10/11/16

MISSISSIPI ABAJO

LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN
MARK TWAIN
Traducción: Mariano Peyrou
ILUSTRACIONES: PABLO AULADELL
Ed. Sexto Piso, 2016

Si el lector disfrutó leyendo las aventuras de Tom Sawyer, disfrutará igualmente o más con esta novela, donde el asilvestrado y semisalvaje Huck Finn, el principal amigo de Tom, es en esta ocasión el protagonista y el narrador, en su lengua barriobajera. Fue una de las primeras novelas escritas en inglés americano: particularmente, el sureño. Esto no se puede apreciar totalmente al leer una traducción, si bien el Peyrou ha conseguido un estilo personal, informal y vulgar, dado que el chiquillo que narra es un iletrado, apenas sabe leer y escribir lo elemental, vive una vida marginal y usa el lenguaje de los vagabundos y outsiders.
Así como Tom Sawyer es una novela más dulce, ingenua y cercana a la literatura infantil, ésta, por el contrario, se acerca más a una novela picaresca, cargada de humor negro y de veladas o en algunos casos explícitas críticas a un sistema segregacionista, una sociedad donde los caraduras y los pillos medran, recreando al viejo Sur, el Sur que Twain conoció en su infancia.
El protagonista comienza su narración en el punto en que acaba la historia de Tom Sawyer. Ha sido adoptado por la viuda Douglas, pero acostumbrado a la vida libre y salvaje, a las palizas de su padre, a corretear sin restricciones, etc., el corsé de la vida civilizada es insoportable para él. La intervención de su padre, un borrachín y vagabundo, consigue separarle de la dulce viuda, lo que en principio no parece molestar demasiado a Huck, hasta que, viendo que su padre lo mantiene encerrado en su cabaña y esclavizado, sometiéndole a palizas día sí día no, decide huir. 

La huida, cómo no, se realiza por el río. El Mississippi convierte esta novela en el equivalente a una road movie: es el eje viario, el modo de trasladarse entre las poblaciones ribereñas. Y la vida en el río crea un mundo especial.
Huck se encuentra con otro huido: el negro Jim, un liberto de la casa de Tom Sawyer que teme que lo vuelvan a esclavizar y  lo vendan, así que huye. Forman equipo ambos, primero viviendo en una gran isla en el centro del río, y luego construyen una balsa con la que viajan a la ventura, río abajo, tratando de llegar a otro estado no esclavista donde Jim pueda vivir libre. Llegado un punto se enteran de que en el pueblo donde vivían piensan que Jim ha matado a Huck… y eso les hace correr y alejarse más rápido.

Las reflexiones que Huck se hace sobre la esclavitud y sobre la “humanidad” de los negros no tienen desperdicio. Todo impregnado de una fuerte ironía.
Aventuras las hay y constantemente, pero esas mismas aventuras implican una descripción del país, sus costumbres  y sus gentes… vistas desde la mirada de alguien que está al margen, aunque muchas veces finja que es como los demás. Cómo los negros se ayudan entre sí, cómo se someten a los blancos, cómo los timadores abusan de la credulidad de gentes iletradas e ingenuas.

En su viaje por el río Jim y Huck se encuentran con una pareja de timadores, que se les acoplan y les hacen creer que son rey y duque respectivamente obligándoles a ayudarles en sus timos. Huck hace varios intentos de escapar, pero infructuosos. Solo al final consigue mediante un engaño salir libre de aquellos farsantes. Pero los problemas se acumulan y el pobre Jim sufre las consecuencias de su situación.

Sin embargo, en los capítulos de la última parte del libro, se produce un giro radical: aparece el propio Tom Sawyer, y tanto él como Huck adoptan falsas identidades y comienzan una locura tras otra, asumiendo Tom la iniciativa para rescatar al negro Jim. Ahí se puede observar la diferencia de caracteres; mientras Tom es un chico con una imaginación desbocada, completamente ajena a la realidad, casi quijotesca, Huck es el contrapunto, el realismo puro y duro, el Sancho, si seguimos con la comparación cervantina. Así, el final de la novela es una suma de despropósitos a cual más enloquecido, en el que Huck no hace sino llevarle la corriente a Tom y seguirle en sus iniciativas, si bien tratando de hacerle ver las cosas como son.
En suma, una novela sabrosísima, plena de humor, y al mismo tiempo de fuerte crítica social. De imprescindible lectura.
Toda esta maravillosa narración tiene una novedad, y es que está  ilustrada por el excelente dibujante Pablo Auladell. Recrea las figura traviesa y asilvestrada de Huck, la oscura de Jim,  el paisaje del río, las figuras más duras de los otros adultos, todo ello envuelto en tonos sepia con leves toques de color, ocres y delicados azules agua para el gran río. Consigue crear un espacio propio, cargado de lirismo y lleno de imágenes lúdicas, festivas, mostrando el universo infantil. Siempre dentro del estilo que ya ha definido como propio en otras muchas publicaciones, libros ilustrados o cómics.

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), más conocido por su seudónimo Mark Twain, era autor y humorista estadounidense. Twain creció en Hannibal, Missouri, que proporcionó el escenario de Huckleberry Finn y Tom Sawyer.
Nació poco después de la visita del cometa Halley, y predijo que iba a "salir con ella", también. Murió al día siguiente de que el cometa regresó. Su ingenio y sátira, en prosa y en el habla, se ganó los elogios de los críticos y compañeros. Fue alabado como el "más grande humorista estadounidense de su época", y William Faulkner le llamó "padre de la literatura norteamericana".
Pablo Auladell (Alicante, 1972) es un reconocido ilustrador que desarrolla su trabajo en el ámbito editorial. Ganador del Premio Nacional de Cómic Injuve en 2000 y del Segundo Premio a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles por el libro Peiter, Peter y Peer en 2005, cuenta ya con una larga bibliografía de más de treinta obras, entre libros ilustrados y tebeos.





Fuensanta Niñirola

3/11/16

LOBOS MARINOS

ISLA DE LOBOS
JOSE VICENTE PASCUAL
Versátil ediciones, 2016

Ganador del Premio Valencia de Narrativa en Castellano 2016 que otorga la Institución Alfons el Magnànim


Parábola o cuento del que el lector avisado puede extraer muchas connotaciones, ideas y ecos de lecturas pasadas, la presente es una amena narración que transita entre lo imaginario y lo real creando un universo muy particular: ficción, con diversos elementos literarios, a la vez que cargada de ideas filosóficas y muchas pinceladas de humor, en las que se hace cómplice al lector, que inevitablemente entra en el juego.
Si el lector tiene a Cunqueiro entre sus lecturas, encontrará más de un eco de nuestro insigne gallego, que también jugaba con la realidad y la ficción de modo magistral. Pero la más poderosa remembranza de este texto es la homérica: Homero, padre de la literatura occidental, sembró una semilla literaria que marcó y sigue marcando toda la escritura en Occidente. José Vicente Pascual ha mostrado esa influencia homérica en numerosas novelas anteriores. Pero en ésta es especialmente notoria.

La isla de Lobos a la que se hace referencia en la novela, es una isla de ficción; como, por otra parte, el resto de personajes, incluidos los que parecen reales.
La Isla es fruto de una erupción volcánica cuyo cono se eleva, amenazador y misterioso, en su centro; perdida en el Atlántico como la Utopía de Thomas Moro es también un No Lugar, pero también un No Tiempo, porque en ella los años se clasifican y se recuerdan por los sucesos más importantes. La numeración se ha perdido, las coordenadas no existen, la isla recuerda la de Nunca Jamás del cuento de Peter Pan. Creada por un Volcán sin nombre, como el Capitán del Circe, en cualquier momento puede desaparecer del mismo modo que surgió. Porque se nos relatan historias de un mundo que se acaba.

Los personajes que pueblan este imaginario lugar tienen nombres elegidos con mimo y pensados al detalle, como José Vicente Pascual sabe hacer en todas sus novelas. Incluso los sin nombre tienen un modo de distinguirlos especial. Algunos de ellos son: doña Aguas Santas Rivero, viuda de Don Augusto, Primer Magistrado y Ministro Único de la isla; la negra Esmeralda (¡ay, Quasimodo!); su hija Albabella, especie de Afrodita que pastorea lobos marinos, medio sirénida; el matón polaco Jaruzelski; Ramiro, el contador de olas; el innombrable Capitán del Circe;  el triste librero Don Secundino; el santero Sanaperros; el párroco de San Atila, Don Manuel de los Garceses; el anciano Matheus /Eumeo; el viejo perro Brillo, resonancia tanto del Argos homérico como del paquete de detergente warholiano; la bella Ariadna, suerte de Penélope a la espera del retorno de su esposo, y La Pàrouse, personaje inspirado en el marino y explorador dieciochesco La Pèrouse, perdido en aguas del Pacífico en uno de sus múltiples recorridos.
El lector irá conociendo la historia de la Isla y sus principales pobladores, cómo llegaron o nacieron allí, que es un lugar donde apenas nacen niños, sólo de modo extraordinario. Conocerá cómo los franceses de La Pàrouse se apropiaron de la isla echando a los ingleses que la tenían dominada, en El año del Inglés; cómo tomó posesión de ella para España, desplazando a La Pàrouse y su tripulación francesa, Don Augusto Rivero, que organizó aquel pequeño territorio emergido de las aguas y lo puso en marcha, organizando su vida, y la de sus súbditos; cómo fue desembarcada la negra Esmeralda, en estado de buena esperanza…Y todo lo demás.


Manuel Torga es el náufrago cuya llegada revoluciona la isla; o al menos, revoluciona a doña Aguas Santas, Primera Magistrada y Ministra Única que, a su vez, pone en pie de guerra a las fuerzas vivas del  diminuto territorio insular. Porque el náufrago llega amnésico: ha perdido todo recuerdo de su identidad y pasado, pero Doña Aguas Santas teme que sea un espía francés o algo peor.

“Doña Aguas Santas Rivero, señora de Isla de Lobos y más dueña que los mares de aquella esquina del mundo, recibió la mala nueva en la sala de bordados donde solía acogerse para conversar en calma con la memoria fragante de su fallecido esposo: aquel Augusto Rivero, capitán de exploradores y hombre de genio implacable, que arrebató Isla de Lobos a los piratas franceses cuando el mundo aún era plano y cualquier mujer amaba a los marinos que olían a pólvora y sacrificio. A tal marido, tal hembra, decían todos en casa. Y ninguno erró en el juicio.”

La aparición del odiseico náufrago, que dará nombre al año presente, va a perturbar la aparente tranquilidad de los isleños, generando trastornos como ciertos movimientos del Volcán, la inquietud de los lobos marinos, primeros pobladores del islote, y el enfado del propio Mar, cual Poseidón homérico. 
Mientras tanto, las narraciones se entrecruzan, los personajes trazan sus recorridos, cuentan sus historias, dirimen temas trascendentales o cotidianos, y en suma, recrean un mundo imaginario pero con trazas de realidad, porque ideas, sentimientos, ansias y deseos son universalmente reales, al margen del espacio y el tiempo en los que quiera cada autor darles vida.
José Vicente Pascual usa el lenguaje muy libremente, rescata o inventa vocablos y locuciones, que dan a esta narración un aire dieciochesco pero también universal. Puntúa o no según le conviene, pero nunca impide que se entienda lo que cuenta. Consigue que el lector no se preocupe por el tiempo ni el espacio más que para seguir la narración que le está contando. Narrador nato,  sus historias siempre están magníficamente construidas, para captar inmediatamente la atención del lector, que con esta obra tiene en sus manos un libro ameno, entretenido, que contentará tanto al navegante de superficie como al de profundidad.



Fuensanta Niñirola


27/10/16

SAGA MARINERA: LA COCHINCHINA

EL AVISO DE VAPOR ELCANO
Guerra de la Cochinchina
LUIS DELGADO BAÑÓN

SAGA MARINERA ESPAÑOLA Volumen nº XXVII
Ed. Goodbooks, 2016


Las hasta ahora veintisiete novelas –si contamos la que está recién publicada― que componen la Saga han surgido de la pluma―o del teclado― de Luis Delgado Bañón, capitán de navío en situación de retiro, proveniente de familia de marinos, con larga tradición. Al modo de los episodios galdosianos, Luis Delgado novela la historia naval (y la terrestre) española desde mediados del siglo XVIII y espera llegar hasta la guerra civil del 36. Cada año publica un volumen, lo que supone un esfuerzo enorme, puesto que todas sus obras conllevan una concienzuda tarea de documentación histórica, además de la geográfica y la propiamente naval, si bien esta última está muy controlada por el autor debido a sus largos años de permanencia en la Real Armada.

En este vigésimo séptimo volumen de la colección Una Saga Marinera Española, gran parte de los hechos narrados se van a desarrollar, como en el anterior volumen, en el Sudeste asiático, con base en las islas Filipinas, donde sigue destinado nuestro protagonista, el teniente de navío Adalberto Pignatti Leñanza, Beto, cuyas aventuras tendrán como escenario tanto Filipinas como las aguas del actual territorio vietnamita, entonces llamado Cochinchina o Annam. En aquellos tiempos estaban teniendo lugar unos luctuosos y graves incidentes que afectaban a los misioneros católicos, españoles y franceses, establecidos en aquel país asiático, lo que acabará por desembocar en una guerra en la que franceses y españoles participarán como aliados. El motivo aparente que origina esta guerra es el de defender la piel de los misioneros, que llevaban unos años ya sufriendo persecuciones y vejaciones por parte de los gobernantes annamitas, bajo el mandato del emperador Tu-Duc. Pero habían más intenciones guardadas, al menos por la parte francesa. Francia, que, a diferencia de otros países (Inglaterra, Holanda, Portugal, o España) no tiene puestos coloniales en Asia, mira muy golosamente las tierras de Tu-Duc, que acabarán por convertirse en colonia francesa.

Año 1856, Manila.  Beto Pignatti lleva ya más de seis años en el destino como comandante de la compañía de Infantería de Marina del arsenal de Cavite, ha realizado diversas acciones memorables en lucha contra los piratas moros que asolan algunas de las islas del archipiélago filipino, y que son narradas en el volumen anterior de la serie. Pero su ascenso en la carrera naval se ve siempre bloqueado por su pasado carlista, y Beto ve pasar por delante jóvenes marinos, y si bien no le afecta demasiado, acabará por hacerle tomar una firme decisión sobre su futuro.
Los de la mitad del siglo XIX español son años de grandes vaivenes políticos, alternan Narváez y O’Donnell en los gobiernos, los ministros entran y salen: en 1855, el vigente ministro de Marina estableció la Junta del Almirantazgo, y por primera vez en nuestra Historia Naval al Almirantazgo se le encomendaba definir los objetivos y misiones de la Armada. Poco duró: al año siguiente, tras cambiar el ministro del ramo, se suprimió la tal Junta, volviendo al sistema anterior. Sin embargo, en este periodo, curiosamente, los presupuestos de la Armada aumentaron de forma espectacular, con lo que se cubrieron deudas al personal y falta de créditos para la construcción de buques; muy importante resultó la labor llevada a cabo en nuestros arsenales. Incluso en las islas Filipinas se notó el progreso, al haberse modernizado el arsenal de Cavite para poder reparar adecuadamente los buques de vapor.
Mediante ilustrativos diálogos entre el protagonista y sus compañeros, el autor pone al lector al día de todos estos hechos políticos y su aplicación en Filipinas, en que la Real Armada cumplía un papel muy importante.
De nuevo, le es encomendada otra misión a Beto, contra los moros, llevando una compañía de infantería de Marina bajo su mando: se embarca en el aviso de vapor Sebastián de Elcano, comandado por el teniente de navío Jesús María Dabrantes, que en la primera inspección pone al tanto a Beto de las características del barco, gemelo del Reina de Castilla si bien con algunas diferencias. Recorren muchas islas: Isabela, Balanguingui, Belauán, Toquil, isla Farol, etc. Mucha acción y buenos vientos, diversas aventuras tienen lugar en esas aguas y playas del sur. Beto destaca en su cometido con valentía, secundado por otros bravos como el teniente de navío Juanes. La expedición resultará exitosa y cumplidos sus objetivos, por lo que retornan a Cavite.
Sigue la vida normal, tras descansar de las aventuras acometidas, y por conversaciones con el brigadier Acha, y otros compañeros de la Armada, Beto es advertido de la inminencia de una posible guerra en Cochinchina. “Si los annamitas continúan con las persecuciones religiosas, -comenta el brigadier- los franceses intervendrán con fuerza y a fondo. Pero no solamente para que la religión cristiana pueda ser ejercida libremente en esos territorios, sino para asentarse definitivamente en las costas annamitas por medio de acuerdos políticos o, sencillamente, por la fuerza. Napoleón III quiere establecer tierra francesa con la bandera en alto por estas costas.” El asesinato del obispo Díaz Sanjurjo es el detonador que pone en movimiento el engranaje, si bien tardarán meses en dar un paso adelante. A finales del año 1857, se recibe en Capitanía General la Real Orden de embarque de las fuerzas con dirección a la Cochinchina. Españoles y franceses, pues, se adentrarán en misión de castigo en la bahía de Turana, emplazamiento estratégico privilegiado. Beto parte a bordo del aviso de vapor Elcano, en esta ocasión comandado  por teniente de navío Pedro González, integrando fuerzas francesas, al mando del capitán Antoine Prevot. La aventura, de nuevo, está servida.  Habrá lucha, pero también habrán otros lances en los que Beto se verá involucrado y a causa de ellos verá cambiar su futuro. Aparece un nuevo personaje que tendrá un importante papel en la vida de Beto.
La guerra sigue, mientras Beto queda en el fuerte de la Aguada, los buques se dispersan para cubrir otros objetivos y las operaciones de las fuerzas aliadas en Saigón son narradas por el teniente de navío Pedro González, puesto que Beto ha de mantenerse en la defensa de Turana. Más adelante conocerá el lector la aventura de la fragata Europe por boca del teniente de navío Lázaro Araquistain, comandante de la falúa Soledad y testigo directo de los hechos. Beto narrará, por su parte, la evacuación de Turana, en este caso a bordo de la corbeta Narváez, y las especiales circunstancias que rodean su persona. Así, desde distintos puntos de vista el lector se hará una visión de conjunto de lo que supuso aquella guerra. “Más o menos, ha sucedido lo que se esperaba desde el primer momento. Le hemos ofrecido a los franceses las bases logísticas en las islas Filipinas que les eran imprescindibles” -Beto comenta al capitán Fajardo en el curso de una conversación- “hemos aportado un notable esfuerzo en hombres, armamento y buques, para que al final ellos consigan una magnífica colonia en el Extremo Oriente y nosotros el alto honor de que los cristianos puedan ejercer sus creencias sin ser degollados. No aprenderemos nunca. Estos gabachos nos la están metiendo doblada desde que el mundo es mundo.”

A partir del retorno a Cavite, las cosas van a cambiar mucho para Beto, no solo en su vida como marino sino en su vida personal y privada. Vivirá emociones inesperadas y aventuras cargadas de tensión y peligro, con la aparición del capitán Néstor Barjuán, de nuevo al mando de su viejo vapor Aránzazu, con el que realizarán largos viajes por mar, acosados por tempestades, piratas y calmas traicioneras. Si los dos tercios anteriores del libro desarrollan acción guerrera, el último tercio del libro está lleno de acción aventurera, digna de un Verne o de un Salgari.
En suma, una obra que nos informa de unos hechos históricos luctuosos, que fueron desaprovechados política y económicamente por España a pesar de haber ofrecido vidas y pertrechos, y que acabaron con la ocupación francesa en Indochina. Y asimismo hace vivir al lector aventuras y emociones de muy alta tensión, por su exotismo, y la capacidad fabuladora del autor.



Fuensanta Niñirola



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