22/8/11

EN COMPAÑÍA DE EDITH WHARTON


ENCANTO Y COMPAÑÍA
EDITH WHARTON
Ed. Funambulista, 2011


El libro que hoy comentamos agrupa una serie de siete relatos en el más puro estilo Wharton: una mirada profunda, certera y, por qué no decirlo, dramática, del alma femenina. La escritura es, como siempre, elegante, pero lo que de ella extraemos son las almas de mujeres en toda su crudeza, en su infelicidad, muy en su papel desvaído, secundario, de soporte, siempre a dos pasos por detrás del marido. Echamos en falta en esas vidas lo que Virginia Woolf llamó muy acertadamente “una habitación propia”. La propia existencia de la escritora probablemente le dio mucho tema para sus relatos. Su anodino e infeliz matrimonio y su posterior divorcio le permiten analizar su interior y poner sobre el papel sus vivencias. Los relatos están ordenados y presentados cronológicamente y  seguidos por un Postfacio de Laura Gimeno.
Edith Newbold Jones Wharton (Nueva York, 1862-Saint-Brice-sous-Fôret, 1937) escritora norteamericana con vocación europea, nació y vivió en ambientes aristocráticos de alto nivel económico. Su conveniente matrimonio a los veintitrés años con E. R. Wharton, mucho mayor que ella, acabó en divorcio tras veinte desafortunados años. Empezó a publicar a los veintinueve, lo que la convertía en punto discordante en un mundo superficial y elegante, mundo que diseccionó en sus novelas, siguiendo la sugerencia de James, sobre que debía escribir de aquello que conocía: “the first hand account is precious”: Lo importante es contar aquello que hemos vivido, aquello que conocemos muy bien; hablar de lo que sabemos. Y lo que Wharton conocía perfectamente era la alta sociedad neoyorquina, que tan magistralmente plasmó en La edad de la inocencia.
El primer relato, Las vistas de la señora Manstey (1881) casi recuerda a aquella película La calle sin sol, en la que los vecinos se turnan para recibir los pocos rayos de sol que en un rincón del patio duran apenas unos minutos. La viuda Manstey  sobrevive mirando por su ventana, que da a la parte trasera del edificio, y desde allí ve pasar las nubes, atisba reflejos de sol en las copas de algún árbol,…Esa ventana es su mundo, su perspectiva vital hecha de retazos, pero que aún así le sirve de tabla de salvación. Tabla que amenaza hundirse cuando las próximas obras en el edificio  colindante se anuncian, y su universo se tambalea.
La plenitud de la vida (1893) es el siguiente relato, que personalmente me ha parecido más flojo, un relato que desarrolla la fantasía de una conversación -en una especie de limbo – entre una dama que acaba de morir y el Espíritu de la Vida, desarrollando una reflexión sobre su matrimonio y lo que esperaba encontrar en la vida y ahora, tras la muerte.
En El dedo del destino (1901) tenemos un relato interesantísimo, en el que nos vienen ecos de películas clásicas como Laura, o  novelas como El retrato de Dorian Grey, (aunque no en el sentido en que Wilde la escribió), o incluso un cierto aroma a La obra maestra desconocida, de Balzac. Un pintor inmortaliza a la esposa de un amigo en un maravilloso retrato, pero, tras la muerte de la dama, y el paso del tiempo, el amigo requiere que el retrato sea modificado. La interacción entre el espíritu de esa mujer -por medio de la pintura- con los hombres que caen bajo su influjo nos causa na hondísima impresión.
El pretexto (1908) es igualmente una profundísma mirada en el fondo del alma femenina, desde otro ángulo. Una fiel y madura esposa que se ve asaltada por una fortísima pasión, que domina pero que a su vez la impregna y condiciona su vida, hasta que descubre que ha sido utilizada como un pretexto para otros fines.
En El diagnóstico (1930), Wharton descubre otro aspecto de las mujeres, poniéndose en la piel de un hombre ante las puertas de lo que cree su final, con lo que nos descubre que también una mujer puede usar sus armas para conseguir sus objetivos. No por el hecho de ser mujer todo está permitido, obviamente. Y en este caso es el hombre el que se da cuenta de haber sido cruelmente usado por una mujer que dice amarle.
Encanto y Compañía (1934) es una delirante sátira, absolutamente cargada de humor corrosivo, en la que un exitoso hombre de negocios de Wall Street hace el negocio de su vida casándose de modo algo precipitado con una emigrante rusa supuestamente de alto postín, cuya característica principal es la de poseer una interminable parentela que va cayendo sobre las espaldas del sufrido esposo.
La permanente (1935) es el último relato, una corta narración sobre malentendidos y confusiones, que en cierto modo recuerda El diagnóstico, aunque menos elaborada. La importancia de saber si es miércoles o jueves puede hacer que cambie toda la visión de la vida de una mujer…o de un hombre. La traducción de este relato me ha parecido mejorable, francamente. El resto de los relatos, traducidos por otras manos, los considero correctos, pero éste emplea términos algo vulgares y giros que no cuadran bien con el contexto, en mi opinión.
En el Postfacio, Edith Wharton en la distancia corta, Laura Gimeno nos habla de la biografía de la escritora, sus influencias y sus filias. De la biblioteca paterna a su fuerte amistad con Henry James, al que siempre se le ha considerado como su maestro y del que ella ha querido mostrar su independencia. La crítica de la sociedad que mejor conocía, la neoyorquina, así como el descarnado análisis de la institución matrimonial, que en su propia experiencia tan desgraciada le resultó, así como los registros de la mente y el corazón femeninos, y también los masculinos, son temas que le preocupan y le interesan sobremanera a Wharton. En estos siete relatos es el matrimonio, la relación matrimonial, el eje sobre el que gira cada historia. Curiosamente, en ningún caso hay hijos de por medio, quizás para que el análisis de la relación de pareja sea más limpio, sin las interferencias añadidas que los hijos suelen producir.
En conjunto, una obra interesantísima, breve pero densa y jugosa, de lectura atrayente, que la presentación de la editorial hace aún más agradable por su estética y su cómo do manejo.

13/8/11

DESDE CUBA, CON AMOR


 TELEX DESDE CUBA
RACHEL KUSHNER
Trad. Gabriela Bustelo
Ed. Libros del Asteroide, 2011

 Compuesta por un amplio y variado mosaico de historias cruzadas, la novela de Kushner –su primera novela, por ahora- nos presenta un panorama de los convulsos años cincuenta en la Perla del Caribe. Un políptico que proporciona diversos recortes con los que el lector va componiendo o recomponiendo una imagen de Cuba, a modo de un collage. En sus días de soledad, tras la muerte de su esposa, el viejo K.C. rememora, mirando viejos álbumes y recuerdos de su vida infantil, lo que le fue sucediendo a las personas que conoció. Nunca llegó a saber qué le ocurrió verdaderamente a su hermano Del, una vez que decidió regresar a EEUU, al año del triunfo castrista. Sin embargo, Everly sí regresó y volvió a encontrarse con Willy, el criado jamaicano del que estaba perdidamente enamorada en su niñez.
Compuesta de modo coral, va desgranando los hechos desde distintos enfoques. Principalmente, con la voz de dos niños: un adolescente, K.C. Stites, (hijo menor del director de la división cubana de la United Fruit Co.) que, nacido en Cuba, consideraba aquel país –lo que conocía de él- como su tierra natal, era todo su mundo. La otra versión es la de Everly Lederer, una niña poco agraciada pero curiosa, que llega a Cuba con su familia cuando tiene alrededor de diez años, y compara lo que ve allí con lo que ha dejado en los EEUU. Dos miradas inocentes, pues. La ingenuidad y el asombro con que van descubriendo algunas cosas que ocurren allí, las explicaciones que ellos mismos se dan y las que los adultos les ofrecen, el contraste brutal entre la vida que llevan los anglos y la de los cubanos, incluso los propios empleados o las figuras importantes de la política local. Todo ello nos llega como si nosotros también mirásemos dejando prejuicios al margen, sin plantearnos anticipadamente lo que ya sabemos que ocurrió.

El niño nos cuenta en primera persona los acontecimientos más notables vividos por él: su relación con los niños Allain, que suponía una libertad desconocida para él; el incendio de los cañaverales; la fuga de su hermano Del a la sierra con los rebeldes; sus breves juegos con Everly y con otros niños; la caza del tiburón martillo con su hermano; y las reacciones de la familia ante la creciente avalancha que finalmente les echó del país donde había nacido. Malcolm Stites, el padre, dirige la compañía y a su familia manu militari. Y está al pie del cañón cuando la plantación es incendiada por los insurgentes castristas.
La versión de la niña nos es narrada en tercera persona, y visitamos con ella el interior de las familias (los Carrington, los Mackey, los LaDue, los Havelin…) que viven en ese mundo especial, en ese cerrado universo donde hay unas barreras invisibles que les impiden relacionarse con los otros, los que no son como ellos, los cubanos, los jamaicanos, la gente de color. Salvo si pertenecen al servicio de la casa.

Asimismo se nos presenta un punto de vista radicalmente opuesto: el del activista-mercenario francés La Mazière y sus relaciones con la bailarina zazou Rachel K, amante de Batista y a la vez colaboradora de Castro, pero también amante de Stites. Es la otra vida, el mundo adulto. Situados en La Habana, en el Tokio, club nocturno donde la chica de las medias de malla pintadas, atrae a unos y a otros a su camerino. Para contar el universo mental de La Mazière, la autora emplea otro tono; incluso parece escrito por mano diferente, quizás la parte más floja del libro. En ese mundo habanero no podía faltar un breve cameo de Hemingway en su amado Floridita.

A base de ofrecernos distintos ángulos o puntos de mira, acabamos por hacernos una idea, de componer el rompecabezas cubano, pero no tanto de los hechos más conocidos, aunque también nos cuente algunos. Lo más importante es ese recorrido por el interior de las casas y las familias, el ambiente, las conversaciones entre las esposas norteamericanas, las reuniones en el club, las fiestas de los niños, lo que comentan con los criados, lo que ven y lo que imaginan, lo que sueñan y lo que realmente sucede.
El difícil equilibrio que la Compañía trata de guardar entre los sucesivos dictadores y los rebeldes de la sierra, los barbudos, a veces se hace insostenible: Batista es un impresentable, y además, ¡mulato! Los hermanos Castro, hijos de uno de los grandes terratenientes cubanos y plantadores de caña de Oriente, son el garbanzo negro. Oscilando siempre entre unos y otros, pero con la esperanza de sacar adelante la Compañía, Stites y todo su mundo se desploma con la toma del poder por Castro: la evacuación en barco de la mayoría de la población norteamericana es un relato demoledor, contado con la voz de los dos adolescentes, K.C. y Everly: la descripción de la huida y muerte del mono Poncho, está cargada de simbolismo, a la vez que una amarga ironía.
 
Novela atractiva, con el encanto y la frescura de la ingenuidad, esta novela despliega al lector un conjunto de detalles interesantísimos y muy ilustrativos de los últimos años de la Cuba pre-castrista. Sin mostrar preferencias pero con un inevitable punto de vista, la mirada de Kushner se dirige al interior de las mansiones de los directivos de la Compañía, a su centro neurálgico, y también a las casas de los empleados, los criados, los niños, las esposas, el pequeño mundo de los norteamericanos en la isla y sus relaciones con los cubanos. Se centra, sobre todo, en las dos ciudades costeras Preston y Nicaro, pero no sólo nos habla de la vida de los anglos, sino de cómo viven y trabajan los macheteros, los capataces, la guerrilla en la sierra, el ambiente que se respira en la ciudad, la sordidez de los clubs nocturnos, las plantaciones de caña de azúcar, y las minas de níquel.

Rachel Kushner (Eugene, Oregón, 1968), periodista, editora, ensayista, estudió en la Universidad de  Columbia, NY. Ha escrito diversos relatos  para revistas y esta es su primera novela, publicada en 2008. Su madre pasó varios años de su adolescencia en Cuba, en el complejo de la United Fruit Co., que poseía casi toda la provincia de Oriente de la isla. Por tanto, maneja información de primera mano sobre la vida cotidiana de esos años en los que se fue gestando la revolución castrista y la caída del régimen de Batista.

 Reseña publicada en:






6/8/11

CUÉNTAME UN CUENTO....NORTEAMERICANO

PIONEROS. CUENTOS NORTEAMERICANOS DEL SIGLO XIX

Edición, Introducción y Biografías:
Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan
Ed. Menoscuarto, 2011

Reúne este libro un conjunto variopinto de dieciséis cuentos, precedidos de una interesante e ilustrativa introducción que trata sobre el cuento norteamericano, analizando sus características y comparándolo con la tradición europea, ya que al ser un país tan joven en todos los sentidos, sus referencias literarias no pueden ser otras que las del viejo continente. Comienza por Washington Irving, de cuyo Libro de apuntes de Geoffrey Crayon (1819-20) el editor extrae la narración considerada como una de las precursoras del cuento en Norteamérica: Rip van Winkle. Y termina con Fiebre romana (1934), de Edith Wharton, que, a pesar de ser escritora que avanza en el siglo XX, es de las últimas en escribir a la manera del XIX.
En la antología se intercalan autores clásicos, como Poe, Hawthorne, Melville, James, Twain, Crane o Wharton, y otros menos conocidos para el público europeo o español, como –por citar sólo algunos- Kate Chopin, Charles Chesnutt, Charlotte Perkins, Ambrose Bierce o Rebeca Harding, pero que son también representativos de las distintas tendencias de la escritura cuentística norteamericana en sus comienzos. Sobre todo, hay que destacar el grupo de escritoras, que publican en la década de los 80, poniendo el toque intimista, doméstico, costumbrista, de las relaciones humanas y el mundo femenino, que en esos años aún marca una abismal diferencia con el masculino.
A destacar entre ellos dos brevísimos: de Twain, Suerte, que parece un antecedente de Forrest Gump, (aunque no sea, probablemente, lo más representativo de Twain) y  el impactante La historia de una hora, de Kate Chopin; también el surreal Suceso en el puente de Owl Creek, de Bierce, así como los angustiosos Hacer un fuego de London y El bote al raso, de Crane, en los que la lucha por la supervivencia tiene trazas épicas. El relato de Charlotte Perkins, El papel de pared amarillo, resulta profundamente turbador y no  apto para cardíacos, aunque probablemente sea el que más me haya atrapado. Dos muy divertidos: La viña embrujada, de Chesnutt, y La mesa de manzano, de Melville. Los relatos de Poe El hombre de la multitud, y el de Hawthorne, El experimento del Dr. Heidegger, son ambos alegóricos.Poe y Hawthorne son considerados realmente como los primeros escritores del cuento en su versión norteamericana, los que introducen las características que les van a diferenciar de sus homólogos europeos. Y entre esas características podemos citar la ironía, (incluso el sarcasmo), la dotación de personalidad al narrador  (Hawthorne decía que el relato es la proyección psíquica de un individuo), la mirada hacia su propio país. Poe establece dos modalidades de cuento: de detectives y de ciencia-ficción o fantástico, que, en él se llega a confundir con el de terror. La narración, según Poe, ha de tener una unidad de efecto y ser breve, condensando su intensidad y haciendo que no haya nada superfluo, que cada frase sea la adecuada para el efecto que se busca, sin una coma de más. Melville, por su parte, introduce la historia en un contexto social, lo que le permite no profundizar demasiado en la psicología del personaje. Henry James consideraba que el cuento debía proceder de una impresión directa de la vida y no una simple copia. Mark Twain y Jack London prefieren la libertad que ofrece la vida en la frontera, por lo que ambientan sus relatos en el Oeste o el Lejano Sur, a la que Twain añade el ingrediente humorístico, del mismo modo que  Chesnutt, al toque cómico, en el habla dialectal, le imprime color. Otros, como Ambrose Bierce o Crane tienen un tema predominante: la guerra civil. Pero mientras Bierce recurre a la sorpresa al final, Crane introduce lo épico y mítico en sus historias, partiendo de un hecho mínimo y poco relevante. En cuanto a las autoras femeninas, Rebeca Davies roza el panfleto social en su afán por denuncias las injusticias, mientras que Sarah Orne y Mary Wilkins tratan la vida doméstica, los sentimientos y sueños del intimismo femenino, de los que La garza blanca es un delicioso ejemplo, como La monja de Nueva Inglaterra. Charlotte Perkins, sin embargo, nos introduce en el mundo de la psicosis. Wharton es el broche final, elegante y distinguido.
En fin, un armonioso y bien elegido grupo antológico de obras que cumplen sobradamente la función de darnos una idea del cuento norteamericano en sus orígenes. Quizás la única pega que se le pueda poner a la edición sea técnica: el diseño, más propio de un texto de ensayo científico o de texto universitario a lo que correspondía un toque más de fantasía. El papel, excesivamente grueso, dificulta el paso de las páginas y da un peso excesivo a un libro destinado a ser leído en situación de relax. Pero por lo demás, es un libro sumamente atractivo y variado, para todos los gustos.

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