9/7/10

VERANO VENECIANO IMAGINARIO



UNA TEMPORADA EN VENECIA
Włodzimierz Odojewski (1930, Poznań, Polonia) es escritor, guionista de radio y periodista. Dejó por razones políticas su país natal en 1971 para asistir a un curso en la Academia de Literatura de Berlín, y después emigró a París y después se trasladó a Múnich, donde, además de dedicarse a la escritura, trabajó como periodista en Radio Free Europe. Autor de numerosos relatos y novelas, ha sido distinguido con varios premios internacionales. En 1989 regresó a Polonia y, desde entonces, reside en Varsovia y Múnich. La prosa de Odojewski se enraíza en la tradición literaria existencial, caracterizada por una obsesión por el tiempo, la memoria, y el inevitable desastre. Experimenta con el monólogo interior y las exploraciones joyceanas en el mundo literario, interpretando el presente como un neblinoso y fantasmagórico sentimiento de deja vu: “mi intención -dice el autor- ha sido mostrar en mis relatos y novelas un mundo que ha desaparecido, pero que aún no se ha desvanecido de nuestros recuerdos. Así he rememorado un pasado lleno de emociones y sufrimientos humanos, miedo, amor y odio, pero también un pasado enraizado en hechos históricos.”

Una temporada en Venecia es el relato de un verano, un verano muy especial: 1939. Visto desde la perspectiva de un niño, Marek, al que habían prometido ir a Venecia, promesa truncada por la situación política, pero que el niño no acaba de entender hasta que no ve la muerte muy de cerca, en los ojos de un soldado, donde se reflejan las nubes en su mirada fija.
Así, en una pequeña población polaca, en un caserón familiar, se juntan la abuela, las tías y la madre de Marek, su hermano y primos, ausentes los hombres (el padre y el abuelo, movilizados). Y allí tratan de sobrellevar los hechos como pueden. El mundo de los adultos discurre por un cauce distinto al de los niños. Éstos, primero agobiados ante lo que se presenta como un aburrido verano sin entretenimientos ni alegres perspectivas, luego se ve alterado por una parte, por la realidad exterior: los soldados, los refugiados, los aviones, los bombardeos...la muerte. Y por otra, el mundo interior de la familia y de la casa en la que se han refugiado. Y allí ocurre el milagro: la Venecia que no han podido visitar aparece en la propia casa: en el sótano inundado por lo que, ante el trastorno general, creen un manantial, bajo el fuerte influjo de la imaginación, se convierte en la ciudad de los canales: mesas que hacen de plazas, estanterías de palacios, pasillos que son canales, y tinas que sirven de góndolas con las que los niños viven su aventura veneciana, emocionados ante una posibilidad de olvidarse de las imágenes que los adultos no les han podido ocultar: los bombardeos de una zona cercana, las muertes, las explosiones y el pánico.
Sin embargo, aunque les llega una descomunal factura de agua y el fontanero sugiere una rotura de cañerías, todos prefieren la ficción veneciana, hasta que un oficial alemán que intenta hospedarse allí les dice la verdad y se marcha ante el enloquecido espectáculo que presencia. Ellos siguen con su teatro veneciano, y el tiempo pasa. “Hay guerra. Deberíamos llorar. Y en vez de eso nos paseamos por Venecia” dice Zuzia.




5/7/10

CONRAD FOREVER


FUERA DE LA LITERATURA
Reseña publicada en:http://www.elplacerdelalectura.com/2010/07/fuera-de-la-literatura-joseph-conrad.html
“Todo novelista debe empezar por crearse un mundo, grande o pequeño, en el que sea capaz de creer con absoluta sinceridad. Ese mundo no puede sino estar hecho a su imagen y semejanza: está destinado a seguir siendo individual y un tanto misterioso, si bien al mismo tiempo debe evocar en el lector algo que sea familiar a su experiencia., a sus propios pensamientos, a sus sensaciones.”Los Libros. J. Conrad.
Joseph Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski), escritor de origen polaco y británico de adopción, nace en Berdizcew o Berdichev, en la hoy Ucrania Occidental, en 1857 y muere en Bishopsbourne, Inglaterra, en 1924. Conrad escribe en inglés, idioma que aprende a los 21 años, cuando comienza, -tras unos años en la marina mercante francesa- a trabajar para la británica, y a la que dedica veinte años de su vida. Finalmente se establece en Inglaterra, forma su familia y se dedica por entero a la literatura. En otras páginas he hablado más largo sobre su vida, una vida inquieta.
Conrad tiene una muy extensa obra literaria; principalmente novelas y relatos que mayoritariamente se basan en sus experiencias como marino y en sus viajes por los Mares del Sur, el Mediterráneo, África e incluso Centroamérica, de los que supo extraer no sólo las aventuras, sino sus profundas connotaciones filosóficas y morales, toda una cosmovisión de un mundo en decadencia, un mundo camino de su desaparición, tras la hecatombe de la Gran Guerra, mostrándonos personajes que se enfrentan no sólo a la naturaleza sino a su propia condición humana.
En algunos otros libros reflexiona sobre su propia vida y el papel del escritor, como son Crónica personal y El espejo de mar, aunque siempre de forma fraccionada y muy subjetiva. Y en el caso que nos ocupa, el libro Fuera de la Literatura agrupa una colección de 18 textos; artículos, breves ensayos sobre algunos de los temas que le interesan y le preocupan, así como también algunos recuerdos personales. Conrad no era demasiado aficionado a hablar de sí mismo y, como bien dice Martínez-Lage en su prólogo, “no se hallará en estas páginas, como queda dicho, al Conrad íntimo, porque ése no se dejó ver nunca de cuerpo entero, y si acaso está en las biografías o en su correspondencia.”
Efectivamente, Conrad recurre a sus recuerdos en su relato del viaje que muy inoportunamente hizo con su familia a Polonia en 1914, pero son simples flashes: recuerda el trayecto de su casa al colegio, recuerda el triste ambiente de su casa con su padre moribundo, y a la vez recuerda su llegada a Inglaterra, a la misma estación de la que parte ahora. Su fuerte convicción y propósito, arrostrando dificultades con el idioma y sus carencias económicas. También nos comenta sus impresiones del ambiente en los días previos a la Gran Guerra, cómo nadie la creía posible. Y sus problemas para salir de Polonia y de Austria una vez declarada la guerra.
Sólo un artículo, Los libros, nos habla de literatura. El resto son reflexiones u opiniones sobre diversos temas de índole marinera, viajes, navegación, etc. En muy destacable su enfático artículo sobre el Titanic, en el que de paso se despacha a gusto ante los nuevos progresos en navegación, despreciándolos por la pérdida del sentido tradicional, de la relación del hombre con el mar, de la capacidad de control humano frente al control mecánico, etc.
Resulta muy evocador cuando nos habla de las exploraciones geográficas y las distintas maneras de enfocar los viajes, y evoca su infancia, cómo le seducían los mapas, cómo se imaginaba a sí mismo surcando ríos y mares. Y cómo se burlaron de él sus compañeros cuando señaló un punto del río Congo asegurándoles que algún día estaría allí, cosa que ocurrió efectivamente dieciocho años más tarde. Y que dio origen a El corazón de las tinieblas.
Para Conrad, la superioridad de la geografía sobre la geometría reside en el atractivo de sus imágenes, “lo cierto es que la mayoría estará de acuerdo en que un mapa es más fascinante que una figura geométrica en un tratado de secciones cónicas”; nos habla además, de los grandes exploradores, Marco Polo, Colón, Cortés, Tasman, Cook, y los del siglo XIX, Livingstone, Mungo Park, Burton y Speke...
En otros artículos trata del tema de la navegación, del trabajo y la posición del marino, de los viajes de pasajeros frente a los viajes exclusivamente marineros: “el mar ha sido para mi un terreno sagrado gracias a esos libros de viajes y de descubrimientos, que lo han pobladote los fantasmas inolvidables, de los maestros de un oficio que, a su humilde manera, fue también el mío”.
Muy emotivo el artículo sobre la famosa Patrulla de Dover, en la Gran Guerra, donde se movilizaron en apoyo de la Armada miles de pequeños barcos, pesqueros, voluntarios y aficionados, que a veces con sólo una escopeta de caza por toda arma unieron sus esfuerzos y su voluntad de frenar el avance enemigo y ayudar a su país. Conrad rinde un emocionado homenaje a esos hombres y a su coraje, más fuerte que los pocos medios de que disponían.
Se incluye, además, el último e inacabado artículo, Leyendas, que Conrad estaba escribiendo cuando murió. Finaliza el conjunto con una introducción a una biografía de Stephen Crane, gran amigo suyo, del que se sintió enormemente afectado por su prematura desaparición.
En suma, una obra variada, aparentemente dispar, pero con una cierta unidad: su propia vida y su mirada sobre temas que le impresionaban profundamente. Y siempre, en todo momento: el mar. “El mar inmutable despierta en uno la conciencia de su pasado, la memoria de las cosas alcanzadas por medio de la sabiduría, de las cosas que se aventuran entre sus olas incesantes”


Fuensanta Niñirola

27/6/10

CIUDADES DEL MUNDO CLÁSICO











Reseña publicada en:


http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/letras/v/P05552.ascx

El autor, Ángel Luis Vera Aranda es Doctor en Geografía, Catedrático de Enseñanza Secundaria y profesor del IES Quinto Centenario de Sevilla. Ha publicado varios artículos sobre el empleo de los medios de comunicación en la enseñanza, impartido diferentes conferencias sobre esta temática, ha sido coordinador de varias jornadas sobre educación y comunicación. Es autor de una colección de videos sobre Geografía. Ha recibido varios premios por su labor docente e investigadora.
Este es un libro que resume de un modo absolutamente didáctico y atrayente la historia de las más importantes ciudades de la Antigüedad. Aunque se concentra en la ciudad desde el punto de vista urbanístico y nos aporta una serie de datos políticos, geográficos, socioeconómicos y artísticos, sin olvidar leyendas y otras curiosidades que hacen muy amena su lectura, que de otro modo podría resultar algo ardua para el no iniciado. La obra consta de seis capítulos y una introducción donde nos avanza el tema a desarrollar y la orientación del mismo.

Las grandes ciudades de nuestro pasado grecorromano, desde el punto de vista urbanístico se pueden dividir en dos categorías, según el autor: bajo el signo del orden o el del caos. Apolíneas o dionisíacas, diríamos desde un punto de vista filosófico; ciudades como Atenas o Roma, comenzaron desde muy antiguo a construirse sin orden ni concierto, por lo que el resultado es una acumulación de barrios a cual más anárquico, y, en el caso de Roma, se llegó incluso a la construcción el alturas de hasta siete u ocho pisos, debido a la superpoblación en algunos momentos. Sin embargo, fue en Grecia donde surgió la teoría urbanística del orden: el arquitecto Hipódamo desarrolla el diseño de sus ciudades basándose en la línea recta, en los planos ortogonales, o sea, de 90º. Así se fueron edificando las ciudades de nueva planta y así los romanos la exportaron a todo el imperio, a pesar de que no pudieron hacerlo con la capital. Incluso aportaron sus propias ideas novedosas al asunto: el foro sustituye al ágora griega, siendo ambos son el equivalente a la plaza mayor hispánica, el sitio donde están los edificios principales, donde se asientan los mercados, y donde la gente se reúne para hablar, negociar, hacer política y para divertirse.

Pero todas estas ciudades han sufrido a lo largo de los siglos, el acoso, derribo y en muchos casos, su destrucción total; no sólo por la mano del hombre, sino también, y a veces de modo más definitivo, de la mano de la Naturaleza. Fuertes terremotos y maremotos acabaron o dejaron absolutamente destrozadas muchas ciudades: media Alejandría está sumergida y las exploraciones arqueológicas submarinas nos han descubierto sólo una pequeña parte. Mismamente Roma, a la que dedica dos sabrosos capítulos, es una ciudad que aun hoy en día nos depara constantes sorpresas y descubrimientos: cada vez que se amplia el metro o se hacen los cimientos de una casa, aparecen capas y capas de restos del pasado.
Antioquía, la reina de Oriente, cuna de la expansión cristiana, fue una de las más castigadas: por los romanos, los persas, los árabes...y los terribles terremotos. Ni la construcción de la colosal cabeza de Caronte consiguió salvarlos de una epidemia que diezmó la población. La perla del Nilo: Alejandría, fundada por el gran macedonio en un emplazamiento magnífico, foco cultural importantísimo y de inmensos monumentos, como el Museo y la Biblioteca, sufrió doblemente por los saqueos humanos y los provenientes del furor de Poseidón. Seleucia, Ctesifonte, Éfeso, Petra y Pérgamo, que para el público quizás son menos conocidas, son también revisitadas por el autor en un último capítulo.

En resumen: un libro ameno, interesante y muy agradable de leer, que ala vez nos proporciona unos conocimientos básicos sobre la historia de nuestra civilización.





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