3/1/17

MEJÍAS FALLERO

EL JARDÍN DE CARTÓN
SANTIAGO ÁLVAREZ
Almuzara, 2016


El espectáculo de las Fallas es algo impresionante. El fuego siempre lo es, y si además está programado y controlado, mejor. El título y la portada de esta novela, que empieza con una mascletá y acaba con la cremá, aluden inevitablemente al fenómeno fallero. Porque es cierto que, si bien hay muchos detractores del caos que originan a los sufridos ciudadanos -cada año antes- las fiestas valencianas conocidas por el ruido de los petardos y el olor de la pólvora, tampoco deja de ser cierto que la primera vez que uno presencia una mascletá (para el profano, se trata de un concierto de petardeo que puede llegar a límites insospechados para nuestros tímpanos) no puede menos que emocionarse. Y cuando arden los muñecos de cartón-piedra y toda la ciudad se convierte en una hoguera, el espectáculo, visto desde algún punto alto, resulta sublime.

Pues bien, este es el escenario donde se desarrolla la acción de la novela. Si bien no se modifica el esquema de la anterior, el marco elegido tiene en esta ocasión una fuerza mucho mayor: en La ciudad de la memoria era la propia ciudad, Valencia, el continente de la acción. En El jardín de cartón el continente es Valencia en fallas. El autor ha ceñido su narración principal a un espacio y un tiempo muy concretos: los veinte días que duran los festejos falleros del mes de marzo en la ciudad de Valencia. Veinte días de petardos, olor a pólvora, a buñuelos con chocolate, ruido, caos y música fallera, con final apoteósico, tanto en la realidad como en la novela.
Santiago Álvarez ha querido mostrar las dos caras de las Fallas, porque todo tiene su envés. Un autor que no ha nacido en Valencia quizás sea capaz de ver con más objetividad un fenómeno que, los que han crecido oyendo petardos y oliendo a pólvora, son incapaces de ver sin emoción y sin cariño. Sin embargo, la narración está escrita con un fuerte toque esperpéntico, muy en el espíritu fallero. Sus personajes funcionan como ninots de falla, satirizando a diestro y siniestro, empezando por el propio Mejías. Una narración muy en la línea del Eduardo Mendoza en El laberinto de las aceitunas. Jocosa, satírica, socarrona, …fallera.

La estructura de la novela es de manual, la típica del género y la misma que en la anterior novela: detective en serios apuros económicos busca clientes, recibe dos encargos, y a partir de ahí comienza la investigación, siempre con las horas contadas, para darle más emoción. En paralelo, hay una trama temporalmente anterior, que se desarrolla en la población de Navajas (Castellón) dos siglos atrás y que vendrá a converger con la trama principal, dando sentido y razón de los hechos actuales. Esta segunda trama ya no es tan típica del género, es el matiz personal que le pone el autor, que hace un mix entre dos géneros. Dos tramas, pues, y una serie de leit-motivs, ya conocidos desde la anterior novela: la obsesión de Mejías por el llamado “cine negro” americano, su adicción con una determinada marca de whisky escocés, y su afición al uso de gabardina en una tierra donde no llueve más que una o dos veces al año, … O sea, un personaje fuera de lugar por partida triple. Repite también la titulación de los capítulos aludiendo a películas o a canciones,  la inserción de constantes referencias al cine y en concreto, a las películas de Humphrey Bogart, creando un clima de “negritud cinematográfica”.
Hay otros personajes, muchos de ellos esperpénticos, como la delirante familia Fuster al completo, Dimitri, el guardaespaldas ruso, etc. y otros marcados fuertemente por el tópico: empresario corrupto/negocio inmobiliario asesino. Los empresarios son, obviamente, los malos, y a la vez son los que pagan. Es un tópico imprescindible en el género, como la figura del héroe/perdedor, el que recibe todas las palizas, generando complicidad.

Mirándolo desde un punto de vista más crítico, es la parte de flash-back la que queda algo dispar: carece de ese tono satírico y socarrón de la narración central,  presentando los hechos de modo dramático, incluso demasiado dramático, lo que hace perder un poco el tempo, si lo expresamos en lenguaje musical. Cuenta una historia de amores, odios, corrupción, sexo prohibido, lealtades y traiciones, casi de novela romántica, pero se alarga en exceso entrando en demasiados detalles, quizá innecesarios. Los hechos que se relatan podrían salir a la luz de otro modo, de un modo más en concordancia con el tono narrativo central.
Por otra parte, un punto a destacar de esta novela –similar a la anterior- son los recorridos por la ciudad, rescatando valores históricos, rememorando nombres, tradiciones, rincones o edificios que fueron importantes y que han quedado olvidados en bibliotecas o archivos.
A nivel temático, es esta una nueva historia detectivesca del autor– Mejías ataca de nuevo- bien aderezada, entretenida y con un final explosivo y muy fallero. El detective murciano se debate en un continuo tira y afloja, un quiero y no puedo, entre la honestidad y la colaboración. ¿Quién gana? La respuesta está en el libro: la intriga sigue su curso, como debe ser en este género, y la acción va subiendo de nivel como una buena mascletá.

Santiago Álvarez (Murcia, 1973). Es director de contenidos del festival de género Valencia Negra, que se realiza en la capital del Turia desde 2013. Se inició en la literatura escribiendo relatos, muchos de los cuales han sido premiados en diversos certámenes. Ha escrito, protagonizado y dirigido musicales y obras dramáticas, y ha grabado varios discos con distintas formaciones. Asimismo es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener, del cual realiza regularmente talleres presenciales. El jardín de cartón es su segunda novela, tras publicar en 2015 La ciudad de la memoria.






Fuensanta Niñirola

30/12/16

AGATHA CHRISTIE: UNA VIDA

AUTOBIOGRAFÍA

AGATHA CHRISTIE

Editorial Molino, 2004


Una autobiografía a veces se confunde con lo que llamamos memorias. El autor, en la autobiografía, cuenta su vida cronológicamente, sus recuerdos, las personas de su entorno familiar y amistoso, los espacios que habitó, los viajes que realizó y toda una serie de hechos de su vida. En las memorias, el autor salta de un tema a otro, destaca momentos importantes para él, introduce digresiones con comentarios, reflexiones, etc. que no necesariamente están ligadas a su vida pero sí a su pensamiento.  Muchas veces el recuerdo de algo es percibido de modo distinto a como realmente sucedió, cosa que el biógrafo –más objetivo- suele evitar. Escribir, pues, desde un único punto de vista sobre uno mismo muestra una visión parcial, “olvidando” hechos que el autor no desea rememorar ni comentar. En el caso de la señora Christie, todos tenemos en mente su famosa e inexplicada desaparición y reaparición, un lapsus que ella nunca quiso o quizá no pudo comentar, (y en esta autobiografía se silencia).
Este texto tiene, efectivamente, la forma de autobiografía: se estructura en partes cronológicamente ordenadas, si bien su autora no se siente obligada a seguir la cronología; hay muchos saltos en el tiempo y en los temas, abundantes digresiones y comentarios diversos, aunque sabe retomar el hilo perfectamente. En mi opinión, es un aliciente más que un inconveniente. La señora Christie comienza a escribirla en 1950, en Nimrud (Iraq), en una casa de adobe, y la terminará quince años más tarde, en su mansión de Wallingford (Inglaterra) cuando ya había cumplido los setenta y cinco.
Agatha Mary Clarissa Miller, DBE (Torquay,1890-Wallingford,1976), ha sido una de las escritoras británicas del género policiaco y detectivesco que más popularidad y ventas ha tenido en el siglo XX. De clase media alta, recibió una educación privada hasta su adolescencia, como era habitual en las mujeres entonces. Ejercía como enfermera durante la I Guerra Mundial, cuando publicó su primera novela, El misterioso caso de Styles (1920). Según su propia opinión, sus comienzos como escritora fueron casi casuales, como un entretenimiento. Era una gran lectora y aficionada a los relatos detectivescos por su admiración hacia  Wilkie Collins y Conan Doyle. No fue sino mucho más tarde cuando empezó a tomarse en serio la tarea de escribir. Y tardó muchos años en considerarse como una profesional de la escritura, e incluso en su vejez insiste en no acabarse de creer que lo era. Sus preocupaciones eran otras: familiares, principalmente, y después, lecturas, viajes y la arqueología. Pero desde que empezó no dejó de escribir y su producción es inmensa.
En 1914, contrajo matrimonio con Archibald Christie, de quien se divorciaría en 1928. El impacto de descubrir la infidelidad de su marido, sumado a la depresión tras la muerte de su madre ese mismo año, le hizo entrar en una fase de perturbación psicológica grave,  y  en 1926 desapareció sin dejar más huella que  su coche, abandonado junto a la carretera. Once días más tarde fue hallada -aparentemente amnésica- en un hotel, bajo otro nombre. Una vez superada esa fase de su vida, hizo lo que muchos británicos de la época: viajar. A finales de los años 20, en mitad de su treintena, se subió, sola, al Orient Express, cruzó Europa y viajó hasta Damasco y Bagdad. Oriente le supuso un sorprendente mundo nuevo, lleno de experiencias interesantísimas, que le inspiró temas para muchas novelas, además de encontrar al que sería su segundo marido, Max.
En 1930 se casó con el arqueólogo Max Mallowan, (catorce años más joven que ella) a quien acompañó en todos sus viajes a Irak y Siria, donde pasó largas temporadas, y fue un matrimonio feliz, pese a que, según cuenta, le costó mucho decidirse por la diferencia de edad.
En un capítulo que dedica a reflexionar sobre su modo de abordar las novelas policiacas contraponiéndolo a cómo otros escritores lo hacían, dice que tienen como fin «ayudar a salvar la inocencia. Porque es la inocencia lo que importa, no la culpa»
“En aquella época, los años de la primera guerra mundial, el agente del mal no era un héroe: el enemigo era perverso y el héroe, bueno; tan simple como eso. Aún no nos habíamos adentrado en los oscuros caminos de la psicología y yo, como cualquiera que escribiera o leyera libros, estaba en contra del criminal y a favor de la víctima inocente.”
En este capítulo cuenta cómo fueron surgiendo sus personajes característicos, Hércules Poirot, Miss Marple, etc.; en quiénes se inspiró, y en fin, una serie de curiosidades. Pero también explica su manera de ver la literatura, libre y sin ataduras, porque para ella lo importante era la vida, no la escritura. Sus intentos de escribir sobre otros temas (usando un seudónimo, Mary Westmancott) no fueron demasiado aceptados por el público, que le pedía más y más novelas policiacas.
Hay muchos otros capítulos dedicados a la arqueología, a sus viajes, a múltiples detalles de las viajeras de la época: al final de la década de 1930 trabajó intensamente ayudando a su marido en excavaciones por Siria, Iraq, etc….mientras en sus ratos libres o en paradas de descanso escribía sus novelas. Asimismo dedica su atención al teatro, ya que no sólo muchas de sus obras se adaptaron al teatro (y al cine) sino que ella misma escribió piezas teatrales o dramatizó sus relatos. Cuenta muchas anécdotas sobre todo ello.
Habla de su infancia, que fue muy feliz; de sus familiares, sus amigos, explayándose en detalles sobre sus vidas; sobre las diversas casas en las que habitó, desde su querido Ashfield natal pasando por casas de adobe en el desierto sirio o los pisos en Londres. En los tramos en los que relata los bombardeos de la segunda guerra mundial, que vivió en Londres, asegura que en ningún momento usó un refugio. Su casa fue bombardeada y demolida y hubo de mudarse varias veces. Su marido pasó tres años como piloto en la zona de Oriente Medio y ella colaboró como sanitaria durante toda la guerra, de nuevo.
 
Amena y entretenida, ilustra la vida de los británicos de clase media alta, pero también de lo que ocurría con la literatura, la investigación sanitaria o la arqueología en esos años: vivió dos guerras y participó activamente para ayudar a su país, con su trabajo sanitario y cediendo sus casas a la Marina, al Ejército, a los refugiados que huían de las bombas. También vivió situaciones duras y desagradables en sus múltiples viajes por Oriente, sobre todo para una mujer acostumbrada a comodidades y bienestar. Pero no se le cayeron los anillos: supo acomodarse y llevarlo con el mejor ánimo. Fue una mujer valiente, activa, de gran sentido común y muy trabajadora. Tuvo muy claro siempre dónde estaba su lugar en la literatura. Valoró más la vida que la escritura, sin que por ello dejara de escribir mientras pudo.




Fuensanta Niñirola









26/12/16

EL REY TRAIDOR

LA TRAICIÓN DEL REY
J.L. GIL SOTO
Ed. Kailas, 2016


¿Qué tendrá el Poder que a todos seduce, a todos corrompe y a todos intimida? Unos resisten más la tentación, y otros, menos, insaciables en sus ansias de dominio. Esta que comentamos hoy es una historia de luchas por el poder, y en ella destacan personajes que fueron poderosos, muy poderosos, aunque, como podremos apreciar, cuanto más alto se sube, mas dura es la caída.  
Nos encontramos ante una obra muy ambiciosa, cuyo eje lo compone, de forma novelada, la vida de Manuel Godoy (Badajoz,1767-París,1851), de quien su paisano Gil Soto ha decidido presentar una visión más realista y menos ideologizada. Muy ambiciosa porque, aunque el centro de la misma es la figura de Godoy, el Príncipe de la Paz, en realidad lo que el autor hace es mostrar momentos importantísimos de la historia política española desde la subida al trono de Carlos IV hasta el comienzo del reinado de Isabel II en España. Godoy fue, efectivamente, el último de los validos del Antiguo Régimen, un hidalgo ascendido a aristócrata, que a los veintipocos años accedió al poder de modo meteórico, y sin embargo, a pesar de su juventud supo qué hacer con el poder acumulado, puesto que era un hombre con ideas nuevas, ilustrado, con decisión y valentía, lo que se dice un hombre de Estado; si bien quedó atrapado entre dos mundos, uno en pleno derrumbe y otro naciente. Lo que se nos presenta, pues, es una historia del tránsito de un régimen político a otro,  tras la eclosión de la Revolución Francesa. Una época llena de interés, de luces y sombras, como todas las épocas de cambio de paradigma.

Así, en esta obra la frontera entre la novela y el ensayo histórico es difícil de discernir, ya que, si bien tiene forma novelada, en realidad gran parte de sus capítulos relatan los hechos históricos presentados desde un punto de vista principal (el de Godoy) y otros secundarios: los Reyes, el Príncipe Fernando, Napoleón,…contado de modo ameno, correcto y muy bien documentado. Pero no encontraremos apenas ficción en el sentido novelesco, y prácticamente todos los personajes –si exceptuamos a los sirvientes, aldeanos y demás personajes ocasionales- son reales, por lo que la ficción apenas tiene cabida como tal si lo que se pretende es la fidelidad a los hechos, y el autor insiste en su preocupación por esta fidelidad en su nota final. Algunos hechos, sin embargo, de los que destacaría  el Motín de Aranjuez, sí están narrados de modo novelesco, y con gran fuerza, por cierto. La primera guerra contra Portugal, el desastre de Trafalgar, la conjuración del príncipe Fernando contra su padre, los encuentros con Napoleón y la salida de la familia real hacia el exilio…son tramos novelescos bien engarzados con el resto de la narración.
El pacense Gil Soto se ha basado tanto en las Memorias de su paisano como, y sobre todo, en la correspondencia mantenida por Godoy, a la que ha podido tener acceso gracias a la familia descendiente de los Condes de Peñafiel (descendientes de la unión de Godoy con Pepita Tudó)  y, por supuesto, en los documentos oficiales. Es decir, la fiabilidad histórica parece estar garantizada, si bien a expensas de la ficción.  De un modo u otro, es una obra muy destacable, que mantiene el interés y trata de presentar distintos puntos de vista para que la figura de Godoy, tan controvertida históricamente, reciba un tratamiento justo y honorable. No excusa a Godoy de sus errores, ni de su altanería y ambición, pero asimismo destaca su labor como gobernante y como consejero real, así como persona ilustrada y con un gran interés por la cultura y el progreso. Todo el tratamiento que le da a su figura una vez llega al exilio (Francia, Italia, otra vez Francia…) se centra el cuestiones relativas a la relación fiel hacia los reyes desterrados y en su vida personal, a su honor, siempre intentando que le reconocieran sus aciertos políticos en vez de achacarle todos los males del país a su sola persona.

Durante muchos años se ha seguido presentando la figura del valido de Carlos IV como un advenedizo, un delincuente con ansias de grandeza y cuyo papel era hundir a España. Esta versión, fue creada y alimentada en su día por los cortesanos que rodeaban al futuro Fernando VII y por éste mismo, que creyó desde el primer momento que la relación casi filial que los Reyes mantenían con el valido concluiría por usurparle el puesto. Así pues, conforme aumentaba el poder de Godoy, aumentaban sus detractores y corrían los bulos y las calumnias. Quedan muy visibles en esta narración los entresijos del poder político, la Corte y sus envidias, rencores, ambiciones, la ignorancia generalizada de la población analfabeta, a expensas de las manipulaciones con que las camarillas políticas les dirigían. Cómo se gesta el Motín de Aranjuez,  cómo se gesta la invasión de España por las tropas napoleónicas, las constantes disensiones entre ilustrados, más cercanos a Francia o a Inglaterra, formando facciones enfrentadas y con las que tenía que bregar el Secretario de Estado: Godoy.  Todo ello está expuesto al lector de modo a veces relatado y a veces dramatizado,  pero bien hilvanado.
El título hace referencia a Fernando VII, obviamente, y la narración toma ese punto como el más álgido, tras el cual se hace una inflexión y la historia discurre después  en una suave pendiente que muestra la decadencia del poderoso y el trato infligido conforme sus apoyos y valedores le van abandonando.
Manuel Godoy es presentado en su faceta de animal político desde su juventud, y descrito como un hombre hiperactivo, controlador, mujeriego, amante de la buena vida, de las riquezas, del arte, deseoso de favorecer a sus familiares y amigos, con los que se muestra siempre generoso.  Con una lúcida visión política, se hace cargo de todo ante la indolencia e indecisión de un Rey que no ve más allá de sus narices. Sin embargo, no supo o no pudo valorar a sus enemigos lo necesario para protegerse. Principalmente, al príncipe Fernando, cuyo inveterado odio, alimentado por su camarilla, provocó el conflicto con Francia y la caída repentina de la Monarquía y por ende, de Godoy.
Resumiendo, un libro muy interesante, bien escrito, bien documentado y que se lee con gusto.








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