12/9/16

CASAS ALEGRES

LA CASA DE LA ALEGRÍA

The House of Mirth, 1905

EDITH  WHARTON

Alba editorial, 2008
Colección: Clásica Maior  
Traducción: Pilar Giralt

Es difícil encontrar escritores que profundicen tanto en la psicología de sus personajes femeninos. El que se suele considerar su maestro o, al menos, su influencia más notable, el escritor Henry James, cuya facultad de bucear en la psique humana es altamente destacable, en la mente femenina cede el paso a su amiga y aventajada discípula, Edith Wharton. Pero no sólo es la psicología femenina de lo que trata la escritora neoyorquina: la certera y detallada descripción, no exenta de una mirada crítica y cáustica, del escenario social que la rodeó a ella misma en su juventud, con cuyos personajes convivió hasta que fue seducida por Europa, tras casi treinta años de desgraciado matrimonio.

Casi todas las novelas y relatos de Wharton ambientados en el Nueva York de finales del XIX y  principios del XX, describen a una élite social, un mundo cerrado, una “casa de alegría”. La alegría de vivir que describe Wharton es la alegría del poder, el poder sustentado en la riqueza y disfrutado como un don divino, la inconsciencia de esa vida alegre, tras la cual se esconde el agresivo mundo de los negocios, la bolsa, los que pagan. Es, pues, una alegría frágil, como se verá a lo largo de la novela.
Ésta trata del ascenso y caída de una bella dama, Lily Bart, que desde su orfandad y desamparo económico a pesar de pertenecer a una buena familia neoyorquina, vive bajo la protección de una tía suya, que sí posee una posición relevante y poderosa, si bien su educación e ideología ultra conservadora no le permite ver con buenos ojos ninguna clase de dispendio ni conducta novedosa en las jóvenes casaderas.
La señorita Bart ya lleva diez años con su tía y está finalizando la veintena, sin haber decidido la cuestión matrimonial aún. En el nivel social en que se mueve, el futuro de una dama es el matrimonio y de no ser así, si no dispone de capital propio (como es el caso) se vería obligada a depender de una posible herencia o de la protección por parte de algún pariente económicamente poderoso. «Una chica no tiene más remedio, un hombre sólo se casa si quiere».
Sin embargo, la señorita Bart es un modelo de belleza, buenas maneras, cultura, y savoir vivre. Ha recibido –y declinado- muchas ofertas matrimoniales. Goza de la admiración masculina, y de la amistad femenina, de muchas familias de la alta sociedad, recibiendo constantemente invitaciones a fiestas, vacaciones en el extranjero, estancias prolongadas en casas de campo, cenas, palcos en la ópera, cruceros…En todas estas situaciones, se espera de Lily Bart que cumpla determinadas funciones, sugeridas siempre por las anfitrionas. En suma, Lily es un bello florero (fue educada para eso) y debe perfumar los distintos ambientes. Ha de corresponder a las invitaciones con variados comportamientos, atentos siempre a las sugerencias de quienes la invitan. Y mientras tanto, lanzar sus redes entre las distintas opciones y posibilidades de futuro.
La trama que se urde en esas reuniones sociales es complicadísima y Lily demasiado incauta para darse cuenta de hasta donde pueden llegar las maquinaciones tanto de damas como de caballeros para conseguir sus fines, que no son del todo respetables aunque las apariencias los presenten de otro modo.
A lo largo de la novela Lily se verá paulatinamente atrapada en una tela de araña en la que más de un personaje espera tenerla en su poder. Curiosamente, la relación con Lawrence Selden resulta ser la que más le atrae por su trato y lealtad, pero este personaje, por su condición económica de menor rango queda descartado como posible opción matrimonial.  En cambio, otros aspirantes a ella son francamente detestables, como Rosedale,  nuevo rico cuyo deseo de entrar en la alta sociedad supera cualquier disimulo; o como el pazguato de Percy Gryce, cuya única pasión es su colección histórica, y que la sola mención de algunas de las aficiones de Lily le hace salir huyendo. Mención aparte la merecen aquellos caballeros casados, como el  obsesivo y sudoroso Gus Trenor, o  el pusilánime George Dorset, que desean los “favores” de Lily y que no dudan en “comprarla”, es decir, pagarle sus facturas. Cuando ella se da cuenta de que le van a pasar al cobro en especie, …es demasiado tarde. La única vía que encuentra es la huida. Pero no puede huir constantemente y llegará un momento en que su situación se hace francamente angustiosa. Con las nuevas circunstancias Lily irá comprendiendo que las que consideraba sus “amigas”, no son tales, y que la han estado utilizando pero cuando ya no les conviene, la marginarán, y destrozarán su reputación. Su caída es inevitable, la tela de araña que la envuelve cada vez es más espesa. Lily Bart bajará de peldaño social, poco a poco. Primero pasará de la alta sociedad, de la aristocracia, a los nuevos ricos, aspirantes a aristócratas, con dinero pero sin abolengo. Después pasará a intentar realizar alguna ocupación remunerada, y finalmente quedará desahuciada y hundida en la miseria, pero es incapaz de recurrir al chantaje que se le llega a proponer para recuperar su puesto.
Incapaz tampoco de sincerarse con el único amigo que podría salvarla, Selden, cae en la soledad más triste, si bien es justamente una pobre trabajadora, Nettie Struther, antigua conocida a la que Lily ayudó años atrás, la que le proporciona unos momentos de entrañable felicidad, como cuando coge a su bebé en sus brazos.
En todas estas historias los personajes se mueven siempre en un mundo de adultos; los niños, los hijos pertenecen a otra esfera: o están a cargo de las niñeras o en los colegios internos. El trato de madres e hijos apenas existe o Wharton no lo considera: pero el momento que pasa en casa de Nettie, cuando la deja acunar a su bebé, es un breve instante de felicidad que ella solo atisba, comprendiendo que ya está al margen incluso de eso.
En suma, una narración perfectamente hilvanada y cuya trama no sólo destapa los hedores que una apariencia social impecable esconde tras de sí, sino que muestra a qué se podía ver abocada una mujer decimonónica que se negara a seguir las normas establecidas y no aceptara su papel en el teatro de la vida.  Una gran novela, impecablemente escrita y traducida, que merece la atención del lector.

Edith Wharton  -de soltera Edith Newbold Jones-, (Nueva York, 1862 - Saint-Brice, Seine-et-Marne, 1937) es una de las más notables escritoras estadounidenses. Nació en una familia rica que le proporcionó una sólida educación privada. Combinó su privilegiada posición con un natural ingenio para escribir novelas y relatos, que destacaron por su humor, carácter incisivo y escasez de acción narrativa. Asimismo, trabajó en diversas publicaciones.
En 1885, a la edad de 23 años, Edith se casó con Edward Robbins Wharton, doce años mayor que ella, y de quien se divorció en 1913. Desde fines del siglo XIX, Wharton produjo un gran número de novelas, libros de viajes, relatos (entre los que destacan algunos cuentos de fantasmas memorables) y poemas. La crítica considera como su primera gran novela La casa de la alegría.
En 1907 se estableció definitivamente en Francia, donde fue discípula y amiga de Henry James.









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