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4/8/15

PASEOS POR ROMA

ROMA
PILAR GONZÁLEZ
Ediciones Evohé, 2015



Es este un excelente y muy completo estudio sobre Roma: sobre la ciudad y su evolución, así como sobre la civilización romana, madre de la civilización mediterránea, como bien resume Mommsen en la cita inicial. Aborda el tema desde muchos ángulos, y contiene una cantidad de datos impresionante. Magnífico libro de consulta, que también se puede leer, con calma, como una interesantísima lectura, si bien de corte más académico, aunque con una escritura muy amena y cuidada. La profesora Pilar González es una verdadera especialista y además, transmite lo placentero que le resulta el tema. Ella misma reconoce en su introducción que dedicó parte de un año sabático (2000) a residir en Roma, ciudad que ya había visitado en múltiples ocasiones, sintiéndose un poco “peregrina y romera”, un poco “viajera curiosa y pía”, pero nunca extranjera. Irrepetible y único museo al aire libre, como subrayó Byron, González añade: “el más grandioso de los yacimientos arqueológicos conocidos y aún por explorar en su totalidad”.

Comienza, obviamente, por el principio:  cómo se funda Roma, cuáles son sus orígenes, entre lo histórico y lo legendario.  Aborda  las fuentes de información, por una parte, las inscripciones latinas de diversas épocas, los fastos triunfales, los documentos oficiales, leyes reales, tratados, etc. y las fuentes históricas propiamente dichas: los Anales (conjunto de primeros analistas históricos); por otra parte, dirige su mirada hacia las fuentes literarias, los carmina o cantos, y los mitos y leyendas, fabulae, abundantísimos. Esta es una de las partes más atractivas. De hecho, en todos los apartados del libro, siempre alude a sus orígenes legendarios o mitológicos.
Además de todo lo anterior, hay una serie de pistas físicas: vestigios históricos, restos arqueológicos, conseguidos en las diversas excavaciones a lo largo de la historia, dedicándole atención especial a las excavaciones arqueológicas, recordándonos que éstas no comenzaron hasta el siglo XVIII, con el descubrimiento de Pompeya y Herculano, como más adelante se verá.

Estudiará después los sistemas defensivos, cuyos comienzos sitúa hacia 378 a.C., según Tito Livio, con los llamados “Muros Servianos”, (reforzando las primitivas defensas arrolladas por los galos en 390 a.C.) y su final con las llamadas Murallas Aurelianas (271-279 d.C). Del suministro de agua se ocupa en siguiente lugar, estudiando los diversos acueductos a partir del primero, construido por Appio Claudio Caeco en 312 a.C.. La reordenación administrativa de Roma corrió a cargo de  Augusto, que la dividió en catorce distritos, y la autora pasa a analizar cada una de las zonas y monumentos que considera fundamentales.

El Palatino, la colina donde se asentó la Roma de Rómulo, es estudiada a fondo en un capítulo, desde la inicial configuración topográfica (la Roma Quadrata), el siguiente proceso de desarrollo urbanístico hasta su conversión en la casa oficial de los césares, y sede de diversos templos, el Hipódromo o Estadio, etc.
El Capitolio, fortaleza natural de la ciudad, al ser una roca aislada y la colina más pequeña de las siete tradicionales, ha mantenido el carácter religioso y sagrado que tuvo desde sus orígenes. La autora estudia no solo su formación e historia, sino  también el área capitolina.
El Foro (Forum Magnum) es, obviamente, otro de los puntos de atención centrales, que en la época antigua era el centro de la vida romana, hasta el Imperio, convirtiéndose durante el medioevo y renacimiento en cantera para la edificación de muchas mansiones.. Asimismo se describen y estudian los llamados Foros Imperiales que ampliaron el Forum Magnum desde César.
El amplio valle entre el Palatino, el Esquilino y el Celio, en cuyo centro se halla el Coliseo (Anfiteatro Flavio), es denominado Valle del Anfiteatro. En él se hallan, además,  el colosal Arco de Constantino, la fuente Meta Sudans (inexistente en la actualidad) , y el Cuartel de los Gladiadores. El Coliseo (nombre que comenzó a usarse a partir del medioevo) sigue siendo, después de veinte siglos, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.
El Esquilino es la más grande de las siete colinas, sede de Santa María Maggiore, San Pietro in Víncoli, la Domus Aurea, las Termas de Trajano y las de Tito, etc. La autora revisita cada uno de los monumentos contando las leyendas que hay sobre sus orígenes o los vestigios arqueológicos, en su caso.

A continuación le toca el turno al Campo de Marte, que ocupa la antigua llanura que se encontraba fuera de los muros servianos, y que servía de campo de entrenamiento militar, de ahí su nombre. Constituyó en siglos posteriores, una inmensa zona de expansión de la ciudad. Agripa fue el responsable del plan reurbanizador de la zona, incluyendo el Panteón entre uno de los nuevos edificios, así como unas Termas y la Basílica de Neptuno. Más adelante se situó el Mausoleo de Augusto y Ara Pacis Augustae, las columnas de Antonino Pío y de Marco Aurelio.
El Quirinal, sede ancestral de los sabinos, es otro de los focos de atención, su historia, descritos todos sus monumentos, las diversas termas, sepulcros y santuarios, fuentes (que aborda en apartado especial).
El Celio, antiguamente denominado “monte de las encinas” es una colina muy boscosa aún, que tuvo un carácter residencial, siendo sedes de muchas villas famosas. Actualmente está poblada por diversas iglesias, basílicas, palacios y criptas. A destacar San Stefano Rotondo, (fines siglo V) por la peculiar estructura del templo. Y por descontado, la inmensa basílica San Juan de Letrán (San Giovanni in Laterano), fundada por Constantino. Y primera residencia de los Papas.
El Aventino, antiguo Mons Murcus, es la más baja de las siete colinas, zona residencial, es sede de diversos templos, mitreos y termas (las de Caracalla, entre ellas) así como del santuario de la Bona Dea Subsaxana, la pirámide de Cayo Cestio, etc.
El Circo Máximo, dedicado principalmente a carreras de carros, que era el espectáculo más exitoso entre el público.  Se estudia en este apartado no solo las actividades y sus protagonistas, sino también  los cambios producidos por los diversos emperadores, y  la estructura básica del circo.
El Trastevere, Gianicolo y Vaticano. El Trastevere es en la actualidad uno de los barrios más típicos y personales de Roma. Fue punto difusor del cristianismo y lo pueblan diversas iglesias, siendo la más importante Sta. María in Trastevere. Así como destacan la Villa Farnesina, y el Palazzo Corsini.
El Janículo o Gianicolo, monte dedicado a Jano, también llamado la octava colina de Roma, estaba en sus inicios en territorio etrusco. Cubierto de bosques, hay también muchas villas e iglesias, destacando San Pietro in Montorio; pero principalmente, está ligado en la actualidad a la figura de Garibaldi y al Risorgimento, cuyas figuras principales están esculpidas y situadas en distintos parajes de la colina.
El Vaticano, en tiempos muy antiguos estuvo destinado a enterramientos; Calígula y Nerón construyeron su circo en esa zona, Trajano su Naumaquia y Adriano su Mausoleo, el actual Castel Sant’Angelo. El emperador Constantino construyó la primera basílica en 326.  Las obras de San Pedro se iniciaron en 1506 de la mano del papa Julio II. La ciudad-Estado del Vaticano surgió en 1929, a partir del Tratado de Letrán entre la Santa Sede y el Estado Italiano.
La Via Appia Antica, punto de comienzo y de retorno, fue trazada en 312 a.C., desde el Circo Máximo extendía su primer tramo de Roma hasta Capua, y poco a poco fue ampliándose, llegando hasta Brindisi en 191 a.C. Tumbas, arcos, iglesias, columbarios, torres y villas la festonean, bordeándola, sobre todo en el primer tramo. En los primeros años del cristianismo, se abrieron túneles (catacumbas) subterráneos para sus enterramientos, que debían ser secretos. Catacumbas que llegaron a los 300 kms. Y aún no han salido todas a la luz.   
Atención aparte requieren los Obeliscos de Roma, muchos de ellos extraídos de Egipto. Prácticamente ninguno se halla en su ubicación original. Hay trece obeliscos en Roma de los que solo ocho son egipcios, el resto son réplicas romanas. En el capitulo dedicado a ellos, se estudian uno por uno, origen, traslado, ubicación, etc.

No podía faltar un capitulo dedicado a las Fuentes de Roma. Pocas ciudades hay con tantas y tan artísticas fuentes, alimentadas por los numerosos acueductos que suministran agua a la cuidad. La más monumental y conocida, (sobre todo después de que Anita Ekberg se bañase en ella) es la de Trevi, pero son muy destacadas las de la Piazza Navona, o la de los Cuatro Rios. En la Fontana de Mose o del Acqua Felice también se bañaría otro actor, Paul Douglas, en la película “Fortunella”.

Se repasan, finalmente, las transformaciones históricas y urbanísticas de la ciudad de Roma, a partir del traslado de la capital del Imperio a Constantinopla/Bizanzio. La decadencia urbanística y social en el medioevo fue un proceso paulatino. La entrada de los bárbaros asoló las pertenencias y las vidas de muchos romanos, pero los edificios y la estructura de la ciudad se mantuvo en pie. Es en el Renacimiento cuando la ciudad se renueva, pero precisamente esa renovación se nutriría de piezas pertenecientes a los grandes monumentos clásicos que aún perduraban. En los años del Barroco se abrirían nuevas calles, edificando nuevas iglesias, palacios y fuentes. En el XVIII el movimiento neoclasiscista se extendió por toda Europa desde Italia, principalmente Roma. Toda una tropa de artistas, arquitectos y literatos pasaron por allí, tomando ideas (y no solo ideas). De la época contemporánea, observamos las múltiples transformaciones desde el Risorgimento, pasando por las grandes obras publicas de Mussolini, y también los destrozos de la II Guerra Mundial.
Un apartado con Apéndices amplía con la expansión de Roma a través de la historia, toda la información, que está muy bien interrelacionada, con múltiples notas además de una muy completa bibliografía. En cuanto a ilustraciones, el libro en papel incluye treinta fotografías, y añade enlaces para poder acceder al enorme trabajo iconográfico de la autora (fichas de más de 1.500 fotografías y planos) en: www.edicionesevohe.com/Roma. En la edición digital, cada capítulo incluye enlaces que llevan a fotos, planos y mapas referentes al tema tratado, en total, 23 powerpoints.
El propósito de este libro es, según la autora, ofrecer una síntesis útil, de fácil consulta, a quienes estén interesados en su historia y arqueología. Propósito que cumple sobradamente. Este no es un libro de divulgación, aunque tampoco es un tratado, por la manera que está escrito. La visión de Roma que Pilar González nos ofrece es muy personal, como una actual peregrina que se enfrenta, admirada y rendida ante tal grandiosidad.


Fuensanta Niñirola (Ariodante)




Julio 2015

10/2/13

TESEO, REY DE ATENAS


EL REY DEBE MORIR 

EL TORO DEl MAR

La vida de Teseo, rey de Atenas
MARY RENAULT
Edhasa


Mary Renault (Londres, 1905-Ciudad de El Cabo, 1983)  era hija de médico, en una familia acomodada. Estudió Lengua y Literatura en Oxford. En 1928 comenzó a estudiar enfermería en Radclifffe, donde conoció a la que sería la compañera de su vida, Julie Mullard.  Mary trabajó como enfermera en la II Guerra Mundial durante tres años. En esos tres años escribió su primera novela, Promise of Love. Las tres siguientes fueron escritas mientras servía en el cuerpo de enfermeras británico durante la Segunda Guerra Mundial. Después del conflicto, Mary y Julie, rechazadas por las convenciones sociales, se marcharon a vivir a Sudáfrica a mediados de los años cuarenta, y recorrieron África y Grecia. Fue durante este tiempo cuando Mary empezó a escribir sus brillantes reconstrucciones históricas de la Grecia antigua: El rey debe morir, El último vino, Juegos funerarios, Alejandro Magno, Teseo, rey de Atenas y El muchacho persa, entre otras. Murió en Sudáfrica a la edad de 79 años.

See full size imageNo es su obra la de una investigadora ni historiadora que nos abrume de datos. Es la de una imaginadora de historias, la de una mujer que amó Grecia profundamente y soñó con sus paisajes, con sus gentes y con sus mitos. No hay, por tanto, que mirar demasiado si todos los datos coinciden o si faltan o sobran. Nos cuenta una leyenda donde los dioses insuflan su hálito en los hombres, y donde los héroes son demasiado humanos, aunque sientan dentro de sí al dios al que oran. Y las pasiones que sienten podríamos sentirlas cualquiera de nosotros si tuviéramos la sensibilidad o viviéramos la situación adecuada. Porque el deseo de vivir, de triunfar, de poseer, de amar, y el temor a la muerte y al castigo divino, el sentimiento de culpa o la ira, son sentimientos muy comunes, aunque las explicaciones dadas sean diferentes según la época. En los mitos, que son narraciones sobre dioses y héroes, se nos transmiten, a través de generaciones y de forma oral, las primitivas ideas de una cultura, las explicaciones de lo inexplicable, por medio de simbolismos con forma humana o animal. Hay muchas y muy variadas versiones de los diferentes temas míticos, y cuando se han ido plasmando en su forma escrita se han fijado y se han transmitido ya así.

El rey debe morir y El toro del mar nos cuentan entre ambas la leyenda mítica de Teseo, el gran rey de Atenas. Fueron escritas en la década de los cuarenta, años en los que Mary Renault recorrió Grecia. Ante la diversidad de interpretaciones, Renault opta por una narración historicista, dando explicaciones bastante realistas a la narración, aunque dejando algunas partes brumosas, tratadas de modo más poético, presentando el misterio de los dioses, a los que introduce en el corazón de los hombres. No nos abruma con demasiados tecnicismos históricos, sino que nos sumerge en el mundo mítico, relacionando esta leyenda con las otras, y hace que Teseo hable con Edipo, luche contra Creonte, cite a Jasón, se enfrente a Medea, y ame a la reina amazona Hipólita (a la que en otras versiones se la llama Antíope). Asistimos a una especie de pugna entre la vieja religión matriarcal y el patriarcado; entre la ley de la Diosa, tradición de los Pueblos del Mar o Pelasgos,  y la de los Dioses Olímpicos, de los helenos. Los reyes personifican ese poder patriarcal, pero las sacerdotisas siguen realizando el culto a la Madre Tierra, la madre fecunda. Pero si hay algo que se mantiene vivo en unos y otros, y es la idea de Anagké o la Necesidad, ante cuyos dictados obedecen incluso los dioses y su cumplimiento es inevitable. Lo personifican las Moiras o las Erinias, femeninas todas ellas. Según Parménides, el propio ser está rodeado de unos vínculos de cuerda de la poderosa Anagké. Es como una red, como un abrazo letal. Nadie dudaba en Grecia de esa red que cubría a todos, incluso los que dudaban de los dioses. Los olímpicos sabían que la ley de Cronos no había sido derogada ni lo sería jamás.

Teseo es un personaje puente, diría yo, entre una y otra tradición. Respeta el antiguo culto pero instaura el nuevo; ama a todas las mujeres, pero se mantiene en su lugar como rey; su fidelidad impregna sus relaciones de amistad; tiene una especial relación con el que considera su otro padre, Poseidón, y por tanto, con el mar. Y su atracción por el mar le lleva a Creta, y a realizar diversas expediciones, terrestres pero sobre todo marinas, junto a su gran amigo Pirítoos, rey de los lapitas, con el que, desde que se conocen, le une una profunda amistad. Es un héroe amable, atractivo, cuya vida  equilibra  lo dramático y lo gozoso: la vida y la muerte.
La autora escribe ambos libros en primera persona, es Teseo quien nos cuenta su vida, sus sueños, sus oraciones y los mensajes que recibe de los dioses. Miramos a los demás personajes con sus ojos, con lo que no llegan a destacar demasiado. La única a la que es descrita más detalladamente es Hipólita, que es su amor más profundo. El amor de Ariadna es una pasión juvenil, olvidada relativamente pronto. El amor de la amazona nunca consigue olvidarlo y con Fedra no hay pasión, simplemente una relación formal con vistas a conseguir un heredero legítimo. Los personajes secundarios apenas si están esbozados, salvo en la etapa de Creta, cuando forman un equipo de danzarines.

En El rey debe morir se narra la infancia y juventud de Teseo, en Trecén, junto a su madre, Etra, sacerdotisa de la Diosa Madre, y su abuelo, el rey Piteo. Llegado el momento le es revelado su origen secreto. Entonces Teseo se dirige a Atenas para presentarse ante su padre, el rey Egeo. Pero ha de pasar por Eleusis, donde rige la ley matriarcal, el culto a la Diosa, donde cada año el rey debe morir a manos de un nuevo rey-zángano, mientras la reina gobierna. Teseo cumple los ritos del país y mata al rey, desposando a la reina. Pero aquella colmena no es de su agrado, y finalmente consigue cambiar las tornas y hacerse con el poder, deshaciéndose de la pérfida reina. Y una vez dominado el país, se dirige a Atenas, para darse a conocer a su padre. Pero se presentan las negras naves cretenses buscando el tributo de jóvenes para el Rey Minos, para las danzas del toro. Aunque Egeo se opone, Teseo se presenta voluntario. Y parten, por el vinoso mar.

A partir de aquí, se nos cuentan sus aventuras en la corte de Knosos, y la autora reinterpreta el mito del Minotauro y del laberinto de un modo absolutamente realista. Los cautivos son educados como danzarines del toro, y así sobreviven. Minos, el rey, vive escondido en sus aposentos: Renault nos da una curiosa interpretación sobre su ocultamiento. También nos ofrece una peculiar resolución del tema del Minotauro: el bastardo de Minos, el bestial Asterión, que espera, entre intrigas, que muera el rey para sustituirle. Sucede el apasionado encuentro entre Ariadna y Teseo (por medio de un hilo, efectivamente), ocultos a los ojos del resto del palacio. Mata al rey (el rey debe morir) y al Minotauro, y finalmente un cataclismo -Poseidón enfurecido- destruye Knossos y permite la huida de Teseo y los cautivos. Ariadna, que les acompaña para desposarse con Teseo, finalmente es abandonada en Naxos, tras unas celebraciones dionisíacas, en las que Ariadna sucumbe a los terribles ritos de las ménades y Teseo teme por su futuro. Al llegar a Atenas, se cumple el destino tejido por las Moiras o divinas hilanderas: Egeo espera una vela blanca y la que llega es negra. Sin comprobar su error, muere en el mar que llevará su nombre: el rey debe morir para que el nuevo rey reine. 
 
En este punto es donde comienza El toro del mar. Teseo comienza su reinado ateniense llevando a cabo una serie de hazañas, como la de la captura del toro cretense, y reformas políticas y religiosas. Unifica Eleusis y Atenas, cambia los ritos religiosos, amplía a Megara su área de influencia política. Legisla y se ocupa de sus reinos. En uno de sus viajes a Kolonos encuentra a Edipo, que muere ante sus ojos compungidos. En otra expedición guerrera se lanza contra Tebas, donde, después de sus luchas fratricidas, el tirano Creonte ostenta el poder. Lucha después contra los escitas que sitian Atenas, venciéndoles, aunque pagando un precio altísimo.
De vez en cuando necesita escapar –aún es joven- y lanzarse a las aventuras, para lo que encuentra un compañero ideal: Pirítoos, hijo del rey de los lapitas, aficionado a la piratería y a las expediciones guerreras. Con él va a su reino, y conoce a los centauros, presentados como pequeños jinetes peludos de piernas arqueadas y aspecto asilvestrado.

Viajan ambos por el Ponto Euxino, en busca de la Cólquide, que ya había sido visitada por Jasón y los Argonautas. En esta expedición se enfrentan a las Amazonas y  Teseo, que es un mujeriego recalcitrante, cae prendado de amor por su reina, Hipólita, a la que vence en singular combate y la lleva consigo a Atenas, viviendo con ella un tiempo y de la que nace su hijo Hipólito. Tras la muerte de Hipólita, trae a Atenas su esposa legal, Fedra, hija menor de Minos, y a su hijo Akamas, después que su hijo Hipólito decide consagrarse a Artemisa y Esculapio y mantenerse virgen. La pasión letal de Fedra por Hipólito acaba dramáticamente. Teseo, ya maduro, va soportando la decadencia y las desgracias. Desaparecidos Fedra e Hipólito, Teseo, desesperado, vuelve al mar. Y vaga por el líquido elemento hasta que se siente enfermo y  pasa unos años en dique seco, en una isla cercana a Creta. Recuperado, intenta volver a Atenas pero todo ha cambiado, él ya es un viejo y las cosas no son como antes. Recala en Skyros, y el rey Licomedes le hospeda. Allí finalmente es donde Teseo se arroja, como su padre, en brazos de Poseidón para descansar en su seno. Su destino se cumple, y la cuerda de su vida cierra el nudo.


Ariodante.


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