3/11/13

SOLTEROS



LOS SOLTEROS
(The Bacherlors, 1960)
MURIEL SPARK
Trad.: Juan Sebastian Cárdenas
Ed. Impedimenta, 2012


Divertida y corrosiva sátira de Muriel Spark, novelista británica de larga producción literaria. Esta es su quinta novela, publicada en 1960. En ella desarrolla una intrincada trama, plena de ironía y de aguda observación, trama que gira alrededor de un juicio, o mejor dicho, de un hecho presuntamente delictivo a la espera de juicio y cuya información va pasando de un personaje a otro y al final tenemos una novela coral donde todos acaban por conocerse o tener algún tipo de relación.
No he de negar que para un lector no anglosajón resulta un tanto difícil de seguir el hilo por la cantidad de nombres, (que al principio somos incapaces de retener) profesiones, historias personales que se nos van mostrando casi sin dar un respiro, el ritmo es creciente y culmina, obviamente, en el juicio.
Paralelamente al tema central, que es una estafa realizada por un presunto médium espiritista a una dama madura, hay otros temas colindantes: el modo de vida de los solteros (masculinos y femeninos) en el Londres de los años cincuenta o sesenta; el mundo del espiritismo, muy de moda en épocas anteriores en Inglaterra, y el eterno y conflictivo mundo de los católicos británicos, siempre con problemas morales y siempre en pie de guerra. La propia autora se convirtió al catolicismo y, como otros escritores británicos de esa misma religión, inevitablemente hacen surgir ese tema en sus novelas. Graham Greene, (de quien era amiga) sin ir más lejos.

La información que pasa de mano en mano se materializa en una carta, una presunta falsificación. Esta carta va generando toda una serie de reacciones a cual más disparatada en los diversos personajes. Primero circula la información de la existencia de la carta: luego, circula la propia carta. Las situaciones que genera son hilarantes, a la vez que desprenden una soterrada lectura entre líneas, bastante corrosiva.
El despliegue de personajes es, pues,  larguísimo: comenzando por el grafólogo Ronald Bridges, un epiléptico cuyos ataques pueden producirse en cualquier momento de tensión; Mattew Finch,  periodista y amigo de Ronald, Patrick Seton, el médium acusado de estafa y que ya lleva un largo historial delictivo, generando pasiones a favor y en contra allá donde va; la camarera Alice, su amante y fiel enamorada (y embarazada), su amiga y también camarera Elsie, que no soporta a Patrick;  Marlene Cooper, viuda y organizadora del círculo espiritista La Espiral Interior, sección del grupo Amplio  Infinito, en el que la madura y crédula dama Freda Flower y su amigo el “clarividente” Mike Garland hacen surgir el conflicto al acusar de fraude a Seton. Ewart Thornton, maestro; Fracis Eccles, profesor del British Council;  Walter Prett, crítico de arte; Tim Raymond, joven sobrino de Marlene y que nos brinda escenas desternillantes; Martin Bowles, abogado que lleva el caso Seton y que a su vez reproduce una relación parecida con su madura amante Isobel Billows; Hildegarda Krall, antigua amante de Ronald, el grafólogo  y actual novia de Tim; y finalmente, el padre Socket, un supuesto clérigo de una iglesia inventada, en relaciones francamente dudosas con Garland…Todos ellos finalmente van pasando por el policía que lleva el caso, Fergusson, y al que proporcionan mas de un dolor de cabeza.
Un punto en común: todos son solteros. Las damas que alguna vez estuvieron casadas, son viudas o divorciadas. Los demás, solteros recalcitrantes. Las conversaciones sobre el carácter de su soltería, sobre el matrimonio, no tienen desperdicio, así como las reflexiones que despliegan los pertenecientes a la facción católica. Los defensores del espiritismo son ridiculizados al máximo en este texto, aunque no son los únicos, como ya digo. Todo escrito muy a la británica, es decir, con una dosis altísima de fino humor y elegancia.
En suma, un libro a leer si se quiere pasar un rato divertido y perderse un rato en esta barahúnda de solteros.

Muriel S. Camberg Spark, (Edimburgo, 1918–Florencia, 2006), escritora británica cuyo padre era un judío inglés, de origen italiano, y su madre, una inglesa anglicana. Estudió en el James Gillespie's High School for Girls. En 1934-1935 tomó un curso sobre correspondencia comercial en el Heriot-Watt College. Enseñó inglés por un corto periodo antes de trabajar como secretaria en una tienda. A los 19 años se casó con S. O. Spark y fueron a vivir a Rodesia, donde tuvieron un hijo. Pronto se separaron, Muriel volvió a Inglaterra y trabajó en el Foreign Office, en labores de contraespionaje bélico, desde 1944. Le fue concedida la DBE. Conoció y tuvo gran amistad con Graham Greene. Empezó a ser conocida con su novela The Comforters (Los que consuelan, 1957), que firmó con el apellido Spark; luego, siguió escribiendo regularmente, con un estilo punzante y eficaz.
También escribió en el New Yorker. Desde 1954, año en que se convirtió al catolicismo, residió en Italia.

Ariodante
Octubre 2013

31/10/13

VIAJEROS TERRENALES


EL VIAJERO SOBRE LA TIERRA
JULIEN GREEN
Trad.: Alvaro de la Rica
Automática Editorial, 2012


Es esta la primera narración de Green, publicada en 1927. Un relato  de corte gótico, misterioso y muy introspectivo, con una construcción compleja: compuesto de un diario inacabado, el manuscrito de Daniel O’Donovan, muerto en circunstancias oscuras; el reporte de esa muerte; un intercambio de cartas entre el director de una revista y Charles Drayton, tío del fallecido; el relato de Miss Smith, gestora de la pensión que albergó al protagonista; y finalmente, un fragmento de carta de Miss G.
Todos estos textos tratan de relatar y hacer algo de luz acerca de la misteriosa muerte de un joven aspirante a estudiante, Daniel O’Donovan, en cuya sepultura figurará el siguiente epitafio: “Muerto por la visitación de Dios”.
El diario manuscrito del joven nos trasporta a un mundo cerrado, un mundo cargado de alucinaciones, inquietudes y una terrible soledad e infelicidad. Las cartas y relatos de los demás proporcionan datos sobre los hechos externos, lo que sucedió a los ojos de los que le rodeaban. Pero en la mente humana tienen cabida otros mundos que no coinciden con el real, y así, O’Donovan vivía a caballo entre dos realidades (o al menos lo eran, para él) ambas muy angustiosas e inquietantes. El personaje de Paul, el extraño amigo de Daniel, es una de las proyecciones de la calenturienta mente del joven estudiante.
En conclusión, un relato que muestra ya una incipiente vocación literaria y a la vez trasluce algunos momentos que pudieran muy bien ser autobiográficos, en cuanto a los recuerdos infantiles o a las alucinaciones sufridas por el protagonista. Un texto a tener en cuenta si se quiere valorar la obra completa de este magnífico autor que osciló entre América y Europa.

Julian Hartridge Green, o Julien Green (París,1900–1998), fue un escritor estadounidense autor de diversas novelas, y que escribió principalmente en francés, sin ser ciudadano francés. De padres estadounidenses, fue bautizado como «Julian», cuya ortografía fue cambiada por su editor francés en los años 1920 por «Julien». Nacido en el seno de una familia protestante, se convirtió al catolicismo en 1916. En 1918 se alistó en el ejército francés, en el que sirvió como segundo teniente de artillería hasta 1919. Estudió en la Universidad de Virginia (USA) de 1919 hasta 1922, residiendo en Francia hasta 1940, que regresó a EE.UU. En 1942, fue movilizado y enviado a Nueva York para trabajar en la Oficina de Información bélica de los Estados Unidos. Green regresó de nuevo a Francia acabada la Segunda Guerra Mundial. Devoto católico, la mayor parte de sus libros se centraban en las ideas de la fe y la religión así como la hipocresía. Se identificó fuertemente con el destino de la Confederación, heredando esta versión de patriotismo de su madre, que era sureña de origen. Unas cuantas de sus novelas están ambientadas en el Profundo Sur norteamericano.


Ariodante
Octubre 2013

28/10/13

TERTULIA ROMANA- MADRILEÑA


MUJERES EN ROMA. TERTULIA EN LA HISLIBRIS TABERNAE
Madrid





Como en otras ocasiones, nos reunimos ayer en la tarde-noche madrileña, esta vez sin lluvia, un nutrido grupo de asistentes a la tertulia sobre las mujeres romanas. Para mí esta ha sido la primera tertulia desde la reforma y renovación de la nueva TABERNAE HISLIBRIS, que por cierto está quedando de cine; aún le faltan algunas cosillas de detalle, pero el local ha cambiado de signo…y por cierto: destacar que hubo traducción simultánea en el lenguaje de signos, ya incorporada habitualmente a estos actos.
Aunque en el evento del viernes, la presentación del libro La muchacha de Catulo también se tocó el tema del estatus de las mujeres romanas, fue de pasada, ya que las intervenciones se centraron, obviamente, en la novela.
En este caso, tanto Isabel Barceló como Olalla García ofrecieron un verdadero recital de conocimientos, anécdotas, informaciones históricas y curiosidades que hicieron las delicias del público, que acogió con muestras de interés y de evidente disfrute, prolongándose la velada hasta las diez de la noche, en que ya algunos partimos y otros se quedaron a degustar los deliciosos caldos y viandas del lugar.

Comenzó Isabel, aclarando que, en la medida que Roma es mucha Roma, es decir, que abarca un larguísimo periodo de tiempo, las costumbres fueron, lógicamente evolucionando y cambiando las leyes según el periodo político. Sin embargo, y como norma general, comparando con civilizaciones anteriores como por ejemplo la griega, la mujer romana libre (es decir, no esclava) disfrutó de gran prestigio y de bastantes derechos, si eliminamos el campo de la política y el militar, que les estaba vedado (aunque, curiosamente, no el de los gladiadores...).

La matrona romana, la mujer casada y las vestales en su calidad de mujeres de virginidad obligatoria, podían administrar su patrimonio, su casa y su familia, eso sí, siempre sujetas a una última supervisión del Paterfamilias. Pero mientras los hombres (maridos, hijos, padres) estaban en la guerra o en el servicio militar (o discutiendo en el Senado), lo cual ocurría casi constantemente ya que el estado romano daban una altísima importancia al ejército, las mujeres se ocupaban de que la vida siguiera adelante; dirigían el negocio o los asuntos familiares, controlaban a los criados y esclavos, criaban a sus hijos y llevaban sus casas. Incluso participaban indirectamente en algunas guerras con el apoyo económico, ofreciendo sus joyas y pecunio personal para ayuda del ejército. Eso siempre que se tratase de guerras contra enemigos externos. En las guerras civiles, las mujeres, por boca de la oradora Hortensia (caso poco común, el de la oratoria pública femenina) se manifestaron contrarias a apoyar una lucha fratricida. En otra ocasión, en la que las mujeres se sintieron discriminadas en una ley que se promulgó tras las guerras púnicas, se produjo una insólita manifestación: una multitud de matronas ocuparon el foro (lugar, por otra parte reservado a los hombres para hablar de política ) en un silencio también insólito, que duró ¡tres días! Al parecer, Catón el Viejo, que era el cónsul del momento, pronunció un discurso quejándose de que los maridos no supieran mantener en casa a sus esposas, advirtiéndoles que, si se les daba igualdad absoluta, las mujeres "siempre serían superiores".  

Lo cierto es que las mujeres aunque no participaban directamente de la política, tenían mucha influencia en sus esposos, y difícilmente se promulgaban leyes que no tuvieran una amplia aceptación femenina. Porque el papel de la mujer era importantísimo en un país cuya base era la familia, la gens, y que dedicaba tanto tiempo de los hombres a la milicia y/o la guerra .

Intervino por su parte Olalla para hablar de la importancia de las fuentes de las que recabamos toda esta información. Obviamente los datos de que disponemos se obtienen de las clases altas, los patricios o los más nobles de los artesanos o comerciantes. Los esclavos suponían cero absoluto: no había derechos para hombres ni para mujeres. Sólo los ciudadanos libres eran portadores de derechos. Las clases menores, se regían por las mismas leyes. El divorcio, por ejemplo, era una institución reglamentada desde muy pronto, así como la educación básica, hasta los 11 años, que estaba instituida para todos. La educación superior ya quedaba para los patricios, pero el resto de la población tenía garantizados los rudimentos de la lectura y escritura y cuentas.

Sin embargo, al margen de las leyes, habría costumbres mal vistas: en general, todas aquellas que suponían el exceso o abuso de algo. Y aquí a equiparaba tanto el abuso de la bebida o comida, como el abuso del sexo, al cual no le daban la valoración que tras el cristianismo tuvo y heredamos hasta la actualidad. Había, eso si, las llamadas mujeres infames (de mala fama) que eran las prostitutas y las actrices. Pero hasta eso cambió con el tiempo, sobre todo al desposar el emperador Justiniano con la actriz Teodora, convirtiéndola en emperatriz.

Otro tema curioso a destacar era el de la soltería y/o virginidad. La soltería no se aceptaba: las personas estaban destinadas a procrear en familia, y por tanto, hombres y mujeres habían de cumplir su papel, casarse y tener los más hijos posibles. Aunque había una excepción, y eran las Vestales, sacerdotisas de Vesta, cargo de gran prestigio, al cual las mejores familias se enorgullecían de enviar a alguna de sus hijas. Las vestales tenían un estatus altísimo, incluso mayor que el de las matronas, poseían grandes privilegios, aunque, como contrapartida, eran terriblemente castigadas si infringían las normas a que estaban obligadas, principalmente la virginidad. Curiosamente, además de sus funciones religiosas en los rituales de Vesta, estas vírgenes tenían una misión casi notarial: eran las depositarias y guardianas de los testamentos.

 En fin, se dijeron estas y otras muchas cosas, porque se habló hasta del legendario rapto de las sabinas y como estas se interpusieron en la subsiguiente batalla entre sus padres y ex maridos y sus ya de facto maridos y padres de hijos en curso, con gran sentido del realismo y el pragmatismo, del que más adelante hicieron gala las matronas romanas. Famosa es la pintura de Jacques Louis David, en el que una Sabina separa a dos guerreros con los brazos abiertos.
 Y con las Sabinas dejo esta crónica, que ya se alarga en demasía, porque creo que ya da por  cumplida su misión.
¡Salve, y usted lo pase bien! que diría Groucho.


25-Octubre 2013
  

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