14/12/10

CHAPLIN VIAJERO

MIS ANDANZAS POR EUROPA /  CHARLES CHAPLIN
Prólogo: Luis Alberto de Cuenca
Trad.: Arturo Gonzalo Aizpiri
Ed. Evohé / El Periscopio

 Un pastel de carne y riñones, gripe y un telegrama. Con estas tres razones justifica Chaplin su decisión de volver a Europa y son las razones con las que comienza su texto, mitad autobiografía, mitad relato de viajes, diario, un poco de todo.
Charles Chaplin, (Londres,1889-Vevey,1977) conocido mundialmente por su personaje Charlot, el vagabundo, fue un artista polifacético y un hombre excepcional: actor de teatro y cine, director, guionista, y compositor musical de sus propias bandas sonoras, mujeriego, viajero, inquieto por la situación social de los desfavorecidos, trabajador incansable y renovador de los hábitos del naciente cinematógrafo. Hijo de una pareja de artistas de variedades, a los cinco años debutaba en el escenario haciendo una imitación. Vivió penurias económicas y penalidades familiares, pero en 1898 ya era un experimentado actor, haciendo giras por pueblos con un grupo de chavales. En 1906 trabajó en un circo, y posteriormente en una compañía de pantomima donde coincidió con Stan Laurel. Tres años más tarde hizo una gira por París y posteriormente por EEUU. En 1913 se incorporó a la productora Keystone y llegó a Hollywood, comenzando a trabajar en su primera película, Charlot periodista (Making a Living); el mismo año rodó treinta y cinco cortos.
Dos años más tarde ya dirigía y escribía sus propios Films con la productora Essanay, disparándose su fama. Poco a poco fue creando el personaje de El vagabundo, popularizado en Francia como Charlot por su distribuidor. En el 18, ya completamente famoso y millonario, se casó con una jovencita Mildred Harris, de la que se divorció dos años después. En 1919, junto a Griffith, Fairbanks y Mary Pickford crearon la productora independiente United Artists. Su primer largo fue El chico (The kid, 1921), que fue un exitazo. Y he aquí donde se sitúa el comienzo del libro.

Tras terminar la película y estrenarla con multitudinario éxito, agotado, contrae una gripe. Para reponerse de ella, es invitado por el escritor Monty Glass a su casa de Pasadena y se le sirve de cena un pastel de carne y riñones, plato británico por excelencia.  Después de disfrutar de una velada deliciosa, reconfortado por sabores que le recordaban a su patria natal, llega a casa y se encuentra un telegrama de Londres con la sugerencia de que su presencia en el inminente estreno de El Chico sería un golpe de mano. Resultado: decide inmediatamente tomarse unas vacaciones y presentarse en Londres, y de paso, dar una vuelta por París, Berlín y si fuera posible, Rusia. En realidad no llegó a tanto, sólo hasta Berlín.

Y como resultado de ese viaje vacacional, en olor de multitudes y aclamado en su patria casi como héroe nacional, Chaplin escribe un reportaje entrañable, pleno de simpatía y emotividad, impregnado de un fino humor, con ese matiz compasivo que en sus películas siempre vemos, que nos da una visión de su efervescente personalidad y sus ideas, deseos y ambiciones. Escrito en un estilo directo, minimalista, casi como un guión cinematográfico. Ante su barrio natal de Kennington, por ejemplo, dice:“Todo está igual aunque quizá algo más deteriorado. Y, sin embargo, no es lo mismo. Estoy viendo todo esto con otros ojos. La edad intentando mirar atrás con los ojos de la juventud. Un deseo corriente, aunque vano”(pág.67).
 El viaje de costa a costa en EE.UU. lo realiza en tren, siempre acosado por periodistas y multitudes de admiradores. Se detiene en Nueva York un tiempo, antes de tomar el barco para cubrir el trayecto transatlántico. Y el trayecto en barco, que él espera relajante y tranquilo, resulta ser una constante lucha para evitar fotógrafos, periodistas y todo tipo de personas que intentan  acercarse al gran Chaplin, para acosarle con preguntas impertinentes.
La llegada a Londres, en parte liberadora del sufrimiento marítimo, le resulta impresionante: multitudinaria, explosiva: es un héroe nacional, cosa que, para el chico de los suburbios que trabajaba en un teatrucho miserable o en un circo y al que trataban a patadas en su infancia, resulta íntimamente un verdadero orgullo inesperado. Pero al mismo tiempo, también es un incordio. No puede estar solo ni un segundo, en seguida le reconocen y le acosan. Y él quiere, necesita un tiempo de soledad para volver a sus recuerdos, pasear por las calles donde aun siguen los mismos establecimientos, algunas de las personas que recordaba ver a menudo, como el viejo mendigo ciego bajo el puente, con “las mismas viejas ropas, un poquito más verdosas por la edad, y el arbusto irregular de sus barbas coloreadas casi como un arco iris, aunque con un sucio gris predominando. (...) Qué símbolo mediante el cual poder contar los años que he estado fuera. Un poco más de verde en su ropa. Un poco más de gris en su barba enmarañada.”(pág.64).

Instalado en el Ritz, siempre rodeado de amigos y colaboradores hollywoodienses, echa en falta conocer a personajes británicos de la cultura: se planta ante la casa de Bernard Shaw, pero no llega a llamar a la puerta. Se da cuenta de que todos los actores americanos que llegan a Inglaterra van a verle, y piensa que debe estar harto de ellos, como él lo está de los periodistas. Chaplin quiere ser distinto...y se va sin conocerle. Sin embargo, sí que le presentan y charla con Barrie, el creador de Peter Pan, en una cena con un grupo de amigos. A Burke, el autor de Limehouse Lights, con quien da un paseo nocturno. Y también recibe una invitación de H.G.Wells para verse en su casa del campo. Con Wells se ve en varias ocasiones y mantienen una relación muy cordial.
Finalmente, abrumado por la ingente correspondencia, (por la cual descubre que tiene seiscientos y pico “parientes” de los que nada sabía, incluidas nueve señoras que reclamaban ser su madre)  visitas, cenas, invitaciones varias, entrevistas continuas, etc., repentinamente decide irse a París. Él es así: cualquier agudeza de percepción que pueda tener es momentánea, efímera. O lo observo todo en diez minutos o se me escapa por completo, -asegura.

París, Hotel Claridge. ¡Qué ciudad! –exclama –es una obra maestra entre las ciudades, la última palabra entre los placeres. Allí se sorprende de que le llamen Charlot. También es recibido por multitudes, y apenas consigue pasar desapercibido por las calles. Visita, cómo no, el Follies Bergère, que recordaba mejor, el Palais Royale, y se va a los Campos Elíseos a renovar su vestuario. Apenas habla francés, por lo que sigue rodeado de su tropa hollywoodiense.

La siguiente etapa es Alemania. Berlín, Hotel Adlon, frente a la Puerta de Brandemburgo. En Alemania no han exhibido sus películas y lógicamente, no le conoce nadie. En cierto modo, le sirve de relax, es una experiencia apacible, aunque en el fondo le perturba este paso radical de las multitudes al anonimato. Por la noche las calles son oscuras y tenebrosas, y es entonces cuando uno recibe la impresión de guerra y la derrota.(pág.134) Se reúne con Kauffman, el director de los estudios Famous Players en Berlín, que le presenta a la actriz Pola Negri, cuya voz le impresiona muy agradablemente, se encuentra con el violinista y compositor  Fritz Kreisler, el abogado Werthauer, en cuya cena se arma un lío con el idioma y comete una infracción algo inoportuna.
En fin, la visita berlinesa no se alarga mucho y vuelve a Londres vía París, esta vez no quiere barco y regresa en avión, haciendo una original llegada aterrizando en una fiesta campestre donde le espera sir Philip Sassoon. Con él hace al día siguiente una deprimente visita a un hospital militar, quedando impactado y compadecido por lo que allí observa.
Hace un último viaje a París, en avión de nuevo, para asistir al estreno de El chico. La recaudación iba a ser destinada a paliar los efectos de la guerra, se había declarado ese día festivo y en la sala estuvo el tout Paris.

La despedida londinense, antes de regresar definitivamente a EEUU, la realiza con su primo Aubrey y algunos amigos, pasando un buen rato en un pub con gente sencilla y amistosa.
Con tristeza parte de Southampton hacia América. Inglaterra nunca me pareció más adorable.-nos confiesa- ¿Por qué no fui allá? ¿Por qué no hice esto o aquello? Hay tanto que me he perdido. Tengo que venir otra vez. ¿Se alegrarán de verme? ¿Tanto como yo lo estoy de verlos a ellos? Eso espero. Mis mejillas están húmedas. Me doy la vuelta y me sacudo la tristeza. No voy a volver a mirar atrás.(pág. 165)


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