6/12/15

INDOCHINA, MON AMOUR

LA DAMA DE SAIGÓN


J.L. GIL SOTO
Ed. Kailas, 2015




Indochina, Reino de Annam, 1858. La virulenta persecución y masacre de conversos católicos, misioneros españoles y el obispo español J. M. Díaz Sanjurjo, fueron el pretexto que llevó a la declaración de guerra por parte de Francia y España, comenzando una campaña militar que se desarrolló entre 1858 y 1862 en la región meridional del actual Vietnam (llamada entonces Cochinchina) y que constituyó, curiosamente, el inicio de la colonización francesa en Indochina. Las tropas españolas acuarteladas en Filipinas fueron requeridas, en virtud del Tratado de la Cuádruple Alianza, para colaborar con las francesas, que desde el primer momento llevaron la iniciativa y el mando supremo. Reinando la indolente Isabel II y gobernada por O’Donnell, España se limitó a participar, muy honrosamente, pero sin la más mínima visión comercial ni política. Mil quinientos soldados españoles y tagalos, al mando de los coroneles Ruiz de Lanzarote y Carlos Palanca, se unieron, desde Filipinas, a las fuerzas francesas. Después de varias acciones de castigo, se dirigieron a Saigón, ciudad que fue tomada al asalto el 17 de febrero de 1859, al mando del coronel Palanca. Vidas y honor se dejaron los soldados españoles allí, sin que ello supusiera para España el más mínimo beneficio político ni económico, que quedó por completo en manos francesas. Eso sí, se consiguió que los misioneros católicos pudieran volver a ejercer sus actividades, y con ello la católica reina se quedó satisfecha.

Pues bien, este es el marco donde principalmente se sitúa la presente novela, tercera del autor extremeño. Los escenarios variarán según la acción, y Cádiz, Manila, Saigón, además de las largas navegaciones entre unos y otros lugares, serán el espacio donde los numerosos personajes viven las incidencias, a veces terribles, que el destino o el azar les depara. La mayoría se ve inmersos  –a veces, contra su voluntad- en una guerra terrible en la que solo los franceses sabrán sacar conclusiones positivas. Los españoles, y eso se refleja bien en la novela, solo fueron una comparsa, dejando vidas y truncando destinos para nada (políticamente hablando).
Esta es una novela de personajes, cuyas vidas y aventuras, alegrías y desgracias conocerá el lector de modo paralelo o mejor, convergente. Contada en tercera persona, por un narrador que se va situando alternativamente en el punto de vista de algunos personajes, dejando otros en una cierta penumbra, que nos mantendrá en la duda de su verdadera identidad. Poco las distintas trayectorias vitales, en principio muy dispares, se van aproximando hasta  implicarse unas con otras.  El eje argumental está centrado en la historia personal de Isabel Ripoll, con una complicada trama en la que la dama, joven y única hija de un naviero gaditano vivirá terribles y dramáticas situaciones que la colocarán al borde de la desesperación. Su tesón y juventud, además de la ayuda de benefactores que recibirá como caída del cielo, poco a poco la harán resurgir cual ave fénix. Sin embargo, pasarán varios años, y en el transcurso de ellos el lector, además de seguir las incidencias y pesquisas de Isabel en el intento de recuperar lo que es suyo,  descubrirá otras emotivas y dramáticas historias personales, que el autor presentará desde sus respectivos puntos de vista. Así, la bella pero peligrosamente atractiva Leslie/Ylang, el melancólico y apuesto teniente Queralt, los gemelos Ricart, el sufrido padre dominico Ocaña, por una parte. Otros personajes, más difusos, planos y cuya identidad se mantiene imprecisa, serían: la bella y elegante Marianne, el administrador Zuloaga, el periodista Lapuente, el malvado Artemio, el empresario francés Pierre y el misterioso británico Jerry, conjunto que compone un complicado rompecabezas en el que todo irá encajando conforme nos acerquemos al final de la novela.

La gran cantidad de personajes secundarios e historias confluyentes hace que en algunos casos nos quedemos solo con pocos trazos para construir ciertos caracteres, aunque la historia principal, la de Isabel, es la mejor desarrollada. En algunos momentos uno podría pensar que en esa época una joven de apenas veintipocos años no tendría el valor de arrostrar peligros indecibles y situaciones tan humillantes y dolorosas. Sin embargo, la figura de Isabel, educada en París y con una visión más amplia de la que acostumbraban las jóvenes gaditanas, unido a un carácter fuerte y testarudo, hace creíble que afronte la adversidad sin hundirse en el fango. Obviamente, Isabel recibirá ayuda por parte de determinados personajes masculinos que se comportan con ella de modo honesto y gentil, así como de amigas que la animan y la quieren bien, lo que compensa las humillaciones recibidas por unos desaprensivos estafadores que han aprovechado de su desgracia para medrar. Quizá la historia del dominico Ocaña sea la más floja, porque es la que tarda más tiempo en confluir con el resto de personajes y no llega a implicarse demasiado en el conjunto. Sus dudas y continuas inquietudes son difíciles de seguir, y en algunos momentos parecen un tanto forzadas. Pero es el modo en el que el autor elige para mostrar la situación de los católicos en ese país.
 Lo que es muy destacable es la recreación del clima de desvalimiento del ejército y la armada españoles en Filipinas, con respecto a los lejanos mandos de la metrópoli, la desazón ante la cortedad de miras del gobierno español y el abandono a sus propias fuerzas, valor y heroicidad, que nunca faltaron en los militares españoles. También es destacable la misión de las mujeres en esta guerra, como cantineras y enfermeras, apoyando con cariño y eficacia la lucha de los soldados. Y por último, se ve bien reflejado el clima de persecución y de penalidades sufrido por los creyentes laicos y misioneros católicos en el reino de Annam.
En suma, una novela donde no falta la acción,  intriga, pasión y el marco histórico de una guerra apenas conocida en la historia colonial española. Con un ritmo que paulatinamente va in crescendo, hasta momentos de máxima tensión que atrapan al lector y mantienen la atención hasta la última página.

José Luis Gil Soto (Oliva de la Frontera, 1972), es Ingeniero Agrónomo por la Universidad de León. Comenzó su carrera profesional en el campo de las energías renovables y luego pasó a formar parte de la Administración Pública. Es autor de múltiples guiones literarios y ha participado en diversas publicaciones de carácter científico y divulgativo. Su primera novela, La traición del rey  (2008) vio la luz con un notable éxito. Con la obra La colina de las piedras blancas (2010) ha sido finalista del II premio Caja Granada de novela histórica.



3/12/15

REINAS EN ESPAÑA

 
NACIDAS PARA REINAR
LOLA GAVARRÓN
Temas de hoy, 1997

Este es un ensayo biográfico centrado en las vidas de doce reinas españolas, reinas consortes, cuyo punto en común es doble: origen extranjero y matrimonio como asunto de Estado, que por otra parte era lo habitual. Procedentes de países con los que España deseaba una alianza, ésta se resolvía matrimoniando a príncipes o a reyes con princesas extranjeras. Así, portuguesas, austriacas, francesas e italianas, a partir del emperador Carlos, hasta Alfonso XIII, comparecen en cada capítulo de este libro, donde no sólo se nos cuenta, de modo ameno y elegante, las circunstancias que rodearon el enlace real, sino que también seremos informados del contexto histórico, y muchos detalles curiosos y domésticos que ponen color y cercanía a estas damas. Color y valor, porque ciertamente necesitaron de un temple muy especial para cumplir su función, principalmente reproductora, aunque en algunos casos su influencia e importancia aumentó por tener que realizar también el papel de regente o sustituir al rey en tareas de gobierno, por ausencia real. Pienso, por ejemplo, en el caso de Carlos V e Isabel de Portugal, o el la larga regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Acompañado cada texto con una ilustración donde podemos apreciar las facciones y apariencia de cada una de las reinas citadas, los capítulos se van enlazando porque tanto los Austrias como los Borbones fueron dinastías endogámicas, y de nombres repetitivos, con lo que a veces resulta algo complicado entender  el parentesco. Varias Isabeles, Marianas, Mariacristinas, Marialuisas, transitan por estas páginas con sus complicados vestidos y peinados, mirándonos desde sus retratos donde permanecen inmortales, a veces con tristeza, a veces con tranquila complacencia, pero siempre con gran dignidad. Habían sido educadas para ese papel: eran moneda de cambio, tratados internacionales hechos carne, preparadas para proporcionar herederos a las monarquías reinantes.

Pero estas reinas, eran, al fin y al cabo, mujeres. Y a pesar de que su educación las preparaba desde la más tierna infancia para afrontar dificultades, incomodidades, humillaciones y malquerencias, supieron salir adelante e incluso a veces enamorarse de sus consortes, que no siempre correspondieron a su amor ni valoraron el sacrificio que suponía para esas mujeres, en muchas ocasiones casi niñas, púberes o no, que se veían obligadas a compartir su cuerpo con hombres que podrían ser sus padres o incluso ¡sus abuelos! Y habían de abandonar ilusiones, emociones, deseos, para supeditarlos a la función principal, que era la gestación de un heredero al trono. Dramático papel, muchas veces, como en el caso de María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II el hechizado. Quizá la más bonita historia de amor fuera la del emperador Carlos y su única y muy amada esposa, Isabel de Portugal. Porque si bien fue un matrimonio de Estado, nada más conocerse los cónyuges sintieron una inmensa pasión el uno por el otro, siendo los días más felices del emperador los pasado en Granada con Isabel, recién casados. Además de bella y apasionada, Isabel fue una magnífica administradora del reino, en las frecuentes ausencias europeas del beligerante Carlos. Y cumplió con creces su función reproductora: cinco hijos y dos abortos, el último de ellos la llevó a la muerte, dejando desolado a su regio esposo, que no volvió a desposarse…aunque tuviera sus desahogos, fruto de los cuales nació Don Juan de Austria.

Lola Gavarrón no sólo cuenta la vida de estas reinas, sino que entrelaza la narración con otros personajes contemporáneos a ellas, que tuvieron influencia o marcaron visiblemente el ambiente  de la corte española, la vida cultural y artística, las costumbres, las modas, además de las intrigas políticas. El cambio dinástico, de los Austrias a los Borbones, se muestra por nuevos usos y costumbres, además de las modas y el talante, como por ejemplo, algo tan importante como el embarazo y sobre todo el alumbramiento de nuevos vástagos cambia radicalmente al introducirse la figura del ginecólogo, ya que hasta el momento, no se permitían médicos en el alumbramiento, sólo las comadronas, que a veces habían de trabajar en la semioscuridad debido al pudor de las reinas parturientas. Porque, eso sí, siempre había algún hombre discretamente situado en el dormitorio real: testigos de que realmente ocurría un parto y el resultado de ello era tal que no se pudiera cambiar o enmascarar. Porque también se daban casos de fingimiento de embarazo, comprensiblemente en las desgraciadas esposas de Carlos II, María Luisa de Orleans y Mariana de Neoburgo.
La llegada de los Borbones implica otra novedad: la aparición de las princesas italianas, como la dulce María Luisa Gabriela de Saboya y la imponente Isabel de Farnesio, ambas esposas consecutivas de Felipe V. Y con las italianas llegan nuevas modas y modos, la austera corte española empieza lentamente a evolucionar, se acometen reformas estéticas de las ciudades, sobre todo Madrid, se importan artistas y músicos italianos, en suma, la anquilosada maquinaria comienza a funcionar.
En los últimos capítulos se produce el cambio hacia el Romanticismo, en el XIX, y también las costumbres introducen novedades en el interior de las mansiones reales.
En suma, un libro muy ameno y de gran interés, no tanto historiográfico como humano, ya que accedemos a la intimidad de unos personajes rodeados de gran protocolo y rígidas formalidades, a cuyos sentimientos llegamos a tener un cierto acceso con esta lectura.

Lola Gavarrón (Tetuán, 1951), es periodista y escritora. De su primera formación universitaria como geógrafa -materia en la que es doctora- descubrió que el cuerpo humano es un paisaje y que como tal puede ser transformado por la indumentaria y el maquillaje. Con esta perspectiva humanística de la Moda y la Belleza como otro lenguaje tanto más poderoso cuanto que mudo, afronta sus colaboraciones en medios españoles e internacionales. También para sus clases en diversos masters sobre periodismo de Moda y Belleza como el del ISEM de Madrid. Es autora de los libros Piel de ángel (1982), Mil caras tiene la moda (1983), La mística de la moda (finalista Premio Anagrama Ensayo 1989) y la presente Nacidas para reinar (1992). Ha escrito también una biografía sobre Ana de Pombo, por ahora inédita.



Fuensanta Niñirola 
Nov. 2015




30/11/15

JUNTO AL MISSISSIPI

LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER

MARK TWAIN

Ilustraciones: PABLO AULADELL
Trad.: Mariano Peyrou
Ed. Sexto Piso, 2015


Tom Sawyer es un clásico de la literatura juvenil y de todas las edades; su creador, Mark Twain, recrea en estas páginas su propia infancia y los recuerdos de Hannibal, un pequeño pueblo ribereño del Mississipi, en el estado de Missouri, al que la familia se traslada cuando Twain cuenta cuatro años. Así pues, confluyen en esta maravillosa narración la memoria y la exaltación del mundo infantil, donde realidad y ficción suelen estar aún mezcladas, por el imaginario feliz de esa etapa. El propio Twain en un prefacio de 1876 reconoce que hay algunas experiencias suyas relatadas aquí, pero que la mayoría son de amigos y compañeros de su infancia, entrelazadas y adornadas con otros recuerdos.
Todos conocemos las aventuras del travieso Tom: el pequeño huérfano que vive con su tía Polly, una dama gruñona y recalcitrante aunque cariñosa y afectiva cuando Tom, zalamero, la requiebra. De continua pulla con su hermanastro, Sid, un niño repelente, empollón y acusica, mientras la prima Mary, más mayor, intenta mediar entre Sid y Tom; Jim, el chico de color que ayuda en casa, y otros compañeros de clase: Joe Harper, Billy,  Johny Miles, Ben Rogers, mantienen una admiración por un personaje marginal, Huckleberry Finn, un chico asilvestrado que vive por su cuenta, aquí y allá, y que es el mejor amigo de Tom, una incitación constante a la libertad y la independencia, a la aventura y el riesgo. Y luego están las chicas: Amy Lawrence y Becky Thatcher, la preferida de Tom.
Este es el mundo de los niños; por otra parte está el mundo de los adultos: el juez Thatcher, padre de Becky, el señor Walters, de la escuela dominical, el médico, Dr. Robinson, y su ayudante Muff Potter, así como el indio Joe, el malvado de la historia. 

Se enlazan en esta obra continuas historietas, travesuras y aventuras de los chicos, como la famosa pintura de la valla, divertido comienzo de la novela; los manejos y trucos de Tom para conseguir puntos en la escuela dominical,  su admiración por  Becky, recién llegada al pueblo; hasta que algunas de estas aventuras se mezclan con las  del mundo adulto: el malcarado indio Joe y Muff Potter son espiados por Tom y Huck Finn, y las cosas se complican. Hay un tesoro escondido, Tom se escapa con Huck y vagan por el río y los islotes donde el aventurero y libre Huck  tiene su reino, hasta que se enteran de que en el pueblo se da por muertos a ambos y deciden presenciar su propio funeral…. Estas y otras aventuras, como la de la excursión a la cueva de McDougal donde quedan perdidos Tom y Becky, son la delicia de este libro, que salta de una a otra travesura con la ingenuidad y la imaginación de la infancia. Todo ello enmarcado en el incomparable paisaje sureño del Mississipi, en una época aún idílica y feliz, en una imaginaria población llamada San Petersburgo, recreación del Hannibal de Twain.

Toda esta maravillosa narración, está, en la presente edición, magníficamente ilustrada por Pablo Auladell, con probada capacidad para recrear mundos con sus imágenes. Construye en sus dibujos las figuras ingenuas de los niños, el paisaje del río, las figuras más duras de los adultos, (sobre todo los malvados de la historia), todo ello envuelto en tonos sepia con leves toques de color, ocres y delicados azules agua para el gran río, por donde se desplaza, lento y majestuoso, un vapor. Consigue crear un espacio propio, cargado de lirismo y lleno de imágenes lúdicas, festivas, mostrando el universo infantil. Siempre dentro del estilo que ya ha definido como propio en otras muchas publicaciones, libros ilustrados o cómics. Un estilo que tiene trazos muy libres, líneas algo angulosas y figuras que recuerdan en sus trazos a los dibujantes expresionistas, como Otto Dix y George Grosz, sin la acritud de éstos, pero con manifiesta influencia iconográfica. En una entrevista, (http://www.ilustrandodudas.com/index.php?/entrevistas/pablo-auladell/) preguntado el artista si es mejor mantener un estilo al margen de modas o seguirlas, responde: “Se trata de buscar un equilibrio entre mirar para mantenerte siempre vivo en la sabana y, al mismo tiempo, mantener tu coherencia. En mi caso, busco una forma de expresión que sea intemporal. Por eso busco el equilibrio, la elegancia, la contención, y tomo como modelos, sobre todo, a los maestros que han logrado esto, que sus obras produzcan sensación de belleza, que conmuevan en cualquier época. Pero, al mismo tiempo, puedo ir aprovechando recursos y herramientas nuevos para lograr ese objetivo.”
En suma, una edición bien cuidada, bien ilustrada y bien traducida. Y una obra de la literatura universal. Imprescindible en cualquier biblioteca.

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), más conocido por su seudónimo Mark Twain, era autor y humorista estadounidense. Twain creció en Hannibal, Missouri, que proporcionó el escenario de Huckleberry Finn y Tom Sawyer. Nació poco después de la visita del cometa Halley, y predijo que iba a "salir con ella", también. Murió al día siguiente de que el cometa regresó. Su ingenio y sátira, en prosa y en el habla, se ganó los elogios de los críticos y compañeros. Fue alabado como el "más grande humorista estadounidense de su época", y William Faulkner le llamó "padre de la literatura norteamericana".

Pablo Auladell (Alicante, 1972) es un reconocido ilustrador que desarrolla su trabajo en el ámbito editorial. Ganador del Premio Nacional de Cómic Injuve en 2000 y del Segundo Premio a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles por el libro Peiter, Peter y Peer en 2005, cuenta ya con una larga bibliografía de más de treinta obras, entre libros ilustrados y tebeos.


Fuensanta Niñirola
30 Nov 2015





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