6/5/19

PARAISOS POÉTICOS


EL CAUTIVO DE SU PARAISO
FERNANDO DE VILLENA
Ediciones Evohé, 2019



En esta nueva novela corta del escritor granadino Fernando de Villena, se relata la vida de un gran poeta granadino del Siglo de Oro: Pedro Soto de Rojas (1584-1658). Poeta reconocido en su época, pasó al olvido en siglos posteriores y fue con García Lorca y otros investigadores que su obra volvió a salir a la luz.
Pero no solo recrea su vida y obra, sino que rescata también del olvido la mansión en la que el poeta creó su propio paraíso, cuando ya su ánimo solo deseaba la paz y el refugio en su placentero encierro voluntario. En el Carmen de los Mascarones, en el Albaicín, construyó tal refugio el poeta, una lujosa vivienda y siete terrazas ajardinadas, donde gorjeantes fuentes, lujuriosa vegetación, alternaban con estatuas, figuras diversas y detalles alegóricos y mitológicos creando un espacio privilegiado y gozoso para su dueño.
Soto de Rojas se codeó con los grandes poetas barrocos y culteranos, como Góngora, al cual admiraba profundamente, el conde de Villamediana y con otros genios de la literatura como Lope de Vega, Cervantes, y demás asiduos de la Academia Salvaje madrileña.
En su juventud produjo el Desengaño de amor en rimas, y De Villena lo presenta como hundido y humillado tras un fuerte fracaso amoroso. Fracaso en el sentido de que, una vez descubiertos sus amores (que eran correspondidos) la familia de la dama interviene para cortar de raíz la relación. Soto de Rojas se refugia en la poesía y produce una de sus más ardientes obras, aunque generando una aversión al genero femenino, con el que, a partir de ahí guarda las distancias, ciñéndose hábito religioso.
Tras acabar sus estudios, le es recomendado moverse por la Villa y Corte a la búsqueda de un protector que le consiga alguna prebenda.  Fernando de Villena imagina lo que pudo ser la vida de este joven en el Madrid de principios del siglo diecisiete, recreando sus relaciones en la Academia y sus angustias para salir adelante con los pocos recursos de que disponía, hasta conseguir una canonjía que le devolverá a su Granada natal. Posteriormente conseguirá un puesto como abogado en el Santo Oficio, lo que le creará ciertas malevolencias y envidias.
Toda la primera parte de la novela se ocupa de la vida del poeta y de cómo construye, en sus años de madurez, la gran casa en el Albaicín rodeada de sus siete mansiones o jardines en terraza diseñados con un cuidado exquisito y con todo lujo de detalles mitológicos entre el verdor de los arrayanes, el azahar de los limoneros y el dulce olor de los jazmines. No solo creó este paraíso, sino que además lo llevó al terreno literario, recreándolo por segunda vez en su poema Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, su obra maestra.

Curiosamente, la segunda parte del libro, también contada en primera persona, se produce posteriormente a la muerte del poeta, al que, a efectos de la ficción, el autor lo convierte en fantasma ligado a la casa, de la que no puede salir mientras sus muros se mantengan en pie. Y desde lo alto de sus tejados observa las vidas de las personas que van ocupándola. Así cuenta por medio de los distintos ocupantes de la casa y de las transformaciones que en ella se van produciendo a lo largo de los siglos, la historia española y granadina de modo ameno y sutil, hasta llegar a nuestros días donde incluso la presencia del propio autor del libro  hace una breve aparición, un breve cameo para concluir la obra.
Fernando de Villena cuenta de un modo ameno y agradable las distintas vicisitudes de la vida del poeta, imaginando sus movimientos, deseos e inquietudes. Usa un lenguaje mas acorde con el siglo de Oro para la parte de la vida del poeta, y luego, poco a poco, su lenguaje se va modernizando en la segunda parte, donde paulatinamente se aleja del diecisiete y se acerca al veinte.
Cuidada edición la de Ediciones Evohé, y magnífica portada de Sandra Delgado.



Fuensanta Niñirola

29/4/19

NO VI A DIZZY GILLESPIE


LA NOCHE EN QUE PUDE HABER VISTO TOCAR A DIZZY GILLESPIE
ANTONIO TOCORNAL
Ed. Aguaclara Libros, 2017

“Había vivido allí la juventud, la época cuyo recuerdo se convierte con el tiempo en la visión de una aventura de ladrones, sin que se llegue a saber muy bien quién fue la víctima y quién el ladrón… Yo había sido joven en París, y el recuerdo de la juventud es también como el ensayo general de una singular tragicomedia».(Sándor Márai)


Ganador con esta novela del XXII premio de novela «Vargas Llosa» 2017, de la Universidad de Murcia, la Fundación Caja Mediterráneo y la Cátedra Vargas Llosa, Antonio Tocornal recrea unas imaginarias y juveniles aventuras parisinas, aunque probablemente algunos personajes, espacios y hechos hayan sido rescatados rememorando sus propios días de estudiante de arte en París. Aunque pueda parecer autobiográfico, el autor se cuida bien de mantenerse en un discreto segundo plano, interesado más en mostrar la flora y fauna artística de los felices ochenta del siglo pasado, década que supuso un fulgurante esplendor en el mundo artístico internacional. La narración se realiza, vía flash back, treinta años después, con lo que imaginamos al artista en su madurez, recordando con ternura y cierta nostalgia, los mejores años de su vida. Los mejores años de la vida de uno suelen situarse en la juventud, cuando uno la vive gozosa y libremente, aunque pase penurias, que, si es por hacer lo que uno quiere, se soportan amablemente y se recuerdan solo los gozos, no las sombras. De hecho, el narrador ya advierte al principio que la memoria falsea el recuerdo, que a veces se engalanan ciertos hechos que no lo fueron, o se rebajan las penas de ciertas situaciones. Las historias se presentan desde el punto de vista del narrador (y presumiblemente el autor), un artista que pasa sus penurias y sus gozos en París, tratando de aprender a pintar, y también aprender a vivir.

Cada capítulo va dedicado a un nuevo personaje, y los relatos de cada una de esas vidas van encadenándose; unos siguen, otros desaparecen, pero todos conforman un universo en el que las piezas se engarzan como en un puzzle, mostrando al lector un conjunto variopinto de modos y modas, de peculiares y esperpénticos tipos humanos, englobados dentro de la categoría de lo que ahora se llama “artistas emergentes”. El autor demuestra un amplio conocimiento –no exento de retranca- del terreno que pisa al hablar de todo esto.

“Ya por aquellos tiempos, los jóvenes artistas emergentes que salían de las escuelas de Bellas Artes se preocupaban más por construir un discurso coherente con el que defender sus «ocurrencias» y vestirlas de arte que en “dominar las técnicas y en domar los materiales. Por eso era tan extraordinario que nuestro amigo, el único artista lúcido de nuestro grupo, se llamase casi igual que Marcel Duchamp, el genial padrino de todos los descreídos.”


Salvo un capítulo que queda algo discordante, porque usa un estilo y un tono completamente distinto al resto del libro, poniendo una nota de dramatismo y en este caso, de directa implicación autobiográfica (en el que trata la infancia y adolescencia del narrador/autor), el resto de capítulos giran alrededor de esa famosa noche en la que el narrador tenía intención de asistir a un concierto de Gillespie pero no pudo ser. Engarzando personaje con personaje, o espacio tras espacio, va deslizando capa tras capa de pintura: apartamentos, estudios, bares, tugurios donde el narrador se reúne con sus amigos, desfilan a la vez que aparecen nuevos personajes y el lector va conociendo sus vidas a pinceladas, transparencias y manchas, resaltando lo principal de cada uno. Transitan desde artistas que pintan con sus excrementos, a músicos que van de hombre-orquesta, monjas en año sabático enamoradas de actor porno, coleccionistas de naderías, cocinero con pájaro, pequeños traficantes y drogotas ingenuos, strippers “neo-guturalistas”, fotógrafos ciegos, artistas miméticos con nombre de dictador, poetas, pintores gourmets, etc.

“Músicos, escritores, bailarines, actores, filósofos, pintores y toda aquella caterva de bohemios y de cazadores de fracasos eran mis hermanos de aventuras. Entre ellos se contaban muchos alucinados y chicos que estaban de forma permanente al borde del hallazgo, pero también había gente dispuesta a hacer sus maletas en diez minutos, sin hacer preguntas, si alguien le proponía que le siguiese en una correría disparatada.”

Amílcar es uno de los personajes que sirve de aglutinante de esta colección de pigmentos: chileno, forofo de Chavela Vargas, que regenta un mini-restaurante mugriento donde el narrador ha pintado por encargo un enorme retrato de Chavela en una de las paredes. Allí la tropa de amigos se reúne a cenar siempre el único plato del día, acunados por música sudamericana, o a simplemente pasar un rato, fumarse un canuto o telefonear gratis a Sudamérica. En la cocina está Lázaro, un cubano exiliado, y  en su jaula o volando está el periquito azul turquesa al que llamaban Apollinaire, cuya jaula, siempre abierta dejaba al ave revolotear libremente por el local.

Como anuncia el título, el conjunto de narraciones y personajes gira en torno a lo que sucedió una noche. Una noche que reunirá a todos o a casi todos los personajes que han ido desfilando a lo largo del libro. Una noche en la que todos han de cambiar sus planes para acudir a un lugar donde ha sucedido una tragedia.
Pero las tragedias de estas historias son tragicómicas. Todo el libro está escrito en tono de humor, con una fina ironía que a veces llega al humor negro, tan español, o con cierto matiz escatológico, que también.  El mundo del arte con minúscula, el submundo de la bohemia y de los que viven bajo mínimos arropándose bajo el manto del arte o las artes, en general: autodidactas, timadores, ingenuos, vividores, aprendices de vida.  

En algunos momentos la ironía del autor deja traslucir una crítica feroz a determinados caraduras y determinadas concepciones del arte…jugando con las palabras y con los nombres, como con el pintor que decía llamarse Marcel du Champ, y que, “al contrario que los artistas que acostumbrábamos a frecuentar, no otorgaba ninguna importancia a la calidad de su obra, ni buscaba instruirse, ni alimentaba aspiraciones de éxito o de reconocimiento. El único motivo que le empujaba a continuar con la práctica de la pintura era el hedonista. ” “A menudo comentábamos que aquello no podía ser sino un objet trouvè póstumo o una broma postrera del padre del Dadaísmo. ”
En suma, es una pintura de imágenes esperpénticas, con un nivel muy alto de fino humor, combinado con muchos toques de ternura hacia personajes a los que trata, en general, con cariño, sobre todo a aquellos que ejerciendo opciones que rozan la delincuencia o un estatus moral conflictivo, lo hacen con su mejor intención o porque no tienen más remedio.  Resulta un libro entretenidísimo y más empeñado en pintar historias, componer un fresco con la vida artística y juvenil. De estilo llano y directo, aparentemente sencillo, encierra mucho humor y la crítica que contiene requiere un fino trabajo de bolillos, para expresar con sutileza ideas e imágenes cargadas de contenido y presentarlas de modo divertido y jugoso al lector, y que éste pueda leer entre líneas.

Antonio Tocornal (1964, Cádiz) Cursó estudios de Bellas Artes en Sevilla y tras una larga estancia en París, se instaló definitivamente en la isla de Mallorca. Comenzó a escribir en 2010. No lo hizo antes porque estuvo ocupado leyendo durante unos cuarenta años y porque quizás tampoco tenía mucho que contar.



Fuensanta Niñirola


22/4/19

SIMENON, EL HOMBRE


MEMORIAS ÍNTIMAS
GEORGES SIMENON
Ediciones B,  1990

Las Memorias íntimas de Georges Simenon ( Lieja, 1903- Lausanne, 1989) son todo un compendio de anécdotas, recuerdos, reflexiones, comentarios y un repaso exhaustivo de aspectos de la vida del escritor belga y familia. Desde el primer momento se dirige en segunda persona a sus hijos, principalmente a su hija Marie-Jo, que se suicidó muy joven tras una larga serie de trastornos emocionales. Mantiene una extensa conversación con ella, con su recuerdo. Sin embargo,  también amplía su conversación a  sus otros tres hijos:  Marc, Johnny y Pierre. Así, tras una introducción dirigida a su amada e inestable hija, se dirige primero a Marc, para contar brevemente los años previos a su nacimiento. Marc era hijo de la primera esposa de Simenon, Regine Renchon, artista plástica.
Así pues, lo primero que contará, tras un breve capítulo donde repasa de modo rapidísimo infancia y adolescencia, será su encuentro, a los 17 años, con la joven que será su primera esposa y madre de su hijo primogénito, a la que llamará Tigy. Y también con su primera amante permanente y servicial asistenta que le acompañará largos años, Henrriette (a la que llamará Boule). Los años vividos con Tigy antes del nacimiento de Marc, años de múltiples viajes y desplazamientos, también son repasados al vuelo. Su amor por los barcos y el mar le lleva a una aventura que le puso en problemas al llegar al primer puerto alemán, en una época en la que las relaciones de Francia y Alemania estaban muy tensas. A destacar la anécdota de cómo escribe la primera novela en la que crea a su personaje universal, el comisario Maigret. Tras un recorrido desde Normandía hasta la costa alemana en su barco Ostrogoth, tuvo que pasar un tiempo en dique seco, en Holanda, por problemas en el casco. En un pontón medio podrido de un muelle abandonado se instaló con su máquina de escribir, y allí fue donde surgió el primer Maigret, escribiendo Pietr el letón.

 A partir de 1937 se  instaló en la casa de Nieul, cerca de La Rochelle. Y allí fue donde Tigy quedó por fin embarazada, a los 38 años y a los 35 de Simenon. La inminencia de la II Gran Guerra hizo que el parto estuviera envuelto en una gran inquietud e inseguridad. Finalmente nació en Bruselas en 1939.
Simenon irá narrando - a veces con detalles muy prolijos- la vida que llevaron mientras este hijo crecía, primero, durante la guerra, en un pequeño pueblecito francés, Vendèe, donde la guerra parecía lejana, y donde llevaron una vida de campesinos,  cultivando verduras y frutas, cazando y pescando, mientras seguía escribiendo y publicando novelas a un ritmo siempre extraordinario( una media de seis o siete novelas al año), como extraordinario es el número incontable de amantes o de relaciones amorosas ocasionales que tuvo. Como se dice en la ópera mozartiana Don Giovanni, “Mille tré!”. Cientos, diríamos.  Algunas tan sonadas como Josephine Baker, mismamente.

Al acabar la guerra partieron para América. Primero se establecieron en Canadá y luego, una vez entrado en contacto con la que sería su segunda esposa, Denise Quimet, fueron desplazándose por Estados Unidos: Nueva York, Florida, Arizona, California y toda la Costa Este. Formaban un grupo pintoresco: Denise, diecisiete años más joven que él, que entró en la familia como secretaria, (en breve, amante permanente, después, esposa) convivía –no muy agradablemente- con Tigy y más tarde, con Boule, que integraba el clan como cocinera y niñera de Marc. En los desplazamientos, ya Tigy comenzó un proceso de independencia, que culminó en divorcio, y nuevo matrimonio en Reno, cuando Johnny, el segundo hijo de Simenon, estaba ya en camino. Las aventuras por EE.UU. de costa a costa, son innumerables. Nace su tercer hijo, una niña, Marie-Jo.
Llegado un punto, en 1956 decide volver a Europa, realizando el inevitable recorrido de país en  pais hasta encontrar residencia en Lausana (Suiza). Allí nacerá su cuarto hijo, Pierre.
Las relaciones con su esposa Denise se van deteriorando, su alcoholismo va en aumento, y ha de ser internada en diversas instituciones sanitarias. Finalmente la separación es un hecho. Y los problemas se complican entre la madre y la hija, produciéndose finalmente el suicidio de esta.
Los días postreros de Simenon los vivirá apaciblemente junto a su última compañera, Teresa.

El escritor belga usará estas memorias para explicar a sus hijos los hechos familiares reales y cuál ha sido su postura, ya que al parecer, Denise había creado una especie de figura imaginaria ante todos, presentándolo como un ogro, un perturbado que sólo piensa en sus novelas y en el sexo. Ciertamente, su relación con las mujeres era muy singular. Su adicción al sexo era conocida por todos, puesto que él no la ocultaba, pero según asegura en estas memorias, nunca forzó a nadie y siempre procuró evitar las vírgenes, porque no quería crear problemas a las chicas. Sus relaciones fueron siempre libremente aceptadas ...o pagadas.  Consideraba que el sexo era una necesidad vital más, y no le añadía ninguna carga moral.
En cada año va contando qué novelas escribe. Cuándo son policiacas de Maigret y cuándo lo que él llama «novelas duras». También escribía relatos, reportajes de viajes, etc. Desde muy pronto sus novelas tuvieron mucho éxito de ventas y pudo permitirse vivir de un modo lujoso, sobre todo desde que llegó a Estados Unidos. Cuenta cómo se levantaba siempre a las 6 de la mañana y se encierra a escribir hasta las 9. Y cómo conseguía espacios donde pudiera escribir completamente solo. Alguna vez, en sus múltiples viajes, era el baño donde se encerraba con su máquina de escribir y su pipa. Sus relaciones con cineastas y otros escritores y artistas también es comentada en todas estas páginas, con jugosas anécdotas.
 
En suma, se presenta como un hombre afectuoso y amante de sus hijos, a los que dedicó mucho tiempo y atención, en juegos, confidencias, preocupación por su salud, estudios, etc. Y a la vez no oculta su pasión por los coches, por los barcos, por los viajes, por conocer la naturaleza humana y llegar a poder comprenderla y mostrarla en sus obras. Desarrolló una actividad enorme, además de su dedicación literaria, se dedicó a muchas otras cosas, y sobre todo, buscó la relación humana en todas sus experiencias. No solo muestra al lector su vida y la de sus allegados, sino, a la vez,  también el tipo de vida que llevaba la gente en cada uno de los escenarios donde vivió, en cada momento histórico.
Es un texto quizás excesivamente largo, al que se le podrían haber evitado muchas páginas de detalles en mi opinión innecesarios, cotidianos, pero escrito con el corazón en la mano, el corazón de un hombre ya viejo, que ha vivido mucho y que lamenta profundamente la muerte de su única hija.


Fuensanta Niñirola

Etiquetas

 Mis Reseñas (1) Antología (3) Anuncios y Notas (1) arqueologico (1) arte (1) Artículos literarios (2) Articulos viajes (1) autobiografía (6) Cartas (2) ciencia ficción (1) Clásicos (1) Comentarios Artísticos (8) Comentarios Cinéfilos (11) Comentarios Cotidianos (7) Comentarios especiales (9) Comentarios Literarios (5) Comentarios Nostálgicos (6) comentarios poéticos (3) Comic (1) Cómic (2) Conferencias (1) cuento (2) cuentos (1) Cuentos Ilustrados (1) Drama (1) ensayo (11) Ensayo arte (1) Ensayo biografico (14) Ensayo de arte (1) ensayo histórico (7) Ensayo literario (6) Ensayo Viajes (1) Ensayos arte (1) Entrevistas (2) Eventos (33) Eventos artísticos (2) Eventos Literarios (35) libro ilustrado (2) Libros de viajes (3) literatura viajes (3) lliteratura de viajes (1) Memorias (5) Microrrelatos (2) Mis lecturas (9) Mis Reseñas (530) mitologia (1) mitología (2) naval (2) Notas (1) Novela (80) novela aventuras (14) Novela biográfica (6) novela ciencia ficcion (1) novela corta (19) novela de viajes (2) novela decimonónica (7) novela del oeste (3) Novela épica (2) Novela espías (3) novela fantastica (2) novela fantástica (5) novela historica (38) Novela histórica (33) Novela histórica naval (19) novela intriga (20) novela japonesa (2) Novela polciaca (8) Novela policiaca (5) novela psicológica (1) Otros (1) POESIA (1) poesía (4) policiaca (1) Recomendaciones literarias (2) Reflexiones literarias (1) Relato (8) relato histórico (2) relato mitologico (2) relatos (12) Relatos Oeste (1) Relatos. (18) Relatos.  Mis Reseñas (3) Reportaje (3) reportaje biográfico (2) reportaje viajes (3) reseñas (1) Reseñas (1) Teatro (1) Textos Memorables (4) Thriller (6) Western (7)

Seguidores

Archivo del blog