16/2/16

TERRENOS MOVEDIZOS

EN TIERRA DE NADIE
OLALLA GARCÍA
PÀMIES, 2016



Olalla García sorprende en esta ocasión cambiando de tercio: tenía acostumbrados a sus lectores a novelas de cariz histórico, muy bien ambientadas y con tramas atractivas e interesantes. Ha demostrado largamente su buen hacer literario y quizás para demostrarse a sí misma que no sólo puede escribir buena novela histórica sino que puede hacer bien otras cosas en el campo literario de la ficción, se ha presentado al público con este texto de difícil clasificación: a caballo entre el thriller, la novela psicológica, la novela fantástica…o quizás una mezcla de todos ellos.
Hay en sus páginas una referencia a Homero, concretamente al episodio de la Odisea en que el ingenioso Ulises engaña al cíclope Polifemo, diciéndole que su nombre es Nadie. Pues bien, un equivalente de ese Nadie es la protagonista de la novela. Nadie es una ficción, pero una ficción basada en una persona real, viviente y doliente, una joven que, sumergida en sus sueños o más bien en sus pesadillas,  acaba por perder tierra bajo sus pies, esa tierra de nadie que va a ser su territorio.

La novela recrea un ambiente muy contemporáneo: el mundo de las editoriales, de los best sellers, de las estellas literarias de lujo, de la ficción que se crea alrededor de ellas, así como el mundo de los videojuegos, de su consumo y de su creación. Todo un montaje empresarial al más alto nivel que acaba en las pantallas domésticas con niños, jóvenes (y no tan jóvenes) apretando enloquecidamente unos botones con los ojos clavados en las imágenes en movimiento, imágenes de un mundo de ficción pero que por unos momentos, o por unas horas, hacen creíble su trama como si fuera real. Ojo: pero todo eso es el escenario, el ambiente, el marco. La verdadera historia va por dentro, y no sabemos bien  -hay que leer hasta el final y les garantizo que leerán- si Adela Soriana es quien cree ser, si  su amiga Tris/Patricia llega o se va, si su pareja Francisco es Fran o es Cisco, si Ana I. Rosaleda es una gran escritora o una gran ficción; tampoco sabemos dónde ha ido a parar la iguana del pasillo, los pósters de las paredes y las continuas sorpresas que la protagonista ( y el lector) van llevándose.
Las últimas generaciones de videojuegos cautivan al jugador de tal modo que se implica hasta el punto de poder elegir diferentes soluciones  a los embrollos en los que se ve  metido, con lo que se salta las rigideces de los antiguos juegos en los que, o seguías las normas o game over!  Actualmente los juegos pueden alargarse mucho, a veces es imprevisible lo que va a pasar, porque el jugador impone o cambia las normas a su gusto, introduce o elimina personajes, les camba la forma, en fin, el jugador se siente creador, un deus ex machina que mueve los hilos de sus personajes a su antojo. Algo así pasa en esta novela. Pero, llegado un punto…las marionetas pueden cortar sus hilos y la historia convertirse en un laberinto.
 
A medio camino entre películas como  The Game y La red, o incluso Twin Peaks en las que lo inverosímil invade lo cotidiano y el personaje vive en una continua pesadilla de la que no ve la salida, el lector se sumerge en una acción trepidante, continua, donde los parámetros van cambiando y las referencias se pierden. No hay donde agarrarse y Nadie es responsable de la angustia generada, una angustia indecible dentro de la aparente normalidad: como en las películas de David Lynch,  todo parece de lo más aburrido y cotidiano, y de pronto…empiezan a suceder cosas que no lo son. Síntomas de algo más profundo que habita en el interior del alma humana, que elimina sus referencias y seguridades, las amarras a este mundo real, la tierra que pisamos. Y cuando fallan las referencias…todo es posible. Nuestro mundo se hunde, se dispersa y nos damos cuenta de que no somos Nadie…¿o quizás sí? Ese es el problema principal.
Imposible contar más: han de leerla. Es una novela totalmente contemporánea, que se devora de un tirón, y que recomendamos no leer por la noche a los posibles insomnes o a aquellos susceptibles de sufrir pesadillas.  Y a los que suelen escuchar ruidos por el pasillo o arañazos en la puerta a altas horas de la noche, mejor abstenerse.

 
Olalla García (Madrid, 1973). Durante su infancia vivió además en Castellón, Alcázar de San Juan y Cartagena, antes de que su familia se instalara en Alcalá de Henares. Tras terminar sus estudios de Historia ha vivido en Nottingham, Bolonia, París, Rávena, Estrasburgo y Dresde. Cada lugar le ha dejado su propia marca, la ha ayudado a atesorar vivencias, a descubrir más sobre la alteridad y sobre sí misma, y a confrontar experiencias. En tierra de nadie es su quinto libro.





Fuensanta Niñirola

29/1/16

LA VIDA ANTE TODO

LA VOLUNTAD DE VIVIR


VICENTE BLASCO IBÁÑEZ
Cátedra, 1999
Edición e introducción de Facundo Tomás



Los artistas, tanto de la palabra como de la imagen visual, parten de lo que les rodea o de lo que ven, de la realidad que observan, o de la que viven y sienten.  Los personajes de una novela suelen llevar rasgos de las personas que el escritor conoce, o incluso rasgos propios, a veces mezclados: nunca suele reproducirse un personaje en su totalidad, salvo que sea necesario para la trama, aunque siempre queda algo del propio artista en lo que hace, su huella está siempre presente. En algunas ocasiones, demasiado presente, como es el caso de esta novela, en la que los retratados eran tan evidentes que el impacto fue fulgurante. 
Ave fénix, nunca mejor dicho, esta novela resurge de sus cenizas muchos años después de haber sido destruida la primera edición en 1907. De la famosa quema  se salvaron unos pocos ejemplares, que quedaron en manos de la familia. En el año 1953 la editorial Planeta publicó una versión incompleta, ya que le faltaban numerosas escenas, que fueron censuradas. Hasta 1977 no se pudo publicar la novela completa, y ello fue a cargo de la editorial Aguilar, que publicó las Obras Completas (La voluntad de vivir está incluida en el tomo IV). Esta edición que reseñamos aquí es la primera que publica la novela completa de modo independiente, con un magnífico estudio introductorio del profesor Facundo Tomás.
En la Introducción, el profesor Tomás hace un interesante estudio comparativo de las cuatro novelas cuyo tema central es la pasión amorosa: Entre naranjos, Sangre y arena, La maja desnuda, y  La voluntad de vivir. Pero además, considera que Blasco realiza un guiño a Azorín, retomando una vieja polémica surgida a partir de la novela azoriniana La voluntad, teniendo tanto una como otra el trasfondo de la filosofía de Schopenhauer. Pero en ese tema no vamos a entrar, está suficientemente desarrollado en la Introducción.
Blasco describe en La voluntad de vivir a una bella joven sudamericana casada pero insatisfecha sexualmente, imperiosa y arrogante que lleva a un hombre célebre al suicidio. Las coincidencias autobiográficas con el personaje femenino le parecieron a Elena Ortúzar, a la que Blasco había conocido hacia 1905, lo suficientemente peligrosas como para hacer que se bloqueara la edición, lo cual, sumado a las presiones que recibió Blasco de su esposa y amigos españoles, le llevó a destruir la obra (como buen valenciano, en plan fallero): quemó la edición entera ante su casa familiar de la Malvarrosa. La hoguera le valió la reconciliación con Ortúzar, aunque acabó de consumir el matrimonio de Blasco, ya muy deteriorado por las continuas ausencias del escritor. Cito todas estas circunstancias porque han sido determinantes para que la obra llegase tardía al lector, y a veces, éste se haya fijado en el contexto que ha rodeado la novela más que en la propia novela en sí.

Constituyen estas páginas una historia donde Eros lucha contra Thanatos. Eros, símbolo del Amor, que para Blasco significa la pasión de vivir, la vida apasionada, lujuriosa, explosiva e irracional, enfrentándose a su eterna enemiga, Thanatos, la Muerte, que espera, soterrada, calmosa, porque sabe que al fin y a la postre, todos han de caer en sus gélidos brazos.
Como suele hacer en los primeros capítulos de sus obras, el escritor valenciano nos sitúa al personaje, su contexto e ideas:  un doctor, científico de renombre en la cuarentena, Enrique Valdivia permanece soltero y concentrado en sus investigaciones médicas, apenas se relaciona socialmente salvo con sus alumnos y asistentes, viviendo una vida recluida salvo cuando por sus investigaciones ha de recorrer Europa en congresos o simposios de medicina. De costumbres recurrentes, sólidas, apenas hace de vez en cuando alguna excepción, entrando en ciertos ambientes sociales donde le veneran pero a los que él no dedica la menor atención. Prototipo de vida regida por la razón, al margen de emociones fuertes, salvo las que provoca su propio trabajo, que ama.

Ah, pero he aquí que su vida va a cambiar radicalmente. Es invitado a la recepción de un millonario, ex político suramericano, “el Napoleón de los Andes”, “el Padre de las Leyes”, un militar que quiere publicitarse y escribir sus memorias, residiendo en Europa mientras sus asuntos políticos los lleva un hombre de paja, allá en su país. Valdivia es invitado como figura de las Ciencias, como hombre importante, para mostrar que el general se codea con los mejores. Pero en la recepción no está solo el general Valenzuela; su joven esposa, Lucha, hace su aparición, descrita por Blasco como un pájaro multicolor: “¡Qué magnífico ejemplar de belleza! Luego la frivolidad, la ligereza mental de aquella mujer le hacían sonreír  y la comparaba interiormente con las más vistosas aves de su país. Debía de ser una hembra admirable…para unos cuantos días.” Luchita es opulenta (a Blasco le gustaban así), voluble, sonriente y encantadora. Con los más llamativos modelitos de ropa, las joyas más costosas, los perfumes más seductores, y todos los aditamentos necesarios para convertirse en el centro de atención, el florero que embellezca y atraiga la atención al general andino.

Y Valdivia finalmente cae bajo su embrujo. Ella le atrae pero le mantiene a distancia, seduciéndolo pero sin dejarle avanzar. Nada más seguro para crear adicción. Y luego los Valenzuela parten para París, donde el general piensa afincarse. La separación consigue rematar la faena: Valdivia está definitivamente prendado de Lucha, la desea cuanto más difícil es conseguirla;  con tal fuerza que, en cuanto le es posible, se desplaza a la capital francesa. Y allí se desarrolla todo el romance. Viven meses de locura pasional, donde solo son el uno para el otro, y la vida aparece con otro matiz para el oscuro y racional hombre de ciencia. Olvida las investigaciones, los alumnos, su vida anterior: es un hombre nuevo, rejuvenecido por el amor.
Pero todo esto es, obviamente una ficción, un autoengaño. La pasión nunca es permanente: la diferencia de edad, de intereses, de ideas, etc. y las separaciones a que se ve obligada la pareja, acaban por hacerle estallar. Valdivia está corroído por los celos, unos celos devastadores, que le perturban hasta el punto de trastornar su razón y rozar la locura. Primero son infundados, pero finalmente acaban por tener fundamento. Llega hasta la agresión física, lo cual hace que Lucha abra los ojos y se enfrente a él.
Luchita está arropada por su complaciente marido, que ignora o prefiere ignorar sus devaneos mientras se mantenga a su lado y cumpla su papel social, y llega un momento en el que Valdivia deja de ser para ella objeto de admiración:  el velo se cae, mostrándole un hombre que le dobla la edad, que ya no brilla como científico porque ha descuidado su profesión para estar con ella, que la persigue con sus celos y que le amarga la vida. Un viejo.
Sin embargo, Valdivia, que no tiene una familia a la que retornar, que su trabajo ya ha dejado de importarle, que ha descubierto el amor ya en una edad madura, no tiene otro horizonte que amar o morir. Si ya no hay una Razón ni un Amor rigiendo su vida, solo le resta morir: su destino queda marcado. La voluntad de vivir se convierte en la voluntad de morir. Y el drama se realiza sin mostrarlo al lector: es Lucha, en el último capítulo, la que descubre a posteriori lo ocurrido.
Novela apasionante, ardiente y llena de connotaciones y sugerencias, en la que Blasco plasma su reciente desengaño amoroso, tratando de desahogarse con la pluma, cual si de una terapia psicológica se tratase. Y el resultado es esta magnífica novela.




Fuensanta Niñirola




24/1/16

EL FENÓMENO RASPUTÍN

RASPUTIN: RUSIA ENTRE DIOS Y EL DIABLO

HENRI TROYAT



EDICIONES B, 2004


Publicada en 1996, esta biografía está narrada en un estilo muy ameno que muestra más la parte humana y la psicología del biografiado, en una línea literaria que se acerca a los Ludwig, Zweig o Strachey, si bien en un tono menor. Enmarca a Rasputín en el contexto que le rodea: la Rusia campesina, primero, y la aristocrática, después, hasta la más cercana relación con la familia imperial, de la que muestra también sus complejos entresijos. Troyat dibujará, con rasgos generales y sin entrar en demasiados detalles, los graves problemas políticos rusos: el desastre de la guerra con Japón, las continuas pendencias de la Duma con el zar, la deriva hacia la primera gran guerra europea y cómo Rusia entra en ella sin estar preparada, con un ejército de campesinos, sin apenas armamento ni intendencia. El vacío de poder, dado que el zar estaba más preocupado por su familia que por el Estado que encabezaba, tampoco fue sustituido por políticos fuertes y con claridad de ideas. Las luchas intestinas entre Kerenski, los bolcheviques, los anarquistas, y las continuas insurrecciones dentro de la milicia, colmaron el vaso. Rasputín fue probablemente la gota que lo derramó.

La vida adulta de Grigory Efimovich Rasputín está estrechamente ligada a los años finales de los Romanov, y por tanto a los últimos años de la Rusia feudal. Por incomprensible que parezca al ciudadano occidental, un semental semi-analfabeto, inestable mentalmente y de aspecto rudo y agresivo, poseía tal carisma y voluntad que supo encumbrarse hasta los más altos niveles del poder en la Rusia de los zares. Consiguió de la zarina Alexandra una dependencia total de sus consejos, y por la vía indirecta, del propio Zar, el cual, de carácter débil y poca disposición como gobernante, confiaba más en su esposa que en los ministros, y a su vez ella seguía a pies juntillas a su guía espiritual siberiano de ojos hipnóticos. Las damas de la aristocracia rusa, principalmente, se vieron afectadas por las maneras salvajes, teñidas de primitiva religiosidad, del staretz Grigory, a la vez que seducidas por la sexualidad animal que parecía expeler como un perfume embriagador. Damas frívolas o piadosas, acostumbradas al abandono de sus esposos o al aburrimiento conyugal, pacato y victoriano, sin embargo, guardaban en su interior una explosiva pulsión sexual, unida muchas veces a una religiosidad mística y mágica, presta a manifestarse de un modo u otro ante un personaje como Rasputín, que, bajo el barniz de guía espiritual, consejero y sanador, acogía inmediatamente bajo su control a todas sus seguidoras. Se creó una corte paralela a la corte imperial, una corte femenina alrededor de este impresentable personaje, al que protegían económicamente, mimaban, confiaban sus secretos y abrían su alcoba (y sus piernas). Y el staretz supo aprovecharse de ello. La atracción del poder se hizo fuerte en su persona, casi más que la pulsión sexual, y su trayectoria era imparable. Solo la muerte podría frenar el ascenso de este hombre extraordinario.

El biógrafo lo describe con indulgencia: de complexión alta, gran poder oratorio y de actuación, mirada muy penetrante y de un carisma profundo; las mujeres le atraen de modo adictivo, el sexo le domina. Trata de comprender su psicología y la de sus adeptas,  mostrando cómo pudo llegar tan alto, y cómo las mismas causas de su ascenso serán las causas del hundimiento de los Romanov y del sistema feudal zarista. Para Troyat, la descomposición del estado absolutista era pareja a la corrupción de la frívola aristocracia que lo sustentaba, al ingenuo fervor del pueblo llano, acostumbrado a la sumisión, y todo ello, unido a los estragos que la Gran Guerra produjo en la sociedad rusa, mayoritariamente campesina y analfabeta, viviendo bajo mínimos, trastocando todos los valores sociales, fueron elementos claves que posibilitaron a una minoría de intelectuales fervorosos y desenfrenados como los bolcheviques se hicieran con el poder. Troyat apenas habla de ellos. Según su visión, Rusia ya estaba desmembrada y destrozada cuando Lenin bajó del famoso tren blindado. Se lo pusieron en bandeja de plata, nunca mejor dicho. El propio Rasputín fue uno de los artífices más eficaces de la caída del régimen, incluso lo predijo: si le mataba alguien de la familia imperial, toda ella se vendría abajo. Así fue: el príncipe Yusupov tuvo la responsabilidad directa de su muerte. “La profecía de Rasputín se ha cumplido punto por punto: su muerte ha hecho sonar el toque de difuntos del Imperio ruso. Los Romanov han sobrevivido sólo un año y medio a aquel a quien habían elegido como guía espiritual. En realidad, creyendo protegerlos, es a Lenin a quien ha tendido una mano sustentadora.”

Nacido en 1869 en Pokrovskoi (Siberia), lejos del mundanal ruido y en una pequeña aldea rodeada de bosques y ríos inmensos, donde la Madre Naturaleza se adueña de lo humano, la infancia de Grigory transcurre asilvestrada, sin escolarizar; analfabeto, frágil y de salud quebradiza, conforme crece desarrolla un carácter soñador, inestable, propenso a las alucinaciones, manifestando una fuerte atracción por la vida vagabunda de esos santones que recorren los caminos viviendo de la hospitalidad de los campesinos y prodigando bendiciones y rezos.  Visita santuarios y ermitaños, se impregna de la tradición religiosa, pero no consigue dominar otra de sus características: la pulsión sexual. Muchas veces se lanza a los caminos, recorriendo Rusia, Grecia, Jerusalén…De los ascetas y ermitaños consigue aprender rudimentos de lectura y escritura, que nunca llegó a dominar. Su atracción se manifestaba en el contacto personal: era un “sanador” que absorbía el mal ajeno, concentrándose y casi como un médium, empatizaba hasta tal punto con la persona que necesitaba su ayuda, que ésta, por alguna razón desconocida, quizá por sugestión, finalmente sanaba. La mirada era su punto más fuerte: una mirada hipnótica, que subyugaba por completo a quien era objeto de esos ojos.

Tras años de peregrinaciones y de vagabundeos Rasputín tiene treinta y cuatro años cuando llega por primera vez a San Petersburgo en 1903.  El impacto de la gran ciudad sobre él es enorme. Y del mismo modo, su extravagante presencia impacta la sociedad petersburguesa, a la que será introducido por una de sus primeras amantes aristócratas: Anna Vyrubova, muy próxima a la zarina. Ven en él “un producto puro del suelo ruso, un cristiano de los primeros tiempos(…)No un hombre de la Iglesia sino un hombre de Dios. El hecho de que se trate de un campesino sin modales, que se expresa en un lenguaje inculto, lo hace aún más creíble a los ojos tanto del clero como de la sociedad”.
Alternará estancias en la capital con estancias en su casa rural de Pokrovskoi, donde siguen viviendo su esposa y sus hijos. En la corte, su presencia resulta imprescindible para la zarina, que lo necesita para garantizar su bienestar mental y la quebradiza salud del zarévich, hemofílico al que las oraciones de Rasputín parecían sanar de sus frecuentes  ataques. A lo largo de casi 13 años, la influencia del staretz crece paulatinamente desde la simple guía espiritual y su intervención como sanador, hasta el punto de ser responsable del ascenso y caída de ministros, altos cargos, toma de decisiones gubernamentales, etc., todo desde la vía indirecta de su íntima relación con la zarina. Llegada a un punto crítico la situación política del país, al borde del caos, una conjura acaba en diciembre de 1916 con la vida de Rasputín: el príncipe Félix Yusúpov, junto al líder derechista de la Duma, Vladímir Purishkévich, y dos grandes duques, Dmitri Pávlovich y Nicolás Mijáilovich. Tras narrar con detalle los luctuosos sucesos que acompañaron a su asesinato, dedica Troyat el capítulo final a contar el último año de la familia imperial. “A la sangre de Rasputín, salpicando una pieza del subsuelo del palacio Yusupov, ha respondido la sangre de los Romanov, brotando bajo el fusilamiento en los muros de otro subsuelo, el de la casa Ipatiev. El círculo se ha cerrado.”

En suma, una biografía de corte divulgativo, amena, que da una idea general de lo que pudo ser la vida de este oscuro personaje del que se desconoce mucho a pesar de los testimonios procedentes de testigos presenciales supervivientes. En 1995 salió a la luz un documento perdido de los Archivos del Estado, que contenía los interrogatorios completos del círculo íntimo de Rasputín. No sabemos si Troyat tuvo acceso a ello, porque no lo cita; pero sí a otros textos, que cita en sus notas:  las memorias de Matryona Grigórievna Raspútina, (1932) así como los textos del príncipe Yusúpov “El final de Rasputin” (1927) y “Memorias”(1953), las de Anna Vyrubova, las del general Guerasimov, los textos de A. Amalril,  y Maurice Paléologue. La película “Nicolás y Alexandra” (1971), de F.J. Schaffner probablemente visionada por Troyat, pudo ilustrarle para describir algunas escenas, que tienen notable parecido con las descritas por el autor en la biografía.

Henri Troyat (Moscú, 1911–París, 2007), fue un historiador y prolífico escritor francés de origen armenio/ruso, cuyo verdadero nombre era Lev Aslánovich Tarasov. Fue premio Goncourt (1938) y  miembro de la Academia Francesa.



 Fuensanta Niñirola

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