26/4/13

EL FUEGUINO DEL BEAGLE


JEMMY BUTTON
Rufino Fernández
Evohé Ediciones, 2013

¿Qué es la civilización? ¿Sería preferible la vida natural y primitiva, como preconizaba Rousseau? ¿O necesariamente los humanos estamos abocados a progresar adecuadamente?  Tenemos en nuestras manos una historia que nos lleva a reflexionar sobre estas ideas. No, no se trata de un texto filosófico. Ni siquiera es una novela propiamente, aunque el texto está novelado y dramatizado. El autor, haciendo un esfuerzo de imaginación a la vez que documentándose intensamente, ha querido escribir las presuntas memorias de un indígena fueguino, que tuvo la suerte -o la desgracia- de ser “elegido”, junto con otros tres indígenas, contra su voluntad (o más bien, a pesar de su voluntad), para ser llevado a la civilizada Inglaterra de principios del siglo XIX.

La goleta británica Beagle, comandada por el capitán Fitz-Roy (que después volvería a navegar con un pasajero famoso, un tal Darwin…) en su viaje exploratorio por la Tierra de Fuego y la Magallania, captura a un grupo de jóvenes fueguinos, como represalia por el robo de una ballenera; y de ahí surge la idea de llevarlos a Inglaterra, enseñarles idioma y costumbres y devolverlos, “culturizados”, a su país natal, para ayudar a los misioneros que intentan civilizar indios en tan alejadas tierras australes. Uno de estos pasajeros excepcionales es Jemmy Button, cuyo nombre originario era Orundellico, pero que es rebautizado como de tal nombre porque su llegada a la Beagle se produce por medio de un intercambio: el capitán ofrece un brillante botón nacarado a cambio del chaval. Y los demás fueguinos van recibiendo nombres según el modo en el que llegan al barco: Fuegia Basket, York Minster y Boat Memory.



Pues bien, Rufino Fernández se introduce bajo la piel del fueguino y trata de mirar el mundo con sus ojos. Tarea harto difícil y poco menos que imposible en su totalidad. Desde una mente contemporánea no podemos saber qué pensaba un indígena, ni siquiera si su sistema racional se asemejaba al nuestro, probablemente no. Pero al menos, lo intenta y consigue bastante verosimilitud. Se trata del relato, a modo de recuerdo, que este fueguino hace a su retorno de la metrópoli, años después, una vez de nuevo en su país natal.
Tras haber aprendido rudimentos del idioma y costumbres británicas, asistiendo además a una escuela en Inglaterra (donde los fueguinos son inmediatamente detestados y marginados por el resto de niños) y presentado al rey Guillermo y la reina Adelaida,  Jemmy Button es una especie de híbrido. De comer carne de foca e incluso carne humana, pasa a tomar el té con sándwiches de pepino, tostadas con mantequilla y bacon para desayunar. De ir apenas semidesnudo y cubriéndose con pieles de guanaco, a llevar guantes, zapatos con hebilla, corbatín y ropas cuidadas.

Jemmy Button va, pues, recordando su infancia y adolescencia, sus ancestrales costumbres y creencias, cómo fue cambiado por un botón y llevado al barco, la vida a bordo, la vida en la metrópoli, y las relaciones con los otros fueguinos, sobre todo con la única mujer, Fueguia Basket, y con York Minster, mucho mayor que él, con quien mantiene una constante enemistad. Es inevitable la comparación de mundos, de miradas y de costumbres. De algún modo Rufino Fernández usa este tema para resaltar la ingenuidad del “buen salvaje” frente al retorcimiento civilizatorio, a la maldad o a las brutalidades que también conlleva la civilización. A mi modo de ver es imposible la comparación, pero sí es literariamente interesante presentar esa mirada ingenua. Y el estilo entrecortado usado, la simplicidad de descripciones, que se amplían cuando hablan de la naturaleza o los animales, pero que se quedan cortas con las personas, que al fueguino le resultan incomprensibles, todo ello conforma un clima de primitivismo.

La vida en espacios cerrados, las costumbres, las relaciones humanas, resultan incomprensibles para Jemmy, y una vez retorna a su tierra natal resurge su naturaleza salvaje como un ave fénix. Toda la historia que se nos cuenta, salvo algunos detalles obvios, está basada en las anotaciones tanto de los diarios del capitán Fitz-Roy como en el libro del propio Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo, donde dedica un largo capítulo a Tierra de Fuego y los fueguinos llevados a Inglaterra, en especial a Jemmy Button, quien parece haberle resultado muy buen compañero de viaje. En su libro, Darwin hace este comentario: «Aunque hayan pasado solo tres años con hombres civilizados, no dudo de que nuestros tres fueguinos hubieran sido mucho más felices conservando nuestras costumbres, pero no era posible. Hasta temo mucho que su visita a Europa les haya sido perjudicial.» Probablemente ocurriría así.


Con una cuidada edición que incluye mapas, fotos y grabados y una magnífica portada, en la que se encuentran simbolizados tanto la vida salvaje como la ciudadana y la náutica, la Editorial Evohé nos presenta esta novedad, que seguramente interesará a los amantes del género aventuras como a los de la literatura en general.

Ariodante

22/4/13

NACIMIENTO DE ESPARTA


HIJOS DE HERACLES
TEO PALACIOS
Edhasa pocket 2013

Últimamente la gran pantalla nos tiene acostumbrados a algunas películas de tinte heroico basadas en la Grecia clásica. Ésta tiene dos grandes vertientes por las que circula el torrente histórico y mitológico: la que da origen a Atenas, por una parte, y la que da origen a Esparta, representando ambas  dos polos  contrapuestos: la alegría de vivir ateniense y la rigidez militar espartana. Tanto uno como otro disponen de una riquísima tradición heroica y mitológica para explicar sus comienzos. Pues bien, el autor de esta obra se inclina a novelar los orígenes de Esparta.
Hay muchos libros que novelan mitos griegos a la sombra de Mary Renault, Robert Graves, Gisbert Haefs o Christa Wolf, así como otros que recrean la historia o la inventan. Combinando historia, mito y ficción literaria, hecho al que estamos ya habituados y que, en sí, no es ni bueno ni malo (la cuestión es el cómo), Teo Palacios compone la narración. Palacios es un autor versátil, que lo mismo escribe sobre griegos, mayas o andalusíes. En este caso concreto, podemos apreciar un esfuerzo notable de documentación.

En cuanto a la estructura del libro, abarca tres vertientes: por una parte, traza un panorama del surgimiento de la ciudad-estado de Esparta, las explicaciones mitológicas y los ―pocos― hechos y personajes documentados, las luchas o alianzas con sus vecinos de Argos, Mesenia, Corinto, etc.; por otra, cuenta la historia del rey Teopompo, su familia y los que le rodean, sus hazañas guerreras junto al otro rey, Polidoro, así como los cambios que introdujo en las leyes y normas de la vida espartana, probándolas en sus propios hijos. Está situado en la época de las guerras mesenias, más o menos mediados del año 700 a.C. Una tercera faceta la presenta el autor en primera persona, poniendo en boca de Arquidamo, el hijo segundo de Teopompo, resentido desde la más tierna infancia, vengativo y finalmente traicionero. Así, entre tramos en los que conocemos cómo se fue formando la ciudad espartana, y las reacciones de los distintos grupos que componían la población: homoioi o ciudadanos libres con plenos derechos, los periecos (libres pero con restricciones), los ilotas o esclavos…  asistimos a rebeliones de mesenios, de esclavos, guerra con Mesenia y con Argos,  rebeliones de parte de la población no muy contenta con los repartos de tierras tras las conquistas. Sin embargo, la agogé es aceptada sin grandes problemas, como un honor, cuando representaba una violencia ilimitada en la educación –no solo desde la óptica actual… también desde la óptica de otros pueblos griegos―, un tratamiento brutal a los niños, una educación militar desde la más tierna infancia. La  niñez casi resultaba inexistente: de la primera infancia pasaban a ser adultos y a ser tratados como tales, que tampoco era un tratamiento muy mirado.

En general, creo que el autor quiere abarcar demasiado y quizás el lector no demasiado experto en temas clásicos griegos reciba un torrente de información excesivo, alternando con partes de ficción, que  suponen una concreción de lo que se nos ha informado. Las detalladas descripciones de la «brutalidad educativa» del sistema espartano son crudísimas, sin embargo, otros aspectos son tratados con excesiva ligereza, como la relación entre ambos hermanos o las relaciones entre los amigos.
En cuanto al estilo, abunda en frases muy cortas que, sobre todo en los capítulos finales, cansan un tanto al lector, porque sugieren un ritmo muy sincopado, se leen como dardos lanzados al aire.  Para una novela a caballo entre el mito y la historia, no hubiera sido necesario introducir largas digresiones sobre las leyes o la política, que podrían haberse resuelto literariamente, sobre todo si ello redunda en una merma de la acción, dejándola como mero acompañamiento o ilustración del relato histórico o mitológico. La mezcla de algunos textos en primera persona con los de narrador omnisciente creo que no es afortunada, no queda clara la necesidad de colocar en primera persona la parte de Arquidamo, así como el primer capítulo en el que habla su hermano Anaxándridas. Quizás debería haber usado la primera persona para todo el relato. La última parte baja mucho en tensión narrativa, que queda acumulada sobre todo en las experiencias educativas tanto de Anaxándridas como de Arquidamo.
Se aprecia, desde luego, el alto grado de documentación del autor, tanto histórica como de mitología. En suma, Hijos de Heracles resulta interesante, pero no acaba de convencer, al menos como novela, si bien su nivel informativo puede satisfacer al lector.


Ariodante

19/4/13

ABRIENDO PUERTAS A LOS REYES


EL CERRAJERO DEL REY

MARIA JOSÉ RUBIO

La esfera de los libros, 2012

Por lo pronto, nos encontramos ante un libro de empaque: seiscientas y pico páginas ambientadas en la primera mitad del dieciocho en España. Siglo de las luces, el dieciocho no ha sido muy solicitado como marco para escribir novelas en la actualidad: parece que la antigüedad egipcia, griega y romana, así como el Medioevo, atraen a los novelistas históricos por su lejanía y oscuridad, que aparentemente se prestan más a la novelación que los siglos más cercanos, de los que abundamos en datos. Incluso el Siglo de Oro tiene bastantes adeptos. Pero el XVIII, pese a ser de las luces, parece bastante oscuro en cuanto a literatura histórica española se refiere.

Por otra parte, la etapa elegida es la del reinado del primer Borbón…y la del segundo. Época de transición: cambio de dinastía, de modos, estrategias y personajes. Así mismo, hay cambios sociales que paulatinamente emergen como icebergs. Las investigaciones científicas, mezcladas con la alquimia y magia, producen descubrimientos que configurarán la naciente sociedad industrial, de la que España, por razones que podremos colegir de este texto, quedará a la cola del progreso. También contempla la narración la transición entre dos reinados, ambos dominados por féminas, mientras que los dos reyes, Felipe V y Fernando VI son hombres débiles de carácter, que se abandonan a la melancolía o a la caza, quedando, pues, el gobierno en manos de las reinas …y de los poderosos secretarios de Estado. Mientras que el gobierno de la farnesina se inclina hacia Italia y Francia, el de Brabanza lo hace hacia Portugal e Inglaterra. Se quiere modernizar el país, cambiar la austeridad austríaca por la elegancia francesa e italiana, pero intervienen muchos intereses de por medio y la cosas quedan en incierto equilibrio. Entre los hechos destacables, está el intento de dar un impulso a las artes plásticas creando la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La relación de artesanos y artistas fluye como un torrente a lo largo de la narración.  Toda una tropa al servicio de unos reyes que quieren cambiar la imagen de austeridad austríaca por una más festiva y alegre, francesa e italiana: construyen el palacio y los jardines de la Granja, en Segovia, y remozan el palacio y los jardines de Aranjuez.

Este conjunto se nos presenta principalmente bajo la óptica de un personaje histórico, real, Francisco Barranco, un maestro cerrajero. ¿Qué pinta un cerrajero, un artesano, en la corte? No pinta: abre y cierra puertas. Y con las puertas, secretos. Es una magnífica imagen la elegida para servir de símbolo de unos tiempos llenos de intrigas y sociedades secretas. Y también la excusa para entrar en la corte sin ser cortesano, y para contarnos las vidas de los reyes y de los principales protagonistas de ese medio siglo en Madrid.  Hay, pues, otros muchos personajes en la novela, la mayoría históricos: con este texto, la autora se inclina claramente hacia la historia novelada. La ficción alterna con largos tramos de reportaje histórico.

Hay ficción, desde luego, centrada en la biografía cotidiana de Francisco, el aprendizaje en la fragua de José de Flores, así como en la parte personal del protagonista, amigos, enemigos y amores, y la enconada búsqueda de una fórmula magistral del acero. La autora propone asimismo un personaje femenino, también histórico: la condesa de Valdeparaíso, dama al servicio de Bárbara de Braganza, que junto a Miguel de Goyeneche nos sumerge de lleno en las intrigas de la corte. A su vez, desfilan como secundarios históricos las parejas reales y sus hijos, los músicos Scarlatti y Farinelli, empresarios como la familia Goyeneche, los secretarios de estado/ministros como Patiño, Carvajal, el marqués de la Ensenada; arquitectos como Sacchetti y Bonavía …

Pero además del desfile de personajes históricos relevantes, a lo largo de esa primera mitad del siglo ocurren muchos hechos importantes, además del incendio del Alcázar y la construcción del Palacio Real: el terremoto de Lisboa, que se siente incluso en Madrid, la creación de la primera escuela de Bellas Artes, la de San Fernando; la modernización de los astilleros y creación de una Armada potente; la reorganización del ejército; la modernización de la administración, etc. En el transcurso de la narración, el terrible incendio y destrucción del Alcázar real, descrito magníficamente por la autora, ejerce como un eje simbólico (el cambio de una dinastía por otra) alrededor del cual gira la novela. Ese suceso conlleva su reedificación, siguiendo la construcción del  palacio real el curso de todo el texto, incidiendo en él a veces o simplemente, como telón de fondo.
Espacio principal de la acción: Madrid, con unos capítulos en Sevilla, cuando los reyes  desplazan allí la corte durante unos años. En esos espacios se mueve nuestro cerrajero, la condesa y Goyeneche, los cerrajeros Pedro y Sebastián de Flores, a quien habría que sumar otro personaje, proveniente del mundo de la farándula y el teatro, Pedro Castro, cuya amistad con el protagonista le lleva de la mano para entrar en otros mundos. 

El protagonista es un artesano con aspiraciones, pero artesano y por tanto perteneciente a una clase inferior, ajeno a la nobleza, aunque la autora lo presenta como hijo de hidalgo venido a menos por desgracias de la vida.  A veces resulta un tanto forzada su relación con los aristócratas y el mundo de las altas esferas palatinas. Un cerrajero real que tiene la opción de abrir todas las puertas de palacio es un plato muy gustoso para los que manejan las intrigas y el espionaje político, por tanto es en cierto modo verosímil que le halaguen y le atraigan, dejándole en la cuneta cuando ya no les sirve, pero en algunos momentos tenemos la impresión de que se violenta un poco una relación que es difícil de asimilar: por ejemplo, la reunión casi conspiratoria en casa de Goyeneche o la impensable relación entre la condesa y Francisco. La trama de ficción desarrolla la tensión de Francisco entre las dos mujeres que ama, la que desea y la que tiene. La que comparte su estatus real y la que personifica el estatus al que desearía acceder. También la ficción muestra la lucha contra su enemigo y competidor visceral, el ex compañero de fragua Félix Monsonio, un malvado que cumple el papel de tensar las cuerdas y tener al lector atento a sus fatales movimientos. Si añadimos a todo ello una subtrama en la que se trata de encontrar la fórmula de conseguir el acero perfecto, recurriendo a tratados alquímicos y a fórmulas magistrales de los gremios herreros, mezclado con intrigas de espionaje político e industrial, tenemos un buen potaje hirviendo en el fuego.
El libro se lee de modo que interesa y entretiene, aunque el ritmo es sincopado,  la acción puramente novelesca se ve entrecortada por la narración histórica, que, si bien marca las pautas generales donde se desarrolla la ficción, ralentiza mucho su seguimiento; supone un punto y aparte. En cuanto al estilo, es correcto, aunque quizás en algunos casos haya términos o conceptos demasiado contemporáneos, no de la época en que nos sitúa, sobre todo en los tramos puramente históricos, en los que quizás la profesión de la autora aflore inconscientemente y utilice un discurso más cercano al ensayo.

Ariodante


Web de Maria José Rubio: http://www.mariajoserubio.com/biografia/



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