3/11/16

LOBOS MARINOS

ISLA DE LOBOS
JOSE VICENTE PASCUAL
Versátil ediciones, 2016

Ganador del Premio Valencia de Narrativa en Castellano 2016 que otorga la Institución Alfons el Magnànim


Parábola o cuento del que el lector avisado puede extraer muchas connotaciones, ideas y ecos de lecturas pasadas, la presente es una amena narración que transita entre lo imaginario y lo real creando un universo muy particular: ficción, con diversos elementos literarios, a la vez que cargada de ideas filosóficas y muchas pinceladas de humor, en las que se hace cómplice al lector, que inevitablemente entra en el juego.
Si el lector tiene a Cunqueiro entre sus lecturas, encontrará más de un eco de nuestro insigne gallego, que también jugaba con la realidad y la ficción de modo magistral. Pero la más poderosa remembranza de este texto es la homérica: Homero, padre de la literatura occidental, sembró una semilla literaria que marcó y sigue marcando toda la escritura en Occidente. José Vicente Pascual ha mostrado esa influencia homérica en numerosas novelas anteriores. Pero en ésta es especialmente notoria.

La isla de Lobos a la que se hace referencia en la novela, es una isla de ficción; como, por otra parte, el resto de personajes, incluidos los que parecen reales.
La Isla es fruto de una erupción volcánica cuyo cono se eleva, amenazador y misterioso, en su centro; perdida en el Atlántico como la Utopía de Thomas Moro es también un No Lugar, pero también un No Tiempo, porque en ella los años se clasifican y se recuerdan por los sucesos más importantes. La numeración se ha perdido, las coordenadas no existen, la isla recuerda la de Nunca Jamás del cuento de Peter Pan. Creada por un Volcán sin nombre, como el Capitán del Circe, en cualquier momento puede desaparecer del mismo modo que surgió. Porque se nos relatan historias de un mundo que se acaba.

Los personajes que pueblan este imaginario lugar tienen nombres elegidos con mimo y pensados al detalle, como José Vicente Pascual sabe hacer en todas sus novelas. Incluso los sin nombre tienen un modo de distinguirlos especial. Algunos de ellos son: doña Aguas Santas Rivero, viuda de Don Augusto, Primer Magistrado y Ministro Único de la isla; la negra Esmeralda (¡ay, Quasimodo!); su hija Albabella, especie de Afrodita que pastorea lobos marinos, medio sirénida; el matón polaco Jaruzelski; Ramiro, el contador de olas; el innombrable Capitán del Circe;  el triste librero Don Secundino; el santero Sanaperros; el párroco de San Atila, Don Manuel de los Garceses; el anciano Matheus /Eumeo; el viejo perro Brillo, resonancia tanto del Argos homérico como del paquete de detergente warholiano; la bella Ariadna, suerte de Penélope a la espera del retorno de su esposo, y La Pàrouse, personaje inspirado en el marino y explorador dieciochesco La Pèrouse, perdido en aguas del Pacífico en uno de sus múltiples recorridos.
El lector irá conociendo la historia de la Isla y sus principales pobladores, cómo llegaron o nacieron allí, que es un lugar donde apenas nacen niños, sólo de modo extraordinario. Conocerá cómo los franceses de La Pàrouse se apropiaron de la isla echando a los ingleses que la tenían dominada, en El año del Inglés; cómo tomó posesión de ella para España, desplazando a La Pàrouse y su tripulación francesa, Don Augusto Rivero, que organizó aquel pequeño territorio emergido de las aguas y lo puso en marcha, organizando su vida, y la de sus súbditos; cómo fue desembarcada la negra Esmeralda, en estado de buena esperanza…Y todo lo demás.


Manuel Torga es el náufrago cuya llegada revoluciona la isla; o al menos, revoluciona a doña Aguas Santas, Primera Magistrada y Ministra Única que, a su vez, pone en pie de guerra a las fuerzas vivas del  diminuto territorio insular. Porque el náufrago llega amnésico: ha perdido todo recuerdo de su identidad y pasado, pero Doña Aguas Santas teme que sea un espía francés o algo peor.

“Doña Aguas Santas Rivero, señora de Isla de Lobos y más dueña que los mares de aquella esquina del mundo, recibió la mala nueva en la sala de bordados donde solía acogerse para conversar en calma con la memoria fragante de su fallecido esposo: aquel Augusto Rivero, capitán de exploradores y hombre de genio implacable, que arrebató Isla de Lobos a los piratas franceses cuando el mundo aún era plano y cualquier mujer amaba a los marinos que olían a pólvora y sacrificio. A tal marido, tal hembra, decían todos en casa. Y ninguno erró en el juicio.”

La aparición del odiseico náufrago, que dará nombre al año presente, va a perturbar la aparente tranquilidad de los isleños, generando trastornos como ciertos movimientos del Volcán, la inquietud de los lobos marinos, primeros pobladores del islote, y el enfado del propio Mar, cual Poseidón homérico. 
Mientras tanto, las narraciones se entrecruzan, los personajes trazan sus recorridos, cuentan sus historias, dirimen temas trascendentales o cotidianos, y en suma, recrean un mundo imaginario pero con trazas de realidad, porque ideas, sentimientos, ansias y deseos son universalmente reales, al margen del espacio y el tiempo en los que quiera cada autor darles vida.
José Vicente Pascual usa el lenguaje muy libremente, rescata o inventa vocablos y locuciones, que dan a esta narración un aire dieciochesco pero también universal. Puntúa o no según le conviene, pero nunca impide que se entienda lo que cuenta. Consigue que el lector no se preocupe por el tiempo ni el espacio más que para seguir la narración que le está contando. Narrador nato,  sus historias siempre están magníficamente construidas, para captar inmediatamente la atención del lector, que con esta obra tiene en sus manos un libro ameno, entretenido, que contentará tanto al navegante de superficie como al de profundidad.



Fuensanta Niñirola


27/10/16

SAGA MARINERA: LA COCHINCHINA

EL AVISO DE VAPOR ELCANO
Guerra de la Cochinchina
LUIS DELGADO BAÑÓN

SAGA MARINERA ESPAÑOLA Volumen nº XXVII
Ed. Goodbooks, 2016


Las hasta ahora veintisiete novelas –si contamos la que está recién publicada― que componen la Saga han surgido de la pluma―o del teclado― de Luis Delgado Bañón, capitán de navío en situación de retiro, proveniente de familia de marinos, con larga tradición. Al modo de los episodios galdosianos, Luis Delgado novela la historia naval (y la terrestre) española desde mediados del siglo XVIII y espera llegar hasta la guerra civil del 36. Cada año publica un volumen, lo que supone un esfuerzo enorme, puesto que todas sus obras conllevan una concienzuda tarea de documentación histórica, además de la geográfica y la propiamente naval, si bien esta última está muy controlada por el autor debido a sus largos años de permanencia en la Real Armada.

En este vigésimo séptimo volumen de la colección Una Saga Marinera Española, gran parte de los hechos narrados se van a desarrollar, como en el anterior volumen, en el Sudeste asiático, con base en las islas Filipinas, donde sigue destinado nuestro protagonista, el teniente de navío Adalberto Pignatti Leñanza, Beto, cuyas aventuras tendrán como escenario tanto Filipinas como las aguas del actual territorio vietnamita, entonces llamado Cochinchina o Annam. En aquellos tiempos estaban teniendo lugar unos luctuosos y graves incidentes que afectaban a los misioneros católicos, españoles y franceses, establecidos en aquel país asiático, lo que acabará por desembocar en una guerra en la que franceses y españoles participarán como aliados. El motivo aparente que origina esta guerra es el de defender la piel de los misioneros, que llevaban unos años ya sufriendo persecuciones y vejaciones por parte de los gobernantes annamitas, bajo el mandato del emperador Tu-Duc. Pero habían más intenciones guardadas, al menos por la parte francesa. Francia, que, a diferencia de otros países (Inglaterra, Holanda, Portugal, o España) no tiene puestos coloniales en Asia, mira muy golosamente las tierras de Tu-Duc, que acabarán por convertirse en colonia francesa.

Año 1856, Manila.  Beto Pignatti lleva ya más de seis años en el destino como comandante de la compañía de Infantería de Marina del arsenal de Cavite, ha realizado diversas acciones memorables en lucha contra los piratas moros que asolan algunas de las islas del archipiélago filipino, y que son narradas en el volumen anterior de la serie. Pero su ascenso en la carrera naval se ve siempre bloqueado por su pasado carlista, y Beto ve pasar por delante jóvenes marinos, y si bien no le afecta demasiado, acabará por hacerle tomar una firme decisión sobre su futuro.
Los de la mitad del siglo XIX español son años de grandes vaivenes políticos, alternan Narváez y O’Donnell en los gobiernos, los ministros entran y salen: en 1855, el vigente ministro de Marina estableció la Junta del Almirantazgo, y por primera vez en nuestra Historia Naval al Almirantazgo se le encomendaba definir los objetivos y misiones de la Armada. Poco duró: al año siguiente, tras cambiar el ministro del ramo, se suprimió la tal Junta, volviendo al sistema anterior. Sin embargo, en este periodo, curiosamente, los presupuestos de la Armada aumentaron de forma espectacular, con lo que se cubrieron deudas al personal y falta de créditos para la construcción de buques; muy importante resultó la labor llevada a cabo en nuestros arsenales. Incluso en las islas Filipinas se notó el progreso, al haberse modernizado el arsenal de Cavite para poder reparar adecuadamente los buques de vapor.
Mediante ilustrativos diálogos entre el protagonista y sus compañeros, el autor pone al lector al día de todos estos hechos políticos y su aplicación en Filipinas, en que la Real Armada cumplía un papel muy importante.
De nuevo, le es encomendada otra misión a Beto, contra los moros, llevando una compañía de infantería de Marina bajo su mando: se embarca en el aviso de vapor Sebastián de Elcano, comandado por el teniente de navío Jesús María Dabrantes, que en la primera inspección pone al tanto a Beto de las características del barco, gemelo del Reina de Castilla si bien con algunas diferencias. Recorren muchas islas: Isabela, Balanguingui, Belauán, Toquil, isla Farol, etc. Mucha acción y buenos vientos, diversas aventuras tienen lugar en esas aguas y playas del sur. Beto destaca en su cometido con valentía, secundado por otros bravos como el teniente de navío Juanes. La expedición resultará exitosa y cumplidos sus objetivos, por lo que retornan a Cavite.
Sigue la vida normal, tras descansar de las aventuras acometidas, y por conversaciones con el brigadier Acha, y otros compañeros de la Armada, Beto es advertido de la inminencia de una posible guerra en Cochinchina. “Si los annamitas continúan con las persecuciones religiosas, -comenta el brigadier- los franceses intervendrán con fuerza y a fondo. Pero no solamente para que la religión cristiana pueda ser ejercida libremente en esos territorios, sino para asentarse definitivamente en las costas annamitas por medio de acuerdos políticos o, sencillamente, por la fuerza. Napoleón III quiere establecer tierra francesa con la bandera en alto por estas costas.” El asesinato del obispo Díaz Sanjurjo es el detonador que pone en movimiento el engranaje, si bien tardarán meses en dar un paso adelante. A finales del año 1857, se recibe en Capitanía General la Real Orden de embarque de las fuerzas con dirección a la Cochinchina. Españoles y franceses, pues, se adentrarán en misión de castigo en la bahía de Turana, emplazamiento estratégico privilegiado. Beto parte a bordo del aviso de vapor Elcano, en esta ocasión comandado  por teniente de navío Pedro González, integrando fuerzas francesas, al mando del capitán Antoine Prevot. La aventura, de nuevo, está servida.  Habrá lucha, pero también habrán otros lances en los que Beto se verá involucrado y a causa de ellos verá cambiar su futuro. Aparece un nuevo personaje que tendrá un importante papel en la vida de Beto.
La guerra sigue, mientras Beto queda en el fuerte de la Aguada, los buques se dispersan para cubrir otros objetivos y las operaciones de las fuerzas aliadas en Saigón son narradas por el teniente de navío Pedro González, puesto que Beto ha de mantenerse en la defensa de Turana. Más adelante conocerá el lector la aventura de la fragata Europe por boca del teniente de navío Lázaro Araquistain, comandante de la falúa Soledad y testigo directo de los hechos. Beto narrará, por su parte, la evacuación de Turana, en este caso a bordo de la corbeta Narváez, y las especiales circunstancias que rodean su persona. Así, desde distintos puntos de vista el lector se hará una visión de conjunto de lo que supuso aquella guerra. “Más o menos, ha sucedido lo que se esperaba desde el primer momento. Le hemos ofrecido a los franceses las bases logísticas en las islas Filipinas que les eran imprescindibles” -Beto comenta al capitán Fajardo en el curso de una conversación- “hemos aportado un notable esfuerzo en hombres, armamento y buques, para que al final ellos consigan una magnífica colonia en el Extremo Oriente y nosotros el alto honor de que los cristianos puedan ejercer sus creencias sin ser degollados. No aprenderemos nunca. Estos gabachos nos la están metiendo doblada desde que el mundo es mundo.”

A partir del retorno a Cavite, las cosas van a cambiar mucho para Beto, no solo en su vida como marino sino en su vida personal y privada. Vivirá emociones inesperadas y aventuras cargadas de tensión y peligro, con la aparición del capitán Néstor Barjuán, de nuevo al mando de su viejo vapor Aránzazu, con el que realizarán largos viajes por mar, acosados por tempestades, piratas y calmas traicioneras. Si los dos tercios anteriores del libro desarrollan acción guerrera, el último tercio del libro está lleno de acción aventurera, digna de un Verne o de un Salgari.
En suma, una obra que nos informa de unos hechos históricos luctuosos, que fueron desaprovechados política y económicamente por España a pesar de haber ofrecido vidas y pertrechos, y que acabaron con la ocupación francesa en Indochina. Y asimismo hace vivir al lector aventuras y emociones de muy alta tensión, por su exotismo, y la capacidad fabuladora del autor.



Fuensanta Niñirola



21/10/16

NAUFRAGIOS

 LOS TRAFICANTES DE NAUFRAGIOS
The Wrecker, 1892
ROBERT LOUIS STEVENSON/ LLOYD OSBOURNE

Trad. Rafael González
El Club Diógenes, Valdemar, 2005


Escrita en colaboración con su hijastro Lloyd Osbourne, esta novela cuenta las aventuras de unos personajes que recorren casi medio mundo tratando de resolver una intriga detectivesca, en torno a un naufragio y a una misteriosa tripulación. Chesterton calificó esta obra de policíaca, “y de la mejor clase de novela policíaca, aquella en que no se llama nunca a la policía.” Hay muchos elementos autobiográficos en esta narración, y los seguidores de la vida y obra del genial escocés  podrán darse cuenta de ello. Stevenson se inspiró para muchos detalles y algunos personajes en la goleta Equator y sus tripulantes,  goleta que en 1889 llevó como pasajeros a él y su esposa Fanny Vandegrift Osbourne en  travesía por las islas Gilbert, de Micronesia. Algunos personajes también están inspirados en conocidos de Stevenson, de San Francisco y Australia.
Lo que llama poderosamente la atención es la ausencia de los primeros ocho capítulos y el prólogo, que figuran en la edición original y que pueden leerse en el sitio oficial de R.L. Stevenson. Por asombroso que parezca, en esta edición (existe una en Forum, de 1985 que se anuncia como “íntegra”) se han suprimido cantidad de páginas sin dar las razones de tal supresión. Una editorial seria, como lo es Valdemar, deja al lector con un sabor amargo ante la ausencia imperdonable de, cuando menos, una explicación. No son esenciales para la acción, pero dan datos acerca del personaje principal que son importantes para comprender su carácter y los hechos que ocurren después. Además, el prólogo informa de cómo y quien cuenta la historia que luego llegará a manos del autor. Resumiré lo que se cuenta en esos ocho capítulos, que he tenido que traducir del inglés porque no existe o no he encontrado traducción española. Es una larga introducción a la acción, que Stevenson consideró necesaria  para comprender el carácter del protagonista.  Y es su novela.
El resumen de los textos ausentes es éste:
En el prólogo, Loudon Dodd, llega a Tai-ohae, puerto de entrada a las Marquesas, donde se reúne con otro marino y antiguo amigo, Mr. Havens, al que, hablando de naufragios, cuenta su historia. Dodd es un americano cuyo deseo de ser artista incomoda a su padre, un hombre de negocios. Finalmente llegan a un acuerdo y es enviado a París. De camino, visita en Edimburgo a su tío Adam y a su abuelo Alexander, con quien simpatiza inmediatamente.  En París, conoce y forja una fuerte amistad con  Jim Pinkerton, que está metido en diversas empresas de negocios a la vez, y siempre buscando nuevos modos de hacer fortuna. Poco tiempo después, el padre de Dodd se arruina y muere. Pinkerton, vista la situación, propone a su amigo asociarse en los negocios. Dodd, sin embargo, aún confía en convertirse en artista, rechazando la oferta. Pinkerton vuelve, pues, a su país y el artista se queda, pobre y solo, en París.
Más adelante, Pinkerton le envía algún dinero que Dodd acepta, pero pronto se siente culpable y resuelve asociarse con él, finalmente. El abuelo Alexander, que le considera su favorito, le da 2.000 libras para ponerse al día con Pinkerton. Con ello, Dodd recala en San Francisco, donde su amigo tiene muchos asuntos entre manos: fabrica y vende su propio brandy, lleva una agencia publicitaria, compra barcos hundidos o desahuciados, etc.
Un día, Dodd escucha en un bar del puerto de San Francisco a un grupo de marinos –el Capitán Trent y los supervivientes del Nube Flotante- que relatan las terribles circunstancias que llevaron a la pérdida de su barco. A su vez, Pinkerton se entera de que los restos del Nube Volante  van a ser subastados. Encallado en una de las islas Midway y cargado con arroz, seda y té, podría valer 10,000 dólares. Pinkerton y Dodd deciden comprarlo, pero en la subasta, el abogado H.D. Bellairs  puja contra  ellos  en nombre de alguien ausente. Sube tanto la puja, que Pinkerton y Dodd están convencidos de que el barco contiene opio. Finalmente superan la oferta de Bellairs y compran por 50,000 dólares.
Y con el relato de la subasta comienza la narración que se ha publicado en español.
La subasta antes citada se convierte en una enloquecida competición entre Pinkerton y un abogado, Bellairs. Sale ganador el primero, pero a tal precio tal que debe endeudarse. El hecho de la disparatada puja les hace suponer a Pinkerton y Dodd que el barco aún contiene importantes cargas de opio (además de la carga declarada), con lo que esperan resarcirse al extraerlo, y organizan inmediatamente –para anticiparse al desconocido competidor- un viaje a las islas Midway en el Norah Creina, comandado por el capitán Nares y Dodd como sobrecargo. Antes de partir ocurren diversos incidentes que hacen sospechoso al magnate que se esconde tras el abogado Bellairs.  Aquí se suceden una serie de movimientos propiamente detectivescos, sin claro resultado.

El papel principal recae en la figura de Loudon Dodd, que protagoniza la primera parte de la narración. Pero el personaje en la sombra será a su vez el principal protagonista de la segunda parte.  No revelaremos sus varios nombres;  a lo largo del relato el lector irá descubriendo una complicada trama, el terrible drama  que precedió al desastre del Nube Volante. Dodd es quien resuelve el enigma del misterioso personaje mediante el seguimiento de los pasos de Bellairs, que finalmente le llevará al verdadero protagonista. Éste le contará finalmente lo sucedido y la razón de ocultar bajo una capa de misterio a toda una tripulación. En el Epílogo, Stevenson cuenta a un amigo el final de la historia.
Es ésta una narración doble: porque son dos los que la escribieron y porque en ella, grosso modo, a partir de un mismo hecho se desarrollan dos narraciones, una con carácter detectivesco e intriga, con base en San Francisco, y otra, más aventurera y marinera, que recorre Australia y los Mares del Sur, Francia e Inglaterra. Si contásemos los capítulos eliminados, podríamos hablar de una narración triple, ya que la parte eliminada trata de la historia personal de Loudon Dodd, y solo al llegar a San Francisco es cuando se desata la acción detectivesca y la aventurera.
En suma, tenemos una narración que combina intriga, aventuras marineras y terrestres, y toda una colección de personajes bien diseñados y atractivos al lector. Quizá la parte primera sea algo confusa por la ausencia de los capítulos suprimidos y por la cantidad de misterios y personajes que acumula. Pero una vez el protagonista, Dodd, retorna y se lanza a la busca y captura del misterioso personaje responsable de todo el enredo, el lector va a conocer y comprender lo que realmente ocurrió y las razones del ocultamiento.
La traducción del título puede llevar a una falsa idea del contenido. Unas consideraciones al respecto: literalmente, “wrecker” se refiere a “aquel que destruye o hunde un barco”, en este caso, su propio barco. Por “traficantes de naufragios” se suele entender aquellos delincuentes que los provocaban, o que se beneficiaban de los naufragios en peligrosas costas donde se hundían o encallaban, llevándose los restos como botín. La novela La posada de Jamaica, de Daphne de Maurois, trata precisamente de ellos. En el caso de la presente novela, se verá que no es así. El hundimiento del Nube Volante se debió a otras consideraciones, que el lector descubrirá en su debido momento.
Chesterton, en su estudio sobre Stevenson, afirma que
 “el autor posee la facultad, enteramente excepcional, de expresar lo que quiere expresar en palabras que realmente lo expresan.”
Refiriéndose al presente libro, concreta ejemplos:
“La historia empieza: «El principio de este cuento es el carácter de mi pobre padre» y el carácter está comprimido en un sólo párrafo. Cuando Jim Pinkerton entra en la historia y es descrito como un joven «de maneras agitadas y cordiales» nosotros vamos, por todo el resto de la narración, con un hombre vivo; y oímos no solamente palabras, sino una voz. No hay otros dos adjetivos que pudiesen haber hecho el milagro. Cuando el desastrado y sospechoso abogado, con su cultura «cockney» y su refinamiento vulgar aparece manejando un asunto de mayor envergadura que los que le ocupan ordinariamente, se conduce con una especie de «encogida presunción».”
Si bien no es la mejor novela de Stevenson, es una obra entretenida, con interés y satisfactoria. ¡Incluso sin los ocho capítulos! Sin embargo, el hecho de dar comienzo por el capitulo IX, ignorando los ocho anteriores y el prólogo sin más explicaciones, no habla muy bien de la editorial. Desconocemos qué les motivó a ello. De un modo u otro, Stevenson es siempre una garantía: es un clásico, aunque haya pasado épocas en las que fuera considerado casi como un escritor de literatura juvenil…en el caso de que tal cosa existiese en su época.



 FUENSANTA NIÑIROLA


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