21/10/16

NAUFRAGIOS

 LOS TRAFICANTES DE NAUFRAGIOS
The Wrecker, 1892
ROBERT LOUIS STEVENSON/ LLOYD OSBOURNE

Trad. Rafael González
El Club Diógenes, Valdemar, 2005


Escrita en colaboración con su hijastro Lloyd Osbourne, esta novela cuenta las aventuras de unos personajes que recorren casi medio mundo tratando de resolver una intriga detectivesca, en torno a un naufragio y a una misteriosa tripulación. Chesterton calificó esta obra de policíaca, “y de la mejor clase de novela policíaca, aquella en que no se llama nunca a la policía.” Hay muchos elementos autobiográficos en esta narración, y los seguidores de la vida y obra del genial escocés  podrán darse cuenta de ello. Stevenson se inspiró para muchos detalles y algunos personajes en la goleta Equator y sus tripulantes,  goleta que en 1889 llevó como pasajeros a él y su esposa Fanny Vandegrift Osbourne en  travesía por las islas Gilbert, de Micronesia. Algunos personajes también están inspirados en conocidos de Stevenson, de San Francisco y Australia.
Lo que llama poderosamente la atención es la ausencia de los primeros ocho capítulos y el prólogo, que figuran en la edición original y que pueden leerse en el sitio oficial de R.L. Stevenson. Por asombroso que parezca, en esta edición (existe una en Forum, de 1985 que se anuncia como “íntegra”) se han suprimido cantidad de páginas sin dar las razones de tal supresión. Una editorial seria, como lo es Valdemar, deja al lector con un sabor amargo ante la ausencia imperdonable de, cuando menos, una explicación. No son esenciales para la acción, pero dan datos acerca del personaje principal que son importantes para comprender su carácter y los hechos que ocurren después. Además, el prólogo informa de cómo y quien cuenta la historia que luego llegará a manos del autor. Resumiré lo que se cuenta en esos ocho capítulos, que he tenido que traducir del inglés porque no existe o no he encontrado traducción española. Es una larga introducción a la acción, que Stevenson consideró necesaria  para comprender el carácter del protagonista.  Y es su novela.
El resumen de los textos ausentes es éste:
En el prólogo, Loudon Dodd, llega a Tai-ohae, puerto de entrada a las Marquesas, donde se reúne con otro marino y antiguo amigo, Mr. Havens, al que, hablando de naufragios, cuenta su historia. Dodd es un americano cuyo deseo de ser artista incomoda a su padre, un hombre de negocios. Finalmente llegan a un acuerdo y es enviado a París. De camino, visita en Edimburgo a su tío Adam y a su abuelo Alexander, con quien simpatiza inmediatamente.  En París, conoce y forja una fuerte amistad con  Jim Pinkerton, que está metido en diversas empresas de negocios a la vez, y siempre buscando nuevos modos de hacer fortuna. Poco tiempo después, el padre de Dodd se arruina y muere. Pinkerton, vista la situación, propone a su amigo asociarse en los negocios. Dodd, sin embargo, aún confía en convertirse en artista, rechazando la oferta. Pinkerton vuelve, pues, a su país y el artista se queda, pobre y solo, en París.
Más adelante, Pinkerton le envía algún dinero que Dodd acepta, pero pronto se siente culpable y resuelve asociarse con él, finalmente. El abuelo Alexander, que le considera su favorito, le da 2.000 libras para ponerse al día con Pinkerton. Con ello, Dodd recala en San Francisco, donde su amigo tiene muchos asuntos entre manos: fabrica y vende su propio brandy, lleva una agencia publicitaria, compra barcos hundidos o desahuciados, etc.
Un día, Dodd escucha en un bar del puerto de San Francisco a un grupo de marinos –el Capitán Trent y los supervivientes del Nube Flotante- que relatan las terribles circunstancias que llevaron a la pérdida de su barco. A su vez, Pinkerton se entera de que los restos del Nube Volante  van a ser subastados. Encallado en una de las islas Midway y cargado con arroz, seda y té, podría valer 10,000 dólares. Pinkerton y Dodd deciden comprarlo, pero en la subasta, el abogado H.D. Bellairs  puja contra  ellos  en nombre de alguien ausente. Sube tanto la puja, que Pinkerton y Dodd están convencidos de que el barco contiene opio. Finalmente superan la oferta de Bellairs y compran por 50,000 dólares.
Y con el relato de la subasta comienza la narración que se ha publicado en español.
La subasta antes citada se convierte en una enloquecida competición entre Pinkerton y un abogado, Bellairs. Sale ganador el primero, pero a tal precio tal que debe endeudarse. El hecho de la disparatada puja les hace suponer a Pinkerton y Dodd que el barco aún contiene importantes cargas de opio (además de la carga declarada), con lo que esperan resarcirse al extraerlo, y organizan inmediatamente –para anticiparse al desconocido competidor- un viaje a las islas Midway en el Norah Creina, comandado por el capitán Nares y Dodd como sobrecargo. Antes de partir ocurren diversos incidentes que hacen sospechoso al magnate que se esconde tras el abogado Bellairs.  Aquí se suceden una serie de movimientos propiamente detectivescos, sin claro resultado.

El papel principal recae en la figura de Loudon Dodd, que protagoniza la primera parte de la narración. Pero el personaje en la sombra será a su vez el principal protagonista de la segunda parte.  No revelaremos sus varios nombres;  a lo largo del relato el lector irá descubriendo una complicada trama, el terrible drama  que precedió al desastre del Nube Volante. Dodd es quien resuelve el enigma del misterioso personaje mediante el seguimiento de los pasos de Bellairs, que finalmente le llevará al verdadero protagonista. Éste le contará finalmente lo sucedido y la razón de ocultar bajo una capa de misterio a toda una tripulación. En el Epílogo, Stevenson cuenta a un amigo el final de la historia.
Es ésta una narración doble: porque son dos los que la escribieron y porque en ella, grosso modo, a partir de un mismo hecho se desarrollan dos narraciones, una con carácter detectivesco e intriga, con base en San Francisco, y otra, más aventurera y marinera, que recorre Australia y los Mares del Sur, Francia e Inglaterra. Si contásemos los capítulos eliminados, podríamos hablar de una narración triple, ya que la parte eliminada trata de la historia personal de Loudon Dodd, y solo al llegar a San Francisco es cuando se desata la acción detectivesca y la aventurera.
En suma, tenemos una narración que combina intriga, aventuras marineras y terrestres, y toda una colección de personajes bien diseñados y atractivos al lector. Quizá la parte primera sea algo confusa por la ausencia de los capítulos suprimidos y por la cantidad de misterios y personajes que acumula. Pero una vez el protagonista, Dodd, retorna y se lanza a la busca y captura del misterioso personaje responsable de todo el enredo, el lector va a conocer y comprender lo que realmente ocurrió y las razones del ocultamiento.
La traducción del título puede llevar a una falsa idea del contenido. Unas consideraciones al respecto: literalmente, “wrecker” se refiere a “aquel que destruye o hunde un barco”, en este caso, su propio barco. Por “traficantes de naufragios” se suele entender aquellos delincuentes que los provocaban, o que se beneficiaban de los naufragios en peligrosas costas donde se hundían o encallaban, llevándose los restos como botín. La novela La posada de Jamaica, de Daphne de Maurois, trata precisamente de ellos. En el caso de la presente novela, se verá que no es así. El hundimiento del Nube Volante se debió a otras consideraciones, que el lector descubrirá en su debido momento.
Chesterton, en su estudio sobre Stevenson, afirma que
 “el autor posee la facultad, enteramente excepcional, de expresar lo que quiere expresar en palabras que realmente lo expresan.”
Refiriéndose al presente libro, concreta ejemplos:
“La historia empieza: «El principio de este cuento es el carácter de mi pobre padre» y el carácter está comprimido en un sólo párrafo. Cuando Jim Pinkerton entra en la historia y es descrito como un joven «de maneras agitadas y cordiales» nosotros vamos, por todo el resto de la narración, con un hombre vivo; y oímos no solamente palabras, sino una voz. No hay otros dos adjetivos que pudiesen haber hecho el milagro. Cuando el desastrado y sospechoso abogado, con su cultura «cockney» y su refinamiento vulgar aparece manejando un asunto de mayor envergadura que los que le ocupan ordinariamente, se conduce con una especie de «encogida presunción».”
Si bien no es la mejor novela de Stevenson, es una obra entretenida, con interés y satisfactoria. ¡Incluso sin los ocho capítulos! Sin embargo, el hecho de dar comienzo por el capitulo IX, ignorando los ocho anteriores y el prólogo sin más explicaciones, no habla muy bien de la editorial. Desconocemos qué les motivó a ello. De un modo u otro, Stevenson es siempre una garantía: es un clásico, aunque haya pasado épocas en las que fuera considerado casi como un escritor de literatura juvenil…en el caso de que tal cosa existiese en su época.



 FUENSANTA NIÑIROLA


22/9/16

CASANOVA EN BOLZANO

LA AMANTE DE BOLZANO
Vendegjatek Bolzanoban, 1940
SÁNDOR MÁRAI
Trad.: Judit Xantus Szarvas
Salamandra, 2014


Escrita antes de “El último encuentro” se diría que la presente novela es un ejercicio preparatorio de aquélla. Dos hombres que aman a la misma mujer, establecen un pacto entre ellos. En este caso, la mujer está viva, es joven y sigue enamorada. Llama la atención, no obstante, que el autor húngaro haya ambientado esta novela en el siglo XVIII y elegido un personaje histórico como Casanova. Pero si se piensa más detenidamente,  la elección es perfecta para los fines que Márai persigue. El tiempo y el lugar vienen determinados por la elección del personaje: Casanova, icono del seductor profesional (si pudiéramos llamarle así), del amor libre, fugaz, sensual y sexual. Pero justamente lo elige para reflexionar y horadar en el concepto del amor, y el que habitualmente le acompaña, la felicidad. Cuento moral, aquí entra el lector en el territorio habitual del autor húngaro, y ya no resulta sorprendente que el escenario sea Bolzano, adonde Casanova dirige sus pasos tras la apresurada huida de Los Plomos, la cárcel veneciana donde la Inquisición lo retenía preso.
Bolzano. En la posada donde Casanova se recompone, busca fondos para la reposición de vestuario y manutención, le llega la noticia de que en la ciudad reside el Conde de Parma, avivando con ello dulces y a la vez bochornosos recuerdos, porque la actual esposa del conde no es otra que Francesca, una bellísima joven a la que excepcionalmente amó de modo casto, y cuya relación fue drásticamente cortada por la espada del Conde de Parma, pretendiente a la mano de la damita. Tras un sangriento duelo del que salió vencedor el Conde, a pesar de sus años, Casanova huyó. Abandonó a Francesca, dejándola sumida en un profundo dolor.
Giacomo Casanova

Ahora Francesca está en Bolzano. Sigue pesando sobre Casanova la amenaza de muerte si se acerca a ella; la evita, pues, aunque sabe por terceros que el Conde desea verle. Los recuerdos le asaltan día y noche y ni siquiera los dulces besos de la criada de la posada le ahuyentan la imagen de Francesca, y el recuerdo de su culpa, de su cobardía por abandonarla, cediéndola al Conde.
Márai utiliza muy bien el juego de las máscaras, el disfraz, que en este caso es altamente simbólico. Con los disfraces, cambian los papeles, y los discursos: femenino por masculino y viceversa. Y Francesca se revela como una profunda conocedora del alma humana, desvelando, o mejor, desenmascarando al seductor, haciéndole ver su miedo, su pánico ante la responsabilidad del amor, que recorta su libertad, y que vulnera todas las leyes del juego amoroso, un juego en el que Casanova es experto. Pero Francesca también hace ver a su amante que lo que mantiene el amor es el deseo: aquello que no se tiene y que no se va a tener nunca. Le muestra el panorama de su vida, de lo que sería su vida juntos, para que Casanova, inquieto e indeciso, dé un paso atrás. “No puedes resistir la llamada del papel, la llamada de tu género artístico; toda tu vida ha sido el peligro mismo y lo será para siempre. No puedes vivir de otra forma, acéptalo pues. Necesitas el peligro,”

Sándor Márai
El contrato que ha hecho con el Conde implica que debe seducirla y abandonarla, debe hacer que ella odie su recuerdo. Él se demora y duda, planea su marcha, busca un disfraz, y finalmente ocurre el encuentro, el último encuentro entre los amantes, pero con los papeles cambiados: ella es quien lleva la iniciativa, ella es quien toma la decisión, ella es la que demuestra madurez  pese a su juventud, y él, el seductor, el amante, el hombre…calla y otorga.
Los diálogos son intensos y jugosos. Disección del amor, del amor como una opción vital, el Amor con mayúsculas, mostrando a la vez lo que no es amor, lo que es puro entretenimiento, juego sensual, vuelo de mariposa. Toda la tensión se dirime en las explicaciones finales, pero el proceso de llegar a ellas conduce al lector, que por un lado comprende el razonamiento de Casanova y el del conde de Parma, entendiendo también a Francesca, que pone la puntilla, al desenmascarar el artificio y  dejar en posición humillante al hombre que pretende ser un artista, un jugador, un libertino, …pero que sigue siendo un hombre.



Fuensanta Niñirola




16/9/16

CHESTERTON VERSUS STEVENSON

ROBERT LOUIS STEVENSON

GILBERT K. CHESTERTON


PRE-TEXTOS, 2001


Nacido veinticuatro años después de Stevenson, Chesterton aún era un veinteañero cuando Stevenson murió. Pudo apreciar su éxito inicial pero también la reacción modernista contra él. En este ensayo biográfico, publicado en 1927, el autor lucha por sacar a la luz a un escritor injustamente desdeñado y olvidado. Para el escritor londinense, que pensaba que la literatura (y no sólo ella)  había entrado en una época de pesimismo tras la guerra, Stevenson representaba el optimismo, un optimismo insolente y opresivo. Un optimismo que muchos no podían soportar. Ante la disyuntiva de elegir entre arte o vida, Stevenson elegiría siempre la vida. “Porque contra la bandera negra del pesimismo, su bandera era realmente un emblema moral.”
Stevenson fue una celebridad en vida y años posteriores a su muerte, pero el advenimiento del modernismo en literatura, tras la primera guerra mundial, le convirtió, a los ojos de sus colegas y cierto público, en un escritor de segunda clase, para niños o jóvenes. Virginia y Leonard Woolf fueron de unos sus principales detractores, imponiendo sus modas y modos. Increíblemente Stevenson fue excluido del canon literario de las escuelas hasta el punto de no ser siquiera mencionado en la Antología de Literatura Inglesa de Oxford…¡hasta el año 2000!
Hasta la segunda mitad del siglo XX no se produjo la revaluación de Stevenson como escritor de pleno derecho, ensayista y crítico literario, testigo presencial de la historia colonial del Pacífico sur, y humanista.
Lo primero que a Chesterton le llama la atención de la vida de Stevenson es su movilidad: sus innumerables viajes y cambios de casa: Menton, Edimburgo, Fontainebleau, las Highlands, Davos, América (en este caso, por su casamiento), los Mares del Sur…Era un viajero innato, pero no muy saludable: sus idas y venidas estaban motivadas en parte por su carácter aventurero…y en parte, por ser un enfermo. Chesterton en el primer capítulo ya resume brevemente la biografía de Stevenson, pero manifiesta que de lo que quiere hablar es otra cosa.
Lo que el autor se propone en este ensayo es “estudiar sus libros con ilustraciones de su vida” y, más adelante especifica: “(…) la historia de su vida, pero no exactamente la historia de su biografía. ” De ahí que haya continuas referencias a la obra stevensoniana y saltos a su vida, descifrando los estados de ánimo y sus expectativas vitales a partir del análisis de sus obras: “los vagabundeos de Balfour me parecen más stevensonianos que los vagabundeos de Stevenson; el duelo de Jekyll y Hyde es más ilustrador que la disputa de Stevenson y Henley; y la verdadera vida privada se ha de buscar no en Samoa, sino en La Isla del Tesoro; porque donde está el tesoro está también el corazón.” El muchacho protagonista de sus novelas de aventuras no es sólo Jim Hawkins o David Balfour, sino el propio Stevenson.


 Recurrió a su propia infancia, a su teatrillo de cartón, el Skelt: “Si los juguetes y las bagatelas pueden hacer feliz a la gente, esta felicidad no es una bagatela, y ciertamente no puede ser un engaño.” Chesterton define a Stevenson como un niño, un niño perdido; un niño enfermo que se pasó la vida tratando de sanar, y que “no miraba en realidad hacia adelante o hacia afuera, a cosas más grandes, sino hacia atrás y hacia adentro, a un mundo de cosas más pequeñas, por la abertura del Skelt, que era todavía la verdadera ventana del mundo.”

En cuanto al lenguaje literario, frente a sus detractores, Chesterton defiende rotundamente al escritor escocés, al que le atribuye un estilo inconfundible, propio, muy personal. Escoge siempre las palabras exactas, las que dan la imagen de lo que quiere mostrar. Y esa es una facultad que no todos los escritores poseen. Su obra es muy versátil, de estilos o géneros muy diferentes, que evita mezclar. Salvo quizá, en los vagabundeos del Señor de Ballantrae y el Caballero Burke. Chesterton analiza al detalle estas cuestiones, en el capítulo Experimento y Extensión. “El verdadero defecto de Stevenson como escritor, (…) consiste en que simplificaba tanto que perdía algo de la confortable complejidad de la vida real. Lo trataba todo con una economía de detalle y una eliminación de superfluidades que acababa por darle un no sé qué de rígido y poco natural.” E insiste, jocoso, Chesterton: “Es tan ahorrativo, que sus personajes son casi delgados.” Y esta idea le retrotrae a su idea inicial, la de que en el teatrillo de cartón, con sus figuras planas y simples, es donde reside todo el mundo imaginario del niño que fue Stevenson.
En otro capítulo analiza el autor la idea moral en Stevenson, y llega al concepto de felicidad, volviendo, ¡cómo no! a la infancia, porque sólo un hombre puede ser feliz antes de llegar a hacerse un hombre. Toda esta teoría  sobre su retorno a la infancia justifica el tratamiento tan esquivo del tema amoroso, al amor–pasión; las mujeres apenas tienen protagonismo o lo tienen de modo colateral, secundario, más como las relaciones infantiles de amistad o las materno-filiales: “hay una diferencia entre la intensa emoción momentánea provocada por el recuerdo de los amores de la juventud y el todavía, más instantáneo, pero más perfecto goce del recuerdo de la infancia.” (..) “Muchos han especulado acerca de qué es lo que buscan en realidad; pero lo que buscan es siempre lo mismo; este niño perdido que son ellos mismos; perdido en los profundos jardines al anochecer.” El retorno a la simplicidad de la infancia, a la ingenuidad que hace tan felices esos años. Y no es que la infancia del escritor escocés fuera especialmente feliz, debido a circunstancias familiares y a su débil salud: pero supo arroparse de un mundo imaginario, un mundo que solo la fértil imaginación de un niño es capaz de crear. Stevenson lo creó y le duró toda su corta vida.

Robert Louis Balfour Stevenson (Edimburgo,1850-Vailima, Samoa, 3 de diciembre de 1894) fue un novelista, poeta y ensayista escocés. Su legado es una vasta obra que incluye crónicas de viaje, novelas de aventuras e históricas, así como lírica y ensayos.
Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874-Beaconsfield, 1936), más conocido como G. K. Chesterton, fue un escritor y periodista británico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes.



Fuensanta Niñirola






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