17/3/13

EL GRAN AMOR DE CARLOS V


LA EMPERATRIZ  
 ALFREDO ALVAR
La esfera de los libros, 2012

Nos encontramos ante un libro muy particular. Escrito por un historiador, Alfredo Alvar Ezquerra, no es un tratado de historia; tampoco es propiamente una biografía de Isabel de Portugal, emperatriz por su matrimonio con Carlos V; no es, de ningún modo, una novelación de la vida de la primera y única esposa del monarca. Pues, entonces, ¿qué es? Es un ensayo biográfico, desde luego, pero en realidad, aunque el título y toda la obra gire alrededor de la figura de Isabel, trata tanto de ella como del emperador, de la vida española de la época, de los usos y costumbres, en fin, es un compendio de la época; un mural hecho de múltiples piezas como un enorme rompecabezas, con gran prolijidad de datos. Y en cierto modo, presentado así, con las piezas por colocar, al menos, en parte.
Alfredo Alvar ha buceado en archivos y bibliotecas, llevando a cabo una investigación sistemática: estudia toda la documentación personal de la vida política de Isabel: cartas, (sobre todo la prolija correspondencia entre Isabel y Carlos) testamentos, codicilos, informes, capitulaciones, tasación de sus bienes, pagos a proveedores, y demás escritos; en fin, todo tipo de documentos a los que ha accedido con sus propias manos: tocado, olido y sopesado. Porque Alvar prefiere ese contacto más cálido con la Historia: apreciar los trazos de la letra de un personaje histórico, las dudas en la escritura, las rúbricas, tachaduras o anotaciones al margen en un documento. Respirar el paso del tiempo a través de un manuscrito, no mirando una pantalla donde está escaneado. Sin desestimar la facilidad de encontrar documentos en la red, de sitios a los que sería muy difícil acceder, prefiere llegar a ellos en persona.
Por otra parte, Alvar ha compuesto el libro pensando en el lector común, no el académico. El tono es, pues,  informal, irregular; para él ha sido un experimento en el estilo ―según afirma en diversas entrevistas―, sin notas a pie de página, sin aparato crítico, pero dando su opinión, haciendo comentarios ―irónicos, a veces, emotivos, incluso humorísticos― y avanzando hipótesis, presentando los hechos para que hablen por sí mismos. Sin embargo, y a pesar de todo, no puede evitar que el historiador asome y nos lanza una cantidad de cifras, fechas, detalles que ralentizan la lectura y al lector común pueden abrumarle. Al final del texto, ampliará con un apartado de notas sobre cada capítulo, aportando una serie de referencias, procedencias y fuentes.
Son siete capítulos cronológicamente organizados: al comienzo de cada uno, el autor introduce un breve texto modo literario, para sumergir al lector, para atraerle y hacerle entrar mejor al tema. Alvar expone, principalmente, hechos: y muchos, a veces incluso se hace un poco agotador conocer los listados de proveedores y los precios de cada una de las provisiones; o los listados de pedigüeños, nobles que piden mercedes, solicitan prebendas, traslados, etc., y otros listados semejantes. Quiere con ello llevarnos a que saquemos nuestras propias conclusiones, aunque luego él mismo las destaque. Y de vez en cuando hace un comentario de tú a tú, al lector. Una comparación con la actualidad, o una ironía, un comentario jocoso o admirativo. Y avanza sus hipótesis sobre unos y otros aspectos.
¿Cuáles son, pues, las ideas que Alvar destaca? El amor y la cordial relación entre Isabel y Carlos, lo primero. Porque no era lo normal, en un casamiento regio, ni siquiera en uno nobiliario: los casamientos reales eran cuestiones de Estado, y podían casar a un niño con una dama madura o viceversa. Podían odiarse o despreciarse pero tenían que cumplir y  engendrar herederos. Y sin embargo, Isabel y Carlos caen rendidos de amor nada más verse. Y les dura toda la vida. Una vida dura, la de un gobernante imperial que dominaba media Europa, y una reina que también gobierna en ausencia del real esposo, ausencias continuas. De once años de casados, casi la mitad los pasan separados, si bien en constante comunicación, dentro de lo que permitían las circunstancias.  Por eso nos deja admirados ese amor, que se desprende de las cartas, de los comentarios en otros documentos, y de los hechos: las horas que pasaban en el lecho en su luna de miel granadina, por ejemplo, los comentarios personales de algunas de sus cartas, al final de la información política. El documento donde se narra la muerte de la reina comenta que el emperador, dolido y trastornado, no se quería separar del cadáver, abrazado a ella, que le tuvieron que separar a la fuerza. Quedó hundido moralmente tras su muerte, de la que nunca se repuso y no volvió a desposarse.

Carlos V e Isabel de Portugal, por Tiziano
Otra idea que destaca: la gestión del poder de la reina consorte Isabel, la sensata política que consolidará la Casa de Austria, españolizando poco a poco el aparato del Estado, en manos extranjeras  al acceder al poder el Emperador, que ni siquiera sabía español ni había nacido en España.  La homónima nieta de Isabel la Católica (Carlos e Isabel eran primos) gobierna el reino en tres ocasiones, mientras su regio esposo desplaza tropas y séquito, firma tratados, libra batallas, convoca Dietas, discute con el Papa y recorre Italia, Francia, Alemania, Flandes... Ayudada, desde luego,  por diversos consejeros y unas Instrucciones y Restricciones que su esposo le deja, paulatinamente la reina va dominando la situación, aprendiendo a llevar las riendas y necesitando cada vez menos consejeros…porque lo hace muy bien,  lo cual el propio Carlos resalta en cartas y documentos públicos. Y mientras tanto, pariendo hijos, (y viéndolos morir, en varias ocasiones) y redactando testamentos, porque cada parto era una posibilidad de morir para una mujer, (reina o plebeya) como de hecho le ocurrió en su quinto alumbramiento.

Tras llevarnos en un recorrido por la vida de la reina y de su reino, su niñez y juventud, el encuentro con el esposo, boda y feliz luna de miel granadina, los partos, la sentida ausencia del emperador, el comienzo como gobernadora, los problemas con que se fue enfrentando y solucionando, la constante preocupación por la política internacional del imperio, las sugerencias y peticiones que hace a su esposo, los informes de su gobierno, la última etapa, cayendo en la melancolía por las prolongadas ausencias del esposo,… todo ello nos traza un paisaje con figura especial.
Aunque el último capítulo está, según el autor, dedicado a las lectoras, puede interesar también a los lectores, desde luego: detalles como los libros de la emperatriz (es la biblioteca de una mujer recatada, nos dice Alvar); la ropa que se confeccionaba y cómo la reutilizaba; las joyas que usaba y lo que le habían costado; detalles de los partos, las sucesivas muertes de sus hijos y las enfermedades de los que vivieron; cómo se servía la mesa, cuántos platos, quien la asistía, etc. lo cual lleva a la vida cotidiana ―nobiliaria, claro― de la época moderna. El apartado referente a las pinturas y retratos de la reina y la familia real, es interesantísimo por sus jugosos comentarios. Quizás para el lector no demasiado habituado al ensayo histórico le abrume un poco alguna sección del libro, aquellas en la que muestra datos (con superabundancia de números ¡y fechas!) de cédulas, cartas, documentos, de modo harto extenso y detallado. Pero creo que se ve compensado por el modo como en general transmite las ideas básicas que señala a lo largo del texto.


Ariodante

14/3/13

SAGUNTO SITIADO


SONNICA LA CORTESANASONNICA LA CORTESANA
VICENTE BLASCO IBÁÑEZ
CIRCULO DE LECTORES, 1976
ISBN 84-226-1128-3
Edición no abreviada


Blasco Ibáñez (Valencia, 1867-Menton,Francia 1928), periodista escritor, viajero y político español, en esta novela, escrita en 1901, desarrolla la trama alrededor de un hecho histórico: el sitio y la caída de Sagunto (la antigua Zazintho) a manos de Aníbal y una confederación de tribus ibéricas, aliadas a los cartagineses y opuestas a Roma. Como cita en su prólogo, el propio Blasco escribió la novela en una época en la que estaba en el primera línea recurrir a temas históricos y novelarlos, (Quo Vadis, Afrodita, Salambó) pero al parecer, era un proyecto juvenil que realizó años después. Su libro se basa en un texto del poeta latino Silvio Itálico, romano nacido en España, sobre la segunda Guerra Púnica, como él mismo afirma, y del que dice haber tomado a algunos de los protagonistas.
«Sentí la imperiosa necesidad de resucitar el episodio más heroico de la historia de Valencia, sumiéndome para ello en el pasado, hasta llegar a los primeros albores de la vida nacional. Y abandonando la novela de costumbres contemporáneas, la descripción de lo que podía ver directamente con mis ojos, produje una obra de reconstrucción arqueológica más o menos fiel, una novela de remotas evocaciones. Con esto realicé un deseo de mi adolescencia, cuando empezaba a sentir las primeras tentaciones de la creación novelesca. ―nos dice Blasco en el prólogo, y continúa― Al caminar por los senderos de la huerta valenciana se ve siempre en el horizonte, por encima de las arboledas, una colina roja que es la estribación más avanzada de la sierra de Espadán, el último peldaño de las montañas que se escalonan en descenso hasta el mar. Sobre su cumbre, como amarillentas y sutiles pinceladas, se columbran los muros de un vasto castillo. Allí está Sagunto. (…). Y muchas veces me dije, con mi entusiasmo de novelista aprendiz, que algún día escribiría dos novelas: una sobre Sagunto y su desesperada resistencia; otra que tendría por héroe al Mediterráneo.»
See full size imageEl protagonista de la historia, en realidad, es el ateniense Acteón, de imponente presencia, como un dios griego. Tras vivir muchas aventuras recala en Sagunto, con la intención de sumar su espada a la defensa de la ciudad, si hiciera falta, o de vivir en paz en aquella magnífica urbe, donde muchos griegos se habían afincado, entre ellos, Sónnica, antigua cortesana que ha llegado a ocupar un lugar importante por su matrimonio con un poderoso comerciante saguntino. Enlaza entonces Blasco con el relato de la vida de esta cortesana griega hasta el momento en que se encuentran ambos y surge una fuerte pasión amorosa. Pero luego de entrelazarlos, vuelve a centrarse en Acteón, el encuentro con Aníbal, el viaje al interior, donde las tribus celtíberas  preparan la guerra, y finalmente, una vez comenzada ésta, lleva a Acteón a Roma, como delegado de la ciudad amenazada y sufriente, para –infructuosamente- recabar ayuda del Senado romano. Aníbal es el tercer protagonista en importancia, al que liga con Acteón por una supuesta convivencia infantil pasada. Todos ellos le sirven al escritor valenciano para introducirnos en la Grecia de la época, en sus costumbres y usos, así como en la Hispania pre-romana, los problemas políticos cartagineses y la gestación del conflicto que acaba con Sagunto arrasada, la vida en la Roma de la época pre imperial.

Lanza asimismo algunas digresiones comparativas sobre la mentalidad romana, la griega y la hispánica, sobre el comportamiento y la visión política de Aníbal,  la sociedad romana y sus costumbres, en fin,  toda una serie de reflexiones contrastadas sobre la vida humana, la pasión amorosa, la alegría de vivir y la voluptuosidad de las gentes…mientras domina la paz. Toda la primera parte está plena de esa voluptuosidad, tan cara, por otra parte, al carácter del propio escritor, hombre vehemente, ardiente y pasional. Porque no solo las descripciones de los encuentros amorosos (de Acteón y Sonnica, Aníbal y la amazona Absyte, los esclavos Eroción y Ranto) sino también las descripciones de banquetes, el disfrute en la mesa, las danzas y la regalada vida, en suma, de cierto nivel social contrastándolo con la dramática sordidez de las “lobas” portuarias o prostitutas de la más baja estofa, y el pueblo llano, simbolizado por el filósofo Eufobias, y otros personajes anónimos que ponen la nota discordante. La simbólica mezcla racial saguntina es manifiesta y precisamente resulta un atractivo para Acteón:
«Somos el resultado de mil encuentros por tierra y por mar, y Júpiter se vería apurado para decir quiénes fueron nuestros abuelos. Desde que a Zezintho le mordió la serpiente en estos campos y nuestro padre Hércules levantó los grandes muros de la Acrópolis, ¿quién puede marcar las gentes que aquí han venido y aquí se han quedado, a pesar de que otros llegaron después para arrebatarles el dominio de los campos y de las minas...? » (Blasco habla aquí por boca de un saguntino, en la novela)
El contraste más fuerte lo encuentra entre las tribus ibéricas y las terribles costumbres bárbaras (incluido el canibalismo) que les son habituales, descritas a propósito del viaje que realiza Acteón con Alorco, el hijo del jefe celtíbero. En el postrero viaje a Roma, por el contrario, describe al pueblo romano como hecho con otro molde: sólido, sobrio, apegado a la tierra y a sus leyes. Blasco habla de una época en la que aún Roma mantenía las virtudes republicanas, y la reciedumbre de un pueblo más preocupado por asuntos prácticos y útiles.

La ambientación, múltiples detalles sobre las ropas, las armas, los tocados y los alimentos, los cultivos y el comercio, la construcción y muchos detalles más, está cuidada y resulta meticulosa, sin ser erudita ni abrumadora. Quizás descuida un tanto profundizar en cada personaje, porque lo que le interesa es más dar una visión de conjunto y describir con tono épico un drama como fue la toma de Sagunto, y el simbolismo que desprende. Interesa en muchos momentos por los detalles históricos, emociona en otros, por la fuerza dramática manifiesta, como en el siguiente fragmento:

«El caudillo se despojó del casco, dejando suelta su cabellera de gruesos rizos; agarró después la cabeza de Terón por su ensangrentada melena, y poniendo un pie con ademán de vencedor sobre el cuerpo del sacerdote, la enseñó a los que ocupaban las murallas... Se mostraba majestuoso con la espada en la diestra y avanzando el otro brazo, que sostenía la cabeza del gigante. Sobre la oscura tez relampagueaban de orgullo sus ojos, brillantes como los discos de metal que pendían de sus orejas... Los sitiados lo reconocieron, y un grito de sorpresa y de rabia corrió a lo largo de la muralla: -¡Anibal!... ¡Es Anibal!...»




Ariodante


11/3/13

MISS BUNCLE, ESCRITORA


EL LIBRO DE LA SEÑORITA BUNCLE

D.E.STEVENSON
Trad.: Concha Cardeñoso
Alba Ed., 2012

Deliciosa lectura que se disfruta de un tirón, plena de humor y sencillez, aunque lanzando cargas de profundidad por la vía de la ironía y la parábola moral. Radiografía las costumbres, las miserias y las alegrías de un pequeño pueblo británico.  Publicado en 1934, aún viviendo la crisis generada por el crack del 29, la autora sitúa la acción en la imaginaria Silverstream, en plena campiña inglesa. Muchos escritores lo han hecho, me dirán. Efectivamente, lo han hecho desde diversos ángulos, pero el que nos presenta esta escritora es ciertamente original.
 Dorothy E. Stevenson, (Edimburgo 1892-Moffat, 1973), sobrina nieta del grandísimo escritor R.L. Stevenson, prefiere la vida sencilla y rutinaria, a las aventuras por los mares del Sur o el Caribe. La idea básica de la novela se desarrolla con estructura de matrioska, podríamos decir: una mujer escribe un libro en el que una mujer escribe un libro que a su vez cuenta que otra escribe otro libro. No, no estoy recordando a Gertrude Stein (una rosa es una rosa es una rosa…). Miss Buncle es una mujer simple, de edad indefinida, de aspecto indefinido, de esos que la gente mira a través de ellos. Y un buen día se le ocurre escribir un libro, con la sorprendente idea de que quizá pudiera ganar algo de dinero, algo de lo que andaba muy necesitada. Duda, eso sí, entre montar una granja de gallinas, pero finalmente se decide a escribir un libro. Pero la señorita Buncle no tiene imaginación…o al menos cree que no la tiene. Escribe sobre lo que ve, lo que la rodea, lo que conoce;  cambia los nombres por otros con cierta similitud, pero todo lo que cuenta es la pura verdad. Los personajes son sus vecinos y es ella misma.

Una primera parte del libro que escribe Miss Buncle (al que titula, muy significativamente, El perturbador de la paz) describe el mundo de esa pequeña y pacífica población en la que vive, y la llama Copperfield.  En la segunda parte, y aquí sí interviene una ráfaga de imaginación, la autora de ficción decide que sus personajes van a actuar como ella cree que deberían hacerlo, para mejorar sus vidas. Y ocurren toda una serie de comportamientos disparatados, provocados por la aparición de un extraño niño-duende tocando el caramillo. La perturbación que ocurre a partir de ahí en las tranquilas aguas de la pequeña población origina un maremoto, tanto en el libro como luego en la realidad. Miss Buncle, dada su inexperiencia como escritora y temerosa quizás de no poder afrontar la vergüenza de un fracaso, escribe bajo un seudónimo ―masculino, además: John Smith. Aquí la imaginación la abandona, desde luego, delatando la simpleza de su carácter. 
Ocurre que en Silverstream/Copperfield se organiza un revuelo tal que deja pasmada a la simple e insignificante autora del desaguisado: el libro se vende como rosquillas, todo el mundo se identifica con sus personajes y en general, se enfada –sobre todo, al verse, como en un espejo―, comportándose fatal ante los ojos de todo el mundo: pequeños engaños, trifulcas domésticas, desaguisados cotidianos, rencillas, maltratos y demás trapos sucios salen a relucir en el libro de Miss Buncle. Y todos lo ven. Algunos, pocos, se dan cuenta de sus errores y tratan de cambiarlos, otros se lo toman por el lado divertido, y otros, los más ruidosos, organizan la «caza y captura» del tal John Smith, aunque nadie es capaz de dar con él…que en realidad es ella. Toda una larga serie de personajes desfilan por estas páginas, unos más que otros, pero aun así, es una novela coral, con tintes casi de teatrillo ambulante.

En esta narración hay muchos temas contenidos: se reflexiona sobre el hecho literario, sobre el mundo editorial, el público lector, la relación de la literatura con la vida…y muchas otras ideas pueden descubrirse en su lectura. Pero lo peculiar es que la autora, D.E. Stevenson, juega con sus personajes como marionetas al modo como la propia Miss Buncle lo hace en su libro con sus paisanos. Y lo hace de un modo francamente divertido. Es una novela plena de ironía y de humor…británicos, por supuesto, pero que nos remiten a otras lecturas: desde el Cranford  de Elizabeth Gaskell a Penélope Fitzgerald en La librería,  o  Stella Gibbons y sus aventuras en Cold Confort Farm y algo del ambiente de las pequeñas poblaciones inglesas de las novelas de Edmund Crispin, quizá, por nombrar solo algunos.

Hay algo de cuento, de fábula moral en este relato, puesto que lo que Miss Buncle pretende es que los que obran mal cambien su comportamiento, y lo hacen en la ficción que ella crea. Pero en la realidad (que a su vez es la ficción de Stevenson) los vecinos de Silverstream, aguijoneados por el libro, empiezan a cambiar sus comportamientos en el mismo sentido que lo hacen los supuestos personajes en que se ven retratados. Se crean situaciones francamente hilarantes, divertidas, y otras rebosantes de ironía y de crítica social. En la novela, Miss Buncle publica un segundo libro, y al parecer, Stevenson escribió una segunda parte, que esperamos que la Editorial Alba publique en breve.

Ariodante

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