9/1/17

SIENA INFERNAL

DEL INFIERNO
JOSÉ ABAD
Ed Nazarí, 2016



Es ésta una novela cuando menos, inquietante. Destila múltiples influencias pero todas en una parecida dirección. Aunque en la bibliografía del autor encontramos una gran cantidad de obras tanto de ensayo como de ficción, algunos títulos ya nos dan pistas de por dónde van los intereses y adonde se dirigen las miradas de este granadino tan enamorado de Italia.
La novela que nos ocupa ya resulta perturbadora por el título. Del infierno podríamos decir muchas cosas, pero “infierno”, en un sentido general, no religioso, refiere a una situación gravemente doliente, de sufrimiento y ansiedad, no necesariamente ligado a fuegos ardientes, pero sí a una cierta quemazón. A veces está producido por elementos externos, ajenos a uno mismo, y otras, surge del interior del alma humana, que es donde reviste mayor dramatismo. Porque a un enemigo externo se le puede combatir, pero al enemigo que se lleva dentro resulta mucho más difícil.

Dividida en tres partes como La Divina Comedia, la historia es contada en primera persona por el protagonista principal y desde muchos años después de los sucesos que se narran, como un tardío intento de exorcizar sus propios demonios; desde el principio, las alusiones al Dante, en primer lugar, y luego a Poe y Lovecraft, dos grandes narradores del terror y la inquietud afloran constantemente. Asimismo hay ecos de El Aleph, de J.L.Borges, y de La invención de Morel, de Bioy Casares, e incluso se percibe algo de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato.
Cuando se habla de algo infernal, se suele acompañar de la palabra “dantesco”. Efectivamente, Dante está presente en toda la novela. Un ejemplar de La Divina Comedia es paseado por toda Siena por el protagonista de esta narración, Jorge Eneco, un estudiante granadino que proyecta pasar un año en la universidad sienesa  siguiendo un curso.
Desde su llegada a Siena, Jorge  -y a su vez, el lector- va descubriendo poco a poco indicios de que algo no funciona bien.  Recorre la maravillosa ciudad italiana, primero en solitario y después en compañía, una vez consigue hacer amigos entre sus compañeros de estudios, y en principio son recorridos descriptivos, informativos de calles, gentes, tiendas y cafés. Pero conforme avanza la narración los paseos devienen oníricos y en muchos momentos la realidad comienza a infectarse de irrealidad, de algo fantasmal, malvado, inquietante.

Escrita en el lenguaje de un estudiante, a veces muy coloquial, con descripciones detalladas de la ciudad sienesa, del ambiente estudiantil, de las ilusiones, afectos, deseos y ambiciones de unos jóvenes en la flor de la vida,  plantea, además, una serie de interrogantes de tipo psicológico que, además de crear un clima especial, pueden sugerir interesantes reflexiones.
El tema de la identidad, del Yo, la sospecha de que hay algo más de lo que estamos seguros de ver, la sensación de que algo o alguien puede ocupar nuestro lugar…todo esto son ideas que fluctúan dentro del texto y transmiten al lector paulatinamente la sensación de agobio y ansiedad que el protagonista siente. Pánico, incluso. ¿Qué ocurre en nuestra mente cuando descubrimos algo que no estamos habituados a percibir? El autor consigue implicar al lector, sumergirle en las oscuras aguas de un pozo sin fondo, llevándole de la mano, como Virgilio, junto a su dantesco personaje de ficción para visitar un paisaje infernal.
No podemos desvelar más, salvo que hay una historia de amor, un amor que podría florecer aunque está rodeado de peligros y constantemente amenazado. Para salvar ese amor, el protagonista no duda en lanzarse al ataque, en luchar con todas sus fuerzas contra ese terrible e infernal antagonista, lidiando como Jacob contra ángel o demonio. Si vence o no, ustedes lo descubrirán leyendo el libro.


José Abad (Granada, 1967) es Licenciado en Filosofía y letras, Doctor en Filología Italiana y trabaja como profesor en la Universidad de Granada. Como escritor su interés se ha repartido entre la narrativa y el ensayo. Ha publicado las novelas Nunca apuestes con el diablo (2000) y El abrazo de las sombras (2002), y los libros de relatos King Kong y yo (2006) y El acero y la seda (2015). En el campo del ensayo, a su vez, se ha cimentado en dos frentes distintos, pero complementarios: la literatura y el cine. Al primer grupo pertenecen Las cenizas de Maquiavelo (2008); al segundo, El vampiro en el espejo (2013) y Mario Bava. El cine de las tinieblas (2014). Desde hace doce años cultiva la crítica literaria y cinematográfica en las cabeceras del Grupo Joly. En Ficcionario (2010) ofreció una primera recopilación de sus artículos periodísticos. Además ha traducido obras de Giorgio Scerbanenco, Giovanni Verga, Nicolás Maquiavelo y Moderata Fonte.





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Fuensanta Niñirola

3/1/17

MEJÍAS FALLERO

EL JARDÍN DE CARTÓN
SANTIAGO ÁLVAREZ
Almuzara, 2016


El espectáculo de las Fallas es algo impresionante. El fuego siempre lo es, y si además está programado y controlado, mejor. El título y la portada de esta novela, que empieza con una mascletá y acaba con la cremá, aluden inevitablemente al fenómeno fallero. Porque es cierto que, si bien hay muchos detractores del caos que originan a los sufridos ciudadanos -cada año antes- las fiestas valencianas conocidas por el ruido de los petardos y el olor de la pólvora, tampoco deja de ser cierto que la primera vez que uno presencia una mascletá (para el profano, se trata de un concierto de petardeo que puede llegar a límites insospechados para nuestros tímpanos) no puede menos que emocionarse. Y cuando arden los muñecos de cartón-piedra y toda la ciudad se convierte en una hoguera, el espectáculo, visto desde algún punto alto, resulta sublime.

Pues bien, este es el escenario donde se desarrolla la acción de la novela. Si bien no se modifica el esquema de la anterior, el marco elegido tiene en esta ocasión una fuerza mucho mayor: en La ciudad de la memoria era la propia ciudad, Valencia, el continente de la acción. En El jardín de cartón el continente es Valencia en fallas. El autor ha ceñido su narración principal a un espacio y un tiempo muy concretos: los veinte días que duran los festejos falleros del mes de marzo en la ciudad de Valencia. Veinte días de petardos, olor a pólvora, a buñuelos con chocolate, ruido, caos y música fallera, con final apoteósico, tanto en la realidad como en la novela.
Santiago Álvarez ha querido mostrar las dos caras de las Fallas, porque todo tiene su envés. Un autor que no ha nacido en Valencia quizás sea capaz de ver con más objetividad un fenómeno que, los que han crecido oyendo petardos y oliendo a pólvora, son incapaces de ver sin emoción y sin cariño. Sin embargo, la narración está escrita con un fuerte toque esperpéntico, muy en el espíritu fallero. Sus personajes funcionan como ninots de falla, satirizando a diestro y siniestro, empezando por el propio Mejías. Una narración muy en la línea del Eduardo Mendoza en El laberinto de las aceitunas. Jocosa, satírica, socarrona, …fallera.

La estructura de la novela es de manual, la típica del género y la misma que en la anterior novela: detective en serios apuros económicos busca clientes, recibe dos encargos, y a partir de ahí comienza la investigación, siempre con las horas contadas, para darle más emoción. En paralelo, hay una trama temporalmente anterior, que se desarrolla en la población de Navajas (Castellón) dos siglos atrás y que vendrá a converger con la trama principal, dando sentido y razón de los hechos actuales. Esta segunda trama ya no es tan típica del género, es el matiz personal que le pone el autor, que hace un mix entre dos géneros. Dos tramas, pues, y una serie de leit-motivs, ya conocidos desde la anterior novela: la obsesión de Mejías por el llamado “cine negro” americano, su adicción con una determinada marca de whisky escocés, y su afición al uso de gabardina en una tierra donde no llueve más que una o dos veces al año, … O sea, un personaje fuera de lugar por partida triple. Repite también la titulación de los capítulos aludiendo a películas o a canciones,  la inserción de constantes referencias al cine y en concreto, a las películas de Humphrey Bogart, creando un clima de “negritud cinematográfica”.
Hay otros personajes, muchos de ellos esperpénticos, como la delirante familia Fuster al completo, Dimitri, el guardaespaldas ruso, etc. y otros marcados fuertemente por el tópico: empresario corrupto/negocio inmobiliario asesino. Los empresarios son, obviamente, los malos, y a la vez son los que pagan. Es un tópico imprescindible en el género, como la figura del héroe/perdedor, el que recibe todas las palizas, generando complicidad.

Mirándolo desde un punto de vista más crítico, es la parte de flash-back la que queda algo dispar: carece de ese tono satírico y socarrón de la narración central,  presentando los hechos de modo dramático, incluso demasiado dramático, lo que hace perder un poco el tempo, si lo expresamos en lenguaje musical. Cuenta una historia de amores, odios, corrupción, sexo prohibido, lealtades y traiciones, casi de novela romántica, pero se alarga en exceso entrando en demasiados detalles, quizá innecesarios. Los hechos que se relatan podrían salir a la luz de otro modo, de un modo más en concordancia con el tono narrativo central.
Por otra parte, un punto a destacar de esta novela –similar a la anterior- son los recorridos por la ciudad, rescatando valores históricos, rememorando nombres, tradiciones, rincones o edificios que fueron importantes y que han quedado olvidados en bibliotecas o archivos.
A nivel temático, es esta una nueva historia detectivesca del autor– Mejías ataca de nuevo- bien aderezada, entretenida y con un final explosivo y muy fallero. El detective murciano se debate en un continuo tira y afloja, un quiero y no puedo, entre la honestidad y la colaboración. ¿Quién gana? La respuesta está en el libro: la intriga sigue su curso, como debe ser en este género, y la acción va subiendo de nivel como una buena mascletá.

Santiago Álvarez (Murcia, 1973). Es director de contenidos del festival de género Valencia Negra, que se realiza en la capital del Turia desde 2013. Se inició en la literatura escribiendo relatos, muchos de los cuales han sido premiados en diversos certámenes. Ha escrito, protagonizado y dirigido musicales y obras dramáticas, y ha grabado varios discos con distintas formaciones. Asimismo es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener, del cual realiza regularmente talleres presenciales. El jardín de cartón es su segunda novela, tras publicar en 2015 La ciudad de la memoria.






Fuensanta Niñirola

30/12/16

AGATHA CHRISTIE: UNA VIDA

AUTOBIOGRAFÍA

AGATHA CHRISTIE

Editorial Molino, 2004


Una autobiografía a veces se confunde con lo que llamamos memorias. El autor, en la autobiografía, cuenta su vida cronológicamente, sus recuerdos, las personas de su entorno familiar y amistoso, los espacios que habitó, los viajes que realizó y toda una serie de hechos de su vida. En las memorias, el autor salta de un tema a otro, destaca momentos importantes para él, introduce digresiones con comentarios, reflexiones, etc. que no necesariamente están ligadas a su vida pero sí a su pensamiento.  Muchas veces el recuerdo de algo es percibido de modo distinto a como realmente sucedió, cosa que el biógrafo –más objetivo- suele evitar. Escribir, pues, desde un único punto de vista sobre uno mismo muestra una visión parcial, “olvidando” hechos que el autor no desea rememorar ni comentar. En el caso de la señora Christie, todos tenemos en mente su famosa e inexplicada desaparición y reaparición, un lapsus que ella nunca quiso o quizá no pudo comentar, (y en esta autobiografía se silencia).
Este texto tiene, efectivamente, la forma de autobiografía: se estructura en partes cronológicamente ordenadas, si bien su autora no se siente obligada a seguir la cronología; hay muchos saltos en el tiempo y en los temas, abundantes digresiones y comentarios diversos, aunque sabe retomar el hilo perfectamente. En mi opinión, es un aliciente más que un inconveniente. La señora Christie comienza a escribirla en 1950, en Nimrud (Iraq), en una casa de adobe, y la terminará quince años más tarde, en su mansión de Wallingford (Inglaterra) cuando ya había cumplido los setenta y cinco.
Agatha Mary Clarissa Miller, DBE (Torquay,1890-Wallingford,1976), ha sido una de las escritoras británicas del género policiaco y detectivesco que más popularidad y ventas ha tenido en el siglo XX. De clase media alta, recibió una educación privada hasta su adolescencia, como era habitual en las mujeres entonces. Ejercía como enfermera durante la I Guerra Mundial, cuando publicó su primera novela, El misterioso caso de Styles (1920). Según su propia opinión, sus comienzos como escritora fueron casi casuales, como un entretenimiento. Era una gran lectora y aficionada a los relatos detectivescos por su admiración hacia  Wilkie Collins y Conan Doyle. No fue sino mucho más tarde cuando empezó a tomarse en serio la tarea de escribir. Y tardó muchos años en considerarse como una profesional de la escritura, e incluso en su vejez insiste en no acabarse de creer que lo era. Sus preocupaciones eran otras: familiares, principalmente, y después, lecturas, viajes y la arqueología. Pero desde que empezó no dejó de escribir y su producción es inmensa.
En 1914, contrajo matrimonio con Archibald Christie, de quien se divorciaría en 1928. El impacto de descubrir la infidelidad de su marido, sumado a la depresión tras la muerte de su madre ese mismo año, le hizo entrar en una fase de perturbación psicológica grave,  y  en 1926 desapareció sin dejar más huella que  su coche, abandonado junto a la carretera. Once días más tarde fue hallada -aparentemente amnésica- en un hotel, bajo otro nombre. Una vez superada esa fase de su vida, hizo lo que muchos británicos de la época: viajar. A finales de los años 20, en mitad de su treintena, se subió, sola, al Orient Express, cruzó Europa y viajó hasta Damasco y Bagdad. Oriente le supuso un sorprendente mundo nuevo, lleno de experiencias interesantísimas, que le inspiró temas para muchas novelas, además de encontrar al que sería su segundo marido, Max.
En 1930 se casó con el arqueólogo Max Mallowan, (catorce años más joven que ella) a quien acompañó en todos sus viajes a Irak y Siria, donde pasó largas temporadas, y fue un matrimonio feliz, pese a que, según cuenta, le costó mucho decidirse por la diferencia de edad.
En un capítulo que dedica a reflexionar sobre su modo de abordar las novelas policiacas contraponiéndolo a cómo otros escritores lo hacían, dice que tienen como fin «ayudar a salvar la inocencia. Porque es la inocencia lo que importa, no la culpa»
“En aquella época, los años de la primera guerra mundial, el agente del mal no era un héroe: el enemigo era perverso y el héroe, bueno; tan simple como eso. Aún no nos habíamos adentrado en los oscuros caminos de la psicología y yo, como cualquiera que escribiera o leyera libros, estaba en contra del criminal y a favor de la víctima inocente.”
En este capítulo cuenta cómo fueron surgiendo sus personajes característicos, Hércules Poirot, Miss Marple, etc.; en quiénes se inspiró, y en fin, una serie de curiosidades. Pero también explica su manera de ver la literatura, libre y sin ataduras, porque para ella lo importante era la vida, no la escritura. Sus intentos de escribir sobre otros temas (usando un seudónimo, Mary Westmancott) no fueron demasiado aceptados por el público, que le pedía más y más novelas policiacas.
Hay muchos otros capítulos dedicados a la arqueología, a sus viajes, a múltiples detalles de las viajeras de la época: al final de la década de 1930 trabajó intensamente ayudando a su marido en excavaciones por Siria, Iraq, etc….mientras en sus ratos libres o en paradas de descanso escribía sus novelas. Asimismo dedica su atención al teatro, ya que no sólo muchas de sus obras se adaptaron al teatro (y al cine) sino que ella misma escribió piezas teatrales o dramatizó sus relatos. Cuenta muchas anécdotas sobre todo ello.
Habla de su infancia, que fue muy feliz; de sus familiares, sus amigos, explayándose en detalles sobre sus vidas; sobre las diversas casas en las que habitó, desde su querido Ashfield natal pasando por casas de adobe en el desierto sirio o los pisos en Londres. En los tramos en los que relata los bombardeos de la segunda guerra mundial, que vivió en Londres, asegura que en ningún momento usó un refugio. Su casa fue bombardeada y demolida y hubo de mudarse varias veces. Su marido pasó tres años como piloto en la zona de Oriente Medio y ella colaboró como sanitaria durante toda la guerra, de nuevo.
 
Amena y entretenida, ilustra la vida de los británicos de clase media alta, pero también de lo que ocurría con la literatura, la investigación sanitaria o la arqueología en esos años: vivió dos guerras y participó activamente para ayudar a su país, con su trabajo sanitario y cediendo sus casas a la Marina, al Ejército, a los refugiados que huían de las bombas. También vivió situaciones duras y desagradables en sus múltiples viajes por Oriente, sobre todo para una mujer acostumbrada a comodidades y bienestar. Pero no se le cayeron los anillos: supo acomodarse y llevarlo con el mejor ánimo. Fue una mujer valiente, activa, de gran sentido común y muy trabajadora. Tuvo muy claro siempre dónde estaba su lugar en la literatura. Valoró más la vida que la escritura, sin que por ello dejara de escribir mientras pudo.




Fuensanta Niñirola









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