17/11/16

SIMENON ARTISTA

LA MIRADA INOCENTE 
Le petit saint, 1964
GEORGES SIMENON
Traducción de Mercedes Abad
Tusquets, 2003



Con esta novela corta Simenon sorprende al lector que espera una de detectives,  policiaca. Pues no es así: está en otro registro. El prolífico escritor la terminó en nueve días, y seguramente en estado de gracia, como se suele decir. Cierto que en esa fecha ya estaba Simenon muy curtido y tenía gran dominio de la escritura. Pero con este texto parece convertirse en otro, adentrándose en terreno escabroso, como lo es la psique humana; no sólo en la mente de un artista, sino en la de un niño, ese “angelito”, un inocente que no cambia demasiado su inocencia al crecer en años (que no en estatura). Y no solo eso: se adentra también es el estómago parisino, en el mundo de Les Halles y sus pobladores. La propia familia del protagonista es, por así decirlo, un modelo de los distintos tipos humanos y sociales de los bajos fondos parisinos.
La evolución de la ciudad, su historia, se ve reflejada en la vida cotidiana del protagonista: en la familia de Louis Cuchas, seis hermanos comparten un habitáculo con la madre, una verdulera abandonada por su marido y aficionada a cambiar de amante muy a menudo. El autor toma el punto de vista de Louis desde su más tierna infancia e intenta describir lo que siente y lo que ve desde muy niño: primero el interior de la casa: la estufa, los olores de la cocina, sus hermanos, la madre, Gabrielle Heurteau…
“Durante mucho tiempo, por ejemplo, la estufa tuvo más importancia que su madre, y en torno a ella giraba su existencia. Ignoraba aún quién la encendía y cómo. Sólo recordaba a su madre sin resuello después de haber subido la escalera, atravesando la habitación con un cubo de carbón cuyo peso la hacía inclinarse a la derecha.”

Más adelante Louis empieza a mirar por la ventana, el mundo exterior, la calle, los vecinos, las luces cambiantes de las estaciones del año…y así progresivamente. Y lo mira todo con esa mirada inocente, ausente de prejuicios, limpia y clara. Con sorpresa ante lo que ve, esa sorpresa que llevará al artista a mirar las cosas cotidianas como si las viera por primera vez. A mirarlas en su estructura básica, sus colores y líneas, al margen de los significados o connotaciones, de las ideas que más tarde se le han aplicado y que a veces trastornan nuestra percepción de los objetos.
“Para él, lo que marcaba el paso del tiempo eran los árboles del patio. Los troncos se volvían menos negros y parecían más rugosos; después, en el extremo de las ramas aparecían unos brotes duros. Los gorriones piaban más que de costumbre y muy pronto aparecían pájaros desconocidos.”

El título en español me resulta más atractivo que el elegido por el autor; el “angelito” (el pequeño santo, literalmente, o el santito)  es un mote con el que los compañeros del colegio –la habitual crueldad infantil- se burlan de Louis, que es muy bajito, de cara angelical y sonrisa fácil, que soporta las crueles vejaciones de sus compañeros, las risas de los adultos, la marginación y el desprecio de sus hermanos, incluso hasta un determinado punto, la desatención materna.
“Los golpes no le hacían mucho daño. Después de un rato ya no se notaba nada y no merecía la pena prolongar una pelea. Algún día se cansarían de pegarle siempre al mismo y lo dejarían soñar despierto en su rincón.”
Parece que Simenon dedicó nueve días a escribir esta novela. Pero también se dice que fue su preferida, probablemente porque puso mucho de sí mismo en ella. Toda la novela reflexiona sobre el temperamento creador del artista, de cómo surge en un niño, cómo crece y se va definiendo esa afición por el arte que luego convertirá en profesión y modo de vida.  Un niño que ya desde la infancia manifiesta un temperamento especial.
“A menudo se había detenido frente al escaparate a contemplar lo que él llamaba colores, pues ignoraba por completo que existieran técnicas distintas y todo le fascinaba, desde los colores que iban dentro de unos tarritos de cerámica metidos en cajas de hierro a las tizas de tonos más suaves y tiernos o los tubos que iban dentro de unos estuches con una paleta sujeta al interior de la tapa.”
 
Toda esa reflexión sobre la creatividad está trufada de constantes descripciones de la vida cotidiana, de los avances técnicos, de la evolución de las empresas, la vida pública, del cambio del gas a la iluminación eléctrica, de los coches de caballos a los automóviles y los tranvías, de la agrupación de la familia a su dispersión, en suma, la historia del París de fin/principios de siglo hasta el París que ha pasado dos guerras mundiales. Cierto que en la parte final toma carrerilla y va un poco demasiado rápido, mientras que en la infancia y adolescencia se demora muchísimo.
Conforme empieza a pintar, las descripciones de sus obras y su manera de mirar la realidad y reproducirla a su propia idea, a mí me llevan a pensar en Chagall, no tanto en su persona como en su pintura, al mismo tiempo maravillosamente colorista y altamente ingenua, pero llena de bondad, mostrando un mundo que está lleno de fantasía pero con un trasfondo real.
“El valor del dinero había cambiado. Tiempo atrás, en casa de su madre se contaba por céntimos. Ahora se contaba por centenares, por miles de francos, y pintores de los que diez años después ya no se hablaría vendían sus telas más caras que las de un maestro italiano del Renacimiento.”
Una novela plena de emotividad, de poesía, aunque a veces muestre situaciones duras, durísimas, pero siempre adoptando el punto de vista de la inocencia, pasiva, tranquila, que todo lo acepta como parte de la realidad, y lo admira como todo aquello que está fuera de él, y todo le sorprende, le fascina.  Encuentra cosas buenas en todo, todo lo vive como si fuera lo más normal: tanto la miseria como la abundancia. Un “pequeño santo”: pero un santo artista.
“—¿Puedo preguntarle, maestro, qué imagen tiene de sí mismo?
No se lo pensó mucho. El rostro se le iluminó un instante y dijo, alegre y púdico:
—La de un chiquillo.”
 

Georges Simenon (Lieja, 1903-Lausana, 1989) Escritor belga en lengua francesa. A partir de 1927 publicó, bajo diversos seudónimos, gran número de novelas populares. En 1931 empezó a publicar novelas policíacas, a menudo protagonizadas por el comisario Maigret, que han contribuido a renovar el género. Es autor también de obras teatrales y autobiográficas.




Fuensanta Niñirola

10/11/16

MISSISSIPI ABAJO

LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN
MARK TWAIN
Traducción: Mariano Peyrou
ILUSTRACIONES: PABLO AULADELL
Ed. Sexto Piso, 2016

Si el lector disfrutó leyendo las aventuras de Tom Sawyer, disfrutará igualmente o más con esta novela, donde el asilvestrado y semisalvaje Huck Finn, el principal amigo de Tom, es en esta ocasión el protagonista y el narrador, en su lengua barriobajera. Fue una de las primeras novelas escritas en inglés americano: particularmente, el sureño. Esto no se puede apreciar totalmente al leer una traducción, si bien el Peyrou ha conseguido un estilo personal, informal y vulgar, dado que el chiquillo que narra es un iletrado, apenas sabe leer y escribir lo elemental, vive una vida marginal y usa el lenguaje de los vagabundos y outsiders.
Así como Tom Sawyer es una novela más dulce, ingenua y cercana a la literatura infantil, ésta, por el contrario, se acerca más a una novela picaresca, cargada de humor negro y de veladas o en algunos casos explícitas críticas a un sistema segregacionista, una sociedad donde los caraduras y los pillos medran, recreando al viejo Sur, el Sur que Twain conoció en su infancia.
El protagonista comienza su narración en el punto en que acaba la historia de Tom Sawyer. Ha sido adoptado por la viuda Douglas, pero acostumbrado a la vida libre y salvaje, a las palizas de su padre, a corretear sin restricciones, etc., el corsé de la vida civilizada es insoportable para él. La intervención de su padre, un borrachín y vagabundo, consigue separarle de la dulce viuda, lo que en principio no parece molestar demasiado a Huck, hasta que, viendo que su padre lo mantiene encerrado en su cabaña y esclavizado, sometiéndole a palizas día sí día no, decide huir. 

La huida, cómo no, se realiza por el río. El Mississippi convierte esta novela en el equivalente a una road movie: es el eje viario, el modo de trasladarse entre las poblaciones ribereñas. Y la vida en el río crea un mundo especial.
Huck se encuentra con otro huido: el negro Jim, un liberto de la casa de Tom Sawyer que teme que lo vuelvan a esclavizar y  lo vendan, así que huye. Forman equipo ambos, primero viviendo en una gran isla en el centro del río, y luego construyen una balsa con la que viajan a la ventura, río abajo, tratando de llegar a otro estado no esclavista donde Jim pueda vivir libre. Llegado un punto se enteran de que en el pueblo donde vivían piensan que Jim ha matado a Huck… y eso les hace correr y alejarse más rápido.

Las reflexiones que Huck se hace sobre la esclavitud y sobre la “humanidad” de los negros no tienen desperdicio. Todo impregnado de una fuerte ironía.
Aventuras las hay y constantemente, pero esas mismas aventuras implican una descripción del país, sus costumbres  y sus gentes… vistas desde la mirada de alguien que está al margen, aunque muchas veces finja que es como los demás. Cómo los negros se ayudan entre sí, cómo se someten a los blancos, cómo los timadores abusan de la credulidad de gentes iletradas e ingenuas.

En su viaje por el río Jim y Huck se encuentran con una pareja de timadores, que se les acoplan y les hacen creer que son rey y duque respectivamente obligándoles a ayudarles en sus timos. Huck hace varios intentos de escapar, pero infructuosos. Solo al final consigue mediante un engaño salir libre de aquellos farsantes. Pero los problemas se acumulan y el pobre Jim sufre las consecuencias de su situación.

Sin embargo, en los capítulos de la última parte del libro, se produce un giro radical: aparece el propio Tom Sawyer, y tanto él como Huck adoptan falsas identidades y comienzan una locura tras otra, asumiendo Tom la iniciativa para rescatar al negro Jim. Ahí se puede observar la diferencia de caracteres; mientras Tom es un chico con una imaginación desbocada, completamente ajena a la realidad, casi quijotesca, Huck es el contrapunto, el realismo puro y duro, el Sancho, si seguimos con la comparación cervantina. Así, el final de la novela es una suma de despropósitos a cual más enloquecido, en el que Huck no hace sino llevarle la corriente a Tom y seguirle en sus iniciativas, si bien tratando de hacerle ver las cosas como son.
En suma, una novela sabrosísima, plena de humor, y al mismo tiempo de fuerte crítica social. De imprescindible lectura.
Toda esta maravillosa narración tiene una novedad, y es que está  ilustrada por el excelente dibujante Pablo Auladell. Recrea las figura traviesa y asilvestrada de Huck, la oscura de Jim,  el paisaje del río, las figuras más duras de los otros adultos, todo ello envuelto en tonos sepia con leves toques de color, ocres y delicados azules agua para el gran río. Consigue crear un espacio propio, cargado de lirismo y lleno de imágenes lúdicas, festivas, mostrando el universo infantil. Siempre dentro del estilo que ya ha definido como propio en otras muchas publicaciones, libros ilustrados o cómics.

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), más conocido por su seudónimo Mark Twain, era autor y humorista estadounidense. Twain creció en Hannibal, Missouri, que proporcionó el escenario de Huckleberry Finn y Tom Sawyer.
Nació poco después de la visita del cometa Halley, y predijo que iba a "salir con ella", también. Murió al día siguiente de que el cometa regresó. Su ingenio y sátira, en prosa y en el habla, se ganó los elogios de los críticos y compañeros. Fue alabado como el "más grande humorista estadounidense de su época", y William Faulkner le llamó "padre de la literatura norteamericana".
Pablo Auladell (Alicante, 1972) es un reconocido ilustrador que desarrolla su trabajo en el ámbito editorial. Ganador del Premio Nacional de Cómic Injuve en 2000 y del Segundo Premio a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles por el libro Peiter, Peter y Peer en 2005, cuenta ya con una larga bibliografía de más de treinta obras, entre libros ilustrados y tebeos.





Fuensanta Niñirola

3/11/16

LOBOS MARINOS

ISLA DE LOBOS
JOSE VICENTE PASCUAL
Versátil ediciones, 2016

Ganador del Premio Valencia de Narrativa en Castellano 2016 que otorga la Institución Alfons el Magnànim


Parábola o cuento del que el lector avisado puede extraer muchas connotaciones, ideas y ecos de lecturas pasadas, la presente es una amena narración que transita entre lo imaginario y lo real creando un universo muy particular: ficción, con diversos elementos literarios, a la vez que cargada de ideas filosóficas y muchas pinceladas de humor, en las que se hace cómplice al lector, que inevitablemente entra en el juego.
Si el lector tiene a Cunqueiro entre sus lecturas, encontrará más de un eco de nuestro insigne gallego, que también jugaba con la realidad y la ficción de modo magistral. Pero la más poderosa remembranza de este texto es la homérica: Homero, padre de la literatura occidental, sembró una semilla literaria que marcó y sigue marcando toda la escritura en Occidente. José Vicente Pascual ha mostrado esa influencia homérica en numerosas novelas anteriores. Pero en ésta es especialmente notoria.

La isla de Lobos a la que se hace referencia en la novela, es una isla de ficción; como, por otra parte, el resto de personajes, incluidos los que parecen reales.
La Isla es fruto de una erupción volcánica cuyo cono se eleva, amenazador y misterioso, en su centro; perdida en el Atlántico como la Utopía de Thomas Moro es también un No Lugar, pero también un No Tiempo, porque en ella los años se clasifican y se recuerdan por los sucesos más importantes. La numeración se ha perdido, las coordenadas no existen, la isla recuerda la de Nunca Jamás del cuento de Peter Pan. Creada por un Volcán sin nombre, como el Capitán del Circe, en cualquier momento puede desaparecer del mismo modo que surgió. Porque se nos relatan historias de un mundo que se acaba.

Los personajes que pueblan este imaginario lugar tienen nombres elegidos con mimo y pensados al detalle, como José Vicente Pascual sabe hacer en todas sus novelas. Incluso los sin nombre tienen un modo de distinguirlos especial. Algunos de ellos son: doña Aguas Santas Rivero, viuda de Don Augusto, Primer Magistrado y Ministro Único de la isla; la negra Esmeralda (¡ay, Quasimodo!); su hija Albabella, especie de Afrodita que pastorea lobos marinos, medio sirénida; el matón polaco Jaruzelski; Ramiro, el contador de olas; el innombrable Capitán del Circe;  el triste librero Don Secundino; el santero Sanaperros; el párroco de San Atila, Don Manuel de los Garceses; el anciano Matheus /Eumeo; el viejo perro Brillo, resonancia tanto del Argos homérico como del paquete de detergente warholiano; la bella Ariadna, suerte de Penélope a la espera del retorno de su esposo, y La Pàrouse, personaje inspirado en el marino y explorador dieciochesco La Pèrouse, perdido en aguas del Pacífico en uno de sus múltiples recorridos.
El lector irá conociendo la historia de la Isla y sus principales pobladores, cómo llegaron o nacieron allí, que es un lugar donde apenas nacen niños, sólo de modo extraordinario. Conocerá cómo los franceses de La Pàrouse se apropiaron de la isla echando a los ingleses que la tenían dominada, en El año del Inglés; cómo tomó posesión de ella para España, desplazando a La Pàrouse y su tripulación francesa, Don Augusto Rivero, que organizó aquel pequeño territorio emergido de las aguas y lo puso en marcha, organizando su vida, y la de sus súbditos; cómo fue desembarcada la negra Esmeralda, en estado de buena esperanza…Y todo lo demás.


Manuel Torga es el náufrago cuya llegada revoluciona la isla; o al menos, revoluciona a doña Aguas Santas, Primera Magistrada y Ministra Única que, a su vez, pone en pie de guerra a las fuerzas vivas del  diminuto territorio insular. Porque el náufrago llega amnésico: ha perdido todo recuerdo de su identidad y pasado, pero Doña Aguas Santas teme que sea un espía francés o algo peor.

“Doña Aguas Santas Rivero, señora de Isla de Lobos y más dueña que los mares de aquella esquina del mundo, recibió la mala nueva en la sala de bordados donde solía acogerse para conversar en calma con la memoria fragante de su fallecido esposo: aquel Augusto Rivero, capitán de exploradores y hombre de genio implacable, que arrebató Isla de Lobos a los piratas franceses cuando el mundo aún era plano y cualquier mujer amaba a los marinos que olían a pólvora y sacrificio. A tal marido, tal hembra, decían todos en casa. Y ninguno erró en el juicio.”

La aparición del odiseico náufrago, que dará nombre al año presente, va a perturbar la aparente tranquilidad de los isleños, generando trastornos como ciertos movimientos del Volcán, la inquietud de los lobos marinos, primeros pobladores del islote, y el enfado del propio Mar, cual Poseidón homérico. 
Mientras tanto, las narraciones se entrecruzan, los personajes trazan sus recorridos, cuentan sus historias, dirimen temas trascendentales o cotidianos, y en suma, recrean un mundo imaginario pero con trazas de realidad, porque ideas, sentimientos, ansias y deseos son universalmente reales, al margen del espacio y el tiempo en los que quiera cada autor darles vida.
José Vicente Pascual usa el lenguaje muy libremente, rescata o inventa vocablos y locuciones, que dan a esta narración un aire dieciochesco pero también universal. Puntúa o no según le conviene, pero nunca impide que se entienda lo que cuenta. Consigue que el lector no se preocupe por el tiempo ni el espacio más que para seguir la narración que le está contando. Narrador nato,  sus historias siempre están magníficamente construidas, para captar inmediatamente la atención del lector, que con esta obra tiene en sus manos un libro ameno, entretenido, que contentará tanto al navegante de superficie como al de profundidad.



Fuensanta Niñirola


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