30/11/10

MUJERES EN GUERRA

Aventuras como éstas nos retrotraen a otras épocas, épocas en las que se escribía de otro modo. Sin ser el más grande escritor, Dumas es lo suficientemente grande como para hacernos pasar estupendas horas sin poder despegarnos de las páginas de sus libros, y disfrutar emocionados de las intrigas, los amores y los dramas de unas vidas en una turbulenta época donde héroes y villanos, damas y caballeros, princesas y reinas hacen historia, mientras que el autor escribe su historia, a su vez.

Alexandre Dumas (Villers-Cotterêts, 1802- Puys, 1870), prolífico escritor galo, a veces confundido con su hijo homónimo, tuvo su propia vida casi de novela. Su padre era el general francés Antoine Alexandre Davy de la Pailleterie, que se casó con una esclava negra de Santo Domingo, Marie Cessette Dumas, de cuya unión nació el escritor. Fallecido el padre cuando Alexandre contaba apenas cuatro años, su educación corrió a cargo de su madre, siendo muy deficiente y teniendo que ponerse a trabajar desde muy joven. En 1823 se instaló en París y entró al servicio del Duque de Orleáns como escribiente. A partir de 1825, en que se estrena su primera obra, un vodeville, su carrera literaria de dispara. Viajó por Suiza, Italia, Bégica, Alemania, España y Argelia; tuvo varios hijos ilegítimos (entre ellos, Alexandre Dumas, también escritor, autor de La dama de las Camelias). Tuvo un colaborador muy estrecho –hoy le llamaríamos un negro-, Auguste Maquet, que le ayudó con algunas de sus novelas, dada la enorme producción de Dumas, gran parte de ella por entregas en diversas revistas literarias, lo que le obligaba a un ritmo tremendo. Conocidísimo por Los Tres Mosqueteros y El Conde de Montecristo, desarrolló la novela histórica  a la “dumasiana”, es decir, modificando la historia cuando convenía a la acción de sus novelas. Experto en narrar aventuras y crear tensión y emoción a raudales, su fama traspasó fronteras.

La guerra de las mujeres (1844) fue publicada por entregas, en el diario La Patrie, y al parecer Dumas fue llevado a los tribunales por el director, ya que los capítulos aparecían con demasiada irregularidad. Parece bastante probado que Marquet colaboró en su elaboración con Dumas, aunque el estilo permanece intacto.

La acción se sitúa en plena insurrección de La Fronda, (1648-1653) con el príncipe de Condé prisionero en Vincennes y las dos grandes mujeres, Ana de Austria y la Princesa de Condé dirigiendo los movimientos de tropas que las enfrentan. Son los mismos años en que se ambienta Veinte años después, la obra que cierra la historia de los mosqueteros.
Y a un nivel más cercano, otras dos mujeres luchan también, Nanon de Lartigues y Claire de Cambes; luchan por el amor de un hombre desde bandos enfrentados: el Barón de Canolles, personaje real. Entre medias, el aventurero pícaro Cauvignac, personaje de ficción, cambia de identidad y de bando según soplan vientos de una u otra clase, y no duda de usar cualquier medio para salir adelante y salvar el pellejo, involucrando a otros muchos personajes y creando un verdadero caos.
La Fronda fue una insurrección en la que una parte de la nobleza se enfrentó a la Corona, en un momento en que el rey, Luis XIV, aún era niño y la regencia estaba en manos de una mujer, Ana de Austria, aconsejada por un intrigante Cardenal Mazarino, que además era, al parecer, su amante. 

Novela de aventuras interesantísima, de ritmo in crescendo,  con ambiente, hechos y personajes históricos reales, aunque con algunas variaciones que Mr. Dumas se permite en su desarrollo. Pero la fuga de Chantilly, por ejemplo, fue real, aunque el personaje engañado tuviera otro nombre. Y el asedio de Vayres, la toma de Burdeos, etc. son hechos reales, aunque en los detalles el autor juegue un poco. Para el no conocedor de esa época histórica francesa, resulta un tanto confuso al principio entender qué está pasando allí, y quién pertenece a qué bando. Para suplir esas carencias, el traductor/editor Mauro Armiño nos ayuda con un magnífico prólogo, y una gran cantidad de notas aclaratorias a pie de página, en donde nos ilustra sobre los personajes reales que van apareciendo, y las disparidades entre la acción en la novela y los hechos históricos, cuando las haya.
En la trama, intrincada y llena de dobleces e intercambios, personajes que se hacen pasar por lo que no son, disfrazados o suplantando a otros, jugando constantemente con la tensión de lo que ellos no conocen y el lector sí, anticipando la acción y sin saber hasta el último momento lo que ocurrirá. Mr. Dumas es verdaderamente un maestro en este juego. Las mujeres, efectivamente, en esta guerra son las que marcan las pautas, ante la ausencia de los varones principales (el rey, niño y Condé, prisionero). Y las mujeres, ya se sabe, mudamos de parecer con bastante facilidad, sobre todo, si hay hombres de por medio. Así, entre el honor de los nobles caballeros y el ansia femenina de venganza, los amores y los deseos, las penas y las alegrías, mientras se asedian ciudades y se disparan cañonazos, los mensajeros cabalgan, las damas se esconden tras el disfraz de hombres, y los hombres se enmascaran y embozan con sus capas, tenemos una novela que no nos da un respiro y que leemos de una tirada sus seiscientas dieciocho páginas.

27/11/10

CONFERENCIA DE GABRIEL CASTELLÓ

La tarde literaria valenciana, a pesar del aumento de frescor otoñal, se anima cada vez más. Ahora es la Librería Espacio Lector Nobel la que ayer organizó una conferencia para celebrar su primer aniversario. La conferencia estuvo a cargo de Gabriel Castelló, que nos habló de la novela histórica en general, y en concreto, de la novela histórica valenciana, para finalizar hablándonos brevemente de su novela Valentia.
La sala, no muy grande, estaba llena; entre el público podíamos reconocer a otras autoras, como Marta Querol, y Amparo Andrés.

Gabriel nos hizo una muy interesante introducción del tema, hablando de los grandes autores que iniciaron lo que se ha venido en llamar novela histórica: el Salambó de Flaubert, el Quo Vadis? de Sienkiewicz,... declarándose como un gran admirador de Blasco Ibáñez, cuya novela Sonica la cortesana fue una de las primeras novelas ambientadas en la Valencia romana. Ello le dio pie a destacar los largos años de ausencia de autores que escribieran sobre la Valencia anterior al Rey Jaime. Por no sabemos bien qué razones –apuntó que posiblemente de corrección política, desgraciadamente- los autores han preferido otros temas, más contemporáneos o históricos pero situados en otras localizaciones. Existen, sí, algunos contemporáneos: el portugués Joao Aguiar, que escribe sobre Sertorio, personaje que retomará Gabriel en su novela; J. Maeso, L. Arsenal, S. Posteguillo, J. Sanchez Adalid, Eslava Galán, pero que aunque se ocupan de la Hispania prerromana y romana, apenas rozan Valencia.
Existen, por supuesto, autores no españoles que se ocupan de la parte hispánica romana, o la cartaginesa, y destacó a la australiana Colleen McCullough, a la británica Lindsey Davies, al alemán Gisbert Haefs,...en fin, autores que han tratado algo de Hispania, pero ninguno se  había ocupado de Valencia.

Esto supuso un reto para Gabriel, valenciano de origen y residencia, amante de su patria chica, de sus paisajes y sus gentes y, por supuesto, de su historia. Así que decididamente se lanzó a investigar sobre el tema, lo que le sumergió profundamente en un mar de datos y de ideas que finalmente se tradujo, por destilación, en su por ahora primera novela Valentia; ya que, aunque ha escrito muchos artículos sobre temas arqueológicos, y de investigación histórica, aún no se había decidido a lanzarse al ruedo literario propiamente.

La acción de Valentia está situada en los años de la guerra civil entre el general Sertorio y otro general aún muy joven, llamado Pompeyo el Grande. Mezclando personajes históricos reales con otros de ficción pero de probada verosimilitud, consigue engarzar una trama muy atractiva, donde hay vida cotidiana, negocios, intrigas, guerras, viajes, y aventuras, mediante los que vamos conociendo el origen de la ciudad y su modo de vida hasta que es destruida por Pompeyo, sofocando la rebelión sertoriana.

Tras la exposición del conferenciante hubo un animado debate entre el público, que posteriormente pasó a degustar un vino de honor, generalizándose ya la charla y acabando la velada. Felicitamos desde estas páginas a la Librería por su iniciativa, que esperamos se repita, y a Gabriel por su ameno verbo y su simpatía.





25/11/10

OLEAJE EN LA RED

Reseña publicada en: http://www.elplacerdelalectura.com/2010/11/cada-siete-olas-daniel-glattauer.html


Tenemos ya la segunda parte del original y exitoso libro del escritor y periodista austríaco Daniel Glattauer (Viena, 1960), Contra el viento del norte, libro que ha sido ya reseñado en estas páginas. La narración continúa donde se quedó, y se desarrolla exactamente del mismo modo que en su primera parte: un continuo intercambio de mensajes por correo electrónico. No hay narrador, no hay escenario, no hay nada más que un listado de mensajes. Con lo que nos cuentan podemos hacernos una idea del escenario, del tiempo y de sus emociones, sentimientos y diversos movimientos.

El origen es azaroso: si recordamos en un breve resumen del libro anterior. Emmi, felizmente casada con Bernhard, quien convive también con sus dos hijos, fruto de un matrimonio anterior, envía un mensaje a una dirección equivocada. Hasta ahí todo es de lo más corriente. Pero la equivocación se vuelve a repetir y provoca un intercambio de envíos y respuestas entre el receptor de los mensajes, Leo Leike, un asesor de comunicación universitario. Los mensajes aumentan y son cada vez más ingeniosos, surgiendo la atracción entre ambos. Mantienen entre ellos ausencia de detalles sobre sus vidas privadas. Tampoco hablan propiamente de sexo, como podría pensarse. Lo que realmente les atrae no es el sexo, es la personalidad del otro. El misterio de sus edades, su físico, sus pensamientos...el juego de verdad y mentira, que es una poderosísima atracción. Hay un encuentro físico entre ellos. Lo sabemos por los mensajes del día siguiente. Y ocurren otras cosas, también, acabando el primer libro abruptamente por la intervención de un tercer personaje, y los mensajes se interrumpen.
Y es aquí donde comienza la segunda parte.

¿Quién da el primer paso? Emmi, por supuesto. Desde el comienzo ha sido ella la que ha dado siempre los primeros pasos. Recomienza, pasados tres meses de silencio, un intento de establecer contacto. La excusa es que sigue un tratamiento terapéutico y le es recomendado dar este paso. Tras una cierta insistencia, se restablece la comunicación. Volvemos al tira y afloja de etapas pasadas, pero hay un nuevo factor: Leo, en su estancia bostoniana ha conocido a una mujer, Pamela, con la que se prepara para convivir. Esto trastorna un tanto inconscientemente a Emmi, que a su vez ha marcado unas distancias con Bernhard, aunque sigue ligada a los niños, a los que no quiere abandonar. A lo largo del libro, se van produciendo encuentros físicos, un total de siete (de ahí el título): muy sutiles, siempre en lugares públicos, cafés, restaurantes, pero cada encuentro aumenta sensiblemente la ligazón emocional entre ellos. El asunto con Pamela origina situaciones verdaderamente tensas, tiempos muertos, temporadas de silencios y distancias. Las carencias de información y las revelaciones repentinas trastocan dramáticamente las posiciones de cada uno. Poco a poco los mensajes van recomponiendo las piezas que conforman la relación entre Emmi y Leo. Van colocando a cada uno en el lugar que les corresponde.
Cuando creemos saberlo todo acerca de ellos, y que ya está todo dicho, el autor va extrayendo información y nos va sorprendiendo.
Los siete encuentros son comparados al efecto de las siete olas, leyenda que descubre Emmi en unas vacaciones  pasadas en la Gomera (Canarias): “aquí cuentan la historia de la indómita séptima ola. Las primeras seis son previsibles y equilibradas. Se condicionan unas a otras, se basan unas en otras, no deparan sorpresas. Mantienen la continuidad. (...)Pero ¡Cuidado con la última ola! La séptima es imprevisible. A veces estalla. Siempre ella, siempre la séptima.”
Y en la obra, efectivamente, el séptimo encuentro decide sus vidas.

En parte minimalista, en parte poético, en parte realista y prosaico, el discurso que la obra –que no llamaría novela, porque no lo es- nos muestra es algo tan cotidiano como el comienzo y desarrollo de una relación: la casualidad, la curiosidad, la necesidad de comunicación, de afecto, de sentirse escuchado, aunque sea a través de un medio tan impersonal como una pantalla y un teclado, donde no se usa más que el lenguaje escrito. Los malentendidos, la soledad y la inseguridad de la vida cotidiana, que adopta sus formas contemporáneas pero reproduce sentimientos universales, humanos, absolutamente humanos.
El amor/desamor, el orgullo, la humillación, la compasión, el perdón y sobre todo, la necesidad de sentirse arropado, unido de algún modo a alguien que te acompaña, aunque sea virtualmente, a distancia, pero cuyo corazón late al mismo ritmo, y cuyo deseo aumenta cada minuto que pasa, mientras que cada silencio crea el pánico al olvido, al abandono.

Utilizando la terminología informática actual, los medios tan en boga en la era de Google, llega a un amplísimo público entre los veinte y los cuarenta que se identificará fácilmente con los protagonistas. Aparentemente superficial, llega a profundizar en la psique humana y en las bases de la relación amorosa. No es Madame Bovary, ni Anna Karenina, pero transmite un mensaje muy parecido, aunque en un tono más de comedia que de drama. Comedia urbana, ya que está escrito como una representación teatral, comedia no en el sentido jocoso, sino en el sentido de expresar con un fondo de humor las preguntas trascendentales de la vida: quienes somos, de donde venimos y adonde vamos.  Con un medio tan aparentemente simple como es el mensaje de correo electrónico, se construye un castillo de naipes, un encaje de bolillos, se engarza una trama que consigue interesar, emocionar y mantener la tensión de lectura, con lo que leemos Cada siete olas con fruición.



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