4/6/16

CIELO Y MONTAÑAS

BAJO CIELOS INMENSOS
(The big sky, 1947)
A.B. GUTHRIE JR.
Trad.: Marta Lillo Murillo
Ed. Valdemar, col. Frontera, 2014

  
En los albores del siglo XIX, los primeros no indios que transitaron por las Montañas Rocosas fueron tramperos, comerciantes de pieles y exploradores. W. H. Ashley, J. Bridger, Kit Carson, J. Colter, T. Fitzpatrick, A. Henry y J. Smith eran algunos de estos expedicionarios, que recorrieron inmensas praderas y bosques frondosos, navegaron por ríos turbulentos y lucharon o traficaron con diversas tribus indias, incluso algunos se aclimataron a vivir temporadas con ellos, aprendiendo su idioma y uniéndose con sus squaws. En 1832, Bonneville llevó la primera caravana de carromatos a través de las Montañas Rocosas utilizando Paso Sur, actualmente Wyoming. En 1841, James Sinclair, factor jefe de Compañía de la Bahía de Hudson, guió a una partida de  200 pobladores y cruzó las Montañas Rocosas hacia el Valle del Columbia. La disputa sobre el territorio de Oregón entre el Reino Unido y los EE.UU. fue larga y conflictiva.  En 1846 se firmó el Tratado de Oregon entre Gran Bretaña y los Estados Unidos que adquirieron así los derechos sobre las tierras del Distrito de Columbia al sur del paralelo 49. Esto son solo unas pequeñas píldoras históricas para que el lector se haga una idea del panorama que había en aquellos años en el Lejano Noroeste americano.
La narración que nos ocupa se sitúa geográficamente en esta zona, durante la transición entre una época y otra. Transcurre desde 1830 a 1847, trece años en los que paulatinamente las cosas van a verse modificadas y los cambios serán percibidos por los protagonistas, que ven cómo sus vidas van a cambiar, lo quieran o no. Toda una magnífica evocación del final de un periodo idílico, de vida natural, y el comienzo de otro, menos idílico aunque suponga un triunfo civilizador.
Tramperos, montañeses (mountain men), cazadores que, hasta comienzos del siglo XIX eran casi los únicos -junto a los indios- pobladores de territorios inmensos y paisajes paradisiacos, van poco a poco viendo cómo lo que ellos consideran su espacio es invadido paulatinamente por los granjeros y por el progreso: el ferrocarril, los barcos a vapor, los cambios en el comercio, etc.
Miles de personas cruzarían las Montañas Rocosas siguiendo la ruta de Oregón a partir de la década de 1840, que es más o menos cuando acaba la acción de la novela. Entre 1859 y 1864, se iba a descubrir oro en Colorado, Idaho, Montana, y Columbia Británica, lo que provocaría varias un verdadero cataclismo inmigratorio: miles de buscadores de oro y mineros exploraron cada montaña y cañón.

La novela nos cuenta las aventuras de Boone Caudill, joven de Kentucky que huye de casa en busca de su tío Zeb Calloway, un auténtico mountain man. Conoce casualmente a Jim Deakins, y ambos forjaran una fuerte amistad decidiendo viajar al lejano e inexplorado Oeste. Después entran en contacto con dos personajes: el traficante de pieles Jourdonnais y el cazador Summers, con quienes se enrolarán en la barcaza Mandan que, patroneada por Jourdonnais pretende remontar el Missouri hasta llegar a la lejana y peligrosa tierra de los «pies negros», en las estribaciones de las Rocosas, para comerciar con ellos. Es el camino que ya siguió la famosa expedición de Lewis y Clark (1804-1806), que cruzaron las Montañas Rocosas siguiendo la ruta de los ríos Missouri y Columbia, a un lado y otro de las Montañas.
Dividida en cinco partes, la novela narra en la primera la huida de Boone, su primer contacto con Jim,  las aventuras que viven juntos y separados. La segunda, el embarque en el Mandan, que desde St. Louis navegará Missouri arriba, (el río más largo de Norteamérica) con la pequeña india Ojos de Cerceta, buscando negociar con su tribu. La tercera narra las aventuras de Jim, Boone y Summers como cazadores en el Alto Missouri. La cuarta, cuenta la vida de Boone en el poblado indio y sus problemas con Jim, que casi muere de hambre en el invierno de las Rocosas. La quita y última relata el retorno, no sabemos si definitivo o provisional, de Boone a Kentucky para ver a su familia y al viejo Summers. El final queda abierto, como el futuro insospechado que deparará cualquier cosa.

El narrador es universal, pero adopta los cuatro puntos de vista: el de Boone, el de Jim, el de Summers e incluso el de Jourdonnais. Le dedica mayor profundidad a Boone, que es el principal protagonista. Pero traza muy bien las diferentes psicologías y situaciones personales. Usa el lenguaje casi como si lo estuvieran contando ellos mismos, al contar cada historia individual desde su punto de vista. Así, Boone es un muchacho muy joven que se hace a sí mismo con las experiencias y vivencias en estos años, pero cuyas aspiraciones se funden con las de la propia naturaleza que le rodea, y por ello le es más fácil adaptarse al modo de vida indio. Jim, algo mayor que él, si bien ama la naturaleza, no deja de desear la compañía civilizada, si bien periódicamente necesita moverse y respirar aire puro. Summers es mucho mayor, va de bajada. Si en los primeros años les acompaña y les sirve de mentor, finalmente ha de dejar paso a los jóvenes y retirarse, aceptando en su vejez una vida que siempre había rechazado. Jourdonnais trata –sin éxito- de hacer el negocio de su vida, aunque su objetivo es enriquecerse para volver con su familia y hogar.
De los cuatro, solo Boone no quiere reconocer que los tiempos están cambiado, para ser el más joven, es el más conservador y trata de mantener su estatus, se cree dueño de los vastos territorios que le rodean y rechaza las oleadas de nuevos pobladores, a los que ve como intrusos. Se comporta, pues, más como un indio, de hecho, viste como tal y acepta sus costumbres. La vida, sin embargo, no le va a colmar de gozos, sino que le traerá dolor y pena.

El estilo de Guthrie es llano y directo, a veces aparentemente simple,  tratando que el lector se coloque en el punto de vista de cada uno. Pero de un modo u otro, la novela es un canto a la naturaleza, a la vida natural, a los grandes espacios donde el hombre es solo un elemento más, que debe luchar para sobrevivir. Sus descripciones de paisajes crean un clima, un tempo, una emoción especial. Aventuras hay muchas, la lectura se hace amena y emocionante, siendo la principal idea que sobrevuela el texto el choque entre naturaleza y civilización.
 
Alfred Bertram Guthrie (Bedford, Indiana,1901-Choteau, Montana, 1991) y, aunque ejerció muchos años como periodista, finalmente se dedicó a la ficción. Escribió novelas de misterio, cuentos infantiles, fábulas de animales, ensayos y una autobiografía, y dedicó cinco novelas a evocar la historia de Estados Unidos y su construcción como país. Aunque la segunda de la serie, The Way West, recibió el premio Pulitzer en 1950, la primera, Bajo cielos inmensos (1947), se considera su obra maestra.
Bajo cielos inmensos (The Big Sky) fue llevada a la gran pantalla por Howard Hawks en 1952 y se estrenó en España con el título de Río de sangre.


15/5/16

LLAVES JAPONESAS

LA LLAVE


JUN’ICHIRÔ TANIZAKI

Título original: (Kagi, 1956)

Traducción: Keiko Takahashi y Jordi Fibla

Ed. Siruela, 2014

En sus comienzos literarios, cuando colaboraba con la revista Mita, Tanikazi se posicionó en la corriente esteticista, frente al grupo literario Shirakaba, grupo de aires tolstoianos liderado por Naoya Shiga en 1910. Pero tras el terremoto de Tokio de 1923 Tanikazi abandona su casa de Yokohama y se establece en Kioto y aunque sus opciones literarias no varíen esencialmente, dirige su mirada a la propia cultura japonesa, que la vanguardia literaria tenía postergada, fascinada por Occidente. “La llave” fue escrita en 1956 y llevada al cine por Kon Ichikawa en 1959, con guión del propio Ichikawa y Keiji Hasebe (a pesar de que Tanikaki escribió guiones cinematográficos durante una época, para el cine mudo japonés).

Es ésta una sugerente novela que ahonda en las oscuras motivaciones y deseos de la sensualidad, un paseo por el amor y la muerte. La pulsión sexual en una edad madura, las sensualidad, la transición entre lo onírico y lo real, la verdad y la mentira, la luz y la sombra, todo contado de un modo muy frío, por medio del recurso a dos diarios: el de un hombre en la cincuentena, Kenmochi, que nota los primeros síntomas de la pérdida del vigor físico, y el de su esposa Ikuko, unos años más joven que él, madura pero aún bella y atractiva, que no parece mostrar hacia él más que frialdad y pasividad.
Entre ambos hay otro hombre más joven, Kimura, supuestamente el posible futuro marido de la hija del matrimonio,  Toshiko. Ésta tiene un papel aparentemente secundario, al principio,  pero poco a poco su importancia va creciendo. Es una joven poco agraciada,  perturbada por las crecientes tensiones amoroso-sexuales de sus padres.
Entre estos cuatro personajes, pues, se inicia un peligroso juego de seducción, un juego de las cuatro esquinas en el que no sabemos muy bien quién planea las reglas, pero en el que todos parecen estar mudando sus posiciones y no es hasta el final que conoceremos la clave. El título, pues, no sólo hace referencia a  la llave del cajón donde el marido esconde su diario, sino a una simbólica llave que abre el complejo entramado de relaciones.
Se presentan al lector las dos versiones de los hechos, ambas muy subjetivas, como lo pueden ser las entradas de un diario, y más si le añadimos que ambos cónyuges creen que tanto el uno como el otro leerán a escondidas el diario ajeno. Así, a veces tenemos la impresión de que el texto está escrito con la intención de ser leído, pretendiendo crear en el cónyuge una actitud: la atracción sexual hacia un tercero, los celos, etc.

Fetichismo, voyeurismo, sueños eróticos y una confusa delimitación entre la pasión y la locura, creada por la continua recurrencia al alcohol como vía de entrar en una inconsciencia desinhibida, muestran el lado oscuro de los dos personajes centrales, que escriben sus diarios y juegan al escondite con ellos.
La obsesión del marido por el cuerpo de su esposa Ikuko llega a límites insospechados, pasando por encima de la salud y de las costumbres. Costumbres que desde una óptica occidental pueden ser incomprensibles o desconocidas, pero que pesaban mucho en la manera de ser japonesa.  La influencia cultural y social de Occidente sobre Japón tuvo lugar de modo evidente desde principios de siglo, y ello puede verse en el cine y en la literatura, así como en Occidente fue desde finales del siglo XIX y principios del XX que la popularización de los grabados y el arte japonés impactaron en Europa. En Tanikazi se debate su interés por la cultura occidental y al mismo tiempo, las obsesiones derivadas de sus tradiciones y su propia experiencia vital.

Jun’ichirô Tanizaki (Tokio, 1886- Yugawara, 1965). Novelista y ensayista japonés, contemporáneo de Yasunari Kawabata y miembro de honor de la Academia de las Artes y las Letras de EE.UU. Influido por Edgar Allan Poe, Oscar Wilde y el simbolismo francés, publicó su primer cuento, Tatuaje (1910). Con Hay quien prefiere las ortigas (1929), Relato de un ciego (1931) e Historia de Shunkin (1933), su estilo se acerca en mayor medida al realismo y a la cultura nipona clásica. De su obra posterior, fruto de la confrontación de lo tradicional y lo moderno en Japón, junto a cierta obsesión por lo erótico y sensual, cabe citar Las hermanas Makioka (1947), La llave (1956) y Diario de un viejo loco (1962). En el importante ensayo El elogio de la sombra (1933), efectúa un repaso crítico de las principales nociones estéticas de la cultura japonesa.





Fuensanta Niñirola

10/5/16

RUMOR Y TEMBLOR JAPONÉS

 EL RUMOR DE LA MONTAÑA
YASUNARI KAWABATA
Título original: 山の音 (Yama no Oto, 1954)
Traducción: Amalia Sato
Emecé, 2007

Deleita Kawabata con esta obra que gira en torno a la soledad, la muerte y la búsqueda de la belleza. No necesariamente por ese orden. Escrito con la sobriedad y sencillez que le caracteriza, con frases cortas y sin alargarse demasiado en ningún tema, a la japonesa: minimalista.
Shingo Osaga es el protagonista de la novela, y el punto de vista desde el que el lector ha de situarse para mirar alrededor o en el interior del personaje.  Shingo vive preocupado por sus hijos, que no siguen el camino recto: Shuichi, su hijo, casado con la bella Kikuko, lleva una vida paralela y le es infiel; por otro lado, su hija Fusako está casada con un drogadicto, su vida es un continuo problema y acaba por separarse. Su esposa, Yasuko, menos sensible y más realista, ve los problemas desde otro ángulo y desearía que Shingo, como jefe de la familia, los resolviese, pero éste no es capaz: vive en un mundo de imágenes, sensaciones, inmerso en el devenir de la naturaleza, entre la realidad y el sueño, sintiendo reacciones hacia la belleza, al placer, viendo la vida pasar como pasan las estaciones, entre la floración y la caída de las hojas. Pero la vida parece ser más alegre en la compañía de Kukiko, su nuera.

“La luna estaba en llamas. Por lo menos eso le pareció. Las nubes que la rodeaban le recordaron las hogueras de una pintura, o el espíritu de un zorro. Tenían forma de espiral, retorcidas. Y al mismo tiempo, al igual que la luna, eran frías y de un blanco desleído. Shingo sintió que el otoño se abalanzaba sobre él.
La luna, casi llena, en lo alto hacia el este, estaba posada sobre un manto de nubes incandescentes, y cubierta por ellas. No había otras cerca de esa plataforma en llamas sobre la que yacía la luna. Apenas una noche tras la tempestad y el cielo retomaba su insondable negrura.”


La atracción que siente hacia ella  es de un suave erotismo, entre paternal y sensual. La distancia que la edad ha puesto entre Shingo y su esposa Yasuko la ocupa su mirada hacia Kikuko, la necesidad de su constante presencia. A su vez, Kikuko busca en él al padre y marido ausentes y lejanos. Ambos se sienten solos, a pesar de que la casa está llena: la esposa, la hija con sus dos niños, la nuera, y de vez en cuando, el hijo, que entra y sale. El rechazo de Kikuko a tener hijos, causa en Shingo y en Shuichi un verdadero shock.
El tema del deseo sexual en la vejez es un tema que Kawabata toca en varias de su sobras, así como las sensaciones del hombre al ir envejeciendo, viendo que el cuerpo no responde mientras la mente se mantienen mucho mas juvenil. La inmersión en la naturaleza es una constante, siempre en pequeños detalles, como el florecer de los árboles, el nacimiento de los perritos, el cambio estacional.

Esta novela transita entre el azar y la necesidad, la vida y la muerte, la vigilia y el sueño. La desintegración de esta familia tras la posguerra oscila entre el sentimiento de humillación tras la derrota y la rápida absorción de las pautas de vida occidentales. También se observa un continuo paralelismo entre el ciclo de la naturaleza (las plantas, los árboles, la lluvia, la nieve, la reproducción animal,….)
Y la máscara jido, que simboliza la juventud pone un acento en las fórmulas (las ceremonias, el teatro, la música) mediante las cuales los humanos intentamos trascender y sobrevivir espiritualmente.

El “rumor” de la montaña es una sensación que Shingo siente entre la vigilia y el sueño, que le parece escuchar un fragor interno, un sonido, una vibración que achaca a la montaña como si cobrara vida al modo de los humanos.

“Era como un viento lejano, pero con la profundidad de algo que retumbara en el interior de la tierra. Sospechando que podía tratarse de un zumbido en sus oídos, Shingo sacudió la cabeza. En ese instante, el sonido se interrumpió y, de repente, tuvo miedo. Sintió un escalofrío, como un anuncio de que la muerte se aproximaba. Quería preguntarse, con calma y determinación, si había sido el sonido del viento, el rumor del mar o un zumbido dentro de sus oídos. Pero había sido otra cosa, de eso estaba seguro. Había sido la montaña. Como si un demonio a su paso la hubiera hecho sonar.”



La novela fue llevada al cine en 1954, (el mismo año que se publicó el libro) por el director japonés Mikio Naruse y guión del propio Kawabata, acompañado por la bellísima música de Ichiro Saito. La gran actriz Setsuko Hara encarna maravillosamente el papel de Kukiko. La película es una gran obra, porque recoge de modo magnífico el espíritu de la novela, si bien simplifica y concentra la narración en la atracción del suegro y la nuera, que simboliza el intento de Shingo de recuperar la juventud y la vida que se le escapa.



 Yasunari Kawabata (Osaka,1899–Tokio, 1972). Huérfano a los tres años, insomne perpetuo, cineasta en su juventud, lector voraz tanto de los clásicos como de las vanguardias europeas, fue un solitario empedernido. Escribió más de doce mil páginas de novelas, cuentos y artículos, y es uno de los escritores japoneses más populares dentro y fuera de su país. Mantuvo una profunda amistad con el escritor Yukio Mishima, del que fue su mentor y difusor. Recibió el Premio Nobel de Literatura en el año 1968. Se suicidó a los setenta y dos años.




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