6/10/13

DUELO EN LA ANTÁRTIDA


AMUNDSEN -SCOTT:DUELO EN LA ANTARTIDA
JAVIER CACHO GOMEZ


Prologo de Manuel Toharia
EDITORIAL FORCOLA, col. Periplos
Edición: diciembre 2011
ISBN: 978-84-15174-31-8

MagnÍfico libro de viajes para los aficionados a las exploraciones y a la aventura, ademas de la historia. Escrito con carácter divulgativo, con amenidad y profusión de anécdotas, este texto relata y explica al lector el proceso que siguieron los exploradores para llegar a la Antártida y la culminación en el descubrimiento del punto exacto del Polo Sur geográfico, además de localizar el magnético -variable- en esa fecha. No solo se batió un récord llegando al Polo Sur por primera vez, sino que se consiguió realizar una serie de investigaciones y descubrimientos científicos importantes, a la vez que experimentar diversos medios de supervivencia y de transporte en un clima tan extremo, ya probados anteriormente por Shackleton, el propio Scott y Amundsen, así como otros exploradores en intentos anteriores. Pero principalmente, este libro nos da cuenta de una inmensa competición, una batalla heroica entre dos grupos expedicionarios (británico y noruego) en demanda de la conquista del Polo.

En el primer tercio del libro, el autor nos pone al día con los antecedentes, no solo de las expediciones antárticas sino de las experiencias previas tanto de Scott como de Amundsen. Desde que Cook circunnavegó el continente austral en 1773-74, avistando la banquisa antártica, se sucedieron expediciones y diversos intentos mas o menos afortunados de acercarse al gélido continente desconocido, y de todas ellas o las principales Javier Cacho da una somera explicación, si bien se concentra en las últimas, la del belga De Guerlache y la de Scott, Wilson y Shackleton con el Discovery, así como de la del propio Shackleton en solitario con el Nimrod.


De Guerlache viajó a la Antártida en 1897 en el barco noruego Bélgica, llevando como segundo oficial a un joven Amundsen, y al Dr. Cook, que luego disputaría a Peary el honor de llegar antes al polo Norte. Los expedicionarios del Bélgica fueron los primeros que pasaron el invierno en el Antártico. Esta experiencia y la que después hizo famoso a Amundsen, el recorrido exitoso por el legendario Paso del Noroeste a bordo del pequeño velero Gjoa,  le animaron a preparar una expedición al Polo Norte y encontrar el polo magnético.

Como bien dice Manuel Toharia en su prólogo, no es tanto la parte científica sino la aventurera  la que nos  atrae y atrapa la atención, llevando de la mano al lector hasta hacerle sentir el frío polar en sus huesos, la ansiedad por alcanzar la siguiente meta, el gruñido de los perros, el hambre o la emoción de los maravillosos paisajes que van encontrando.
Sin embargo, es también muy interesante comprobar como la aparente disparidad de ambos exploradores, Scott y Amundsen, van poco a poco convergiendo y llegando a un paralelismo vital muy curioso, que les unirá en su muerte, puesto que ambos terminan su vida entre las nieves, ambos de modo heroico y honorable. Nunca se encontraron personalmente, solo hubo un contacto por escrito: el telegrama en el que Amundsen le comunica a Scott su cambio de planes y que finalmente se dirige al Polo Sur, casi al mismo tiempo que lo esta haciendo Scott. Y por otra parte, la carta que Scott encuentra en el depósito instalado por Amundsen en el Polo, demostrando que ha llegado primero.

En el primer tercio del libro, pues, se nos pone en antecedentes de las anteriores expediciones y el historial de los exploradores, después se ocupa de los preparativos de Scott y de Amundsen para sus respectivas expediciones, así como del comienzo de ambas. A partir de ahí, Cacho alterna los capítulos narrando el avance de los noruegos con el de los británicos, creando un paralelismo casi novelesco. La sensación de estar participando en esa aventura es cada vez mayor.  Resulta conmovedora la última parte del libro, en la que relata el retorno de ambas expediciones tras haber culminado en el Polo su trayectoria, conflictiva en la noruega, dramática en la británica. Posteriormente narra el impacto mundial de ambas empresas, la emotiva publicación de los diarios de Scott, con los que entra directamente en la leyenda, y la continuidad de las exploraciones -esta vez, si, al Polo Norte- de Amundsen, así como su heroico final, que borra las posibles inconveniencias errores o injusticias anteriores de su vida como explorador.
Aunque el autor aporta los suficientes datos científicos para que el lector comprenda no solo la elección de los procedimientos, rutas, medios de transporte y demás en cada una de las expediciones, los datos técnicos  no solo no empañan el conjunto, haciéndolo aburrido o pesado, sino que, por el contrario, enmarcan perfectamente la narración; la aventura es la protagonista del libro. Es uno de esos casos en los que se puede decir que la realidad supera a la ficción.


La divergencia de ambos exploradores y de sus planes es manifiesta: cada uno proyecta una ruta distinta. Scott quiere seguir la ruta marcada por su antecesor Shackleton, que considera “territorio británico”, mientras que Amundsen, quizás por la misma razón prefiere usar una distinta, y siempre pareció sentir un cierto resquemor por haber ocultado sus planes, hasta el ultimo momento (sus planes públicos, como sabemos, eran dirigirse al Polo Norte y fueron cambiados por una serie de razones, entre ellas, la llegada al Norte del Dr. Cook y de Peary poco antes de salir).

Los medios de transporte y el proyecto del viaje, por otra parte, eran distintos.  El uso exclusivo de perros por parte de Amundsen, entrenado por los esquimales en su viaje al Paso del Noroeste, divergía de Scott, que prefería los caballos siberianos aunque también llevase perros como suplemento. La composición del grupo era mucho mas numerosa en la británica, mas interesada en las investigaciones científicas, y se componía de hombres de ciencia a veces poco expertos en moverse por la nieve.
En el verano antártico, ambos grupos expedicionarios fueron desembarcados, retornando los buques que los habían transportado, para evitar quedarse aprisionados entre los hielos. Mientras, los expedicionarios montan sus bases (en Cabo Evans los británicos, en la Bahia de las Ballenas los noruegos) y se preparan para pasar el terrible invierno antártico.

Javier Cacho
Al comienzo de la primavera siguiente, ambos se ponen en marcha. Ambos señalizan la ruta y van dejando en ella depósitos con alimentos y utensilios. Amundsen viajaba con un pequeño grupo humano y los perros para tirar de los trineos, mientras que Scott manejaba un complejo sistema de relevos humanos hasta quedar finalmente un grupo de cinco hombres que fueron los que llegaron al Polo... y murieron después, habiendo sufrido la desilusión por su fracaso.

En general, además de contar la aventura de modo ameno e interesante, la opinión que el autor sustenta es de que no fueron tanto el sistema de transporte o la organización del viaje como los fuertes cambios climáticos imprevistos para esas fechas, así como desafortunadas incidencias con varios miembros del grupo lo que acabó con las vidas de los cinco expedicionarios británicos. En cuanto a la competición, ciertamente los noruegos tenían una preparación menos científica pero  sí más práctica para sobrevivir en la nieve. En suma, el autor viene a destacar que, al margen de la competición establecida, ambas expediciones llegaron efectivamente al polo, que es lo más importante. Y si bien Scott no llegó el primero, consiguió muchas muestras científicas y observaciones que ayudarían a mejorar el conocimiento de la Antártida.  Ambas expediciones fueron, pues, importantes, y solo el dramático final de los cinco británicos puso la nota amarga en todo el proceso. Javier Cacho ha realizado un magnífico trabajo al contarnos esta historia. Además del excelente prólogo de Manuel Toharia, acompañan  al texto algunas fotografías y mapas (estos, quizás poco precisos) y una bibliografía suficiente sobre el tema.


 Ariodante


Reseña publicada en el número del mes de octubre de la Revista General de Marina


  

3/10/13

CUNQUEIRO Y SU LITERATURA


LA POÉTICA DE ÁLVARO CUNQUEIRO EN SUS NOVELAS MITOLÓGICAS

Texto publicado en :  http://revista.abretelibro.com/2013/09/cunqueiro-mitologico-ariodante.html

A raíz de la lectura de Un hombre que se parecía a Orestes, se me ocurren unas ideas que podrían aglutinar la obra novelística del autor de Mondoñedo. Cunqueiro no solo escribió novela, sino que cultivaba muchas otras facetas: el periodismo, la poesía, el ensayo, el drama, alternando el gallego con el castellano, con excelentes resultados en ambas lenguas.  Tras leer, además de la ya citada de Orestes, Las mocedades de Ulises, Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas, Merlín y familia, y Vida y fugas de Fanto Fantini, podría citar algunas características que tienen estas novelas en común. Lo primero que me viene a la mente: Borges. La imaginación desbordante de Cunqueiro podría asimilarse al torrente literario borgiano, a esa capacidad para conjuntar ficción y realidad, mito y razón. Digamos que un Borges a la gallega o a la española, sí, pero el espíritu de Borges planea sobre toda la obra de este autor. En realidad, más que a la española yo diría que «a la mediterránea». Porque si bien la «galleguidad» impregna la obra poética o la obra periodística, e incluso algunas de sus otras novelas, en éstas prima más el espíritu mediterráneo, grecolatino, diría yo.


La fantasía con que invade al lector cuando se sumerge en una novela de Cunqueiro es, por otra parte, muy peculiar. El discurso imaginario arrambla no solo con lo mitológico, mezclado con lo real, sino también con lo literario. Mezcla ficción con ficción. Mitos con ficciones literarias. Fantasía con más fantasía. Pero trufándola de una serie de detalles reales, que hacen que el lector deba abandonarse por completo a la lectura sin intentar buscar marco alguno de referencia. Hay que dejarse llevar, no tratar de racionalizar demasiado, sino disfrutar del lenguaje, gozar de las múltiples narraciones contenidas en fragmentos, reír con las situaciones y descripciones hilarantes, y no buscar ni profundidad psicológica de los personajes ni tramas cerradas coherentes, ni conflictos morales, que no los hay. Es más, en Un hombre que se parecía a Orestes describe o insinúa toda una serie de situaciones que parece impensable que las plantee con la naturalidad que lo hace. Es chocante como soslaya la moralidad en estas historias, en una época y desde un ángulo político que podríamos esperar lo contrario.  Es ficción de ficciones encadenadas. Retablo de las maravillas. Poética pura. Homérico.

Es decir, que si toma como base un mito griego, como en este de Orestes, mezcla personajes medievales, caballerescos, con referencias a la modernidad e incluso a elementos contemporáneos, referencias geográficas o culinarias impensables en Grecia, y sin embargo, el tono general es el de un relato mitológico griego, del que va derivando incontables digresiones, hasta el punto que la historia (y el lector) se pierde en un maremágnum de narraciones, personajes variopintos, historias ¿colaterales? y todo tipo de textos, incluido una pieza teatral que aparentemente nada tiene que ver con el conjunto. Centauros, hombres con orejas de animal, un rey con una pierna que crece y decrece según la época del año y que viaja con un fardo de piernas de repuesto, una infanta recluida en una torre, una mujer que se hace pasar por hombre para ocupar un cargo público…y que se enamora de un criado del viejo rey que tiene una taberna…Y Orestes. Humor cargado se silencios y de alusiones: feliz ironía.
Sin embargo, el lector lo lee con la sonrisa en los labios por el humor ―ironía, a veces demoledora, otras, hilarante― contenido, desbordante, arrollador. Pero también la lectura produce una sensación nostálgica, en ocasiones onírica, irreal…sin abandonar nunca el universo mítico elegido, como en este caso, el mito de Orestes. Mito que transforma, retoca, vuelve del revés, y llegado un punto no sabes si realmente está hablando de Orestes o ha tomado el nombre como punto de referencia para iniciar una larga digresión. Hay que leerle para entenderlo.  

La novela  se divide en cuatro partes, con dos apéndices finales: seis retratos y el índice onomástico. En la primera y segunda parte trata de Egisto y su interminable espera de la llegada del vengador Orestes, llegada vaticinada y anunciada. Egisto siempre alerta, siempre preparado para el ataque,… pero Orestes nunca llega. Ifigenia mantiene una eterna juventud encerrada en una torre; Clitemnestra, como Egisto, envejece lentamente, cuidando sus flores y recordando la barba rubia de Agamenón.  Siempre preguntando por los forasteros, siempre a la espera.  La tercera parte es la dedicada a Orestes, un Orestes muy peculiar, perseguido por la imagen de Electra, perdida entre los sueños. Un Orestes nostálgico y lleno de dudas, envejecido y agotado por su interminable deambular viajero. La cuarta parte incluye, sorprendentemente, una pieza teatral sobre Doña Inés, soberana de Vado de la Torre, contada a Eumón, el rey de Tracia. En el apartado Seis Personajes, narra el final de Orestes, así como el final de Agamenón.

En realidad, no importa tanto la historia como las historias, los cientos de relatos y curiosísimos personajes a cual más complicado y sin embargo ¡tan humanos! Oníricos, prodigiosos, pero reales como la vida misma, aunque las circunstancias, las épocas, la geografía, estén todos mezclados hasta el punto de que, con elementos de distintas procedencias el autor ha construido un edificio imaginario, lleno de múltiples habitaciones y ventanas cada una con una orientación….pero verosímil y creíble, porque el lector ya ha entrado en un mundo fantástico en el que puede esperarlo todo.

Álvaro Cunqueiro Mora (Mondoñedo, 1911- Vigo, 1981). Escritor y cronista, gran conocedor de la gastronomía española. Estudia Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela entre 1927 y 1934. En 1929 colabora en varias revistas, como Vallibria y Galiza, publicando su primer libro de poemas, Mar ao Norde, (1932), seguido por Poemas do sí e non (1933). Durante la Guerra Civil se refugia en Ortigueira, donde trabaja como profesor en el colegio Santa Marta. En 1938 comienza a publicar en castellano en Pueblo gallego de Vigo, La voz de España de San Sebastián, y el ABC de Madrid. Publica después Elegías y canciones (1940) y también obras de teatro: Rogelia en Finisterre (1941), El caballero, la muerte y el diablo y otras dos o tres historias (1945), La balada de las damas del tiempo pasado (1945), y San Gonzalo (1945).  Desde Madrid colabora en revistas hasta que decide volver en 1946 a Galicia, donde continúa su labor intelectual y su colaboración con los principales periódicos gallegos. En 1964 ingresa en la Real Academia Gallega con su discurso Tesouros novos e vellos, una pieza clásica de la literatura gallega contemporánea. Gana numerosos premios como escritor, (Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nadal) y como periodista, el premio Conde de Godó.


Ariodante

26/9/13

OTOÑO BERLINÉS



OTOÑO EN BERLÍN (BEATE Y MAREILE)
EDUARD VON KEYSERLING
Nocturna Ediciones, 2011


Penetrar en el universo que recrea Keyserling es sumergirse en una voluptuosidad decadente y amable, rodeados de color, sombras crepusculares y perfumes campestres de espliego y heno. Es el mundo de la antigua nobleza rural el que reproduce este autor nórdico, que a veces parezca más austríaco que prusiano. Y sobre todo, un mundo en vías de extinción, en el que algunos intuyen su cercano final mientras otros continúan por inercia. El contraste entre esas dos posiciones es lo que se puede apreciar en la obra de Keyserling.

Beate y Mareile es el título original. No es hasta las páginas finales que comprendemos la elección del título español, Otoño en Berlín. En realidad, ambos personajes son arquetipos no sólo de las dos posibilidades de relación con las mujeres: esposas o amantes, sino de la relación entre dos clases sociales, la que va a morir y la que emerge. Y la relación es en ambos casos, cuando menos, incierta.  Mareile, hija del mayoral Ziepe, ha tenido abiertas las puertas del palacio Kaltin, porque desde niña recibió la protección de la baronesa Losnitz, siendo educada junto a Beate. Ha conseguido elevarse socialmente, al menos en apariencia, y es una cantante de fama; sin embargo sus pensamientos y sentimientos siguen siendo los de una mujer del campo. Es significativo el hecho de que, las dos veces que se presenta en Kaltin, no hay ningún coche esperándola, y atraviesa a pie el campo mientras “la hierba caliente y polvorienta crujía bajo sus pies. Olía a ajenjo, enebro, milenrama. (…) La somnolencia bañada en luz de los lugares conocidos de antaño volvió pensativa a Mareile. La lucha por su destino la había alejado tanto de su tierra…”(pág. 29) Mareile derrocha vitalidad y belleza.

Beate von Losnitz es, sin embargo, el contrapunto: la dulce  y callada esposa de Günther von Tarniff, heredero de una tradición de rompedores de corazones femeninos,  enfermedad de la que Günther parece haber sanado. Pero “nuestra época se ha traído su propio demonio”, como murmura Mankow, el guardabosques. Beate –el nombre ya nos indica mucho- está acostumbrada a esperar. “Su rostro estaba pálido, tenía la fina blancura de las viejas razas cansadas de mantenerse en pie durante siglos en las protegidas cumbres.”(pág. 28) La delicada y leve alusión al inminente contacto amoroso con su marido es una imagen bellísima y muy sugerente.

La irrupción de Mareile en la aburrida y rutinaria vida campestre de Kaltin produce un verdadero terremoto. Los hombres, como mariposas nocturnas, revolotear alrededor de su luz, ebrios de deseo. Pero ella no sabe bien lo que quiere. Le gustan los aristócratas pero la seduce un pintor. Günther, que tras unos años de soltería en la milicia, ha desterrado sus correrías y se ha casado con Beate, recuerda sus juegos infantiles con las dos niñas mientras observa la delicada figura de su esposa leyendo bajo los tilos. Las conversaciones entre Günther y Hans Berkow, pintor y amigo,  entre las viejas damas del castillo, entre los sirvientes, todo ello nos es mostrado a modo de pinceladas que conforman un cuadro revelador de los conflictos soterrados, a modo de un estanque de superficie mansa y llena de nenúfares cuyo fondo esconde insospechadas podredumbres.
Tras dos años de matrimonio, inmerso en la tranquilidad doméstica cotidiana, mientras Beate espera con placidez la llegada del primer hijo,  el hombre, el seductor que hay en él, empieza a inquietarse. “De pronto, fue como si Günther percibiera, en esa hora nocturna, que instantes preciosos de su vida pasaban vacíos.” (pág.59). Primero es Eve Mankow la que despierta su pasión, pero el retorno de Mareile a Kaltin, después de separarse del pintor Berkow, rompe todos los diques.
Lectura deliciosa y tierna, aunque también terrible en su significado profundo, esta novela de Keyserling nos vuelve a demostrar su maestría con el lenguaje, que usa como un pintor, y su capacidad para bucear en el alma humana, comparable a un Zweig. Es loable la cuidada edición de Nocturna, con una presentación estética exquisita y una muy destacable traducción de Carlos Fortea.


Eduard Graf von Keyserling (Castillo de Paddern, hoy Letonia, 1855- Munich, 1918), escritor alemán, descendiente de una  antigua y noble familia germano-báltica y primo del filósofo Hermann Keyserling. Inicia estudios en Dorpat, pero a los veintitrés años se ve obligado a abandonarlos, dirigiéndose a Viena a estudiar filosofía e historia del arte. A finales de siglo se traslada con sus hermanas a Munich. Posteriormente quedó ciego como consecuencia de la sífilis que padecía. Se le ha considerado como un exponente el impresionismo literario; las imágenes, luces y colores, sentimientos y sugerencias que despliega nos emocionan como una pintura de C.D.Friedrich o un dulce lieder de Schubert.


Ariodante




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