5/7/10

CONRAD FOREVER


FUERA DE LA LITERATURA
Reseña publicada en:http://www.elplacerdelalectura.com/2010/07/fuera-de-la-literatura-joseph-conrad.html
“Todo novelista debe empezar por crearse un mundo, grande o pequeño, en el que sea capaz de creer con absoluta sinceridad. Ese mundo no puede sino estar hecho a su imagen y semejanza: está destinado a seguir siendo individual y un tanto misterioso, si bien al mismo tiempo debe evocar en el lector algo que sea familiar a su experiencia., a sus propios pensamientos, a sus sensaciones.”Los Libros. J. Conrad.
Joseph Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski), escritor de origen polaco y británico de adopción, nace en Berdizcew o Berdichev, en la hoy Ucrania Occidental, en 1857 y muere en Bishopsbourne, Inglaterra, en 1924. Conrad escribe en inglés, idioma que aprende a los 21 años, cuando comienza, -tras unos años en la marina mercante francesa- a trabajar para la británica, y a la que dedica veinte años de su vida. Finalmente se establece en Inglaterra, forma su familia y se dedica por entero a la literatura. En otras páginas he hablado más largo sobre su vida, una vida inquieta.
Conrad tiene una muy extensa obra literaria; principalmente novelas y relatos que mayoritariamente se basan en sus experiencias como marino y en sus viajes por los Mares del Sur, el Mediterráneo, África e incluso Centroamérica, de los que supo extraer no sólo las aventuras, sino sus profundas connotaciones filosóficas y morales, toda una cosmovisión de un mundo en decadencia, un mundo camino de su desaparición, tras la hecatombe de la Gran Guerra, mostrándonos personajes que se enfrentan no sólo a la naturaleza sino a su propia condición humana.
En algunos otros libros reflexiona sobre su propia vida y el papel del escritor, como son Crónica personal y El espejo de mar, aunque siempre de forma fraccionada y muy subjetiva. Y en el caso que nos ocupa, el libro Fuera de la Literatura agrupa una colección de 18 textos; artículos, breves ensayos sobre algunos de los temas que le interesan y le preocupan, así como también algunos recuerdos personales. Conrad no era demasiado aficionado a hablar de sí mismo y, como bien dice Martínez-Lage en su prólogo, “no se hallará en estas páginas, como queda dicho, al Conrad íntimo, porque ése no se dejó ver nunca de cuerpo entero, y si acaso está en las biografías o en su correspondencia.”
Efectivamente, Conrad recurre a sus recuerdos en su relato del viaje que muy inoportunamente hizo con su familia a Polonia en 1914, pero son simples flashes: recuerda el trayecto de su casa al colegio, recuerda el triste ambiente de su casa con su padre moribundo, y a la vez recuerda su llegada a Inglaterra, a la misma estación de la que parte ahora. Su fuerte convicción y propósito, arrostrando dificultades con el idioma y sus carencias económicas. También nos comenta sus impresiones del ambiente en los días previos a la Gran Guerra, cómo nadie la creía posible. Y sus problemas para salir de Polonia y de Austria una vez declarada la guerra.
Sólo un artículo, Los libros, nos habla de literatura. El resto son reflexiones u opiniones sobre diversos temas de índole marinera, viajes, navegación, etc. En muy destacable su enfático artículo sobre el Titanic, en el que de paso se despacha a gusto ante los nuevos progresos en navegación, despreciándolos por la pérdida del sentido tradicional, de la relación del hombre con el mar, de la capacidad de control humano frente al control mecánico, etc.
Resulta muy evocador cuando nos habla de las exploraciones geográficas y las distintas maneras de enfocar los viajes, y evoca su infancia, cómo le seducían los mapas, cómo se imaginaba a sí mismo surcando ríos y mares. Y cómo se burlaron de él sus compañeros cuando señaló un punto del río Congo asegurándoles que algún día estaría allí, cosa que ocurrió efectivamente dieciocho años más tarde. Y que dio origen a El corazón de las tinieblas.
Para Conrad, la superioridad de la geografía sobre la geometría reside en el atractivo de sus imágenes, “lo cierto es que la mayoría estará de acuerdo en que un mapa es más fascinante que una figura geométrica en un tratado de secciones cónicas”; nos habla además, de los grandes exploradores, Marco Polo, Colón, Cortés, Tasman, Cook, y los del siglo XIX, Livingstone, Mungo Park, Burton y Speke...
En otros artículos trata del tema de la navegación, del trabajo y la posición del marino, de los viajes de pasajeros frente a los viajes exclusivamente marineros: “el mar ha sido para mi un terreno sagrado gracias a esos libros de viajes y de descubrimientos, que lo han pobladote los fantasmas inolvidables, de los maestros de un oficio que, a su humilde manera, fue también el mío”.
Muy emotivo el artículo sobre la famosa Patrulla de Dover, en la Gran Guerra, donde se movilizaron en apoyo de la Armada miles de pequeños barcos, pesqueros, voluntarios y aficionados, que a veces con sólo una escopeta de caza por toda arma unieron sus esfuerzos y su voluntad de frenar el avance enemigo y ayudar a su país. Conrad rinde un emocionado homenaje a esos hombres y a su coraje, más fuerte que los pocos medios de que disponían.
Se incluye, además, el último e inacabado artículo, Leyendas, que Conrad estaba escribiendo cuando murió. Finaliza el conjunto con una introducción a una biografía de Stephen Crane, gran amigo suyo, del que se sintió enormemente afectado por su prematura desaparición.
En suma, una obra variada, aparentemente dispar, pero con una cierta unidad: su propia vida y su mirada sobre temas que le impresionaban profundamente. Y siempre, en todo momento: el mar. “El mar inmutable despierta en uno la conciencia de su pasado, la memoria de las cosas alcanzadas por medio de la sabiduría, de las cosas que se aventuran entre sus olas incesantes”


Fuensanta Niñirola

27/6/10

CIUDADES DEL MUNDO CLÁSICO











Reseña publicada en:


http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/v/P05552.ascx

El autor, Ángel Luis Vera Aranda es Doctor en Geografía, Catedrático de Enseñanza Secundaria y profesor del IES Quinto Centenario de Sevilla. Ha publicado varios artículos sobre el empleo de los medios de comunicación en la enseñanza, impartido diferentes conferencias sobre esta temática, ha sido coordinador de varias jornadas sobre educación y comunicación. Es autor de una colección de videos sobre Geografía. Ha recibido varios premios por su labor docente e investigadora.
Este es un libro que resume de un modo absolutamente didáctico y atrayente la historia de las más importantes ciudades de la Antigüedad. Aunque se concentra en la ciudad desde el punto de vista urbanístico y nos aporta una serie de datos políticos, geográficos, socioeconómicos y artísticos, sin olvidar leyendas y otras curiosidades que hacen muy amena su lectura, que de otro modo podría resultar algo ardua para el no iniciado. La obra consta de seis capítulos y una introducción donde nos avanza el tema a desarrollar y la orientación del mismo.

Las grandes ciudades de nuestro pasado grecorromano, desde el punto de vista urbanístico se pueden dividir en dos categorías, según el autor: bajo el signo del orden o el del caos. Apolíneas o dionisíacas, diríamos desde un punto de vista filosófico; ciudades como Atenas o Roma, comenzaron desde muy antiguo a construirse sin orden ni concierto, por lo que el resultado es una acumulación de barrios a cual más anárquico, y, en el caso de Roma, se llegó incluso a la construcción el alturas de hasta siete u ocho pisos, debido a la superpoblación en algunos momentos. Sin embargo, fue en Grecia donde surgió la teoría urbanística del orden: el arquitecto Hipódamo desarrolla el diseño de sus ciudades basándose en la línea recta, en los planos ortogonales, o sea, de 90º. Así se fueron edificando las ciudades de nueva planta y así los romanos la exportaron a todo el imperio, a pesar de que no pudieron hacerlo con la capital. Incluso aportaron sus propias ideas novedosas al asunto: el foro sustituye al ágora griega, siendo ambos son el equivalente a la plaza mayor hispánica, el sitio donde están los edificios principales, donde se asientan los mercados, y donde la gente se reúne para hablar, negociar, hacer política y para divertirse.

Pero todas estas ciudades han sufrido a lo largo de los siglos, el acoso, derribo y en muchos casos, su destrucción total; no sólo por la mano del hombre, sino también, y a veces de modo más definitivo, de la mano de la Naturaleza. Fuertes terremotos y maremotos acabaron o dejaron absolutamente destrozadas muchas ciudades: media Alejandría está sumergida y las exploraciones arqueológicas submarinas nos han descubierto sólo una pequeña parte. Mismamente Roma, a la que dedica dos sabrosos capítulos, es una ciudad que aun hoy en día nos depara constantes sorpresas y descubrimientos: cada vez que se amplia el metro o se hacen los cimientos de una casa, aparecen capas y capas de restos del pasado.
Antioquía, la reina de Oriente, cuna de la expansión cristiana, fue una de las más castigadas: por los romanos, los persas, los árabes...y los terribles terremotos. Ni la construcción de la colosal cabeza de Caronte consiguió salvarlos de una epidemia que diezmó la población. La perla del Nilo: Alejandría, fundada por el gran macedonio en un emplazamiento magnífico, foco cultural importantísimo y de inmensos monumentos, como el Museo y la Biblioteca, sufrió doblemente por los saqueos humanos y los provenientes del furor de Poseidón. Seleucia, Ctesifonte, Éfeso, Petra y Pérgamo, que para el público quizás son menos conocidas, son también revisitadas por el autor en un último capítulo.

En resumen: un libro ameno, interesante y muy agradable de leer, que ala vez nos proporciona unos conocimientos básicos sobre la historia de nuestra civilización.





24/6/10

HABANERA







LA HABANA, PUERTA DE LAS AMÉRICAS
Amir Valle (Guantánamo, Cuba, 1967), escritor y periodista, es licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Pertenece a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y a la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Es miembro, asimismo, de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos (AIEP). Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales como reconocimiento a su dilatada obra, entre ellos: el Premio Nacional de Cuento «13 de Marzo» 1986, el Premio Nacional de Crítica Artística y Literaria José A. Portuondo 1998, el Premio Nacional de Novela Erótica «La Llama Doble» (en dos ocasiones) 2000 y 2002, el Premio Internacional de Novela «Mario Vargas Llosa» 2006 y, finalmente, el Premio Internacional Rodolfo Walsh 2007 por una de sus libros más conocidos, Jineteras, trabajo de investigación sobre el fenómeno actual de la prostitución en la isla, y que le llevó ser puesto en la lista negra de personajes bajo sospecha por las autoridades del régimen castrista.

Pero, no acaba ahí la negrura de la circunstancia que rodea la vida y la obra de Amir Valle. Su producción, tan rica como variada, aborda el género del periodismo y el ensayo, la novela y el cuento, aunque uno de los temas a los que ha dedicado más tiempo y energía es el de la novela negra. Y fue, precisamente, a raíz de la promoción de una obra de este género cuando acontece un hecho dramático (aunque nada extraordinario en la Cuba de los últimos cincuenta años) en la biografía de nuestro autor, y que nos interesa ahora referir: la prohibición gubernamental de volver a la isla.
Con traza, asimismo, de novela negra relata Valle a continuación dichos acontecimientos en una entrevista concedida tras la publicación del libro objeto de la presente reseña, La Habana. Puerta de las Américas.:

«En octubre del 2005 salí a España a presentar mi novela Santuario de sombras, que ya en ese año denunciaba un fenómeno que dos años más tarde se pondría de moda: el tráfico de personas entre Cuba y Estados Unidos vía marítima. Cuando llegó el momento de regresar, las autoridades migratorias cubanas me lo impidieron y comencé una lucha por regresar que no creo haber perdido porque mi caso quedó bien documentado por la prensa internacional como una violación más del gobierno cubano a la libertad de movimiento de los cubanos. Pero ya en el 2007 creí haber agotado todos los sitios de denuncia y desde entonces, hasta ahora mismo, vivo en Alemania, un país que me ha abierto las puertas de su capital (vivo en Berlín) y de su cultura (tengo ya acá ocho libros míos traducidos al alemán). Lamentablemente, no he podido regresar a Cuba desde el 2005, pero he aprendido que ninguna tiranía te puede quitar algo que llevas contigo a donde quiera que vas. Y La Habana, Santiago, el pueblito Maceo donde pasé mi infancia, Guantánamo, Cuba entera, están conmigo siempre.»

Libro escrito por encargo durante su actual existencia expatriada en Berlín, La Habana. Puerta de las Américas, contiene todo lo que puede esperarse de un volumen de estas características: historia y geografía, crónica y cronología, itinerario de recorridos y estancias, memoria sentimental e intelectual de un espacio legendario. A los capítulos correspondientes a cada una de estas materias —«Las voces de la ciudad», «Crisol de culturas», «Una ciudad viva», etcétera— se le han añadido un «Glosario de términos cubanos» y un «Índice onomástico» muy prácticos.
Más que una superficial historia de la ciudad, un somero reportaje más sobre el Caribe o una guía para turistas y visitantes, el libro representa la biografía —íntima, y al mismo tiempo, abierta— del corazón de esa vieja dama, cumplidos ya los ocho siglos de existencia, que es Cuba. La Habana. Puerta de las Américas rastrea sus calles, plazas y rincones, sigue la pista de los héroes nacionales y la gente corriente, con la mirada emocionada de quien sabe de lo que habla y de quién esta hablando. Cuba es, en efecto, tierra fértil y pródiga, patria de José Martí, cantera de música mágica y de escritores inmortales. País tan imaginario como real, que ha conocido el esplendor de los viejos tiempos, pero también de los tiempos modernos, Cuba, entre las naciones iberoamericanas, fue pionera en industrialización, hasta la llegada de la Revolución. Disfrutó, asimismo, de una etapa cosmopolita, animada por casinos, salas de fiesta de nombres legendarios y muchos cines. Todo ello es aquí referido, ciertamente, con orgullo, pero sin sentimentalismo ni afectación, ni siquiera con rencor o despecho, después de todo. Tampoco con vanidad.
Con el orgullo habanero recorriendo sus venas, Valle no habla, en rigor, desde vanidad sino de «habanidad» (uno de los capítulos del libro lleva por título, justamente, «La típica Habanidad»), sin duda, en homenaje al maestro cubano Guillermo Cabrera Infante, quien fijó hace años este canto espiritual de La Habana: «Habanidad de habanidades, todo es habanidad.» Sin ningún tipo de duda, tanto para Valle como Cabrera Infante, La Habana (Cuba) no es más que eso: una fijación.
En el sitio oficial en Internet del autor cubano, puede leerse a modo de presentación esto que sigue:
«No habito Cuba: Cuba me habita. Y amo mi isla con la misma rabia en que la padezco. Amo su diversidad y padezco sus cegueras. Amo a Benny Moré y a Celia Cruz, a Fernando Ortiz y Moreno Fraginals, a Lezama Lima y Eugenio Florit, a Carpentier y Cabrera Infante, a Enrique Arredondo y Guillermo Álvarez Guédez; y padezco las razones absurdas que intentan negarle lo que son: patrimonio de todos los cubanos, por encima de credos, filiaciones, intolerancias y extremismos. Desde esa Cuba escribo.» He aquí, pues, su libro sobre Cuba.

A pesar de las circunstancias, Amir Valle, en las sucesivas actualizaciones de su página web, no ha corregido una coma de lo arriba escrito. Más que una formal declaración de principios, debe entenderse como la emotiva confesión del destino trágico, en el sentido más clásico de la expresión, de un escritor que relata su particular odisea. O también podríamos decir: el viaje de un narrador de raza para quien escribir «desde» Cuba significa todavía hoy escribir desde la nostalgia, desde el espacio dejado atrás, aunque no perdido.

Hoy, físicamente lejos de Cuba, pero anímicamente tan cerca de la isla que es su tesoro, Amir Valle acaba de terminar una nueva novela, esta vez no directamente relacionada con Cuba. El relato gira alrededor de la figura de Charles Chaplin, y en el que aparecen personajes tan distintos y distantes como Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda de Hitler; Marilyn Monroe, Joe Dimaggio, y una joven alemana de pasado neonazi. También Ché Guevara tiene un papel en esa historia.

Y es que un cubano habanero de corazón, aun en la distancia y en el tiempo, aun transitando por no importa qué género literario o nación del mundo, jamás pierde el acento en el habla ni su devoción por la Puerta de las Américas, aunque lamentablemente, y hasta ahora, siga cerrada para Amir Valle.
















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