26/8/16

CABALLOS FRONTERIZOS

TODOS LOS HERMOSOS CABALLOS
Título original: All the Pretty Horses,1992
Cormac McCarthy 
Trilogía de la frontera 1
Random House Mondadori, 2008


El joven protagonista de esta narración, John Grady Cole, solo tiene 16 años como el protagonista de la segunda novela de la trilogía, Billy Parham, y también es de Texas. Las desavenencias familiares y la muerte de su abuelo, con la posterior venta de la granja de San Angelo, donde ha vivido hasta el momento, son el detonante para que el muchacho monte su caballo, Redbo, y junto a su amigo Lacey Rawlins, sobre su caballo Junior, cabalguen marchando hacia el sur. Y al sur está México. No hay objetivos, no hay planes, sólo partir, marchar, poner tierra por en medio y desaparecer por un tiempo indefinido.
Acaba la década del los cuarenta del siglo XX, y la acción se desarrolla en menos de un año. Un año donde el aprendizaje de John es intensivo y las emociones fuertes. 
La amistad entre Lacey y John es un lazo indeleble, aunque no estén de acuerdo en todo, pero se respetan y siguen juntos en lo posible.

Sin embargo, un tercer personaje, un adolescente (como el Boyd de En la frontera) será el desencadenante de todos los problemas: Jimmy Blevins, que junto a su extrema juventud añade un caballo demasiado bueno para él. La sospecha de haber sido robado es inevitable, pero finalmente, Jimmy se une a los dos amigos y les sigue en su camino al sur, aunque, tras diversas incidencias, se separa de ellos y le pierden de vista.
John y Lacey llegan a una Hacienda importante, la de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, donde piden trabajo y son admitidos como domadores de caballos y vaqueros. Son muy jóvenes, pero ya se comportan como adultos en la faena, demostrando que no sólo saben manejar caballos sino que los aman, son una verdadera pasión. Toda la segunda parte del libro está dedicada al tiempo que pasan ambos en la Hacienda, a sus relaciones con el Patrón …y con su joven y bella hija.

La tercera parte del libro es la más violenta y cruel, donde se desatan terribles acontecimientos que supondrán para los dos amigos la entrada en un mundo infernal, donde la lucha entre la vida y la muerte es constante y para sobrevivir han ser tan brutales como los que los rodean.
La cuarta y última parte de la novela narra el retorno a Texas y las despedidas. Con unas breves paradas por el camino, para recuperar aquello que era suyo. John ya ha entrado en la edad adulta por la puerta grande, afrontando la libertad, y también la soledad correspondiente.
Como casi todas las de McCarthy, la novela deja un sabor amargo, con algunas pausas dulces, destilado a lo largo de la lectura, pero concentrado en el final. Sus personajes son errantes, desnortados, jóvenes aspirantes a adultos que si bien no tienen muy claro su destino, sí saben defender lo que consideran suyo: los caballos. La relación con los caballos es casi humana: tienen nombre (identidad), son cuidados y arropados como algo muy querido, representan compañía para el hombre solitario, que es capaz de cualquier cosa para mantenerles consigo.
Cormac McCarthy

El estilo es seco, cortante, con cantidad de locuciones en español (en el texto original), con la información relevante para la acción, pero sin dar demasiados detalles previos o adicionales. McCarthy crea un universo propio, en el que la naturaleza juega un papel preponderante: la relación del hombre con los animales es casi la propia de un animal con sus congéneres. El hombre es cazador, caza para vivir, pero también es amigo de los animales, sobre todo de aquellos con los que convive: los caballos. Universo que no se entendería en Europa, (salvo, quizá, en Rusia…) muy propio de América, y mucho más de las grandes zonas donde la naturaleza sigue reinando  y marcando sus normas.


Fuensanta  Niñirola


22/8/16

JACKIE BROWN

CÓCTEL EXPLOSIVO
RUM PUNCH (1992)
ELMORE LEONARD
Círculo de Lectores, 1998


Este thriller inspiró a Tarantino para dirigir su película  Jackie Brown, (1997) cambiando el apellido y color de piel a la protagonista femenina de la historia, cuyo nombre tomó prestado de uno de los personajes secundarios de Los amigos de Eddie Coyle, de George V. Higgins, autor venerado por Tarantino.
El protagonista masculino es Max Cherry, un maduro agente de fianzas, ex policía, con problemas matrimoniales (todo esto cumple con los elementos más clásicos del género), que se ve obligado a admitir en su oficina a un recién salido de la cárcel, Louis Gara, por presiones de un grupo mafioso. Gara, que es blanco, tiene un amigo negro, Ordell Robbie, que desarrolla un peligroso tráfico de armas, en el que quiere implicarle. Robbie contacta con Cherry para que pague la fianza de uno de sus “empleados”,  Beaumont, que luego desaparecerá.
El dinero que consigue Ordell de la venta de armas va a un paraíso fiscal en las Bahamas, y de allí es “rescatado” en pequeñas partidas por Jackie Burke, una madurita azafata, de muy buen ver, que saca un sobresueldo con ello. Pero de algún modo, dos agentes, que van tras la pista de Ordell y hasta el momento no han conseguido pillarle en nada serio, detienen a Jackie en uno de sus “transportes”.

A partir de ahí se desarrolla toda una campaña de acoso y persecución de Ordell, mediante una fuerte presión ejercida sobre Jackie, que se verá entre dos frentes, sin saber muy bien qué opción tomar y qué pasos dar para salir airosa. Entran en juego también la colección de amantes de Ordell: Sheronda, Melanie, Simone…cada una en un papel distinto, a veces no previsto por el gallo del corral.
Se crea una complicada trama en la que Louis se verá implicado por su amistad con Ordell, pero que salpicará también a Max Cherry, que es contratado para pagar la fianza de Jackie y este contacto le impacta personalmente.  Jackie, sin embargo, es una mujer dura, baqueteada por la vida, que sabe defenderse y no se amilana ante el acoso policial ni ante las presiones del propio Ordell. Tampoco sabemos qué piensa de Max. La atracción entre los dos se produce lentamente, pero las circunstancias la hacen conflictiva y peligrosa.
Jackie es la que, de facto, acaba por llevar las riendas y organizar los movimientos, orquestando un fin de fiesta que la beneficie. Pero hasta el último momento no sabremos si todo va a acabar como Max desearía. 
En suma, un buen thriller, con interesantes diálogos, la acción es continua y el lector debe estar muy atento para no perderse en la complicada madeja, sobre todo cuando las protagonistas femeninas empiezan a intercambiar bolsas de ropa. La versión cinematográfica sigue bastante de cerca la novela, con algunos cambios.

Elmore John Leonard, Jr. (Nueva Orleans, 11 de octubre de 1925 - Detroit, 20 de agosto de 2013)1 2 fue un escritor y guionista estadounidense.
Sus primeras novelas, publicadas en los años cincuenta, fueron novelas del oeste, pero después se especializó en novela policiaca y desde entonces ha escrito numerosos libros, muchos de los cuales han sido adaptados al cine convirtiéndose en exitosas películas de cineastas tan dispares como John Sturges, Quentin Tarantino o Steven Soderbergh, entre muchos otros. En algunos casos el proceso ha sido a la inversa, escribiendo novelas a partir de guiones originales o tratamientos para guiones cinematográficos.


Fuensanta Niñirola


16/8/16

GRANDES VIAJERAS

VIAJERAS INTRÉPIDAS Y AVENTURERAS
CRISTINA MORATÓ
Prologo de Manu Leguineche
Plaza& Janés, 2007


La periodista y reportera Cristina Morató, (Barcelona, 1961), viajera profesional, traza en esta obra un extenso friso donde una serie de mujeres -desde la antigüedad hasta nuestros días, aunque centrándose en las decimonónicas- son protagonistas de hazañas viajeras, de investigación científica o antropológica e incluso de espionaje político en tierras hostiles. Inicia la autora con este conjunto biográfico divulgativo una variada producción de publicaciones sobre viajeras insignes, injustamente olvidadas o ninguneadas por los historiadores o los escritores de viajes, publicaciones que ya están hace años en librerías.
África, Oriente Medio, Asia, son los principales escenarios donde desarrollan sus viajes estas damas del pasado. La autora ha viajado, a su vez, a muchos de los lugares de los que hablará en este libro. Y compara unas situaciones y otras, comprendiendo en más de una ocasión lo que pudieron haber sufrido o sentido estas mujeres que viajaron con las condiciones mucho más adversas y cuyas experiencias no siempre fueron reconocidas. Introduce el texto explicando lo que le ha llevado a bucear en busca de estas viajeras a través de los siglos. Fue a partir de sus primeros reportajes periodísticos como le surgió la idea de encontrar mujeres que hubieran viajado en tiempos pasados. Descubrió que “la lista era más larga de lo que se había imaginado” y que en el pasado, incluso en el pasado reciente, una mujer que viajara (y si lo hacía sola, peor) era una “extraña criatura”. Y sintió que les debía un reconocimiento, un rescate del olvido en el que estaban sumidas.

Cuando algunas mujeres habían cubierto su ciclo de matrimonio, hijos y vida familiar y se quedaban solas, o llegaban a esta soledad en su madurez sin haber probado las delicias de la familia, tenían dos opciones: el convento o la prostitución. Sin embargo, excepcionalmente algunas de ellas supieron esquivar estas dos vías, recurriendo a una tercera: el viaje. Viaje que muchas veces era sólo de ida, sin retorno; en otras ocasiones de ida y vuelta, a veces con reconocimiento final y a veces con un triste fin. Generalmente se trataba de mujeres cultas, con inquietudes y deseos de ampliar horizontes, que en el viaje encontraban abierta una puerta a un mundo nuevo, distinto, a veces amenazador y problemático, pleno de dificultades para ellas, pero que afrontaban con valentía y con imaginación. Muchas de estas viajeras relataron sus viajes en diarios, memorias o incluso libros científicos. O personas cercanas a ellas contaron sus aventuras. Generalmente, la reacción mayoritaria fue de rechazo, burla y desprecio, considerándolas “marimachos y ridículas”.

A veces estas mujeres no iban solas, sino acompañando a sus maridos, como Lady Mary Montagu, esposa del embajador británico en el Imperio Turco, o Isabel Arundell, esposa del explorador y luego diplomático Richard Burton, o Fanny Vandergrift, esposa del escritor y viajero R.L. Stevenson, o también la esposa del doctor Livingstone, cuya presencia supuso un apoyo y ayuda a su labor en África. Otras viajaban con su madre, como la holandesa Alexine Tinne, aunque, eso sí, con doscientos porteadores. Muchas estaban solteras, civiles, eclesiásticas o incluso casadas, y elegían viajar solas. En esta obra, obviamente, no sólo se habla de viajeras, sino también de viajeros que tuvieron alguna relación con ellas o fueron pioneros que abrieron nuevas rutas.

En los diversos capítulos Morató hace un recorrido histórico: desde la abadesa gallega Egeria (siglo IV), que, tras peregrinar a los Santos Lugares y más allá, escribió el primer libro hispánico de viajes; pasando por Isabel Barreto, (s. XVI) esposa del adelantado Alvaro de Mendaña, primera navegante española que consiguió el título de almirante. Las peregrinas sin nombre del Camino de Santiago o de Tierra Santa, o las reinas que hubieron de acaudillar guerras o regencias en tiempos convulsos, y como Leonor de Aquitania, se unieron a los cruzados. Mujeres soldado ha habido unas cuantas, como Catalina de Erauso, nuestra “monja alférez” o la famosa Juana de Arco. A pesar de este repaso previo, el interés del libro se centra en las viajeras decimonónicas, con alguna pionera del dieciocho, como Lady Montagu.
Dedica un capítulo a las viajeras religiosas, como las misioneras en el Tíbet y China, entre las que destacan Mildred Cable, Evangeline y Francesca French y Annie Taylor; varios capítulos a las viajeras solteras o viajando solas, que sin ser investigadoras ni escribir libros, tuvieron relación con personajes importantes y unas vidas muy viajeras: es el caso de Anita Delgado, Lola Montes, Anna Leonowens; dedica una breve sección a las mujeres piratas, Anne Bomney y Mary Read; también a las viajeras victorianas por África, como Ida Pfeiffero Freya Stark; otro a las de Asia, como Alexandra David-Néel; otro a las esposas a la sombra de viajeros insignes; otro a las exploradoras e investigadoras como Mary Kingsley, de vida breve pero intensa, y la longeva Isabella Bird (s. XIX), que viajó por casi tod, China... Australia, las Rocosas de Amo-wenselacirenchsis, simplemente quiere rescatar a todas estas mujeres del ó por todo el mundo: Australia, el lejano oeste americano, Persia, India, China…Finalmente se ocupa de las viajeras del siglo XX, como Osa Johnson que, junto a su marido viajaron por Oriente y Africa filmando documentales antropológicos, así como Jane Goodall, Dian Fossey y B. Galdikas, estudiosas de gorilas, chimpancés y orangutanes; y la aventurera Amelia Earhart, aviadora pionera en viajes trasatlánticos, desaparecida en el Pacífico en 1937.

Siempre intercalando anécdotas de sus propios viajes como reportera, con comentarios interrelacionando o comparando las actitudes de unas viajeras con otras. Por ejemplo, había quienes viajaban por todo lo alto, portando kilométricos equipajes, vajilla de porcelana y cristal, bañera, cama y sábanas…o las que iban adaptándose a lo que encontraban. También estaban las que, como la arqueóloga Gertrude Bell, vestían como si siguieran en Europa, paseando por el desierto o la selva africana con corsé, botines, enaguas, faldas, y sombreros floreados,…o las que se disfrazaban de hombre o de mujer árabe como Isabelle Eberhardt, Lady Anne Blunt (nieta de Byron) o Hester Stanhope para llevar ropajes sueltos o pantalones anchos, sin el odiado corsé. Las que seguían consumiendo en lo posible la comida europea y las que se zampaban lo que les ofrecían los nativos del lugar.
Algunas vieron reconocido su trabajo de documentación, como Gertrude Bell, que aleccionó a T.E. Lawrence sobre Arabia, y ayudó a confeccionar el mapa de Oriente Medio a Winston Churchill. Famosa es la foto en la que los tres posan, sobre sus correspondientes dromedarios ante una de las pirámides de Egipto.
Otras, por el contrario, fueron menos afortunadas y murieron en la indigencia o víctima de enfermedades tropicales como Mary Livingstone, o Mary Kingsley.

CRISTINA MORATÓ
Todo ello compone un libro amenísimo, muy variado, escrito a modo de reportaje,  al que quizás lo único que se le podría achacar es la sobreabundancia de personajes que son tratados solo con breves trazos,  y también un cierto desorden repetitivo en cuanto al relato de cada vida. La propia autora insiste en que no es un ensayo, no avanza ninguna tesis, simplemente quiere rescatar a todas estas mujeres del olvido. Se impone, pues, una lectura pausada, más con objeto de consulta y descubrimiento de personajes sobre los que leer más abundantemente en lecturas posteriores.


Fuensanta Niñirola
Agosto 2016









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