11/1/11

EL MAR, LA MAR...

¡Espumoso mar! ¡Sonoro mar! De nuevo retorno por unos días a la cercanía marina, que me llama periódicamente, con ese sonido a caracola, ese sabor a salitre, ese azul brillante, a veces turquesa, y a veces plomo. Los marinos dicen: la mar; los de tierra, el mar. Como un hermafrodita, el/la mar, no importa cómo le nombremos, seguirá atrayéndonos a sus riberas y seduciéndonos como sirena en dulce canto. Aguas procelosas, siempre en movimiento, siempre activas, eternamente ahí. Y a él acudimos los mortales, ávidos de eternidad  y de azul. Aguas que a veces surcamos en pequeñas o grandes naves, aguas homéricas que nos transportan, como a Odiseo a otras tierras, a otros mundos jamás soñados, depositándonos sobre arenas oscuras.


9/1/11

IRÈNE NÉMIROVSKI: OTOÑO NEVADO

Reseña publicada en: http://libros2.ciberanika.com/DesktopDefault.aspx?tabid=28&pagina=letras/n/p06197.ascx
Esta breve obra, Nieve en Otoño,  es la tercera que escribió la autora, Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942). En tan pocas páginas consigue trazarnos una imagen de la emigración rusa en París, a la vez que destila nostalgia en todas sus palabras. Con los ojos de una vieja nodriza, Tatiana Ivanovna, miramos la desintegración y el brusco descenso de una familia aristócrata rusa, primero con la gran guerra y después con la revolución. La vieja Tatiana ha conocido a toda la familia Karin, les ha visto nacer y crecer, casarse y morir, ha criado a sus hijos y a sus nietos. La gran casa de Sujarevo es como si formase parte de ella misma. Todos sus recuerdos están ligados a la casa y sus habitantes. Pero la casa es abandonada y ella queda como única vigilante, hasta que es requerida su presencia por la familia en el exilio, y ella, como fiel sirviente, acude.
Sin embargo, la vieja nodriza nunca se acostumbra a vivir fuera de Rusia. Y así como la familia, mal que bien, va sobreviviendo, vendiendo poco a poco su patrimonio, empleándose en miserables trabajos y prostituyéndose de algún modo, la vieja Tatiana echa de menos su Rusia natal, su paisaje, sus gentes, su nieve. Vive soñando con ese frío paisaje blanco, que no consigue encontrar en París. Y remembranzas y  tristeza aumentan hasta que la realidad se mezcla con sus sueños.
 En las narraciones cortas es donde calibramos el poder comunicativo de un autor, y Némirovsky domina perfectamente el arte de hacernos partícipes de un estado de ánimo, de una emoción, de un drama. Corta fue la vida de esta escritora, que, como en este relato nos cuenta, también hubo de exiliarse huyendo del bolchevismo, en condiciones penosísimas, hasta llegar a Francia, donde pudo iniciar su trabajo literario y formar una familia, que también se vio truncada por su deportación a Auschwitz, donde murió con treinta y nueve años.


En toda su obra está latente o explícito el tema del exilio, la nostalgia del hogar perdido, del mismo modo que la supervivencia en un país ajeno, la prostitución emocional,  el fingimiento para sobrevivir, la doble vida. Y el tema de la muerte en el agua. Sumergirse en aguas profundas parece ser una premonición, una especie de leit motiv que resurge en sus obras, un simbolismo de lo que supone abandonar su país y su lengua y hundirse en las profundidades del nuevo país, soñando siempre con el imposible retorno.
Narración fuertemente emotiva, como es habitual en esta autora, que nos transmite una tristeza insondable, una terrible sensación de abatimiento y desespero, de pérdida de raíces, de desolación, recuerdos y soledades. La vieja Tatiana es el símbolo de la Rusia que muere, anhelando ver la blanca nieve en otoño.
Obra delicada y escueta en su lenguaje, pero que lanza una carga de profundidad a nuestros sentimientos. Leerla en una tarde lluviosa, junto a la calidez de un fuego invernal, puede ser una experiencia  francamente emotiva, que nos deja un regusto amargo y  triste, pero que nos hace sentirnos partícipes con todos aquellos que han sido desplazados de su hogar y que viven, a su pesar, lejos de la nieve.

7/1/11

TOLSTOI PÓSTUMO

EL CUPÓN FALSO-JADZHI MURAT/ ED. NORDICA
Reseña publicada en:
http://www.elplacerdelalectura.com/2011/01/especial-tolstoi-4-el-cupon-falso_02.html


Se aúnan en esta edición dos relatos cortos del gran escritor ruso, escritos en su última etapa (1904) y publicados póstumamente, en 1911 y 1912. El conde Lev Tolstoi (Yasnaia Poliana 1828-Astápovo, 1910), un clásico de la literatura mundial, cuyos máximos exponentes literarios son Ana Karenina y Guerra y Paz.  La vida de este gran hombre, de este inmenso escritor, discurre en tres periodos: su juventud, turbulenta, peligrosa, arriesgada, apasionada; su madurez, creativa, productiva, canalizando toda su fuerza impetuosa, su torrente vital en la literatura, plasmando su vida por medio de historias; y su vejez, donde la pasión, que continúa en este león humano, se dirige hacia la mística religiosa, hacia un amor a la humanidad, desbarrando por derroteros problemáticos, que le sitúan en un estado de guerra entre la familia y ciertos grupos que quieren aprovecharse de su genial senilidad. Es en esta última etapa donde se ubican los textos que analizamos.

El cupón falso, que es como decir el cheque falso,  es la historia de cómo un pequeño y aparentemente poco relevante hecho, una travesura adolescente, para conseguir un poco del dinero que el padre le niega, deriva en una cadena de delitos y de crímenes que van subiendo de tono hasta alcanzar el asesinato a sangre fría, la violencia  gratuita y el odio en las entrañas.
Así mismo, en la segunda parte del texto introduce el tema religioso: las pesadillas diabólicas  del recluso, el remordimiento y el recuerdo de sus crímenes, así como el contacto con los sectarios del primitivismo cristiano, que postulan el hermanamiento, el amor a la humanidad, y a la vez el igualitarismo: la idea robinhoodiana de robar al rico para darlo al pobre como una igualación a la fuerza,  todo esto dentro de un juego de posiciones, en el que las historias van pasando de un personaje a otro, encadenadas, y vemos la evolución de los que han delinquido a partir de aquella primera estafa juvenil. Como en un juego de sillas, donde cada jugador ocupa el lugar que antes ocupaba el vecino y viceversa, en la narración los personajes van cambiando de posición, hasta cerrar la historia con el personaje del comienzo, Mitia. De carácter y forma parabólicas, en cierto modo ejemplarizante, pero con una forma literaria impecable, Tolstoi abre y cierra la historia, anudándola.

Jadzhi Murat, el segundo relato, espléndido texto en el que el narrador nos introduce en  sus recuerdos de los años pasados en el ejército, concretamente la campaña rusa en Chechenia, mediado el siglo XIX. Una historia sucedida en Cáucaso- nos dice Tolstoi- hace muchos años, que en parte contemplé en persona, en parte conocí por boca de testigos presenciales y en parte completé con el apoyo de mi propia fantasía. Hay, por tanto, un equilibrio feliz entre la parte histórica, con personajes reales, incluyendo al propio Jadzhi Murat, lugarteniente del cabecilla musulman Shamil,  el zar Nicolás I, el príncipe Voróntsov, el príncipe Chernishov...y otros muchos.

Murat, por discrepancias con el jefe Shamil, decide pasarse a los rusos y negociar con ellos, tratando de recuperar a su familia, retenida por Shamil. Los generales rusos mantienen ciertas discrepancias sobre cómo manejarle, que la intervención del zar  en persona deja zanjadas. Pero Murat pertenece a otra cultura más atávica, no se aviene a los hábitos civilizados de los rusos. El viejo conflicto entre chechenos y rusos, musulmanes y cristianos, dos culturas antagónicas, en fin, estalla constantemente.
Tolstoi va saltando de un campo a otro, entretejiendo la narración de un soldado ruso y la de Murat y sus seguidores, la del príncipe Voróntsov y el hilo de pensamiento del propio zar, y vuelta a Murat, la intervención de Butler, soldado que en mi opinión representa al propio Tolstoi, en su juventud. La magnífica imagen de Murat a caballo, nos deja una huella indeleble: una presencia majestuosa, erguida como el cardo florido pero rodeado de espinas que origina los recuerdos del autor. Principio y final bellísimamente engarzados, con la metáfora del cardo mutilado en medio del campo yermo. 



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