, abre una biblioteca que presta los libros a muchos de los habitantes del pueblo, a los veraneantes y a otros de las cercanías.
Pero hay alguien que desde el principio se opone a que la vieja casa admita en su seno libros. Los planes de la señora Gamart son otros: convertir la Old House en un Centro de Arte, donde se realicen actividades culturales que amenicen la aburrida vida de la población y le den tono social. Ambos planes son razonables, nos decimos. Lo que no son razonables son los métodos de esta señora, que se vale de toda una gama de astucias y maquinaciones para echar de la casa a Florence.
Haciendo caso omiso de la señora Gamart, Florence sigue su plan y poco a poco la gente del pueblo e acostumbra a entrar y mirar, comprar o leer. La pequeña Christine, vecina del pueblo, le ayuda con los clientes y se gana un dinerillo. Ambas soportan con resignación los ruidos y las trastadas del poltergeist. Una galería de personajes curiosos y solitarios desfilan por las páginas del libro: Raven, Milo North, Mr Keble, Mr Brundish, el General y Mrs. Gamart... en una tranquila historia sin sobresaltos, como el discurrir plácido y sosegado de un río en la cercana desembocadura, pero que a su vez arrastra una cantidad de barro y limo hacia el mar.
El clima social que se crea está muy bien conseguido, aunque bajo la apariencia de un simple relato humorístico y costumbrista late una mirada crítica demoledora. La sensación de melancolía, de deja vu, las relaciones contenidas y carentes por completo de emociones, la incomprensión y la atonía social se palpan en el pequeño pueblito en el que, aunque todos parecen celebrar la novedad, todos aceptan al mismo tiempo su desaparición con la misma imperturbabilidad. La audacia, la tozudez -o la desesperación- de una mujer madura, de atreverse a planear su vida frente a la poderosa señora Gamart, Juez de paz y esposa del General Gamart, y el pusilánime pueblo que la rodea, fluctuando entre una y otra, siempre atento a las novedades e informado al detalle, todo ello conforma una parábola moral, más que otra cosa.
La poderosa fuerza de la tradición frente a lo novedoso, la soledad en busca de otras soledades, de todo ello es un símbolo La librería. Por un lado nos provoca una agradable sensación de familiaridad, de vida tranquila y apacible, y por otra escuchamos rugir no sólo al poltergeist de la Old House, sino a esa marabunta social que no soporta, que no puede aguantar la libertad individual. El mundo se divide en exterminadores y exterminados, según la narradora, aunque por algunos momentos no percibamos esta relación. La venta masiva de Lolita de Nabokov parece disparar todas las alarmas. Ni siquiera la letal defensa del viejo señor Brundish, atrincherado en su mansión de la que sólo sale como un postrer intento de plantar cara a la maquiavélica señora Gamart, puede parar lo que parece ser el destino.

La editorial Impedimenta nos deleita con una cuidadísima edición, como ya es habitual, estéticamente impecable y muy atractiva.