8/9/11

NUEVA YORK EN EL RECUERDO

LA FERIA DEL MUNDO
(World’s Fair, 1985)
E. L. DOCTOROW
Ed. Miscelánea, 2010
La feria del mundo es otra más en la larga lista de novelas del escritor norteamericano Doctorow (aunque publicada por el autor en 1985). La Feria se refiere a la Exposición Universal de Nueva York del año 1939-40, coincidente con el comienzo de la II guerra mundial en Europa. Con ese motivo, Doctorow rememora en ficción su infancia hasta llegar a ese año.
En una entrevista, Doctorow confiesa que “Nueva York siempre ha sido el punto de contacto entre el viejo y el nuevo mundo. Cuando yo era niño, no dejaban de llegar a la ciudad refugiados prominentes que huían de la Europa de Hitler –actores, compositores, escritores, científicos, pintores, psicoanalistas y filósofos– que enriquecieron nuestra cultura de un modo muy desproporcionado en relación a su número. (…) He vivido la mayor parte de mi vida en Nueva York o muy cerca de Nueva York. El resultado es que me siento más o menos en casa en cualquier otra ciudad del mundo. Nunca he pensado en Nueva York como en un territorio literario a explorar. No se abre camino en mis libros como un escenario que yo haya elegido sino como la vida. Sencillamente parto de la base de que Nueva York es lo que la vida es. No es un lugar, es la vida.”
La feria del mundo está principalmente contada por una voz infantil, Edgar, que varía conforme va creciendo y en la que reconocemos al autor, niño. Salpicada la narración por otras voces, provenientes de su madre, Rose, su hermano Donald y su tía Frances, que aportan sus versiones -con su distinto ángulo de visión- de algunos hechos que el protagonista no presenció o enriquecen con otros datos los que él mismo cuenta. Todas las versiones son personales, hablan en primera persona.

Novela de iniciación, nos cuenta la vida cotidiana, las relaciones familiares, y cosas que eran importantes para un niño al ir creciendo; como el primer contacto con la escuela,  con el lenguaje y la religión hebrea, visitas a los abuelos, o unas vacaciones en la playa de Rockaway. La mirada el niño que trata de ir descubriendo el mundo, empezando por lo que le rodea más íntimamente: la familia, su hermano mayor, el barrio. De vez en cuando le llegan noticias del lejano mundo que es la política, la llegada triunfal de Lindberg, Europa, Hitler, noticias que llegan mezcladas con las aventuras radiofónicas del superhéroe “La Sombra”, las películas de Chaplin o Laurel & Hardy, los comentarios sobre los problemas que los judíos iban teniendo no sólo en Europa sino en su propio barrio y cómo defenderse. Sus primeros bombachos, -entonces cada edad tenía sus ropas-  y los primeros pantalones largos nos van indicando su crecimiento, además de la manera como se va enfrentando al mundo que le rodea.
Las tensiones entre el  padre, Dave, y la madre, Rose, ambos de origen judío, pero de divergentes ambiciones y cuyas disparidades en cuanto al dinero es fuente de conflictos permanentes; las actividades de su hermano mayor, como avanzadilla que le informa y le protege, aunque a veces se burle de sus chiquilladas; la senil abuela materna que vive con ellos, y que se escapa de casa cada dos por tres. El tío Willy, aparcado a temporadas en la casa familiar; las apariciones de la tía Molly y sus novios; los abuelos paternos, de mejor posición social, en cuya casa de la playa pasa algunas temporadas.

De todo ello nos habla el pequeño Edgar, eco de ese otro Edgar maduro, el escritor Doctorow que rememora los años de esa infancia podríamos decir que bastante afortunada, dentro de lo que cabe. Edgar fue un niño que –ocho años después de su hermano- llegó por sorpresa, y siempre se lo decía su madre: ¡no te esperábamos!, sin embargo fue un niño querido, bien cuidado y cuya infancia discurre amablemente y sin demasiados sobresaltos. También nos cuenta la tremenda experiencia de su ataque de apendicitis, que estuvo a punto de llevarle al otro mundo, y gracias a la decisión y contactos de su tía Frances se salvó. Los problemas de su padre con el negocio (una tienda de artículos musicales) y los progresos de su hermano Donald en los estudios y en su vida le ocupan otros capítulos. Y pone punto final relatando la visita a la Exposición Universal del año 39, situada en Flushing Meadows.
Una novela entrañable, con el dominio ya reconocido que Doctorow tiene del lenguaje, y su buen hacer en la narrativa. Y un recorrido por los distintos rincones de Nueva York, toda la ciudad, no sólo Manhattan, paso a paso y con una mirada inocente.

Edgar Lawrence Doctorow (Bronx, Nueva York, 1931) es escritor estadounidense, de origen judío y ruso, en tercera generación; muy ligado a su ciudad natal, Nueva York, que es el escenario de gran parte de sus novelas. Su obra narrativa se ocupa, en especial, de la historia de su país. Se educó en la Bronx High School of Science y en el Kenyon College. Trabajó como lector en diversas editoriales neoyorquinas, colaboró en prensa como periodista y, desde 1969, fue profesor en varias universidades. Recibió en 1998 la National Humanities Medal. A partir del 52 impartió clases en la Columbia University. Fue editor de la New American Library y de la Dial Press en los 60. Desde 2006 ocupa la plaza Glucksman Chair de Letras Estadounidenses en la Universidad de Nueva York. Su primera obra, publicada en 1960, fue Bienvenido a los malos tiempos; después ha escrito una larga lista de novelas, relatos y obras teatrales. Algunas de sus novelas han sido llevadas al cine con gran éxito,  como Ragtime (1981, Milos Forman), y Billy Bathgate (1991, Robert Benton). Otras muestran diversas facetas de la vida de su país durante las décadas de 1920 y 1930, como El lago (1980) y La feria del mundo (1985), de la que ahora nos ocupamos. Suele mezclar hechos reales, muchas veces autobiográficos, con elementos de ficción.


1/9/11

24 HORAS POR CARTA: CONSTANCE DE SALM


VEINTICUATRO HORAS EN LA VIDA DE UNA MUJER SENSIBLE
CONSTANCE DE SALM
Postfacio de Laura Freixas
Ed. Funambulista, col. Intempestivos, 2011



Esta breve novela es una deliciosa obra epistolar: consiste en una serie de cartas –cuarenta y seis- en las que una dama abre su corazón al lector durante veinticuatro horas, en las cuales asistimos al desarrollo de una pasión febril. A través de cada carta vamos descubriendo –in crescendo- el origen de los hechos que han motivado tal pasión, aunque por el momento sólo conocemos su versión, y más adelante, la de un ferviente admirador, que, queriendo ser de ayuda, acaba por echar más leña al fuego. El broche final lo pone la versión, también por carta, del amante de la dama, desembocando todo en un final que recompone el caos pasional con el orden y la lógica de la razón.
Constance Theis de Salm, (Nantes, 1767-1845) poetisa y escritora francesa, hija del conde de Nantes, alto funcionario que le proporcionó un ambiente cultural inmejorable  después princesa por matrimonio, en 1802 con el príncipe Joseph de Salm-Reifferscheidt-Dyck, -un aristócrata que goza de las simpatías de Bonaparte- tras su divorcio del cirujano Jean-Baptiste Pipelet de Leury, su primer marido, con el que se había casado en 1789 y del que tuvo a su única hija, Agathe. Alternó sus estancias entre el castillo de Renania y París, donde mantuvo un Salón Literario, al que asistían, entre otros, Lafayette, A. Dumas y Alexandre von Humboldt.
Menos conocida que Madame de Stäel, pero en una línea semejante, Madame de Salm publica poemas en revistas literarias como el Almanach des Muses, es la primera mujer admitida en el Lycée des Arts, y podría encarnar perfectamente la Corinne de la Stäel. Como Laura Freixas destaca en el postfacio, esta novela se inscribe en la tradición comenzada con La princesa de Clèves, (1678),de Mme. de Lafayette, tradición en la que destacan otras famosas obras epistolares y en el que la pasión amorosa y los celos son tema principal, como las Cartas (1734-7) de Mme, de Sevigné, o Las amistades peligrosas(1872) de Ch. Laclos, Asimismo, la obra de Madame de Salm puede verse culminada, -según Freixas- en el mismísimo Proust, concretamente en Albertine desaparecida.
En un breve texto introductorio, la autora, en la dedicatoria, le cuenta los motivos que le llevaron a escribir esta obra tan diferente de las anteriores, y cómo fue su realización. La finalidad de la obra es moralizante; Madame de Salm quiere mostrar del modo más evidente posible, el grave tumulto que organizan las pasiones en el cerebro humano, sobre todo en el femenino, trastocando todo orden lógico y razonable de juzgar los hechos. La imaginación desbordada causa una profunda perturbación, cercana a la locura. El vaivén pasional, que observamos entre una carta y otra, según su emoción va en aumento o va conociendo nuevas informaciones que la perturban aún más, lleva a la protagonista hasta el borde de la muerte. El sistema de comunicación de los amantes, mediantes billets o notas, entregadas en mano por mensajeros fieles, hacía que la vida de una mujer dependiera de si recibía o no el billet acostumbrado o si las noticias eran buenas o malas. La protagonista está perdidamente enamorada de un hombre que la corresponde, pero que necesita asentar su situación económica y social antes de comprometerse oficialmente. Unos hechos de ambigua interpretación dan pie a que la dama amada desboque sus celos, que durante veinticuatro horas llegan hasta el más alto límite de la locura, haciéndole cometer imprudencias peligrosas que podrían haberle acarreado una grave desdicha. 
En las cartas, la autora desgrana y entremezcla reflexiones muy razonables sobre las pasiones, la relación hombre-mujer, y la posición de la mujer en la sociedad. Sin embargo, el final es convencional, la situación se resuelve de modo tradicional. Queda claro que la intención de Madame de Salm es puramente moral, un “aviso” a las demás mujeres de la esclavitud que supone una pasión y de la libertad que su dominio nos conlleva.
La edición de Funambulista  y la traducción, impecables.




Reseñado en :http://www.elplacerdelalectura.com/2011/08/veinticuatro-horas-en-la-vida-de-una.html

28/8/11

POR NUEVA YORK CON O.HENRY

LA VOZ DE NUEVA YORK
O.HENRY
William Sidney Porter

Ed. Traspiés, 2011


La ciudad de Nueva York, y concretamente, Manhattan, además de atraer por sí misma a múltiples personas por distintas razones: arquitectónicas, cinéfilas, teatrales,  artísticas, financieras,… atrae a los escritores –y a los artistas, en general-  poderosamente.  Una gran cantidad de autores literarios han visto cómo la ciudad les impactaba en profundidad y les impelía a escribir sobre sus calles, sus gentes, ese crisol de culturas y razas, ese mundo de mundos, en fin, la Gran Manzana ha sido el objeto de la mirada literaria continuamente.

Esta edición incluye doce espléndidos relatos ambientados en Nueva York. En ellos podemos observar los rasgos que caracterizan la obra de este escritor norteamericano, de la que Borges dijo “Edgar Allan Poe había sostenido que todo cuento debe redactarse en función de su desenlace; O. Henry exageró esta doctrina y llegó así al trick story, al relato en cuya línea final acecha una sorpresa. Tal procedimiento, a la larga, tiene algo de mecánico; O. Henry nos ha dejado, sin embargo, más de una breve y patética obra maestra”.

William Sidney Porter, O.Henry (Greensboro, 1862- Nueva York, 1910) fue un escritor especializado en la narración breve, el relato y el cuento, de los que llegó a escribir 381. Su vida también merecería ser llevada a una novela o una película. Nacido en Carolina del Norte, estuvo viviendo en Austin, Texas, donde fundó una revista The Rolling Stone, pero salió huyendo acusado de malversación; recaló en Houston, donde trabajó como periodista. Turbulento, aficionado al alcohol (murió de cirrosis) desde joven, saltando de trabajo en trabajo y de ciudad en ciudad, e incluso cayendo en la delincuencia, el exilio en Honduras en 1896 y la cárcel, donde pasó tres años y comenzó a escribir, bajo varios seudónimos, aunque finalmente se decidió por O.Henry. Sus últimos años los pasó en Nueva York, ciudad que amó profundamente y sobre la que escribió muchos de sus mejores relatos, algunos de ellos llevados más tarde a la gran pantalla.

Efectivamente, todos estos relatos tienen, entre otros, un nexo común: esos finales sorpresivos, inesperados, radicalmente cortantes. Otro punto en común es su humor, corrosivo, inquietante, a veces desternillante, pero siempre impregnando todas las narraciones del principio al fin. O.Henry capta la vida neoyorquina, los personajes cotidianos, las gentes que llegan y se van, el espíritu y la actitud que muestran ante la vida. Lo capta y transmite en breves páginas, lo cual es mucho más  difícil. Sus relatos son píldoras por las que vamos intuyendo el alma o como su título bien dice, la voz de la gran ciudad.

Comienza con un primer relato donde el protagonista trata de indagar cuál puede ser la Voz de la ciudad, preguntando a unos y a otros, a gentes de todo tipo de condición, ocupadas en sus asuntos, atareadas en sus idas y venidas, a quienes la pregunta les parece absurda e inútil.
El fuego de Plutón es una reflexión sobre la escritura misma, sobre el quehacer literario y la relación entre ficción y realidad.
El asesino de tontos es una divertida historia, casi una parábola moral, sobre las relaciones de padres e hijos.
La revelación de Dougherty cuenta cómo un marido descubre, tras varios años de matrimonio, qué mujer tiene realmente en su casa.
La derrota de la ciudad, por el contrario, desvela el verdadero carácter del marido para una mujer de la alta sociedad neoyorquina.
Mil dólares  muestra los problemas que puede originar una herencia cuyo origen es un tanto retorcido.
Mientras el auto espera narra una entrañable historia sobre la ficción, de cómo la imaginación nos transporta a otras vidas y el final nos trae a la paradójica realidad, por completo opuesta.
El Heraldo es una corrosiva sátira en la que se organiza una feroz disputa por un dólar…que desaparece de modo inesperado. Las descripción de la llegada de la primavera a la ciudad es impagable.
El toque de corneta es un relato que fue llevado al cine en los años cuarenta y protagonizado por Richard Widmark, en el que dos amigos, uno detective y otro delincuente, mantienen un tenso cara-a-cara que acaba como siempre, por sorpresa.
Extraditada de Bohemia es otra parábola moral, sarcástica y a la vez, entrañable, sobre una mujer que espera salir adelante emigrando a Nueva York desde su pueblito natal.
La vida completa de John Hopkins nos hace vivir la aventura de un aburrido esposo que baja a comprar tabaco…y suceden cosas inverosímiles.
Cierra el conjunto Una comedia elástica, hilarante y corrosivo relato acerca de aquellos que prefieren mirar a vivir, los que padecen el furor observandi, como dice O.Henry.

En suma, un muy bien elegido conjunto de textos breves que nos dan a conocer a un autor norteamericano imprescindible. Y que a su vez, nos muestran el alma de esta maravillosa ciudad y de sus habitantes. La traducción, a cargo de Mª Teresa Sánchez Montesinos, es correcta,  así como la presentación de la editorial Traspiés en su colección Breves.











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