24/9/11

LLEGÓ EL OTOÑO


CON ESTA LLUVIA

ANNE MARIE SCHWARZENBACH

Postfacio de Roger Perret
Ed. Minúscula, 2011


Anne Marie Schwarzenbach (Zúrich, 1908-Engandin, 1942) doctora en historia, arqueóloga, periodista, fotógrafa y novelista suiza, conocida sobre todo por sus escritos de viajes. Nacida en el seno de una familia aristocrática emparentada con Bismarck por parte de madre, fue un poco la oveja negra al rechazar su posición; De sexualidad indefinida, educada por su madre como un varón, en 1935 se casó –en Irán- con Claude Clarac, diplomático francés. Recorrió Oriente Medio, Congo, Afganistán, Rusia y España, además de EE.UU. Amiga de Klaus y Erika Mann,  aunque más tarde se distanció de ésta, el propio Thomas Mann la llamaba cariñosamente “el ángel devastado”. Temperamento libre y huidizo, tuvo problemas de adicción a la morfina –compartidos con Klaus Mann- y  pasó temporadas en un psiquiátrico, además de llevar una vida de eterna viajera, muriendo prematuramente a raíz de un accidente con su bicicleta. Su continuo periplo por un mundo de entreguerras y posteriormente en guerra, podría considerarse como una huída hacia delante, un refugiarse en el mundo interior o el completamente ajeno a Europa, en el caso de los textos que nos ocupan.
La presente edición, según nos cuenta en el Postfacio Roger Perret, es un conjunto de relatos surgido tras el regreso a Suiza de la autora después de siete meses viajando por distintos países de Oriente Medio; preparando la publicación de los diarios del viaje, que tituló Invierno en Asia Menor, fue escribiendo los relatos con datos, impresiones y personajes recopilados en los  diarios. La autora regresó en 1934, y entre este año y el siguiente estuvo escribiéndolos. En  1936, tras varios intentos infructuosos de publicarlos en Europa, eran años difíciles, en Suiza la crisis económica era muy profunda, y las posibles referencias a hechos de guerra y a la terrible situación de los emigrantes judíos frenaba los ánimos de las editoriales, así como la difícil colocación en el mercado de los libros de relatos, y más de una autora casi desconocida. El hecho es que no se llegó a publicar.

La característica que une estos textos es que se nos presenta con un realismo y una dureza que aleja la idea del oriente exótico y pintoresco. Los protagonistas de estos relatos, muchos de ellos narrados en primera persona, suelen ser los mismos, además de otros con características semejantes: jóvenes europeos o norteamericanos que por diferentes razones quieren escapar de la cotidianeidad o de los problemas con que han de enfrentarse en su vida, o simplemente que necesitan aventuras o un cambio de aires. También hay otros, maduros personajes que llevan muchos años trabajando en Oriente y se han aclimatado, acostumbrándose a la infinita pasividad y al ritmo lento con el que todo discurre en esas  cálidas tierras, como el caso del doctor Rieti, en Muchísima paciencia.. Por un lado desean volver, pero por otro, continúan ligados al lugar por unos invisibles lazos. “Aquí la naturaleza es tan poderosa que mata a la gente”- dice Mrs. Batten en Casi el mismo dolor-“Habría que dejar de ser una persona, de estar atado a la condición humana. Tendría uno que poder convertirse en un trozo de desierto, o de montaña, o en una  franja de cielo al anochecer. Habría que encomendarse a la tierra y fusionarse con ella. Vivir contra eso es tan arriesgado que uno se muere de miedo.”
La autora mezcla con sutileza la verdad y la ficción, los personajes que conoció con caracteres o situaciones inventados.  Los ecos de la política, el terremoto social que está conmoviendo Europa llega, con sordina, pero en algunos casos con todo su dramatismo, como en el caso de La misión o Un emigrante. A su lado, otros, con aparente frivolidad, nos narran escenas del trabajo de arqueología y de las relaciones con la sociedad local. Con esta lluvia, el relato cuyo título se ha tomado para esta edición, es un brevísimo pero angustioso sketch en el que un grupo de arqueólogos a la búsqueda de unas ruinas, tienen un encuentro con un puesto perdido donde un jovencísimo oficial lucha con la muerte.
  
Como Perret nos sugiere, se detectan influencias de Hemingway, en cuanto al estilo escueto y seco, si bien en general está ausente de ellos la intensidad y emoción del gran autor norteamericano. Aunque en general los protagonistas suelen ser masculinos, hay dos notables excepciones: el de Madame D’Elbros en Beni Zainab, y  el de la baronesa Katrin Hartmann en Una mujer sola. Estas dos mujeres se enfrentan de muy distinta manera al medio hostil, pero ambas son fuertes y desafían a la sociedad, imagen que parecía gustar a la autora, puesto que también su posición fue, en cierto modo, provocadora. Con su prematura muerte no sabremos nunca si la madurez le hubiera comportado una visión distinta de la vida.
Estos relatos son un reflejo de una conflictiva e inestable visión de la vida de una mujer que huyó de la tormentosa relación con su madre, se enamoró -sin ser correspondida- de Erika Mann, tuvo un breve matrimonio en sus años orientales, y finalmente, en su etapa americana conoció y amó a Carson MacCullers, que le dedicó Reflejos en un ojo dorado. Una piedra en el camino torció su bicicleta y su existencia, que murió de resultas de la caída.



16/9/11

CONRAD, SIEMPRE, CONRAD


UN PARIA DE LAS ISLAS
JOSEPH CONRAD
Ed. Barataria, 2011

La portada de esta nueva edición nos avanza algo de lo que encontraremos en su lectura: la figura del pintor Gauguin, autorretratado con una de sus tahitianas esperando en el lecho. Tenemos la imagen del autoexiliado artista, que se enclaustra en una isla polinesia y trata de vivir y amar “como un salvaje”, como un paria, desde el punto de vista del mundo civilizado. En esencia, la narración de Conrad tiene este tema: el exilio –en este caso, forzado- de un blanco en plena jungla malaya, su amor por una indígena musulmana y la traición a su protector, a su propia cultura. Amor/odio, culpa/castigo, enfrentamiento racial y cultural…. Ideas todas ellas recurrentes en la obra  del escritor.

Willems es un holandés, protegido del capitán Tom Lingard, el rajá Laut, legendario marino que domina el comercio de la zona malaya, que le acoge como una más de sus adopciones, procurándole empleo y esposa, una mestiza portuguesa-malaya a la que detesta. Pero comete un desfalco, y una vez más ha de escapar, abandonando esposa e hijo; el rajá Laut le oculta en su escondido puesto comercial de Sambir, a las orillas del río Pantai. El lugar donde Lingard tiene las fuentes de su negocio, y que viene manteniendo en secreto durante años. Su lugarteniente, Almayer, otro protegido de Lingard, ve peligrar posición y futuro con la llegada del intruso. Mientras tanto, en asentamientos cercanos de antiguos piratas del río, el tuerto Babalatchi urde una intriga para enfrentar a los blancos entre sí –único modo de vencerles- y conseguir que el gran Abdullah, importante comerciante árabe se haga con el negocio de Lingard, hasta ahora intocable. Y el medio para todo ello es Aissa, la bellísima hija del ciego y viejo Omar, que ha atrapado en sus redes amorosas a Willlems.
Así que tenemos un doble eje: la pasional historia de amor, y a la vez, la de una traición. El enfrentamiento casi mesiánico entre Lingard y Willems, que Freud analizaría como la rebelión del hijo contra el padre, del deseo de suplantarlo, la lucha por el poder, y a la vez, la eterna batalla de los sexos: el insondable misterio femenino simbolizado aquí por Aissa, que apenas entiende las palabras de Willems pero tiembla al sentir sus caricias, y el poder de atracción que a su vez ejerce y perturba al holandés, cuya simple visión del pelo azabache resbalando sobre su cuerpo oscuro y brillante, le hace olvidar quién es.
Segunda novela de Joseph Conrad, (Berdyczów, 1857- Bishopsbourne, 1924) escritor polaco de nacimiento y británico de adopción, que nos narra en Un paria de las Islas –escrita en 1896-  episodios de personajes ya vivos en su primera novela, (La Locura de Almayer, 1895) como el capitán Tom Lingard,  Almayer y su hijita Nina, el viejo pirata Babalatchi, o el comerciante Adbullah. Sin embargo, la acción de esta novela transcurre en años previos a la época en que se sitúa la anterior. El propio Conrad, en una nota previa, escrita en 1919, se refiere a sus propias dudas al plantearse si debía seguir escribiendo o no; aún no tenía decidido por completo dedicarse a la literatura. También hace referencia a las personas reales que le inspiraron el personaje de Willems.
Estructurada en cinco partes, en las que primero nos presenta a los personajes y los hechos que llevan al exilio de Willems y su estallido de amor; después el desarrollo de la intriga y la preparación de la traición durante la prolongada ausencia de Lingard; en la tercera parte, el retorno de Lingard y el reconocimiento de los hechos; la cuarta, el castigo que el viejo marino impone a holandés: algo peor que la muerte, para un culpable: la vida. La vida, desterrado en soledad con su culpa. En la última parte Almayer, que teme un posible regreso de Willems, planea su particular venganza.

Podemos ya entrever los rasgos de personajes que irán surgiendo de su pluma, pero, sobre todo, intuimos las preocupaciones del marino Conrad en esos años  precisamente en los que se plantea cambiar radicalmente su vida y abandonar la mar para asentarse en tierra y dedicarse a escribir. El escritor, tras su viaje al Congo remontando el río que inmortalizó en El corazón de las tinieblas, llegó al límite de lo que podía soportar en su vida errante, marinera y colonial. Y poco después echó el ancla en Inglaterra y en la literatura, para siempre. En la novela, tanto Willems –por su delito- como el propio capitán Lingard –por la traición- se ven compelidos a un cambio radical en sus vidas.

Imagen recurrente es la de la naturaleza, casi como otro personaje más: el impacto de esos atardeceres, la lluvia torrencial, el fragor del río, la exuberancia de color de la vegetación selvática, el canto de las aves nocturnas y el olor a tierra húmeda, son descritos por Conrad de un modo tan apasionado como si describiera un encuentro amoroso. También el choque entre razas, entre distintas lenguas: cómo Aissa intenta entender lo que le dice Willems, pero lo único que entiende realmente es su pasión. El encuentro entre sexos suele ser siempre oscuro y misterioso en la obra Conrad. El misterio de la mujer, tanto Joanna como Aissa representan un pozo insondable para Willems, como para todos los hombres; la presencia perturbadora de la mujer, de la hembra, genera todo un terremoto. La violenta reacción del holandés cuando ella aparece envuelta en el velo, para presentarse ante Abdullah le resulta incomprensible. Por otra parte, el amor paternal del capitán hacia el hijo pródigo que le traiciona,  le compele al castigo, a la venganza, y ha de decidir la vida o la muerte. ¿Qué es más terrible, morir o vivir en la indignidad?
Con una nueva traducción correcta, si bien en algún punto mejorable, Barataria nos presenta un producto bien diseñado y maquetado, como suele ser habitual en esta editorial. Conrad siempre es bienvenido y esperamos  que sea lectura obligada para todo buen amante de la literatura universal.


Fuensanta Niñirola


8/9/11

NUEVA YORK EN EL RECUERDO

LA FERIA DEL MUNDO
(World’s Fair, 1985)
E. L. DOCTOROW
Ed. Miscelánea, 2010
La feria del mundo es otra más en la larga lista de novelas del escritor norteamericano Doctorow (aunque publicada por el autor en 1985). La Feria se refiere a la Exposición Universal de Nueva York del año 1939-40, coincidente con el comienzo de la II guerra mundial en Europa. Con ese motivo, Doctorow rememora en ficción su infancia hasta llegar a ese año.
En una entrevista, Doctorow confiesa que “Nueva York siempre ha sido el punto de contacto entre el viejo y el nuevo mundo. Cuando yo era niño, no dejaban de llegar a la ciudad refugiados prominentes que huían de la Europa de Hitler –actores, compositores, escritores, científicos, pintores, psicoanalistas y filósofos– que enriquecieron nuestra cultura de un modo muy desproporcionado en relación a su número. (…) He vivido la mayor parte de mi vida en Nueva York o muy cerca de Nueva York. El resultado es que me siento más o menos en casa en cualquier otra ciudad del mundo. Nunca he pensado en Nueva York como en un territorio literario a explorar. No se abre camino en mis libros como un escenario que yo haya elegido sino como la vida. Sencillamente parto de la base de que Nueva York es lo que la vida es. No es un lugar, es la vida.”
La feria del mundo está principalmente contada por una voz infantil, Edgar, que varía conforme va creciendo y en la que reconocemos al autor, niño. Salpicada la narración por otras voces, provenientes de su madre, Rose, su hermano Donald y su tía Frances, que aportan sus versiones -con su distinto ángulo de visión- de algunos hechos que el protagonista no presenció o enriquecen con otros datos los que él mismo cuenta. Todas las versiones son personales, hablan en primera persona.

Novela de iniciación, nos cuenta la vida cotidiana, las relaciones familiares, y cosas que eran importantes para un niño al ir creciendo; como el primer contacto con la escuela,  con el lenguaje y la religión hebrea, visitas a los abuelos, o unas vacaciones en la playa de Rockaway. La mirada el niño que trata de ir descubriendo el mundo, empezando por lo que le rodea más íntimamente: la familia, su hermano mayor, el barrio. De vez en cuando le llegan noticias del lejano mundo que es la política, la llegada triunfal de Lindberg, Europa, Hitler, noticias que llegan mezcladas con las aventuras radiofónicas del superhéroe “La Sombra”, las películas de Chaplin o Laurel & Hardy, los comentarios sobre los problemas que los judíos iban teniendo no sólo en Europa sino en su propio barrio y cómo defenderse. Sus primeros bombachos, -entonces cada edad tenía sus ropas-  y los primeros pantalones largos nos van indicando su crecimiento, además de la manera como se va enfrentando al mundo que le rodea.
Las tensiones entre el  padre, Dave, y la madre, Rose, ambos de origen judío, pero de divergentes ambiciones y cuyas disparidades en cuanto al dinero es fuente de conflictos permanentes; las actividades de su hermano mayor, como avanzadilla que le informa y le protege, aunque a veces se burle de sus chiquilladas; la senil abuela materna que vive con ellos, y que se escapa de casa cada dos por tres. El tío Willy, aparcado a temporadas en la casa familiar; las apariciones de la tía Molly y sus novios; los abuelos paternos, de mejor posición social, en cuya casa de la playa pasa algunas temporadas.

De todo ello nos habla el pequeño Edgar, eco de ese otro Edgar maduro, el escritor Doctorow que rememora los años de esa infancia podríamos decir que bastante afortunada, dentro de lo que cabe. Edgar fue un niño que –ocho años después de su hermano- llegó por sorpresa, y siempre se lo decía su madre: ¡no te esperábamos!, sin embargo fue un niño querido, bien cuidado y cuya infancia discurre amablemente y sin demasiados sobresaltos. También nos cuenta la tremenda experiencia de su ataque de apendicitis, que estuvo a punto de llevarle al otro mundo, y gracias a la decisión y contactos de su tía Frances se salvó. Los problemas de su padre con el negocio (una tienda de artículos musicales) y los progresos de su hermano Donald en los estudios y en su vida le ocupan otros capítulos. Y pone punto final relatando la visita a la Exposición Universal del año 39, situada en Flushing Meadows.
Una novela entrañable, con el dominio ya reconocido que Doctorow tiene del lenguaje, y su buen hacer en la narrativa. Y un recorrido por los distintos rincones de Nueva York, toda la ciudad, no sólo Manhattan, paso a paso y con una mirada inocente.

Edgar Lawrence Doctorow (Bronx, Nueva York, 1931) es escritor estadounidense, de origen judío y ruso, en tercera generación; muy ligado a su ciudad natal, Nueva York, que es el escenario de gran parte de sus novelas. Su obra narrativa se ocupa, en especial, de la historia de su país. Se educó en la Bronx High School of Science y en el Kenyon College. Trabajó como lector en diversas editoriales neoyorquinas, colaboró en prensa como periodista y, desde 1969, fue profesor en varias universidades. Recibió en 1998 la National Humanities Medal. A partir del 52 impartió clases en la Columbia University. Fue editor de la New American Library y de la Dial Press en los 60. Desde 2006 ocupa la plaza Glucksman Chair de Letras Estadounidenses en la Universidad de Nueva York. Su primera obra, publicada en 1960, fue Bienvenido a los malos tiempos; después ha escrito una larga lista de novelas, relatos y obras teatrales. Algunas de sus novelas han sido llevadas al cine con gran éxito,  como Ragtime (1981, Milos Forman), y Billy Bathgate (1991, Robert Benton). Otras muestran diversas facetas de la vida de su país durante las décadas de 1920 y 1930, como El lago (1980) y La feria del mundo (1985), de la que ahora nos ocupamos. Suele mezclar hechos reales, muchas veces autobiográficos, con elementos de ficción.


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