ANTONIO PENADÉS
Prólogo Pedro Olalla
Ed. 2020
En 2015, Antonio Penadés, contumaz viajero histórico, ya relató su viaje por la ruta de Heródoto, siguiendo los pasos del primer historiador por Asia Menor, en su delicioso libro Tras las huellas de Heródoto. Unos años más tarde, el escritor realizó un segundo viaje fijando su inicio en el mismo punto donde acabó el primero: desde la frontera con Turquía, recorrerá las regiones griegas septentrionales, siguiendo los pasos del ejército persa de Jerjes, hasta llegar a Tesalia y las Termópilas. Atractivo indudable tiene el recorrido, y Penadés sabe contar sus aventuras, ligándolas perfectamente con evocaciones de los personajes del pasado que siglos atrás hollaron el mismo camino. Dos semanas de otoño y un recorrido de 2.500 km., siguiendo en gran parte la Via Egnatia, construida por los romanos y que atravesaba Macedonia, Tracia e Iliria hasta llegar al Adriático, uniendo Bizancio con Italia.
El eje, pues, del viajero (y del lector) será realizar el recorrido de Jerjes con la finalidad de invadir Grecia en 480 a.C. Penadés sigue teniendo un guía excepcional: Heródoto. Pero no sólo él, sino que muchos otros son citados a lo largo del texto: nombres clásicos como Tucídides, Demóstenes, Sócrates, Aristóteles, Homero… así como contemporáneos como Kapuscinski, Patrick Leigh Fermor, etc.
El autor realiza un verdadero ensayo, porque entrelaza de modo muy equilibrado, temas diversos: el relato de su trayecto, trasladando al lector las emociones –que son muchas– que el recorrido le proporciona: unas veces es la belleza misma del paisaje, otras son encuentros y conversaciones interesantes con personas desconocidas. En su mayor parte, es la sensación vertiginosa de estar pisando el mismo terreno que pisaron Sócrates, Alejandro, Demóstenes, Protágoras… y otros muchos cuya historia y obras hemos leído y releído. Llegar a una ciudad como Abdera, por ejemplo, le lleva a una interesantísima y filosófica digresión sobre Demócrito, Anaxágoras y Protágoras, así como de los sofistas.
Por otra parte, se entremezcla el tema de los refugiados y exiliados: de los refugiados griegos clásicos, como el propio Heródoto o Tucídides, pero también el problema actual y gravísimo de los refugiados sirios que intentan llegar a Europa huyendo de la terrible guerra en su país. Lo que le lleva a tratar de ver en persona alguno de los campos donde se encuentran aún en Macedonia, como Kavala o Drama, interesándose por su situación. Los encuentros realizados en estos campos son de un fuerte impacto dramático y emocional.
Penadés sigue su camino, retomando la ruta persa, pero haciendo altos y amenas digresiones relacionadas con diversos hitos del trayecto, como la que habla del canal de Jerjes, realizado por los persas en el istmo que une el continente con la península del monte Athos.

Otra interesante digresión la constituye el tema de la Atlántida, Tartessos, los fenicios y los Pueblos del mar, así como el descubrimiento por parte de Schliemann de los restos de Troya, o Evans descubriendo Knossos.
La historia de la Grecia clásica, siguiendo el recorrido programado, brota continuamente. Las guerras con los persas, las guerras civiles, como la del Peloponeso, las concepción griega de los hombres como ciudadanos frente a la de los persas como súbditos, el concepto de ciudades-estado frente al imperio, la ruptura que supuso Filipo de Macedonia y sobre todo Alejandro, que acabó con el sistema ciudadano tradicional, entrando en la fase que llamamos helenística.

Finaliza el recorrido y el libro con el impresionante relato de la batalla de las Termópilas donde Leónidas se enfrentó con sus trescientos fieles (y otros más) al inmenso ejército persa, al que no derrotó pero causó un gran desastre, demostrando la fiereza griega (en este caso, espartana, principalmente) que defendía su libertad, frente a la soberbia persa, que confiaba más en el número de sus huestes invasoras que no en su calidad y temple.
Penadés cuenta su periplo abriendo su corazón en muchos casos, impactado por lo que ve o por los recuerdos que le trae pisar las viejas piedras. Se sumerge en el paisaje como se sumerge en el mar, en sus ocasionales baños. Abierto a conversar con cualquiera que le acepte, recorre con su mirada, sus pasos o al volante de su coche no solo la geografía, sino también la historia griega, confrontando las imágenes que guarda en su corazón de los clásicos, con los griegos contemporáneos, que guardan más parecido con los bizantinos y los otomanos, -de los cuales se independizaron muy recientemente- que con la Grecia de Homero o de Pericles.
En suma: un ensayo sobre la historia, la filosofía y literatura griegas y sobre muchas cosas más, que hará las delicias del lector, tanto al aficionado a la cultura clásica como al viajero. Absolutamente recomendable.
Fuensanta Niñirola

1 comentario:
Excelente relato que marca la pasion y puedes ver web donde se encuentra gran variedad
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