21/2/16

WATCHMAN

Recientemente ha fallecido Harper Lee, y este es su último libro publicado. 

VE Y PON UN CENTINELA
HARPER LEE
Harper Collins, 2015

Gran revuelo ha causado en los ambientes literarios la publicación de un inédito manuscrito de la autora de la emblemática novela “Matar un ruiseñor”, obra de culto junto a la película homónima (1962) de Robert Mulligan, cuyo personaje central, Atticus Finch, honrado y democrático abogado defensor de los negros parece haber entrado en conflicto con la versión que aparece en la nueva novela de la recientemente fallecida Harper Lee. Los medios han recogido reacciones muy diversas, pero la más generalizada se indigna porque le parece que en esta novela se mancha el recuerdo de ese personaje de ficción llamado Atticus, derribando un mito. Veremos si esto es así.

LA AUTORA

Nelle Harper Lee (Monroeville, Alabama, 28 de abril, 1926-19 de febrero, 2016) hasta hace unos días vivía en una residencia de ancianos en su pueblo natal. Tras haber publicado a los 33 años su -hasta ahora- única novela, la escritora de Alabama en esos años posteriores se ha mantenido desde 1964 en el más absoluto anonimato, y salvo algunos artículos, textos cortos y proyectos de obras nunca finalizados, no había publicado nada más. Vivió una infancia y adolescencia con muchas dificultades de integración social y sexual, volcándose en la literatura como una vía de escape. Al acabar sus estudios se estableció en Nueva York mientras su hermana Alice, con la que siempre tuvo una estrecha relación, permanecía en Monroeville. Trabajó para una compañía aeronáutica mientras intentaba salir adelante como escritora, relacionándose con Truman Capote con el que colaboró intensamente en la preparación de su novela A sangre fría. Buscó editor para un manuscrito sobre una pequeña ciudad de Alabama, que finalmente sería publicado por J.B. Lippincott Co. Con el título de Matar un ruiseñor(1960), consiguiendo un éxito apoteósico y la concesión del Premio Pulitzer en 1961. Sin embargo, Harper Lee evitó durante toda su vida publicitar su éxito literario y trató siempre de pasar desapercibida, dedicando su actividad a causas humanitarias y filantrópicas. La escritora dividió su tiempo entre Nueva York y Monroeville, junto a Alice, hermana y confidente, que como abogada se hizo cargo de sus asuntos legales y financieros. En 2007 su salud se resquebrajó duramente por un accidente vascular que le produjo graves pérdidas de oído, vista, movilidad y memoria,  tras lo que se instaló en la residencia geriátrica donde ha vivido sus últimos años.

 EL MANUSCRITO
¡Levantaos, capitanes, engrasad los escudos!,
6 Porque así me ha dicho el Señor:  «Ve y pon un centinela, que informe de todo lo que vea.
7 Cuando vea carros de combate tirados por caballos, o gente montada en asnos o en camellos, que preste atención, mucha atención.»
Isaías, 21:6-7 (Profecía contra Babilonia)


El manuscrito de Ve y pon un centinela fue escrito a mediados de los años cincuenta, antes de redactar Matar un ruiseñor. Lee lo llevó a su agente en 1957 para que lo presentase a las editoriales, siendo comprado por J.B. Lippincott Company, (editorial refundida en 1978 con Harper&Row y posteriormente convertida en Harper Collins) y se ocupó de él la editora Tay Hohoff, la cual, pese a estar impresionada por la lectura, consideró que no era viable su publicación tal y como estaba escrito. Según manifestó, “se trataba de una colección de anécdotas más que una novela  propiamente” y durante los dos años siguientes tuvo a Lee reescribiendo borradores  hasta adquirir su forma final en Matar un ruiseñor, y Lee adoptó el seudónimo de Harper.

El texto que ahora publica Harper Collins bien pudo ser uno de los borradores, y se ha mantenido oculto muchos años, con la segura aquiescencia de la escritora cuando se encontraba en plenas facultades, hasta que fue encontrado en una caja de seguridad por Tonja Carter, la abogada de Lee, en el otoño de 2014. Algunos vecinos de Monroeville han sugerido a la revista Newsweek que la abogada Carter estaba manipulando a una cliente de memoria frágil, sorda y casi ciega, para firmar un contrato apenas unas semanas después de la muerte de su hermana. The Atlantic Monthly Review publicó ya en 2010 declaraciones de Alice sobre su hermana: “Nelle no recuerda de un minuto a otro lo que ha dicho ni a quién”. En 2011, una carta de Alice a una amiga y vecina, Marja Mills, afirma que su hermana “sin poder oír, ni apenas ver, firmaría cualquier cosa que le propusiera alguien de confianza”.
También hay una cierta confusión en cuanto a las noticias de su hallazgo: en febrero de 2015 Harpers Collins aseguró que publicaría el manuscrito, aunque Jonathan Burnham anunció que su compañía “nunca había hablado directamente con la señora Lee sobre el libro, sino a través de su abogada Carter y su nuevo agente, Andrew Nurnberg”. Más tarde el Times publicó que Justin Caldwell, experto en libros antiguos de la casa de subastas Sotheby’s, había viajado a Alabama para reunirse con la abogada Carter y Samuel Pinkus (entonces agente literario de Lee) para valorar un manuscrito. Tanto Pinkus como Caldwell afirman que Carter estaba presente cuando apareció el manuscrito de esta nueva novela…
Sin embargo, los hechos son que tres meses después de fallecer Alice en noviembre de 2014 el nombre de Harper Lee saltó a los medios con su nueva/vieja novela.
Es altamente sorprendente que la autora haya dado su autorización para la publicación de un libro que durante tantos años se ha negado a publicar: ¿Por qué precisamente ahora, por qué no hace veinte o treinta años, cuando se encontraba lúcida y activa?
Estas circunstancias, si bien no afectan a la novela en sí, dejan una sensación de cierta manipulación respecto a su publicación precisamente ahora.

EL CONTEXTO


Hay que situar ambas novelas en el momento en el que fueron escritas, tanto si lo fueron en momentos sucesivos como si hubieran formado parte de un solo texto, posteriormente escindido.  Eran los años del movimiento anti-segregación iniciado en 1955 con el boicot a autobuses promovido por la activista Rosa Parks, miembro de la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People), que por aquellos años era ilegal en Alabama. En 1957 tuvo lugar el incidente en Little Rock (Arkansas) cuando nueve niños negros se matricularon en un colegio para blancos. La Guardia Nacional del Estado, (gobernado por el partido demócrata) impedía a los niños entrar, pero finalmente  fue reducida por el Ejército, enviado directamente por Eisenhower (miembro del partido republicano) para resolver la crisis y dejar entrar a los niños. Estos son sólo dos ejemplos del clima que se respiraba en los EE.UU. por esos años, plagados de violencias por una y otra parte, que tuvo su culminación con el asesinato de Martin Luther King en 1968. Hay que conocer la historia de aquellos años en Norteamérica para comprender mejor textos como éstos.

 LA NOVELA: PARALELISMO AUTOBIOGRÁFICO

Ambas novelas tienen rasgos fuertemente autobiográficos: Finch era el apellido de soltera de la madre de Nelle, (Frances Cunningham Finch) la cual padecía una enfermedad mental, por lo que no participó en la educación de sus hijos, y en la novela, la madre muere joven de un ataque coronario y no aparece como personaje. Quizás vestigios de esa madre enferma mental podrían verse en el personaje de Bo Bradley, en Matar un ruiseñor. Y el apellido Cunningham aparece y es motivo de un capítulo en Ve y pon un centinela.
Monroeville es fácilmente reconocible en el imaginario condado de Maycomb que conforma el marco de las dos novelas. Y probablemente muchos de los rasgos de Atticus los extrajo de su propio padre, Amasa Coleman Lee (periodista, abogado y miembro de la  legislatura de Alabama de 1926 a 1938). Antes de tener su título de abogado, A.C. Lee defendió en una ocasión a dos hombres de color acusados de asesinar a un tendero blanco: los acusados fueron considerados culpables y colgados. En el caso de la novela, Tom Robinson es condenado y muere al intentar escapar de la penitenciaría.
El personaje de Dill, el niño que viene a pasar una temporada en Maycomb, está claramente inspirado (y es público) en Truman Streckfus Persons, más tarde Truman Capote, que a los 4 años fue enviado a Monroeville a vivir con unos parientes, cerca de la casa de la familia Lee. Ambos fueron compañeros de juegos infantiles y después amigos literarios.
Nelle, como Scout, creció como un chico, asilvestrada. Era la cuarta de cuatro hijos, (Alice, Louise y Edwin, fallecido a los 32 años). En la novela sólo tiene un hermano, Jem, que la autora hace morir joven (como de hecho murió su hermano real) de un ataque coronario. También como Scout, fue escolarizada en Montgomery en un colegio femenino, donde se mantenía al margen del resto de las chicas, descuidando su aspecto y concentrándose en la literatura. Todo esto se repite tal cual en la novela. Scout carece de un patrón femenino materno y se educa de modo masculino. El choque se produce con el cambio físico de la pubertad, cuando se da cuenta de que lo asuma o no, es físicamente una mujer. Asimismo, la autora, como la protagonista, al acabar sus estudios universitarios se estableció en Nueva York con 23 años, regresando periódicamente a Maycomb/Monroeville. La vida en Nueva York le da otras perspectivas y la mirada que dirige a los suyos es más crítica y feroz.

LA NOVELA: PERSONAJES Y  TRAMA

La novela, que inevitablemente abordamos tras haber leído Matar un ruiseñor (y sobre todo, haber visto la película, cuyo guión escribió Horton Foote y la autora visitó repetidas veces el rodaje y dio el visto bueno  al film) supone que han pasado veinte años aproximadamente, e implica un cambio de punto de vista radical.
Sin embargo, en Ve y pon un centinela, no es el personaje de Atticus Finch el que da un giro, como se ha dicho en la mayoría de las reseñas y críticas mediáticas. No se convierte de “héroe defensor de los negros” en “maldito segregacionista”. Así describe a Atticus en la novela:

“El secreto de Atticus Finch para vivir era tan sencillo que resultaba por ello profundamente complejo: mientras que la mayoría de los hombres intentaba estar a la altura de los códigos de conducta de su elección, Atticus aplicaba el suyo al pie de la letra sin darse aires, sin aspavientos ni angustia vital alguna. Tenía el mismo carácter en público que en privado. Su código de conducta era la ética sin complicaciones del Nuevo Testamento, y su recompensa el respeto y el cariño de todos cuantos lo conocían. Incluso sus enemigos lo querían, porque Atticus jamás se daba por enterado de que eran sus enemigos.”

En mi opinión, Atticus es el mismo, con los naturales cambios de veinte años más maduro. Un abogado que respeta la ley y que, aunque trate a todos con cortesía y educación, intentando llevarse bien con todo el mundo, sin embargo no es partidario de las propuestas políticas anti segregación de la NAACP. Y tiene sus razones, desde luego. En las conversaciones desarrolladas en la novela explica su postura claramente: se considera un “demócrata jeffersoniano”; en Alabama, donde la población negra es mayoritaria, pero en un estado tal de pobreza, analfabetismo y laxitud, utilizar el rasero del igualitarismo supondría un caos. Otras medidas previas se imponen.


Por el contrario, es el personaje de Jean Louise Finch, Scout,  la que pasa de una visión infantil en la que percibe el mundo sin distinguir realidad de ficción, idealizando al padre como un héroe, supliendo la ausencia de madre con Calpurnia, una sirvienta negra, etc. Los niños Finch -que su padre mantiene en un estado asilvestrado y de libertad no habitual- viven en un mundo irreal, que no sabe de las diferencias sociales ni raciales vigentes en su entorno.
La Jean Louise cuya mirada encontramos en esta narración, veinte años después,  está viviendo en Nueva York y lejos de su Maycomb natal,  que solo visita una vez cada año. Y es en esta ocasión en la que se entera de algunos hechos en relación con su padre que la perturban  profundamente,  hechos que analiza desde su nueva perspectiva neoyorquina y supuestamente adulta.
La novela oscila con pinceladas que muestran la vida en Maycomb, un pueblito con todos los elementos de los pequeños pueblos, que son similares en todas partes, y los peculiares de Alabama, con los cambios que se han ido produciendo desde que la protagonista era una niña hasta el momento actual, situado en los años cincuenta; plagada de recuerdos y anécdotas de la infancia; sobre todo, del paso a la adolescencia, destacando la confrontación con los hechos y los personajes que la rodean en la actualidad.
La tía Alexandra, separada de su marido, sigue viviendo con Atticus para ayudarle; el tío John Hale Finch, Jack, un médico soltero, erudito en literatura que aparece en Matar un ruiseñor, y se va del pueblo, ahora regresa y su papel es más importante; y finalmente, el amigo de la adolescencia y medio novio Henry Clinton, Hank, con quien Scout mantiene una relación más amistosa y fraternal que amorosa,  entre otras cosas porque Jean Louise no tiene muy definido su rol sexual.

“Jean Louise nunca había tenido plena conciencia de ser una chica. Su vida había estado repleta de acción intrépida y porrazos: luchar, jugar al fútbol, escalar, mantenerse al ritmo de Jem y superar a cualquiera de su edad en cualquier competición que requiriera destreza física. Cuando se calmó lo suficiente para prestar atención, pensó que le habían gastado una broma pesada: de pronto debía ingresar en el mundo de la feminidad, un mundo que despreciaba, que no podía comprender y del que no podía defenderse, un mundo que la rechazaba.”

La sociedad que acogió a la pequeña y ahora joven Jean Louise era y sigue siendo una sociedad clasista, donde no sólo se marcan fuertes diferencias entre razas, sino entre clases sociales. La tía Alexandra considera a Hank y su familia como “gentuza”, por no ir más lejos.  Con una población negra mayoritaria, analfabeta y en un estado económico lastimoso, que comienza a ser jaleada por los grupos políticos, la población blanca que detenta el poder tiembla y se defiende creando en 1955 la tercera versión del Klan.  Y Atticus, puesto que sigue ejerciendo como abogado, con la asistencia de Hank, está inmerso a todas estas situaciones. Este panorama es lo que encuentra la protagonista, y se sorprende de ello, cuando en realidad nada ha cambiado radicalmente, salvo que ahora el tema es más candente y las posiciones se han radicalizado, la violencia aumenta y las miradas se cargan de odio y de temor. La vieja Calpurnia ya no la reconoce como la pequeña Scout, sino como una odiosa mujer blanca.

«¿Por qué he perdido en dos días todo lo que amaba en este mundo? ¿Jem también me daría la espalda? Calpurnia nos quería, juro que nos quería. Estaba ahí sentada, delante de mí, y no me veía, veía a una blanca. Ella me crió, y no le importa. No siempre fue así, juraría que no. Las personas solían fiarse unas de otras por alguna razón, he olvidado el porqué. Entonces no se vigilaban como halcones. Hace diez años no me habrían mirado así al subir esos escalones. Ella nunca se ponía tan estirada con nosotros…»

Esto es lo que muestra la novela, alternando los recuerdos con una mirada más atenta a su alrededor, una mirada indignada. La reacción de Jean Louise es aún adolescente, poco adulta; le humilla que su padre, su familia y su amigo Hank se vean inmersos en esa sociedad -que es la suya también- y su primer impulso es el rechazo y la huida. Prefiere el mundo irreal neoyorquino, donde todos son muy progresistas y revolucionarios. El padre, sin embargo, le dice: “Te quiero, haz lo que gustes” le dice. En el siguiente diálogo, Atticus aclara su posición a su hija:

“—Jean Louise —dijo—, déjame decirte algo con la mayor claridad de que soy capaz. Estoy anticuado, pero lo creo con todo mi corazón. Soy una especie de demócrata jeffersoniano. ¿Sabes lo que es eso?
—Hum, creía que habías votado a Eisenhower. Pensaba que Jefferson era uno de los grandes pilares del partido demócrata o algo así.
—Regresa a la escuela —le dijo su padre—. Para lo único que le sirve Jefferson al Partido Demócrata hoy en día es para poner su retrato en los banquetes. Jefferson creía que la plena ciudadanía era un privilegio que tenía que ganarse cada cual, que no era algo que pudiera concederse a la ligera, ni tomarse a la ligera. A su modo de ver, un hombre no podía votar por el simple hecho de ser un hombre. Tenía que ser, además, un hombre responsable. El voto era, para Jefferson, un privilegio precioso que uno se ganaba en una… una economía basada en el «vive y deja vivir».”

La tía Alexandra intenta sin éxito integrarla en la comunidad, consiguiendo una reacción muy adversa. Tanto las ideas políticas de la clase social a la que pertenecen, como el mundillo femenino al que debería integrarse, a Jean Louise le producen un rechazo. Hank, por su parte, apenas está esbozado: es un joven simple y trabajador, que lo único que quiere es continuar subiendo socialmente a la sombra de Atticus, de quien es asistente legal, y todo lo demás le parece soportable, aquel es su pueblo y desea vivir allí, con Jean Louise.
En esta ocasión el tío Jack, que vive voluntariamente aislado en sus recuerdos y sus libros, pero se entera de todo, es la figura que se impone  saliendo de su caparazón por un rato y despertando a su sobrina del sueño y la ficción en la que vive, haciéndola poner los pies en tierra, su tierra. Y lo hace como haría un buen médico ante una paciente con un ataque de histeria, aunque ahora lo juzgarían como políticamente incorrecto.

LA NOVELA: ESTILO

El texto parece difícil de entender sin haber leído antes Matar un ruiseñor: narrada en primera persona por una  Jean Louise Finch de seis años, en esa novela Scout ofrece su visión de Maycomb, durante la Gran Depresión. Los juegos infantiles con su hermano Jem y un amiguito, Dill, se ven impactados por un hecho dramático: un joven negro, Tom Robinson, es acusado de violar a una joven blanca y Atticus, el padre de Scout, asume su defensa legal.  La reacción de los segregacionistas liderados por el padre de la joven supuestamente violada es inmediata y los niños van a verse afectados por el proceso.  Atticus aparecerá ante los ojos de la pequeña Scout como un héroe legendario, aunque la realidad, previsible, es letal para el joven Tom Robinson, que es declarado culpable y muere en una penitenciaría.



Narrada esta vez en tercera persona, Ve y pon un centinela sigue adoptando el punto de vista de Jean Louise, ahora con 26 años, pero con un cierto distanciamiento. Como novela independiente, resulta poco creíble porque falta por un lado información, y por otro se mezclan los episodios de la infancia con los de la adolescencia y la actualidad. La indignación de Jean Louise ante el redescubrimiento de su padre del que apenas sabe nada no se entiende bien. Resulta más interesante el proceso de su complicada adolescencia e ingreso en el mundo femenino, aunque de los años posteriores en Nueva York no aporta apenas información; también es algo inverosímil que lleve años visitando a su familia y no se haya dado cuenta de nada hasta este momento….Y lo que cuenta del pasado, a modo de flash back, es un breve resumen repetitivo de algunos momentos de Matar un Ruiseñor. Es más, una parte importante de los textos referentes a la etapa infantil  y a las descripciones de Maycomb y de la familia Finch incluso llegan a repetirse casi con las mismas frases que en Matar un ruiseñor, y esto es un hecho comprobado, si se comparan párrafo a párrafo ambas novelas. Esto lleva a pensar con una base más sólida que lo que se nos ha presentado como novela no es sino los restos de un viejo borrador. Probablemente los restos desechados por la editora y que de algún modo no se decidieron a eliminar. 
El texto discurre a tramos como un lento río, donde dominan los recuerdos y flash back, descripciones del paisaje y de la vida idílica y tranquila; sin embargo, en otros las declaraciones de principios son verdaderos discursos políticos, creando torbellinos, explosivas torrenteras.  No se perciben bien ensambladas las dos temáticas: la infancia y adolescencia en el pueblo, los problemas de identidad de Jean Louise,…y las opiniones políticas confrontadas, al tiempo que se destruye la idea del padre/héroe y  se muestra la posición inmadura de la joven.
Como novela, no mejora Matar un ruiseñor, aunque no carece de ciertas virtudes memorables, justamente aquellas en las que recrea el viejo Maycomb. Sin embargo la domina la necesidad del mensaje directo, lo que suele estropear el efecto literario, al margen de que se esté o no de acuerdo con las ideas que se expresan en la historia.  
  

Fuensanta Niñirola



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