29/4/12

EL GRAN MEAULNES


MEAULNES, EL GRANDE

ALAIN-FOURNIER

Trad.: Ramón Buenaventura
Ed. Alianza literaria, 2012


Estamos ante un clásico de la literatura juvenil francesa contemporánea. Una novela de culto, que ha sido lectura de cabecera de una gran parte de la población juvenil gala durante años. Contiene en sí distintos elementos, si bien podría decirse que el hálito de Proust la impregna en su conjunto: la iniciación a la vida de un adolescente; la introspección psicológica y el recuerdo; el ambiente de la Francia rural; una profunda descripción del paisaje, que cobra un enorme protagonismo, y un toque de romanticismo decimonónico, con pinceladas de misterio, brumosas, inquietantes, como toda la secuencia en la que Meaulnes descubre la misteriosa Heredad, y la fiesta que allí se desarrolla, los disfraces, los niños…todo un mundo onírico. La acción discurre entre los últimos años del siglo diecinueve y los primeros del veinte.
La narración es contada en primera persona –aunque con incisos: cartas, diálogos, relatos de terceros― por uno de los dos protagonistas, François Seurel, un adolescente introvertido, inseguro y marcado por una enfermedad que le mantuvo durante años apartado de juegos y  deportes, y por tanto de la vida social infantil. Vive en el internado que dirige su padre, en el pueblito de Sainte Agathe (región de Sologne), pero sin embargo apenas ha hecho amistades entre los alumnos. Acostumbrado a la soledad, a la vida ordenada y normativa, prosaica, desarrolla una intensa vida interior, hasta que se encuentra con otro solitario, Augustin Meaulnes, el verdadero protagonista, cuyo carácter es todo lo opuesto a François: aventurero, pura acción, en constante búsqueda del ideal, la utopía y el paraíso perdido. Atrae inmediatamente la atención de todos: en unos, la envidia, en otros, el seguimiento apasionado.  
Más tarde aparecerán dos personajes clave: el evasivo Frantz de Galais, y su dulce hermana Yvonne. El primero produce una vívida impresión en Meaulnes, cuando le conoce en la fiesta de la mansión familiar, perdida en la foresta.  Surge una fuerte amistad entre ambos: los dos tienen un temperamento semejante, romántico, aventurero. Yvonne, también en la fiesta, provoca en Meaulnes una reacción distinta: la pasión amorosa, como la que existe entre Frantz y Valentine, la novia perdida. La aventura está servida. A partir de este encuentro se suceden los acontecimientos que determinarán la vida de este grupo juvenil.
Los espacios donde se desarrolla la acción son, principalmente, los campos, bosques, prados que rodean el colegio y el pueblo; la vida interna del colegio, con las rutinas y los sobresaltos; la Heredad, mansión de los Galais; y una breve parte urbana, en París y en algunos de los pueblos de la comarca. La naturaleza, flora y fauna, clima, etc. se convierte en un protagonista más de la narración, hasta el punto de que los personajes están en íntima relación con ella, dando un tono de misterio e irrealidad a muchos tramos de la historia.
La amistad y el amor, la iniciación, pues, a la vida adulta de estos jóvenes que viven inmersos en sueños e ideales, la búsqueda del paraíso perdido, ideales que más tarde verán truncados, es el tema central de la narración. Aunque, como decía Rimbaud, «una obra de arte se puede interpretar literalmente  y en todos los sentidos» por lo que podemos hacer distintas lecturas de esta obra. Y es, entre otras cosas, esa capacidad de generar muchas interpretaciones la que le confiere ese carisma que la ha convertido en novela de culto. Henry Miller sugirió que «algunos como Alain–Fournier jamás lograron desertar de esta orden secreta de la juventud». La corta vida de Fournier no dio para más. La huella de esta obra podría rastrearse en otras, como por ejemplo en la de Julien Gracq, que tiene muchos elementos semejantes, sobre todo en su interpretación de la naturaleza, cargada de misterio; y también en el cine: Los chicos del coro o Adiós, muchachos, por ejemplo, son películas donde se respira un clima parecido. Como tal novela, fue llevada a la gran pantalla en 1967  por Jean-Gabriel Albicocco. En 2006 se estrenó una nueva versión cinematográfica, con la actuación del cantante francés Jean-Baptiste Maunier y la actriz francesa Clémence Poésy.
En esta edición, el traductor ha optado por cambiar el orden de las palabras en el título: Meaulnes, el grande,  según Buenaventura, resalta el doble sentido del adjetivo, ya que el remoquete que los alumnos le colocan a Augustin se debe, en principio, a su altura y constitución física, y posteriormente, a su capacidad para acometer empresas, una vez ganada la fama. También se ha posicionado en cuanto a otros términos, como la Heredad en vez de la Mansión, o los bohemios en vez de los gitanos. Todo ello lo explica en una nota previa.

Henri-Alban Fournier, (1886-1914) que adoptó el seudónimo de Alain-Fournier, nació en La Chapelle d'Angillon, donde sus padres eran maestros. Pasó su infancia en el campo, en la Sologne. En 1903 Alain-Fournier comenzó los estudios preparatorios en Lakanal (Sceaux) antes de intentar examinarse para la facultad de Literatura. Fue allí donde conoció a su mejor amigo, Jacques Rivière. Ambos mantuvieron correspondencia durante toda su corta vida. Rivière se casó con Isabelle, la hermana de Fournier, en 1909. A los dieciocho años se topó con la mujer de su vida: una bella desconocida, a la que siguió y esperó insistentemente hasta que consiguió un encuentro, a la salida de la iglesia. Al preguntarle su nombre, ella susurró: «Yvonne de Quiévrecourt». Pero inmediatamente le advirtió que no tratase de volver a verla pues estaba comprometida en matrimonio. Este frustrado encuentro, junto a otros evidentes elementos autobiográficos, proporcionaron las bases de la novela. Fournier sólo vio un medio para mantener su recuerdo: darle vida como Ivonne de Galais, personaje de El Gran Meaulnes. Aún bajo los efectos de aquel encuentro, escribió múltiples poemas y ensayos, publicado en el volumen Miracles.  En 1910 trabajó como periodista para el Paris Journal, y por esta época se enamoró de Jeanne Bruneau, que luego aparecería como Valentine en la novela, que escribió a lo largo de los dos años siguientes. El gran Meaulnes se publicó diez meses antes de su muerte, ocurrida en septiembre de 1914, justo un mes después de alistarse. En octubre, Fournier hubiera cumplido los 28 años.





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